El peronismo
Nota introductoria por Néstor Kohan
¿El peronismo es fascismo? ¿O tal vez constituye un movimiento revolucionario,
nacional-popular, de orientación socialista? ¿Cómo entender al peronismo más
allá del individuo Juan Domingo Perón? En este artículo el sociólogo marxista
Silvio Frondizi (asesinado por la Alianza Anticomunista Argentina-AAA) intenta
descifrar la incógnita.
El sociólogo marxista argentino Silvio Frondizi (1907-1974) saludó calurosamente
desde sus inicios la revolución cubana. Incluso viajó a Cuba y a su regreso
escribió La revolución cubana. Su significación histórica (diciembre de 1960).
Su libro se abre planteando que "La revolución cubana ha destruido
definitivamente el esquema reformista y, más concretamente, el esquema
reaccionario del determinismo, casi fatalismo geopolítico [...]". El mismo texto
se cierra sosteniendo la misma idea: "La revolución cubana tiene como
significación histórica fundamental, la de haber roto definitivamente «con el
esquema reformista, y en particular con el estúpido determinismo, casi fatalismo
geopolítico»".
| Silvio Frondizi y
el comisario Meneses En su despacho
de la calle Corrientes al 1300, en los altos de La Armonía,
Silvio Frondizi entreabre la puerta con un gesto de bonhomía.
"¿Una entrevista con PANORAMA? Sí, como no", Al iniciar el
diálogo las cejas le asoman por encima de los gruesos anteojos,
delatando un.gesto de contrariedad. "Ah, es por Meneses",
murmura. Sin agregar palabra, revuelve los papeles del
escritorio y muestra un abultado curriculum vitae. "¿ Le parece
que yo puedo hablar de Meneses? ¿Por qué no me hace un reportaje
sobre política? Estoy por publicar un libro sobre la influencia
del marxismo en el catolicismo. Le aseguro que va a causar
sensación". Se arrellana en su asiento. De espaldas a la
biblioteca de viejos mamotretos jurídicos, su figura remeda
curiosamente a la de Fausto en el gabinete de Wittemberg. Su voz
es clara, impaciente. "¿Meneses? Lo vi una sola vez. Hablamos
unos minutos y se despidió. Creo que ha pasado a disponibilidad.
Usted sabe lo que ocurre con los militares y policías que están
en esa situación. No creo que sea correcto caerle encima..." |
Junto a su texto sobre Cuba, Silvio Frondizi escribió muchos otros libros, entre
los que se destacan La integración mundial del capitalismo (1947; El Estado
moderno (1954) y La realidad argentina (dos tomos, 1955-56).
Además de sus ensayos y sus clases, Silvio fue también abogado de los
combatientes revolucionarios que enfrentaron a la dictadura militar argentina de
1966-1973. En esos años se vincula al Partido Revolucionario de los Trabajadores
y a su frente político de masas, el Frente Antiimperialista por el Socialismo
(FAS).
Todo eso le vale el odio sanguinario de la Alianza Anticomunista Argentina
(Triple A), organización terrorista paramilitar de extrema derecha que lo
secuestra y lo asesina por la espalda en 1974 acusándolo de "comunista y
bolchevique, fundador del ERP e infiltrador de ideas comunistas en nuestra
juventud".
Según el testimonio del viejo dirigente político peronista y ex ministro de
economía del general Perón, Antonio Cafiero: "Perón e Isabel sabían que la
Triple A eliminaba gente" (declaraciones al diario CLARÍN, Buenos Aires, 22 de
abril de 2007).
Los fragmentos siguientes de Silvio Frondizi fueron tomados de la respuesta a
una encuesta sobre la izquierda argentina realizada hacia 1958-59: "Contesta el
doctor Silvio Frondizi'', en Las izquierdas en el proceso político argentino,
editorial Palestra, Buenos Aires, 1959, pp. 28-33, 40-46.
[La imagen de Silvio Frondizi apareció en la revista Panorama en una nota
sobre el comisario Meneses, en abril de 1965]
Peronismo
Para nosotros, el peronismo ha sido la tentativa más importante y la única de
realización de la revolución democrático-burguesa en la Argentina, cuyo fracaso
se debe a la incapacidad de la burguesía nacional para cumplir con dicha tarea.
A través de su desarrollo, el peronismo ha llegado a representar a la burguesía
argentina en general, sin que pueda decirse que ha representado de manera
exclusiva a uno de sus sectores —industriales o terratenientes. Dicha
representación ha sido directa, pero ejercida a través de una acción burocrática
que lo independizó parcial y momentáneamente de dicha burguesía. Ello le
permitió canalizar en un sentido favorable a la supervivencia del sistema, la
presión de las masas, mediante algunas concesiones determinadas por la propia
imposición popular, la excepcional situación comercial y financiera del país, y
las necesidades demagógicas del régimen. Precisamente, la floreciente situación
económica que vivía el país al término de la segunda gran guerra, constituyó la
base objetiva para la actuación del peronismo. Este contó, en su punto de
partida, con cuantiosas reservas acumuladas de oro y divisas, y esperó
confiadamente que la situación que las había creado mejorara constantemente, por
la necesidad de los países afectados por la guerra y por un nuevo conflicto
bélico que se creía inminente.
