Imprimir este documento

 


Nadie muere de amor en Disneylandia
[ Novela ]

LECTURAS RECOMENDADAS
Nadie muere de amor en Disneylandia -Novela-(doc zip 101K)
Cerca del fuego azul -Cuentos-(doc zip 113K)


Izquierda: El autor con alumnos de español en Fort Collins University, USA, profesor invitado, 1994 | Derecha: Córdoba, 2006

Eduardo Pérsico

Nadie muere de amor en Disneylandia

Premio Novela del Fondo Nacional de las Artes, año 1993. Jurados: María Esther de Miguel, Isidoro Blaisten y María Angélica Bosco.

Las rebeliones se controlan solas;
basta con hacerlas dirigir por un mediocre.
(
Edmund Burke)

Después de todo, un autor de historias
fingidas escribe el libro que quiere leer y no encuentra en ninguna parte.
(Augusto Roa Bastos).

El mejor negocio de los ricos es una pelea entre los pobres,
gritó un negrito hambriento y ahí nomás lo ametrallaron.


EMBELESOS DEL GATO Y EL SILENCIO

EDUARDO PERSICO - NADIE MUERE DE AMOR EN DISNEYLANDIA. Este intenso y divertídisimo libro que no decae en toda su extensión, sostiene el relato con datos de la historia verdadera y los recrea con la constante ironía de su autor, perspicaz en descubrir ciertas tramas de un Poder insaciable, siempre invisible y lejano, con el diseño de unos personajes no pocas veces hilarantes y disparatados. Los recursos que utiliza Eduardo Pérsico para convocarnos no son ajenos a quién ejerció en toda su obra la certeza de complementar el trabajo de los sociólogos y los narradores, - apreciación que repite a menudo- y que en esta novela ciertamente singular le sirven para refrescarnos una serie de magnicidos notables ordenados por Los que Mandan. Por ejemplo Blanes, el protagonista principal, es un matador argentino, chofer de un Ministro y servidor perpetuo de los mismos que ordena y controlan las ejecuciones. Y gracias a su 'memoria multidireccional que recuerda hacia atrás, adelante y hacia los costados, implantada en USA', ejerce esa extrañísima condición recordativa que lo habilita para actuar en su mejor forma en 1948 frente a Jorge Eliecer Gaitán en Bogotá; Martin Luther King por 1968 en Memphis, donde se 'evitó una epidemia blusera'; Patrice Lumumba por 1961 y donde ocurriera, más otros varios de sus caprichos memoriosos o de su delirio, vaya uno a saber... Incluído el asesinato de Salvador Allende, la muerte del Che Guevara en Bolivia y como al pasar, verse la cara con Juan Moreira en 1874 y atender a un estudiante revoltoso por algún arrabal de Buenos Aires en esta generación. Por momentos, los datos históricamente precisos aquí aportados parecieran sobrepasar la posibilidad narrativa de cualquier escritor, pero Eduardo Pérsico bien conoce el oficio y sin dejar decaer la amenidad del relato, - y aunque parezca darnos una historia disparatada, falsa, vergonzosa, absurda y a rachas desconcertante- no deja de contarnos la auténtica y sostenida historia que se abate sobre la humanidad. Este es un excelente libro del que podríamos rescatar infinidad de aciertos, pero nos basta el brulote de la contratapa para ilustrarnos mejor: "Los jueces y funcionarios deben ser naturalmente perversos y deshonrados. De otro modo no podrían cohabitar ni casarse con mujeres prostituídas al punto de acostarse con jueces y funcionarios - fue la proclama de los estudiantes que aprobó con una carcajada la esposa del Ministro". (El editor)

Precio de tapa en Argentina, kioscos y librerías, $ 12. En España, 4 euros, (Madrid y Barcelona, entrega por cuenta de Acercándonos Ediciones). Consusltas a:
acercandonos@gmail.com
o telefóno en Buenos Aires, 4901-9307. 

- Ya debería saberse que los gatos se tornan invisibles cuatro veces al día, y que cuando ellos lo desean, nadie puede verlos con la guardia baja, empobrecidos de lluvia y madrugada. La sangre no flamea entre los gatos y si disponen atemperar la soberbia de su exhibición, son invisibles, inatacables; y el corazón les late en su Verdad Lejana y Superior.
Los gatos tienen el corazón detenido y sordo, moderan un erizar de púas sin adivinaciones ni advertencias; ellos son el silencio, el no dejarse ver y al mismo tiempo la mirada que los busca sin hallarlos.
- Señor Blanes, es hora de conocer que los gatos refrenan las embestidas de su miedo fantaseando las imágenes que mejor le agraden. Con su constancia en el límite del desafío ellos sobreactúan para salirse de la realidad; y cuando quiere un gato se vuelve contemplador de su felina acción, abandona su misma banalidad terráquea y salta a la otra dimensión, cambia de enfoque. Un gato es pariente del lector cómplice que acepta las neblinas de lo incierto y recrea la palabra escrita; avisado lector que supone y se anticipa a lo ficticio como si supiera la conclusión del tema. No es absurdo un gato silencioso por sus calcetines de lana blanda, disimulo en la penumbra de la noche alta, amante a hurtadillas, sigilo merodeando habitaciones sin proyectar su sombra; pero clandestinamente mudo elige dónde pernoctarán los silencios, patrón de pentagramas que ubica los signos a su antojo. Y además, señor Blanes, el gato guarda en sus ojos el Secreto de la Libertad.
- Un gato es invisible no menos de cuatro veces al día, respira aquí y ya se convierte en dos sílabas sin cuerpo; levita leve y ligero; sutileza que airea y desprende su muscular destino de la gravedad. Todo gato es mascarón presuntuoso que se incorpora a su propia mirada; tirador zen tensando la cuerda a pura relajación; sendero gaseoso de la abstracción profunda; arco, flecha y ojos de felino presenciando su propio disparo. Al fin, bromista espectador que al mismo tiempo reproduce imagen.
- Y esa pequeñez gatuna es todo el enigma, Blanes. Levantar el arma y mirarse desde afuera; imaginar siendo imaginación; desdoblarse y ser punta de fusil; colmillo y dentellada; plomo guiado por el ojo a trazar rendijas en la piel. Visión de gato en la mira, acto fatal que al matador lo ratifica en la comarca. Ynada deslucirá la muerte de un hombre, desconocido para usted, Blanes, que Nosotros le señalamos para el rito funeral del escarmiento.

- Y usted Blanes debe cumplir como quien es: chofer del Ministerio y un matador al fin sin libertad de gato. Pero igual invisible, dedo al disparador y bala montada en su mirada, volando a silenciar para siempre a quien sea secretamente condenado en la Oficina, por “Nosotros, los Responsables”.


POR ABRIL DEL 68, EN MEMPHIS SE EVITO UNA EPIDEMIA BLUSERA

Y si la Oficina dispone retrocederlo al sitio más tensionado del planeta, uno se la debe aguantar; piensa Blanes enorgullecido porque después de todo, justamente a él le confiaran semejante empresa, por abril de 1968.
Memphis es a perpetuidad una ciudad con olor a negro; y en huelga los recolectores de basura, por esos días Memphis es una ciudad con olor a mierda de negro. Ahí su mision es insalubre y ni lejanamente parecida a cazar intelectualitos en las madrugadas de Buenos Aires; una historia futura que por ese momento él prefiere esquivar.
Blanes llegó a Memphis hace unas horas y sin que lo vieran descender del Ford Mustang color blanco, alquiló enseguida un cuartucho en el albergue, a espaldas de la calle Mulberry. No le gusta ese lugar para miserables a pesar del buen trato de Bessie, la encargada, una cuarentona que al mirarlo se impresionara tanto por su camisa blanca y la corbata bien anudada. “A los argentinos nos gusta empilchar de primera”, y admite Blanes que esa .sonriente veterana de muchas guerras de buena gana se lo bajaría en combate.
Por la ventana de su habitación él no consigue divisar la calle, pero desde el baño se apunta precisamente al Hotel Lorraine, un espacio de buena claridad. Se aprecia con nitidez un menguado parapeto de caños cuadrados, aparente estructura sin terminar. En verdad el hotel no es de los mejores y desde ese balcón fácil sería conversar con alguien que se detuviera en la vereda de Main St.
A pesar de haber empezado la primavera, ese atardecer había refrescado y Blanes, que debe compartir el baño con otro pensionista, enfatizó su inspección al escenario donde ya aparecería Luther King y retornó a su habitación. Al cuarto número cinco que pagara anticipado ocho dólares y medio, con un billete de veinte dólares y dos níqueles de cuarto en un gesto amable de facilitar el cambio que Bessie Brewer creyó una finura poco usual en la categoría de su albergue.

Hoy es cinco de abril de 1968, se repitió Blanes al tirarse en la cama y decidido su plan de juego, esperaría su momento de corbata aflojada y cara al techo. Al encender un Chesterfleld anticipó su memoria y esperó que de inmediato alguien diera dos toques livianos en la puerta.
- Betwen no more, and drink a chair- respondió suponiendo decir “entre nomás y tome una silla”, tragedietas del inglés acelerado. Pero gracias a su Memoria Anticipada ya Blanes presentía la escena. Entonces la dueña entró estupenda con el cabello cepillado, muy esbelta sobre los tacones v medias de seda que prolongaban sus piernas, incitante portaligas estrecho, trampa del vestido rojo abierto con lentitud; hora azul de la tarde y Bessie Brewer, ajena al desparejo lenguaje de su pensionista desprendía su estratégico botón y se contoneaba en la evanescida penumbra. Así que Blanes decidió tomar su turno en la ceremonia, aplastando el cigarrillo contra la mesita de luz en un gesto definitivamente muy varonil, estilo Humprey Bogart.
- Came in at la cama, baby- farfulló Blanes y no tendría más remedio. Esta mujer azula y alimaña la sombra de la tarde, modifica latidos y se asoma, piel y beso, hasta su pecho de camisa abierta. Espadas de luz traspasan la ventana, la cabeza de Bessie Brewer le desciende vientre abajo y él recibe un torrente en sus venas; una mujer lo somete y “aprovechate Blanes que no te verás en otra”.
Transcurrido un rato casi imperceptible, fue misión cumplida. La dueña del alojamiento salió sigilosa del cuarto a medio vestir y por un instante Blanes desprecia ese prejuicio que acusa al Klukluxklan de no completar su tarea y haberse quedado corto en Memphis. Y piensa que por tanta disipación y no escarmentar a fondo, hoy Memphis seguía siendo una ciudad de negros maleducados y sin cultura, soliviantados por ese loco de Luther King; un pacifista asqueroso que pone a la negrada en alza y sin que nadie lo imagine, anda haciendo arreglos para legalizar el negocio de la droga y la prostitución a orillas del Missisippi. Y eso la Oficina lo sabe tanto como que el tipo pidió el 15 de abril de 1967 retirarse de Vietnam, aprobado enseguida por ese gigantón ridículo de Cassius Clay, que no por nada luego se quedaría paralítico, pero pareciera que los maricones de la CIA o el FBI son unos tímidos que cierran la tranquera cuando ya se escaparon las vacas. De otro modo no hubiera sido necesario que lo destinaran a él, Blanes, argentino y seductor, a ese oloroso lugar. “A Blanes, nuestro agente más efectivo” que en ese instante dudaba si aquel refrán de la tranquera hablaba de los chanchos o a las vacas...
Ni bien la Bessie saliera de la habitación con su bombachita con lentejuelas y portaligas debajo del brazo, Blanes volvió a demorarse en contemplar el cielorraso. Ya son las seis y la fiestita fuera de programa no estuvo mal, se dijo.
- ¿Like you, nena? I dont understand, pero like you mucho mucho- y a él mismo lo extrañó la extrañeza de la mujer al oírlo.

Este Luther King al principio discursea muy mansito, “yo tengo un sueño”, y después amenaza con .ser “tambor mayor de la justicia” y otras sublevaciones. Nadie duda que en Memphis anda con ganas de joder y en la Argentina ya lo hubieran desaparecido; pero como estos yankis son unos giles el tipo los tiene encandilados con sus destellos de Premio Nobel. Por ejemplo, en estos días adiestra a los negros recolectores de basura: mañana gran manifestación en Memphis, la semana próxima un gigantesco quilombo en Washington y si lo dejan, proseguirá midiendo fuerzas al infinito. Una vez se salvó de una mujer que lo atacó con un cortapapeles; a este Nigger hay que meterle un plomo en el marote ahora mismo y cortarle la buena leche, razona Blanes al tropezarse en el pasillo con un tipo pelado que le sonrió.”/Qué cara estúpida tiene este gordito, mi Dios”/
Blanes salió a la calle y caminó rodeando Main St. hacia su auto estacionado en Mulberry, ese sórdido callejón detrás del edificio. Ahí se mueve sin precisar si es época de frío o calor y sabiendo que nadie lo vigila, del baúl trasero recoge un estuche de violinista con una hermosa Remington 30-06 en su interior; y regresa enseguida al hotel. El cuarto de baño sigue desocupado y desde el ventanuco observa por primera vez al pastor Luther King, a unos sesenta metros, que igual a cualquier mercachifle que echara buena suerte con la jugada de la integración racial y el pacifismo, se exhibe compadronamente en el Hotel Lorraine. Encimado al parapeto cuadriculado, el hombre negro conversa con cuatro o cinco personas que desde la vereda le hablan y se mueven con ritmo de conjunto blusero. Son las seis de la tarde y al levantar el arma, Blanes supone que a esa hora el olor a negro sería insoportable. Lo demás es bien sabido. Él jamás se distrae ni lo pueden los nervios de un principiante, y plomo guiado por su ojo a esa distancia es matador infalible.


BUSCANDO AL HOMBRE CON ASPECTO DE GAUCHO.

