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Eduardo Pérsico
Nadie muere de amor en Disneylandia
Premio Novela del Fondo Nacional de las Artes, año 1993.
Jurados: María Esther de Miguel, Isidoro Blaisten y María Angélica Bosco.
Las rebeliones se controlan solas;
basta con hacerlas dirigir por un mediocre.
(Edmund Burke)
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Después de todo, un autor de historias
fingidas escribe el libro que quiere leer y no encuentra en ninguna parte.
(Augusto Roa Bastos).
El mejor negocio de los ricos es una pelea entre los pobres,
gritó un negrito hambriento y ahí nomás lo ametrallaron.
EMBELESOS DEL GATO Y EL SILENCIO
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- Ya debería saberse que los gatos se tornan invisibles cuatro veces al día,
y que cuando ellos lo desean, nadie puede verlos con la guardia baja,
empobrecidos de lluvia y madrugada. La sangre no flamea entre los gatos y si
disponen atemperar la soberbia de su exhibición, son invisibles,
inatacables; y el corazón les late en su Verdad Lejana y Superior.
Los gatos tienen el corazón detenido y sordo, moderan un erizar de púas sin
adivinaciones ni advertencias; ellos son el silencio, el no dejarse ver y al
mismo tiempo la mirada que los busca sin hallarlos.
- Señor Blanes, es hora de conocer que los gatos refrenan las embestidas de
su miedo fantaseando las imágenes que mejor le agraden. Con su constancia en
el límite del desafío ellos sobreactúan para salirse de la realidad; y
cuando quiere un gato se vuelve contemplador de su felina acción, abandona
su misma banalidad terráquea y salta a la otra dimensión, cambia de enfoque.
Un gato es pariente del lector cómplice que acepta las neblinas de lo
incierto y recrea la palabra escrita; avisado lector que supone y se
anticipa a lo ficticio como si supiera la conclusión del tema. No es absurdo
un gato silencioso por sus calcetines de lana blanda, disimulo en la
penumbra de la noche alta, amante a hurtadillas, sigilo merodeando
habitaciones sin proyectar su sombra; pero clandestinamente mudo elige dónde
pernoctarán los silencios, patrón de pentagramas que ubica los signos a su
antojo. Y además, señor Blanes, el gato guarda en sus ojos el Secreto de la
Libertad.
- Un gato es invisible no menos de cuatro veces al día, respira aquí y ya se
convierte en dos sílabas sin cuerpo; levita leve y ligero; sutileza que
airea y desprende su muscular destino de la gravedad. Todo gato es mascarón
presuntuoso que se incorpora a su propia mirada; tirador zen tensando la
cuerda a pura relajación; sendero gaseoso de la abstracción profunda; arco,
flecha y ojos de felino presenciando su propio disparo. Al fin, bromista
espectador que al mismo tiempo reproduce imagen.
- Y esa pequeñez gatuna es todo el enigma, Blanes. Levantar el arma y
mirarse desde afuera; imaginar siendo imaginación; desdoblarse y ser punta
de fusil; colmillo y dentellada; plomo guiado por el ojo a trazar rendijas
en la piel. Visión de gato en la mira, acto fatal que al matador lo ratifica
en la comarca. Ynada deslucirá la muerte de un hombre, desconocido para
usted, Blanes, que Nosotros le señalamos para el rito funeral del
escarmiento.
- Y usted Blanes debe cumplir como quien es: chofer del Ministerio y un
matador al fin sin libertad de gato. Pero igual invisible, dedo al
disparador y bala montada en su mirada, volando a silenciar para siempre a
quien sea secretamente condenado en la Oficina, por “Nosotros, los
Responsables”.
POR ABRIL DEL 68, EN MEMPHIS SE EVITO UNA EPIDEMIA BLUSERA
Y si la Oficina dispone retrocederlo al sitio más tensionado del planeta,
uno se la debe aguantar; piensa Blanes enorgullecido porque después de todo,
justamente a él le confiaran semejante empresa, por abril de 1968.
Memphis es a perpetuidad una ciudad con olor a negro; y en huelga los
recolectores de basura, por esos días Memphis es una ciudad con olor a
mierda de negro. Ahí su mision es insalubre y ni lejanamente parecida a
cazar intelectualitos en las madrugadas de Buenos Aires; una historia
futura que por ese momento él prefiere esquivar.
Blanes llegó a Memphis hace unas horas y sin que lo vieran descender del
Ford Mustang color blanco, alquiló enseguida un cuartucho en el albergue, a
espaldas de la calle Mulberry. No le gusta ese lugar para miserables a pesar
del buen trato de Bessie, la encargada, una cuarentona que al mirarlo se
impresionara tanto por su camisa blanca y la corbata bien anudada. “A los
argentinos nos gusta empilchar de primera”, y admite Blanes que esa
.sonriente veterana de muchas guerras de buena gana se lo bajaría en
combate.
Por la ventana de su habitación él no consigue divisar la calle, pero desde
el baño se apunta precisamente al Hotel Lorraine, un espacio de buena
claridad. Se aprecia con nitidez un menguado parapeto de caños cuadrados,
aparente estructura sin terminar. En verdad el hotel no es de los mejores y
desde ese balcón fácil sería conversar con alguien que se detuviera en la
vereda de Main St.
A pesar de haber empezado la primavera, ese atardecer había refrescado y
Blanes, que debe compartir el baño con otro pensionista, enfatizó su
inspección al escenario donde ya aparecería Luther King y retornó a su
habitación. Al cuarto número cinco que pagara anticipado ocho dólares y
medio, con un billete de veinte dólares y dos níqueles de cuarto en un gesto
amable de facilitar el cambio que Bessie Brewer creyó una finura poco usual
en la categoría de su albergue.
Hoy es cinco de abril de 1968, se repitió Blanes al tirarse en la cama y
decidido su plan de juego, esperaría su momento de corbata aflojada y cara
al techo. Al encender un Chesterfleld anticipó su memoria y esperó que de
inmediato alguien diera dos toques livianos en la puerta.
- Betwen no more, and drink a chair- respondió suponiendo decir “entre
nomás y tome una silla”, tragedietas del inglés acelerado. Pero gracias a su
Memoria Anticipada ya Blanes presentía la escena. Entonces la dueña entró
estupenda con el cabello cepillado, muy esbelta sobre los tacones v medias
de seda que prolongaban sus piernas, incitante portaligas estrecho, trampa
del vestido rojo abierto con lentitud; hora azul de la tarde y Bessie
Brewer, ajena al desparejo lenguaje de su pensionista desprendía su
estratégico botón y se contoneaba en la evanescida penumbra. Así que Blanes
decidió tomar su turno en la ceremonia, aplastando el cigarrillo contra la
mesita de luz en un gesto definitivamente muy varonil, estilo Humprey
Bogart.
- Came in at la cama, baby- farfulló Blanes y no tendría más remedio. Esta
mujer azula y alimaña la sombra de la tarde, modifica latidos y se asoma,
piel y beso, hasta su pecho de camisa abierta. Espadas de luz traspasan la
ventana, la cabeza de Bessie Brewer le desciende vientre abajo y él recibe
un torrente en sus venas; una mujer lo somete y “aprovechate Blanes que no
te verás en otra”.
Transcurrido un rato casi imperceptible, fue misión cumplida. La dueña del
alojamiento salió sigilosa del cuarto a medio vestir y por un instante
Blanes desprecia ese prejuicio que acusa al Klukluxklan de no completar su
tarea y haberse quedado corto en Memphis. Y piensa que por tanta disipación
y no escarmentar a fondo, hoy Memphis seguía siendo una ciudad de negros
maleducados y sin cultura, soliviantados por ese loco de Luther King; un
pacifista asqueroso que pone a la negrada en alza y sin que nadie lo
imagine, anda haciendo arreglos para legalizar el negocio de la droga y la
prostitución a orillas del Missisippi. Y eso la Oficina lo sabe tanto como
que el tipo pidió el 15 de abril de 1967 retirarse de Vietnam, aprobado
enseguida por ese gigantón ridículo de Cassius Clay, que no por nada luego
se quedaría paralítico, pero pareciera que los maricones de la CIA o el FBI
son unos tímidos que cierran la tranquera cuando ya se escaparon las vacas.
De otro modo no hubiera sido necesario que lo destinaran a él, Blanes,
argentino y seductor, a ese oloroso lugar. “A Blanes, nuestro agente más
efectivo” que en ese instante dudaba si aquel refrán de la tranquera hablaba
de los chanchos o a las vacas...
Ni bien la Bessie saliera de la habitación con su bombachita con lentejuelas
y portaligas debajo del brazo, Blanes volvió a demorarse en contemplar el
cielorraso. Ya son las seis y la fiestita fuera de programa no estuvo mal,
se dijo.
- ¿Like you, nena? I dont understand, pero like you mucho mucho- y a él
mismo lo extrañó la extrañeza de la mujer al oírlo.
Este Luther King al principio discursea muy mansito, “yo tengo un sueño”, y
después amenaza con .ser “tambor mayor de la justicia” y otras
sublevaciones. Nadie duda que en Memphis anda con ganas de joder y en la
Argentina ya lo hubieran desaparecido; pero como estos yankis son unos giles
el tipo los tiene encandilados con sus destellos de Premio Nobel. Por
ejemplo, en estos días adiestra a los negros recolectores de basura: mañana
gran manifestación en Memphis, la semana próxima un gigantesco quilombo en
Washington y si lo dejan, proseguirá midiendo fuerzas al infinito. Una vez
se salvó de una mujer que lo atacó con un cortapapeles; a este Nigger hay
que meterle un plomo en el marote ahora mismo y cortarle la buena leche,
razona Blanes al tropezarse en el pasillo con un tipo pelado que le
sonrió.”/Qué cara estúpida tiene este gordito, mi Dios”/
Blanes salió a la calle y caminó rodeando Main St. hacia su auto estacionado
en Mulberry, ese sórdido callejón detrás del edificio. Ahí se mueve sin
precisar si es época de frío o calor y sabiendo que nadie lo vigila, del
baúl trasero recoge un estuche de violinista con una hermosa Remington 30-06
en su interior; y regresa enseguida al hotel. El cuarto de baño sigue
desocupado y desde el ventanuco observa por primera vez al pastor Luther
King, a unos sesenta metros, que igual a cualquier mercachifle que echara
buena suerte con la jugada de la integración racial y el pacifismo, se
exhibe compadronamente en el Hotel Lorraine. Encimado al parapeto
cuadriculado, el hombre negro conversa con cuatro o cinco personas que desde
la vereda le hablan y se mueven con ritmo de conjunto blusero. Son las seis
de la tarde y al levantar el arma, Blanes supone que a esa hora el olor a
negro sería insoportable. Lo demás es bien sabido. Él jamás se distrae ni lo
pueden los nervios de un principiante, y plomo guiado por su ojo a esa
distancia es matador infalible.
BUSCANDO AL HOMBRE CON ASPECTO DE GAUCHO.
“El conocido líder Martin Luther King, de treinta y nueve años de edad,
doctorado en,Filosofía y Teología y Premio Nóbel de la Paz en 1964, fue
asesinado de un balazo en el cuello que le acertara un entrenado
francotirador, mientras el dirigente pacifista se hallaba en un balcón del
hotel Lorraine, en la ciudad de Memphis, Tennesse” al rato nomás publicaron
los diarios.
Por la certeza de Blanes se produjeron atentados y saqueos en distintas
poblaciones de los Estados Unidos, y más en aquellas con mayoría de
población negra. “Intervino la Guardia Nacional y se supone que el matador
de King sería un hombre blanco, de un metro ochenta de altura y edad
aproximada a los treinta y cinco años, quien a poco de disparar con un fusil
Remington 30-06 por una ventana del albergue para pordioseros situado
enfrente del hotel, se alejó en un automóvil de color blanco. Luther King
falleció en el Saint Joseph Hospital a las siete de la noche de hoy, 5 de
abril de 1968, una hora más tarde de ser baleado. Un testigo presencial del
hecho, el Reverendo Jesse Jackson, comentó que en el momento del atentado
King saldría a comer con unos amlgos a un restaurant cercano, y conversaba
con el músico Ben Branch, vinculado también a la esposa del pastor, cantante
en un coro religioso.
Según una versión de último momento, habría sido detenido y luego puesto en
libertad John Willard, un individuo bajo y calvo, registrado en el albergue
de donde partió el disparo y de quien la encargada recordara que “el tipo
tenía una sonrisa de idiota que jamás olvidaré. Jamás olvidaré esa sonrisa
estúpida”, comentó a nuestra agencia periodística la ciudadana de color
Bessie Brewer.
Mientras tanto, el FBI, la CIA y la policía local se cruzan acusaciones y
continúan describiendo al individuo con aspecto de gaucho que viajara al sur
del Missisippi en un Lincoln blanco, sin ser avistado por nadie” - fue el
comentario del Memphis News Star.
PRIMAVERA CON VIAJE A LA CURIA Y CAMINO DE GRANZA.
En Buenos Aires y en la década del noventa, Blanes estacionó el auto frente
al edificio de departamentos, ejercitando su entrenada paciencia de servidor
ministerial. A mediados de la última década del siglo veinte, esa cierta
ocupación como chofer del Ministro del Interior lo separa de sus entresueños
justicieros y lo hace vivir una realidad cotidiana de burócratas y
gobernantes. Faltan unos minutos para las nueve de la mañana y en ese
barrio, Buenos Aires recién se despereza en autos de vidrios opacos
emergiendo de las cocheras; una muchacha con delantal celeste que barre la
vereda saluda al atlético paseador de una docena de perros decentes, atados
todos al mismo cordel. Despierta la actividad y Blanes cronometra que la
esposa del Ministro llegará en cinco minutos, tiempo de repasar los ochenta
kilómetros que debe manejar hasta La Plata.
A la mujer que viera una sola vez, bien la recordaba: hembra con aire
distante, de alguien indiferente por estilo, y muy joven para vivir casada
con semejante cabrón. Pero más allá de cuanto renegara Blanes del Señor
Ministro del Interior, su mujer camina ahora en dirección al auto luciendo
sus presuntuosas extremidades de estatua, imponiendo figura.
- Prefiero viajar adelante con usted- habló ella secamente y Blanes le
devolvió su media sonrisa. Mujer hermosa de unos treinta años que con
malicia infantil y cómplice casi sugiere sus piemas al sentarse, a quien su
confesor dominical debería advertirle “haces muy mal hija mía, Blanes
observa y no perdona”. Pero sobrando el juego ella apenas preguntó, mientras
desplegaba una revista.
- ¿Llegamos al Arzobispado a las once?
- Tenemos tiempo de sobra, señora.
