
Roberto
Jorge Santoro nació en Buenos Aires el 17 de abril de 1939. Fundador
de la revista literaria El Barrilete y de publicaciones como Gente de Buenos
Aires y Papeles de Buenos Aires, tiene en su haber los siguientes títulos:
Oficio desesperado (Ediciones Cuadernos del Alfarero, 1962); De tango y lo
demás, fragmento (Editorial Barrilete, 1962); El último tranvía, plaqueta
(Editorial Barrilete, 1963); Nacimiento en la tierra (Ediciones Cuadernos
Australes, 1963); Pedradas con mi patria (Editorial Barrilete, 1964); De
tango y lo demás (Editorial Barrilete, 1964); En pocas palabras, plaqueta
(Ediciones Hechas a mano, 1967); Literatura de la pelota, recopilación sobre
el tema del fútbol (Editorial Papeles de Buenos Aires, 1971); A ras del
suelo (Editorial Papeles de Buenos Aires, 1971); Desafío (Editorial Gente de
Buenos Aires, 1972); Uno más uno humanidad (Ediciones Dead Weight, 1970); En
esta tierra lo que mata es la humedad (tragedia musical representada en
Buenos Aires, 1972); En esta tierra (canciones; música de Raúl Parentella;
canto Kiko Fernández; Music Hall, 1972, disco L.P.); Poesía en general
(Editorial Papeles de Buenos Aires, 1973); Cuatro canciones y un vuelo
(Editorial Gente de Buenos Aires, 1973); Las cosas claras (anti-libros "La
trenza loca", 1973); Lo que no veo no lo creo (canciones; música y canto
Jorge Cutello, 1974); No negociable, carpeta (Editorial Papeles de Buenos
Aires, 1975); De Santoro (Homenaje a R. J. Santoro realizado en Madrid por
poetas, escritores y artistas en general represaliados en Argentina,
Ediciones del Rescate, 1979).
Roberto Jorge Santoro fue secuestrado por elementos del terrorismo de Estado
el 1° de junio de 1977, quienes se lo llevaron ilegalmente de su lugar de
trabajo: la Escuela Nacional de Educación Técnica N° 25 Teniente Primero de
Artillería Fray Luis Beltrán, en la calle Saavedra del barrio de Once,
donde el poeta prestaba servicio de preceptor con el cargo de subjefe. Hasta
hoy se encuentra desaparecido. Una
plaza de Buenos Aires, en Avenida Forest y Teodoro García, lleva su nombre.
Roberto Jorge Santoro
Por Roberto Baschetti
El
oficio desesperado
Roberto Santoro
HISTORIA DE VIDA
"Sería ocioso hablar de la poca importancia que se le otorga al trabajador
cultural en nuestra patria; del total abandono de organismos, planes y
establecimientos educacionales, del incontrolado avance de una economía que
permite el negociado y sigue oprimiendo a las clases menos pudientes (…); de la
infame clausura de imprentas y publicaciones que cumplían positivas tareas
culturales; sería ocioso hablar del incremento de burócratas y desocupados (…).
Sería ocioso hablar de de todo eso y de las crisis que nos suceden y de la
necesidad de romper formas y cambiar estructuras y de la muerte de un orden
social y el nacimiento de otro. Sería tan ocioso si no fuera tan necesario".
[Roberto Santoro Fragmento del Discurso para el acto
de la Alianza Nacional de Intelectuales, 10 de abril de 1964]
Trabajo realizado por los alumnos de TEA Lujan de la Torre y Nicolás Vázquez,
marzo 2006
El oficio desesperado. Roberto Santoro
El gesto poético y político de Roberto Santoro es inseparable de su oficio
periodístico. Su pluma despojada atravesó la prolífica e inestable generación
del ´60 con el objetivo empecinado de sacar la poesía a la calle. Entendió que
forma literaria y denuncia pueden no oponerse y fundó el grupo editorial y la
revista El Barrilete con la determinación de demostrarlo. A mediados de los ´70,
el taller continuó y su compromiso creció con la convulsión política. Roberto
Santoro cultivó el artesanato editorial y la "prepotencia del trabajo" que
reclamaba Arlt al rescate de voces populares relegadas. Fue secuestrado en su
lugar de trabajo el 1º de junio de 1977 y continúa desaparecido.
Antes del lanzamiento de El Barrilete, Santoro había publicado el libro De tango
y lo demás (1963) y la plaqueta El último tranvía (1963) y se agregaba a su
historia de activista cultural el antecedente de la revista humorística La cosa.
En agosto de 1963 comenzó a delinearse lo que sería su actividad periodística y
literaria sostenida, con la primera edición de la revista de la que fue fundador
y director. Barrilete estaba integrada por periodistas-escritores jóvenes que se
habían convertido en obreros de su propia literatura. Los poemas de Santoro,
Carlos Patiño, Francisco Chiroleu, Carlos Higa (también desaparecido) y Alberto
Costa (exiliado en España) eran publicados en editoriales caseras y acompañados
por ilustraciones de artistas amigos. Barrilete era un colectivo de escritores
que quería salir, y salió. Santoro publica poemas de Homero Manzi, Enrique
Santos Discépolo, Celedonio Flores y Evaristo Carriego, entre aquellos más cerca
de ser considerados letristas que poetas. La violencia del mote corría siempre
el riesgo de la exclusión y del artepurismo. Santoro tenía otras intenciones. Y
urgentes.
Los poetas de la ciudad accedieron a un espacio literario que otros grupos
culturales contemporáneos jamás les habían concedido. Primer paso en la cruzada
inclusiva de Roberto Santoro al que luego se le sumaría el lenguaje del fútbol,
el imaginario de la hinchada y el ingenio callejero de las "frases de
paragolpe". Santoro elaboraba un muestrario de voces populares con anotaciones
repentinas en la libreta y el oído atento al vivo pulso de la calle, el chiste y
la denuncia. Sobre todo la denuncia, y su malestar creativo incansable. "El
pelado se esforzaba por lograr la calidad de cada poema, tenía una dedicación
increíble y te rompía la paciencia hasta que salía. Después venían los ajustes.
Era un tipo simple, llano, un amigo", recuerda su compañero de ruta y amigo
Francisco Chiroleu que hoy sigue apostando al acto poético y publicando como
entonces.
Santoro rechazaba explícitamente la actitud abstraccionista y de quienes
enrarecían el mundo editorial y creían ser los referentes culturales por
definición. En este sentido, el poeta continúa su lucha sostenida a favor de las
mayorías y en busca de la amalgama de la verdad y la belleza. Fue cuando
propuso, sin lugar a malos entendidos ni ilusiones irrealizables, cambiar la
conducción de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE). Santoro llamó a una
decisiva militancia gremial. "La SADE viene sufriendo desde hace ya muchos años
la inoperancia de sus ejecutivos y la desaprobación de sus denostadores. Pero a
la SADE no se la ignora, se la gana apoyando toda actitud positiva", declamaba
el periodista frente a la Alianza Nacional de Intelectuales luego de asumir sus
"limitaciones teóricas" y de autodenominarse "aprendiz de la palabra".
Santoro ponía la sangre en las cosas, y luego de anunciar su plan de acción
entendía que era el momento de salir a lograrlo. Junto a Alberto Costa en un
principio, visitaban los fines de semana a escritores consagrados por sus obras
y respetados por su posición democrática. El objetivo de la Asociación Gremial
de Escritores -que también integraban Haroldo Conti, Oscar Barros, Enrique
Coureau y Juan Carlos Higa- se había propuesto cambiar la dirección de la SADE
del único modo posible: presentándose a elecciones y ganándolas. Santoro y su
grupo contó con el apoyo de Elías Castelnuovo que había sido de los primeros
anarquistas del Río de La Plata y fue su candidato a presidente. Costa recuerda
que en una reunión con la AGE, el escritor -de 90 años- aseguró que siempre
había preferido "estar equivocado junto al pueblo, que tener la razón y
enfrentarse a él".
El alcance de la iniciativa de Santoro había sido amplio e incomodante. David
Viñas con su explícita y cotidiana doctrina socialista fue el candidato a
secretario de la gremial. No ganaron las elecciones pero configuraron un grupo
dispuesto a llevar, como Santoro quería, la lucha a la palabra y las dos juntas
a la calle. Salían en giras itinerantes por ciudades del interior, leían sus
textos y sumaban esas experiencias a la revista. Barrilete seguía saliendo y
Gente de Buenos Aires se había convertido en sello editorial de todos ellos.
Santoro publicó, entre otros: Las cosas claras, Poesía en general, Desafío, No
negociable y Uno más uno humanidad. Todos de alto contenido político, contra el
colonialismo cultural y la "podrida máquina social que hace que un hombre deje
de ser un hombre, obligándole a tener un despertador en el culo, una boleta de
Prode en la cabeza y un candado en la boca". Nada retrata mejor a Santoro que
sus definiciones precisas y violentas.
Aún con lo difícil que se presentaba el deseo de limar las disidencias de la
izquierda, Roberto Santoro no claudicó. Siguió entendiendo que las palabras eran
contundentes y en junio de 1976, ante la evidencia del genocidio que ya
esquilmaba oficialmente a una generación lúcida que era la suya, denunció las
atrocidades en el exterior. Escribió y firmó una carta presentada ante la
Confederación de Escritores Latinoamericanos con sede en México (ver anexo) en
la que pedía que se divulgue la lista de detenidos, las golpizas y las amenazas
a escritores y periodistas. Poco más de un año después, tres hombres de civil
armados irrumpieron en la Escuela Nacional Técnica Nº 25 Fray Luis Beltrán donde
Santoro trabajaba como preceptor.
En 1996, una plazoleta de Colegiales (ubicada en la esquina de Forest y Teodoro
García) fue bautizada como "Poeta Roberto Santoro". Veinte años antes de ese
homenaje y treinta de esta semblanza, Santoro escribió: "Si se escapa esta rabia
que llamamos esperanza,/si un día se va,/yo crucifico al amor,/y después de
enterrar a mis hermanos,/me voy con el tranvía de la muerte/a clausurar mi
corazón en una plaza".
Anexo
FRAGMENTO DE LA CARTA DE DENUNCIA
La carta de denuncia, escrita por Roberto Santoro el 3 de junio de 1976 y
dirigida a la Confederación de Escritores Latinoamericanos, finaliza diciendo:
"Hasta aquí los datos que poseo. El presidente, no obstante, habla de la
libertad y la democracia. Se liberan los precios. Hay cesantías en masa.
Distribuyen una cartilla para prevenir actividades subversivas en las escuelas.
El presidente dice que rechaza la prensa complaciente, la planta Ford de General
Pacheco, que ocupa 4800 trabajadores, cierra por cinco semanas. EEUU acepta el
plan del ministro de economía, hombre ligado a los monopolios; los obispos
hablan de la paz y rezan. Borges declara que la literatura y el arte son formas
de placer. (…) Lo cierto es que los compañeros siguen presos y es necesario que
ustedes, a través de la Confederación de Escritores Latinoamericanos nos den una
mano, la de la solidaridad, (…) y a favor de la causa popular testimonien el
atropello de las burguesías sobre el proletariado. (…)
Hermanos, discúlpenme la letra, no tengo máquina donde estoy. Compréndame,
compréndanos. De todas maneras somos optimistas. Esto recién ha comenzado. El
presente es de lucha, el futuro es nuestro".
Fuente: www.mediosydictadura.org.ar
Charlando
con Roberto Jorge Santoro
Por Julio César Silvain
Fue hace tiempo, allá por los años sesenta del siglo pasado, cuando caíste a las
reuniones de nuestro Grupo de Poetas de El Pan Duro y nos conocimos y tengo dos
libros tuyos dedicados con esa intimidad interesante que es, al dedicar el
libro, en un golpe de magia, las palabras de la dedicatoria bailaban abrazadas
al título del libro.
Es cierto que "fuiste un pájaro cuando tuviste un trompo" pero también fuiste
viento y brisa, coleando cuando inventaste nuevamente el barrilete.
Y esa cola del barrilete navegando en el tiempo que eran los "Informes de..." Y
era aquella época en que todos los grupos de poetas que pateábamos en la misma
vereda estábamos unidos y me invitaron a participar en el "Informe sobre Santo
Domingo", cuando el 25 de mayo de 1965 los canallas del planeta la invadieron
para poner su orden (creo que te lastimaría mucho saber a qué nivel de
monstruosidades han llegado ahora). Los poetas que estamos todavía con la
pólvora fresca de nuestro grito seguimos denunciando. ¿Te acordás? Había tal
unidad que fundamos aquella Federación de revistas y Grupos de Poetas
Independientes que abarcó todo el país.
Me pidieron si podía hacer una nota en homenaje a Santoro. No, yo sólo puedo
ponerme a caminar a tu lado para vivir la ciudad juntos, porque vos también,
como Raúl González Tuñón, como Mario Jorge De Lellis, somos los poetas que
escriben caminando por la calle, viendo y viviendo la vida. No voy a nombrar los
libros que escribiste porque ya se saben. En tu barrio de siempre hay una plaza
con tu nombre. Hemos estado allí para conversar con vos. He tenido el gran
placer de conocer a tu hija que dice tus poemas con el mismo calor con que vos
escribías.
Te cuento, esto que escribo es para una revista que está renaciendo, se llama
Discepolín porque el Centro Cultural se llama Santos Discépolo y queda en un
barrio bien barrio, Avda. La Plata y Cobo. Date una vuelta cuando quieras.
Te esperamos. Hombres como vos siguen siendo muy importantes para ponerle el
hombro a este país. Hasta siempre muchacho.