| Tres hermanos,
tres destinos El hallazgo de documentos inéditos del escritor Silvio Frondizi revela parte de la correspondencia que los tres hermanos se cruzaron a fines de los 40, antes que la vorágine política del país los distanciara. Por Horacio Tarcus. Historiador (1999) El año pasado fue pródigo en biografías de Arturo Frondizi, entre las que se cuentan las de Celia Zusterman, Carlos Altamirano y Emilia Menotti. No corrieron suerte pareja otros dos hermanos del ex presidente, Silvio y Risieri, también destacados en el campo intelectual y político. Ambos apenas ocupan un lugar en las biografías de Arturo, cuando los autores se ocupan del entorno familiar. En verdad, sería interesante prestar mayor atención a la historia de la familia Frondizi, y particularmente a los vínculos entre los tres hermanos menores, a su formación común, sus puntos de ruptura, sus lealtades más allá de la política. Algunos testimonios y las cartas recientemente halladas en Córdoba nos permiten una primera reconstrucción. El 27 de setiembre se cumplirán 25 años del asesinato, a manos de la Triple A de Silvio Frondizi, docente universitario, abogado defensor de presos políticos y uno de los fundadores de lo que se llamó la Nueva Izquierda argentina. Maestro de la generación del 60, Silvio contribuyó como pocos a la modernización del pensamiento socialista: sus teorías de la integración mundial capitalista en detrimento de la soberanía nacional y de la crisis política moderna, o sus formulaciones acerca de los movimientos sociales, sus planteamientos sobre la necesidad de un partido de nuevo tipo fundado en otra relación entre la militancia y la vida cotidiana, o el llamado a la creación de un tercer movimiento histórico, fueron algunas de sus notables anticipaciones. Sin embargo, a excepción de los sobrevivientes de la generación del 60, Silvio Frondizi es, para la conciencia histórica media de la Argentina actual, apenas uno de los tantos hermanos del ex-presidente. Su obra no ha vuelto a editarse. Sus papeles personales -originales inéditos, apuntes, fichas, correspondencia con figuras políticas e intelectuales del país y del mundo- fueron confiscados por el Ejército tres años después de su asesinato. No tuvo mejor suerte la memoria del menor de los Frondizi, Risieri (1910-1983), filósofo y ex rector de la Universidad de Buenos Aires. Si bien pasó buena parte de su vida enseñando en universidades de Centro y Norteamérica, su nombre quedó definitivamente asociado a los años dorados de la universidad argentina. Los tres Frondizi nacieron en el seno de una familia de inmigrantes italianos, fueron los menores de catorce hermanos. Silvio nació en 1907; Arturo, en 1908 (ambos en Paso de los Libres, Corrientes); Risieri, en 1910 en Posadas, Misiones. Los padres, Julio Frondizi e Isabel Ercoli, que eran de Gubbio, Umbría, habían llegado a la Argentina hacia 1890. Don Julio Frondizi había logrado una posición económica holgada como contratista de obras, y una cultura de autodidacta nada despreciable. Era, al frente de su numerosa familia, una figura distante y autoritaria. Su mentalidad -rememoró alguna vez su hijo Arturo- era similar a la de muchos inmigrantes despiertos de fin de siglo: ateo, maldecía a Dios y a los curas las veinticuatro horas del día, leía libros, quería que sus hijos siguieran una carrera. Consentía con benevolencia que su mujer hubiera colgado en el dormitorio un cuadro de San Francisco de Asís, aceptaba que siempre mantuviera velas prendidas frente a una imagen de la Virgen María, disimulaba que mandara los hijos a la Iglesia. La mesa familiar fue centro de debates filosóficos y políticos. Entre las lecturas volterianas del padre y la pasión por los idealistas alemanes de Américo, el mayor de los hermanos; entre las inclinaciones por la literatura clásica de Ricardo y el interés que la filosofía despertaba en Virginia, se estructuró el universo cultural en el que se formaron Silvio, Arturo y Risieri. Tres figuras, tres mentalidades con una configuración singular: el intelectual, el político y el filósofo. Los dos hermanos que más tarde estarán más enfrentados, están unidos entrañablemente en la niñez y la juventud. En 1923, acompañados por el padre, Silvio y Arturo viajan a Buenos Aires y se inscriben en el Colegio Nacional Mariano Moreno (al que luego ingresaría Risieri). Mientras cursan los últimos años del bachillerato, trabajan en la droguería Carabelli, de Corrientes y Maipú. A fines de 1926 juntos rinden el ingreso a Derecho. En esos años los senderos se bifurcan: Silvio se concentra en el estudio del Derecho y la Historia, Arturo hace una carrera meteórica: se recibe de abogado en tres años. Ambos resisten a la dictadura de Uriburu, participan en manifestaciones callejeras y hasta van a parar varios días al calabozo. Pero mientras Silvio se mantiene todavía al margen de la política, Arturo se convierte en poco tiempo en un dirigente radical de primera línea. A fines de los años 30, ya es parte de la creme política e intelectual de su tiempo, mientras que Silvio es un oscuro profesor en la Universidad de Tucumán. Silvio prepara una tesis sobre John Locke; Arturo, desde sus años juveniles, proyecta un ensayo sobre Maquiavelo. Una lectura radical del teórico del liberalismo conducirá al primero por la senda de Marx, así como cierta lectura de Maquiavelo -que realza el realismo político del florentino, sus consejos al Príncipe para manipular la ignorancia de sus súbditos- conducirá a Arturo a la senda del poder. La Universidad de TucumánEn tanto, Risieri había egresado como profesor de Filosofía. Junto a Silvio, continúan su carrera académica en la Universidad de Tucumán, donde enseñan desde 1938. Son los años de un proceso de renovación cultural en esa casa de estudios, favorecido por la política de invitar a profesores europeos perseguidos en sus países por las dictaduras fascistas, como el español Manuel García Morente o el italiano Rodolfo Mondolfo. Son para ambos hermanos años de construcción institucional y de desarrollo