¿Y sospechaba Blanes en ese diálogo insípido claves de otra insinuación: la
esposa de Ministro quiere involucrarse en un esparcimiento al margen del
trámite que realiza?. Conjeturas, porque sin soltar la revista ella apenas
lo mira a rachas, mientras él maneja aflojado y mintiéndose que realiza una
tarea menor a sus auténticas responsabilidades, más importantes.
- Mañana linda para pasear, agosto anuncia la primavera.
¿Oyó Blanes ese comentario y anticipa que ya se ganó la simpatía de la
señora? ¿La mujer averigua detalles de su vida y él le repite los consabidos
lamentos de Hombre en Soledad, ese infalible recurso de levantarse una mina
en cualquier rincón del planeta?
- Tardaré una hora, si quiere vaya a tomar un café - pronunció ella con
claridad al llegar, abandonando el magazine importado en la guantera del
auto y acaso, sosteniendo un par de segundos la mirada.
- La espero aquí, señora.
La mujer caminó unos pasos y volvió la cabeza. ¿Sonrió, de parabién al ser
desguarnecida por los aventurados ojos de su nuevo chofer? Pero lo cierto es
que mientras aguarda, Blanes calcula que su pasajera volverá en quince
minutos y se distiende en fabulaciones del antes, el después y el no sé
cuándo. Retorna a su pueblo de provincia, donde su nacimiento fuera anotado
treinta y cinco años atrás en un registro cargado de imperfecciones. ¿Y a
quién interesan los datos filiatorios de un chofer del Ministro del Interior
que sólo es un mandadero de segunda categoría y esconde una extraña cualidad
en su manera de recordar? Nada menos que Memoria Anticipada, una condición
tan difícil de explicar como sus idas y venidas en el tiempo. Blanes piensa
que en cuatro o cinco días más volvería a visitar su pueblo, aprovechando el
viaje de trasladar lo recuperado luego que “las fuerzas del orden allanaran
el sitio equivocado”, según comentó un diario con mala intención sin agregar
que ciento cincuenta kilos de cocaína quedaron en resguardo oficial y pronto
serían cambiados de lugar. Antes que las líneas se confundieran todavía y
alguien averiguara lo indebido; y para esa diligencia eligieron a Blanes, el
mejor del equipo.
Su pasajera regresaba al auto y ahí Blanes apreció mejor ese andar de hembra
joven y su sonrisa, acaso mas alumbrada y amistosa. Aunque por más que él
imaginara, la Oficina bien le habían advertido no meterse con las mujeres
cercanas al Poder. “Son prohibidas. Intocables. Ni soñarlas, Blanes”.
- La charla duró quince minutos.- dijo ella y de nuevo el desafío al cruzar
las piernas. Y la entrevista, suponía Blanes, fue otro intercambio de
nombres y recíproco “si tú me averiguas yo te informo” entre intereses
compatibles en algún resultado. “Ministerio del Interior y el Arzobispado en
sana competencia por abatir la mayor cantidad de herejes en los años finales
del milenio”...Pero Blanes no entendía ni aprobaba esas bromas de pasillo.
- Ahora tenemos más tiempo.- tal vez ella pronunció al encender un
cigarrillo, mirándolo fijo y arqueando las cejas. Blanes insolentó otra
inspección visual y la mujer dibujó con lentitud su acto reflejo de
acomodarse la falda. Sin apuro ni protocolo rodearon un par de plazas y
llegados al camino de doble mano ya eran invisibles. “Pronto estallará la
primavera” no era una oración propia de Blanes.
- Prefiero llamarte Verónica o hermosa tarde para hacernos el amor, ¿pudo
escucharse o los silencios fueron sustantivos y los dos transcurrieron sin
palabras el camino de granza hasta el hotelito apartado de la autopista?
Aunque por disciplina laboral, Blanes debería haberse guardado sus calientes
neuronas de anticipación y manejar directo a Buenos Aires, según le fijaba
el reglamento de la Oficina, pero esa vez no cumplió.
- ¿Comprendés las reglas de este juego?
- Las voy conociendo de a poco.
- ¿Sabés que las órdenes .se cumplen en silencio?.
- Me lo dijeron en el Ministerio. También que nadie debe oponerse a
Disneylandia.
- Y nadie muere de amor... Pero no tomes todo al pie de la letra, porque
entre nosotros no hay fanáticos de la lealtad. Somos iguales a quienes
pregonan lo contrario.
- No es necesario que me digas eso.
- Blanes, me gustás porque sos un ingenuo.
- No creas, Verónica, puedo mejorar.
- Un día te contaré la aventura de Juan Moreira, un tipo menos importante
que su misma fama.
INFORME CONFIDENCIAL
- ¿Qué tal fue tu paseo a La Plata? - preguntó esa noche el señor Ministro a
su mujer y levantó una copa de vino blanco.
- No muy bien. Esperé más de una hora y me atendieron en la Secretaría. Con
ustedes, los del gobierno, en la Curia hay mal ambiente.
- ¿ Los preocupa algo especial?.
- Sí, un preso que en la cárcel de Villa Devoto habla mucho. Y además se
quejan por los disturbios en la Universidad. No quieren repetir lo de 1992,
cuando los estudiantes se adueñaron de la calle.
- ¿ Y ellos no tienen ningua responsabilidad? !Lindos socios para
administrar las cosas son los amigos de tu familia!
- Yo te informo. Ustedes deciden.
- Está bien. Después conversamos. ¿Qué te pareció el nuevo chofer?
- No habló en todo el viaje. Ni siquiera me dijo su nombre.
- Blanes. Es un buen tipo, tiene treinta y cinco años.
NOSOTROS DISPONEMOS DEL PERSONAJE
- Ahora todo hubiera sido más fácil, ya que coincidimos con Blanes en la
“última década del milenio”; según prefiere uno de Nosotros, con aire
bíblico. Lo mismo, señores, aunque prosigamos de relato vario la historia
será sin grandes incertidumbres ni ambiguedades y Blanes no lucirá según un
grosero muñeco ni un monstruo deleznable, que para dignificarlo estamos
Nosotros, Los Responsables.
- Nosotros, Los Responsables, tenemos experiencia en la presentación de
personajes ante la familia tipo y así explicaremos a Blanes. Por la
Civilización y los lectores, señores, lo haremos sabiendo qué diferente
sería la fama de gordo tonto que sobrelleva el bueno de Sancho Panza, si en
las cuantiosas páginas de “Don Quijote de la Mancha” hubieran expuesto en
blanco y negro las verdades de su persona.
- Uno de Nosotros sostiene que el mundo de la literatura, con escuderos y
caballeros andantes, durante siglos sólo atinó a ridiculizar el “conflicto
erótico” que existió entre Sancho y su sacrificado burro, señores, y acaso
por no haber sido bien explicitado, este emergente de conflicto, según los
psicólogs, nunca fue discernido maduramente.
Por eso, recomendamos leer “La Intertextualidad le quedó grande a
Cervantes”, material de reciente aparición que supera los límites del
antiguo compromiso freudiano...
- Señores, así como Nosotros diseñamos ministros y presidentes, próceres y
enjuiciados, cuán útiles hubieran resultado Nuestros Servicios a tantos
personajes desatendidos por la mala prensa literaria. ¿No fue el Lobo Feroz,
en verdad incitado al pecado por la insaciable abuela de Caperucita Roja?
¿Quién puede afirmar, con autoridad, que Jack el Destripador no fué un
honrado caballero de quién, transcurrido el agitado río de la desmemoria,
hoy nadie sabe el porqué de su apelativo?
- Y sin abundar demasido, ¿no fue el marido de Madame Bovary, al fin de
cuentas, tan cornudo y pobre tipo como cualquier Idolo Social de nuestros
días? ¿ Alguien informó de manera entendible por qué los relatos de Franz
Kafka son tan rebuscados que al segundo renglón se hunden en algo kafkiano?
- Y aún nos preguntamos sin obtener respuesta, señores, cuál sería la
amenaza irlandesa que pesaba sobre James Joyce para que él no escribiera el
“Ulises” como debe escribir un ser humano.
- Por eso entre Nosotros, Blanes tiene ese nombre; Blanes para todo el
mundo; aleccionado y programado para registrar en una computadora con
terminal en la Oficina, los mínimos detalles de vida que sirvan a
controlarlo.
- Buen material sería para un novelista, por ejemplo, si en sus Hard Disk y
disketes Blanes archivara sus acrobacias de alcoba que lo hacen sentir vivo,
cada tanto, con alguna mujer.
- Pero según su estructura personal, a Blanes lo domina el destacarse en
banales alienaciones: !cómo disfrutaría caminar por la zona bancaria
acherido a sus teléfono celular, o ser líder de una hinchada futbolera!.
Aunque para protegerse, señores, Blanes dialoga con la computadora de ultima
generación sonsamente disimulada en un guardarropa de su departamento. Con
su deliberado modo de ocultar la IBM, disimulo que descubre cualquier
desprevenido, Blanes justifica un rito más del oficio de espía, obligado de
por vida a no dejar claves secretas ni pucheros envenenados al alcance de
los chicos, según es reglamentario a los afiliados del gremio atisbador.
- Es menester apuntar que Blanes, nuestro empleado, no es semejante a
Jonathan Pollard. un californiano con cara de anteojudo que desde un
Servicio de Contraservicio Norteamericano trabajaba en verdad como espía
israelí, y lo descubrieron.
- !Qué tarado este Pollard! Pese a la buena voluntad entre conspiradores y
conspirados, en románticas veladas de licor y cama doble, el tipo mordió el
viejo anzuelo de la rubia cariñosa. Y por ese anejo ardid antiespía usado
hoy sólo por los complotadores de Bolivia y Argentina, el conjurado de los
israelitas, Pollard, habló alguna página de más.
- Sí señores, aunque por contrario a un agente parlanchín, digamos que
Blanes viene prestigiado por su recato en tantas encamadas que librara con
sabrosísimas cubanas en Santa Clara y Santiago de Cuba a fines de 1958, un
poco antes de tomar distancia con el altanero desfile de los milicianos
barbudos al irrumpir en La Habana.
- Recordemos que luego Blanes volvería a esa ciudad, ya infectada de
revoltosos, y allí sus detractores aprovecharon para rumorear que nuestro
héroe intentó arrojar a una mujer por la ventana de un alojamiento, como si
esa actitud no fuera frecuente al quehacer de cualquier hombre normal. Dicho
de otro modo: todo hombre cercano a una ventana y con las bolas llenas por
una mina, sólo piensa despacharla por el aire normalmente, qué joder...
--Por favor, señores, Nosotros los Responsables no merecemos tanto machismo
arrabalero y expliquemos lo sustancial que hace al personaje.
- Entre otras sagacidades dotamos a nuestro empleado, Blanes, para penetrar
los vericuetos mentales de Patrice Lumumba, - otro negro tan disociador como
el blusero Luther King- y así logramos descifrar los propósitos mimetizados
en la selva de su oscura intención.
- El agitador africano trataba a Blanes con juiciosa familiaridad, como si
fueran amigos del barrrio, algo que no impidió que Blanes lo ametrallara por
la espalda en la alimañera manigua de Kolwezi. O donde fuera, que eso nunca
lo dejaremos claro.
- También tuvimos Blanes chapaleando arrabales fabriles de la Argentina, en
la feroz tarea de apartar a los herejes contrarios a la Buena Vida cuando
molestan a la pobre gente con palabrerío.
- “Terminemos con la explotación del hombre por el hombre, unidos tomaremos
el Poder, un niño que muere de hambre es una derrota de Dios”, más otras
frases del cine romántico que pregona la violencia, son desmanteladas por
Blanes allí donde se pronuncien.
- Por magia de su Memoria Anticipada y Multidireccional; para adelante,
hacia atrás y a los costados como las luz de las ambulancias; nuestro
empleado recrea el episodiso que quiere en el momento que quiere, a saber:
entre miles de aconteceres difusos, Blanes puede rehacer cada minuto del 9
de abril de 1948, fecha del asesinato del caudillo colombiano Jorge Eliecer
Gaitáin, por los días cuando en Bogotá se reunía la Conferencia
Panamericana.
- Señores, dejemos de lado las placas recordatorias y la conveniencia o no
de aquel ajusticiamiento, porque cuando se lo pidan, Blanes revivirá las
tumultuosas calles de Bogotá, los tortuosos apurones sufridos por el
veinteañero Fidel Castro y el servicio de taxi que prestara la Embajada
Argentina para sacar de un aprieto al futuro secular líder cubano.
- Se ha dicho que allí a Blanes le fue tan mal como al Jega Gaitán; pero él
siempre lo podrá contar y en cambio al colombiano lo comieron las lombrices
de la tierra.
- Sí señores, cuando se lo propone Blanes puede precisar todo lo sucedido en
el Bogotazo de 1948 y también, al milímetro, dónde acertó el proyectil que
inutilizó el fusil del Che Guevara en la Quebrada de Yuro, en Bolivia, donde
perdiera su invicto el Campeón de la Guerrilla veinte años más tarde.
- Noche de sábado a domingo por octubre de 1967, desolación del interior
boliviano. olor a rencor nativo, doble sombra de los montes y metro a metro
cuánto caminaron y se dijeron Blanes, invisible gato, con el abatido campeón
Ernesto Guevara. Rumbo que trajinaron hasta la escuelita de La Higuera y
Blanes accedió primero que nadie al deslumbre de la romántica maestrita
boliviana con el prisionero herido en el combate del monte. Una verdadera
cinta de amor...
- Y en esa línea de la información, !cuántas minucias de la Argentina es
capaz de conocer Blanes! El tiene datos de secretísimas reuniones, de
asociaciones entre solventes empresarios y financiados guerrilleros;
corajeadas gratuitas y servicios de agentes dobles; la delación del más
Buscado Subversivo que nos bocinó a Nosotros, los Responsables, detalles del
futuro ataque a un cuartel argentino por enero del 89. Una nueva versión de
otra embestida alucinada que hubiera por aquellos lodazales del gran Buenos
Aires y los arrabales lanuseros, cuando moría el año 1975 y los compañeros
de Blanes realizaron el sencillo trabajo de no dejar ni un títere con
cabeza.
- Es que Blanes es científicamente asombroso. El “Ireneo Funes” de Borges
sin duda tiene lo suyo y literariamente es un personaje apreciable, pero un
evocador gigantesco, hacia delante atrás y a los costados, supera al mejor
en recuerdo de valor. Cuando Nosotros le indicamos, tanto el fusilamiento de
Dorrego como el ajusticiamiento de Lincoln y la muerte de John Lennon, a
Blanes le son hechos contemporáneos. El no se esmera por este privilegio y
en su vida diaria solo se le permite anticiparse a los sucesos pocas
articulaciones. para evitarle esas complicaciones de acertar los números del
bingo a cada rato, señores...