Julio César Silvain
Fuente: Discepolín, publicación del Centro Cultural Enrique Santos Dicépolo, Año
3 Nº 12, 2003.
Discurso para el acto de la Alianza Nacional de Intelectuales
Palabras de Roberto Santoro el 10 de abril de 1964, una semana antes de cumplir
26 años.
"Amigos: Perdónenme. Quizás no debiera haber sido yo el que representara a los
escritores jóvenes esta noche. Quizás hubiera interpretado mejor este papel un
escritor que dijera grandes palabras; un escritor que en los pródromos de la
disertación, esbozara una visión retrospectiva de teorías culturales y planteos
filosóficos, que analizara concepciones del hombre y el mundo, un escritor, en
fin, que abordara grandes temas. Pero he sido yo, que padezco de limitaciones
teóricas y apenas soy un aprendiz de la palabra, el que ha de cumplir la tarea
que le asignaron y lo haré dentro de mis posibilidades.
Sería ocioso hablar de la poca importancia que se le otorga al trabajador
cultural en nuestra patria; del total abandono de organismos, planes y
establecimientos educacionales; del incontrolado avance de una economía que
permite el negociado y sigue oprimiendo a las clases menos pudientes; de la
diaria construcción de villas miserias que responden a los grandes planes
sociales a que nos tienen acostumbrados los señores gobernantes; de la infame
clausura de imprentas y publicaciones que cumplían positivas tareas culturales;
sería ocioso hablar del incremento de burócratas y desocupados y del arraigo de
una maquinaria televisiva cuyo único resultado ha sido idiotizar. Sería ocioso
hablar de todo eso y de las crisis que nos suceden y de la necesidad de romper
formas y cambiar estructuras y de la muerte de un orden social y el nacimiento
de otro. Sería tan ocioso si no fuera tan necesario.
Reedición
de "Literatura de la pelota" (mayo 2007)Por Ariel Scher Ahí está, por fin, porque las palabras no se rinden y porque la memoria sabe de tenacidades. Ahí está, invencible y vital, igual de mágico que la primera vez. Ahí está: ese libro. Ese libro: Literatura de la pelota, el primero que reunió mucho de lo que a través de décadas se había escrito sobre fútbol en la Argentina, el que derribó la idea de que pelotazos y versos no podían integrar un mismo planeta, el que tuvo una edición inicial en 1971 y debió tener otras ediciones posteriores que no fueron posibles porque a su autor, Roberto Jorge Santoro, lo desapareció una patota de la última dictadura el día que abría el junio de 1977. Ahí está Literatura de la pelota, esa maravilla, de nuevo. Poeta y periodista, hincha de Racing y de cambiar el mundo, Santoro ubicó en las páginas fabulosas de su libro a gentes tan diversas como Jorge Luis Borges y Homero Manzi, o a Raúl Scalabrini Ortiz y Horacio Quiroga, o a Juan Gelman y los cantos de las tribunas. O a su propio talento —porque a lo crack escribía Santoro— con el poema El fútbol, que larga como para no parar de leer: "bailarín, con un pie mareador, silbador". Esa demostración contundente de que el arte de la cancha era capaz de darle pases al arte de los libros hizo de Literatura de la pelota una obra mayor. Eso explica que durante los años inacabables en los que no se volvió a editar, cada ejemplar soñado por Santoro circuló entre silencios. Fue de una mano a otra mano y de un corazón a otro corazón. Y nunca, ni por un rato, alguno de esos ejemplares dejó de ser un tesoro emocionante. La segunda edición de Literatura de la pelota, bajo el sello de Ediciones Lea, con presentación de Alejandro Apo y pintura de tapa de Pedro Gaeta, marca la llegada de más tesoros. Cuenta con un estudio preliminar de Lilian Garrido, quien en un párrafo refiere al secuestro de Santoro, en la escuela donde era preceptor. "Dicen que esgrimieron armas de fuego y lo sacaron a empujones", apunta. Esa barbarie está por cumplir 30 años y sigue partiendo el alma. Pero Literatura de la pelota permanece. Impecable y dulce. Lista para derrotar a los criminales y para llamar a los lectores. Definitivamente viva. Fuente: Clarin. 29/05/07 El país de Santoro Fuente: Agencia de Noticias Pelota de Trapo, 01/06/07 |
Por eso estamos aquí, ustedes y yo, nosotros, que vemos con agrado este partir
de coincidencias mínimas, esta política de agrupamiento; por eso estamos aquí,
porque no queremos ser ignorados, porque pedimos lo que nos corresponde, porque
para no ser sofocados por la alienación de esta sociedad, hemos decidido
agruparnos y emprender esta enorme tarea cultural. Y estamos aquí, para encauzar
los materiales que disponemos, para proyectar lo que hemos recibido de las
generaciones pasadas y para planificar la tarea futura, si queremos que algo de
todo esto cambie. Estamos aquí, para desterrar ese animalismo cultural de los
que creen que avanzan, haciendo retroceder a quienes se encuentran delante de
ellos. Esta Alianza Nacional de Intelectuales se ha creado, teniendo en cuenta
el respeto que merece todo trabajador de la cultura, aunque difiera
ideológicamente de nosotros.
Una cosa sé y muy importante: el asunto no es ser optimistas sino apasionados.
Frente a tanta indiferencia, el camino es poner sangre en las cosas; pegarle al
mundo que nos rodea, la vitalidad de la acción. No un sistema de ideas estático;
queremos ideas que se muevan, que puedan ser puestas en práctica. Y no nos
asusta el error porque, si muchas veces nos equivocamos, fue porque muchas veces
emprendimos acciones, por entender que de nada valen las pulcras teorías si no
van acompañadas del trabajo.
Frente a la vanidad no siempre justificada del intelectual; frente a la vacuidad
de las palabras que nos invaden cada día, contestamos con obras. Si queremos
cambiar los frutos, tendremos que cambiar el árbol. No manoseemos las palabras.
No intelectualicemos. Digamos cosas simples, pero hondas. Si la cultura es
privilegio de unos pocos, la culpa ha sido nuestra, que hemos pasado la vida
batallándonos unos a otros. No polemicemos con un afán torpe y sin sentido. ¿De
qué vale golpearnos, si en lo esencial, todos perseguimos una misma cosa?
Oigamos lo que nos dicen, no lo que quisiéramos escuchar.
Para que la Alianza Nacional de Intelectuales, logre un real funcionamiento y
encauce la acción de los mismos a favor de una auténtica cultura nacional; para
que los derechos a una capacitación integral; al perfeccionamiento; a la libre
investigación; a la libre creación y expresión; al libre intercambio cultural; a
la remuneración por el trabajo del intelecto; al régimen de previsión social; de
libre asociación; de protección al ejercicio de la actividad profesional o
artística; puntos que se mencionan en la Cartilla de Derechos del Intelectual,
se puedan cumplir, nosotros creemos que habrá de comenzarse por las pequeñas
cosas. No podemos construir una casa sin antes disponer de los materiales.
Nuestro planteo es simple. Entendemos que la Alianza de los Intelectuales debe
estar compuesta por integrantes de las Sociedades de Artistas Plásticos,
Escritores, Músicos, Gente de Teatro y Cine Profesionales, y que ella debería
ser la centralización del vasto plan de cultura que debe realizar cada gremio.
Porque no esperemos que la Alianza de Intelectuales pueda resolver los enormes
problemas que aquejan al trabajador cultural.
Creemos que el paso previo ha de ser en lo que a los escritores se refiere,
ganar la Sociedad que nos agrupa. Reitero así, un llamado que hacemos desde la
Revista "El Barrilete", grupo al cual pertenezco. Decimos allí que "reivindicamos a favor de los escritores la necesidad de una decisiva militancia
gremial. La SADE viene sufriendo desde hace muchos años la inoperancia de sus
ejecutivos y la desaprobación –a veces totalmente negativa por lo frontal- de
sus denostadores. A la SADE no se la ignora, se la gana apoyando toda actitud
positiva y marcando a fuego sus defecciones. Ponemos el acento en la urgencia de
un acercamiento de la familia literaria a la que debería convertirse en
institución celosa de los intereses de sus miembros. Especialmente invitamos a
los escritores jóvenes a concretar ya mismo su afiliación".
Sí, porque han de ser los escritores jóvenes –aquellos que realmente lo son-,
los que ocuparán el lugar que les corresponde, sabiendo respetar, siendo
respetados, pero sobre todo, no escatimando esfuerzos en este duro oficio de la
palabra. Porque ya cansados de no entendernos, enfermos de peleas y para evitar
que la cultura siga en manos de los pocos abstraccionistas, artepuristas y
macaneadoristas, debemos decidirnos a encarar de ahora y en más una acción
conjunta, sin otro fin de alcanzar un poco de verdad y belleza a todo el mundo.
Pero nuestra verdad y nuestra belleza que junto a las de otros hombres, traten
en lo posible de cambiarle la vida a este mundo un poco descolado por arriba y
roto a medio hacer, antes de muerto.
Perdónenme nuevamente si no he dicho grandes palabras. No venían al caso. He
tratado de acercarles lo que creía, sin sarampiones verbales ni infantilismos
extremistas. Pero que esto, como tantas cosas, no quede en simple enunciamiento.
Si alguien tiene que hacer sugerencias, aportar ideas y trabajo, sobre todo,
trabajo, que deje sus señas.
Primero conquistar los sindicatos respectivos; entonces total apoyo a la Alianza
de Intelectuales y basta de teorías; prácticas, acción a favor de la cultura y
para las mayorías. Nada más."
Fuente: ANC-UTPBA
La obra de Santoro
Por Carlos Santos
"Aparte de sus aptitudes poéticas propiamente dichas, ¿en qué reside la capacidad de Santoro para desconcertarnos? Yo diría a fin de posibilitar la comprensión de su mundo poético y especialmente a aquellos que deseen asomarse a su obra, que este muchacho ha resuelto o por lo menos aliviado considerablemente el problema económico que presupone la edición de un libro. Esto le da cierta independencia para publicar cuándo quiera, cómo quiera, lo que quiera. Aunque amigo de muchos escritores y poetas, con los que ha compartido más de una lucha por una reivindicación concreta, Santoro no es un poeta de taller ni de grupos. Santoro es un poeta en soledad, pero no es un solitario. Tanto lo es, que ha fundado su propio sello editor, mas no con finalidad de lucro. Santoro desdeña el libro tradicional desde el punto de vista formal, pero lo respeta. El sueña con los poemas volantes arrojados en una manifestación. Para él vivimos el tiempo de los carteles, de las
"mariposas". A Santoro le gusta hacer su propio libro, meter las manos en la tinta, doblar las tapas, encargar la linotipía, ordenar las hojas, copiar los textos con una máquina de escribir eléctrica para luego, mediante el sistema de rotraprint o lo que es mejor la fotomecánica, arrojarlos al voleo y como cuenta con amigos que son artistas plásticos, cada poema que trae al mundo va acompañado de una interpretación gráfica".
Por ejemplo, con el poeta Luis Luchi, el músico Eduardo Rovira y el pintor Pedro Gaeta, crean el grupo
"Gente de Buenos Aires" con la propuesta y el desafío de llevar a los barrios el arte, entendiendo a éste como integración y participación, incitando a un diálogo abierto entre artistas y público.
Las ediciones de Santoro son hojas sueltas dentro de una carpeta. Por ejemplo, la que abre el conjunto de poemas
"No Negociable", la presenta como "Declaración Jurada" y dice "si mi poesía no ayuda a cambiar la sociedad no sirve para nada".
Si se quiere definir la obra de Santoro en un concepto, en una frase y siempre se corre el riesgo de ser injusto, o parcial, o incompleto, puede decirse que: su sensibilidad frente a todo lo humano, lo llevó a participar en una lucha por mejorar la sociedad. Una lucha armada, pero en su casa, armada de palabras.
También será crítico con cierto tipo de intelectuales que pululan a principios de la década del 70. Dice:
"en general, el escritor argentino –hablo del intelectual que conozco– es un hombre que aprovecha cuanta discusión se le pone a tiro para demostrar o tratar de demostrar todo lo que sabe o lo que cree que aprendió, citando a diestra y siniestra como si estuviera en una maratón interminable de demostración de ‘cultura general’. Por este mismo vicio, vive enfrascado o enlibrado, no participando en las actividades de su sociedad. Por ejemplo y a veces –lo que es muy lamentable– aislándose en una romántica como absurda y suicida actitud individualista a la espera que las luchas las encaren otros, para luego aparecer como crítico de los errores que ‘esos otros’ cometieron mientras él se preocupaba de su curriculum y ascenso dentro de la escala de valores impuesta por esta sociedad". (Crisis, número 96, septiembre de 1980).
|
|
Luego del golpe militar del 24 de marzo de 1976, redobló sus esfuerzos contra la dictadura, denunciando en el exterior las atrocidades de la misma. Así es como en una sola carta a la Confederación de Escritores Latinoamericanos con sede en México, denuncia y pide que se divulgue la lista de detenidos, desaparecidos y allanamientos que sigue: detención del director del periódico Alberdi de la ciudad de Vedia, allanamiento a la editorial Siglo XXI, arrestos por el ejército del secretario de redacción del diario El Andino, Pedro Lucero y del subdirector del diario Los Andes, Antonio Di Benedetto; en Mar del Plata secuestro del secretario de prensa y corresponsal de Telam, Amílcar González y en la ciudad de La Rioja del escritor y periodista Daniel Moyano, lugar donde se clausura por 24 horas el diario El Independiente. Denuncia también en Buenos Aires el arresto del poeta y novelista Federico Moreyra y el secuestro y desaparición de Haroldo Conti, Premio Casa de las Américas y la detención del poeta Alberto Costa, codirector de la revista literaria Barrilete e integrante de la Agrupación Gremial de escritores. La golpiza que recibe por paramilitares, el periodista del diario La Razón, Enrique Llamas de Madariaga, y el rapto y asesinato del periodista y ex senador uruguayo Zelmar Michelini.
