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EL ENTORNO
La trama íntima del aparato duhaldista y
sus punteros
(TEXTO COMPLETO)
Daniel Otero
Capítulo Uno.
Racing
Los operativos de secuestro manifestaban la precisa organización, a veces en los
lugares de trabajo de los señalados, otras en plena calle y a la luz del día,
mediante procedimientos ostensibles de las fuerzas de seguridad que ordenaban
"zona libre" a las comisarías correspondientes. (..) El tiroteo se detuvo cuando
pudieron oír el grito: "Tenemos zona liberada", acorde a esto dejaron actuar a
los victimarios, quienes después de robar y destruir, se llevaron a mi amiga...
Informe Nunca Más, CONADEP
No te engrupía el brillo del asfalto/ ni el claro espamentar
de cien bujías/ En donde el empedrao pegaba el alto/ empezaba a
bancar tu algarabía./ Barro, hueco, yuyales, latas viejas/ recortes de la
fábrica cercana/ gallinas por las calles y las quejas/ del carro del frutero
a la mañana./ Pibes descalzos, pibas sin bombachas/ urgueteando el barrial de
la vereda/ El rimel y el carmín de dos muchachas/ sin medias y en
chancleta en la acera./ Fabriqueras, malandras, curdelones/ y un matón
de verdad de cuando en cuando.
Arrabal salvaje, Celedonio Flores
El 38 está cargado,/ le puse balas pero
no se hace apretar/ En el Oeste está el agite,/ el líder manda
pero vos te quebrás.
El 38, Divididos
Las tribunas del Estadio Juan Domingo Perón se poblaron de temprano. Pero no era
un sábado de fútbol. Desde todo el Conurbano Bonaerense y de distintas
localidades del interior de la provincia tres mil colectivos viajaban rumbo a la
cancha del Rácing Club de Avellaneda. Traían la carga más preciada para un acto
que quiere conmover la interna partidaria: la gente.
A las 12 del mediodía de aquel 16 de noviembre en las afueras del Estadio sólo
había movimientos de organización. En la Puerta 19 se descargaban las 370 mil
botellas de 1/2 litro de agua mineral que se repartieron gratuitamente. Los
hombres de seguridad -punteros partidarios- se calzaban sus brazaletes y
comenzaban a ubicarse en los alrededores del Estadio. El grupo cumbiero Luz Mala
hacía la prueba de sonido.
A 20 kilómetros de allí, Jorge Gómez, entraba por el ingreso de Varela 1930 al
playón de la Universidad Nacional de La Matanza. Al hombre lo habían contratado
para llevar gente a Rácing en su micro escolar. Los ciento cincuenta pesos
prometidos le venían muy bien. En el playón le tomaron los datos del vehículo y
del conductor, le dieron la tarjeta con la que tenía que pasar a cobrar el
lunes. El coordinador de la operación llamó por handy al puntero que tenía
asignado ese micro, y desde el corazón de San Justo partieron a Ciudad Evita en
busca de la gente.
Era temprano. En el viaje, el puntero propuso pasar por su casa, hacer el
aguante y tomar unos mates. La casa del puntero quedaba cerca de Ciudad Evita,
la suya no era una de las construídas por el General Perón en los años cincuenta
-chalets de material con techo de tejas rojas y un pequeño jardín-. El puntero
vivía en una barrio lindante, muy humilde. En una prefabricada con baño afuera,
cocina, un líving con muebles viejos de juegos rejuntados y el dormitorio:
- Y ésta es la comida que voy a regalar a la vuelta del acto, le dijo al chofer
señalando las cajas de harina, tomate, yerba y polenta que ocupaban todo la
pieza y no le dejaban abrir el placard.
En la Estación Bosques, a 200 metros de la Ruta 36 que une la ciudad de Buenos
Aires con la capital provincial, llegaba a las 13,15 horas el Tren Federal.