“El conocido líder Martin Luther King, de treinta y nueve años de edad, doctorado en,Filosofía y Teología y Premio Nóbel de la Paz en 1964, fue asesinado de un balazo en el cuello que le acertara un entrenado francotirador, mientras el dirigente pacifista se hallaba en un balcón del hotel Lorraine, en la ciudad de Memphis, Tennesse” al rato nomás publicaron los diarios.
Por la certeza de Blanes se produjeron atentados y saqueos en distintas poblaciones de los Estados Unidos, y más en aquellas con mayoría de población negra. “Intervino la Guardia Nacional y se supone que el matador de King sería un hombre blanco, de un metro ochenta de altura y edad aproximada a los treinta y cinco años, quien a poco de disparar con un fusil Remington 30-06 por una ventana del albergue para pordioseros situado enfrente del hotel, se alejó en un automóvil de color blanco. Luther King falleció en el Saint Joseph Hospital a las siete de la noche de hoy, 5 de abril de 1968, una hora más tarde de ser baleado. Un testigo presencial del hecho, el Reverendo Jesse Jackson, comentó que en el momento del atentado King saldría a comer con unos amlgos a un restaurant cercano, y conversaba con el músico Ben Branch, vinculado también a la esposa del pastor, cantante en un coro religioso.
Según una versión de último momento, habría sido detenido y luego puesto en libertad John Willard, un individuo bajo y calvo, registrado en el albergue de donde partió el disparo y de quien la encargada recordara que “el tipo tenía una sonrisa de idiota que jamás olvidaré. Jamás olvidaré esa sonrisa estúpida”, comentó a nuestra agencia periodística la ciudadana de color Bessie Brewer.
Mientras tanto, el FBI, la CIA y la policía local se cruzan acusaciones y continúan describiendo al individuo con aspecto de gaucho que viajara al sur del Missisippi en un Lincoln blanco, sin ser avistado por nadie” - fue el comentario del Memphis News Star.


PRIMAVERA CON VIAJE A LA CURIA Y CAMINO DE GRANZA.

En Buenos Aires y en la década del noventa, Blanes estacionó el auto frente al edificio de departamentos, ejercitando su entrenada paciencia de servidor ministerial. A mediados de la última década del siglo veinte, esa cierta ocupación como chofer del Ministro del Interior lo separa de sus entresueños justicieros y lo hace vivir una realidad cotidiana de burócratas y gobernantes. Faltan unos minutos para las nueve de la mañana y en ese barrio, Buenos Aires recién se despereza en autos de vidrios opacos emergiendo de las cocheras; una muchacha con delantal celeste que barre la vereda saluda al atlético paseador de una docena de perros decentes, atados todos al mismo cordel. Despierta la actividad y Blanes cronometra que la esposa del Ministro llegará en cinco minutos, tiempo de repasar los ochenta kilómetros que debe manejar hasta La Plata.
A la mujer que viera una sola vez, bien la recordaba: hembra con aire distante, de alguien indiferente por estilo, y muy joven para vivir casada con semejante cabrón. Pero más allá de cuanto renegara Blanes del Señor Ministro del Interior, su mujer camina ahora en dirección al auto luciendo sus presuntuosas extremidades de estatua, imponiendo figura.
- Prefiero viajar adelante con usted- habló ella secamente y Blanes le devolvió su media sonrisa. Mujer hermosa de unos treinta años que con malicia infantil y cómplice casi sugiere sus piemas al sentarse, a quien su confesor dominical debería advertirle “haces muy mal hija mía, Blanes observa y no perdona”. Pero sobrando el juego ella apenas preguntó, mientras desplegaba una revista.
- ¿Llegamos al Arzobispado a las once?
- Tenemos tiempo de sobra, señora.
¿Y sospechaba Blanes en ese diálogo insípido claves de otra insinuación: la esposa de Ministro quiere involucrarse en un esparcimiento al margen del trámite que realiza?. Conjeturas, porque sin soltar la revista ella apenas lo mira a rachas, mientras él maneja aflojado y mintiéndose que realiza una tarea menor a sus auténticas responsabilidades, más importantes.
- Mañana linda para pasear, agosto anuncia la primavera.
¿Oyó Blanes ese comentario y anticipa que ya se ganó la simpatía de la señora? ¿La mujer averigua detalles de su vida y él le repite los consabidos lamentos de Hombre en Soledad, ese infalible recurso de levantarse una mina en cualquier rincón del planeta?
- Tardaré una hora, si quiere vaya a tomar un café - pronunció ella con claridad al llegar, abandonando el magazine importado en la guantera del auto y acaso, sosteniendo un par de segundos la mirada.
- La espero aquí, señora.
La mujer caminó unos pasos y volvió la cabeza. ¿Sonrió, de parabién al ser desguarnecida por los aventurados ojos de su nuevo chofer? Pero lo cierto es que mientras aguarda, Blanes calcula que su pasajera volverá en quince minutos y se distiende en fabulaciones del antes, el después y el no sé cuándo. Retorna a su pueblo de provincia, donde su nacimiento fuera anotado treinta y cinco años atrás en un registro cargado de imperfecciones. ¿Y a quién interesan los datos filiatorios de un chofer del Ministro del Interior que sólo es un mandadero de segunda categoría y esconde una extraña cualidad en su manera de recordar? Nada menos que Memoria Anticipada, una condición tan difícil de explicar como sus idas y venidas en el tiempo. Blanes piensa que en cuatro o cinco días más volvería a visitar su pueblo, aprovechando el viaje de trasladar lo recuperado luego que “las fuerzas del orden allanaran el sitio equivocado”, según comentó un diario con mala intención sin agregar que ciento cincuenta kilos de cocaína quedaron en resguardo oficial y pronto serían cambiados de lugar. Antes que las líneas se confundieran todavía y alguien averiguara lo indebido; y para esa diligencia eligieron a Blanes, el mejor del equipo.

Su pasajera regresaba al auto y ahí Blanes apreció mejor ese andar de hembra joven y su sonrisa, acaso mas alumbrada y amistosa. Aunque por más que él imaginara, la Oficina bien le habían advertido no meterse con las mujeres cercanas al Poder. “Son prohibidas. Intocables. Ni soñarlas, Blanes”.
- La charla duró quince minutos.- dijo ella y de nuevo el desafío al cruzar las piernas. Y la entrevista, suponía Blanes, fue otro intercambio de nombres y recíproco “si tú me averiguas yo te informo” entre intereses compatibles en algún resultado. “Ministerio del Interior y el Arzobispado en sana competencia por abatir la mayor cantidad de herejes en los años finales del milenio”...Pero Blanes no entendía ni aprobaba esas bromas de pasillo.
- Ahora tenemos más tiempo.- tal vez ella pronunció al encender un cigarrillo, mirándolo fijo y arqueando las cejas. Blanes insolentó otra inspección visual y la mujer dibujó con lentitud su acto reflejo de acomodarse la falda. Sin apuro ni protocolo rodearon un par de plazas y llegados al camino de doble mano ya eran invisibles. “Pronto estallará la primavera” no era una oración propia de Blanes.
- Prefiero llamarte Verónica o hermosa tarde para hacernos el amor, ¿pudo escucharse o los silencios fueron sustantivos y los dos transcurrieron sin palabras el camino de granza hasta el hotelito apartado de la autopista? Aunque por disciplina laboral, Blanes debería haberse guardado sus calientes neuronas de anticipación y manejar directo a Buenos Aires, según le fijaba el reglamento de la Oficina, pero esa vez no cumplió.


- ¿Comprendés las reglas de este juego?
- Las voy conociendo de a poco.
- ¿Sabés que las órdenes .se cumplen en silencio?.
- Me lo dijeron en el Ministerio. También que nadie debe oponerse a Disneylandia.
- Y nadie muere de amor... Pero no tomes todo al pie de la letra, porque entre nosotros no hay fanáticos de la lealtad. Somos iguales a quienes pregonan lo contrario.
- No es necesario que me digas eso.
- Blanes, me gustás porque sos un ingenuo.
- No creas, Verónica, puedo mejorar.
- Un día te contaré la aventura de Juan Moreira, un tipo menos importante que su misma fama.


INFORME CONFIDENCIAL

- ¿Qué tal fue tu paseo a La Plata? - preguntó esa noche el señor Ministro a su mujer y levantó una copa de vino blanco.
- No muy bien. Esperé más de una hora y me atendieron en la Secretaría. Con ustedes, los del gobierno, en la Curia hay mal ambiente.
- ¿ Los preocupa algo especial?.
- Sí, un preso que en la cárcel de Villa Devoto habla mucho. Y además se quejan por los disturbios en la Universidad. No quieren repetir lo de 1992, cuando los estudiantes se adueñaron de la calle.
- ¿ Y ellos no tienen ningua responsabilidad? !Lindos socios para administrar las cosas son los amigos de tu familia!
- Yo te informo. Ustedes deciden.
- Está bien. Después conversamos. ¿Qué te pareció el nuevo chofer?
- No habló en todo el viaje. Ni siquiera me dijo su nombre.
- Blanes. Es un buen tipo, tiene treinta y cinco años.


NOSOTROS DISPONEMOS DEL PERSONAJE

- Ahora todo hubiera sido más fácil, ya que coincidimos con Blanes en la “última década del milenio”; según prefiere uno de Nosotros, con aire bíblico. Lo mismo, señores, aunque prosigamos de relato vario la historia será sin grandes incertidumbres ni ambiguedades y Blanes no lucirá según un grosero muñeco ni un monstruo deleznable, que para dignificarlo estamos Nosotros, Los Responsables.
- Nosotros, Los Responsables, tenemos experiencia en la presentación de personajes ante la familia tipo y así explicaremos a Blanes. Por la Civilización y los lectores, señores, lo haremos sabiendo qué diferente sería la fama de gordo tonto que sobrelleva el bueno de Sancho Panza, si en las cuantiosas páginas de “Don Quijote de la Mancha” hubieran expuesto en blanco y negro las verdades de su persona.
- Uno de Nosotros sostiene que el mundo de la literatura, con escuderos y caballeros andantes, durante siglos sólo atinó a ridiculizar el “conflicto erótico” que existió entre Sancho y su sacrificado burro, señores, y acaso por no haber sido bien explicitado, este emergente de conflicto, según los psicólogs, nunca fue discernido maduramente.
Por eso, recomendamos leer “La Intertextualidad le quedó grande a Cervantes”, material de reciente aparición que supera los límites del antiguo compromiso freudiano...
- Señores, así como Nosotros diseñamos ministros y presidentes, próceres y enjuiciados, cuán útiles hubieran resultado Nuestros Servicios a tantos personajes desatendidos por la mala prensa literaria. ¿No fue el Lobo Feroz, en verdad incitado al pecado por la insaciable abuela de Caperucita Roja? ¿Quién puede afirmar, con autoridad, que Jack el Destripador no fué un honrado caballero de quién, transcurrido el agitado río de la desmemoria, hoy nadie sabe el porqué de su apelativo?
- Y sin abundar demasido, ¿no fue el marido de Madame Bovary, al fin de cuentas, tan cornudo y pobre tipo como cualquier Idolo Social de nuestros días? ¿ Alguien informó de manera entendible por qué los relatos de Franz Kafka son tan rebuscados que al segundo renglón se hunden en algo kafkiano?
- Y aún nos preguntamos sin obtener respuesta, señores, cuál sería la amenaza irlandesa que pesaba sobre James Joyce para que él no escribiera el “Ulises” como debe escribir un ser humano.
- Por eso entre Nosotros, Blanes tiene ese nombre; Blanes para todo el mundo; aleccionado y programado para registrar en una computadora con terminal en la Oficina, los mínimos detalles de vida que sirvan a controlarlo.
- Buen material sería para un novelista, por ejemplo, si en sus Hard Disk y disketes Blanes archivara sus acrobacias de alcoba que lo hacen sentir vivo, cada tanto, con alguna mujer.
- Pero según su estructura personal, a Blanes lo domina el destacarse en banales alienaciones: !cómo disfrutaría caminar por la zona bancaria acherido a sus teléfono celular, o ser líder de una hinchada futbolera!. Aunque para protegerse, señores, Blanes dialoga con la computadora de ultima generación sonsamente disimulada en un guardarropa de su departamento. Con su deliberado modo de ocultar la IBM, disimulo que descubre cualquier desprevenido, Blanes justifica un rito más del oficio de espía, obligado de por vida a no dejar claves secretas ni pucheros envenenados al alcance de los chicos, según es reglamentario a los afiliados del gremio atisbador.
- Es menester apuntar que Blanes, nuestro empleado, no es semejante a Jonathan Pollard. un californiano con cara de anteojudo que desde un Servicio de Contraservicio Norteamericano trabajaba en verdad como espía israelí, y lo descubrieron.
- !Qué tarado este Pollard! Pese a la buena voluntad entre conspiradores y conspirados, en románticas veladas de licor y cama doble, el tipo mordió el viejo anzuelo de la rubia cariñosa. Y por ese anejo ardid antiespía usado hoy sólo por los complotadores de Bolivia y Argentina, el conjurado de los israelitas, Pollard, habló alguna página de más.
- Sí señores, aunque por contrario a un agente parlanchín, digamos que Blanes viene prestigiado por su recato en tantas encamadas que librara con sabrosísimas cubanas en Santa Clara y Santiago de Cuba a fines de 1958, un poco antes de tomar distancia con el altanero desfile de los milicianos barbudos al irrumpir en La Habana.
- Recordemos que luego Blanes volvería a esa ciudad, ya infectada de revoltosos, y allí sus detractores aprovecharon para rumorear que nuestro héroe intentó arrojar a una mujer por la ventana de un alojamiento, como si esa actitud no fuera frecuente al quehacer de cualquier hombre normal. Dicho de otro modo: todo hombre cercano a una ventana y con las bolas llenas por una mina, sólo piensa despacharla por el aire normalmente, qué joder...
--Por favor, señores, Nosotros los Responsables no merecemos tanto machismo arrabalero y expliquemos lo sustancial que hace al personaje.
- Entre otras sagacidades dotamos a nuestro empleado, Blanes, para penetrar los vericuetos mentales de Patrice Lumumba, - otro negro tan disociador como el blusero Luther King- y así logramos descifrar los propósitos mimetizados en la selva de su oscura intención.
- El agitador africano trataba a Blanes con juiciosa familiaridad, como si fueran amigos del barrrio, algo que no impidió que Blanes lo ametrallara por la espalda en la alimañera manigua de Kolwezi. O donde fuera, que eso nunca lo dejaremos claro.
- También tuvimos Blanes chapaleando arrabales fabriles de la Argentina, en la feroz tarea de apartar a los herejes contrarios a la Buena Vida cuando molestan a la pobre gente con palabrerío.
- “Terminemos con la explotación del hombre por el hombre, unidos tomaremos el Poder, un niño que muere de hambre es una derrota de Dios”, más otras frases del cine romántico que pregona la violencia, son desmanteladas por Blanes allí donde se pronuncien.
- Por magia de su Memoria Anticipada y Multidireccional; para adelante, hacia atrás y a los costados como las luz de las ambulancias; nuestro empleado recrea el episodiso que quiere en el momento que quiere, a saber: entre miles de aconteceres difusos, Blanes puede rehacer cada minuto del 9 de abril de 1948, fecha del asesinato del caudillo colombiano Jorge Eliecer Gaitáin, por los días cuando en Bogotá se reunía la Conferencia Panamericana.
- Señores, dejemos de lado las placas recordatorias y la conveniencia o no de aquel ajusticiamiento, porque cuando se lo pidan, Blanes revivirá las tumultuosas calles de Bogotá, los tortuosos apurones sufridos por el veinteañero Fidel Castro y el servicio de taxi que prestara la Embajada Argentina para sacar de un aprieto al futuro secular líder cubano.
- Se ha dicho que allí a Blanes le fue tan mal como al Jega Gaitán; pero él siempre lo podrá contar y en cambio al colombiano lo comieron las lombrices de la tierra.
- Sí señores, cuando se lo propone Blanes puede precisar todo lo sucedido en el Bogotazo de 1948 y también, al milímetro, dónde acertó el proyectil que inutilizó el fusil del Che Guevara en la Quebrada de Yuro, en Bolivia, donde perdiera su invicto el Campeón de la Guerrilla veinte años más tarde.
- Noche de sábado a domingo por octubre de 1967, desolación del interior boliviano. olor a rencor nativo, doble sombra de los montes y metro a metro cuánto caminaron y se dijeron Blanes, invisible gato, con el abatido campeón Ernesto Guevara. Rumbo que trajinaron hasta la escuelita de La Higuera y Blanes accedió primero que nadie al deslumbre de la romántica maestrita boliviana con el prisionero herido en el combate del monte. Una verdadera cinta de amor...
- Y en esa línea de la información, !cuántas minucias de la Argentina es capaz de conocer Blanes! El tiene datos de secretísimas reuniones, de asociaciones entre solventes empresarios y financiados guerrilleros; corajeadas gratuitas y servicios de agentes dobles; la delación del más Buscado Subversivo que nos bocinó a Nosotros, los Responsables, detalles del futuro ataque a un cuartel argentino por enero del 89. Una nueva versión de otra embestida alucinada que hubiera por aquellos lodazales del gran Buenos Aires y los arrabales lanuseros, cuando moría el año 1975 y los compañeros de Blanes realizaron el sencillo trabajo de no dejar ni un títere con cabeza.
- Es que Blanes es científicamente asombroso. El “Ireneo Funes” de Borges sin duda tiene lo suyo y literariamente es un personaje apreciable, pero un evocador gigantesco, hacia delante atrás y a los costados, supera al mejor en recuerdo de valor. Cuando Nosotros le indicamos, tanto el fusilamiento de Dorrego como el ajusticiamiento de Lincoln y la muerte de John Lennon, a Blanes le son hechos contemporáneos. El no se esmera por este privilegio y en su vida diaria solo se le permite anticiparse a los sucesos pocas articulaciones. para evitarle esas complicaciones de acertar los números del bingo a cada rato, señores...
- Digamos que Blanes juega ajedrez con blancas y sabiendo la respuesta del adversario; luego veremos más detalles; pero siguiendo el rumbo de clarificar a nuestro personaje atendamos a este aviso al que recurrimos y pagamos puntualmente su servicio a nuestro hombre, Blanes: “J. D. Ferguson, de Stanford University, anticipa la memoria con una operación quirúrgica consistente en ubicar las ideas en los momentos anteriores o posteriores al que suceden los hechos. Trasladar las agujas del cerebro al momento preferido. U$A 132.000. Call 0800-743-4942.