Su carta-denuncia, que tiene fecha 3 de junio de 1976, termina textualmente diciendo:
"Hasta aquí los datos que poseo. El presidente, no obstante habla de la libertad y la democracia. Se liberan los precios. Hay cesantías en masa. Distribuyen una cartilla para prevenir actividades subversivas en las escuelas. El presidente dice que rechaza la prensa complaciente, la Planta Ford, de General Pacheco, que ocupa 4.800 trabajadores, cierra por cinco semanas. EE.UU. acepta el plan del ministro de economía, hombre ligado a los monopolios; los obispos hablan de la paz y rezan. Borges declara que la literatura y el arte son formas de placer (...) Lo cierto es que los compañeros siguen presos, y es necesario que ustedes, a través de la Confederación de Escritores Latinoamericanos nos den una mano, la de la solidaridad (...) Y a favor de la causa popular testimonien el atropello de las burguesías sobre el proletariado (...) Hermanos, discúlpenme la letra; no tengo máquina donde estoy. Compréndame, compréndanos. De todas maneras somos optimistas. Esto recién ha comenzado. El presente es de lucha, el futuro es nuestro...".
A su compromiso y su denuncia se debe parte de su desaparición. Roberto Santoro fue secuestrado y luego desaparecido de su lugar de trabajo (la Escuela Nacional Técnica Nº 25 Fray Luis Beltrán) el 1 de junio de 1977 por tres hombres de civil, armados, que inmovilizaron al resto, por la noche, alrededor de las 20 horas. Por la mañana de ese mismo día, lejos de suponer lo que le iba a pasar había ayudado a su hijita Paula con los deberes de la escuela.
Desde el 14 de julio de 1996 en Capital Federal, la plazoleta de Avenida Forest y Teodoro García lleva el nombre de
"Poeta Roberto Santoro".
Entre 1970 y 1974 confeccionó poemas cortos, algunos surrealistas, otros feroces, hirientes, directos: contra la iglesia, los jueces, los militares, la policía. Se entiende el odio del sistema a su persona. Es la otra parte de por qué fue necesario desaparecerlo.
Homenaje al autor de "Literatura de la pelota" (2000)
Santoro, el poeta del fútbol
Por Ariel Scher (Clarín)
Hace veintidós junios, hace horrores inmensos y hace demasiados dolores, a Roberto Jorge Santoro se lo devoró la fuerza más bruta de la bruta historia argentina. Era el primer día del mes y faltaba justo un año para que el dictador Jorge Videla inaugurara el Mundial 78. Santoro trabajaba en una escuela del Once como subjefe de preceptores, un empleo con el que se ganaba la vida en un tiempo en el que la vida de millones era pura derrota. El 1° de junio de 1977 una patrulla del espanto lo secuestró en esa escuela. Desde entonces, como miles, está desaparecido.
Santoro supo contar qué es el fútbol en la Argentina. Periodista y poeta, en 1971 publicó un libro extraordinario al que llamó Literatura de la pelota y que constituye la mayor antología literaria sobre el fútbol del país. Allí juegan juntos los grandes escritores y los cantos de la tribunas. Todo conmueve. En Santoro palpita el fútbol. Lo cuenta su hija, Paula: "Me acuerdo de mi papá en casa de su madre. Está parado al lado de una mesa llena de papeles, ella le ceba mate, está encendida la radio. Mi papá, hincha sufriente de Racing, escucha el partido".
La pasión por el fútbol y otras pasiones dirán presente en el homenaje que hoy a las 14.30 se le hará a Santoro en la plazoleta porteña donde se cruzan la avenida Forest y las calles Fraga y Teodoro García. Como una memoria en edad de desmemorias, desde hace unos años ese lugar se llama Roberto Santoro. Estarán familiares, amigos, artistas, admiradores. Se descubrirá una placa y, claro, habrá poesía.
Poesía como ésta: "Sostengo con dos manos la esperanza/ porque sé que es el único aliento que vive a la intemperie/ y no escondo mi palabra/ salgo a vivir con el alma descubierta/ el corazón que no canta no ejerce su oficio con altura". En esos versos está Santoro, su voz, aquello que ningún desaparecedor podrá secuestrar en ningún junio: un corazón con oficio y con altura, un corazón que canta, canta y no para de cantar.
Desde Iwaki, Japón (2002)
por Ariel Scher
Una voz canalla y chupamedias hablaba con todo el ímpetu desde la radio. Decía feliz que aquel era un día distinto porque faltaba un año para que el Mundial, "nuestro Mundial", se hiciera cierto. Era junio, todo invierno, en ese país de sangres y de ausencias, catorce meses de bruta dictadura. Mientras la voz sonaba impunemente, al fútbol le quitaban a alguien que lo jugaba desde una cancha diferente. Al fútbol le desaparecían un poeta.
Roberto Jorge Santoro, periodista y escritor, pintor de brocha gorda y hombre de todos los ingenios, militante de la vida y de más cosas, fue secuestrado por una patrulla asesina del último régimen militar el primer día de junio de 1977. Desde entonces es un desaparecido. Fue en Buenos Aires, en el colegio donde trabajaba como preceptor, donde llevó sus ganas de armar otro mundo y su pasión por el fútbol.
Unos años antes, en 1971, Santoro había publicado Literatura de la pelota, un libro entre los libros de fútbol editados en la Argentina. Allí se reúnen textos y autores, notorios y no tanto, que le dedicaron letras, tiempo y talento al deporte más popular. Es un equipo amplio el que armó Santoro: Borges y Raúl Scalabrini Ortiz, Sabato y Héctor Gagliardi, Bernardo Verbitsky y Leopoldo Marechal, Roberto Arlt y las voces de la tribuna, y jugadores y más jugadores de la palabra. Una demostración de que el fútbol no es bonito sólo cuando se juega.
Cruce extraño, memoria dolorosa: el mundo es más fútbol que nunca justo el día exacto en que se cumplen 25 años del secuestro de Santoro. Demasiadas cosas pasaron desde entonces en todas las canchas posibles. Pero algo permanece y aún conmueve: Literatura de la pelota sigue ahí, todo dulzura, todo fervor, todo poesía, todo fútbol, todo Santoro.
Primer acercamiento a un
cierto recuerdo
Por Alberto Costa
[Alberto Costa nació en Quilmes, el 24 de diciembre de 1941. Escribió los libros
de poemas: Lo que duele, Poemas con Taquicardia y Poemas a la marchanta. También
edito un poema-afiche: Si llego a morir, días antes del golpe de Videla, del
cual se vendieron 4500 ejemplares en una semana. Hoy se avergüenza parcialmente
de él porque en un verso dice que la tristeza debería ser prohibida por decreto
oficial. Hoy piensa que tanto autoritarismo sería cruel e insoportable. Y le da
vergüenza no haberlo pensado en aquellos días. Fué codirector de la Revista
Barrilete y Secretario General de la Agrupación Gremial de Escritores. Sobrevive
en Madrid desde el 10 de septiembre de 1977. Es Director del Equipo Editorial de
Francachela, en España.
alberto.costa@tiscali.es]
Mi Buenos Aires es sólo recuerdo. Además, parcial y subjetivo. En los últimos 23
años, 6 meses y 13 días estuve en Buenos Aires, de cuerpo presente, 45 días. No
se nada de aquella ciudad que me circulaba por las venas. Todo es recuerdo. Creo
que fui conociendo la ciudad como una forma de alejarme de la casa de mis
viejos. Se me fue la mano: a los 21 me casé y me fui a vivir a la casa de mis
suegros. Por las razones que hayan sido, aquello duró poco; entonces sí,
buscando mi propio horizonte encontré el centro de Buenos Aires. Empecé a
trabajar en una agencia de publicidad en la que ví -no me atrevo a decir que
conocí- a Enrique Wernique. Era el primer escritor édito que conocía en vivo y
en directo. Encima era un auténtico "maldito" nacional. Yo lo espiaba, sabía que
tomaba su primera ginebra a las 10 de la mañana, "para estar lúcido", llegó a
decirme un día. Era algo generacional, supongo, porque Luis Luchi decía cosas
parecidas, como que estando sobrio era un imbécil, que bebiendo adquiría
lucidez. Opiniones personales y parecidas.
Ya ni me acuerdo de cómo me enteré que El Grillo de Papel, grupo literario y
revista, se reunían en el Café Tortoni. Fui recibido medianamente bien, como el
nuevo, como el aspirante a nuevo. En aquella época, con aquella remota edad, me
interesaba más ver a los escritores que leer o escuchar lo que escribían. Me
acuerdo que Humberto Costantini aparecía por ahí. Era veterinario, y le gustaba
decírselo a todo aquel que lo escuchara. Pero el liderazgo lo tenía Abelardo
Castillo y era indiscutible. Nunca nos caímos bien. A mí me costó empezar a
hablar en aquel grupo, bastante numeroso. Con el tiempo leí algún relato y un
par de poemas, pero lo que más recuerdo fue la primera reunión después del
nacimiento de mi hijo Pablo, yo no entendía muy bien eso de ser padre, Castillo
me preguntó: "y qué tal el pibe", y yo le dije "muy bien, pesó 3 kilos 750
gramos", y ahí me dijo: "y con eso no me decís nada". Cómo nada, el más flaco de
todos nosotros pesaba más de 50 kilos, una persona de menos de 4 kilos era rara,
no "nada". No sé, a mí desde pendejo me preocupaba la calidad humana de los
intelectuales y, de verdad, lo que estaba empezando a ver no me gustaba nada.
Después El Grillo se convirtió en El Escarabajo de Oro y hubo movida entre los
directores, no quedó la misma gente. Para esa época el negro Patiño me invitó a
una reunión de El Barrilete.
Aquello ya fue otra cosa. El pelado Santoro encandilaba. Nunca había visto, ni
leído, a alguien que se tomara el oficio de poeta tan en serio. Trabajaba las
palabras, los versos, los ritmos, el sentido, en fin, era un trabajador a
conciencia, lo curioso es que su poesía siempre se leía con poco esfuerzo, ese
era el testimonio de su gran trabajo. También estaban, Martín Campos (un
heredero de los malditos), Horacio Salas, y el increíble Felipe Reisin, el que
señaló definitivamente que el bandoneón sonaba triste porque hizo un viaje
demasiado rápido entre Westfalia y Balvanera. Rafael Vasquez (con ese) y Alicia
Dellepiane Rawson. Había muchos más, pero mi recuerdo es guiado por mi afecto de
aquella época. Ahora los afectos son distintos, claro, pero es que todos somos
distintos, algunos están tan distintos que hasta se murieron y a veces sin
aviso.
El espacio es reducido, pero sirve como contención ya que éste no es más que el
embrión de lo que yo vi, en el mundo literario de Buenos Aires, hasta que no vi
más nada porque me encarcelaron y me obligaron al exilio que continúa todavía
hoy, porque el exilio es un tajo, no hay forma de recuperarse.
Salimos a remontarnos.
Fútbol de Barrilete Esa era la consigna del grupo Barrilete. Estaba escrito en
la cola del barrilete que hacía de logotipo. Ahora, a más de 35 años de
distancia, pienso que no nos dimos cuenta que el piolín no era elástico, pero en
aquellos años los límites eran el desafío, eran como la soga, estaban para
saltárselos. Santoro trabajaba en el Sindicato de Músicos, tal vez por eso
empezamos a pensar en la SADE (Sociedad Argentina De Escritores) como en nuestro
sitio natural, tenía que ser nuestro sindicato. Éramos todos escritores,
"rantes" por vocación, "muchachos de barrio" que escribían poesía, y no teníamos
porqué hacernos a un lado y dejar nuestra casa sólo para los Aristócratas de la
Literatura. El principio era asociarnos y para eso había que tener, como mínimo,
un libro publicado. Nos hicimos Editorial. En realidad eran ediciones de autor,
pero con el sello de Editorial Barrilete.

Por este motivo, en 1965, publiqué mi primer libro: "Lo que duele". Hice la
presentación en la librería Falbo, en una Galería de la calle Florida. Aquello
fue muy curioso, Falbo sabía organizar esas presentaciones, había mucha gente,
recuerdo la presencia de Bernardo Verbitsky porque después me escribió una carta
comentando poemas de mi libro y dándome mucho ánimo, y la del político Juan
Carlos Coral que editaba un periódico: "Los de abajo", en el que publiqué un
artículo, típico de aquella época, titulado, ni más ni menos que: El acto
cultural más importante es la revolución. También cantó, acompañada a la
guitarra por Oscar Matus, su marido y editor, en esa época, su primera época,
Mercedes Sosa.
Algún tiempo más tarde Matus nos editó un disco con poemas de Santoro, Patiño,
Margarita Belgrano y míos. Los músicos eran, como nosotros, pibes que empezaban:
Núñez Palacio a la guitarra y Oscar Mederos al bandoneón. Se llamó Buenos Aires
vuelta y vuelta. No tengo ni uno. Y por no tener, no tengo recuerdo del nombre
del genial diagramador e ilustrador de las tapas. Le pido disculpas. Cuando me
secuestraron quemaron todos mis archivos, como para que no quede de mí ni la
memoria.
Desde acá, 2001, parece que todos éramos "pibes que empezaban", porque en la
presentación de un libro con Faja de Honor de la SADE -cuando estaba en la calle
Méjico, en una casa colonial, con aljibe y todo- también cantó una muchacha que
estaba empezando: Susana Rinaldi.