Cuarenta y cinco minutos después -cuando el calor se haría insoportable- el
primer contingente humano de Florencio Varela partiría hacia el Estadio. Los
punteros locales rápidamente peronizaron el convoy de TMR -ex Ferrocarril
Nacional Roca-: en el frente de la locomotora pegaron un escudo justicialista
gigante y cubrieron los vagones con cintas verdes y rojas y afiches con la caras
sonrientes del intendente local y del gobernador.
En el playón de la Universidad se agolpaban los micros. Pocos días antes,
Alberto Pierri, presidente de la Cámara de Diputados de la Nación -el hombre del
gobernador en el Congreso, según la prensa amiga- había sentenciado que la nueva
capital del peronismo será la columna más grande del Conurbano. Los 600 micros
contratados en La Matanza debían garantizar esa apuesta.
El estado en que se encontraba ese playón de San Justo a las 14 horas parecía
ratificar un destino. Dos décadas atrás no se amontonaban micros para
transportar gente en el Día del Militante. La actividad era muy distinta. En
esos años la Chrysler lo destinaba a preparar el stock de las camionetas,
camiones y Dodge 1500 que producía en esa planta. Tras su éxodo de Argentina -en
los primeros años de la década pasada- la Volkswagen se hizo cargo de las
instalaciones. En otra etapa de la reconversión, la fábrica alemana y la Ford se
asociaron a través de la empresa Autolatina. La producción se concentró en la
Planta de Pacheco, perteneciente a la firma norteamericana, y ese predio que el
16 de noviembre vio ingresar y salir micros a destajo, quedó abandonado a su
suerte.
Fue la Fundación Universidad de La Matanza quién lo recuperó y posteriormente
cede a la casa de estudios. Tan alto destino justificaría que el Estado haya
renunciado a los cuarenta millones de dólares de deuda impositiva y fiscal que
acumulaba el predio.
Alberto Pierri, el hombre que pone su firma sobre buena parte de los billetes de
cada peso argentino que respalda el Banco Central, compró para su Fundación un
predio que estaría valuado en cuarenta y ocho millones de dólares al 10 por
ciento de su valor. Luego lo cedió -en préstamo- a la Universidad. Y ese día los
coordinadores partidarios no daban abasto para poner un puntero adentro de cada
colectivo.
En el Estadio el trabajo estaba casi terminado. Los 60 operarios que desde hacía
tres días le habían dado forma al palco tubular, apretaban los últimos bulónes
de la estructura. Para el final habían dejado la colocación de la imagen del
gobernador en gigantografía: su sonrisa de 10 metros cuadrados sería bien
reconocida desde todo el Estadio.
A la altura de su cuello colocaron prolijamente sobre el escenario cuatro
sillas. La idea era que sentado debajo de sí mismo y junto a Pierri, Toledo y
Chiche, Eduardo Duhalde presida el homenaje que le iba a rendir la Liga Federal,
en su condición de primer militante.
Merlo. A las piñas y por TV
En cada distrito los referentes de la Liga dedicaron varios semanas a la
organización del Acto: había que demostrar trabajo político y capacidad de
movilización. Los punteros se aseguraban de contar con las remeras y los
gorritos. Otros grupos se dedicaban a pintar las paredes con la convocatoria,
había quienes debían contratar los micros y desde algunos municipios se mandaban
a imprimir los afiches del referente local. El trabajo del apriete y los canjes
se dejó para las horas previas.
Ese día -el 16 de noviembre de 1996- se jugó en el Estadio del Rácing Club un
partido especial: el futuro político de gran parte de los punteros de la
corriente bonaerense que se declara más cercana al gobernador: el verdadero
bastión del peronismo provincial, diría Duhalde en el Acto. La otra -la Lipebo-
lo iba a mirar por TV.
La Liga Federal debía demostrar que era la corriente interna del justicialismo
con mayor aparato, y que era capaz de exponerlo públicamente a la vista de todo
el país de modo pacífico y sin fracturas.