RECORDACION DE UNA BUENA VIDA

La señora esposa del señor Ministro, hasta conocer a su marido supo alternar haciendo copas en un local exclusivo, Clase A, visitado por clientes de similar clase. Hombres nocheros con intenciones buenas, malas, regulares; alquilada fervientemente por señores adiposos, ingeniosos, calentones, exu1tantes, flasheados, crackeados, drogados, estúpidos; o derrotados millonarias volviendo de recalada con la mirada hundida en la fisura más honda de la soledad. Clientes de efectivo dinero, chequera, tarjetas universales y doradas; invulnerables altos rubios impetuosos seguros tan seguros matones perseguidos perseguidores más oscuros en ascenso buscando sitio en la novedosa entrepierna de una hembra exquisita de hablar otros idiomas. Y debió sonreír María Verónica, ambiguamente distraída, a parásitos del presupuesto, sindicalistas voraces, alimañas de la diplomacia, almaceneros efectivos, conspicuos cornudos, el célebre marido de una hembra del desagrdable Señor Presidente de la República, dirigentes futboleros; agentes de bolsa agentes secretos y tan sólo agentes; onanistas pajeros incorruptibles, prescindenciables, gobernables. Diputables. La múltiple fauna del Buenos Aires Querido.

Entonces, María Verónica mujer hermosa y de alcurnia, contrajo matrimonio con el señor Ministro y abandonó ser una Young Girl a sonrisas, copas, roces por arribita, apartamentos, estrellados hoteles, alientos pesados, aspiración de alguna densa línea blanca de la buena, clientes experimentados, arduos, trabajosos, olvidables. Y cada tanto, algún macho de Fórmula Uno que la fundía en la cama y por algunos días, se convertía en inolvidable. Aunque siempre, solamente cash o chequeras más tarjetas Clase A., aceptaba María Verónica.


EL SENOR JUEZ LO SUPO AL ABRIR LA CAJA FUERTE

Los días anteriores al que Blanes visitara con la esposa del Ministro esas dependencias del cielo contiguas al infierno, dos personas entraron a un Juzgado Federal alejado del centro y pidieron hablar con el Juez. Por ser muy temprano aún el funcionario no estaba en su lugar, explicó un secretario. Tal vez ahí, en voz baja, esos visitantes algo inseguros aunque con el estilo de quienes pueden repetir la tarea si les sale mal, dijeron alguna amenaza y sin más protocolo cruzaron por entre los empleados que eludieron la mirada, al despacho principal. Otro que aguardaba en la puerta atravesó el pasillo empujando un carrito de supermercado cargado con unas bolsitas blancas, entró detrás y enseguida salió a vigilar a los empleados, que preferían distraerse en la lectura de algún papel y evidenciando dar la espalda al sitio de los expedientes. Y con el mismo modo enérgico que exhibieron al ingresar, en diez minutos los tres hombres salieron a la calle controlando que nadie se moviera de su asiento; al salir el plástico de los envases que ingresaran parecía menos inmaculado y al carrito lo empujaba el más fornido del grupo. El mismo tipo con porte policía especial que primero entrara al Juzgado en mangas de camisa y exigiera ver al Juez.

Y por esa calle soledosa y tranquila de Banfield, no inquietó a ningún vecino el despliegue de unos hombres que en tan poco rato cambiaran en un Juzgado ciento cincuenta kilos de “cocaína de la más alta pureza”, - tal vez dijera luego algún diario- por otras bolsitas equivalentes de azúcar impalpable.


EN 1973, BLANES HIZO QUE CHILE FUERA UNA FIESTA

Por el mes de mayo del 73, la IBM de Blanes anunció “Chile siempre fue tierra de aconteceres”, así que como aquello podía significar un mensaje elocuente a las futuras generaciones, él debió presentarse en el proscenio chileno sin más vuelta. Y su primer destino fue Viña del Mar, por donde anduvo hilvanando puntadas cuando los comerciantes olvidaron sus pueblerinas discordias y se unieron en guerra contra el gobierno, presumido y controlador.
En esos meses los fanáticos de Allende se deliraban con obtener el Poder de Verdad, como si fuera un juego de chicos alimentar a la gente con nutritivas canciones de protesta. “Unos pobres revolucionarios tras siniestras brujerías justicieras, que brotan cada tanto para retrasar la humanidad”, le impuso la computadora a Blanes en un ejercicio de memoria convencional y otras órdenes que le diera la Oficina. !Qué tontería! Como si preguntarse diariamente si una sociedad cuya medida de progreso fuera controlar la ganancia de los multimillonarios fuera una soeidad. Por favo... Pero también, al recibir las instrucciones de la Oficina que Disponía, según su desleal saber y entender Blanes debió desmemoriar y olvidar de inmediato los nombres de unos cuantos milicos chilenos con quienes anduvo recorriendo escondrijos y levantando chilenitos de los pelos hasta bien pasado el 11 de setiembre del 73. Y todo esto merece una aclaración que deberá ser tomada en cuenta porque será dicha por última vez: “es sabido que para desmemoriar basta con suspender todo pensamiento sobre el pasado, ejercicio bien simple, y como la Oficina cada tanto impone desrecordar algunos renglones, es obligatorio mantener en excelente estado psicofísico los mecanismos del Olvido”. Y para mantenerse en buena condición, no pocas veces Blanes transpiró haciendo gimnasia de Muerte al Recuerdo y a la Resucitación Evocadora, a pesar que para exigirle buen reflejo a sus neuronas el hombre se intoxica con diazepinas y otros basuras que a pesar de romperle el estómago, sirven a su tarea.

Al llegar a Viña del Mar, Blanes tenía orden de vincularse con un tal Mirriam y otro fulano llamado Siracusa, dos tipos que viera alguna vez en Santiago comunicándose con Washington, línea directa. Quizá no fueran de la CIA ni del FBI; vaya uno a saber; y ambos decían trabajar en alguna empresa extranjera porque algo debían decir. Nadie mencionaba pertenecer a momgia compañía sueca ni tampoco a la ITT ni a la Kennecott; esos bandos tan jugados favor o contra el gobierno no eran creíbles y en toda conspiración más o menos civilizada, es natural olfatear algo comercial.
En el Chile de esos momentos, por las noches el ambiente denso se hacía novelesco, “y hoy la gente de buena familia debe defender su libertad”, comenzaban a coincidir los diarios antiguos de Santiago y sus alrededores. Y al mismo Blanes, Viña del Mar le regalaba su excelente paisaje más aquella inmejorables veladas con Amanda, sin desatender su ocupación principal dictada por su computadora a cada momento.
- Hay que apurarse, tocar y salir continuamente, al enemigo no hay que dejarlo pensar.- le aconsejaba Geenen, el más viejo de los Servicios no muy Secretos que por ese tiempo ocupaban cada asiento de la Plaza Vergara.
- Tocar y salir.- repetía el espía Geenen su expresión boxística al mandarse a bodega unos titánicos vasos de gin cortado con un correntoso Martini seco, eso sí, con poco hielo. Un asombro hasta para los garcones chilenos, delicatessen para hígado de fierro; en aquello de chupar sin límite el yanqui Geenen era una bestia tan indoblegable como el supuesto dragón de Borneo. Es que oriundo de Massachussets, sabe Blanes que despachado el Salvador Allende el Geenen se volverá a su lugar de origen; aunque mientras chupaba gin en cataratas seguía atento su hoja de ruta oficial, sin descuidarse ni entrar en órbita catástrofe; Geenen podía mostrar su ignorancia estructural en cualquier asunto, pero nunca asumiría su rol de borracho molesto tumbado de un sillazo en una cantina marinera. “Aunque por momentos se desvía hacia despelotes cercanos a una riña de mostrador, según se comporta un borracho bien educado, el yanqui cumple su libreto prolijamente”. Y piensa Blanes en una ráfaga pero de inmediato vuelve atrás, que hasta cuando repite la retahila del cachetazo final que le diera a un municipal rengo, cuando fusilaron al maricón de García Lorca, allá por el 36, Geenen quiere ocultar su verdadero sentimiento. Acaso porque aquel tipo rengo, barrendero municipal fusilado junto a García Lorca, antes de comerse la descarga le escupió “yanqui cabrón, hijoputa”. Tal vez esas tres palabras le molestaran algún rincón de esos que nadie sabe, diminuto resabio, de eso es mejor no hablar; por Granada el yanqui Geenen no aguantaba quedarse sin olvido y se daba un vuelco de medio vaso, mirando lejos. Y por ahí, se rehabilitaba desaprobando a Blanes al mostrarse en los bares acompañado por Amanda.
- ¿Qué necesidad tienes de andar con esa? Es comunista, Blanes, y si a una chilena le brota el “anti forastero” se pone pesada.
- Chúpame un huevo, gil. Yo soy Blanes, de la Oficina, no un pollito de incubadora. ¿Vos la viste bien a Amanda? Está rebuena...


TAL VEZ ERAS EL ECO DE UNA VIEJA CANCION

Lo de Geenen y el rengo fusilado junto a García Lorca no es irracional, aunque existan las diferencias de època que se le antojen a cualquiera. En la Guerra Civil Española también hubo aconteceres y entre horracheras locuaces y confidencias, el yanqui mencionó a un amigo suyo que resultara un verdadero traidor.
- Philby, un corresponsal de un diario inglés. El barbudo Hemingway solía hablar mucho con él y el tipo era tan “comunista por la espalda" que terminó viviendo en Rusia, el muy hijo de puta.
El inglés Philby supo ser amigo de Geenen y en España fue uno de los pocos en visitar a Franco cuando quiso ver Guernica ni bien terminó el bombardeo de los Heinkel III, la Legión Cóndor alemana que apenas dejó en pie el Arbol de la Tribuna Juradera, “Blasón del señorío de Viscaya”. Pero bien que le patearon las pelotas a los vascos el 26 de abril de 1937 a las tres y media de la tarde, y esa es lo verídico.
- Ni los gatos entraban en Guernica pero Philby entró. Miren si pesaba el espión a favor de los rojos. Así que vaya uno a saber la segunda vuelta de cada movimiento.- se confesó Geenen y empujó un trago quizá soñando hacerse millonario una vez que lo tumbaran a Allende, por una mina de berilo que existía en Atacama.
- El berilo es una piedra preciosa de un milloncito de años anterior a la esmeralda. Quizá yo entiendo más de minería que de voltear gobiernos - y se reía Geenen como si todos aprobaran su risa, sin suponer que Blanes, gatunamente, intuye que al fin de los Cambios de Mando en Chile, al yanqui Geenen lo mandarían jubilado a Massachussets. Es que de otro modo, su Memoria Anticipada no guardaría mérito si no supiera que veinte años más tarde la calle Huérfamos de Santiago sería peatonal, y alguna mañana, en el centro de la animalidad bancaria, un acordeonista ciego la emprendería de tanguera quejumbre con “María” de Cátulo Castillo, en trepidante manera de cantar a lo polaco Goveneche, para iniciados en el rito tanguero. ¿Y qué podría hacer un porteño bien nacido -no Blanes, precisamente- recalado por el destino en esa parte del mapa? Quizá lagrimear livianamente, y caminar hacia un lustrabotas de servicio en esa vereda, birrete con estrellitas, cirquera réplica de miliciano montaraz, que le guiñaría un ojo fraterno enarbolando el cepillo ante los carabineros a miradas de puro macho, a guapeza de bota y uniforme según es costumbre entre los de bota y uniforme.
Pero la computadora de Blanes no era de perder el tiempo dictándole semejante episodio nostalgioso...


¿Y AMANDA, AQUELLA CHILENA RECORDABLE?