Lo difícil es describir el entusiasmo y la pasión con que vivíamos cada hecho, y
eran muchos, tantos que se entremezclan. En lo que cuento hay algunas
alteraciones cronológicas -no más de algunos meses o algún año- debidas a la
falta de ficheros y a la intensidad de cada etapa. Una fue la anterior a
Onganía, la siguiente llegó hasta el 73 y la última, la que parecía la del
triunfo, culminó con el secuestro, el asesinato, la desaparición, o el exilio,
de casi todos los integrantes de nuestro grupo y de nuestra generación.
Pero no lo sabíamos, y cuando lo supimos ya no podíamos parar. Salimos a
remontarnos y en eso estábamos.
Vuelvo atrás. Onganía todavía estaba en algún cuartel. Nosotros queríamos
desarrollarnos como escritores entendidos como trabajadores de la cultura. Y
como trabajadores queríamos nuestro sindicato y ahí estaba: la SADE. Estábamos
en plena campaña de afiliación y no era fácil. Los escritores jóvenes se
mostraban reacios y los no tan jóvenes desconfiaban de nosotros. Éramos raros.
Distintos.
En nuestra revista publicábamos a los poetas del tango, a Discépolo, Homero
Manzi, Evaristo Carriego, y otros. No era muy usual verlos en revistas
literarias.
También visitamos en su casa a Leopoldo Marechal, que nos recibió con su mono de
obrero puesto y nos dijo que lo hacía siempre que se ponía a escribir, para él
la escritura era un trabajo, y se ponía el mono para trabajar. Como cualquiera.
Después sí vino el golpe de Onganía, y empezaron los resquemores. Algunos eran
más cuidadosos que otros. En Barrilete publicamos nuestro repudio y algunos de
los integrantes se fueron. Nada que reprocharles. Ahora. En aquel momento nos
puteamos. Los que nos quedamos nos fuimos haciendo más radicales.
En algún momento alguien trajo unos poemas que habían escrito en Salta algunos
integrantes de la guerrilla de Massetti. La discusión fue muy dura. De pronto
entró en cuestión el tema de la calidad de los escritos publicables en
Barrilete. Nos dábamos manija entre nosotros y la mayoría decidió que había que
publicarlos por su valor testimonial, no por su valor poético. Eran cosas de
aquella época. El pelado Santoro, fundador de Barrilete, se fue, junto con otros
cuantos. Nos quedamos Patiño, yo, y algún otro. Y comenzó otra etapa, la
anteúltima.
Como de refilón.
"Los guajiros del
ejército rebelde
hacen su entrada
en la Habana". No quiero macanear a nadie. Todo mi compromiso político hasta ir
a la cárcel y posteriormente al exilio en Madrid, donde permanezco ya por
voluntad propia, fue así, de refilón.
Entre el 74 y el 75, una serie de medidas oficiales y extra oficiales hicieron
que la revista Crisis estuviera con el cierre sobre la cabeza, como aquella
espada. Eduardo Galeano, que era su director, convocó a una recolección de
firmas para pedir por la continuidad de la revista. Yo fui junto con unos
cuantos amigos, hicimos sociales, y cuando me tocó firmar se acercó Eduardo
Galeano, a quién no conocía más que de nombre, a pedirme que por favor no
firmara porque lo comprometía (sic).
Aquello, al margen de lo que yo sintiera en lo personal, en aquel momento y
ahora mismo, me dejó la necesidad de reflexionar sobre mi funcionamiento
cotidiano. Necesidad que fui postergando hasta estar en la cárcel. Lo que sonaba
más o menos obvio era que en las venas abiertas de América Latina no había
suficiente espacio como para que estuviera yo, y eso que Crisis no era
precisamente de derechas.
Parece ser que en una doble o triple vida que me reprochaba mi amigo Patiño
-muchísimo más de una vez me dijo que tenía que optar entre literatura o
política- con quien en ese momento co-dirigíamos la revista Barrilete, en la que
también nos sucedían cosas muy curiosas, como por ejemplo que al sacar el número
de Superman/Esso, el imprentero nos llamara muy preocupado y pidiendo disculpas
porque sin querer habían impreso toda la tirada en papel ilustración, nos dijo
que si no le rechazábamos el trabajo nos lo dejaba al mismo precio que el que
habíamos convenido. Así salió ese número de la revista. Y al día siguiente la
gente se preguntaba de dónde habíamos sacado la guita para esa empresa. Ya no se
usaba aquello del oro de Moscú, pero claro, quedaba Cuba o el PRT. Un tal
Brocato y su amigo, que me suena Ardiles, pero no, era algo parecido -a quien le
preocupaba muchísimo que yo me pudiera cambiar de camisa todos los días: me las
contaba-, los dos escribían en el órgano político del PST la sección cultural y
se preguntaban, en el titular, ¿De dónde saca el dinero Alberto Costa?. Como
para no ir en cana. Lo curioso es que Brocato y su afín compartían con nosotros
la AGE (Agrupación Gremial de Escritores) pero así eran las cosas en aquella
época.
El día aquél que Galeano decidió que yo lo comprometía debí haber parado la
mano, pero no había tiempo para nada, mucho menos para pensar en cuidarse o en
irse, la consigna era Patria o Muerte y nadie quería morirse. Aunque algunos,
más prudentes, se tomaban el avión.
Lo que a mí me parecía difícil de entender era mi grado de compromiso, porque de
verdad yo leí por primera vez un libro sobre socialismo en un colegio privado de
Ramos Mejía, el Colegio Ward. Totalmente yanqui, hasta animadoras teníamos, y
orquesta y campus y uniformes y biblioteca, tan completa que hasta tenía un
libro sobre socialismo. Uno de Alfredo Palacios que no recuerdo cómo se llama.
Esto era en 1958, en la prehistoria. Pero yo ya tenía 16 años y estaba
enamorado, (va por ti Marta Giacosa), y ella estaba adoctrinada por un tal Klein
que para mí que era comunista. Decidí salvarla de tal peligro, así que me puse a
estudiar socialismo para poder demostrarle que aquello estaba mal y no le
convenía. Dieciséis años.
Al final me hice amigo de Klein, me pasó más material de lectura y terminamos
organizando una gran movida a favor de la enseñanza laica en un colegio
protestante privado y privativo.
En 1959 entraron en La Habana Fidel, el Che, Camilo y... nuestra ilusión.
Yo seguí durante algún tiempo en el PS, nos hicimos amigos con Juan Carlos Coral
y llegué a frecuentar al mismísimo Palacios quien un día, muy enfermo, con el
peluquín torcido, señalando a una vieja que limpiaba la casa me dijo: "ve Costa,
si me hubiera casado tendría que compartir la cama con alguien semejante".
Palacios tenía cuarentonas que iban a visitarlo, cambiarlo y acicalarlo.
Inentendible para mí, en aquella época. A mi amor de entonces, de los inicios,
amor que no llegó ni a ser platónico, no volví a verla, pero la recuerdo. Ya
ven. -
Algo habrán hecho.
Son tantas y tan desalentadoras las noticias que nos llegan todos los días desde
Buenos Aires que uno no tiene más remedio que pensar, y eso que pensar, si es
por cuenta propia, está casi prohibido.
Pero igual hay que pensar y si es posible en el origen, en la época en que
Buenos Aires también era una fiesta. En la década de los 60, en los primeros 70,
hasta el 73 que puede haber sido una especie de clímax, y después en el fatídico
74, el comienzo de aquella época en que uno recibía la noticia de la muerte o
desaparición de algún amigo o conocido con dolor, pero con cierta naturalidad, y
escuchaba, hasta dentro de su propia familia, que "esos", algo habrían hecho.
Era cierto. Ahora a 27 años del comienzo del terror, de la persecución, del
exterminio o del destierro interior y exterior, tengo ganas de gritar que sí,
que todos, los subversivos, sus colaboradores, los simpatizantes, los
indiferentes y los tímidos, todos habían hecho algo, habían pensado. Habían
visto que al hundirse Chile nos hundiríamos todos. Que lo del Palacio de la
Moneda no era un hecho aislado, que si no se intentaba algo distinto, aunque
sonara imposible, como toda utopía, el país terminaría, más o menos, como está
ahora.
En 1976, entre otros, desaparecieron los escritores Haroldo Conti, Roberto
Santoro, Oscar Barros, Lucina Alvarez, Enrique Coureau y Juan Carlos Higa.
No es que estos nombres agoten la lista de los escritores desaparecidos. Es que
con estos trabajamos codo a codo, casi día a día, para formar la Agrupación
Gremial de Escritores.
La de los escritores era sólo una parcela, pero era la nuestra. Empezamos el
trabajo sólo Santoro y yo. Sábados y Domingos nos dedicábamos a visitar a
escritores consagrados por sus obras y respetados por su posición democrática.
Nuestro argumento era mínimo: escribir es un oficio y uno tiene derecho a vivir
dignamente de su oficio. Para eso era importante formar la AGE, presentarse a
elecciones en la SADE y ganarlas. Porque sí, porque juntos siempre seríamos más.
Nos escuchaban y nosotros, ávidos, los escuchábamos, a Elías Castelnuovo que
después fue nuestro candidato a Presidente de la SADE, que había sido de los
primeros anarquistas del Río de la Plata que todavía usaba un corbatín negro
anudado al cuello. Decía que él, desde siempre, había preferido estar equivocado
junto al pueblo, que tener la razón y estar enfrentado al pueblo. Tenía 90 años
cuando fuimos a su casa en Liniers y nos lo encontramos sobre una escalera
apoyada contra la pared porque estaba poniendo unos rieles para unas cortinas.
También escuchábamos a David Viñas, que fue nuestro candidato a Secretario.
Viñas enseñaba con pequeños detalles, por ejemplo, en una reunión con empanadas
y vino, que nos organizaron en Junin o en Chacabuco, primero contó las bandejas
y después nos dijo que calculáramos cuánta gente había, no vaya a ser que nos
comiéramos alguna de más.
Me acuerdo que cuando lo visitamos a Bernardo Kordon nos recibió junto con su
compañera de entonces que era chilena y, como nosotros éramos unos pibes, nos
querían impresionar -y lo conseguían- porque ella le tocaba la bragueta cada vez
que podía y él, coqueto, se reía y le decía, pero que haces, pórtate bien, luego
veremos...
Hacíamos giras por la provincia de Buenos Aires, al estilo de las compañías de
Radioteatro, en un fin de semana podíamos ir a dos o tres ciudades del interior
y leíamos nuestros textos. Era increíble hasta un autobús llegamos a fletar,
íbamos un montón: Luis Lucchi, David Viñas, Haroldo Conti, Santoro, Patiño y
varios más.
Llegamos a crecer mucho, aunque no ganamos las elecciones en la SADE, metíamos
miedo, éramos de los que, seguro, algo habríamos hecho, aunque claramente, a la
vista de lo que leemos en los diarios y lo que nos cuentan los amigos, no fue
suficiente. Y lo sabíamos, sabíamos casi desde el principio que perderíamos como
en la guerra, pero ¿qué podíamos hacer? ¿Envaselinárselas?
Y en eso llegaron los "responsables".
En 1967 tuve la curiosa y, tal vez, dudosa suerte de ser invitado a un Congreso
Cultural que se realizó en La Habana, Cuba, dentro del contexto de la
Tricontinental. (Los nombres oficiales de ambos eventos eran más completos, pero
no los recuerdo). Sí recuerdo que todo aquello estaba marcado por una carta de
despedida de El Che Guevara, por su ausencia y por una consigna que se repetía
con convicción, hagamos 2, 3, 100 Vietnams más. En el Congreso Cultural había
dos ejes principales, uno encabezado por Lisandro Otero, que dirigía la Revista
Cuba, y sostenía que había que soltar pinceles, lápices, instrumentos musicales,
zapatillas de baile, máquinas de escribir, y cualquier otra cosa que no fuera un
arma de combate. Lo único que hay que hacer es la revolución, lo demás vendrá
por añadidura. En el otro eje estaba Mario Benedetti quien insistía en que un
poema o un cuadro no harían la revolución, pero contribuirían a ella. (En
algunos folletos vietnamitas de aquella época, en papel arroz, se leía: nuestros
arquitectos arquitectan, nuestros músicos musican, nuestros poetas hacen
poesía...) Yo quería hablar con Mario Benedetti, hablamos por teléfono y
quedamos en reunirnos en su hotel al día siguiente, a la noche. A los dos nos
esperaba una Jornada
de Trabajo Agrario Voluntaria. El estuvo todo el día trabajando con tomates, yo
planté no sé cuantas matas de café. A pleno sol. Tropical. Nos encontramos en su
hotel pero los dos volábamos de fiebre y teníamos la piel reventada. Decidimos
postergar la charla. La vida es así, te hace pequeñas zancadillas, tan pequeñas
que ni siquiera te das cuenta que son zancadillas.
Otero nos dio casi todo el material gráfica que publicamos en aquél número de
Barrilete/Superman.
El mundo iba muy de prisa, nosotros teníamos mucha prisa y los que nos tenían en
su punto de mira también. Al volver de La Habana, vía Praga, París. Me encontré
con los primeros escarceos de lo que sería el Mayo del 68. Mi "guía" era Jean
Michel Fossey, del Grupo Tel Quel, nos habíamos conocido en el congreso de La
Habana.