- Digamos que Blanes juega ajedrez con blancas y sabiendo la respuesta del
adversario; luego veremos más detalles; pero siguiendo el rumbo de
clarificar a nuestro personaje atendamos a este aviso al que recurrimos y
pagamos puntualmente su servicio a nuestro hombre, Blanes: “J. D. Ferguson,
de Stanford University, anticipa la memoria con una operación quirúrgica
consistente en ubicar las ideas en los momentos anteriores o posteriores al
que suceden los hechos. Trasladar las agujas del cerebro al momento
preferido. U$A 132.000. Call 0800-743-4942.
RECORDACION DE UNA BUENA VIDA
La señora esposa del señor Ministro, hasta conocer a su marido supo alternar
haciendo copas en un local exclusivo, Clase A, visitado por clientes de
similar clase. Hombres nocheros con intenciones buenas, malas, regulares;
alquilada fervientemente por señores adiposos, ingeniosos, calentones,
exu1tantes, flasheados, crackeados, drogados, estúpidos; o derrotados
millonarias volviendo de recalada con la mirada hundida en la fisura más
honda de la soledad. Clientes de efectivo dinero, chequera, tarjetas
universales y doradas; invulnerables altos rubios impetuosos seguros tan
seguros matones perseguidos perseguidores más oscuros en ascenso buscando
sitio en la novedosa entrepierna de una hembra exquisita de hablar otros
idiomas. Y debió sonreír María Verónica, ambiguamente distraída, a parásitos
del presupuesto, sindicalistas voraces, alimañas de la diplomacia,
almaceneros efectivos, conspicuos cornudos, el célebre marido de una hembra
del desagrdable Señor Presidente de la República, dirigentes futboleros;
agentes de bolsa agentes secretos y tan sólo agentes; onanistas pajeros
incorruptibles, prescindenciables, gobernables. Diputables. La múltiple
fauna del Buenos Aires Querido.
Entonces, María Verónica mujer hermosa y de alcurnia, contrajo matrimonio
con el señor Ministro y abandonó ser una Young Girl a sonrisas, copas, roces
por arribita, apartamentos, estrellados hoteles, alientos pesados,
aspiración de alguna densa línea blanca de la buena, clientes
experimentados, arduos, trabajosos, olvidables. Y cada tanto, algún macho de
Fórmula Uno que la fundía en la cama y por algunos días, se convertía en
inolvidable. Aunque siempre, solamente cash o chequeras más tarjetas Clase
A., aceptaba María Verónica.
EL SENOR JUEZ LO SUPO AL ABRIR LA CAJA FUERTE
Los días anteriores al que Blanes visitara con la esposa del Ministro esas
dependencias del cielo contiguas al infierno, dos personas entraron a un
Juzgado Federal alejado del centro y pidieron hablar con el Juez. Por ser
muy temprano aún el funcionario no estaba en su lugar, explicó un
secretario. Tal vez ahí, en voz baja, esos visitantes algo inseguros aunque
con el estilo de quienes pueden repetir la tarea si les sale mal, dijeron
alguna amenaza y sin más protocolo cruzaron por entre los empleados que
eludieron la mirada, al despacho principal. Otro que aguardaba en la puerta
atravesó el pasillo empujando un carrito de supermercado cargado con unas
bolsitas blancas, entró detrás y enseguida salió a vigilar a los empleados,
que preferían distraerse en la lectura de algún papel y evidenciando dar la
espalda al sitio de los expedientes. Y con el mismo modo enérgico que
exhibieron al ingresar, en diez minutos los tres hombres salieron a la calle
controlando que nadie se moviera de su asiento; al salir el plástico de los
envases que ingresaran parecía menos inmaculado y al carrito lo empujaba el
más fornido del grupo. El mismo tipo con porte policía especial que primero
entrara al Juzgado en mangas de camisa y exigiera ver al Juez.
Y por esa calle soledosa y tranquila de Banfield, no inquietó a ningún
vecino el despliegue de unos hombres que en tan poco rato cambiaran en un
Juzgado ciento cincuenta kilos de “cocaína de la más alta pureza”, - tal vez
dijera luego algún diario- por otras bolsitas equivalentes de azúcar
impalpable.
EN 1973, BLANES HIZO QUE CHILE FUERA UNA FIESTA
Por el mes de mayo del 73, la IBM de Blanes anunció “Chile siempre fue
tierra de aconteceres”, así que como aquello podía significar un mensaje
elocuente a las futuras generaciones, él debió presentarse en el proscenio
chileno sin más vuelta. Y su primer destino fue Viña del Mar, por donde
anduvo hilvanando puntadas cuando los comerciantes olvidaron sus pueblerinas
discordias y se unieron en guerra contra el gobierno, presumido y
controlador.
En esos meses los fanáticos de Allende se deliraban con obtener el Poder de
Verdad, como si fuera un juego de chicos alimentar a la gente con nutritivas
canciones de protesta. “Unos pobres revolucionarios tras siniestras
brujerías justicieras, que brotan cada tanto para retrasar la humanidad”, le
impuso la computadora a Blanes en un ejercicio de memoria convencional y
otras órdenes que le diera la Oficina. !Qué tontería! Como si preguntarse
diariamente si una sociedad cuya medida de progreso fuera controlar la
ganancia de los multimillonarios fuera una soeidad. Por favo... Pero
también, al recibir las instrucciones de la Oficina que Disponía, según su
desleal saber y entender Blanes debió desmemoriar y olvidar de inmediato los
nombres de unos cuantos milicos chilenos con quienes anduvo recorriendo
escondrijos y levantando chilenitos de los pelos hasta bien pasado el 11 de
setiembre del 73. Y todo esto merece una aclaración que deberá ser tomada en
cuenta porque será dicha por última vez: “es sabido que para desmemoriar
basta con suspender todo pensamiento sobre el pasado, ejercicio bien simple,
y como la Oficina cada tanto impone desrecordar algunos renglones, es
obligatorio mantener en excelente estado psicofísico los mecanismos del
Olvido”. Y para mantenerse en buena condición, no pocas veces Blanes
transpiró haciendo gimnasia de Muerte al Recuerdo y a la Resucitación
Evocadora, a pesar que para exigirle buen reflejo a sus neuronas el hombre
se intoxica con diazepinas y otros basuras que a pesar de romperle el
estómago, sirven a su tarea.
Al llegar a Viña del Mar, Blanes tenía orden de vincularse con un tal
Mirriam y otro fulano llamado Siracusa, dos tipos que viera alguna vez en
Santiago comunicándose con Washington, línea directa. Quizá no fueran de la
CIA ni del FBI; vaya uno a saber; y ambos decían trabajar en alguna empresa
extranjera porque algo debían decir. Nadie mencionaba pertenecer a momgia
compañía sueca ni tampoco a la ITT ni a la Kennecott; esos bandos tan
jugados favor o contra el gobierno no eran creíbles y en toda conspiración
más o menos civilizada, es natural olfatear algo comercial.
En el Chile de esos momentos, por las noches el ambiente denso se hacía
novelesco, “y hoy la gente de buena familia debe defender su libertad”,
comenzaban a coincidir los diarios antiguos de Santiago y sus alrededores. Y
al mismo Blanes, Viña del Mar le regalaba su excelente paisaje más aquella
inmejorables veladas con Amanda, sin desatender su ocupación principal
dictada por su computadora a cada momento.
- Hay que apurarse, tocar y salir continuamente, al enemigo no hay que
dejarlo pensar.- le aconsejaba Geenen, el más viejo de los Servicios no muy
Secretos que por ese tiempo ocupaban cada asiento de la Plaza Vergara.
- Tocar y salir.- repetía el espía Geenen su expresión boxística al mandarse
a bodega unos titánicos vasos de gin cortado con un correntoso Martini seco,
eso sí, con poco hielo. Un asombro hasta para los garcones chilenos,
delicatessen para hígado de fierro; en aquello de chupar sin límite el
yanqui Geenen era una bestia tan indoblegable como el supuesto dragón de
Borneo. Es que oriundo de Massachussets, sabe Blanes que despachado el
Salvador Allende el Geenen se volverá a su lugar de origen; aunque mientras
chupaba gin en cataratas seguía atento su hoja de ruta oficial, sin
descuidarse ni entrar en órbita catástrofe; Geenen podía mostrar su
ignorancia estructural en cualquier asunto, pero nunca asumiría su rol de
borracho molesto tumbado de un sillazo en una cantina marinera. “Aunque por
momentos se desvía hacia despelotes cercanos a una riña de mostrador, según
se comporta un borracho bien educado, el yanqui cumple su libreto
prolijamente”. Y piensa Blanes en una ráfaga pero de inmediato vuelve atrás,
que hasta cuando repite la retahila del cachetazo final que le diera a un
municipal rengo, cuando fusilaron al maricón de García Lorca, allá por el
36, Geenen quiere ocultar su verdadero sentimiento. Acaso porque aquel tipo
rengo, barrendero municipal fusilado junto a García Lorca, antes de comerse
la descarga le escupió “yanqui cabrón, hijoputa”. Tal vez esas tres palabras
le molestaran algún rincón de esos que nadie sabe, diminuto resabio, de eso
es mejor no hablar; por Granada el yanqui Geenen no aguantaba quedarse sin
olvido y se daba un vuelco de medio vaso, mirando lejos. Y por ahí, se
rehabilitaba desaprobando a Blanes al mostrarse en los bares acompañado por
Amanda.
- ¿Qué necesidad tienes de andar con esa? Es comunista, Blanes, y si a una
chilena le brota el “anti forastero” se pone pesada.
- Chúpame un huevo, gil. Yo soy Blanes, de la Oficina, no un pollito de
incubadora. ¿Vos la viste bien a Amanda? Está rebuena...
TAL VEZ ERAS EL ECO DE UNA VIEJA CANCION
Lo de Geenen y el rengo fusilado junto a García Lorca no es irracional,
aunque existan las diferencias de època que se le antojen a cualquiera. En
la Guerra Civil Española también hubo aconteceres y entre horracheras
locuaces y confidencias, el yanqui mencionó a un amigo suyo que resultara un
verdadero traidor.
- Philby, un corresponsal de un diario inglés. El barbudo Hemingway solía
hablar mucho con él y el tipo era tan “comunista por la espalda" que
terminó viviendo en Rusia, el muy hijo de puta.
El inglés Philby supo ser amigo de Geenen y en España fue uno de los pocos
en visitar a Franco cuando quiso ver Guernica ni bien terminó el bombardeo
de los Heinkel III, la Legión Cóndor alemana que apenas dejó en pie el Arbol
de la Tribuna Juradera, “Blasón del señorío de Viscaya”. Pero bien que le
patearon las pelotas a los vascos el 26 de abril de 1937 a las tres y media
de la tarde, y esa es lo verídico.
- Ni los gatos entraban en Guernica pero Philby entró. Miren si pesaba el
espión a favor de los rojos. Así que vaya uno a saber la segunda vuelta de
cada movimiento.- se confesó Geenen y empujó un trago quizá soñando hacerse
millonario una vez que lo tumbaran a Allende, por una mina de berilo que
existía en Atacama.
- El berilo es una piedra preciosa de un milloncito de años anterior a la
esmeralda. Quizá yo entiendo más de minería que de voltear gobiernos - y se
reía Geenen como si todos aprobaran su risa, sin suponer que Blanes,
gatunamente, intuye que al fin de los Cambios de Mando en Chile, al yanqui
Geenen lo mandarían jubilado a Massachussets. Es que de otro modo, su
Memoria Anticipada no guardaría mérito si no supiera que veinte años más
tarde la calle Huérfamos de Santiago sería peatonal, y alguna mañana, en el
centro de la animalidad bancaria, un acordeonista ciego la emprendería de
tanguera quejumbre con “María” de Cátulo Castillo, en trepidante manera de
cantar a lo polaco Goveneche, para iniciados en el rito tanguero. ¿Y qué
podría hacer un porteño bien nacido -no Blanes, precisamente- recalado por
el destino en esa parte del mapa? Quizá lagrimear livianamente, y caminar
hacia un lustrabotas de servicio en esa vereda, birrete con estrellitas,
cirquera réplica de miliciano montaraz, que le guiñaría un ojo fraterno
enarbolando el cepillo ante los carabineros a miradas de puro macho, a
guapeza de bota y uniforme según es costumbre entre los de bota y uniforme.
Pero la computadora de Blanes no era de perder el tiempo dictándole
semejante episodio nostalgioso...
¿Y AMANDA, AQUELLA CHILENA RECORDABLE?
Ella escuchaba a Blanes conversar con los yankis, en los bares, a veces tan
asustada. En verdad, le hormigueaban la preocupación unos hermanos
involucrados en la Unidad Popular y una noche se lo comentaría, con lo
divertido que era hablarle de esos asuntos en la cama “que ni a María
Verónica le aguanto”. Porque labios húmedos y morados los de Amanda, gordota
incansable en el coger deleitoso cuando él por entonces propone usar barba
rubia y aquella noche del 11 de setiembre ella debe buscarlo y pesquisarlo,
hembra con angustia llorona por la poco imaginada y luego resultó salvaje y
segura matanza de Santiago de Chile. Y Blanes que no aparece, no era normal
que él, Justiciero de la Libertad, se ocupara de andar protegiendo a dos
ingenuos que se la pasaban gritando consignas en los sindicatos, cuando
debía ya mismo en sorprender enemigos antes que traspasaran la frontera.
Aunque claro, solidaridad histórica argentina chilena, a quienes eligieron
escapar por la Cordillera o los difusos límites del sur, los gendarmes
blanquicelestes los devolvieran prestamente; no fuera a que el Cóndor fuera
solamente un pajarraco simbólico.
Amanda, chilena tibia boca gusto frambuesa dulce; pero sus dos hermanos que
Blanes jamás conoció y mejor así, “que las buenas cogedoras siempre
lloriquean favores”, a patadas en los huevos irían al Estadio Nacional a
cantar sus himnos con Víctor Jara y demás delirantes de la Movilización
Popular y otras supercherías. “Esos males que los carabineros curaron
enseguida”.
- Hay personas imprescindibles en América Latina. Y Nosotros los
Responsables, aseguramos que si alguien debe ocuparse de patear testículos y
arrancar uñas hasta el aullido de la confesión, para eso nadie mejor que
nuestros nacionalistas agentes nativos.
POR LA CALLE MORANDÉ AL PALACIO DE LA MONEDA
Con toda tranquilidad, Blanes atraviesa un pasillo alfombrado de la Casa de
Gobierno y nadie lo detiene. Los guardias están ocupados en discutir en qué
momento comenzaron las explosiones cuando el Presidente Allende termina de
insultar al general Baeza, quien le pidió la renuncia por teléfono.