intelectual, en los que escriben sus primeras obras. Pero el golpe militar de 1943, la intervención de la universidad por hombres de la derecha nacionalista, y finalmente el triunfo de la fórmula peronista en 1946 pondrán fin al paraíso intelectual liberal-progresista de la universidad tucumana. Los tres hermanos resistirán, cada uno a su modo, al peronismo emergente. Arturo será en 1946 diputado nacional por la UCR, destacándose como orador de la oposición. Silvio, separado de sus cátedras en Tucumán, se instalará en Buenos Aires y comenzará un proceso de politización y radicalización teórica que lo conducirá al marxismo militante. Risieri, expulsado de la universidad y enjuiciado por desacato, decidirá exiliarse. Seguirá estudios doctorales y enseñará en diversas universidades de Centroamérica y de Estados Unidos.Caído el gobierno de Perón, Risieri retorna al país a fines de 1955. Otra vez en la cátedra, ahora en la Universidad de Buenos Aires, es elegido rector en 1958. Fue el pricipal gestor de la democratización y la modernización de la vida universitaria, que interrumpió dramáticamente el golpe militar de 1966. Risieri vuelve a emigrar, para volver al país en contadas ocasiones. Arturo Frondizi había asumido la presidencia el 1ø de mayo de 1958. Bajo su mandato los enfrentamientos entre los hermanos se hicieron públicos y, sin romper los vínculos fraternales, vivieron los momentos de mayor tensión personal. Con Risieri el conflicto estalló en setiembre de 1958, cuando desde el gobierno se quiso reglamentar el célebre artículo 28 de un decreto del año 1955, que autorizaba la creación de universidades privadas. El rector de la UBA fue uno de los voceros de la defensa de la enseñanza pública, laica y gratuita, que enfrentó al proyecto oficial. El debate Laica o libre se extendió por todo el país y las caricaturas políticas de la época mostraban el enfrentamiento de los dos hermanos Frondizi. También se enfrentaron agudamente Silvio y Arturo. El primero había creado, a mediados de los 50, la primera organización de la Nueva Izquierda: Praxis. Mientras todo el arco de la izquierda tradicional, desde el Partido Comunista a los trotskistas, apoyó críticamente la candidatura de Arturo Frondizi, desde el minúsculo Praxis, ya en 1957, se alertaba sobre los riesgos de un gobierno centrista que, más allá de su discurso progresista, iría cediendo cada vez más a la reacción local e internacional. El grupo liderado por Silvio Frondizi será el primero y el más enfático crítico de la gestión de gobierno de Arturo Frondizi. Este, por su parte, no dudará en incluirlo dentro de las fuerzas de izquierda que se declararon disueltas cuando en 1960 se ejecuta el plan Conintes (Conmoción Interna del Estado). Dos actitudes frente a la muerteSilvio Frondizi está consagrado, en los años 70, a la defensa de presos políticos. Su renombre internacional y su valentía personal, pero también el apellido Frondizi, le dieron relativa inmunidad para hacer públicos diversos hechos de represión, primero bajo el gobierno militar de la llamada Revolución Argentina y luego, en 1974, bajo el interregno lopezrreguista. Sufrió múltiples amenazas y atentados pero, a pesar de los consejos de sus amigos, se negó a exiliarse. El viernes 27 de setiembre de ese año un comando de la Triple A dirigido por el subcomisario Juan Ramón Morales y el subinspector Rodolfo Eduardo Almirón Sena secuestró a Silvio Frondizi de su casa de la calle Cangallo. En el episodio fue asesinado su yerno, el ingeniero Luis Angel Mendiburu, militante de la Juventud Peronista. Dos horas más tarde, un comunicado de la Triple A se atribuyó el crimen e informó que su cuerpo había sido arrojado en un descampado de Ezeiza: Sepa el pueblo argentino que a las 14.20 fue ajusticiado el disfrazado número uno, Silvio Frondizi, traidor de traidores.... Según la autopsia, el cuerpo presentaba unos cincuenta balazos. Pero el ensañamiento continuó. Risieri, que estaba en Estados Unidos, volvió rápidamente al país para el sepelio de su hermano. Encabezó el cortejo hacia la Chacarita y fue de los primeros en encarar a la Policía cuando arremetió contra la columna fúnebre y secuestró los dos féretros, que finalmente debieron aguardar largas horas antes de su inhumación. Risieri hizo entonces valientes declaraciones a la prensa, responsabilizando por los incidentes a la Policía Federal que dirigía entonces el comisario Alberto Villar. Según la biografía apologética de Emilia Menotti, Arturo Frondizi, desoyendo amenazas sobre su integridad física, con gesto desafiante ante cualquier intento de profanar el cadáver vejado de su hermano, lo acompañó hasta el cementerio. Sin embargo, no hemos encontrado ninguna referencia a la presencia de Arturo Frondizi entre los numerosos medios de prensa que cubrieron el entierro. Sí, en cambio, está documentado el perdón que Arturo Frondizi concedió a las Fuerzas Armadas, e incluso a las fuerzas parapoliciales, cuando recibió en su propio domicilio a Norma López Rega: Sí, fue su padre el que mandó matar a mi hermano, pero yo lo perdono porque en mi corazón no guardo rencor ni deseos de venganza. A VUELTA DE CORREO Lealtades y divergencias La nota Los Frondizi: Tres hermanos, tres destinos, de Horacio Tarcus, despertó una nutrida correspondencia. Aquí, el autor contesta. La nota Tres hermanos, tres destinos, de mi autoría, publicada en Zona del 7 de marzo, viene siendo motivo de una serie de apreciaciones, ampliaciones de información y correcciones. Las cartas de los lectores Antonio Pereira, José A. Giménez Rébora (en su primera carta) y Nelson Juan Amarillo ponen de relieve el interés que se agita por detrás de algunos de los temas tratados en aquella nota. Permítaseme una breve referencia personal que puede ayudar a clarificar el debate. En 1996 publiqué una investigación que me demandó cerca de diez años: El marxismo olvidado en la Argentina. Silvio Frondizi y Milcíades Peña. Trazaba allí sendas biografías intelectuales de estas dos figuras olvidadas de la vida cultural