Apenas cuatro semanas antes, Merlo -en el oeste del Conurbano- había sido el
escenario más desagradable que tuvo al gobernador como protagonista, en el final
de un año donde la prolijidad de cada movimiento comenzó a ser calculada en el
mínimo detalle, con la frialdad de un profesional.
La celebración del Día de la Lealtad Peronista -el 17 de Octubre- fue fugaz:
apenas duró 20 minutos. Los disturbios y enfrentamientos de ese sábado entre dos
barras lipebistas lograron en un tiempo menor aún -10 minutos- espantar a la
multitud reunida en la esquina de la avenida Libertador y Real. Tras la huida
medio centenar debió ser atendido en el Hospital local con heridas cortantes y
de bala. Los protagonistas de la pelea, de acuerdo al testimonio de los
testigos, actuaron bajo el efecto de las drogas.
Desde la perspectiva de un candidato a la Presidencia de la Nación, sin embargo,
lo peor no ocurría allí.
La televisión no perdona. En directo, las imágenes de Merlo, trasmitidas por
Crónica TV, detuvieron el pulso en cualquier redacción. Y cuando eso sucede es
que algo importante está pasando delante de nuestros ojos, escribió Germán
Sopeña en La Nación del domingo siguiente, bajo un título escalofriante: 'El
viejo fantasma de Ezeiza'. Se dió cuenta el propio Duhalde. Su cara tensa y sus
primeros comentarios revelaron de inmediato, con la misma transparencia
implacable de la imagen televisiva, que advertía en toda su dimensión los
efectos de largo alcance que tienen esas imágenes para un capital político.
La pelea era por espacios. El primero de ellos geográfico: la cercanía al palco.
El segundo respondía a estrategias de los punteros: el intendente local se había
rebelado a la conducción lipebista del diputado provincial Osvaldo Mércuri. El
único conductor es Duhalde, escribió el intendente Raúl Othacehe en un
comunicado dado a conocer tras los hechos, como para confirmar las sospechas de
la gente del Pelado Mercuri. Sus muchachos habían recibido días antes una
golpiza a manos de empleados municipales mientras pintaban la convocatoria al
acto.
Efectivamente, semanas después el intendente de Merlo pasó a conformar una nueva
corriente interna: el Grupo de Trabajo, un cóctel interno donde pasaron a
militar hombres que abandonaron la Liga y Lipebo, en una suerte de cuarta
columna -junto a la Liga Femenina, futuro evitismo- de Duhalde en la provincia.
Si bien era un tema menor, el conflicto ocurrió en el andamiaje político del
gobernador y en el escenario geográfico que lo convertía, a la hora de negociar,
en el dirigente con mayor cantidad de votos propios. Visiblemente enojado por lo
que acababa de presenciar, Duhalde apareció sobre el escenario junto a los
punteros que, si bien estaban muy lejos de haber resuelto sus diferencias, bajo
ninguna circunstancia aceptarían quedar afuera de la foto: Mércuri, Othacehe, el
lipebista intendente de Lanús Manuel Quindimil y Pierri.
Con los dientes apretados, Duhalde ensayó un discurso peronista:
- No queremos el enfrentamiento entre empresarios y trabajadores. Pero si ello
ocurre este gobernador estará al lado de los trabajadores.
Bajó del escenario, caminó entre trozos de madera, vidrios, piedras, ladrillos y
botellas rotas, sin hallar los miles de brazos humildes y agradecidos que le
gusta encontrar como cierre de cada discurso.
La tapa de La Nación de ese domingo lo mató, reconoció una fuente conocedora de
las operaciones que se intentaron esa noche sobre los medios para detener la
noticia. A cuatro columnas, y con foto de las peleas, el matutino tituló:
'Graves disturbios en el acto de Duhalde'. Entró en un terreno que él no quería.
El gobernador está cómodo como abanderado en la lucha contra la droga y la
noche. Su discurso de esos días giraba alrededor del caso Cóppola y la pelea de
Merlo lo destruyó.
Mar del Plata. El rito de la iniciación sindical
Se desconocían aún las cifras definitivas de los comicios del 14 de mayo de 1995
y el hombre ya se posicionaba para el 99:
- La gente acaba de demostrar que no está para cambiar.