- Señores. -entra diciendo Blanes- les anuncio el capítulo final del
presidente Allende y sus personajes secundarios...
Y nadie contesta entre esos hombres extrañamente ataviados de traje y
corhata para iniciar en serio la pelea; “desafío civilistas de unos
malparidos que evitan fotografiarse junto a los de uniforme”.
- Entonces señores, -esta vez ya grita Blanes- también les anuncio que al
mismo carajo se irán todos lo. dibujitos de esta historieta. Al carajo se
irán igual los carabineros que eligieron no defender la investidura del
Presidente como los tres o cuatro que harán lo contrario. Es que los
ocupadores de La Moneda mandoneados por el coronel Palacios; los Ministros
que fueron y que serán; los alcahuetes baratos de la Oficina que vengan a
besarme las pelotas, a mí a Blanes; los que seguirán disparando contra el
cuerpo enfriado de Allende y quienes volverán a sentarlo bien muerto en el
sillón presidencial, con casco y atributos de mando; los que hoy cruzarán la
vereda; sepan que ninguno evitará irse a la mierda porque Los Responsables
que Mandan así lo decidieron.- grita Blanes imaginando que María Verónica
apreciaría su exaltado discurso. Es que a él no se le modifican los hechos
por destiempos, reflexiones ni sensualidades del idioma. Su proyección
peliculera de la historia es cristalina y prolija; cada figura tiene su luz
precisa y apenas el sonido le devuelve unas distorsiones gangosas. Blanes
registra el mejor enfoque de instante preciso cuando Allende quiere salir
por una puerta trasera de madera oscura que enmarca entero a ese hombre
petisón que discurseaba huevonamente “liberar al pueblo de los vicio de la
sociedad de consumo”.Que se dejara de joder el tipo ese, que Blanes lo
observa caminar llevando en su mano derecha una ametralladora AK que le
obsequiaran los cubanos, y calza un casco militar tapando sus anteojos de
carey. De última no consiguió un casco minero para exhibir mejor su entereza
y camina con la expresión de quien reconoce la dureza de una estampida sin
control. Ni siquiera Blanes lo descubre furioso, y no luce su cara de tres
años antes, al ser elegido Presidente y asumir el cargo sin aceptar “jurar”
cumplir con el mandato sino que “prometiera” cumplirlo. Ahí algunos dudaron
que fuera tan revolucionario y sí un buen liberal de la masonería, pero
Blanes de eso, ni medio.
- Este fullero sabe que el terror es miedo a que nos descubran el miedo, y
de puro huevón excede su disimulo. – le sigue dictando la compuaradora a
Blanes. Y sí señores, repite él, el Presidente Allende monigotea cojudear
entre temores cruzados que lo atenazan, vistiendo debajo de la chaqueta un
pulover topo de cuello redondo y del bolsillo izquierdo le asoma un
pañuelito de seda. Lindo blanco para acertarle- vocifera Blanes y mientras a
su alrededor el resto sigue sin darle atención.
¿BUEN MODO DE MORIR SERA MIRANDO AL CIELO?
Salvador Allende ya terminó de hablar por radio. Esta vez no pudo
engolosinarse con la arenga; reconoce su liquidación por el Poder y pretende
salir de cuadro como alguien traicionado por la fatalidad. La onda radial se
oyó intermitente y borrosa en la despedida al nombrar a los trabajadores, al
general Schneider, al mencionar la Ley y la Constitución. Por ahí dijo
“esta es la primera página de la historia” y agregó otra oración sin
importancia.
- Y como no tuvo los cojones bien puestos para convocar al pueblo, ahora ya
es tarde, mi viejo. Ya pasó su cuarto de hora, también a usted la televisión
y las noticias del fútbol lo taparán de olvido...
En la película nadie se mueve con rapidez. Un guardaespaldas avanza unos
metros adelante de Allende y le quita a Blanes su posición de tiro. El
custodio quiere inmortalizarse en una foto que recorrerá el mundo y le
resalta su cara transpirada; chinazo cuadrangular, de lejos lucía más
retacón y ahora disimula estar cagado encima. Chileno fanfarrón, se pavonea
con su corbata de burócrata y una metralleta colgando del hombro derecho.
Blanes no le perdona “robar cámara” y en su memoria de un rato más tarde lo
tranquiliza saber que ese tipo morirá al final del acto. Detrás vienen
saliendo los amigos del Presidente.
- Camaradas del sangriento oro rojo de Moscú, llegó la hora de pagar la
factura. Hoy a Santiago ha vuelto la felicidad, la noche en el barrio Las
Condes y la avenida Providencia lucirá esplendorosa, democrática y de
Nosotros. Esto será más patriótico que un temblor y la patriótica huelga de
los camioneros- se divierte Blanes y rebusca el nombre del encargado de
Prensa que se destaca en la escena. ¿Ese héroe barato se llama Augusto
Olivares’? Aunque tal vez se llamara de otro modod ese flaco con pelo negro
y bigote que sale detrás de Allende sobresaliendo en altura a los demás. El
tipo parece herido y trae un gesto de bronca resignada; “aunque vos no seas
ese comunista, igual todo acabó”; y disfruta Blanes el glorioso momento. Por
instinto o en despedida Allende mira alrededor, en último gesto saluda al
custodio con un “Viva Chile mierda” y subirá la mirada iguaI que si viera
aproximarse un avión. Acaso fuera poco honroso y de mal aguero, - vaya uno a
saber - morirse mirando al suelo y con la vista perdida en la incertidumbre
de los propios zapatos. Y allí Blanes supuso tenerlo a buen tiro; en el
Palacio de la Moneda, el 11 de setiembre de 1973.
ALOCUCION PARA PERROS Y BASTONES
Ese tipo Guevara que posa barbudo y fumando un habano, supo inventarse un
centenar de historias. Las remeras con su figura no son casualidad; fueron
idea del chiquilín ese cuando estudiaba medicina con mucha vocación de
alborotador profesional y aún solamente era Ernesto Guevara...
A Blanes esa película le transcurre en Buenos Aires por los primeros años
del cincuenta, y los ruidosos quilombos de la Federación Universitaria
ocupaban a la policía. Proyección desprolija: hay un personaje trepado a la
reja del subterráneo sobre la calle Córdoba, camisa afuera del pantalón y
agitando a los estudiantes de la Facultad de Ciencias Económicas. El
Gobierno Peronista cumplía su libreto de meta palo y a la bolsa, “aunque de
haber pegado en serio muchos no hubieran contado el cuento”. La patota de
estudiantes alborota por la calle Córdoba; nuevo tumulto zurdo y la
infantería policial controla desde la vereda de enfrente. Garrotes largos y
un trío de perros. Miran los de uniforme saliéndose de la vaina y sangre
ardiente por arremeter de una vez a esa mocosada de mierda que se niega a
pronunciar la palabra “compañero”. Y haciendo equilibrio encaramado a la
reja más alta ese guacho asmático, aún sin barba ni foto con el habano,
pendejo muy pendejo calentando a la gente con un discurso afónico, niño
bien gritando hasta llegarle de nuevo el ahogo, pulmones achacados,
declarado inservible para jugar al rugby. Ahí mismo tendrían que haberlo
enchufado un balazo en la nuca, final sin pena ni gloria antes de tanta
odisea del “ Campeón de los Guerrilleros”. “/Qué tanto arrepentirse luego
por las aventuras del Che Guevara/. Nos pasó por pelotudos” – difundió la
computadora de la Oficina.
CONVOCATORIA DEL AROMA
Al afeitarse Blanes convoca invenciones históricas y un antiguo olor a
crema jabonosa. Aunque se rasure con máquina eléctrica le vuelve el perfume
dulzón de cuando adolescente, memoria de los olores, resguardo de una ignota
neurona inagotable. Prodigio de un mecanismo innaccesible. “Tu voz fue mi
primer olvido pero guardo el olor de tu piel, nena”, no es sólo oración
bobalicona de teleteatro; detrás hay voces y aromas, bula en laafeitada
mañanera y despotismo de un enigma constante. Misterio del recuerdo de los
olores, enigma formidable pero inadvertido de tan exageradamente familiar.
Y sin entender porqué lo acosaban esas novedosas ideas, Blanes no puede
apartarse de la última tarde con María Verónica, cuando oyera una
advertencia que no correspondía entre ellos dos; los amores vespertinos se
pactan en acuerdos sin palabras, complicidad y secreto de miradas.
-A veces no entiendo algunas cosas, nena.-
- De puro ingenuo no entendés que aquí nadie es fanático de la lealtad.-
- Eso ya lo dijiste..
- Entonces, si mañana o pasado te mandan con un cargamento muy caro en
alguna sagrada misión oficial, cuando alguien te apoye un revólver en la
cabeza no te hagas el héroe. Este negocio es igual a la política: al fin
nadie sabe para quién trabaja.
- Te agradezco el consejo, pero no sé de qué estás hablando. Y de cualquier
manera, no .soy tan boludo. Cuando me toca perder y me apuran de pólvora y
calibre, pierdo.
- Olvidate del asunto, pero cuídate hijo mío, que nadie muere de amor en
Disneylandia. Y si desde chico tanto te interesa la historia, que te sirva
para algo, mi amor.-
- Te haré caso y seré bueno, mamá Verónica.
Ese trato con su esposa no se lo había ordenado el Señor Minstro del
Interior, pero le encomendó llegar temprano esa mañana y con ganas de
manejar. Y él no debe acomplejarse con dilemas infantiles como eso de los
olores y las extrañas advertencias de María Verónica. Si algo no se
comprende se desecha, a pesar que ganas de manejar significa un raid
kilométrico transportando casi ciento cincuenta kilos; así que a vestirse
con vaquero y camperón mientras en el noticioso matinal un periodista
justifica el extravío de algunos expedientes judiciales y “que las críticas
al Presidente atentan contra los valores tradicionales de la Patria”. El
tipo habla de un sangriento avispero que Blanes, mientras termina de
arreglarse para salir supone como una comedia con poco argumento: intrigas
nocturnas, amenazas, jueces, sobornos, subordinacion de paises a un negocio
ilegal que de tan provechoso al Poder, ni parece ilegal...
Y la cirugía que le hiciera el Doctor Ferguson para anticiparle la memoria
fue tan sobresaliente, que Blanes a veces alcanza a comprender esa filmación
deformada que el Poder exhibe si le conviene, tiene ganas; o se le cantan
las pelotas al mismo.
LAS MISIONES OFICIALES SON SAGRADAS
. Te viniste vestido de picnic, Blanes - lo incinera el Ministro al
entregarle las llaves de un auto. Hay una camioneta azul estacionada
enfrente - prosigue. ¿Conocés Rosario del Tala? Llegás un poco antes que
salga el ómnibus de vuelta, estacionás la camioneta enfrente de la comisaría
y lo demás es de otra gente. Borrate sin que te vean. Chau
Al guardarse las llaves de contacto, Blanes malició algo de lo conversado
con María Verónica. Ya era tiempo de negociar el cargamento que
desapareciera de un Juzgado en Banfield y que estaría protegido bajo tres
candados en algún sótano del Departamento de Policía. Después algunos
criticaban la eficacia del Gobierno. Un malentendido judicial tan reciente y
ya salimos en busca de un mercado lejano de Buenos Aires. La Reina del Plata
- ¿Tenés alguna duda, Blanes?
- Ninguna, jefe, pero de paso voy a visitar mi pueblo. Me queda cerca.
- Chau, buen viaje - cerró el Ministro guiñando un ojo.
¡Qué simpático! De no haber sido porque últimamente él vislumbraba algo
jodido, se hubiera sentido honrado por la cordialidad del señor Ministro,
responsable de la seguridad interior de la Nación, y alguna otra minucia.
¿GAITAN CONTROLARÍA LA PRODUCCION COLOMBIANA?
Con el camino despejado, Blanes pronto dejaría la camioneta y alcanzaría el
micro del atardecer. No quiere mezclarse en cuestiones que no entiende bien
y prefiere hacer sólo su trabajo, porque la Oficina puede cometer errores,
pero sin la roñosa interna política de Buenos Aires todo sería más
previsible en su vida.
Linda época del año, la arboleda bate la fugaz neblina que se recoge en un
montecito, trajinan los pájaros picoteando las plantaciones y la luz señorea
por sobre los colores. Blanes disfruta su viaje como si no acarreara ningún
pasado conflicto, cierto o inventado, y él jamás hubiera actuado
triunfalmente en hechos resonantes, con barba negra o cabellera rubia,
según le hubiera indicado la Oficina ¿ Y si ese ayer nunca existió, sería
pura imaginación que por abril del ’48, él mismo, Blanes, se le acercó al
Jega Gaitán, en la carrera Séptima de Bogotá, y lo liquidó?
No cualquier principiante podría atribuírse el haber baleado a Jorge Eliecer
Gaitán en la vereda de su oficina y tan cerca de la plaza Bolívar, a
doscientos metros. En Colombia el fulano ese era un líder peligroso,
abogado discurseador creciendo en la simpatía de los militares y complicando
el tablero con tanto gentío en las manifestaciones. Blanes recibió la orden
y nada de preguntarse si convenía o no; debía eliminarlo a la una de la
tarde del 9 de abril de 1948 y perderse en la multitud. Después, toda la
gente de la ciudad salió a la calle en quince minutos y entonces fue el
Bogotazo. Destrozar vidrieras, ocupar los edificios sin llevar armas,
muchachada atacando a mano limpia y pura turba desencajada, aparición
inesperada de especialistas en pregonar la Revolución que siempre es
prometer la igualdad y la justicia de una vez por todas. También muchos
optimistas creyeron llegada la hora y se mostraron pajaritos a ser cazados
uno por uno.¿Y el tipo aquél, Roa, a quien la gente enloquecida creyó el
asesino?... El Bogotazo, buen trabajo, ese Gaitán era un indio refinado y la
Oficina procedió, aunque después hubo algunas quejas porque en el interior
de Colombia los revoltosos le degollaron la familia a tres o cuatro
hacendados de mucho prestigio. Y lo hicieron sin consecuencias, por joder y
nada más.
¿ERA BUENA IDEA VISITAR SU PUEBLO?