y política argentina, cerrando el libro con un epílogo sobre los últimos años de vida de Silvio Frondizi, donde relataba pormenores en torno de su actividad como defensor de presos políticos y gremiales, así como de las amenazas y los atentados que buscaban intimidarlo, de su secuestro y asesinato a manos de las Tres A y, finalmente, de su sepelio y del cortejo que quiso acompañar sus restos al cementario de la Chacarita, cuando irrumpieron las fuerzas policiales que comandaba el comisario Villar. Reproduje allí un registro fotográfico de estos últimos hechos que habla por sí solo. El lector Nelson J. Amarillo, que reclama el testeo de los recuerdos personales con fuentes periodísticas, puede encontrar allí una reconstrucción escrupulosa.Sólo volví sobre una investigación que consideraba concluida a partir del feliz hallazgo de una decena de cartas cruzadas entre los hermanos Silvio, Arturo y Risieri Frondizi entre 1948 y 1949. Con la ayuda de mi buen amigo Raúl Herjo, después de una búsqueda detectivesca, dimos con la que había sido la casa de campo de Silvio Frondizi en Cabana, Unquillo, en la provincia de Córdoba, donde, sorprendentemente, se conservaban, después de 25 años, copias de estas cartas y algunos otros papeles que habían pertenecido al autor de La realidad argentina.Para enmarcar el texto de las cartas, en la nota en cuestión, decidí relatar la formación común de los más jóvenes de los hermanos Frondizi, así como distintos momentos en que sus destinos aparecen distanciados e incluso enfrentados. El lector Giménez Rébora, que pone en cuestión la nota por su título y por su copete, sostiene -sobre la base de sus recuerdos personales- que ni las desavenencias ideológicas ni los dramáticos procesos vividos en nuestro país ni la vorágine política tuvieron la virtualidad de borrar algo tan profundo y humano como los lazos fraternales. Giménez Rébora, así como el lector Antonio Pereira una semana antes, ofrecieron su testimonio sobre el dolor de Arturo Frondizi ante el asesinato de su hermano, sus ojos cargados de lágrimas, su solidaridad con la viuda al hacerse cargo del expediente sucesorio, etc. De donde, concluye Giménez Rébora, hablar de tres destinos, esto es, de destinos enfrentados entre los tres hermanos, es confundir eslóganes políticos con investigación histórica. No logro entender cuál es el eslogan político al que se refiere este lector, pero quiero puntualizar los siguientes hechos. En mi nota, parto de la formación común de los hermanos Frondizi: el ambiente familiar (con aquel padre inmigrante, autodidacta y rabiosamente anticlerical), el colegio nacional Mariano Moreno, los estudios de Derecho, Historia y Filosofía, el Colegio Libre de Estudios Superiores, espacios donde se fue configurando esa concepción democrática radical, laicista y humanista que los caracterizó en los años 30 y 40. A partir de este tronco común, los caminos se bifurcan. Risieri será fiel a este ideario toda su vida, como lo mostró en su gestión como rector de la Universidad de Buenos Aires. Silvio radicaliza este legado en un sentido izquierdista, marxista. Arturo rompe con este legado familiar y juvenil, claramente en 1958, comenzando un giro político ideológico hacia la derecha que sólo interrumpió su muerte. En un país donde reina el temor por las palabras -en el que la derecha se autodenomina centro y la izquierda progresismo-, esto podrá parecer excesivo, pero no lo es. Ni siquiera es un juicio de valor, sino apenas la descripción de una trayectoria, que comienza con aquella célebre revisión de su política petrolera nacional o de su política educativa laicista, hasta su conversión al catolicismo, pasando por su apoyo político a los regímenes militares de 1966 y 1976, o incluso su solidaridad con Mohamed Alí Seineldín y los militares carapintada, por citar sólo algunos hitos de su vida. Estas líneas cruzadas llevaron a los tres hermanos a agitadas polémicas públicas, que resumí en aquella nota. En ningún momento insinué que ellas hubiesen significado rupturas en los lazos fraternales, sino que incluso llamé la atención sobre sus lealtades más allá de la política. Todos los testimonios de los lectores Antonio Pereira y José A. Giménez Rébora acerca del dolor de Arturo Frondizi ante el asesinato de su hermano, muy interesantes en sí mismos, no invalidan la investigación de mi nota, que no se refería a los sentimientos subjetivos de estas figuras: yo mostraba allí el franco contraste entre actitudes públicas de Risieri y de Arturo. El primero acompañó no sólo los restos de su hermano en el velorio familiar, sino que participó en el cortejo, enfrentó a la policía del comisario Villar e hizo declaraciones públicas. Arturo, en cambio, muy lejos de aquella juvenil militancia en la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, escogió el sepelio privado y el silencio público. Cuando habló del hecho, lo hizo muchos años después y fue para ofrecer su perdón a las Fuerzas Armadas, e inclusive a las fuerzas parapoliciales. Según su biógrafa oficial, Emilia Menotti, el ex presidente recibió en su casa de la calle Beruti a Norma López Rega y le manifestó: Sí, fue su padre el que mandó matar a mi hermano, pero yo lo perdono porque en mi corazón no guardo rencor ni deseos de veganza. Según este testimonio, la hija de José López Rega lloró. Fuente: Clarín, 07/03/99 |
Una circunstancia excepcional y transitoria más, contribuyó a nutrir ilusiones
sobre las posibilidades de progreso de la experiencia peronista. Nos referimos a
la emergencia de una especie de interregno en el cual el imperialismo inglés vio
disminuir su control de la Argentina, sin que se hubiera producido todavía el
dominio definitivo y concreto del imperialismo norteamericano sobre el mundo y
sobre nuestro país. Ello posibilitó cierto bonapartismo internacional
—correlativo al que se practicó en el orden nacional—, y engendró en casi todas
las corrientes políticas del país grandes ilusiones sobre las posibilidades de
independencia económica y de revolución nacional.