Paseando por un Boulevard por el que se haría una de las grandes marchas de
protesta vi tantos policías apostados que le dije, ¿Supongo que anularán la
marcha, no? Y me dijo, ¿Porqué? Están acá porque vamos a hacer la marcha. Esa
fue la lógica que marcó a nuestra generación, a nuestro quehacer. El enemigo nos
vigila, sí, pero porque nos estamos moviendo, así que sigamos, porque por lo
menos los inquietamos. Fue así en todo el tercer mundo, pero también en Europa y
en pleno corazón de los EE UU. Era bastante lógico que Kissinger y sus jefes y
sus subordinados y lacayos empezaran a pensar que tendrían que matar a dos o
tres generaciones para poder parar aquello.
En Buenos Aires el triunfalismo era imparable. Los triunfalismos son terribles,
te impiden ver y por eso mismo te impiden crear pensamiento. Sin proponértelo
empezás a repetir consignas, a cantar estribillos, a sentirte inmortal. Patria o
muerte, dos conceptos ajenos y casi etéreos.
Dentro de este marco nos volvimos a encontrar trabajando codo a codo con
Santoro. Estaba desconocido. Era el más ultra de todos nosotros. Sus poemas te
ponían la piel de gallina. Canto General.
Empezamos a charlar sobre la posibilidad de que nuestro compromiso con y por la
Revolución Socialista tendría que ser mayor. Recordé mi charla frustrada con
Benedetti, aunque ni él ni Onetti se salvaron de la persecución y del exilio.
El caso es que Santoro, Haroldo Conti, Oscar Barros, Marta Conti, Lucinda
Álvarez y yo, nos propusimos buscar un contacto "orgánico" con el PRT. Hubieron
dos o tres amigos más en estas charlas, pero opinaban que nuestro compromiso no
debería salir de nuestro ámbito cultural. Yo estaba de acuerdo pero después de
haber escrito que "El acto cultural más importante es hacer la Revolución", me
lo había puesto difícil a mí mismo. Además, de verdad, teníamos mucha prisa.
El primer movimiento que hicimos nos debió hacer pensar, Santoro buscaba una
cita formal con algún "responsable" del PRT y no había forma de conseguirla. Se
me ocurrió una "porteñada", tenía un amigo del que no tenía que saber pero sabía
que estaba muy metido eo ese partido, le conté ma postergación que estábamos
aguantando y en una semana nos arregló la primera cita. Amiguismo. Igual que en
cualquier otro partido.
En esa primera reunión contamos nuestra actividad y señalamos que queríamos
enmarcarla dentro de la lucha general por la Revolución. Desde ahí tuvimos
reuniones semanales con distintos "responsables" que, en vez de interesarse por
nuestra actividad se interesaban por saber que otras cosas podríamos hacer, nos
ofrecieron tareas de prensa y propaganda, solidaridad, panfleteo, y más y más.
Recuerdo que yo renuncié a ese contacto orgánico cuando quisieron hacerme jurar
una banderita en un mástil de 20 cms. Y recuerdo la cara desesperada de Oscar
diciéndome 3-9. Acabo de cumplir 39 años, Lucinda está a punto de parir, y yo
estoy metido en un baile en el que ya ni siquiera creo.
Ya no estábamos tan alegres. Estaban cayendo muchos compañeros y se nos
empezaban a hacer espacios en blanco en los cuales podíamos pensar y aquello era
terrible. Íbamos como kamikazes. Seguíamos consignas elaboradas por gente que no
conocíamos. Nos bajaban órdenes, nos habíamos metido en un cambalache, o no
habíamos salido nunca. ¿Qué hacer? Lo hecho, seguir adelante.
Semejanzas.
En el 73 había de todo, como siempre, pero se destacaba una enorme furia y un
extraordinario deseo de ganar. Por ambos bandos, aunque eran más de dos, los que
estaban a la vista. Habían, como siempre, canallas y canallitas. En ambos
bandos. Hablo de los bandos "revolucionarios", porque el otro siempre está.
Vigilante, amenazante, ejecutante, inamovible. Todavía hoy están. Y se crecerán.
La Plaza de Mayo se llenaba un día sí y otro también con una inmensa cantidad de
gente que gritaban por la patria socialista o por la patria peronista. Y corría
sangre de un grito a otro. Y los de la patria socialista, antes de ir a la
Plaza, daban instrucciones de cómo neutralizar a los otros que también gritaban
por la patria socialista, pero tenían matices, no eran puros. Los que gritaban
por la patria peronista eran los que pegaban, tiros, golpes o insultos, pero
ellos estaban calculados, formaban parte de lo planificado. En cambio los
no-puros, los marxistas o los marxistoides, eran colados, no estaban en el gran
juego, en el general. Había que combatirlos.
Con el general también hubo bronca y se siguió gritando por la patria
socialista, a pesar de que aquél primer 11 de septiembre el Imperio señaló
contundentemente que en su patio trasero, de socialismo, nada. Es más, se empezó
a hablar, entonces, hace casi treinta años, de la Doctrina de la Seguridad
Interna, la Operación Cóndor fue su instrumento, los 30 mil desaparecidos
argentinos, más los miles de desaparecidos chilenos, uruguayos, paraguayos y
cono sureños en general, sólo fue su consecuencia.
(El Grupo Barrilete participaba de la movida eufórica, aparecía en cada acto
masivo para volantear... con poemas, firmados por cada autor. La gente no se lo
podía creer, miraba los poemas, nos miraba a nosotros y buscaba adivinar
nuestras aviesas intenciones.)
Los (i) Responsables de siempre no dieron demasiadas explicaciones de porqué
nosotros debíamos seguir "exigiendo" la patria socialista después de la muerte
de Allende, del estadio, de la brutalidad, del beneplácito de Kissinger y de
algunos otros signos menos evidentes, como la invención del Eurocomunismo por
aquellos que, en Europa, vieron clara la advertencia y la dirección del Imperio.
Poquísimos años después las (i) responsables direcciones revolucionarias
pasarían a la clandestinidad y a la preparación de su traslado a Europa mientras
la gente común seguía gritando por la patria socialista, y el gobierno peronista
primero, con López Rega como ideólogo y ejecutor, y la dictadura militar luego,
perseguían y masacraban a los militantes, a los simpatizantes y hasta a los
tímidos. En esas circunstancias, algunos, seguíamos escribiendo poemas,
denunciando desapariciones de escritores, haciendo actos públicos, colectas para
pagar abogados, y, sobre todo, comenzábamos a despedirnos entre nosotros con la
convicción de lo definitivo, de lo incierto, de lo irremediable.
Ahora, algunos, vivimos el cansancio. A 30 años de aquella época se vuelve a dar
un 11 de septiembre trágico y siniestro. Otra vez nos cambian el mundo, en el
mismo sentido, como otra vuelta de tuerca, a partir de los hechos de un 11 de
septiembre.
Un montón de muertos inocentes asesinados mientras los veíamos en vivo y en
directo por la televisión. Aparentemente un solo y único responsable principal,
un tal Bin Laden. De este hombre sabemos muy pocas cosas, era un millonario
saudí que fue reclutado y adiestrado por la CIA para luchar contra los
soviéticos en Afganistán, parece ser que fue un alumno ejemplar, ni siquiera se
sabe si está vivo o muerto.
Lo que sí sabemos es la consecuencia de lo sucedido este 11 de septiembre, el
mundo entero entra en alerta máxima, está en peligro la Seguridad Interna del
Imperio que declara la guerra total al terrorismo en todas sus formas, incluso
en las aparentes.
Hoy, escribir esto es peligroso, pero también es peligroso escribir un poema, o
ser distinto, o llamar la atención por cualquier cosa. Ni decir lo que significa
ser árabe, o sólo moreno de tez, o ser extranjero, o silencioso, o ruidoso.
El Estado Policial ya es un hecho, no hay intimidad de ningún tipo, en poco
tiempo los Derechos Humanos, tal como los conocíamos, dejarán de existir, ya
dejaron de existir para muchísimas personas. La guerra contra el terrorismo
internacional es tan amplia como la enunció Saint Jean hace 30 años en la
Argentina: "Primero vamos a matar a todos los subversivos, después a sus
colaboradores, después a los simpatizantes, después a los indiferentes, y, por
último, a los tímidos."
Nosotros, los del patio trasero, fuimos conejillos de india. Hoy el mundo entero
se postrará ante el Imperio que, además, se fortalece con esta economía de
guerra y se enfrenta incluso con sus supuestos aliados, como en el caso del
acero.
Todo esto es muy triste. Da mucha pena. Quita las ganas hasta de escribir. -
Quiero asumir mi vergüenza.
A 27 años y 13 mil kilómetros de distancia de Buenos Aires me siento casi
invalidado para opinar. Sin embargo leo la columna de mi amigo Patiño y me doy
cuenta que estoy incluido en ella, entiendo entonces que algo podré decir. Por
mi propia cuenta y a mi cargo, por supuesto. Me doy cuenta que Patiño se pelea
con alguien que niega la existencia de la generación del 60. No sé quién puede
negar su existencia, yo también formé parte de ella. Como tantos otros a los que
nunca conocí. Quizás en este punto es donde no me siento identificado con la
posición de Patiño. Y es el punto que me sirve para pelearme, pero no con Patiño
que siempre tuvo muchísima más calma que yo, sino conmigo. Porque tanto repetir
aquello de "describe tu aldea y describirás el mundo", me llevó a confundir mi
aldea con el mundo.
La parte de mi vida que le puede interesar a alguien más que a mí es la que
tiene que ver con la poesía y con el mundillo de los escritores. Es una época
que va de 1962 a 1974. Buenos Aires en ese período y en ese ámbito era mi aldea.
Y, evidentemente, no era el mundo. Pertenecí a la generación del 60 porque
empecé a publicar y a militar en aquellos años. Y aquello, mirado desde 27 años
y 13 mil kilómetros de distancia no fue una maravilla, ni mucho menos. Se nota
hasta en la manera que digo mi aldea, no sé cuántos éramos, pero sé que éramos
muchos los que considerábamos que era sólo nuestra aldea. En realidad éramos
algo así como una bolsa de gatos. En la que, como en Cambalache, estábamos todos
mezclados, pero ignorándonos. Cada grupo tenía su propio kiosco que, por
supuesto, era el único y más válido representante de todo lo que pudiera definir
la coherencia y la autenticidad. Por eso no me siento bien encuadrado por Patiño
en la totalidad de la generación del 60. Con una aparente voluntariedad
constitutiva. Dentro de ésta hay una subdivisión, Barrilete. Ahí sí que estuve
yo, esa subdivisión me define mejor, aunque no me quite la vergüenza.
Porque en aquella época discutíamos mucho sobre la poesía y el compromiso y tal
vez sea cierto que lo más importante para un poeta sea la búsqueda, y el
encuentro, de su propia palabra. Nosotros, los de Barrilete, lo hicimos. Según
las posibilidades de cada uno. En mi caso demoré unos 10 o 15 años en darme
cuenta y reconocer públicamente que un verso de mi poema "Si llego a morir" era
insoportablemente autoritario. En aquella época, parece ser, que yo de verdad
pensaba que la tristeza debía ser prohibida por decreto oficial. Y eso que
alguna muchacha me habló tier-namente de mis ojos tristes.
Lo que me pregunto es si además de la búsqueda de la palabra propia no debimos
haber tenido más cuidado con el proceso que generan las palabras. Me pregunto si
las palabras pueden surgir sin que se haya organizado un determinado sistema de
ideas. El compromiso, para nosotros, era de militancia activa, en "la
izquierda", en la que quería hacer parir a la historia, adelantar los
acontecimientos naturales, como quien dice. Desde ahí, si de verdad pensábamos
en la necesidad de un régimen político autoritario, la malsonante dictadura del
proletariado, entonces se entiende la posibilidad de un decreto oficial que
prohíba la tristeza. En tal caso ¿cuál es la palabra propia cuando uno está
inmerso en un grupo endogámico con lenguaje "conveniente"?
¿Podemos hablar de las maravillas de nuestros hallazgos estéticos, llanos,
directos, comprometidos, sin sentirnos involucrados en los disparates que
propuso y llevó a cabo nuestra generación? ¿Qué es eso de evitar la teoría de
los dos demonios? ¿Es que va a ser menos genocida la brutal dictadura que
torturó, asesinó e hizo desaparecer a 30 mil contemporáneos, si nosotros nos
hacemos cargo de nuestro "descuido", al compartir, o consentir, que se
considerara justa la práctica de la violencia "revolucionaria"?
Personalmente pienso que mantener viva la memoria histórica es imprescindible
para que en algún momento podamos emprender el futuro, pero mantenerla viva
implica el análisis de nuestro funcionamiento también, casi diría que es el que
más nos importa, porque con el resultado de nuestro análisis podremos ser útiles
en algún momento. Por ejemplo ahora, cuando se está votando al menos malo de
todos, ¿dónde está la izquierda? ¿Qué pasó? ¿Porqué no hay votantes para una
patria socialista?
Casi no me atrevo, pero es importante decirlo, el poeta debe buscar la belleza y
nada más bello que la verdad. Nosotros sabíamos que muchas cosas no estaban
bien, no eran verdaderas, y callábamos. Y lo que es más terrible seguimos, en
aquella época y ahora, defendiendo ideas "convenientes". Y se paga un precio. La
"hermosa rosa roja del Caribe", que fue nuestro faro, hoy encarcela a los
disidentes y fusila a "los cabecillas". Y no es de ahora. Ya lo sabíamos y
callamos. Siguiendo esa línea, ¿quién nos va a escuchar? ¿A quién podemos
interesar? ¿Quién puede creerse que el hombre nuevo nacerá de callar, mentir y
otorgar?