Si lo mejor que podía sucederle era presenciar de nuevo el barullo de un
sábado a la noche en el bar de la estación, repitiéndose expresiones y
rostros en las mismas situaciones; nada para recordar. Pero como cualquier
bicho viviente él quería su motivo para juntarse en algún sitio. Y a pesar
que estos asuntos Blanes no los comprendía muy bien, en los mostradores de
su pueblo también se agrandaban las recordaciones; a puro transcurso de años
y ausencia de hechos con algo original que mereciera ser contado, el pasado
se iba cargando de novedades. Mantenerse vivos consistía en lograr
engancharse a un suceso que igualara a todos y los hiciera sentir girando
dentro de una cápsula más o menos común. Las inundaciones del ochenta; la
pelea contra el pueblo vecino al desbordarse el arroyo, menos grave que el
odio en los partidos de la Liga Regional; fraude en las elecciones de mil
novecientos noventa, cuando en una mesa electoral los oficialistas contaron
más boletas que votantes, incluídos unos muertos que entraron al comicio
varias veces. Como si para trampear la voluntad fuera necesario hacer esas
tontería, a fin del siglo veinte, qué verguenza. O la extraña muerte del
cartero Villalba, que un mediodía luego de terminar el reparto cruzaba la
plaza con su valijón de cuero vacío y nadie pudo ver de dónde le llegó el
escopetazo de Itaka que lo despedazó. Algún borracho se animó a calumniar
que le dispararon de la misma comisaría y al principio también se dijo que
Villalba andaba repartiendo unos panfletos comunistas, y aunque no era época
de acusar con esas cosas, nadie lo lamentó: Villalba era un tipo que si
alguien le caía mal podía morirse esperando una carta, porque era un hijo de
puta capaz de quemar correspondencia en el fondo de la casa. Estuvo bien
hecho lo del escopetazo. Villalba tenía una mujer espectacular, profesora
de gimnasia y diestra en danza modeladora, que le metía ratones en la
cabeza al machaje del pueblo. La mujer se embutía dentro de unos vaqueros
apretados de resaltar la pelvis, y todos los veranos reducía su traje de
baño en la pileta del Club Social, pies desnudos y dorados en sus sandalias
abiertas. El cartero y su mujer habían llegado casados al pueblo y se
rumoreaba que ella fue bailarina en Buenos Aires, así que a los tres meses
que mataron a Villalba y nunca se aclaró, a ella la vieron irse del pueblo
en el mismo ómnibus que tomó el oficial Salinas cuando le dieron el
traslado.
Lindo pueblo; en realidad, pueblo de mierda cuando a él comenzaron a
perseguirlo con estupideces descolgadas en cualquier momento y alusiones a
eso que nadie podía saber, qué tanta joda, de Edna la ecuyére que años atrás
acampara con el circo en la salida de las arboledas, cerca de la ruta. Manga
de chismosos provincianos, diría María Verónica, si supieran que ahora él es
Blanes, el hombre clave de la Oficina, nadie hubiera abierto la boca.
VIAJE AL PAIS DE LOS MATREROS
Ni bien Blanes cruzó a Entre Ríos se detuvo a cargar combustible. Llegaría
en hora y dejando la llave bajo la alfombra de la camioneta y subiría al
colectivo de la tarde. ¿, Eso le contrariaba la disciplina y podía
entreverarle los afecto.s’? Aunque según María Verónica, los seres vivos no
debían privarse de ningún placer inocente.
Al reanudar la marcha vio por el espejo retrovisor a dos camiones del
ejército. Anticipación de Memoria de golpe desconectada ante esa veloz
imagen de verse encerrado en su línea de circulación. Imprevisto volantazo,
precipitación de chofer primerizo y en menos de cinco segundos el temerario
Blanes detenido en la banquina. Con la naturalidad de alguien muy entrenado
uno de uniforme le apoyó una pistola en la cabeza y con la mirada le anunció
la decisión de gatillo inmediato. Así que Blanes, ambas manitos sobre el
volante según aconsejan la Biblia, el Corán y María Verónica, y a dialogar
con el adversario.
- ¿Qué traés en la caja, Blanes? - le habló el tipo con insignias de Mayor y
sin aflojar el arma.
- Vos ya lo sabés – dijo casi hidalgamente.
- ¿Cuántos kilos?
- Creo que ciento cincuenta. No los pesé.
- Bajá sin hacerte el vivo y te volvés a Buenos Aires con la boca cerrada.
Avisale al Ministro que en esta provincia el negocio es nuestro y mandalo a
la concha de su madre. No te olvidés Blanes, de parte del mayor Chaves, ese
saludo para su mamá.
- Faltaría más, los saludos serán dados; pero Mayor, si me voy caminando voy
a tardar mucho.- sonriente requiebro canchero de Blanes para que lo
devolvieran a Buenos Aires con cierta decoro.
“Necesidad operativa de la fuerza terrestre en obtener un vehículo: tres
minutos”, calculó Blanes al ascender en un auto último modelo y echar el
camperón entre sus piernas. Y gracias a la camaradería de los hombres de
armas, viajó de regreso durmiéndose y desoyendo al hombre que manejaba.
- Con los militares en el gobierno se vive más tranquilo, ¿qué quiere que le
diga? -insistió el tipo.
- Y, no me diga nada - bostezó Blanes mirando el cielo.
De pronto el día empezaba a descomponerse y no tardaría en largarse la
lluvia. Mejor así; acaso pudiera verse con María Verónica fuera de programa
y del episodio, ni media palabra a nadie.
Y LOS AUTOS CIRCULAN POR LA CALLE MOJADA
Llueve desde hace un buen rato y en el cuarto piso María Verónica y Blanes
dejaron de ser invisibles. Se adhieren, juntan, enlazan, penetran, vuelan en
vuelo blanco y se derrumban deleitosamente. Unico cuerpo de boca buscadora,
territorios de incendio, incitación de un oculto juego misterioso. Recóndita
piel, inusitada tersura de nuevo novedosa y en el estallido, mirarse en el
hueco más íntimo de los ojos.
Y en esta hora que nos toca vivir no haremos nada. Asueto de cualquier duda
en este disfrutar del apareo. Nos rozaremos, acostados, sin palabras,
desnudos, naturalmente. Naturalmente desnudos. Y si la tarde llueve también
casi al descuido, un presentir los autos en la calle, imaginar ese rostro
que lleva en andas de lluvia la premura, suponer que por la ciudad enciende
linternas el crepúsculo y también que alguien muere de amor si alguien no
llega. En esta habitación vos y yo no haremos nada, tan sólo imaginarnos,
buena tarea de dos en soledad si afuera llueve. Supongamos tu vestido en la
silla, presintiendo su cuerpo adherido a mi forma y nuestras bocas puertos
de más anunciaciones. Que esa luz indecisa se apaga en el rincón y nos
abrazamo.s tenso.s de un miedo inconfesable. Gime el aire aguachento al sur
de la ventana y mis ojos, tus ojo.s, .son de paisaje adentro. No hay porqué
postergarnos, en esta hora ya no haremos nada. Ambos estamos solos y afuera
llueve, no .se mueren los pájaros aterido.s de muerte y remansan lo.s navíos
de labios buscadores. Tal vez é.ste sea el sitio de inventar una nueva
ternura y encender nuestra hoguera con besos renovales. Sin preguntarnos
palabras ni dónde se oculta el corazón de este imprescindible encuentro., y
aguardar que la lluvia nos obligue a quedarnos...
- ¿,Vas conociendo las reglas de este juego?
- De a poco. Nadie debe oponerse a Disneylandia y las órdenes se cumplen en
silencio. Además aprendí que en la cama siempre se repite las
conversaciones.
- Sí, aquí ninguno es fanático de la verdad, se hace lo que conviene y
apenas lo que corresponde. No te olvides.
- Te digo nena, eso idea me confunde un poco.
- Aquí cualquier estúpido quiere ser recordado como gigante y hermoso.
aunque se caiga el mundo.
- Me cuesta entender esas cosas.-
- Debieran informarte lo de Juan Moreira.-
Y por decisión de Nosotros, la computadora también puede confundir los mensajes a Blanes.
EL 30 DE ABRIL DE 1974, MOREIRA GO HOME
- Vea don, esa mujer que usted conoce se 1o puede decir, porque reviviendo
bien 1a historia real y no las apariencias, en el fondo estas cuestones
vienen siendo similares. Y la María Verónica bien sabe que las raíces y los
mandatos del matar y el morir son iguales, antes y ahora. Si no, ¿quién
explica tanta matanza individual o las masacres de comarcas enteras: trágica
averiguación de la especie por conocer quién manda en el grupo y vocación
subir peldaños en la escala?
Imagínese usted la muerte del Juan Moreira; cuánta fantasía encendida más
tanta eontradiccón y claroscuros del debate por ese personaje con mucho de
realidad, porque existir, existió, y tanto o más de recreación literaria
agrandada en las noches de reuniones en los ranchos, a puro mate y fogón. Y
que yo, actor en esa muerte desde bien adentro, hoy pueda darle fe del
sucedido Sin sensiblerías ni conclusiones de improvi.so, nadie mejor que yo
puede describir aquella escena, repetida antes y más tarde, pertinaz reflejo
de anteriores y venideras versiones que ninguno puede relatarle con más
veracidad que yo, mi amigo... Debo decirle que no fue una buena muerte, si
respetamos que el gaucho supo ser bárbaro de acampar al raso, armarse un
fuego de cualquier manera, olisquear el asado crepitando en la desolada
noche y sin ninguna compañía, meter vino entre pecho y espalda. Muñeco de la
lejanía, capaz de combatir a caballo si el apuro así le aconsejaba;
galopeador jinete entre trabucazos y lanzadas; sin embargo también, varón de
pelear mano a mano y matar de cerca, mirando a los ojos y asustado hasta los
ijares como cualquier mortal. Así que uno de esta catadura o linaje; llámelo
como quiera; por abril de 1874 era buscado en los almacenes y paraderos de
esa inmensidad de incipientes alambradas parcelando tanta tierra sin dueño.
“Edad, cuarenta y seis a cuarenta y ocho año, estatura regular, color blanco
colorado y picado de viruela, religión católica, vago y mal entretenido.
Señas particulares: un balazo en la boca y herida en una mano recibida por
la misma fecha”. Sin apenas una palabra que atestiguara “matador caído en
desgracia por lenguaraz..”. El hombre había infringido el código y de pronto
era perseguido sin ánimo nuestro de avistarlo, si necesitamos juntarnos una
docena para salir al campo cuando nos anoticiaron que el fugitivo sosegaba
en una casa de putas por las afueras del pueblo. Igual que si la realidad se
empeñara en copiar la literatura, los de esa estirpe o catadura: llámelos
como quiera: siempre se enredan en las suaves enaguas de las hembras de
burdel. Y también a veces con alguna puta fina; una variante que la Oficina
no aprueba de buen tono; usted lo sabe y se hace el distraído, Blanes.
La empresa de perseguir al gaucho matrero empezó al mediodía; los tres o
cuatro responsables de proteger la decencia en el pueblo, nos aprontábamos a
comer y llegó el encargue. La noche anterior había caído una helada de
pelarse, muy prematura si recién despuntaba la mitad del otoño, fin de
abril, y en la cuneta del caminito al Café Pompadour aún brillaban los
cristalitos de la escarcha. Buena señal si se pretende un invierno
llovedor... Sí, entendió bien, le dije Cafe Pompadour; es que ya nos venía
de antes nuestra pretensión de extranjeros... Bueno, al comenzar la marcha
éramos seis del pueblo y otros seis supieron llegar de Saladillo; un piquete
del teniente Bertoni o Bertón, con cinco soldados montados sin entusiasmo,
mirándose a ojeadas y contraseñas de bocaza grosera entre rebencazos y
alguna costalada de los animales, como jugando. De verdad perdimos un buen
rato rodeando el Pompadour, un portal grande medio celestón y paredes
blanqueadas a la cal, hasta las traseras que limitaban con la pampa. Casa de
putas en mitad de la lianura y adentro ni un murmullo; doble silencio del
lugar adonde jamás ha sucedido nada, tan sólo el temor del viento agrupando
en la sala grande a contarse cuitas y numeraciones del destino, a las
mujeres que sabían emperifollarse al anochecer y Cata, la encargada,
sargentona con rostro de predecir desgracias y un revólver Colt famoso de
ser guardado debajo de sus faldas. No avistamos nada; todo fue apearse y
volver a montar, sin una pelusita siquiera del célebre matador a quien nadie
en la partida ya mencionaba, y quizá los cinco de Saladillo ni se animaban a
imaginarlo, tanto se respetaba el miedo de nombrar su nombre. Así que a paso
menos voluntarioso trotamos al Café de la Estrella, cortando medio camino
por un potrero que nos llevó derecho, sofrenando en unos charquitos de la
parte baja. Entonces sin rodeos, los cinco del pueblo y los dos tenientes
nos adentramos en el primer cuarto y levantamos a ese Andrada; Juan o
Julián, no me acuerdo; amigo inseparable de Moreira que ni se retobó y
solamente pidio por la mujer, que no se movió de la cama y nos miró de mala
manera. Lindo arrebato de ser una dama en aquella desolación de ecos
devorados, esclavizante y castigadora de infinitud.
Ahora veo clarito el facón cabo de plata de Andrada, relumbrando cuando uno
de nosotros. creo que Larcen, lo mira como si lo midiea al contraluz que
entra en la habitación. Nadie vuelve a decir palabra, silencio de las
premonlciones y re.oger hasta las miradas al ir a voltear la siguiente
puerta antes que nos aflojara el coraje.
La primelra perdigonadas que llovió de adentro acertó en una rodilla del
teniente Varela. El hombre nos aguardaba despierto y ahora verán si me
llevan, bellaqueó, dejándose ver recién después que recargara el trabuco. Al
enterade que así lod recibíría Moreira los cinco milicos de Saladillo
huyeron a desbandada y alguno de ellos hasta carcajeasndo. No habían
terciado señas para salir al galope, misterio de las inconfesables
hermandades, burlona revancha de quienes nunca deciden contra el Poder que
siempre ejercen los pícaros, o el miedo nada más, vaya uno a saber, pero los
paisanos aquellos bien que talonearon las verijas de sus pingos y huyeron de
galope. Y vea Blanes, develar el enigma de las admiraciones entre los peones
de la tierra nos explicaría ciertas desgracias del pobrerío, pero de
precavidos quizá los cinco de Saladillo se perdieron la pelea para prender
al fugitivo Juan Moreira... Siguió una tarea cargada de insultos y alguna
parlamentación pesimista y de pronto fuimos siete contra Moreira; esta vez
sin cota de malla donde le rebotaban las puñaladas, como se decía, pero
igual el hombre embistiendo al bulto; -este hachazo que tengo en la zurda me
viene de ahí- y hoy, luego de un siglo y medio de aquella pelea, ni vale
vanaglriarse, tan sórdida y despareja que resultó una parodia sin valor ni
hombría... Hasta que por allí ese milico municipal de nombre italiano, un
tal Chirino que jamás figuró en ningún acta y terminó mureidno por el barrio
de Mataderos, en Buenos Aires, le ensartó al Moreira un bayonetazo cuando ya
el hombre no se sostenía sobre una tapia, tan malherido venía. Pero lo mismo
encaró de nuevo en contra mío y del sargento Isla, metiendo terror en el
último embate, arremetida llorosa resignando un furor de fiera traicionada y
esa boqueada de sangre encharcando uno de los pasillos de la casa. Después
lo de costumbre: redactar un informe, pedir permiso al Cura del pueblo para
tirar los huesos en el camposanto y por un tiempo entretenerse con la
leyenda de la corajeada imbécil...