La amplia base material de maniobras permitió al gobierno peronista, en primer
lugar, planear y empezar a realizar una serie de tareas de desarrollo económico
y de recuperación nacional, con todas las limitaciones inherentes a un intento
de planificación en el ámbito capitalista. La estructura tradicional de la
economía argentina no sufrió cambios esenciales; las raíces de su dependencia y
de su deformación no fueron destruidas. Al agro no llegó la revolución, ni
siquiera una tibia reforma. Fueron respetados los intereses imperialistas, a los
cuales incluso se llamó a colaborar, a través de las empresas mixtas. Tampoco se
hicieron costear las obras de desarrollo económico al gran capital nacional e
imperialista. El Primer Plan Quinquenal, en la medida, que se realizó, fue
financiado, ante todo, con los beneficios del comercio exterior. Por otra parte,
a consecuencia de una serie de factores, aquella fuente primordial de recursos
pronto se tornó insuficiente, y debió ser complementada con las manipulaciones
presupuestarias y el inflacionismo abierto. A través de la inflación, los costos
de la planificación económica peronista no tardaron en recaer también sobre la
pequeña burguesía y el proletariado de las ciudades.
Pero durante su primer periodo de expansión y euforia, el peronismo tuvo también
realizaciones en los distintos aspectos de la economía. En materia de
transportes, se nacionalizaron los ferrocarriles y se incorporó nuevo material;
la marina mercante argentina fue aumentada en sus efectivos y en el tonelaje
total transportado. Hacia la misma época se fue dando gran impulso a la
aviación, se completó la nacionalización de puertos, etcétera.
Otra realización recuperadora del peronismo en su periodo de auge ha sido la
repatriación de la deuda pública externa. Se pretendió solucionar el problema de
la energía en general y del petróleo en particular, pero sin atacar las
cuestiones de fondo. Se tomaron una serie de medidas favorables a la industria y
se apoyaron los rudimentos de una industria pesada estatizada, heredados del
gobierno precedente, aumentando la participación estatal en la industria. La
intervención directa del Estado en la industria tuvo una doble finalidad: tomar
a su cargo tareas económicas necesarias que la endeble burguesía nacional no era
capaz de realizar por sí sola y proporcionar a la burocracia bonapartista un
nuevo resorte de poder y una importante fuente adicional de beneficios. La
generosidad del crédito estatal fue otra de las formas de favorecer al
capitalismo nativo-extranjero. El mantenimiento de un grado apreciable de paz
social ha sido una de las contribuciones más importantes del Estado peronista a
la prosperidad de la burguesía agroindustrial argentina durante el primer
periodo de expansión. La propia prosperidad general fue factor fundamental en la
atenuación transitoria de las luchas clasistas argentinas. A ello se agregó la
acción del Estado, que por un lado promovía una política de altos salarios, a la
vez que subsidiaba a las grandes empresas para evitar que éstas elevaran
exageradamente sus precios, y por otra parte encerraba a los trabajadores en un
flexible pero sólido y eficiente mecanismo de estatización sindical.
Este balance realizado —que es nuestra posición desde hace varios años— nos ha
evitado caer en los dos tipos de errores cometidos respecto al peronismo: la
idealización de sus posibilidades progresistas, magnificando sus conquistas y
disimulando sus fracasos, y, por el otro lado, la crítica negativa v
reaccionaria de la "oposición democrática", que, v.gr., tachó al peronismo de
fascismo.
El resultado de tal balance es la entrega del capitalismo nacional al
imperialismo, a través de su personero gubernamental, el peronismo. En efecto:
transcurridos los primeros años de prosperidad, entró a jugar con toda fuerza el
factor crítico fundamental de los países semicoloniales: el imperialismo. Este
logró por diversos medios (dumping, relación de los términos de intercambio,
etcétera) ir estrangulando paulatinamente a la burguesía nacional y su gobierno.