Y fue más claro aún:
- Para lograr una nueva reelección del presidente Menem sólo hay que reformar un
artículo de la Constitución. Pero si eso no prospera yo apoyo a Palito, que
tiene una gran ascendencia sobre las bases del peronismo.
Con el gobernador fue lapidario:
- Llegó a su techo.
La respuesta a Luis Barrionuevo, dirigente del gremio gastronómico y presidente
del Club Chacarita Jr., no se hizo esperar. La revista Noticias trajo, semanas
después, una de las primeras incursiones conocidas de Duhalde en la futurología:
- ¿Qué imagina para Menem en 1999?
- Yo lo veo en la OEA...
- ¿Lo habló con él?
- No, pero creo que en el ´99 hay un cambio de secretario general.
Durante la primer semana de noviembre de 1996 hubo en Mar del Plata ráfagas de
viento marino que cruzaron toda la ciudad. Y allí volvieron a verse las caras.
El gobernador sentía aún las heridas de Merlo, y Barrionuevo le ofreció olvidar
ese mal trago prometiéndole 10 mil dirigentes gremiales que colmarían el Estadio
Polideportivo local, vivando su nombre, y la adhesión de más de 80 sindicatos a
la candidatura Duhalde '99.
Barrionuevo -junto a Lorenzo Miguel, José Rodríguez, Oscar Lezcano y las
principales cabezas del sindicalismo menemista de los '90- llevaron a cabo a
tres años de la renovación presidencial el rito de iniciación en una campaña
peronista: el apoyo formal de la rama gremial.
La Mesa Sindical Duhalde '99 vio la luz en el momento de mayor confrontación y
distanciamiento -público- entre la CGT y el gobierno nacional, enfrentados por
las iniciativas gubernamentales de flexibilización laboral y desregulación de la
Obras Sociales. Con la flexibilización los gremios se quedaban sin la capacidad
de negociación. Y con el arrebato de las Obras Sociales perderían la plata.
La envergadura de la ceremonia fue tal que el diario Clarín, en su tapa del
sábado 9, no titubeó: Duhalde se lanzó a la carrera presidencial.
Para poner en claro que la adhesión era hasta sus últimas consecuencias,
Barrionuevo puso fichas también en la interna bonaerense. Vamos a tener mucho
que ver -dijo-, con el acto de Rácing, que se llevaría a cabo la semana
siguiente.
Las promesas, sin embargo, parecieron desvanecerse como el rumor de las olas que
entraba por las altas ventanas del Polideportivo marplatense. El gobernador
conocía de memoria la letra del entusiasmo que esperaba oir de las tribunas:
- ... se siente, Duhalde Presidente.
Muy por el contrario, al acceder al escenario que le montó la rama gremial
Duhalde fue recibido por otra grito:
- ... un minuto de silencio, para el Turco que está muerto.
Todo el estadio se dio cuenta de la incomodidad del gobernador. Se revolvía en
su butaca. Esto no era lo convenido, parecía decir por lo bajo.
- Cuando se subió al palco y miró las tribunas, se dió cuenta de que los
gremialistas habían organizado un acto antimenemista y lo habían utilizado para
que fuese él, Duhalde, el protagonista mayor, mucho antes que un mitin de apoyo
a su candidatura, reconocieron días después en su entorno tras el regreso a La
Plata.
En cuanto a la asistencia de dirigentes gremiales, lo menos que se dijo es que
el Polideportivo quedó grande. Se habían anunciado 10 mil dirigentes a la hora
de tomar lista, y delante de las tribunas semipobladas los organizadores
estimaron que no había más de 3 mil.
- Realmente esperábamos que los asistentes fuesen dirigentes medios del
sindicalismo, históricamente reflexivos y mesurados, y no activistas y
militantes furibundos como los que nos encontramos.