Esto sucedió, -o sucederá cuando le digo, por abril del ‘74- pero María
Verónica esa mujer cercana del Poder le dirá que la certeza de las fechas y
los nombres, al fin son de menor importancia; y muy insignificante resulta
cualquier dato si los contadores de la historia vivimos tan anticipados...
Como le digo Blanes, a ese Moreira se le perdonaron muchas malandanzas menos
pero menos que anduviera por los boliches divulgando quienes eran sus
“sponsors” .
TANGATA CON ECUYERE DE PELO AMARILLO.
Blanes, tal vez no te parezca imprescindible conocer algunas cosas...
-comenzaba así una prevención de la computadora- pero como estás designado a
tareas en el sur del mapa y ahí necesitamos animalitos como vos, es bueno
que entiendas algo. Nada de hembras de clase alta ni deleitarse con la buena
mesa y las reuniones elegantes, Blanes; acercate al vino común y a la
cerveza barata, siempre...
Y Blanes masca su podredumbre de reconocerse y estimarse sólo en sus
delirios de toda vida, como Agente de la Inteligencia Internacinal y
entreveros balaceros. Una vez supo que la matanza siempre es la misma pero
desechaba distraerse con esa turbia filosofía arrabalera de amargados sin
excusa.
- Dejate crecer la sonrisa y aplastate el pelo, así te parecés a Gardel, -lo
insultaba habitualmente el Ministro pero él tomaba distancia recordando una
frase de valor universal sentenciada por algún viejo de su pueblo: “si un
tipo te jode mucho, cogele la mujer; si ella lo merece”.
Blanes acomoda su solitaria mesa para comer algo y en la calle a Buenos
Aires le crece la sombra. Y si él no desenfunda la computadora, colgada en
el ropero igual que una guitarra, proseguirá reinventando su ayer y los
destiempos del aburrimiento; pobre perro que perdió el camión de la mudanza
y mira sin ver. Tal vez en ese perseguir antiguas maneras familiares Blanes
se enreda con su adolescencia en añs del setenta, cuando aquel resentido
pueblito de provincia entró en el itinerario de un circo que luchaba contra
su propio desgarro, carromato atemporal y decadente, y Edna, la pálida
ecuyere que lo llevó hasta su catre y al rato debió consolarlo con acento
eslavo. “Ya podrás hacerlo, nene, no es nada, no te pongas nervioso”.
Instante ponzoñoso, imborrable; una mujer lejana descubriéndole el miedo a
desvestirse, perpetua diapositiva jodiéndole la vida, bronca de ciertas
memoraciones y tenaz arenilla en la garganta cada tanto...
- Che Blanes, ¿seguís enamorado de la rubia del circo? ¿No estarás caliente
con el caballo, vos?
!Morirse por una cirquera que daba saltitos en el lomo de un caballo alazán,
Blanes! Turra iniciación en el juego de las desnudeces, anticipación de la
memoria, adrenalina de pibe de dieciocho años que “no puede” y que solloza
apretado contra el pecho de una atleta de pelo amarillo. Aquella ecuyére que
tristeaba sus primeras flacideces mirando al techo de chapón acanalado, ojos
que tan lejos se fueron una mañana, Blanes...
El pueblo hasta tenía ruta a otra provincia pero nada en común con el
penetrante paisaje callejero de la ciudad, postal de tanguera difusión que
desde abajo le manda Buenos Aires. Por favor, -quisiera pensar Blanes pero
no le da- contemplar el anochecer igual que un cualunque principiante en
ejercicio de su soledad. Que se vaya a la mierda Edna y su recordación;
afuera los paisajes con chicos ahogándose en las inundaciones y recién
nacidos degollados de antemano por la tuberculosis. Déjenme de joder con los
posters humanitarios publicitando el sida, la lluvia ácida, que cada hora se
agranda el agujero de ozono y que el mundo se va a inundar; hablemos de
fútbol hasta el cansancio y no dejemos que los Desaparecidos se salgan con
la suya.
¿,En verdad, Blanes había galopado la tarde de solazo caliente, pingo zaino
en una calle polvorienta? ¿Se convocó en la plaza pueblera a medir los
eontoneos de las pocas muchachas del caserío; hembritas que miraban de
regalo, al desgaire, a cuenta de futuras aproximaciones si no lograban huir
a ciudades verdaderas? Tal vez; aunque para Blanes lo definitivo sería
exagerar el vino de su comida solitaria.
- La chatura pueblerina se combate con ingenio.- ¿había ironizado María
Verónica en alguna sesión de buena cama?.
- Mirá pibe, cualquier mujer puede anticiparte la memoria si uno piensa que
“no podrá”.- era otra oración de algún viejo mujereigo. Entonces, qué tanto
envenenarse la existencia.
AL BAR DE ABAJO LLEGARON LOS TUMULTOS
Frente aI bar de abajo la gente se aglomera en la vereda. Son muchos
pretendientes; no todos pueden entrar a bailar, e1 lugar no alcanza, mañana
tal vez si hay menos gente, no es posible vestidos de cualquier manera; no
es para decir apartheid, desintegración, que los morochitos no son
atrayentes, rozagantes, vistosos, pimpantes; no es anular la Revolución
Francesa ni la Asamblea del año XIII, por qué insistir en entrar, no es
cierto que la selección por apariencia es una manifestación gorila
decadente y la muerte de las utopías en el siglo veintiuno;dejensé de
joder, la casa se reserva el derecho de admisión, el delirio populista está
muerto, ya molesta, está hecho mierda, es un guiñapo, harapo, molesto
andrajo, un pingajo; a joder a otro con esos reclamos y en poco tiernpo sólo
aceptaremos altos rubios de ojos claros y no digan ni medio de
discriminación ni la santidad del Papa. Rajen de aquí basta de gritar
apartheid, Revolución y
Derechos Humanos que los negros de mierda mal vestidos aquí no entran y se
acabó. Apenas cruzarán la línea sus mujeres si son ebúrneas, pícaras,
sagaces, astutas,piernas largas, traviesas y no se piquen ni se ofendan,
irriten, contagien ni embaracen. Solamente sus mujeres entran aquí y ya
dijimos, algunas, que a punto está algún guardaespaldas morochito de
balacear a cualquier utópico que quiera entrar sin contraseña...
“Trabajo basura”, piensa Blanes al ver la escena desde el cuarto piso y lo
interrumpió el timbre del teléfono
- ¿Blanes? Lo pesamos tres veces. Faltan diez kilos
- ¿Quién habla?
- No interesa quien habla. Vos conocés el juego – escuchó y colgaron. Blanes
sintió tanta inquietud por el mensaje como por la firmeza de la voz. /Diez
kilos/ Si él tan sólo se olvidó una bolsita en su departamento, ni medio
gramo. O kilo. Má sí...
NOSOTROS CUIDAMOS DE LAS PALABRAS
Ya que el uso irresponsable deriva a riveras de confusión, debe saberse que
las palabras no siempre son categóricas ni rotundas, de significado
inmodificable y preciso, y según la voluntad del dicente, frases y palabras
pueden ser espejismos de consternación y espanto, o también rutas del hastío
y el consancio.-
- Las palabras son rastros inexactos y estrechos, apenas una preparación a
la verdad; y nunca pueden convertirse en propiedad de los réprobos y
temerarios que practican el oficio de la ofuscación.
- Esto viene a cuento porque algunos alumnos universitarios se divierten
leyendo un panfleto insultante “Los jueces y funcionarios deben ser
naturalmente perversos y deshonrados. De otra manera no podrían cohabitar ni
casarse con esas mujeres corrompidas al punto de acostarse con jueces y
funcionarios”.
- Así que Nosotros los Responsables le recordamos vivamente al Señor
Ministro del Interior su obligación de oír, detectar y anular de inmediato
las palabras inconformes. ¿Nos escuchó?
NADIE DEBE OPONERSE A DISNEYLANDIA
Ha llovido todo el día y la pequeña estación ferroviaria está desolada. La
humedad envuelve el aire en su roña aguachenta y lame los escalones
desgastados por donde Blanes entró y salió del lugar un par de veces. / Qué
lo parió al Ministro, ordenarle “si no lo hacés hoy no vuelvas por aquí,
compañero”. ¿Y al informarle la expropiación del cargamento que le hicieran
el mayor Chávez y sus amigos? !Qué problema, ayer habían vuelto a matonearlo
por teléfono!
Al anochecer, ese paradero de trenes se vuelve dormidero de perros
sanguinolientos, sirvientitas que vienen a coger de apuro contra la parecita
del íondo y linyeras a quienes la vida les importa un carajo. Y Blanes, sin
nadie que lo viera, se aburre sentado en el único banco del andén. El farol
ilumina apenas; “en estas fotografías tristes se inspiran los enemigos de la
Buena Vida para decir estupideces”, un pensamiento impropio le entró y salió
del cerebro sin ulterioridades.
Blanes aguarda a un tipo joven que arribará casi a medianoche. La cerrazón
es un castigo en esa estación alejada de la ciudad y él no tiene otra
alternativa que aguantarse y esperar; realizar su tarea limpiamente, según
acostumbra, y volverse a la civilización manejando una hora su auto, sin que
nada se conmueva en el Universo. En la ruta ya tenía previsto un restaurant
donde mandarse su buena botella de vino con etiqueta marrón. /Qué noche
podrida/ ¿También debía hacer esto, gato y sigilo con semejante tiempo?
Buena ocurrencia la del señor Ministro, con seguridad abrigado con su mujer
y mirando la televisión. Mejor así: nada de llantos, recriminaciones, no
quejarse por cuernos más o menos ni enloquecerse por algún gramo faltante
entre cargas y descargas. Salvo que fueran diez kilos...
El fulano que Blanes espera vuelve solo todas las noches. Baja del tren y
sube por la calle lateral entre la vía y el campo de fútbol; y últimamente
anduvo oponiéndose a que se realicen “Concursos de Belleza y Torneos para
Gente Elegante”. Una enormidad tan grande como repartir ese panfleto que
hizo reir tanto a María Verónica por eso de las mujeres corrompidas al
convivir con jueces y funcionarios.
En el paradero ferroviario no suele bajar nadie y Blanes percibe el pulso
rumoroso de un motor. Se acerca una locomotora que pierde intensidad y él
se compone el impermeable, calzando su puño derecho en el bolsillo. La
Oficina no invierte en alguien que dude; aunque luego deberá averiguar si
estos trabajos con los estudiantes no serán asuntos particulares del
Ministro. ¿Servicios especiales al mismo precio?.
El tren detuvo su marcha y suenan pasos en el andén. Al moverse de nuevo el
coche motor un muchacho aparece de cuerpo entero; diarios y un libro debajo
del brazo, se detiene a levantarse el gabán antes de salir a la llovizna. Ni
bien camine la callecita con la cabeza hundida en los hombros, Blanes lo
seguirá: más sencillo que matar una mosca.
Ultimamente las cosas no resultaban bien para el muchacho. Creía que en su
trabajo la moda era callarse la boca y en la Facultad donde estudiaba se
discutía poco y nada. Sentirse bien consistía en creerse propias las
maravillas que le sucedían a los demás; y era obligatorio sentirse bien. Los
pasos que percutían detrás de él no eran lejanos ni montados en las vías;
noches y noches había intuído a Blanes acercándose en un silencio tenebroso.
Con diecinueve años ya es bastante grandecito para asustarse, pero no lo
divierte saber que bajo esa llovizna “se ganó el premio mayor” y no
continuará. Quedan tres o dos años para llegar al dos mil y las reglas son
claras, le han informado con afiches y televisión. Pero él no se resigna. A
estallidos de luz, una bruma acuosa remolinea sobre la cancha de fútbol. En
el final de la calle, tras ese angosto pasadizo de brea irregular, se
ilumina una hilera de casas bajas. Una era la suya, tan cerca. Aún el viejo
estaría despierto y hablarían un rato de política, qué lástima. Un charquito
le reflejó una figura detrás suyo y Blanes sólo le dio tiempo para oir el
disparo.
POR ENERO DEL 61, LUMUMBA ERA UN NEGRO MALEDUCADO
No hay mayor depredador de las buenas costumbres que un negro
intelectualizado. Los intelectuales blancos no son peligrosos; si comen
todos los días suelen comportarse correctamente y apenas cada año arriesgan
una declaración ética para que los demás sospechen alguna intriga en las
entretelas del Poder, y nada más. Pero Patrice Lumumba es un pesnador de
alto riesgo, - le anotició la computadora a Blanes – y eso de hablar en
francés y haber cursado en universidades de Europa no le cambiaron su
condición de negro y continúa siendo el mismo patotero de cuando era pibe.
Un maleducado capaz de ofender al mismo rey Balduino, flor de monarca, gente
bien que siempre supo ser un caballero. Es que hablando un ratito con
Lumumba cualquiera se aburre con el Cuento de Hadas de la Unidad Africana,
de La Independencia del Congo y Libertades de la Puta Madre para captar a
los Simios Analfabetos.
Blanes piensa sobre Lumumba y maneja su jeep amarillo. cerca de
Elisabethville. Su barba de dos semanas le armoniza con su melena rojiza que
sujeta con la vincha de American Express; pantalón caki por la rodilla y
zapatones de artesanía italiana, doble suela y caña de becerro al tobillo.
María Verónica ni lo reconocería. Vestido presentable y de acuerdo a esa
circunstancia, según estila un hombre de honor, Blanes driblea por el camino
a Mutshashata, donde el Gran Jefe de Katanga y el G!ngo, Moishe Tshombé,
guarda en inviolable celda a Patrice Lumumha. Personaje riesgoso de la
unificación y libertad africana, maléfico hechicero de una banda de salvajes
malparidos que pelean contra el rey Ba1duino y Los que Mandan por encima de
estc flor de monarca... El negro Lumumba desafía y desafía, como si en la
Oficina nadie imaginara que después vendrá a nacionalización de los
mineralcs, la igua1dad entre blancos y negros o alguna atrocidad parecida
para retornar a la se1va. /Hahráse visto negro más sinverguenza/ Y si nadie
organiza una buena pelea entre estos africanos atorrantes, ésta terminará
siendo una novela de nmunca terminar...