Los diversos tratados celebrados con el imperialismo —verdaderamente lesivos
para el país— culminaron el proceso de entrega. En fin, el balance de la
experiencia nacional-burguesa del peronismo ha sido la crisis: estancamiento y
retroceso de la industria, la caída de la ocupación industrial y de los salarios
reales, el crónico déficit energético, la crisis de la economía agraria y del
comercio exterior, la inflación, etcétera.
Yendo ahora a su aspecto político, el rasgo fundamental del peronismo estuvo
dado por su aspiración de desarrollar y canalizar simultáneamente la creciente
presión del proletariado en beneficio del grupo dirigente primero y de las
clases explotadoras luego. De aquí que nosotros hayamos calificado al peronismo
como bonapartismo, esto es, una forma intermedia, especialísima de ordenamiento
político, aplicable a un momento en que la tensión social no hace necesario aún
el empleo de la violencia, que mediante el control del aparato estatal tiende a
conciliar las clases antagónicas a través de un gobierno de aparente
equidistancia, pero siempre en beneficio de una de ellas, en nuestro caso la
burguesía.
El capitalismo, frente a la irrupción de las masas populares en la vida
política, y sin necesidad inmediata de barrer con la parodia democrática que la
sustenta, trata de canalizar esas fuerzas populares. Para ello necesita
favorecer, por lo menos al comienzo, a la clase obrera con medidas sociales,
tales como aumento de salario, disminución de la jornada de trabajo, etcétera.
Pero como estas medidas son tomadas, por definición, en un periodo de tensión
económica, el gran capital no está en condiciones materiales y psicológicas de
soportar el peso de su propia política. Lógico es, entonces, que lo haga incidir
sobre la clase media, la que rápidamente pierde poder, pauperizándose. Con ello
se agrega un nuevo factor al proceso de polarización de las fuerzas sociales.
La política de ayuda obrera referida se realiza, en realidad, en muy pequeña
escala, si es que alguna vez se realiza, dándosele apariencia gigantesca por
medio de supuestas medidas de todo orden.
Las consecuencias de este demagogismo son fácilmente previsibles: dislocan aún
más el sistema capitalista, anarquizándolo y por lo tanto, acelerando su proceso
crítico. Además, la política demagógica relaja la capacidad de trabajo de los
obreros, lo que explica que cuando el capitalismo necesita readaptarlos para el
trabajo intenso, tenga que emplear métodos compulsivos. Ésta es una nueva causa
que explica el totalitarismo y una nueva demostración de que, en el actual
periodo, el Estado Liberal carece tanto de posibilidad como de valor operativo.
El proceso demagógico presenta algunos resultados beneficiosos, particularmente
en el orden social y político. Al apoyarse en el pueblo, desarrolla la
conciencia de clase política del obrero. Creemos que el aspecto positivo
fundamental del peronismo está dado por la incorporación de la masa a la vida
política activa; en esta forma la liberó psicológicamente. En este sentido Perón
cumplió el papel que Yrigoyen en relación a la clase media. Hizo partícipe al
obrero, aunque a distancia, en la vida pública, haciéndole escuchar a través de
la palabra oficial el planteamiento de los problemas políticos de fondo, tanto
nacionales como internacionales.
Estos aspectos representados por el peronismo fueron los que lo volvieron
peligroso a los ojos del gran capital De aquí que nosotros hayamos dicho en el
primer tomo de La realidad argentina, escrito en 1953, que Estados Unidos
"necesita un gobierno de personalidades más formales" que las peronistas,
permitiéndonos predecir "que llegado este momento (de profundas convulsiones
sociales) el general Perón, instrumento del sistema capitalista en una etapa de
su evolución, será desplazado".
La pérdida de la base material de maniobra del país y del peronismo restó a éste
la posibilidad de continuar con su política, y fue la que condujo, en última
instancia, a su caída.
La acusación de fascismo lanzada contra el régimen peronista carece de tanto
fundamento como la posición que consideró a éste un movimiento de liberación
nacional. Para demostrar que el mismo fue bonapartista y no fascista, será
suficiente con indicar que se apoyó en las clases extremas, gran capital y
proletariado, mientras la pequeña burguesía y en general la clase media, sufrió
el impacto económico-social de la acción gubernamental.
Por el contrario, en el fascismo, la fuerza social de choque del gran capital,
está constituida por la pequeña burguesía. Esta circunstancia explica que las
persecuciones contra el proletariado bajo el régimen fascista, encierren tanta
gravedad, ya que la acción represiva está a cargo de toda una clase. Es
necesario distinguir entre dictadura clasista y dictadura policial.
La torpe y reaccionaria acusación de fascismo, partió de la Unión Democrática,
de triste recuerdo. Las fuerzas más oscuras de la política argentina, coaligadas
en la Unión Democrática, en la que no faltó el apéndice izquierdista, no
quisieron o no supieron comprender en su hora toda la importancia del nuevo
fenómeno representado por el peronismo, y de su desprestigio e incapacidad
cosechó éste para conquistar el poder. Así, nosotros pudimos predecir el triunfo
del coronel Perón, en nuestro trabajo "La crisis política argentina".
El gran odio que le profesó la "oposición democrática" se debió a que su régimen
destapó la olla podrida de la sociedad burguesa, mostrándola tal cual es. La
juridicidad burguesa y la sacrosanta Constitución Nacional perdieron su
virginidad poniendo al descubierto su carácter de servidoras de una situación.