Una sector -cuanto menos- de esa dirigencia sindical ya había sacado provecho
del mitin. Fue el mismo secretario general de la CGT quien reveló que el
encuentro con Menem se había consumado.
De visita en Mar del Plata para participar del Festival de Cine, la noche
anterior al acto, el presidente habló con un sector de la cúpula sindical de
flexibilizaciones y fondos de obras sociales
El acuerdo llegó frente a los platos de ravioles a la putanesca que les
siervieron en una cantina del Puerto marplatense.
- Si no me creen traigo a los mozos de testigos, propuso Rodolfo Daer, líder
alimentario y titular de la CGT.
La presión había dado resultado.
El camino a Balcarse 50 es sinuoso, mañero, plagado de fieras, y con obstáculos
imprevistos. En apenas una semana el gobernador se había topado con dos de
ellos. Para el acto de Rácing, el sábado siguiente, hizo saber a su tropa que no
iba a tolerar la menor desprolijidad.
La conferencia de prensa
- Que no se le corte la luz a los desocupados. Solicitamos a los municipios que
efectúen una encuesta para conocer la situación del grupo familiar del
desocupado, ya que las encuestas del INDEC determinan cuántos desocupados
existen, pero no su condición ni lo que sufren.
El hombre salió de su casa de Berazategui rumbo al encuentro con otros
desocupados de la zona sur del Conurbano. Desde que les habían dado la
posibilidad de utilizar un local un par de horas dos veces por semana, se venían
reuniendo regularmente. La comisión ya tenía un nombre: Coordinadora del
Movimiento de Trabajadores Desocupados.
Camino a la reunión, el hombre enumeraba mentalmente los reclamos que quería
poner en el comunicado de prensa que se aprestaban a dar a conocer en los
próximos días:
- ... y además queremos que se respete la bolsa de trabajo. Del registro que
tienen los municipios casi ninguna persona fue llamada a trabajar.
En la reunión estaban todos mojados. Acababa de caer un descomunal chaparrón de
primavera y nadie se había salvado. Se secó las manos en el pantalón, saludó a
los presentes, tomó papel y lápiz, se sentó y comenzó a darle forma al
comunicado. La situación le recordó sus épocas de delegado gremial, tiempo
atrás, cuando tenía que salir a denunciar a las empresas constructoras que
tomaban indocumentados en negro y se quedaban con los aportes:
- ... si un desocupado sale a buscar trabajo necesita plata para el colectivo, y
no la tiene, entonces solicitamos pases de colectivo gratuitos.
Ese día la ciudad de Avellaneda fue el escenario de tres noticias de distinta
trascendencia: la Liga Federal anunció en las instalaciones del gimnasio
cubierto del Rácing Club la realización del acto del Día de la Militancia; la
lluvia caída anegó todas bocas de desagüe de la ciudad y en un atraco tipo
comando a un depósito de Andreani -la empresa de correo privado-, murieron los
siete delincuentes que intentaron la operación y dos agentes de la Bonaerense
que la evitan.
En poco más de una hora los cien milímetros de agua sacaron a relucir los
deficientes sistemas de desagote de la ciudad. A las 14 horas, la Avenida Mitre
-que la atraviesa como un tajo de norte a sur- estaba cubierta de agua de vereda
a vereda. En una escena que se repitió en varias zonas del Conurbano, decenas de
coches quedaron a la deriva con los conductores atrapados, rodeados de agua,
maldiciendo el momento en que se les ocurrió salir ese día a la calle.
La conferencia de prensa de Rácing significó el primer ensayo de movilización al
Estadio. Desde los municipios los punteros tenían el compromiso de hacerse cargo
de aparecer en el Gimnasio con la prensa local. Llueva, truene o granize.
Muchos de los remises contratados desde los municipios que venían del sur del
Conurbano, previendo que Mitre estaría intransitable, eligieron caminos
alternativos. La Avenida Mosconi, que recorre Florencio Varela, Quilmes, Bernal
y se interna en Avellaneda fue una de las rutas elegidas para llegar a tiempo
con los periodistas y fotógrafos amigos de los caciques locales. Pero a la
altura de La Cañada -en Bernal Oeste- hubo problemas.