Ella escuchaba a Blanes conversar con los yankis, en los bares, a veces tan asustada. En verdad, le hormigueaban la preocupación unos hermanos involucrados en la Unidad Popular y una noche se lo comentaría, con lo divertido que era hablarle de esos asuntos en la cama “que ni a María Verónica le aguanto”. Porque labios húmedos y morados los de Amanda, gordota incansable en el coger deleitoso cuando él por entonces propone usar barba rubia y aquella noche del 11 de setiembre ella debe buscarlo y pesquisarlo, hembra con angustia llorona por la poco imaginada y luego resultó salvaje y segura matanza de Santiago de Chile. Y Blanes que no aparece, no era normal que él, Justiciero de la Libertad, se ocupara de andar protegiendo a dos ingenuos que se la pasaban gritando consignas en los sindicatos, cuando debía ya mismo en sorprender enemigos antes que traspasaran la frontera. Aunque claro, solidaridad histórica argentina chilena, a quienes eligieron escapar por la Cordillera o los difusos límites del sur, los gendarmes blanquicelestes los devolvieran prestamente; no fuera a que el Cóndor fuera solamente un pajarraco simbólico.
Amanda, chilena tibia boca gusto frambuesa dulce; pero sus dos hermanos que Blanes jamás conoció y mejor así, “que las buenas cogedoras siempre lloriquean favores”, a patadas en los huevos irían al Estadio Nacional a cantar sus himnos con Víctor Jara y demás delirantes de la Movilización Popular y otras supercherías. “Esos males que los carabineros curaron enseguida”.

- Hay personas imprescindibles en América Latina. Y Nosotros los Responsables, aseguramos que si alguien debe ocuparse de patear testículos y arrancar uñas hasta el aullido de la confesión, para eso nadie mejor que nuestros nacionalistas agentes nativos.


POR LA CALLE MORANDÉ AL PALACIO DE LA MONEDA

Con toda tranquilidad, Blanes atraviesa un pasillo alfombrado de la Casa de Gobierno y nadie lo detiene. Los guardias están ocupados en discutir en qué momento comenzaron las explosiones cuando el Presidente Allende termina de insultar al general Baeza, quien le pidió la renuncia por teléfono.
- Señores. -entra diciendo Blanes- les anuncio el capítulo final del presidente Allende y sus personajes secundarios...
Y nadie contesta entre esos hombres extrañamente ataviados de traje y corhata para iniciar en serio la pelea; “desafío civilistas de unos malparidos que evitan fotografiarse junto a los de uniforme”.
- Entonces señores, -esta vez ya grita Blanes- también les anuncio que al mismo carajo se irán todos lo. dibujitos de esta historieta. Al carajo se irán igual los carabineros que eligieron no defender la investidura del Presidente como los tres o cuatro que harán lo contrario. Es que los ocupadores de La Moneda mandoneados por el coronel Palacios; los Ministros que fueron y que serán; los alcahuetes baratos de la Oficina que vengan a besarme las pelotas, a mí a Blanes; los que seguirán disparando contra el cuerpo enfriado de Allende y quienes volverán a sentarlo bien muerto en el sillón presidencial, con casco y atributos de mando; los que hoy cruzarán la vereda; sepan que ninguno evitará irse a la mierda porque Los Responsables que Mandan así lo decidieron.- grita Blanes imaginando que María Verónica apreciaría su exaltado discurso. Es que a él no se le modifican los hechos por destiempos, reflexiones ni sensualidades del idioma. Su proyección peliculera de la historia es cristalina y prolija; cada figura tiene su luz precisa y apenas el sonido le devuelve unas distorsiones gangosas. Blanes registra el mejor enfoque de instante preciso cuando Allende quiere salir por una puerta trasera de madera oscura que enmarca entero a ese hombre petisón que discurseaba huevonamente “liberar al pueblo de los vicio de la sociedad de consumo”.Que se dejara de joder el tipo ese, que Blanes lo observa caminar llevando en su mano derecha una ametralladora AK que le obsequiaran los cubanos, y calza un casco militar tapando sus anteojos de carey. De última no consiguió un casco minero para exhibir mejor su entereza y camina con la expresión de quien reconoce la dureza de una estampida sin control. Ni siquiera Blanes lo descubre furioso, y no luce su cara de tres años antes, al ser elegido Presidente y asumir el cargo sin aceptar “jurar” cumplir con el mandato sino que “prometiera” cumplirlo. Ahí algunos dudaron que fuera tan revolucionario y sí un buen liberal de la masonería, pero Blanes de eso, ni medio.
- Este fullero sabe que el terror es miedo a que nos descubran el miedo, y de puro huevón excede su disimulo. – le sigue dictando la compuaradora a Blanes. Y sí señores, repite él, el Presidente Allende monigotea cojudear entre temores cruzados que lo atenazan, vistiendo debajo de la chaqueta un pulover topo de cuello redondo y del bolsillo izquierdo le asoma un pañuelito de seda. Lindo blanco para acertarle- vocifera Blanes y mientras a su alrededor el resto sigue sin darle atención.


¿BUEN MODO DE MORIR SERA MIRANDO AL CIELO?

Salvador Allende ya terminó de hablar por radio. Esta vez no pudo engolosinarse con la arenga; reconoce su liquidación por el Poder y pretende salir de cuadro como alguien traicionado por la fatalidad. La onda radial se oyó intermitente y borrosa en la despedida al nombrar a los trabajadores, al general Schneider, al mencionar la Ley y la Constitución. Por ahí dijo “esta es la primera página de la historia” y agregó otra oración sin importancia.
- Y como no tuvo los cojones bien puestos para convocar al pueblo, ahora ya es tarde, mi viejo. Ya pasó su cuarto de hora, también a usted la televisión y las noticias del fútbol lo taparán de olvido...

En la película nadie se mueve con rapidez. Un guardaespaldas avanza unos metros adelante de Allende y le quita a Blanes su posición de tiro. El custodio quiere inmortalizarse en una foto que recorrerá el mundo y le resalta su cara transpirada; chinazo cuadrangular, de lejos lucía más retacón y ahora disimula estar cagado encima. Chileno fanfarrón, se pavonea con su corbata de burócrata y una metralleta colgando del hombro derecho. Blanes no le perdona “robar cámara” y en su memoria de un rato más tarde lo tranquiliza saber que ese tipo morirá al final del acto. Detrás vienen saliendo los amigos del Presidente.
- Camaradas del sangriento oro rojo de Moscú, llegó la hora de pagar la factura. Hoy a Santiago ha vuelto la felicidad, la noche en el barrio Las Condes y la avenida Providencia lucirá esplendorosa, democrática y de Nosotros. Esto será más patriótico que un temblor y la patriótica huelga de los camioneros- se divierte Blanes y rebusca el nombre del encargado de Prensa que se destaca en la escena. ¿Ese héroe barato se llama Augusto Olivares’? Aunque tal vez se llamara de otro modod ese flaco con pelo negro y bigote que sale detrás de Allende sobresaliendo en altura a los demás. El tipo parece herido y trae un gesto de bronca resignada; “aunque vos no seas ese comunista, igual todo acabó”; y disfruta Blanes el glorioso momento. Por instinto o en despedida Allende mira alrededor, en último gesto saluda al custodio con un “Viva Chile mierda” y subirá la mirada iguaI que si viera aproximarse un avión. Acaso fuera poco honroso y de mal aguero, - vaya uno a saber - morirse mirando al suelo y con la vista perdida en la incertidumbre de los propios zapatos. Y allí Blanes supuso tenerlo a buen tiro; en el Palacio de la Moneda, el 11 de setiembre de 1973.


ALOCUCION PARA PERROS Y BASTONES

Ese tipo Guevara que posa barbudo y fumando un habano, supo inventarse un centenar de historias. Las remeras con su figura no son casualidad; fueron idea del chiquilín ese cuando estudiaba medicina con mucha vocación de alborotador profesional y aún solamente era Ernesto Guevara...
A Blanes esa película le transcurre en Buenos Aires por los primeros años del cincuenta, y los ruidosos quilombos de la Federación Universitaria ocupaban a la policía. Proyección desprolija: hay un personaje trepado a la reja del subterráneo sobre la calle Córdoba, camisa afuera del pantalón y agitando a los estudiantes de la Facultad de Ciencias Económicas. El Gobierno Peronista cumplía su libreto de meta palo y a la bolsa, “aunque de haber pegado en serio muchos no hubieran contado el cuento”. La patota de estudiantes alborota por la calle Córdoba; nuevo tumulto zurdo y la infantería policial controla desde la vereda de enfrente. Garrotes largos y un trío de perros. Miran los de uniforme saliéndose de la vaina y sangre ardiente por arremeter de una vez a esa mocosada de mierda que se niega a pronunciar la palabra “compañero”. Y haciendo equilibrio encaramado a la reja más alta ese guacho asmático, aún sin barba ni foto con el habano, pendejo muy pendejo calentando a la gente con un discurso afónico, niño bien gritando hasta llegarle de nuevo el ahogo, pulmones achacados, declarado inservible para jugar al rugby. Ahí mismo tendrían que haberlo enchufado un balazo en la nuca, final sin pena ni gloria antes de tanta odisea del “ Campeón de los Guerrilleros”. “/Qué tanto arrepentirse luego por las aventuras del Che Guevara/. Nos pasó por pelotudos” – difundió la computadora de la Oficina.


CONVOCATORIA DEL AROMA

Al afeitarse Blanes convoca invenciones históricas y un antiguo olor a crema jabonosa. Aunque se rasure con máquina eléctrica le vuelve el perfume dulzón de cuando adolescente, memoria de los olores, resguardo de una ignota neurona inagotable. Prodigio de un mecanismo innaccesible. “Tu voz fue mi primer olvido pero guardo el olor de tu piel, nena”, no es sólo oración bobalicona de teleteatro; detrás hay voces y aromas, bula en laafeitada mañanera y despotismo de un enigma constante. Misterio del recuerdo de los olores, enigma formidable pero inadvertido de tan exageradamente familiar.
Y sin entender porqué lo acosaban esas novedosas ideas, Blanes no puede apartarse de la última tarde con María Verónica, cuando oyera una advertencia que no correspondía entre ellos dos; los amores vespertinos se pactan en acuerdos sin palabras, complicidad y secreto de miradas.

-A veces no entiendo algunas cosas, nena.-
- De puro ingenuo no entendés que aquí nadie es fanático de la lealtad.-
- Eso ya lo dijiste..
- Entonces, si mañana o pasado te mandan con un cargamento muy caro en alguna sagrada misión oficial, cuando alguien te apoye un revólver en la cabeza no te hagas el héroe. Este negocio es igual a la política: al fin nadie sabe para quién trabaja.
- Te agradezco el consejo, pero no sé de qué estás hablando. Y de cualquier manera, no .soy tan boludo. Cuando me toca perder y me apuran de pólvora y calibre, pierdo.
- Olvidate del asunto, pero cuídate hijo mío, que nadie muere de amor en Disneylandia. Y si desde chico tanto te interesa la historia, que te sirva para algo, mi amor.-
- Te haré caso y seré bueno, mamá Verónica.

Ese trato con su esposa no se lo había ordenado el Señor Minstro del Interior, pero le encomendó llegar temprano esa mañana y con ganas de manejar. Y él no debe acomplejarse con dilemas infantiles como eso de los olores y las extrañas advertencias de María Verónica. Si algo no se comprende se desecha, a pesar que ganas de manejar significa un raid kilométrico transportando casi ciento cincuenta kilos; así que a vestirse con vaquero y camperón mientras en el noticioso matinal un periodista justifica el extravío de algunos expedientes judiciales y “que las críticas al Presidente atentan contra los valores tradicionales de la Patria”. El tipo habla de un sangriento avispero que Blanes, mientras termina de arreglarse para salir supone como una comedia con poco argumento: intrigas nocturnas, amenazas, jueces, sobornos, subordinacion de paises a un negocio ilegal que de tan provechoso al Poder, ni parece ilegal...
Y la cirugía que le hiciera el Doctor Ferguson para anticiparle la memoria fue tan sobresaliente, que Blanes a veces alcanza a comprender esa filmación deformada que el Poder exhibe si le conviene, tiene ganas; o se le cantan las pelotas al mismo.


LAS MISIONES OFICIALES SON SAGRADAS

. Te viniste vestido de picnic, Blanes - lo incinera el Ministro al entregarle las llaves de un auto. Hay una camioneta azul estacionada enfrente - prosigue. ¿Conocés Rosario del Tala? Llegás un poco antes que salga el ómnibus de vuelta, estacionás la camioneta enfrente de la comisaría y lo demás es de otra gente. Borrate sin que te vean. Chau

Al guardarse las llaves de contacto, Blanes malició algo de lo conversado con María Verónica. Ya era tiempo de negociar el cargamento que desapareciera de un Juzgado en Banfield y que estaría protegido bajo tres candados en algún sótano del Departamento de Policía. Después algunos criticaban la eficacia del Gobierno. Un malentendido judicial tan reciente y ya salimos en busca de un mercado lejano de Buenos Aires. La Reina del Plata
- ¿Tenés alguna duda, Blanes?
- Ninguna, jefe, pero de paso voy a visitar mi pueblo. Me queda cerca.
- Chau, buen viaje - cerró el Ministro guiñando un ojo.

¡Qué simpático! De no haber sido porque últimamente él vislumbraba algo jodido, se hubiera sentido honrado por la cordialidad del señor Ministro, responsable de la seguridad interior de la Nación, y alguna otra minucia.


¿GAITAN CONTROLARÍA LA PRODUCCION COLOMBIANA?

Con el camino despejado, Blanes pronto dejaría la camioneta y alcanzaría el micro del atardecer. No quiere mezclarse en cuestiones que no entiende bien y prefiere hacer sólo su trabajo, porque la Oficina puede cometer errores, pero sin la roñosa interna política de Buenos Aires todo sería más previsible en su vida.
Linda época del año, la arboleda bate la fugaz neblina que se recoge en un montecito, trajinan los pájaros picoteando las plantaciones y la luz señorea por sobre los colores. Blanes disfruta su viaje como si no acarreara ningún pasado conflicto, cierto o inventado, y él jamás hubiera actuado triunfalmente en hechos resonantes, con barba negra o cabellera rubia, según le hubiera indicado la Oficina ¿ Y si ese ayer nunca existió, sería pura imaginación que por abril del ’48, él mismo, Blanes, se le acercó al Jega Gaitán, en la carrera Séptima de Bogotá, y lo liquidó?