Se destruyó la unidad del ejército y se colaboró en la descomposición de los
partidos políticos, etcétera. En efecto, no fueron los rasgos negativos del
peronismo los que verdaderamente separaban a la "oposición democrática", como se
ha visto después: el aventurerismo y la corrupción política, administrativa,
etcétera, la "pornocracia"; la estatización y burocratización del movimiento
obrero; la legislación represiva, hoy en vigor con más fuerza que nunca,
etcétera. Asimismo, con la caída de Perón no se trató de corregir esos defectos,
sino terminar con los excesos, de su demagogismo, demasiado peligroso ya en un
periodo de contracción económica. El golpe de Estado de !955 cumple ese objetivo
del gran capital nativo-extranjero [...]
Creemos que en Latinoamérica están dadas las condiciones para una revolución
socialista, pero nos faltan todavía algunas condiciones subjetivas. Claro está
que el análisis de esta situación significa resolver el grave problema —tal vez
el más grave que enfrenta la revolución socialista en el mundo— sobre las
relaciones entre masa, partido y dirección.
El M. I. Revolucionaria (Praxis) ha enfrentado y buscado solucionar estos
problemas, mediante la formación de cuadros medios obreros, manuales e
intelectuales, que puedan llegar a ser grandes conductores sociales. En esta
forma, si algún día llega —como llegará— el ascenso revolucionario en el país,
no se irá al fracaso, tal como sucedió en Bolivia por ejemplo, en el que las
condiciones objetivas están maduras y poco o nada se hizo por la ausencia de una
dirección numerosa y consciente.
El primer requisito de una dirección consciente reside en la firme creencia en
la jerarquía de la masa obrera y en la necesidad de acatar los dictados de la
magnífica capacidad creadora de las masas populares.
Debemos ahora dedicar la atención a los elementos de las otras clases que pueden
integrarse con el proletariado en la lucha por la liberación del hombre. Ante
todo, corresponde el estudio de la pequeña burguesía pauperizada.
Esta sufre directamente las consecuencias de la concentración económica
monopolista. La situación de esta subclase debe ser tenida especialmente en
cuenta, por cuanto su posición intermedia la hace apta para cualquier
desplazamiento social. Es necesario hacerle comprender que su porvenir está
ligado a los intereses del proletariado, que puede liberarla de la opresión
económica y social que sufre.
Junto a los elementos sociales examinados, debemos tener en cuenta también a
sectores o individuos de la intelectualidad, que han esclarecido el problema
social y se pasan al campo revolucionario.
La toma del poder por el proletariado con la colaboración de los demás elementos
sociales tratados, produce un salto cualitativo. Aunque esta opinión es
suficientemente clara, no siempre es bien comprendida, por la deformación
social, intelectual y moral realizada a través de toda suerte de propaganda que
empieza en la escuela primaria y acompaña al individuo durante toda su vida. De
aquí que, cuando se piensa sobre las posibilidades y consecuencias de un cambio
social, se lo hace dentro de los viejos moldes mentales y de acuerdo a las
acostumbradas posibilidades. Y no es así: la toma del poder por el proletariado
produce un salto cualitativo que abre inmensas posibilidades, no dadas en la
formación anterior.
La clase obrera puede realizar dicha transformación gracias a su mayor
independencia frente a la deformación producida por la sociedad capitalista. Por
otra parte, el proletariado, al no compartir ciertas ventajas de la sociedad
burguesa, tiene la suerte de no compartir muchas de sus deformaciones; tal es el
caso de los convencionalismos sociales, que por ejemplo, aplastan la vida de la
pequeña burguesía.
Debemos indicar un elemento más: la tremenda y creciente alienación sufrida por
los trabajadores bajo el capitalismo, crea en ellos una legítima y a menudo
inconsciente resistencia a todo posible esfuerzo productivo o creador, aun
cuando ello implique mejoras inmediatas.
La transición a la nueva sociedad socialista encierra un problema importante,
porque es evidente que en el país no se han cumplido todos los aspectos de la
revolución democrático-burguesa. Establecida esta conclusión, y la de que la
burguesía ha caducado como fuerza capaz de realizarla y que es el proletariado
como fuerza rectora el que debe encargarse esta misión, el problema se resuelve
pensando que ya no se trata de realizar la revolución democrático-burguesa como
etapa cerrada en sí misma, como fin, sino de realizar tareas
democrático-burguesas en la marcha de la revolución socialista.
Entre esas tareas inmediatas figura: la lucha contra el imperialismo, que sólo
puede ser realizada por un partido marxista revolucionario que se fundamente en
las masas. Además, será necesario resolver los graves problemas que impiden el
desarrollo industrial y agrario del país. En el primer aspecto, deberán
colocarse las grandes fuentes de producción en manos de la colectividad, dando
en esta forma poderoso impulso a la acumulación económica. En el otro aspecto,
el agrario, las fuerzas socialistas deberán realizar, no ya un paso o un salto
adelante, sino la revolución agraria integral, cuya primera manifestación es la
nacionalización de los latifundios. Esta nacionalización deberá realizarse, no
para distribuirlos en forma de pequeña propiedad, sino para ser colectivizados,
medida que permitirá, entre muchas otras cosas, el empleo masivo de la
maquinaria agrícola.
Por supuesto, para la realización de tales tareas se requiere un cambio
cualitativo en el aparato estatal. Éste no podrá estar en manos de un sector
privilegiado de la sociedad, sino en manos de la colectividad social como tal;
en otras palabras, implica el cambio del Estado por la Comunidad.