Vuelvo a esta columna después de algún tiempo y para fin de año volveré a Buenos
Aires, de visita, después de casi 6 años. Faltar, hace 27 años que falto. En mi
mundo interno ya no es ni "mi Buenos Aires querido". Voy a viajar a una ciudad
en la que viví mis primeros 36 años y que, ahora, es como una gran desconocida
que además me da miedo.
No sé si ese miedo es un eco del que pasé entre 1974 y 1977, o del que pasé en
la U-9 de La Plata, donde estuve encarcelado durante 13 meses. Nada grave, una
simple y sencilla averiguación de antecedentes. No lo sé. Puede ser por el
pasado o por mi viaje, casi inminente.
Hay pensamientos y sensaciones inevitables, que comienzan con la recomendación
de proteger con plástico las valijas para intentar evitar que te afanen en la
aduana, al que un pensamiento anacrónico, muy porteño de mi época, contesta
"pero que decís, como me van a afanar a mí, si soy de la casa".
Y lo cierto es que ya no soy "de la casa", en el viaje anterior un taxista me
dijo que se notaba que mi compañera y yo éramos extranjeros, ¿porque íbamos a La
Recoleta? No. Por la forma de vestir y ¡por la forma de hablar¡ Acá en Madrid es
inevitable escuchar que es imposible no darse cuenta de que somos porteños, por
nuestra forma de hablar. O sea que no hablamos como se habla acá ni hablamos
como se habla allá. Hablamos un porteño antiguo. Una nueva versión modificada
del cocoliche.
Somos antiguos y vamos a una ciudad antigua, que seguramente ya no existe más.
Por lo menos el Buenos Aires en el que yo pienso no existe más. Son jueguitos
entre la memoria y los afectos, chocando con el tiempo y las largas ausencias.
Voy a ir a una ciudad que no conozco y eso, siempre, da un poco de miedo.
Llegar de turistas a una ciudad en la que vive la mayoría de nuestra familia y
los pocos amigos que quedaron vivos, y participar de la angustia cotidiana por
la falta de medios, de estabilidad laboral y emocional, sin poder hacer nada y,
seguramente, sin entender nada, se hace muy difícil.
Lo de aquel bolero que decía: "...no soy de acá ni soy de allá..." tiene una
vigencia inesperada en mi percepción de este hecho. Me resulta evidente que hay
una correspondencia directa con nuestro hablar, porque hablar es como pensar en
voz alta y lo que entonces no se entiende –ni acá ni allá– es la forma de
pensar, que devienen de los referentes que uno tiene en la cabeza y los hechos
de la realidad que condicionan a algunos de esos referentes. La educación
escolar, la sanidad pública, los transportes, las expectativas de trabajo, los
proyectos, el futuro, ¿hablamos de lo mismo? Estoy seguro que no. Y la
incomunicación también da miedo.
En la preocupación de muchos, entre los que estoy incluido, se hace
imprescindible mantener viva la memoria histórica. En mi caso, este tema me hace
pensar en aquello de los círculos concéntricos, o "en el otro Borges", que decía
el Maestro. A veces no sé a quien espera mi familia y mis amigos de Buenos
Aires, porque yo no soy el mismo que salió de allá hace 27 años. Ni siquiera en
la manera de pensar. Y seguramente a ellos les sucede algo similar. Con lo cual
me encuentro en otro círculo en el que seguramente voy a escuchar referencias a
mí, que yo no voy a reconocer como correspondientes a lo que yo creo que soy, o,
mejor dicho, estoy, ahora, y yo diré cosas o manifestaré pensamientos o
sentimientos que los demás, mis seres queridos, no reconocerán como
correspondientes al Alberto que ellos recuerdan.
Con lo cual tendré que recurrir a uno de mis cambios, a mi reverencia por Jorge
Luis Borges y todo su saber, y plagiarlo. Porque no sería una paráfrasis sino un
plagio. Pero muy pequeño, tolerable. Me imagino que al llegar a Buenos Aires y
mientras esté ahí, tendré que preguntarme si ese que habla o escucha soy yo o es
el otro, "el flaco Costa", el que ya no es.
Fuente:
www.lexia.com.ar
Con Barrilete sacamos la
poesía a la calle
Por Carlos Patiño, poeta y periodista
"Nosotros queríamos poner en marcha el principio surrealista de sacar la poesía
a la calle, que saliera del salón para que llegara al pueblo ¿Cómo lo logramos?
Al principio con poemas más o menos espantosos. Nos decían que tirábamos
ladrillos florecidos. Íbamos a los mítines, a las concentraciones, leíamos
poemas en universidades y sociedades de fomento. Porque había una poesía sin
pueblo y un pueblo sin poesía", asegura el poeta Carlos Patiño, integrante del
Grupo Barrilete junto a Roberto Santoro, a quien recuerda como "un generador, un
tipo con una fuerza interior poco común."
Pocos días antes de partir al exilio en México en junio de 1976 -después de
firmar un pedido por los escritores desaparecidos que el titular de la SADE,
Horacio Esteban Ratti, le entregó al dictador Jorge Rafael Videla el 19 de mayo
de ese año- Patiño le pidió a Santoro que se fuera. "Esta guerra está perdida.
No vamos a poder enfrentarlos, nos van a matar a todos. Cuando vengan ¿con qué
les vas a tirar? ¿con libros? Te van a ir a buscar y te van a matar, le dije.
Pero para Roberto su lugar estaba en el país y que pasara lo que pasara, se iba
a quedar en su puesto de lucha. Consideraba que la situación era peligrosa pero
que con cuidado se podía trabajar. Ya en el exterior recibí dos o tres cartas
muy breves y sin remitente. Hasta que un día no hubo más cartas ni Santoro".
"Eramos de la generación del sesenta, luchadores sociales en todos los terrenos
contra el colonialismo cultural y por la liberación nacional y social". En ese
marco, la producción de revistas, carpetas con poemas e ilustraciones, libros e
informes de Gente de Buenos Aires fue prolífica. Los Informes sobre Discépolo,
la Esperanza, Santo Domingo, Lavorante y Trelew, entre otros, son una muestra de
la dinámica de la poesía de aquellos años.
"Hacíamos una suerte de periodismo poético", explica Patiño. "Cuando trabajas en
un diario el jefe de redacción te pide una crónica. Nosotros hacíamos lo mismo
pero el producto era un poema sobre un acontecimiento que recién se producía, le
dabamos un enfoque distinto que le otorgaba otra dimensión a la noticia. Nuestra
consigna era ‘para mañana, un poema’, que a la noche siguiente se leían y
seleccionábamos". Reconoce en Roberto Santoro a quien más rápido se adecuaba a
este estilo de poesía urgente, de cierre de edición.
Como parte del Informe sobre Santo Domingo, por la invasión norteamericana a la
República Dominicana, Humberto Costantini escribió el "Yanquis hijos de puta" y
Patiño incluyó "Oración", que motivaron una declaración del Canciller de turno y
una misa de desagravio a la Virgen María, en la Facultad de Derecho de la
Universidad de Buenos Aires. "Esto demuestra –señala Patiño- que el Grupo
Barrilete sacó la poesía a la calle, mala o buena, mejor o peor, pero siempre
ligera y rápida porque tenía que ser comprendida hasta por el más iletrado de
los hombres. Nos imponíamos incorporar el lenguaje coloquial en los trabajos,
pero no con la intención de revolucionar la poesía. Simplemente, queríamos
sacarla a la calle."
Carlos Patiño, quien en 1990 ganó el premio Casa de las Américas por su obra
"Esquinas silenciosas" y en la actualidad dicta talleres literarios en la zona
de Quilmes, con el oficio y la paciencia de un artesano de la palabra explica el
protagonismo que tuvo "la generación del sesenta" en la poética argentina: "hay
una tentativa de aislar a los poetas productores de poesía política del resto de
sus contemporáneos para dejarnos sin generación, porque la poesía del ‘60 fue un
fenómeno amplio, con poetas que escribían como sentían, de los temas que sentían
y en la forma que sentían."
Recuerda una y mil anécdotas de su amigo y compañero que está presente en sus
versos y en la plazoleta que lleva su nombre en el barrio de Chacarita. Va hasta
la biblioteca y busca "un poema premonitorio" de Roberto Santoro, "Canto a la
esperanza": si se escapa esta rabia que llamamos esperanza,/ si un día se va,/
yo crucifico al amor/ y después de enterrar a mis hermanos,/ me voy con el
tranvía de la muerte/ a clausurar mi corazón en una plaza
Fuente: ANC-UTPBA

Hablar de Roberto J.Santoro no es una tarea
fácil, es hablar del amigo que no está, pero que dejó una impronta inolvidable
en medio de los difíciles días compartidos, porteño de barrio, poeta de alma y
ser humano por vocación- Maestro. alumno. oído receptivo, siempre tenía una
palabra de estímulo hacia lo que yo por ejemplo consideraba un fracaso. Me
repetía hasta el cansancio que un mal poema se corrige con otro mejor, trabajo
constante. "No habrá ninguno igual", como el tango -- su NO PRESENCIA es
dolorosa, constante e irrecuperable como los libros quemados de la biblioteca de
Alejandría (o los del Centro de Cultura Económica o los de la Vigil de Rosario)
Pelado querido, ni olvido ni perdón, no nos reconciliamos. Juicio y castigo para
tus asesinos.
Francisco A. Chiroleu
Roberto Jorge Santoro nacido porteño en 1939, es –afirmación sin posible
negación- uno de los más importantes poetas argentinos que utilizan a Buenos
Aires como centro de su decir poético.
Sabe (y cómo lo sabe!!) que la poesía –como bien lo dijera el filósofo
checoslovaco Karen Kosic- no es una realidad de orden inferior al de la economía
y el sujeto concreto.
-el poeta- produce y reproduce la realidad social, al mismo tiempo que es
producido.
Y reproducido históricamente en ella-. Toda la obra de Santoro gira alrededor de
esa participación de su ser con Buenos Aires (que es lo mismo que decir
humanidad total, cuando se tiene capacidad de hacer del tema algo válido para
otros seres de la tierra), pero no con el Buenos Aires híbrido o inexistente de
tantos impostados cantores a la violeta, sino con un Buenos Aires que él conoce
y vive todos los días, y lo que es más genial con el Buenos Aires que todos
conocemos, padecemos, soportamos hora a hora, y al que le ha sumado un humor
negro delicioso, que es nada más que el resumen del humor negro de cualquier
golpeado habitante de nuestra ciudad (existe otro recurso?), que utiliza como
buen poeta potencial-anónimo las maravillosas expresiones que Santoro iluminado
se anima a colocar en sus poemas, para darnos de esta forma una verdadera y real
poesía de Buenos Aires, la indescriptible ciudad metida en "el tercer mundo". "Qué hace el tanque parado en la puerta de mi casa?".
"No creo que aguantemos
mucho tiempo".
"A la hora en que los vigilantes se asustan del hombre de la bolsa/ y el
profesor universitario se prueba el corpiño de la abuela". "Hoy remataron a un
amigo mío". "En los últimos dos meses se registraron ochenta y cuatro
movimientos militares". "En el Palacio de Justicia se instaló un crematorio" son
algunas de las numerosas expresiones que forman este libro hermoso y conmovedor,
que unido a "Pedradas con mi Patria" y "De tango y lo demás" integran una
trilogía insustituible para el que desee conocer,descubrir, respirar algo de lo
que Buenos Aires posee entre su maraña de barrios y purretes, de pizzerías y
bares, de revoluciones y planes ilogísticos. Santoro, con pocas y exactas
palabras, no nos concede tregua. Buenos Aires (el mundo de las ciudades
alienadas) nos cae como un aluvión sobre los ojos. "Ballet Balar Babel" es la
unión de la necesidad con el arte. Necesidad de decir, en un torrente
aparentemente caótico, que le sucede a la vereda llorándole a la historia a
veces historieta y otras caca, y arte para los que sufrimos este infierno, pues
hallamos en sus sarcásticos juegos de palabras toda la locura poética que se
engendra en la polis moderna.
"Uno más uno humanidad" es un striptease obsesivo que nos deja como cuando
vinimos al mundo: totalmente desnudos y húmedos. No hay mistificación,
ni trivialidad, ni el cómodo recurso del no te metas de la mayoría de los poetas
de las "des-generaciones" argentinas. Santoro se juega honesta y bellamente
usando
el millonario lenguaje de "mi Buenos Aires querido".
Su jugarse no es una novedad actual, ni una moda para obtener fama. Desde
muchacho está inscripto en esa línea. El resumen final es más simple:
Santoro es un poeta total y su obra es de primer agua dentro de lo trivial –con
sus naturales excepciones- panorama poético argentino.
Océano Atlántico Sur, marzo de 1969.
Ariel CANZANI D.