No cualquier principiante podría atribuírse el haber baleado a Jorge Eliecer Gaitán en la vereda de su oficina y tan cerca de la plaza Bolívar, a doscientos metros. En Colombia el fulano ese era un líder peligroso, abogado discurseador creciendo en la simpatía de los militares y complicando el tablero con tanto gentío en las manifestaciones. Blanes recibió la orden y nada de preguntarse si convenía o no; debía eliminarlo a la una de la tarde del 9 de abril de 1948 y perderse en la multitud. Después, toda la gente de la ciudad salió a la calle en quince minutos y entonces fue el Bogotazo. Destrozar vidrieras, ocupar los edificios sin llevar armas, muchachada atacando a mano limpia y pura turba desencajada, aparición inesperada de especialistas en pregonar la Revolución que siempre es prometer la igualdad y la justicia de una vez por todas. También muchos optimistas creyeron llegada la hora y se mostraron pajaritos a ser cazados uno por uno.¿Y el tipo aquél, Roa, a quien la gente enloquecida creyó el asesino?... El Bogotazo, buen trabajo, ese Gaitán era un indio refinado y la Oficina procedió, aunque después hubo algunas quejas porque en el interior de Colombia los revoltosos le degollaron la familia a tres o cuatro hacendados de mucho prestigio. Y lo hicieron sin consecuencias, por joder y nada más.


¿ERA BUENA IDEA VISITAR SU PUEBLO?

Si lo mejor que podía sucederle era presenciar de nuevo el barullo de un sábado a la noche en el bar de la estación, repitiéndose expresiones y rostros en las mismas situaciones; nada para recordar. Pero como cualquier bicho viviente él quería su motivo para juntarse en algún sitio. Y a pesar que estos asuntos Blanes no los comprendía muy bien, en los mostradores de su pueblo también se agrandaban las recordaciones; a puro transcurso de años y ausencia de hechos con algo original que mereciera ser contado, el pasado se iba cargando de novedades. Mantenerse vivos consistía en lograr engancharse a un suceso que igualara a todos y los hiciera sentir girando dentro de una cápsula más o menos común. Las inundaciones del ochenta; la pelea contra el pueblo vecino al desbordarse el arroyo, menos grave que el odio en los partidos de la Liga Regional; fraude en las elecciones de mil novecientos noventa, cuando en una mesa electoral los oficialistas contaron más boletas que votantes, incluídos unos muertos que entraron al comicio varias veces. Como si para trampear la voluntad fuera necesario hacer esas tontería, a fin del siglo veinte, qué verguenza. O la extraña muerte del cartero Villalba, que un mediodía luego de terminar el reparto cruzaba la plaza con su valijón de cuero vacío y nadie pudo ver de dónde le llegó el escopetazo de Itaka que lo despedazó. Algún borracho se animó a calumniar que le dispararon de la misma comisaría y al principio también se dijo que Villalba andaba repartiendo unos panfletos comunistas, y aunque no era época de acusar con esas cosas, nadie lo lamentó: Villalba era un tipo que si alguien le caía mal podía morirse esperando una carta, porque era un hijo de puta capaz de quemar correspondencia en el fondo de la casa. Estuvo bien hecho lo del escopetazo. Villalba tenía una mujer espectacular, profesora de gimnasia y diestra en danza modeladora, que le metía ratones en la cabeza al machaje del pueblo. La mujer se embutía dentro de unos vaqueros apretados de resaltar la pelvis, y todos los veranos reducía su traje de baño en la pileta del Club Social, pies desnudos y dorados en sus sandalias abiertas. El cartero y su mujer habían llegado casados al pueblo y se rumoreaba que ella fue bailarina en Buenos Aires, así que a los tres meses que mataron a Villalba y nunca se aclaró, a ella la vieron irse del pueblo en el mismo ómnibus que tomó el oficial Salinas cuando le dieron el traslado.

Lindo pueblo; en realidad, pueblo de mierda cuando a él comenzaron a perseguirlo con estupideces descolgadas en cualquier momento y alusiones a eso que nadie podía saber, qué tanta joda, de Edna la ecuyére que años atrás acampara con el circo en la salida de las arboledas, cerca de la ruta. Manga de chismosos provincianos, diría María Verónica, si supieran que ahora él es Blanes, el hombre clave de la Oficina, nadie hubiera abierto la boca.


VIAJE AL PAIS DE LOS MATREROS

Ni bien Blanes cruzó a Entre Ríos se detuvo a cargar combustible. Llegaría en hora y dejando la llave bajo la alfombra de la camioneta y subiría al colectivo de la tarde. ¿, Eso le contrariaba la disciplina y podía entreverarle los afecto.s’? Aunque según María Verónica, los seres vivos no debían privarse de ningún placer inocente.
Al reanudar la marcha vio por el espejo retrovisor a dos camiones del ejército. Anticipación de Memoria de golpe desconectada ante esa veloz imagen de verse encerrado en su línea de circulación. Imprevisto volantazo, precipitación de chofer primerizo y en menos de cinco segundos el temerario Blanes detenido en la banquina. Con la naturalidad de alguien muy entrenado uno de uniforme le apoyó una pistola en la cabeza y con la mirada le anunció la decisión de gatillo inmediato. Así que Blanes, ambas manitos sobre el volante según aconsejan la Biblia, el Corán y María Verónica, y a dialogar con el adversario.
- ¿Qué traés en la caja, Blanes? - le habló el tipo con insignias de Mayor y sin aflojar el arma.
- Vos ya lo sabés – dijo casi hidalgamente.
- ¿Cuántos kilos?
- Creo que ciento cincuenta. No los pesé.
- Bajá sin hacerte el vivo y te volvés a Buenos Aires con la boca cerrada. Avisale al Ministro que en esta provincia el negocio es nuestro y mandalo a la concha de su madre. No te olvidés Blanes, de parte del mayor Chaves, ese saludo para su mamá.
- Faltaría más, los saludos serán dados; pero Mayor, si me voy caminando voy a tardar mucho.- sonriente requiebro canchero de Blanes para que lo devolvieran a Buenos Aires con cierta decoro.

“Necesidad operativa de la fuerza terrestre en obtener un vehículo: tres minutos”, calculó Blanes al ascender en un auto último modelo y echar el camperón entre sus piernas. Y gracias a la camaradería de los hombres de armas, viajó de regreso durmiéndose y desoyendo al hombre que manejaba.
- Con los militares en el gobierno se vive más tranquilo, ¿qué quiere que le diga? -insistió el tipo.
- Y, no me diga nada - bostezó Blanes mirando el cielo.
De pronto el día empezaba a descomponerse y no tardaría en largarse la lluvia. Mejor así; acaso pudiera verse con María Verónica fuera de programa y del episodio, ni media palabra a nadie.


Y LOS AUTOS CIRCULAN POR LA CALLE MOJADA

Llueve desde hace un buen rato y en el cuarto piso María Verónica y Blanes dejaron de ser invisibles. Se adhieren, juntan, enlazan, penetran, vuelan en vuelo blanco y se derrumban deleitosamente. Unico cuerpo de boca buscadora, territorios de incendio, incitación de un oculto juego misterioso. Recóndita piel, inusitada tersura de nuevo novedosa y en el estallido, mirarse en el hueco más íntimo de los ojos.
Y en esta hora que nos toca vivir no haremos nada. Asueto de cualquier duda en este disfrutar del apareo. Nos rozaremos, acostados, sin palabras, desnudos, naturalmente. Naturalmente desnudos. Y si la tarde llueve también casi al descuido, un presentir los autos en la calle, imaginar ese rostro que lleva en andas de lluvia la premura, suponer que por la ciudad enciende linternas el crepúsculo y también que alguien muere de amor si alguien no llega. En esta habitación vos y yo no haremos nada, tan sólo imaginarnos, buena tarea de dos en soledad si afuera llueve. Supongamos tu vestido en la silla, presintiendo su cuerpo adherido a mi forma y nuestras bocas puertos de más anunciaciones. Que esa luz indecisa se apaga en el rincón y nos abrazamo.s tenso.s de un miedo inconfesable. Gime el aire aguachento al sur de la ventana y mis ojos, tus ojo.s, .son de paisaje adentro. No hay porqué postergarnos, en esta hora ya no haremos nada. Ambos estamos solos y afuera llueve, no .se mueren los pájaros aterido.s de muerte y remansan lo.s navíos de labios buscadores. Tal vez é.ste sea el sitio de inventar una nueva ternura y encender nuestra hoguera con besos renovales. Sin preguntarnos palabras ni dónde se oculta el corazón de este imprescindible encuentro., y aguardar que la lluvia nos obligue a quedarnos...
- ¿,Vas conociendo las reglas de este juego?
- De a poco. Nadie debe oponerse a Disneylandia y las órdenes se cumplen en silencio. Además aprendí que en la cama siempre se repite las conversaciones.
- Sí, aquí ninguno es fanático de la verdad, se hace lo que conviene y apenas lo que corresponde. No te olvides.
- Te digo nena, eso idea me confunde un poco.
- Aquí cualquier estúpido quiere ser recordado como gigante y hermoso. aunque se caiga el mundo.
- Me cuesta entender esas cosas.-
- Debieran informarte lo de Juan Moreira.-


Y por decisión de Nosotros, la computadora también puede confundir los mensajes a Blanes.


EL 30 DE ABRIL DE 1974, MOREIRA GO HOME

- Vea don, esa mujer que usted conoce se 1o puede decir, porque reviviendo bien 1a historia real y no las apariencias, en el fondo estas cuestones vienen siendo similares. Y la María Verónica bien sabe que las raíces y los mandatos del matar y el morir son iguales, antes y ahora. Si no, ¿quién explica tanta matanza individual o las masacres de comarcas enteras: trágica averiguación de la especie por conocer quién manda en el grupo y vocación subir peldaños en la escala?
Imagínese usted la muerte del Juan Moreira; cuánta fantasía encendida más tanta eontradiccón y claroscuros del debate por ese personaje con mucho de realidad, porque existir, existió, y tanto o más de recreación literaria agrandada en las noches de reuniones en los ranchos, a puro mate y fogón. Y que yo, actor en esa muerte desde bien adentro, hoy pueda darle fe del sucedido Sin sensiblerías ni conclusiones de improvi.so, nadie mejor que yo puede describir aquella escena, repetida antes y más tarde, pertinaz reflejo de anteriores y venideras versiones que ninguno puede relatarle con más veracidad que yo, mi amigo... Debo decirle que no fue una buena muerte, si respetamos que el gaucho supo ser bárbaro de acampar al raso, armarse un fuego de cualquier manera, olisquear el asado crepitando en la desolada noche y sin ninguna compañía, meter vino entre pecho y espalda. Muñeco de la lejanía, capaz de combatir a caballo si el apuro así le aconsejaba; galopeador jinete entre trabucazos y lanzadas; sin embargo también, varón de pelear mano a mano y matar de cerca, mirando a los ojos y asustado hasta los ijares como cualquier mortal. Así que uno de esta catadura o linaje; llámelo como quiera; por abril de 1874 era buscado en los almacenes y paraderos de esa inmensidad de incipientes alambradas parcelando tanta tierra sin dueño. “Edad, cuarenta y seis a cuarenta y ocho año, estatura regular, color blanco colorado y picado de viruela, religión católica, vago y mal entretenido. Señas particulares: un balazo en la boca y herida en una mano recibida por la misma fecha”. Sin apenas una palabra que atestiguara “matador caído en desgracia por lenguaraz..”. El hombre había infringido el código y de pronto era perseguido sin ánimo nuestro de avistarlo, si necesitamos juntarnos una docena para salir al campo cuando nos anoticiaron que el fugitivo sosegaba en una casa de putas por las afueras del pueblo. Igual que si la realidad se empeñara en copiar la literatura, los de esa estirpe o catadura: llámelos como quiera: siempre se enredan en las suaves enaguas de las hembras de burdel. Y también a veces con alguna puta fina; una variante que la Oficina no aprueba de buen tono; usted lo sabe y se hace el distraído, Blanes.

La empresa de perseguir al gaucho matrero empezó al mediodía; los tres o cuatro responsables de proteger la decencia en el pueblo, nos aprontábamos a comer y llegó el encargue. La noche anterior había caído una helada de pelarse, muy prematura si recién despuntaba la mitad del otoño, fin de abril, y en la cuneta del caminito al Café Pompadour aún brillaban los cristalitos de la escarcha. Buena señal si se pretende un invierno llovedor... Sí, entendió bien, le dije Cafe Pompadour; es que ya nos venía de antes nuestra pretensión de extranjeros... Bueno, al comenzar la marcha éramos seis del pueblo y otros seis supieron llegar de Saladillo; un piquete del teniente Bertoni o Bertón, con cinco soldados montados sin entusiasmo, mirándose a ojeadas y contraseñas de bocaza grosera entre rebencazos y alguna costalada de los animales, como jugando. De verdad perdimos un buen rato rodeando el Pompadour, un portal grande medio celestón y paredes blanqueadas a la cal, hasta las traseras que limitaban con la pampa. Casa de putas en mitad de la lianura y adentro ni un murmullo; doble silencio del lugar adonde jamás ha sucedido nada, tan sólo el temor del viento agrupando en la sala grande a contarse cuitas y numeraciones del destino, a las mujeres que sabían emperifollarse al anochecer y Cata, la encargada, sargentona con rostro de predecir desgracias y un revólver Colt famoso de ser guardado debajo de sus faldas. No avistamos nada; todo fue apearse y volver a montar, sin una pelusita siquiera del célebre matador a quien nadie en la partida ya mencionaba, y quizá los cinco de Saladillo ni se animaban a imaginarlo, tanto se respetaba el miedo de nombrar su nombre. Así que a paso menos voluntarioso trotamos al Café de la Estrella, cortando medio camino por un potrero que nos llevó derecho, sofrenando en unos charquitos de la parte baja. Entonces sin rodeos, los cinco del pueblo y los dos tenientes nos adentramos en el primer cuarto y levantamos a ese Andrada; Juan o Julián, no me acuerdo; amigo inseparable de Moreira que ni se retobó y solamente pidio por la mujer, que no se movió de la cama y nos miró de mala manera. Lindo arrebato de ser una dama en aquella desolación de ecos devorados, esclavizante y castigadora de infinitud.
Ahora veo clarito el facón cabo de plata de Andrada, relumbrando cuando uno de nosotros. creo que Larcen, lo mira como si lo midiea al contraluz que entra en la habitación. Nadie vuelve a decir palabra, silencio de las premonlciones y re.oger hasta las miradas al ir a voltear la siguiente puerta antes que nos aflojara el coraje.
La primelra perdigonadas que llovió de adentro acertó en una rodilla del teniente Varela. El hombre nos aguardaba despierto y ahora verán si me llevan, bellaqueó, dejándose ver recién después que recargara el trabuco. Al enterade que así lod recibíría Moreira los cinco milicos de Saladillo huyeron a desbandada y alguno de ellos hasta carcajeasndo. No habían terciado señas para salir al galope, misterio de las inconfesables hermandades, burlona revancha de quienes nunca deciden contra el Poder que siempre ejercen los pícaros, o el miedo nada más, vaya uno a saber, pero los paisanos aquellos bien que talonearon las verijas de sus pingos y huyeron de galope. Y vea Blanes, develar el enigma de las admiraciones entre los peones de la tierra nos explicaría ciertas desgracias del pobrerío, pero de precavidos quizá los cinco de Saladillo se perdieron la pelea para prender al fugitivo Juan Moreira... Siguió una tarea cargada de insultos y alguna parlamentación pesimista y de pronto fuimos siete contra Moreira; esta vez sin cota de malla donde le rebotaban las puñaladas, como se decía, pero igual el hombre embistiendo al bulto; -este hachazo que tengo en la zurda me viene de ahí- y hoy, luego de un siglo y medio de aquella pelea, ni vale vanaglriarse, tan sórdida y despareja que resultó una parodia sin valor ni hombría... Hasta que por allí ese milico municipal de nombre italiano, un tal Chirino que jamás figuró en ningún acta y terminó mureidno por el barrio de Mataderos, en Buenos Aires, le ensartó al Moreira un bayonetazo cuando ya el hombre no se sostenía sobre una tapia, tan malherido venía. Pero lo mismo encaró de nuevo en contra mío y del sargento Isla, metiendo terror en el último embate, arremetida llorosa resignando un furor de fiera traicionada y esa boqueada de sangre encharcando uno de los pasillos de la casa. Después lo de costumbre: redactar un informe, pedir permiso al Cura del pueblo para tirar los huesos en el camposanto y por un tiempo entretenerse con la leyenda de la corajeada imbécil...
Esto sucedió, -o sucederá cuando le digo, por abril del ‘74- pero María Verónica esa mujer cercana del Poder le dirá que la certeza de las fechas y los nombres, al fin son de menor importancia; y muy insignificante resulta cualquier dato si los contadores de la historia vivimos tan anticipados...
Como le digo Blanes, a ese Moreira se le perdonaron muchas malandanzas menos pero menos que anduviera por los boliches divulgando quienes eran sus “sponsors” .