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"Sepa el
pueblo que hoy a las 14:20 fue ejecutado el disfrazado
número 1, Silvio Frondizi, traidor de traidores." Silvio Frondizi fue asesinado el viernes 27 de septiembre de 1974 junto a su yerno Luis Mendiburu. Más tarde se difundió un comunicado de la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A), quien se atribuyó el crimen, señalando que su cuerpo se encontraba en un descampado de la zona de Ezeiza. Su hijo Diego Ruy Frondizi, había sido abatido en un enfrentamiento en la localidad de Tigre, en marzo de 1971, y pertenecía a las FAP (Fuerzas Armadas Peronistas). |
Solamente una organización socialista podrá resolver el problema de la libertad
de conciencia, separando efectivamente la Iglesia del Estado, impidiendo que los
intereses confesionales se entrometan, como lo pretenden, en los problemas
político-sociales, en una tentativa de imposible regresión a la Edad Media.
En fin, la organización socialista de la sociedad es la única que puede asegurar
al hombre su libertad, que no ha podido ser dada por los partidos tradicionales,
ni al país ni a sus propias organizaciones. Para ello la nueva fuerza tendrá que
asegurar al hombre la libertad política y espiritual.
Pero la revolución socialista tiene un sentido más, que es su
internacionalización. Esto es importante porque distintas tendencias de
izquierda propugnan aparentemente lo mismo, pero en realidad con un contenido y
resultado totalmente distintos.
En efecto, los representantes de las corrientes pequeño burguesas, ya sea en el
campo burgués o en el marxista, sostienen también la tesis de la integración
latinoamericana. El problema se circunscribe a saber si tal tarea puede ser
realizada por las burguesías nacionales o por el contrario es tarea que cabe
exclusivamente a las fuerzas que actúan en la revolución socialista. Sostenemos
la última alternativa, dado que: desde el punto de vista general, las burguesías
nacionales son, por definición, nacionales, y han nacido, vivirán y morirán como
tales. Y esto es tanto más válido en nuestra época, en que las burguesías, para
poder sobrevivir, deben luchar a dentelladas entre ellas. A esta acción
disociadora debe agregarse la función disolvente del imperialismo, creando o
avivando antagonismos. Además de lo dicho, podría agregarse el aspecto
histórico, es decir, la no realización de ninguna unidad internacional en manos
de la burguesía, dado su carácter fundamentalmente competitivo.
La única posibilidad de realizar la unidad latinoamericana está dada por la toma
del poder por las fuerzas socialistas. Solamente una clase libre de los
intereses nacionales e internacionales que envuelven a la burguesía, puede
realizar tal tarea. Tanta importancia asignamos a la internacionalización de la
revolución para la supervivencia de un intento de socialismo en cualquier país
latinoamericano, que creemos que debe ser una de las tareas centrales de toda
revolución. Buena parte de sus energías y recursos debe ser destinada a esta
finalidad. Los recursos que las burguesías nacionales y sus Estados sustraen a
la comunidad y despilfarran sin sentido, deben ser destinados por la primera
revolución socialista para la extensión y el triunfo revolucionario en los demás
países latinoamericanos.
No es posible indicar dónde o en qué país se iniciará la lucha, pero es evidente
que esta lucha ha de comenzar pronto. En cualquier forma nuestro país tiene una
tarea importante y decisiva que cumplir: la consolidación de la revolución
socialista latinoamericana se producirá, en efecto, con la revolución argentina.
Esto será así, por el poderoso desarrollo relativo y él consiguiente peso
específico que hemos adquirido en todos los órdenes de la actividad económica,
ideológica, etcétera. En este orden de ideas, piénsese solamente en lo que
significarán las vastas praderas argentinas, junto con las zonas montañosas
ricas en yacimientos minerales de Brasil, Chile, Bolivia, Perú, etcétera, y se
tendrá una idea de las enormes posibilidades que tiene esta parte del mundo para
realizar una integración de carácter económico. Y decimos integración, porque,
al quedar suprimida la competencia, tiende a ir dejando de funcionar la ley del
desarrollo combinado.
Dicha integración económica centuplicará las fuerzas originales de los países
que la realizarán. Por otra parte, todo nuevo país que se va sumando a! proceso
revolucionario asesta un golpe mortal al imperialismo desde varios puntos de
vista. Lo obliga a dividir los recursos financieros y militares disponibles para
la represión internacional. Le reduce el mercado para la producción e inversión,
agudizando sus contradicciones sociales y políticas internas al restarle las
bases materiales para el equilibrio relativo que varios imperialismos han
gozado, en distinto grado durante décadas.
Tal es, a grandes rasgos, la perspectiva estratégica determinante de la enorme
tarea que se ha impuesto el MIR (Praxis), a la que ha dado principio de
ejecución mediante un trabajo práctico y teórico incansable. Creemos que es hora
ya de que la izquierda, abandonando viejas rivalidades y falsas posiciones, se
decida a formar por fin, un gran frente para librar la batalla definitiva contra
la opresión capitalista.
Si las viejas direcciones, que durante décadas han marchado separadas del
proletariado argentino, insisten en optar, no entre los movimientos de
izquierda, sino entre las distintas fracciones de la burguesía, llámense éstas
Unión Democrática, peronismo o frondizismo, serán entonces sus propias bases las
que les den la espalda, cansadas de seguir dando vuelta a una noria que no
conduce a ninguna parte. El dilema de la hora es bien claro: o socialismo
revolucionario o dictadura burguesa. Que cada uno elija su lugar en la lucha.
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