PRÓLOGO
Ballet Balar Babel
De punch de match coatch de grill de room y park de gil ketchup del bridge
sweater stop y chicle del spleen boutique ciudad con piedra de esmeril okay blue
jean de nouvelle vague king size solong english school juliette miami beach
cotización café dólar dolor de calle san martín el tango souvenir girl carnaval
con hervidero bat turista bob bb no va al placé ir a mear banlon de orlón con
filter del spray aturdidero chesterfield ingola sexual suprarrenal mamá cheyenne
estúpido lorraine de malandrín showman de bélle époque coiffeur del chic cahier
con boxer cinema street fotonovela del feto del caviar obrero rouge al rojo
tridimensional que no se puede pie pelado piel de la verdad cocktails
liquidación week end de company forfai payaso conexión del lucky strike
ferretería teddy boy cartón good bye u.s.army boomerang del bang del fin del
ring beat niks de pique al pique del pic-nic con loca maquinaria whiskería
tramposo de la trampa de la trompa galería de vagina de oxford best seller time
y también afónico concreto reto cretino con dodecafónico haute couture de la
epidemia basura mocasín la misma anemia poxipol stock de coccinelle supermercado
importado ortopédico rotograbado stereo curandero dedicado a la careta político
de treta la retreta militar hay quien reta y quien retrete quien su rito de
alcahuete quien decán quien the king también quien can con quién king kong ring
side karting del clinch electric clan nylon service shampoo night club sport
scotch no smoke fullback fulget del brek en rating va neón acrílico far west
alergia streech transistor boite plastificado twist ikebana chez air line
después de muchos más viene Gardel qué diantre cocaína occidental cuaresma
gomapluma revolución social con alma chimpancé bolígrafo de jingler jungla jeep
catch mon amour de fórmica y sketch de sexy jab y yes cowboy kermese merci
compacto estabilizador chin chin televisión hotel con cinerama funcional ya no
funciona el hombre va el crooner con el dial del rol del foul y el chef del jet
con rimmel del palace y luego el strip tease pis short horóscopo del riel moloc
del rock polietileno very well cantina rider digest music hall y rugby del
deshabillé taxi de smack del chuick con lunch de coca cola flash ojotas wall
street del cross del eximbank smocking del bistec chop navy thunderbird happy
new year turf magazine camping champagne house baby doll lolitas hurlingam
dancing hawaii draw back del pocker swing pullover cotillón estafa en la ciudad
y coaxil ticket croupier pachanga y orthicón fue oil de la cave concesionario
bossa nova del chalet ventosa dolce vita babel residencial gran olimpíada de
snobs con alpargatas madison y dooping cha-cha-cha con looping fugazzetta y
várices del link con seven-up inmobiliario y flet con yute del scrum grandes
bailables laberintos complicación del pudridero con su gafe con las nenitas de
la pesadita de las frotaditas de las puteaditas pegajoso en los boliches del
zaguán firuletes disfrazados con garrafa en dancing yatch extracto afeminado
petit antena de la murga touring de la conscripción infamia sofisticada postizos
sin castrar por la demanda travell soirée coperas basural de affiches
quiromancia atómico foot ball colectivis de conjuntivitis con atentados en
complicidad dacrón del patovica que fans por el minuet taqui dacti maricón de
manicuras del loco hit parade de tic fiestitas y ruleros en el trasero de su
administración problema de la vivienda estacionamiento y a demoler histeria y
feria del tiro corto y la guitarreada ladrido beige subidos a la remera que su
ramera ven con la gloria van a la noria su modelo arrastrando la vereda
llorándole la historia a veces historieta y otras caca
ANTECEDENTES:
COLLAGE O TALLER O DESTIERRO BUENOS AIRES
I
porque de máquinas tragamonedas toda es verdad esta loca algarabía dejando de
locos tragamáquinas de furias sus tardes y destierros se fue porque la sombra
con tu melena no en vano del estaño quedaste con y ahora por desarticulado hueso
el centro con ya sin tango de tangueros fuelle herido desabrido corazón blue
jean con que perdieron que marca se fueron su aventura en serio porque te digo
tu olvido ciudad cuando iniciás me duele se queda y uno en medio que se va rengo
la máquina de un tango a cada rato cambiás te corren los jugás de posición al
ajedrez porque destierros ya no con tu agonía en el ojal pueden claveles ni que
te con importa les guiñas los hombros de trampas sos pero que humano un río y
camino con yo todo que tu olvido con tus pasos
II
el bajo navegan hacia bares se van oscuros gas neón café y de acrílico si con
grill comprenderte room te llenan semáforos su eléctrico guiñándole color que
multan los que pasan contrasaltos nos vamos si viviendo un día adentro a
levantar en una galería se inventan de olvido en cada boutique te llenan media
hora pero aquí que estamos para saber hay cierto de todo en algo este misterio
que ingratan grita sos porque la mina los deja con que el tango de rufianes y
hay quienes de bacanes la parte con larga cafishios mishiadura de peinado
cambiaste se mezclan ockey no saben twist de moda un albañil que no se todos
gritan puede vivir nadie marica comprende militares idénticas repitan que falsos
políticos su lección de palabras pero furioso arrancarte hay algo que queremos.
III
que así de multitudes con ferias estemos con kermese y arriba con que antena nos
crucifiquemos de los techos de que serie la empieza a las doce disparos de tu
mediodía y nunca en meses termina que se corren que no cualquiera ciudad una sos
una con tu ropa y no hay otra esperanza que en el mundo interior llena de miedo
con que juegues estamos que nosotros cada minuto llamándote queremos que de este
tiempo vivas que rayuelas se fueron que ya las más difíciles borracheras de
tantas buenos aires deschavarte te nombro después quiero con otra mano darte
empezar para una historia y algunos un barro monstruoso nos inunda lo olvidaron
pero al final hasta bebamos de tu río
IV
en otro tiempo estamos ya se fue vuelve y nunca lo que se fue viviendo
comprendenos no te con voy a engrupir estatuitas pero no hay cambio sonrisas de
espejitos que yo te lo doy tengo si vos no lo querés decime no te pido no quiero
de tu copa ser la noche alcohol de para mentiras al centro un barrio se fue el
barrio ahora es el centro y parejos los corren saliendo de cines que parejas
todos se las atropellan que calles la tierra la arreglan de muy un color raro
está saltando veredas con uno la calle de discos se la juntan a casa de escuchar
soñando a la puerta las revoleando le mujeres roban los ojos la esperanza se
largan las polleras persecución detrás que algunas la de aquí la para espera
allá y la llevan a un chicle masticándose le dan y cuando el visto bueno no
tiene arriba ni ropa de los taxis de la plaza y en los bancos duermen mi tierra
cantando querida la reina del plata no ves escuchanos no se puede.
V
jinglers de la crisis y el valor a la italiana de café con la ola en la nueva
billetera fumando que jugando su antifaz su nada con humo de cansados que tiro
refrigeración al blanco con ciudad para música de fondo con las balas a los
libros ni llegando por los bonos se leen contralor en subterráneos menstruando
azul medio país se acaban y oro los problemas y de las vitrolas a gardel lo
agujerearon le rajaron el cartel alguien de
dibujos se ensucia el pantalón en los cines animados mientras se alergia la
inventa en los zaguanes y vive amor el atontado en las incubadoras de jaulón que
maricones ciudad que viajan con las revistas pisándose de arte jardín que se
habla inglés de infantes en el balón jugando al cesto y un tango saca un
muchacho de negros cigarrillos de un paquete te llevamos en la sangre
UNO MÁS UNO HUMANIDAD
I
cuánta gente que equívoco caca da
que vive en las farmacias inyectándose ingle en la
epidermis
que viaja en los colectivos con un televisor portátil
qué de tardes con los mocasines puestos
y portafolios de sonetos sin poetas
de poetos sin sonetas
y ortafolpios
un vientre se independizó de una mujer y acusa en las
veredas
a las chicas que van a estudiar el piano
los fabricantes de cinturones están desesperados
porque una monja a las cuatro de la mañana descubrió
su sexo
y quiere besar a todo el mundo
un hombre con una bicicleta se subió a una chimenea
y tiene hambre
la puerta del baño trabaja incansablemente
y le han hecho juicio de desalojo a la esperanza
voy a tomar un café
II
mañana un general con viruela boba habrá de acuartelar
a mil conscriptos
porque una mosca le ensució el tintero de la guerra del
paraguay
y su esposa tendrá un hijo con un coronel
un forzudo canta un jingler
y en el décimo piso del ministerio dos empleados juegan
a la generala
mientras una mujer les muestra la bombacha a dos
cadetes
parece que van a tapizar el sillón de la presidencia
y está en estudio clausurar la poesía
¿qué hace el tanque ése parado en la puerta de mi casa?
III
el hijo del poeta surrealista
remontó clandestinamente un barrilete
viendo a un albañil leer a kant en el tranvía
y cuando vi que el padre del ministro se transformaba
en iguana
recuerdo que se organizó un campeonato de ajedrez en
una villa miseria
así empezaron las cosas
fue cuando las gallinas todavía empollaban huevos
ahora
a los almaceneros se les ocurrió estudiar taquigrafía y
bailes clásicos
no creo que aguantemos mucho tiempo
IV
a la hora en que los vigilantes se asustan del hombre de
la bolsa
y el profesor universitario se prueba el corpiño de su
abuela
a la hora en que las putas mezclan a hölderin con
vacarezza
y un teddy boy puede jugar al golf con un paraguas
a la hora en que el hijo del señor cura se enamora de la
blenorragia
y en una reunión de afeminados se escucha el ocaso de
los dioses
a ciertas y determinadas horas
hay alguien que aún cree que jesucristo levantaba pesas
V
he visto en el subterráneo cómo una mujer tiraba un feto
por la ventanilla
el guardia entonces obligó a todo el mundo a que fumara
los chicos menores de siete años se dieron el gusto de
convidar
los últimos king size que tenían
el subterráneo por supuesto no paró en ninguna estación
se organizó un baile en medio del túnel
y después de varios días tuvo que intervenir el ministro
del interior
pero el ministro abandonó a su esposa en el primer
molinete y se enamoró
de un ciego hermano de un diariero muy educado que
eructaba con la boca cerrada
después de la crisis
se vendieron los peines a menor precio
y se creó un curso gratis para aprender a manejar
bañaderas
VI
al campeón nacional de pesas no le gustan los soldaditos
de plomo
y el presidente ahora se sale con un decreto de duelo
nacional
porque se le murió una araña amaestrada
la gente camina y no piensa en la rima fecal con
sexual
en tanto los porteros han comenzado la huelga porque
no quieren leer más
libros de fenomenología
hoy estuve hablando con dos poetas enemigos míos
dicen que si existiera belgrano pasarían otras cosas
no me siento bien
VII
después de nagasaki
los dictadores apuestan sus hijos en las carreras de caballos
los violinistas usan el violín para matar las moscas
y el cielo se abarrota de expedientes
como dios está atacado de cáncer
los ángeles militares preparan la gran conspiración
nadie entiende nada
VIII
tus dientes como perlas están en el segundo cajón del
escritorio
además aunque te los olvides
con no abrir la boca se acabó el problema
mejor vayamos a la plaza a las tres de la mañana
a esa hora pasó todo y estaremos más tranquilos
vamos a ver
ayer habíamos quedado en la regla de tres simple
y en cómo se cargaba un pistola
¿qué?
¿y ahora se te ocurre darme un beso?
IX
la princesa padece de urticaria
y le rompieron la cara a la ternura
una mujer cuelga de una ventana con su vagina herida
para molestar a los empleados de la compañía de seguros
y en norteamérica masacraron a un negro
hoy estoy triste
y los negocios cerraron porque un juez con la corbata
sucia
condenó a cadena perpetua a un hombre de cuatro años
mañana comienza el campeonato de waterpolo
X
después de aceptar la coima
el abogado toma el plato de sopa que se llevó adentro de
un profiláctico
y su secretaria le canta un cha cha cha en lunfardo
kafka tenía un diente postizo
por eso los chicos se asustan del dentista
voy a visitar el museo
aunque no sé si podré entrar sin calzoncillo
mejor me quedo en mi casa leyendo la guía
hoy remataron a un amigo mío
XI
en la sinagoga preparan el próximo atentado
y han clausurado definitivamente el uso de los
escarbadientes
la gente angustiada comenzó a comprar flicornios a
cualquier precio
se anularon los resultados de todos los campeonatos de
fútbol
y a la salida de los cines hay obligación de vacunarse
en los últimos dos meses se registraron ochenta y cuatro
movimientos militares
hay escasez de naftalina
y se proyectó la construcción de mingitorios arriba de
los buzones
al lado de un árbol encontré un boleto capicúa
que marcaba la primera página de las obras completas
de marcel proust
me dieron ganas de caminar
XII
los escritores comunistas están preocupados
algunos para ser populares reparten su fotografía en
colores con una medallita
y otros ponen nombres de dentífricos y sopas
concentradas
la gente no quiere salir más a la calle
y se empezaron a trabar las puertas de los baños
desde hace tres noches están desfilando tanques
las familias se agarran a trompadas adentro de sus casas
y por televisión sólo pasan lecciones de sánscrito
lo que mata es la humedad
XIII
se han empezado a recaudar fondos para los militares
enfermos
y en las islas malvinas se encontró una sirvienta
para solucionar el problema de los techos que se vienen
abajo
en todas las esquinas instalaron negocios de acero
inoxidable
que venden chicles y frasquitos con goma de pegar
los chicos no van más al colegio
las maestras se dedican a tomar vermouth en las
confiterías
y nadie puede ver a las hormigas
las únicas casas que permanecen abiertas son las armerías
todo el mundo tira las cosas a la calle
el otro día encontré la primera edición de una obra de
mitre adentro de un bidet
después que los granaderos pidieron el retiro
fueron sorprendidas dos parejas arriba de un monumento
público
se ha inventado un nuevo ministerio
y las veredas están cubiertas de coches
no hay salida posible
XIV
estalló la central telefónica
los estudiantes de ciencias económicas se dedican a robar
bancos
y en el palacio de justicia se instaló un crematorio
como los cineastas han comenzado a homenajear a los
reservistas
el gofio se puso de moda
ahora los vagabundos viven en las funerarias
claro que a los gorriones parece no importarles este asunto
sólo que en el aire ha tomado un color muy raro con tantos
bichos como hay
parece que va a renunciar un ordenanza del ministro de
relaciones exteriores
el río se está secando
y se ha descubierto entre el barro al cadáver de hitler
han puesto la bandera a media asta
y obligaron a los oficinistas a llorar
hoy seguramente los militares tendrán asueto
la gente está muy asustada
XV
desde hace seis minutos hay un silencio total
nadie da señales de vida
algo debe haber pasado durante la noche
lo único que escucho es el golpeteo de mi máquina
desgraciadamente se está acabando el papel
qué raro han desaparecido los coches
tampoco hay nadie en la funeraria
voy al río
quiero saber qué pasa
desde el murallón se puede ver una caravana de gente que
se aleja
parece que se fueron todos para el río
y para colmo me robaron el maniquí que había
encontrado
bueno
a casa hay que empezar a trabajar
XVI
frente a la puerta sentada en el umbral una mujer me
está esperando
no sé como se llama
es la primera vez que la veo
me mira
nos damos un beso
vamos a tener un hijo
nos llevó mucho tiempo arreglar la ciudad de buenos aires
ROBERTO JORGE SANTORO (1963)
Publicado por DEAD WEIGHT en 1972
El libro original se terminó de imprimir el día 31 de julio de 1972 en IMPRENTA
DE LOS BUENOS AYRES SA -Rondeau 3274-Buenos Aires-Argentina
Fuente: www.lexia.com.ar
Poemas de Roberto Jorge Santoro
CUADRO
Cada vez que hay un problema
el juez levanta el martillo
y el país se hunde
más adentro.