TANGATA CON ECUYERE DE PELO AMARILLO.

Blanes, tal vez no te parezca imprescindible conocer algunas cosas... -comenzaba así una prevención de la computadora- pero como estás designado a tareas en el sur del mapa y ahí necesitamos animalitos como vos, es bueno que entiendas algo. Nada de hembras de clase alta ni deleitarse con la buena mesa y las reuniones elegantes, Blanes; acercate al vino común y a la cerveza barata, siempre...
Y Blanes masca su podredumbre de reconocerse y estimarse sólo en sus delirios de toda vida, como Agente de la Inteligencia Internacinal y entreveros balaceros. Una vez supo que la matanza siempre es la misma pero desechaba distraerse con esa turbia filosofía arrabalera de amargados sin excusa.
- Dejate crecer la sonrisa y aplastate el pelo, así te parecés a Gardel, -lo insultaba habitualmente el Ministro pero él tomaba distancia recordando una frase de valor universal sentenciada por algún viejo de su pueblo: “si un tipo te jode mucho, cogele la mujer; si ella lo merece”.

Blanes acomoda su solitaria mesa para comer algo y en la calle a Buenos Aires le crece la sombra. Y si él no desenfunda la computadora, colgada en el ropero igual que una guitarra, proseguirá reinventando su ayer y los destiempos del aburrimiento; pobre perro que perdió el camión de la mudanza y mira sin ver. Tal vez en ese perseguir antiguas maneras familiares Blanes se enreda con su adolescencia en añs del setenta, cuando aquel resentido pueblito de provincia entró en el itinerario de un circo que luchaba contra su propio desgarro, carromato atemporal y decadente, y Edna, la pálida ecuyere que lo llevó hasta su catre y al rato debió consolarlo con acento eslavo. “Ya podrás hacerlo, nene, no es nada, no te pongas nervioso”. Instante ponzoñoso, imborrable; una mujer lejana descubriéndole el miedo a desvestirse, perpetua diapositiva jodiéndole la vida, bronca de ciertas memoraciones y tenaz arenilla en la garganta cada tanto...
- Che Blanes, ¿seguís enamorado de la rubia del circo? ¿No estarás caliente con el caballo, vos?
!Morirse por una cirquera que daba saltitos en el lomo de un caballo alazán, Blanes! Turra iniciación en el juego de las desnudeces, anticipación de la memoria, adrenalina de pibe de dieciocho años que “no puede” y que solloza apretado contra el pecho de una atleta de pelo amarillo. Aquella ecuyére que tristeaba sus primeras flacideces mirando al techo de chapón acanalado, ojos que tan lejos se fueron una mañana, Blanes...
El pueblo hasta tenía ruta a otra provincia pero nada en común con el penetrante paisaje callejero de la ciudad, postal de tanguera difusión que desde abajo le manda Buenos Aires. Por favor, -quisiera pensar Blanes pero no le da- contemplar el anochecer igual que un cualunque principiante en ejercicio de su soledad. Que se vaya a la mierda Edna y su recordación; afuera los paisajes con chicos ahogándose en las inundaciones y recién nacidos degollados de antemano por la tuberculosis. Déjenme de joder con los posters humanitarios publicitando el sida, la lluvia ácida, que cada hora se agranda el agujero de ozono y que el mundo se va a inundar; hablemos de fútbol hasta el cansancio y no dejemos que los Desaparecidos se salgan con la suya.
¿,En verdad, Blanes había galopado la tarde de solazo caliente, pingo zaino en una calle polvorienta? ¿Se convocó en la plaza pueblera a medir los eontoneos de las pocas muchachas del caserío; hembritas que miraban de regalo, al desgaire, a cuenta de futuras aproximaciones si no lograban huir a ciudades verdaderas? Tal vez; aunque para Blanes lo definitivo sería exagerar el vino de su comida solitaria.
- La chatura pueblerina se combate con ingenio.- ¿había ironizado María Verónica en alguna sesión de buena cama?.
- Mirá pibe, cualquier mujer puede anticiparte la memoria si uno piensa que “no podrá”.- era otra oración de algún viejo mujereigo. Entonces, qué tanto envenenarse la existencia.


AL BAR DE ABAJO LLEGARON LOS TUMULTOS


Frente aI bar de abajo la gente se aglomera en la vereda. Son muchos pretendientes; no todos pueden entrar a bailar, e1 lugar no alcanza, mañana tal vez si hay menos gente, no es posible vestidos de cualquier manera; no es para decir apartheid, desintegración, que los morochitos no son atrayentes, rozagantes, vistosos, pimpantes; no es anular la Revolución Francesa ni la Asamblea del año XIII, por qué insistir en entrar, no es cierto que la selección por apariencia es una manifestación gorila decadente y la muerte de las utopías en el siglo veintiuno;dejensé de joder, la casa se reserva el derecho de admisión, el delirio populista está muerto, ya molesta, está hecho mierda, es un guiñapo, harapo, molesto andrajo, un pingajo; a joder a otro con esos reclamos y en poco tiernpo sólo aceptaremos altos rubios de ojos claros y no digan ni medio de discriminación ni la santidad del Papa. Rajen de aquí basta de gritar apartheid, Revolución y

Derechos Humanos que los negros de mierda mal vestidos aquí no entran y se acabó. Apenas cruzarán la línea sus mujeres si son ebúrneas, pícaras, sagaces, astutas,piernas largas, traviesas y no se piquen ni se ofendan, irriten, contagien ni embaracen. Solamente sus mujeres entran aquí y ya dijimos, algunas, que a punto está algún guardaespaldas morochito de balacear a cualquier utópico que quiera entrar sin contraseña...
“Trabajo basura”, piensa Blanes al ver la escena desde el cuarto piso y lo interrumpió el timbre del teléfono
- ¿Blanes? Lo pesamos tres veces. Faltan diez kilos
- ¿Quién habla?
- No interesa quien habla. Vos conocés el juego – escuchó y colgaron. Blanes sintió tanta inquietud por el mensaje como por la firmeza de la voz. /Diez kilos/ Si él tan sólo se olvidó una bolsita en su departamento, ni medio gramo. O kilo. Má sí...


NOSOTROS CUIDAMOS DE LAS PALABRAS

Ya que el uso irresponsable deriva a riveras de confusión, debe saberse que las palabras no siempre son categóricas ni rotundas, de significado inmodificable y preciso, y según la voluntad del dicente, frases y palabras pueden ser espejismos de consternación y espanto, o también rutas del hastío y el consancio.-
- Las palabras son rastros inexactos y estrechos, apenas una preparación a la verdad; y nunca pueden convertirse en propiedad de los réprobos y temerarios que practican el oficio de la ofuscación.
- Esto viene a cuento porque algunos alumnos universitarios se divierten leyendo un panfleto insultante “Los jueces y funcionarios deben ser naturalmente perversos y deshonrados. De otra manera no podrían cohabitar ni casarse con esas mujeres corrompidas al punto de acostarse con jueces y funcionarios”.
- Así que Nosotros los Responsables le recordamos vivamente al Señor Ministro del Interior su obligación de oír, detectar y anular de inmediato las palabras inconformes. ¿Nos escuchó?


NADIE DEBE OPONERSE A DISNEYLANDIA

Ha llovido todo el día y la pequeña estación ferroviaria está desolada. La humedad envuelve el aire en su roña aguachenta y lame los escalones desgastados por donde Blanes entró y salió del lugar un par de veces. / Qué lo parió al Ministro, ordenarle “si no lo hacés hoy no vuelvas por aquí, compañero”. ¿Y al informarle la expropiación del cargamento que le hicieran el mayor Chávez y sus amigos? !Qué problema, ayer habían vuelto a matonearlo por teléfono!
Al anochecer, ese paradero de trenes se vuelve dormidero de perros sanguinolientos, sirvientitas que vienen a coger de apuro contra la parecita del íondo y linyeras a quienes la vida les importa un carajo. Y Blanes, sin nadie que lo viera, se aburre sentado en el único banco del andén. El farol ilumina apenas; “en estas fotografías tristes se inspiran los enemigos de la Buena Vida para decir estupideces”, un pensamiento impropio le entró y salió del cerebro sin ulterioridades.
Blanes aguarda a un tipo joven que arribará casi a medianoche. La cerrazón es un castigo en esa estación alejada de la ciudad y él no tiene otra alternativa que aguantarse y esperar; realizar su tarea limpiamente, según acostumbra, y volverse a la civilización manejando una hora su auto, sin que nada se conmueva en el Universo. En la ruta ya tenía previsto un restaurant donde mandarse su buena botella de vino con etiqueta marrón. /Qué noche podrida/ ¿También debía hacer esto, gato y sigilo con semejante tiempo? Buena ocurrencia la del señor Ministro, con seguridad abrigado con su mujer y mirando la televisión. Mejor así: nada de llantos, recriminaciones, no quejarse por cuernos más o menos ni enloquecerse por algún gramo faltante entre cargas y descargas. Salvo que fueran diez kilos...
El fulano que Blanes espera vuelve solo todas las noches. Baja del tren y sube por la calle lateral entre la vía y el campo de fútbol; y últimamente anduvo oponiéndose a que se realicen “Concursos de Belleza y Torneos para Gente Elegante”. Una enormidad tan grande como repartir ese panfleto que hizo reir tanto a María Verónica por eso de las mujeres corrompidas al convivir con jueces y funcionarios.
En el paradero ferroviario no suele bajar nadie y Blanes percibe el pulso rumoroso de un motor. Se acerca una locomotora que pierde intensidad y él se compone el impermeable, calzando su puño derecho en el bolsillo. La Oficina no invierte en alguien que dude; aunque luego deberá averiguar si estos trabajos con los estudiantes no serán asuntos particulares del Ministro. ¿Servicios especiales al mismo precio?.
El tren detuvo su marcha y suenan pasos en el andén. Al moverse de nuevo el coche motor un muchacho aparece de cuerpo entero; diarios y un libro debajo del brazo, se detiene a levantarse el gabán antes de salir a la llovizna. Ni bien camine la callecita con la cabeza hundida en los hombros, Blanes lo seguirá: más sencillo que matar una mosca.
Ultimamente las cosas no resultaban bien para el muchacho. Creía que en su trabajo la moda era callarse la boca y en la Facultad donde estudiaba se discutía poco y nada. Sentirse bien consistía en creerse propias las maravillas que le sucedían a los demás; y era obligatorio sentirse bien. Los pasos que percutían detrás de él no eran lejanos ni montados en las vías; noches y noches había intuído a Blanes acercándose en un silencio tenebroso. Con diecinueve años ya es bastante grandecito para asustarse, pero no lo divierte saber que bajo esa llovizna “se ganó el premio mayor” y no continuará. Quedan tres o dos años para llegar al dos mil y las reglas son claras, le han informado con afiches y televisión. Pero él no se resigna. A estallidos de luz, una bruma acuosa remolinea sobre la cancha de fútbol. En el final de la calle, tras ese angosto pasadizo de brea irregular, se ilumina una hilera de casas bajas. Una era la suya, tan cerca. Aún el viejo estaría despierto y hablarían un rato de política, qué lástima. Un charquito le reflejó una figura detrás suyo y Blanes sólo le dio tiempo para oir el disparo.