Tamhién conoce Blanes que 1iquidar a Lumumha en esta espesura pantanosa, de
tarzanes gritones y monos blancos con el culo al aire es mas fácil que
robarle monedas a un ciego: y antes de calcinarse las pelotas en el Congo
promoviendo peleas triba1es, él se sentiría mejor metiéndole bala a los
barhudos cubanos que traicionaron al mundo occidcntal y cristiano. Porque si
1a invasión a Cuba y la muerte de Lumumha suceden más o menos por la misma
época. es una lástima perderse la excursion a Bahía de 1os Cochinos; pero si
la Oficina lo destinó al Congo. él ahí dehe actuar, piensa. No se puede
estar en misa y repicando. Y al Che Guevara ya lo cruzará en Vallegrande,
que ese episodio lo presiente como si lo estuviera viendo en televisión.
Este Blanes... Y piensa qué calor, en Buenos Aires al menos se respira si
cada tanto levanta un vientito, pero en el Congo las tropillas de
murciélagos y vampiros no dejan dormir, no hay un miserable cine con
refrigeración y los mosquitos son de tamaño cóndor. Una joda para morirse en
semejante selva, donde el mes de enero es igual a setiembre, cuando Lumumba
se les fugó de Leopoldville. Albertville, Elisabethville; recién se daba
cuenta Blanes de cuántos “villes” con nombre de la realeza belga y estos
animales que preferían seguir siendo negros africanos. No saben lo que se
pierden...
En el asiento derecho del jeep, Blanes lleva una ametralladora Fal, joya de
la ingeniería belga; liviana, de repetición y tiro a tiro, macanuda por si
de la espesura surge algún zulú con un hueso de pollo atravesado en la
nariz. Blanes controla los detalles del safari y avanza en el peor trecho
del camino; franja de tierra colorada,misionera, y subida a pico de conectar
la tracción delantera del vehículo, violenta acelerada, vegetación que se
abate contra el parabrisas y las ramitas húmedas se enredan en su barba
encrespada. Pero bajando ese repecho, a Blanes lo atropelló un apremio
atávico, ancestral impulso que le venía vaya uno a saber de dónde. Figurita
de álbum desgastado, sintió un empujón y de inmediato estuvo erguido en el
pescante del jeep igual al carrero que admirara en su pueblo de Entre Ríos,
cuando era chíco. Compadreando por Mutshashata como si el jeep con los
emblemas de American Express fuera una chata tironeada por dos caballos.
/Qué descrédito si esto lo sabían en la Oficina, donde no permitían
argentinizar las situaciones para evitar malentendidos/
Perdida en la selva, la cárcel de Mutshashata es bien moderna. Adentro
pernoctan Patrice Lumumba y dos de sus insignes alcahuetes; Maurice Mpolo y
Joseph Okito, un par de negros que de puro ilustrados se pusieron nombres
difíciles de pronunciar. Blanes frenó el Jeep y se anuncia encendiendo y
apagando las luces. Sin demora, el guardia libra el portón y sacude el casco
en la reverencia; cuando Blanes, cancheramente, le guiña un ojo. Buena
manera de ingresar, marcando su nivel, y a cien metros de la entrada prepara
la ametralladora y se manda a una oficina, pateando la puerta.
- ¿Estás loco Blanes? ¿No sabés que con el calor dejamos la puerta abierta?
- lo frenó un tipo de cara conocida.
- Se acabó, - comenzó gritando - aquí no hay presidente Kasavubu, Dean Rusk
ni John Kennedy que valgan. La Oficina quiere soluciones y aquí estoy yo.-
matoneó al sentarse y apoyar los pies en el escritorio, dueño de la
situación. Algo que se pueda tomar con este calor.- siguió ordenando Blanes
al encender un Camel. Los guardias negros; que aunque no entendieran
demasiado, iban bastante al cine; se chocaron por llenarle un vaso de
whisky. El le dio fondo de un solo trago y suspiró enérgicamente, al
comenzar con sus primeras opiniones de Memoria Anticipada a “los encargados
del establecimiento carcelario”, según los definió y los tipos sonrieron.
- Con el perdón que los negros se merecen -comenzó Blanes muy gentil -
quiero saber cuál fue la ayuda que los africanos dieron al progreso del
hombre. Y no se ofendan, pero ustedes no aportaron un carajo a la
civilización. Aquí no se inventó la rueda, la matemática, la escritura
gótica, el bizcochuelo ni el arte. Solamente la mierda inventaron los
negros. Y ya lo dijo Borges: sólo compusieron los blues de Handy y la rumba
“ El Manisero”...
Blanes se complacía de su imprevista sabiduría sobre Borges, ese viejo loco
que usaba un bastón; y también que
con sólo insinuar el vaso vacío los tipos se apresuraban a llenarlo.
- Ustedes no saben quién soy yo, pero en la Of icina sabemos todo. Así que
conmigo nada de joda. Esos mentirosos de la historia y la otra macana
moderna, la antropología, continúan delirando con que la creciente
civilizadora fue pareja en China y Africa. Puro invento, no existen
documentos firmados probando que en Africa se apoyó la cuna del hombre.
¿Ustedes Ieyeron jeroglíficos de aquellos años o vieron en la television que
sucediera eso? - preguntó Blanes indicando de nuevo el vaso.
- No - contestaron los negros en diferentes dialectos.
- Entonces.¿se aguantan que les cuente algo’?
- Como no Blanes. hablá tranquilo.- dijo riéndose el mismo que conocía de
otro lugar, estaba seguro.
- Bueno, los ateos antipatriotas andan divulgando que la cultura europea
nació en civilizaciones que habitaron el valle del Nilo. Y dicen que antes
de la invasión de los árabes, por aquí andaban los imperios africanos bien
organizados y existían florecientes centros comerciales. Muchos aseguran que
la cagada se armó porque los árabes trajeron con la expansión del Islam a
los tuareg y los hereberes. unos animales con perdón de los camellos. ¿Es
cierto esto que digo?
- Queseyó- gritó a coro la negrada compuesta por negros comunes, negros de
mierda y negro la puta que te parió.
- Eso es todo verso y macaneo. Por más que los árabes hayan jurado que
Ghana; al norte de aguas entre Senegal y Níger, era el primero y más
pró.spero reino de Africa Septentrional que se conociera desde unos veinte
mil siglos antes: - seguía Blanes la lección de la computadora IBM. aunque
confundiendo algunas fechas.
- Bueno Blanes, decí a qué viniste, que me espera una mina.- lo apuró un
negro que conocía del barrio y no era africano, seguro.
- Estoy aquí por la Gran Agitación de Izquierda en el Congo. Es el mes de
enero del 61 y en Africa hay un despelote infernal. El presidente de
ustedes es un tal Kasavubu, Lumumba ha sido depuesto como Primer Ministro y
Dean Rusk, Secretario de Estado del presidente Kennedy, tiene un plan para
neutralizar a los cinco bandos de salvajes en una sola lucha dentro de
Africa.
- El mejor negocio de los ricos es una pelea entre los pobres.- se animó un
negrito petiso antes de huir a la espesura de la selva.
- Esa gilada la pronunciará en el futuro un escritor argentino: pero hoy
Patrice Lumumba está aquí, cárcel de Mutshashata y a disposición de Tshombé.
Yo soy un democrático monárquico y no se olviden cuánto les diga si no
quieren que los reviente a todos...
Los guardiacárceles seguían asombrados por la sabiduría de Blanes, que no
terminaba de explicar ni de empinar el vaso de whisky.
- ¿,Están encerrados con Lumumba, Mpolo y Okito? preguntó de pronto.
Entonces, a las diez de la noche yo entro y me los cargo a los tres para
dar un paseíto por la manigua del vecindario. Antes dejaré que Lumumba anote
en un papelito celeste que vinieron a matarlo y se lo entregue al negro
Samji Satchou que duerme en la celda contigua.
- Con Samji no te metas, Blanes, que la familia trae cigarrillos y whisky.-
se asustó uno con cara de coimero.
- La Oficina lo sabe todo.- canchereó Blanes. Por eso ustedes a Samji lo
dejan huir al amanecer, como si esta fuera una cárcel argentina- se recostó
Blanes zampando los zapatones encima del escritorio y observando el
ventilador del techo.
- Este negro Lumumba -prosiguió- se agrandó cuando muchos pibes empezaron a
llamarse igual que él. Pero en un rato yo le haré escribir un Histórico
Papelito anunciando su muerte, después los maniataré al jeep a los tres sin
que nadie me vea les meteré una ráfaga en medio de la selva y a otra cosa.
En diez días los cuerpos serán reconocidos por un médico llamado Guy Piete,
que eso ya lo contratamos con los diarios y la televisión, y Tshombé dirá
que lo enterrarán en lugar secreto para evitar peregrinaciones. Una semana
más tarde la mujer de Lumumba encabezará manifestaciones reclamando el
cuerpo de su marido, con el pecho al aire, ritual africano me dijeron, pero
como cualquier negra que tiene hermosas tetas, las quiere mostrar. Todo será
como les anuncio ahora, por mi Recuerdo Anticipado: los tres hijos de
Lumumba; Francois de trece años, Patrice de siete y Juliana de cinco; serán
traídos desde El Cairo y aparecerán fotografiados con cara de buenos
negritos en todos los diarios del mundo. Fidel Castro izará una bandera a
media asta y apagará su cigarro en señal de protesta, los argentinos
manifestaremos nuestro más enérgico silencio y el Santo Padre diciendo
“menefute” en latín concluirá el asunto. En la historia romántica y rosa
Lumumba será el muchachito bueno y nosotros los hombres malos; aunque él
seguirá muerto, exaltó Blanes la última frase y le trepidó el vaso. Y
recién sintió hallarse solo en la cárcel de Mutshashata, cuando el negro
que conocía le habló antes de irse.
- Che Blanes, vos siempre meando lejos del tarro. Del asunto Lumumba hay
tres o cuatro versiones que ni conocés. Una dice que el 17 de enero de
1961, a las cuatro de la tarde, un avión de línea congoleña descendió en
Elisabethville con los tres prisioneros y al bajar, los mataron unos
soldados katangueses en presencia de los cascos azules de UN. Todos suecos
que se hicieron los suecos. ¿Te gusta esa?
- Pero 17 de enero de 1961 es la semana que viene.
- Por eso te digo, Blanes, con la cirujía ese Mr. Ferguson te robó la guita.
Si anticipás bien tu memoria sabrás que al avión lo rodearon los gendarmes y
unos oficiales belgas. No te olvides; sucede en Katanga, territorio de
Tshombé enemigo de Lumumba, del avión los bajan a patadas en el culo y
Lumumba, que es un tipo muy delgado, trae la cara desfigurada por los golpes
y las manos atadas en la espalda. Las personas que aguardan en el aeropuerto
observarán el espectáculo con indiferencia y sin ver, como si nada.
- ¿Y yo no estoy ahí, matando a Lumumba? ¿Vine de Buenos Aires con este
calorazo, me separo de María Verónica y no aparezco en la película? - se
inquieta Blanes.
- No verás ni una foto tuya. Te cuento más: a Lumumba y los otros dos los
patean en el suelo y los cascos azules de las Naciones Unidas como unos
oficiales belgas miran para otro lado. Los suben a un jeep amarillo,
parecido al de Camel, los tipos todavía siguen vivos y en el camino los
matarán a bayonetazos. El tiro de gracia se los pega un mercenario blanco, y
este desenlace admite dos nombres; el coronel belga Huyghe o uno de nombre
Gat.
- A esos dos los conozco - deliró Blanes /Qué van a matar/
- Luego se dirá que los cuerpos fueron conservados en formol en la Unión
Minera de Alto Katanga. El gobierno de Tshombé dirá que se fugaron y
murieron devorados por unos antropófagos, mirá qué explicación, y las
Naciones Unidas lo negaron. Lo mismo el asunto quedará en la cuenta del
olvido. ¿Te gustó, Blanes?
- Ni loco. Los diarios tradicionales escribirán que mi tarea de “resguardar
el Derecho Natural de los blancos en Africa es heroica”; y menos conservar
cadáveres en formol habiendo tantos cementerios clandestinos en América
Latina. Y ahora tomátelas, negro. Yo debo trabajar que para eso me paga la
Oficina.- se quejó Blanes de andar perdiendo tiempo con tanta
conversación...
LUMUMBA NO QUISO PERDER TIEMPO
- ¿Qué hacés negro Lumumba’? - entró Blanes a la celda, saludando.
- ¿Qué decís Blanes, tanto tiempo? ¿Y ese disfraz de expedicionario?
- Mi vestuario es exigencia del contrato. Pero no te hagas el gil, negrito
Lumumba, que vos ya te me escapaste en setiembre del año pasado.- le recordó
Blanes al otro que seguía escribiendo un histórico papel celeste.
- Dejame un minuto que ya te atiendo, Blanes. Vos sabés. es una misiva para
una negrita que me curto en la maleza. Che. Ievantensén que Blanes vino a
matarnos.- alzó la voz Lumumba para despertar a los compañeros.
- Si volviste drogado, Blanes, andate al carajo.- se desperezó uno que por
su aspecto sería Okito. O Mpolo, pero tan maleducado como su jefe.
- Aquí en el Congo se acabó la fiesta - comenzó Blanes un breve discurso,
aflojando una ráfaga al aire. Llegó el argentino justiciero que aguardaba
la civilización. /Mueran los radicales de la sinarquía internacional,
bolcheviques y social demócrata. Vivan los salvajes unitarios/
- Pará loco, que a esas “metras” las carga el diablo.- le advirtió Okito, o
Mpolo, que se desvelara al recibir una bala en el taparrabos... Y enseguida
los tres africanos decidieron caminar hacia el jeep amarillo de American
Express.
- Desde pibe fuiste un boludo, Blanes. Venir a levantarnos del apoliyo a
esta hora.- le aseguró Lumumba al salir y tirando el “Papelito Histórico” en
la celda donde dormía Samji Satchou; a quien con el tiempo se lo acusara de
doble agente. Congo y belga.
- Viva la libertad y la justicia - fortíssimo de Blanes diminuendo a
pianíssimo al descubrir la estupidez de la frase. En verdad, esos tres
negros alimentados a leche de cocodrila no le inspiraban nada publicitable;
y menos la respuesta final de los africanos.
- Andá a cagar, Blanes. Y devolvé los diez kilos de merca que te guardaste.
– dijeron los tres que iban a morir y apuraron el paso para terminar con esa
mariconada del asesinato en la noche y por la espalda, al mejor estilo
militar de la Oficina.
PLACEMES OFICIALES A BLANES Y FAMILIA
- Blanes, son un boludo hijo de puta. Te dejaste mejicanear por unos milicos
de mierda. No tenés perdón de Dios.