LLUVIA EN LA VILLA
afuera
el agua cae
de arriba para abajo
adentro
el agua sube
de abajo para arriba.
VERBO IRREGULAR
yo amo
tú escribes
él sueña
nosotros vivimos
vosotros cantáis
ellos matan.
Mi casa se puebla de arlequines
cuando hay ruido de besos en el aire.
ENRIQUE BUENOS AIRES
(a Enrique Santos Discépolo)
Con usted, la ciudad sentía un poco de vergüenza.
Ahora, sin usted, hermano Enrique, Buenos Aires,
de puta nomás, cambió la cara.
llegó como un gorrión
hizo la cola de la vida
le dieron un modelo de corazón que no se usaba
usted vino
puso el amor de cara a la ventana
le dio cuerda al asunto de la calle
a dios lo tuvo en jaque con un tango
le ganó todo el dolor a la baraja
grela la suerte señor
qué palabrero
las mesas de café se niegan a olvidarlo
¿para qué más?
era la desnudez primera
la mano amarga
la rueda loca
el desencanto
pidió permiso
pero sacó de prepo a la esperanza de la cucha
y ya hace un tango que quiere volver
su silbido varón que no regresa
el bufoso de la muerte
se lo llevó con miedo al otro barrio
denle paso
que pase su camisa
Enrique fue la mitad de Buenos Aires
LLEGO LA PRIMAVERA
lavorante viene y va
su brazo baila en el aire
su cuerpo baila en el baile
con el cross
o con el jab
salta su risa con onzas
con su loca manera de golpear
por arriba una cuerda
por el pecho
su corazón del ring hasta el techo
y la cuerda que algún día no da más
lavorante sube y baja
baja
cintura que sube
esquiva el sudor
se agacha
su pierna mueve
la deja que ande
o la baila
desabrocha o endereza
su guante
que su silueta alocada
toca su mano
y se viene
aire del aire que tiene
su bata
bota saltando
y el golpe que está pegando
en la tribuna se mete
lavorante cierra y abre
su puño llega
despega
desenrosca su coraje
por eI juego de la lona con Ias piernas
después enrieda la cara
traba eI músculo
Io saca
pone su nombre en el ranking
pega y pega
nocaut Ie lleva a Ias venas
sueña su sueño en eI golpe
y hasta el norte se lo lleva
lavorante está que arde
Ia soga salta en el pecho
al cuadrado va derecho
mete y mete su detalle
le dice arriba y abajo
le dice izquierda
eI manager
le dice
grito en inglés
la tribuna que lo mira
que no entiende
que no sabe
lavorante está que acusa
con derechas
Ie tocan con izquierdas
el hígado y la boca
Ie dan a la cabeza
y él se para
y otra vez cae de cara
de boca contra el aire
que se abre con las mañas
que fractura
que el corazón no carbura
y el manager tan feliz
pugilea el púgil gil
y el gringo se cae y cae
y el cerebro no respira
ni respira su nariz
abajo que por arriba
un guante muy elegante
le desarma por el cuerpo su país
y el nocaut está tan cerca
que tan cerca se ve la operación
se ve un vaso de agua con limón
lo que no dicen
la vieja
el mate que no va para la pieza
la maceta donde se cae un malvón
el patio donde se grita un carajo
con lo que da el corazón
y hasta el fin gringo muchacho
adentro
y fuera del ring
tu nombre como metralla
que te vas
se fue
lo sacaron por la cara
por el dólar
la cabeza la mortaja
si te vas
Alejandro Lavorante
a dios le tiramos la toalla
chau hermano
no te vayas
CANTO A LA ESPERANZA
Andaba yo desnudo de mí
perdido en la lluvia del olvido,
de barco navegando por las plazas,
dormido el pecho,
su gorrión descalzo
y tuve que llevarte a la palabra,
ponerte en posición de vuelo,
a veces de bufanda
rueda azul
andaba
te seguía
mi muerte con su forma de guitarra
y tuve que ponerla en la memoria
como se pone un hijo
con esa rabia dulce
mitad de mí
agua del aire
andaba así
de loco en el olvido
de furia que quiere reventar por el costado
y un día de tanto nombrarla
la encontré,
se la llevé a mi madre,
la puse en el saludo,
la compartí como un pan con mis amigos,
la arrastré hasta. el remolino del amor
allí donde los ríos tienen un mismo nombre,
para que entendiera de una vez por todas
que era nuestra,
para que nunca se olvidara de este país enorme,
de esta ciudad,
su ternura abandonada en los portales,
le dije algunos versos,
le puse el corazón como una hoguera,
me la bebí de cabo a rabo,
le enrosqué la cola en mi solapa,
me di el gusto de agarrarla de la mano
y hoy la traigo aquí,
pero si un día se llega a volar porque fallamos
si se escapa esta rabia que llamamos esperanza,
si un día se va,
yo crucifico al amor
y después. de enterrar a mis hermanos,
me voy con el tranvía de la muerte
a clausurar mi corazón en una plaza.
HOY
Hoy
después de ver a una mujer
dejar caer a su hijo a través de una ranura
y disparar con su miedo a la oficina
Hoy justamente
que un militar le prendió fuego a una biblioteca
y un funcionario se masturbaba al pie de una secretaria
Hoy
precisamente hoy
que el juez de turno hizo pis arriba de los libros
y un colectivo mató una mariposa
Hoy que una muchacha me vendía su sexo por un café con leche
y yo le hablaba de poesía
Hoy
exactamente hoy
tuve que tirar el corazón por la ventana
LAS COSAS CLARAS
mi voz está en su sitio
el corazón sabe algo más porque me duele
por eso digo:
terrible oficio
es repartir equivocadamente los abrazos
y que el alma viva entre perros hambrientos
uno de mis errores
fue creer que todos éramos hermanos
y ahora
no se le puede cambiar el horizonte a la nostalgia
hay que olvidarse de las viejas sonrisas
y andar con el dolor a cuestas
para que sirva definitivamente
nunca dije
mi lágrima fue grande
sufrí
no me quisieron
cada uno conoce su dolor
y sabe de qué manera hablarle a la desgracia
que venga la vida y me golpee
de nada vale cerrar los ojos
un hombre dormido
es un dolor que descansa
es duro el amor cuando se niega
un día sin embargo recuesta sus abrazos
apoya su misterio en mi cabeza
y me lleva a vivir al primer piso de un incendio
no comparo
simplemente doy mi fruto
y espero
la semilla más humilde
puede brotar el fuego o la hermosura
si estoy acorralado entre dos besos
decido acurrucarme al pie de mi corazón
y sueño
soy triste hasta los zapatos
a la hora del té
mi alegría se sienta y llora conmigo
pero sostengo que un día
aunque el amor sea el hermano implacable de la lluvia
de mi casa a tus ojos
no habrá naufragios
(De Las cosas claras, 1974)
CALCOMANIA
sonríe
dios te ama
disimula
el comisario vigila
ALGUNAS COSAS
un viento que se llevó la alegría
y la luna de los dedos
ahora se golpean las cosas con mis ojos
y ventanales de azufre registran la catástrofe
se derrama el misterio como un papel ajado
atropellando nuestro circo de asombro
todo el esperar castillos y brujas para salirnos del cuerpo
como buscando los ángeles
los barriletes huidos
esos interminables bosques de lobos y caperuzas
esas casas de chocolate
de enanos y gigantes
esos silencios de la siesta en que uno cree volver al beso
y cuando echaste no sin esfuerzo los ojos tras la magia
te despiertan
para erigir estatuas que ruedan la mentira
la sinrazón entre bostezos de sangre
el odio pero con nuevas palabras
y todo lo que callo
y todo lo que olvido
y entonces te componen su esfuerzo avinagrado
y creen en los ojos leyendo el abandono
y guardan la estulticia dormida tras la boca
enumerando estrellas
pájaros
canciones
es el momento en que te adentran sus lenguas de huracán
restallando los enigmas que anhelaste
es el momento en que quisieras vestirte de venganza
y hundir sus necios alfabetos
su estar de lacerías
su acopiado cenegal de estiércol
esa ínfima saciedad con el destrozo
el incontrolable idioma con que destierran la vida
robándote el silencio
hiriendo las entrañas de tu sueño
y dejándote como un payaso solo
y entonces te dan ganas de gritar
de no querer el mismo cuerpo
y el escalofrío del insulto se queda como un tonto por los ojos
y se te desgarra adentro como una cosa inquieta
y entonces te dan unas ganas raras de llorar
de caerte muerto
y convertirte en globo
o en lluvia de organitos
qué sé yo
cada día se nos muere un hermano
PEDRADAS CON MI PATRIA
I
en esta tierra grande
de tanto golpe grande
de tanto odio grande
de tanta basura
de tanta locura
en esta tierra grande
en esta tierra llena
de tanta entrega llena
de tanto lema llena
de tanto escarnio
de tanto daño
en esta tierra llena
en esta tierra herida
de tanta culpa herida
de tanta sombra herida
de tanta astucia
de tanta angustia
en esta tierra herida
en esta tierra sola
de tanto molde sola
de tanta sangre sola
de tanta estrofa
de tanta mofa
en esta tierra sola
en esta tierra rota
de tanto grito rota
de tanto rito rota
de tanta bota
de tanto idiota
en esta tierra rota
III
hablando con honradez
humanamente hablando
algo anda mal
tranvía de mi corazón parado en la mitad del pecho
es preciso investigar
dar en el clavo
martillo poesía
proceder con primaveras
es preciso desabrochar la mano
desnudarla en la calle
entrar derribando la puerta de los hombres
segundo piso a la izquierda
expediente número ternura
llamado urgente
arrinconar la muerte con un beso
y no despertar sospechas
un asunto muy serio se subió a mi ventana
VI
mi patria está viva cuando escribo
se sale por el lápiz
invade mi camisa
muchacha
inventemos el amor con lo que queda
es necesario buscar
no perder tiempo
mi patria tiene forma de poema
hay que llevarla crucificada al hueso
ayudarla a salir
amarla y desamarla
entonces algo pasa
se cortó el hilo de repente
mi patria es joven como yo
tiene sus dudas
IX
los generales con los testículos plastificados
y los empleados copulando adentro de un cesto de papeles
y la gente que llora cuando se muere un arzobispo
y las mujeres desnudas arriba de los colectivos
y los estudiantes sietemesinos
y los políticos con diarreas de verano
y los funcionarios que no tienen calzoncillos
y los economistas fabricantes de inodoros
y los leprosos amantes de los secretarios
y los burócratas con derrames infecciosos
y los futbolistas atropellando con sus coches a los jubilados
y los presidentes comprando materia fecal en los remates
esto han hecho de ti
por eso yo arrojo mis pedradas
(De Pedradas con mi patria, 1964)
La luz, medrosa, se repliega
y las lágrimas ruedan por los pómulos
de la impotencia y la resignación.
Sólo eres un nombre en una lista.
Pero yo creo en la venganza del poema.
No haya paz en la tumba del verdugo.
De Tango y lo demás (1962)
el barrio es casa y tango
bailar en la rayuela
un salto salto el cielo
y otro salto
el tango hostil y fiero
se fue con el tranvía
a bailotear en la luna de tu ojera
se fue que no parece
está
rabia que crece
arde grita
da bronca
está que no parece
pero quedar amarrado a buenos aires
a su fatal tristeza
a su agonía
y saber que hay un tango en cada traje
uno anda solo
volvé
si yo pudiera
como un hombre que se fue
no estoy
no sé
no doy un paso más
hoy algo no funciona
vover
se fue
estaba en la vereda
y nunca dijo nada
se fue
me voy
echar el resto por la calle
Mi voz está en su sitio
el corazón sabe algo más porque me duele
por eso digo:
terrible oficio
es repartir equivocadamente los abrazos
y que el alma viva entre perros hambrientos.
Uno de mis errores
fué creer que todos éramos hermanos
y ahora
no se le puede cambiar el horizonte a la nostalgia
hay que olvidarse de las viejas sonrisas
y andar con el dolor a cuestas
para que sirva definitivamente.
Que venga la vida y me golpee
de nada vale cerrar los ojos
un hombre dormido
es un dolor que descansa.
Sostengo con dos manos la esperanza
porque sé que es el único aliento
que vive a la intemperie
y no escondo mi palabra
salgo a vivir con el alma descubierta
el corazón que no canta
no ejerce su oficio con altura.