POR ENERO DEL 61, LUMUMBA ERA UN NEGRO MALEDUCADO

No hay mayor depredador de las buenas costumbres que un negro intelectualizado. Los intelectuales blancos no son peligrosos; si comen todos los días suelen comportarse correctamente y apenas cada año arriesgan una declaración ética para que los demás sospechen alguna intriga en las entretelas del Poder, y nada más. Pero Patrice Lumumba es un pesnador de alto riesgo, - le anotició la computadora a Blanes – y eso de hablar en francés y haber cursado en universidades de Europa no le cambiaron su condición de negro y continúa siendo el mismo patotero de cuando era pibe. Un maleducado capaz de ofender al mismo rey Balduino, flor de monarca, gente bien que siempre supo ser un caballero. Es que hablando un ratito con Lumumba cualquiera se aburre con el Cuento de Hadas de la Unidad Africana, de La Independencia del Congo y Libertades de la Puta Madre para captar a los Simios Analfabetos.
Blanes piensa sobre Lumumba y maneja su jeep amarillo. cerca de Elisabethville. Su barba de dos semanas le armoniza con su melena rojiza que sujeta con la vincha de American Express; pantalón caki por la rodilla y zapatones de artesanía italiana, doble suela y caña de becerro al tobillo. María Verónica ni lo reconocería. Vestido presentable y de acuerdo a esa circunstancia, según estila un hombre de honor, Blanes driblea por el camino a Mutshashata, donde el Gran Jefe de Katanga y el G!ngo, Moishe Tshombé, guarda en inviolable celda a Patrice Lumumha. Personaje riesgoso de la unificación y libertad africana, maléfico hechicero de una banda de salvajes malparidos que pelean contra el rey Ba1duino y Los que Mandan por encima de estc flor de monarca... El negro Lumumba desafía y desafía, como si en la Oficina nadie imaginara que después vendrá a nacionalización de los mineralcs, la igua1dad entre blancos y negros o alguna atrocidad parecida para retornar a la se1va. /Hahráse visto negro más sinverguenza/ Y si nadie organiza una buena pelea entre estos africanos atorrantes, ésta terminará siendo una novela de nmunca terminar...
Tamhién conoce Blanes que 1iquidar a Lumumha en esta espesura pantanosa, de tarzanes gritones y monos blancos con el culo al aire es mas fácil que robarle monedas a un ciego: y antes de calcinarse las pelotas en el Congo promoviendo peleas triba1es, él se sentiría mejor metiéndole bala a los barhudos cubanos que traicionaron al mundo occidcntal y cristiano. Porque si 1a invasión a Cuba y la muerte de Lumumha suceden más o menos por la misma época. es una lástima perderse la excursion a Bahía de 1os Cochinos; pero si la Oficina lo destinó al Congo. él ahí dehe actuar, piensa. No se puede estar en misa y repicando. Y al Che Guevara ya lo cruzará en Vallegrande, que ese episodio lo presiente como si lo estuviera viendo en televisión. Este Blanes... Y piensa qué calor, en Buenos Aires al menos se respira si cada tanto levanta un vientito, pero en el Congo las tropillas de murciélagos y vampiros no dejan dormir, no hay un miserable cine con refrigeración y los mosquitos son de tamaño cóndor. Una joda para morirse en semejante selva, donde el mes de enero es igual a setiembre, cuando Lumumba se les fugó de Leopoldville. Albertville, Elisabethville; recién se daba cuenta Blanes de cuántos “villes” con nombre de la realeza belga y estos animales que preferían seguir siendo negros africanos. No saben lo que se pierden...
En el asiento derecho del jeep, Blanes lleva una ametralladora Fal, joya de la ingeniería belga; liviana, de repetición y tiro a tiro, macanuda por si de la espesura surge algún zulú con un hueso de pollo atravesado en la nariz. Blanes controla los detalles del safari y avanza en el peor trecho del camino; franja de tierra colorada,misionera, y subida a pico de conectar la tracción delantera del vehículo, violenta acelerada, vegetación que se abate contra el parabrisas y las ramitas húmedas se enredan en su barba encrespada. Pero bajando ese repecho, a Blanes lo atropelló un apremio atávico, ancestral impulso que le venía vaya uno a saber de dónde. Figurita de álbum desgastado, sintió un empujón y de inmediato estuvo erguido en el pescante del jeep igual al carrero que admirara en su pueblo de Entre Ríos, cuando era chíco. Compadreando por Mutshashata como si el jeep con los emblemas de American Express fuera una chata tironeada por dos caballos. /Qué descrédito si esto lo sabían en la Oficina, donde no permitían argentinizar las situaciones para evitar malentendidos/
Perdida en la selva, la cárcel de Mutshashata es bien moderna. Adentro pernoctan Patrice Lumumba y dos de sus insignes alcahuetes; Maurice Mpolo y Joseph Okito, un par de negros que de puro ilustrados se pusieron nombres difíciles de pronunciar. Blanes frenó el Jeep y se anuncia encendiendo y apagando las luces. Sin demora, el guardia libra el portón y sacude el casco en la reverencia; cuando Blanes, cancheramente, le guiña un ojo. Buena manera de ingresar, marcando su nivel, y a cien metros de la entrada prepara la ametralladora y se manda a una oficina, pateando la puerta.
- ¿Estás loco Blanes? ¿No sabés que con el calor dejamos la puerta abierta? - lo frenó un tipo de cara conocida.
- Se acabó, - comenzó gritando - aquí no hay presidente Kasavubu, Dean Rusk ni John Kennedy que valgan. La Oficina quiere soluciones y aquí estoy yo.- matoneó al sentarse y apoyar los pies en el escritorio, dueño de la situación. Algo que se pueda tomar con este calor.- siguió ordenando Blanes al encender un Camel. Los guardias negros; que aunque no entendieran demasiado, iban bastante al cine; se chocaron por llenarle un vaso de whisky. El le dio fondo de un solo trago y suspiró enérgicamente, al comenzar con sus primeras opiniones de Memoria Anticipada a “los encargados del establecimiento carcelario”, según los definió y los tipos sonrieron.
- Con el perdón que los negros se merecen -comenzó Blanes muy gentil - quiero saber cuál fue la ayuda que los africanos dieron al progreso del hombre. Y no se ofendan, pero ustedes no aportaron un carajo a la civilización. Aquí no se inventó la rueda, la matemática, la escritura gótica, el bizcochuelo ni el arte. Solamente la mierda inventaron los negros. Y ya lo dijo Borges: sólo compusieron los blues de Handy y la rumba “ El Manisero”...
Blanes se complacía de su imprevista sabiduría sobre Borges, ese viejo loco que usaba un bastón; y también que

con sólo insinuar el vaso vacío los tipos se apresuraban a llenarlo.
- Ustedes no saben quién soy yo, pero en la Of icina sabemos todo. Así que conmigo nada de joda. Esos mentirosos de la historia y la otra macana moderna, la antropología, continúan delirando con que la creciente civilizadora fue pareja en China y Africa. Puro invento, no existen documentos firmados probando que en Africa se apoyó la cuna del hombre. ¿Ustedes Ieyeron jeroglíficos de aquellos años o vieron en la television que sucediera eso? - preguntó Blanes indicando de nuevo el vaso.
- No - contestaron los negros en diferentes dialectos.
- Entonces.¿se aguantan que les cuente algo’?
- Como no Blanes. hablá tranquilo.- dijo riéndose el mismo que conocía de otro lugar, estaba seguro.
- Bueno, los ateos antipatriotas andan divulgando que la cultura europea nació en civilizaciones que habitaron el valle del Nilo. Y dicen que antes de la invasión de los árabes, por aquí andaban los imperios africanos bien organizados y existían florecientes centros comerciales. Muchos aseguran que la cagada se armó porque los árabes trajeron con la expansión del Islam a los tuareg y los hereberes. unos animales con perdón de los camellos. ¿Es cierto esto que digo?
- Queseyó- gritó a coro la negrada compuesta por negros comunes, negros de mierda y negro la puta que te parió.
- Eso es todo verso y macaneo. Por más que los árabes hayan jurado que Ghana; al norte de aguas entre Senegal y Níger, era el primero y más pró.spero reino de Africa Septentrional que se conociera desde unos veinte mil siglos antes: - seguía Blanes la lección de la computadora IBM. aunque confundiendo algunas fechas.
- Bueno Blanes, decí a qué viniste, que me espera una mina.- lo apuró un negro que conocía del barrio y no era africano, seguro.
- Estoy aquí por la Gran Agitación de Izquierda en el Congo. Es el mes de enero del 61 y en Africa hay un despelote infernal. El presidente de ustedes es un tal Kasavubu, Lumumba ha sido depuesto como Primer Ministro y Dean Rusk, Secretario de Estado del presidente Kennedy, tiene un plan para neutralizar a los cinco bandos de salvajes en una sola lucha dentro de Africa.
- El mejor negocio de los ricos es una pelea entre los pobres.- se animó un negrito petiso antes de huir a la espesura de la selva.
- Esa gilada la pronunciará en el futuro un escritor argentino: pero hoy Patrice Lumumba está aquí, cárcel de Mutshashata y a disposición de Tshombé. Yo soy un democrático monárquico y no se olviden cuánto les diga si no quieren que los reviente a todos...
Los guardiacárceles seguían asombrados por la sabiduría de Blanes, que no terminaba de explicar ni de empinar el vaso de whisky.
- ¿,Están encerrados con Lumumba, Mpolo y Okito? preguntó de pronto. Entonces, a las diez de la noche yo entro y me los cargo a los tres para dar un paseíto por la manigua del vecindario. Antes dejaré que Lumumba anote en un papelito celeste que vinieron a matarlo y se lo entregue al negro Samji Satchou que duerme en la celda contigua.

- Con Samji no te metas, Blanes, que la familia trae cigarrillos y whisky.- se asustó uno con cara de coimero.
- La Oficina lo sabe todo.- canchereó Blanes. Por eso ustedes a Samji lo dejan huir al amanecer, como si esta fuera una cárcel argentina- se recostó Blanes zampando los zapatones encima del escritorio y observando el ventilador del techo.
- Este negro Lumumba -prosiguió- se agrandó cuando muchos pibes empezaron a llamarse igual que él. Pero en un rato yo le haré escribir un Histórico Papelito anunciando su muerte, después los maniataré al jeep a los tres sin que nadie me vea les meteré una ráfaga en medio de la selva y a otra cosa. En diez días los cuerpos serán reconocidos por un médico llamado Guy Piete, que eso ya lo contratamos con los diarios y la televisión, y Tshombé dirá que lo enterrarán en lugar secreto para evitar peregrinaciones. Una semana más tarde la mujer de Lumumba encabezará manifestaciones reclamando el cuerpo de su marido, con el pecho al aire, ritual africano me dijeron, pero como cualquier negra que tiene hermosas tetas, las quiere mostrar. Todo será como les anuncio ahora, por mi Recuerdo Anticipado: los tres hijos de Lumumba; Francois de trece años, Patrice de siete y Juliana de cinco; serán traídos desde El Cairo y aparecerán fotografiados con cara de buenos negritos en todos los diarios del mundo. Fidel Castro izará una bandera a media asta y apagará su cigarro en señal de protesta, los argentinos manifestaremos nuestro más enérgico silencio y el Santo Padre diciendo “menefute” en latín concluirá el asunto. En la historia romántica y rosa Lumumba será el muchachito bueno y nosotros los hombres malos; aunque él seguirá muerto, exaltó Blanes la última frase y le trepidó el vaso. Y recién sintió hallarse solo en la cárcel de Mutshashata, cuando el negro que conocía le habló antes de irse.
- Che Blanes, vos siempre meando lejos del tarro. Del asunto Lumumba hay tres o cuatro versiones que ni conocés. Una dice que el 17 de enero de 1961, a las cuatro de la tarde, un avión de línea congoleña descendió en Elisabethville con los tres prisioneros y al bajar, los mataron unos soldados katangueses en presencia de los cascos azules de UN. Todos suecos que se hicieron los suecos. ¿Te gusta esa?
- Pero 17 de enero de 1961 es la semana que viene.
- Por eso te digo, Blanes, con la cirujía ese Mr. Ferguson te robó la guita. Si anticipás bien tu memoria sabrás que al avión lo rodearon los gendarmes y unos oficiales belgas. No te olvides; sucede en Katanga, territorio de Tshombé enemigo de Lumumba, del avión los bajan a patadas en el culo y Lumumba, que es un tipo muy delgado, trae la cara desfigurada por los golpes y las manos atadas en la espalda. Las personas que aguardan en el aeropuerto observarán el espectáculo con indiferencia y sin ver, como si nada.
- ¿Y yo no estoy ahí, matando a Lumumba? ¿Vine de Buenos Aires con este calorazo, me separo de María Verónica y no aparezco en la película? - se inquieta Blanes.
- No verás ni una foto tuya. Te cuento más: a Lumumba y los otros dos los patean en el suelo y los cascos azules de las Naciones Unidas como unos oficiales belgas miran para otro lado. Los suben a un jeep amarillo, parecido al de Camel, los tipos todavía siguen vivos y en el camino los matarán a bayonetazos. El tiro de gracia se los pega un mercenario blanco, y este desenlace admite dos nombres; el coronel belga Huyghe o uno de nombre Gat.
- A esos dos los conozco - deliró Blanes /Qué van a matar/
- Luego se dirá que los cuerpos fueron conservados en formol en la Unión Minera de Alto Katanga. El gobierno de Tshombé dirá que se fugaron y murieron devorados por unos antropófagos, mirá qué explicación, y las Naciones Unidas lo negaron. Lo mismo el asunto quedará en la cuenta del olvido. ¿Te gustó, Blanes?
- Ni loco. Los diarios tradicionales escribirán que mi tarea de “resguardar el Derecho Natural de los blancos en Africa es heroica”; y menos conservar cadáveres en formol habiendo tantos cementerios clandestinos en América Latina. Y ahora tomátelas, negro. Yo debo trabajar que para eso me paga la Oficina.- se quejó Blanes de andar perdiendo tiempo con tanta conversación...


LUMUMBA NO QUISO PERDER TIEMPO

- ¿Qué hacés negro Lumumba’? - entró Blanes a la celda, saludando.
- ¿Qué decís Blanes, tanto tiempo? ¿Y ese disfraz de expedicionario?
- Mi vestuario es exigencia del contrato. Pero no te hagas el gil, negrito Lumumba, que vos ya te me escapaste en setiembre del año pasado.- le recordó Blanes al otro que seguía escribiendo un histórico papel celeste.
- Dejame un minuto que ya te atiendo, Blanes. Vos sabés. es una misiva para una negrita que me curto en la maleza. Che. Ievantensén que Blanes vino a matarnos.- alzó la voz Lumumba para despertar a los compañeros.

- Si volviste drogado, Blanes, andate al carajo.- se desperezó uno que por su aspecto sería Okito. O Mpolo, pero tan maleducado como su jefe.
- Aquí en el Congo se acabó la fiesta - comenzó Blanes un breve discurso, aflojando una ráfaga al aire. Llegó el argentino justiciero que aguardaba la civilización. /Mueran los radicales de la sinarquía internacional, bolcheviques y social demócrata. Vivan los salvajes unitarios/
- Pará loco, que a esas “metras” las carga el diablo.- le advirtió Okito, o Mpolo, que se desvelara al recibir una bala en el taparrabos... Y enseguida los tres africanos decidieron caminar hacia el jeep amarillo de American Express.
- Desde pibe fuiste un boludo, Blanes. Venir a levantarnos del apoliyo a esta hora.- le aseguró Lumumba al salir y tirando el “Papelito Histórico” en la celda donde dormía Samji Satchou; a quien con el tiempo se lo acusara de doble agente. Congo y belga.
- Viva la libertad y la justicia - fortíssimo de Blanes diminuendo a pianíssimo al descubrir la estupidez de la frase. En verdad, esos tres negros alimentados a leche de cocodrila no le inspiraban nada publicitable; y menos la respuesta final de los africanos.
- Andá a cagar, Blanes. Y devolvé los diez kilos de merca que te guardaste. – dijeron los tres que iban a morir y apuraron el paso para terminar con esa mariconada del asesinato en la noche y por la espalda, al mejor estilo militar de la Oficina.