- Jefe, no se olvide de agradecer el saludo del mayor Chávez.
- Hacete el chistoso, gil . ¿Y ahora yo que digo, que me asaltaron los boy
scouts? -preguntaba reputeando el Ministro del Interior; alto y flaco de
bigote negro, un mafioso de doble apellido, según opinara un diario que
luego fuera reventado en la Noche de la Libertad de Prensa. Pero de tan
familiarizado con las puteadas del señor Ministro; que esta vez no
terminaba de abominar ni de sentarse en el mullido sillón; Blanes empezó a
caminar hacia la puerta del despacho, calculando cuánta guita serían esos
kilos vendidos en Francia o en Alemania. Un verdadero dineral, aunque eso
poco le interesara a él en ese instante.
- Jefe, consuélese con que el mayor Chávez es un militar de honor y no
vende cocaína bajo el precio oficial.
- Esa es buena noticia, Blanes, y la otra es matate – le vociferó el
Ministro pero ya Blanes habíá salido diciéndose que la bolsita guardada en
su departamento antes del frustrado viaje a Entre Ríos, era sólo una
atención personal que él se debía. Porque nadie debe confiar en la lealtad
del otro por más prontuario policial lavado y planchado en lavanderías
judiciales, lo mismo que hicieron con esos blanqueadores de dólares yendo y
viniendo con valijas que nadie revisaba. Blanes no debía la menor carátula
de expediente, limpio de hurto, robo de auto, lesiones; y hasta limpio de
cuando fue primer actor en la siesta de un pueblo vecino al suyo, asallando
a un tipo con anteojos, que nunca se supo si le hizo frente o de puro
asustado le metió una patada y arrancó a los gritos. Ahí nomás el alboroto y
de pronto él se descubrió corriendo con un revólver en la mano derecha y un
zapato mocasín en la otra mano, su único botín. Yo no protejo chorritos
baratos, ayer hubiera sonado injusto en la boca del Ministro, pero ahora,
tanto el faltante como lo de Maríía Verónica eran cuentos de otra historia.
Antes de salir del Ministerio un tipo lo empujó deliberadamente.
- ¿Qué te pasa Blanes? ¿No conocés las reglas del juego’? -y él se hizo el
distraído.
ATAQUE NEOYORQUINO POR LA ESPALDA
Antes que Frankie Balinger volviera a dar cartas, Blanes abandonó el paño
verde y caminó al Ministerio. Cruzando la peligrosa zona bancaria de Buenos
Aires, se saludó con unos patinadores sobre la nieve, de portafolios en mano
y corbatas italianas. Los muchachos hacen bien en divertirse, pensó, y
siguió a su despacho por el atajo de la Plaza de Mayo. ¿Qué esperan para
acribillar a los jubilados que dan mala imagen al turismo, y envenenar esas
palomas de porra que enmierdan las baldosas? ¿Qué diantres significa esa
pirámide en el medio? ¿,Está allí para que las madres de los sucios
Desaparecidos caminen alrededor los jueves a la tarde? -se preocupaba
Blanes. Es que traía un humor del demonio y la resaca de la noche pasada con
Frankie y el Pelirrojo, jugando poker. En las primeras manos no le iba del
todo mal, hasta ese momento en que le sirvieron cinco cartas en blanco. Fuck
you Frankie, eres un tahur de los muelles - le había dicho. Siempre haciendo
trampas con esas barajas que nadie puede entender.
- Caramba Blanes. Vaya caradura, él ha preguntado por ti varias veces.- lo
recibió Linda, la secretaria, apretándole su bragueta al saludarlo.
- Quítate de ahí, golfa - masculló tirando el abrigo y el sombrero sobre una
silla, semblanteando de reojo a esos holgazanes de pacotilla que comentaban
los records del béisbol en el Despacho General. Sobre la Plaza de Mayo había
dejado de nevar y unos nativos se dejaban tomar fotos con los turistas.
Reclinado en su silla, Blanes fortalecía sus nudillos presionando una
pelotilla de frontón.
- ¿Que hay de nuevo, Linda? - preguntó al tiempo que su secretaria le servía
un Martini.
- Falta la aceituna, tontuela- dijo secamente Blanes.
- Es que tengo jaqueca. Anoche supe que invadiremos Suiza, para recuperar
los restos de Borges. Lo mismo que hicimos con las Islas Malvinas.
- No cuenten conmigo; yo pondré pies en polvorosa.afirmó jugando con su
pistola de tiro oblicuo. Dos cargadores cayeron al suelo y Linda se agachó
a recogerlos. El Ministro del Interior ingresó hablando con gesto irritado.
- Diantres, ¿qué piensas tú que estás haciendo? - le espetó a Blanes.
¿Dónde diablos estabas cuando reclamé tu presencia?
- Por las calles, luchando contra la violencia - respondió Blanes con su
mejor tono de Brooklyn al sur.
- Me haces mucha gracia, Blanes; pero debes estar aquí al amanecer si
quieres conservar tu maldito empleo. ¿Has oído, patán?
Cierra tu asquerosa bocaza, Ministro. Llevo tiempo por acertarte un puntapié
en la espinilla y tú me provocas para
que este sea el momento.- repitió Blanes su imbatible estilo de broche en la
nariz. El cura católico de guardia en el Ministerio se interpuso entre los
hombres, presos del rencor. (¿O presas...?) El Despacho General se convirtió
en el reino del silencio, mientras Linda retornaba de levantar los
cargadores rozando de nuevo la bragueta de Blanes.
- Guarden calma, hijos míos - comentó el pastor de almas. El Ministro del
Interior, un católico de los de antes, se retiró con la cabeza gacha y
Blanes continuó guardando sus pertenencias. Allí quedaron unos boletos para
el juego de esa noche, entre los Red Sox y El Porvenir de Gerli... Mejor
sería que fuera por la revancha a casa de Frankie el pequero, llevando su
propio mazo de cartas y de paso cogería sus dados cargados en el estanco de
Petç, el sordo. Fuck you, Frankie, tahur de los muelles, te desplumaré hasta
tu chaqueta pulgosase dijo Blanes. Así que recogió su abrigo y enfiló hacia
la puerta, secando al paso una reincidente lágrima en el rostro de Linda.
- Te extrañaré, Blanes. Y el hijo de mis entrañas llevará tu nombre- confesó
Linda sin contener el llanto.
- Okey chica, nos vemos.- y agitó la mano en despedida.
- Quítate de mi vista, rufián – y sin desconectarse del canal latino Blanes
se despidió amedrentando al Ministro del Interior, quien ya recibiría sus
noticias.
LAS ASPIRACIONES DEL MINISTRO
El Ministro del Interior solo en la intimidad de su despacho y según
corresponde a un político popular, medita en mangas de camisa. La corbata
floja y suelta, como dice el tango, se inclina en el escritorio para darse
un toquecito de la mejor mercadería, blanca imprescindible luego de un día
de agitada tarea ministerial. En el Gobierno Constitucional, elegido en
intachables comicios en 1989, a ese placer y a comer pizza rociada con
champán tienen su derecho desde el señor presidente al casrgo de
subsecretario. Y bueno, cosas de la política...
El cargamento que le quitaron a Blanes, el idiota, es un asunto tan serio
como esa banda de policías jerárquicos dedicados al secuestro esxtorsivo,
los filmados de las fiestas negras de la señora del Presidente, Primera
Dama, o la broma del Enemigo de la Patria que le mandara los datos del
actual macho de María Verónica, su mujer. Qué infamia, Vero no se regala con
guardaespaldas, y se conformó buscando salir porque . ser responsable de la
circulación por todo el territorio nacional y extraviar una fortuna en un
traslado vulgar y silvestre trae escozores nada familiares. A los asociados
estas noticias los tornan locos peligrosos y pueden reaccionar igual que si
los amenazaran con legalizar el negocio. Entonces, ¿cómo no darse una buena
aspiración para que la vida recupere su belleza? De cualquier manera, esa
noche sin falta se comunicaría con Chávez, ese advenedizo que trabaja por su
cuenta.
EL PUEBLO MERECE QUE LO AMEN
“Este Ministerio, responsable de la seguirdad interna, tiene la obligación y
el alto honor de informar a su amada población”. (Jamás algún comunicado
habló de la “amada población”. Esta es una sutileza). “Que en el día de la
fecha, en un operativo conjunto efectivizado por Inteligencia de este
Ministerio y efectivos del Ejército, en la provincia de Entre Rios se
interceptó una camioneta de color azul, chapa patente 926.829, que
circulaba transportando ilegalmente trescientos kilogramos de alcaloides de
máxima pureza, destinados a su comercialización en el territorio nacional”
(Imaginativa primera parte. El querido mayor Chávez se llevó, oficialmente
trescientos kilos. Buen movimiento que tiene lo suyo)
“Que el valor del material valerosamente interceptado y en custodia del
personal militar a cargo del mayor Chávez, del Cuarto Cuerpo, asciende a más
de tres millones de dólares”. (Aumenté tu heroísmo, mayor Chávez. Así no
insultás a mi mamá).
“Que en el procedimiento efectuado en horas del mediodía cerca de la isla
Talavera, quedaron detenidas además dos personas de nacionalidad colombiana,
aún a cargo de los efectivos uniformados” (Esto te ayudará para el ascenso,
Chávez. Te reconozco Desaparecedor y si querés meterle unos tiros a Blanes,
te regalo las balas).
“Que debemos inscribir a este operativo como un éxito del Gobierno Nacional
y agradecer la participación de especializados investigadores de la DEA,
dependiente del Departamento de Estado Norteamericano y aliada en esta
cruzada contra el narcotráfico apátrida y ateo”. (Buen comunicado, Ministro.
Y si no involucrara al tarado de Blanes publicarlo ni sería peligroso)
Y terminada la comunicación al pueblo amado, el Ministro se pegó un
aspiración bien profunda para que el despacho restallara de estrellitas y
vírgenes dulcemente desnudas.
SI NO ACABAR ACABA CON EL MUNDO
Cuánto se maldecía por aquellos minutos que ojalá no hubieran existido
nunca, pendejo de dieciocho años desplomado sobre el colchón rancio de una _
casilla rodante y Edna diciéndole “ bueno nene, que no se te pare no es el
fin del mundo”. Y el silencio. Mientras afuera el aire agita un fragmento de
misterio y viaja tosiendo el Forcito del gallego Germán, camino de las
quintas. Perpetua representación, paisaje de un pueblo que repite los
movimientos.
La ecuyére rubia esquivó la vigilancia de su tío, dueño del circo, y otra
vez encerró al pibe Blanes en el carromato. La vez pasada ella bromeó con el
asunto y mimoseó al muchacho contra su pecho, pidiendo no despertar al
caballo con sus lamentos. Con dieciocho años Blanes no levanta la vista y
boca abajo digiere una tristeza mortal, acritud de acaroína y pulguicida,
olores que uniría al fracaso para siempre. Había pasado el día entero
pensando en Edna, prediciendo que de nuevo él no podría y sería la última
noche; ninguna ecuyére de circo soporta los agitados sudores de un tipo por
tan poco beneficio; y al tratarlo maternalmente ella le hizo comprender que
la bronca huele a colchón húmedo y pulguicida...
Así que Blanes dispuso repetir la escena. Y entonces, invisible gato
silencioso, apreció el tosido entrecortado del camioncito del gallego Germán
cuando el quintero le dejaba regulando el motor en la puerta de su depósito
de verduras. Y más allá, esas dos hileras de álamos quijotescos, camino que
llevaba y traía a los del pueblo y en el final, casi llegando a la ruta, el
carromato de Edna que se dejaba ver desdibujado. Pero esta vez él no
esperaría la señal de ella en la oscuridad, abrir y cerrar la puerta rápido
y un alumbrón de faro a kerosén desparramándose por el campo, sino que iría
a lo macho y empujaría la puerta, sin rodeos ni temores. Porque cayeron ya
un montón de almanaques y e.s Blanes de treinta y cinco años, imagina como
Edna le abre y se recucsta dócil en el camastro. cruza un aroma a
desinfectante y él descubre la desnudez de la ecuyére tal vez más tersa y
delgada. La mujer mantiene el pelo rubio y crecido sujeto con una cinta de
terciopelo negro y la piel le luce joven y brillante. Hay un par de botas
doradas sobre un costado, igual que tiempo atrás.
- Te aguardaba.-le dice con una voz que Blanes no recuerda- pero las voces
no interesan, porque él ya juega adentro de ella, vigoroso, imbatible; y
esta noche nadie desvelaría al caballo de Edna con lloriqueos.
CONTRAPUNTO DE PUNTERO Y CHINGOLITO
Un alumno no podía transcurrir tres años del colegio primario raspando un
palo de escoba. Pero nadie lo frenó a tiempo por no respetar el orden y
entonces en la hora de las Manualidades, el loquito inadaptado justificaba
la materia afinando un palote de ochenta centímetros con un vidrio verde, un
culo de botella. Con sonrisita de burla y a pesar del asma, el tipo decía
construir un puntero para regalarle a la maestra. Raspaba con el vidrio sin
molestar los dientes y a ritmo; casi con elegancia rebajaba ese imbatible
palo de escoba que apenas modificaba de un año para otro. Iba y venía su
herramienta, anunciando un polvillo invisible en cada vaivén y trocando el
encierro del aula en aroma de pino recién cortado. Un buen puntero para
señalar en el pizarrón no demanda menos de diez o quince años de colegio,
así tan importante era el ritmo de la tarea. Fiuzz, fiuzz, el vidrio
destellaba su reflejo verdoso y en los primeros días de alguna primavera, el
loquito contrapunteó
contra un chingolo de compadrear su canto en el esquinero del patio. Y por
el tercer año, cuando ya el tipo dominaba a su antojo los sonidos que ponían
los dientes de limón, el chingolito se fue de gira por la arboleda y ya
ninguno fue dueño del contrapunto.
Luego el mismo personaje anduvo por ahí y Blanes bien lo sabe. A principios
del sesenta, en Punta del Este, Ernesto Guevara es el Che que se burla de la
Alianza para el Progreso, repite estupideces y al reclamar unos Derechos
Humanos innecesarios, Blanes le descubrió la anterior sonrisa idiota de
raspar el culo de botella sobre el palo de escoba. Fiuzz, fiuzz, el
chingolito quizá le contestó desde la galería y no era casual que ambos
debieran ser controlados.
JAMAS LA FANTASIA SUPERA A LA FANTASIA
Aquello de tomar cerveza barata y vino del común no debe ser una condena a
perpetuidad; es una historieta para los que no pudieron saltar del bote
perdedor. Por eso, como si estuviera ganando un desafío, Blanes se sirve un
abundante whisky con hielo mientr