PLACEMES OFICIALES A BLANES Y FAMILIA

- Blanes, son un boludo hijo de puta. Te dejaste mejicanear por unos milicos de mierda. No tenés perdón de Dios.
- Jefe, no se olvide de agradecer el saludo del mayor Chávez.
- Hacete el chistoso, gil . ¿Y ahora yo que digo, que me asaltaron los boy scouts? -preguntaba reputeando el Ministro del Interior; alto y flaco de bigote negro, un mafioso de doble apellido, según opinara un diario que luego fuera reventado en la Noche de la Libertad de Prensa. Pero de tan familiarizado con las puteadas del señor Ministro; que esta vez no terminaba de abominar ni de sentarse en el mullido sillón; Blanes empezó a caminar hacia la puerta del despacho, calculando cuánta guita serían esos kilos vendidos en Francia o en Alemania. Un verdadero dineral, aunque eso poco le interesara a él en ese instante.

- Jefe, consuélese con que el mayor Chávez es un militar de honor y no vende cocaína bajo el precio oficial.
- Esa es buena noticia, Blanes, y la otra es matate – le vociferó el Ministro pero ya Blanes habíá salido diciéndose que la bolsita guardada en su departamento antes del frustrado viaje a Entre Ríos, era sólo una atención personal que él se debía. Porque nadie debe confiar en la lealtad del otro por más prontuario policial lavado y planchado en lavanderías judiciales, lo mismo que hicieron con esos blanqueadores de dólares yendo y viniendo con valijas que nadie revisaba. Blanes no debía la menor carátula de expediente, limpio de hurto, robo de auto, lesiones; y hasta limpio de cuando fue primer actor en la siesta de un pueblo vecino al suyo, asallando a un tipo con anteojos, que nunca se supo si le hizo frente o de puro asustado le metió una patada y arrancó a los gritos. Ahí nomás el alboroto y de pronto él se descubrió corriendo con un revólver en la mano derecha y un zapato mocasín en la otra mano, su único botín. Yo no protejo chorritos baratos, ayer hubiera sonado injusto en la boca del Ministro, pero ahora, tanto el faltante como lo de Maríía Verónica eran cuentos de otra historia.

Antes de salir del Ministerio un tipo lo empujó deliberadamente.
- ¿Qué te pasa Blanes? ¿No conocés las reglas del juego’? -y él se hizo el distraído.


ATAQUE NEOYORQUINO POR LA ESPALDA

Antes que Frankie Balinger volviera a dar cartas, Blanes abandonó el paño verde y caminó al Ministerio. Cruzando la peligrosa zona bancaria de Buenos Aires, se saludó con unos patinadores sobre la nieve, de portafolios en mano y corbatas italianas. Los muchachos hacen bien en divertirse, pensó, y siguió a su despacho por el atajo de la Plaza de Mayo. ¿Qué esperan para acribillar a los jubilados que dan mala imagen al turismo, y envenenar esas palomas de porra que enmierdan las baldosas? ¿Qué diantres significa esa pirámide en el medio? ¿,Está allí para que las madres de los sucios Desaparecidos caminen alrededor los jueves a la tarde? -se preocupaba Blanes. Es que traía un humor del demonio y la resaca de la noche pasada con Frankie y el Pelirrojo, jugando poker. En las primeras manos no le iba del todo mal, hasta ese momento en que le sirvieron cinco cartas en blanco. Fuck you Frankie, eres un tahur de los muelles - le había dicho. Siempre haciendo trampas con esas barajas que nadie puede entender.
- Caramba Blanes. Vaya caradura, él ha preguntado por ti varias veces.- lo recibió Linda, la secretaria, apretándole su bragueta al saludarlo.
- Quítate de ahí, golfa - masculló tirando el abrigo y el sombrero sobre una silla, semblanteando de reojo a esos holgazanes de pacotilla que comentaban los records del béisbol en el Despacho General. Sobre la Plaza de Mayo había dejado de nevar y unos nativos se dejaban tomar fotos con los turistas. Reclinado en su silla, Blanes fortalecía sus nudillos presionando una pelotilla de frontón.
- ¿Que hay de nuevo, Linda? - preguntó al tiempo que su secretaria le servía un Martini.
- Falta la aceituna, tontuela- dijo secamente Blanes.
- Es que tengo jaqueca. Anoche supe que invadiremos Suiza, para recuperar los restos de Borges. Lo mismo que hicimos con las Islas Malvinas.
- No cuenten conmigo; yo pondré pies en polvorosa.afirmó jugando con su pistola de tiro oblicuo. Dos cargadores cayeron al suelo y Linda se agachó a recogerlos. El Ministro del Interior ingresó hablando con gesto irritado.
- Diantres, ¿qué piensas tú que estás haciendo? - le espetó a Blanes. ¿Dónde diablos estabas cuando reclamé tu presencia?
- Por las calles, luchando contra la violencia - respondió Blanes con su mejor tono de Brooklyn al sur.
- Me haces mucha gracia, Blanes; pero debes estar aquí al amanecer si quieres conservar tu maldito empleo. ¿Has oído, patán?
Cierra tu asquerosa bocaza, Ministro. Llevo tiempo por acertarte un puntapié en la espinilla y tú me provocas para
que este sea el momento.- repitió Blanes su imbatible estilo de broche en la nariz. El cura católico de guardia en el Ministerio se interpuso entre los hombres, presos del rencor. (¿O presas...?) El Despacho General se convirtió en el reino del silencio, mientras Linda retornaba de levantar los cargadores rozando de nuevo la bragueta de Blanes.
- Guarden calma, hijos míos - comentó el pastor de almas. El Ministro del Interior, un católico de los de antes, se retiró con la cabeza gacha y Blanes continuó guardando sus pertenencias. Allí quedaron unos boletos para el juego de esa noche, entre los Red Sox y El Porvenir de Gerli... Mejor sería que fuera por la revancha a casa de Frankie el pequero, llevando su propio mazo de cartas y de paso cogería sus dados cargados en el estanco de Petç, el sordo. Fuck you, Frankie, tahur de los muelles, te desplumaré hasta tu chaqueta pulgosase dijo Blanes. Así que recogió su abrigo y enfiló hacia la puerta, secando al paso una reincidente lágrima en el rostro de Linda.
- Te extrañaré, Blanes. Y el hijo de mis entrañas llevará tu nombre- confesó Linda sin contener el llanto.
- Okey chica, nos vemos.- y agitó la mano en despedida.
- Quítate de mi vista, rufián – y sin desconectarse del canal latino Blanes se despidió amedrentando al Ministro del Interior, quien ya recibiría sus noticias.


LAS ASPIRACIONES DEL MINISTRO

El Ministro del Interior solo en la intimidad de su despacho y según corresponde a un político popular, medita en mangas de camisa. La corbata floja y suelta, como dice el tango, se inclina en el escritorio para darse un toquecito de la mejor mercadería, blanca imprescindible luego de un día de agitada tarea ministerial. En el Gobierno Constitucional, elegido en intachables comicios en 1989, a ese placer y a comer pizza rociada con champán tienen su derecho desde el señor presidente al casrgo de subsecretario. Y bueno, cosas de la política...
El cargamento que le quitaron a Blanes, el idiota, es un asunto tan serio como esa banda de policías jerárquicos dedicados al secuestro esxtorsivo, los filmados de las fiestas negras de la señora del Presidente, Primera Dama, o la broma del Enemigo de la Patria que le mandara los datos del actual macho de María Verónica, su mujer. Qué infamia, Vero no se regala con guardaespaldas, y se conformó buscando salir porque . ser responsable de la circulación por todo el territorio nacional y extraviar una fortuna en un traslado vulgar y silvestre trae escozores nada familiares. A los asociados estas noticias los tornan locos peligrosos y pueden reaccionar igual que si los amenazaran con legalizar el negocio. Entonces, ¿cómo no darse una buena aspiración para que la vida recupere su belleza? De cualquier manera, esa noche sin falta se comunicaría con Chávez, ese advenedizo que trabaja por su cuenta.


EL PUEBLO MERECE QUE LO AMEN

“Este Ministerio, responsable de la seguirdad interna, tiene la obligación y el alto honor de informar a su amada población”. (Jamás algún comunicado habló de la “amada población”. Esta es una sutileza). “Que en el día de la fecha, en un operativo conjunto efectivizado por Inteligencia de este Ministerio y efectivos del Ejército, en la provincia de Entre Rios se interceptó una camioneta de color azul, chapa patente 926.829, que circulaba transportando ilegalmente trescientos kilogramos de alcaloides de máxima pureza, destinados a su comercialización en el territorio nacional”
(Imaginativa primera parte. El querido mayor Chávez se llevó, oficialmente trescientos kilos. Buen movimiento que tiene lo suyo)
“Que el valor del material valerosamente interceptado y en custodia del personal militar a cargo del mayor Chávez, del Cuarto Cuerpo, asciende a más de tres millones de dólares”. (Aumenté tu heroísmo, mayor Chávez. Así no insultás a mi mamá).
“Que en el procedimiento efectuado en horas del mediodía cerca de la isla Talavera, quedaron detenidas además dos personas de nacionalidad colombiana, aún a cargo de los efectivos uniformados” (Esto te ayudará para el ascenso, Chávez. Te reconozco Desaparecedor y si querés meterle unos tiros a Blanes, te regalo las balas).
“Que debemos inscribir a este operativo como un éxito del Gobierno Nacional y agradecer la participación de especializados investigadores de la DEA, dependiente del Departamento de Estado Norteamericano y aliada en esta cruzada contra el narcotráfico apátrida y ateo”. (Buen comunicado, Ministro. Y si no involucrara al tarado de Blanes publicarlo ni sería peligroso)

Y terminada la comunicación al pueblo amado, el Ministro se pegó un aspiración bien profunda para que el despacho restallara de estrellitas y vírgenes dulcemente desnudas.


SI NO ACABAR ACABA CON EL MUNDO

Cuánto se maldecía por aquellos minutos que ojalá no hubieran existido nunca, pendejo de dieciocho años desplomado sobre el colchón rancio de una _ casilla rodante y Edna diciéndole “ bueno nene, que no se te pare no es el fin del mundo”. Y el silencio. Mientras afuera el aire agita un fragmento de misterio y viaja tosiendo el Forcito del gallego Germán, camino de las quintas. Perpetua representación, paisaje de un pueblo que repite los movimientos.
La ecuyére rubia esquivó la vigilancia de su tío, dueño del circo, y otra vez encerró al pibe Blanes en el carromato. La vez pasada ella bromeó con el asunto y mimoseó al muchacho contra su pecho, pidiendo no despertar al caballo con sus lamentos. Con dieciocho años Blanes no levanta la vista y boca abajo digiere una tristeza mortal, acritud de acaroína y pulguicida, olores que uniría al fracaso para siempre. Había pasado el día entero pensando en Edna, prediciendo que de nuevo él no podría y sería la última noche; ninguna ecuyére de circo soporta los agitados sudores de un tipo por tan poco beneficio; y al tratarlo maternalmente ella le hizo comprender que la bronca huele a colchón húmedo y pulguicida...
Así que Blanes dispuso repetir la escena. Y entonces, invisible gato silencioso, apreció el tosido entrecortado del camioncito del gallego Germán cuando el quintero le dejaba regulando el motor en la puerta de su depósito de verduras. Y más allá, esas dos hileras de álamos quijotescos, camino que llevaba y traía a los del pueblo y en el final, casi llegando a la ruta, el carromato de Edna que se dejaba ver desdibujado. Pero esta vez él no esperaría la señal de ella en la oscuridad, abrir y cerrar la puerta rápido y un alumbrón de faro a kerosén desparramándose por el campo, sino que iría a lo macho y empujaría la puerta, sin rodeos ni temores. Porque cayeron ya un montón de almanaques y e.s Blanes de treinta y cinco años, imagina como Edna le abre y se recucsta dócil en el camastro. cruza un aroma a desinfectante y él descubre la desnudez de la ecuyére tal vez más tersa y delgada. La mujer mantiene el pelo rubio y crecido sujeto con una cinta de terciopelo negro y la piel le luce joven y brillante. Hay un par de botas doradas sobre un costado, igual que tiempo atrás.
- Te aguardaba.-le dice con una voz que Blanes no recuerda- pero las voces no interesan, porque él ya juega adentro de ella, vigoroso, imbatible; y esta noche nadie desvelaría al caballo de Edna con lloriqueos.


CONTRAPUNTO DE PUNTERO Y CHINGOLITO

Un alumno no podía transcurrir tres años del colegio primario raspando un palo de escoba. Pero nadie lo frenó a tiempo por no respetar el orden y entonces en la hora de las Manualidades, el loquito inadaptado justificaba la materia afinando un palote de ochenta centímetros con un vidrio verde, un culo de botella. Con sonrisita de burla y a pesar del asma, el tipo decía construir un puntero para regalarle a la maestra. Raspaba con el vidrio sin molestar los dientes y a ritmo; casi con elegancia rebajaba ese imbatible palo de escoba que apenas modificaba de un año para otro. Iba y venía su herramienta, anunciando un polvillo invisible en cada vaivén y trocando el encierro del aula en aroma de pino recién cortado. Un buen puntero para señalar en el pizarrón no demanda menos de diez o quince años de colegio, así tan importante era el ritmo de la tarea. Fiuzz, fiuzz, el vidrio destellaba su reflejo verdoso y en los primeros días de alguna primavera, el loquito contrapunteó
contra un chingolo de compadrear su canto en el esquinero del patio. Y por el tercer año, cuando ya el tipo dominaba a su antojo los sonidos que ponían los dientes de limón, el chingolito se fue de gira por la arboleda y ya ninguno fue dueño del contrapunto.
Luego el mismo personaje anduvo por ahí y Blanes bien lo sabe. A principios del sesenta, en Punta del Este, Ernesto Guevara es el Che que se burla de la Alianza para el Progreso, repite estupideces y al reclamar unos Derechos Humanos innecesarios, Blanes le descubrió la anterior sonrisa idiota de raspar el culo de botella sobre el palo de escoba. Fiuzz, fiuzz, el chingolito quizá le contestó desde la galería y no era casual que ambos debieran ser controlados.


JAMAS LA FANTASIA SUPERA A LA FANTASIA

Aquello de tomar cerveza barata y vino del común no debe ser una condena a perpetuidad; es una historieta para los que no pudieron saltar del bote perdedor. Por eso, como si estuviera ganando un desafío, Blanes se sirve un abundante whisky con hielo mientr