La Avenida, cruzada por dos arroyos -uno natural y el otro artificial construído
por el Ente del Conurbano para aliviar el caudal en los días de fuertes lluvias-
estaba inundada. En algunas esquinas el agua llegaba a la altura de las puertas
de los automóviles. Pero los vecinos del barrio La Cañada -viviendas precarias
de chapa, cartón y deshechos, atestado de cartoneros, desocupados y excluídos de
la modernidad-, encontraron una changuita para salvar el día.
Salieron con sus carros y caballos a la avenida y por 5 mangos ofrecían sus
servicios para remolcar los autos atrapados por el agua.
Los equipos de rescate estaban conformados por el padre, ubicado en el pescante
del carro, y los hijos -pibes descalzos y adelgazados de 6, 8 ó 9 años-, que se
sumergían en el agua fangosa y fría a enganchar los chasis de una cuerda. Una
vez atado remolcaban al auto tirado por un caballo viejo, hasta una zona alta y
seca.
En esa situación se vio enredado uno de los remises que viajaba rumbo a la
conferencia de prensa de la Liga en el Rácing Club. Allí los aguardaban sus
principales referentes: el intendente de Lomas de Zamora, Bruno Tavano, el
senador nacional Jorge Villaverde, el tercer hombre en la sucesión presidencial,
Alberto Pierri, y el ministro de Obras Públicas bonaerense, Hugo Toledo:
- Este es el gobierno de la obras -anunció-. Más de dos mil emprendimientos
fueron inaugurados durante la gestión de Eduardo Duhalde y de allí se crearon
miles de fuentes de trabajo. Duhalde ha recuperado la mística de Perón, ya que
para él es una obsesión la justicia social. Y la gente -anticipó Toledo- va a
responder a ese sentimiento llenando el Estadio de Rácing.
Tras la conferencia los periodistas hicieron notas individuales con los
referentes de la Liga. Alberto Pierri fue el dirigente más requerido por los
medios presentes. De pié, contestó de una en una cada pregunta.
- El acto será un homenaje de la Liga a Eduardo Duhalde, el primer militante de
nuestra provincia, repitió.
Exactamente detrás de él, clavado al suelo, tenía una figura imperturbable que
se mantuvo estática y silenciosa durante el tiempo que duró el reportaje.
Vestía un traje gris, camisa blanca con pequeños bordados y corbata.
La descripción calzaba con las señas de un puntero reconocido en La Matanza: de
contextura física gordo y morocho. Las mismas que un tal Tribilín -quien se
atribuyó la responsabilidad de varias trabajos para la policía, desde palizas a
periodistas a falsas denuncias- describió delante de un grabador:
- Fuimos a la confitería que está en el piso de arriba, entre la nave 8 y 9 del
Mercado Central -reveló Tribilín-. El señor Mario Rodríguez nos dijo que
teníamos que vernos con este muchacho, Piris, que quería hablar con nosotros.
Fuimos y nos preguntó qué había pasado con el trabajo, si nos habíamos echado
atrás...
Juan Carlos Piris -tal el nombre del muchacho- portaba ese día un significativo
prendedor sobre su solapa. No se correspondía con su actitud: a primera vista
parecía proteger las espaldas del presidente de la Cámara de Diputados de la
Nación.
La conferencia de prensa llegó a su fin y en la puerta del Gimnasio, a medida
que salían, un grupo de chicas requería a cada periodista los datos del medio al
cual pertenecían y les sacaban la promesa de asistencia al acto. Había dejado de
llover, en la playa de estacionamiento aguardaban los remises y los punteros
volvían con sus periodistas y fotógrafos a cada municipio.
La Coordinadora del Movimiento de Trabajadores Desocupados dio por terminada la
reunión del día. El comunicado de prensa ya tenía las firmas de los miembros de
la organización y ahora debían salir a encontrar a alguien que lo publique.
Aprovechamos ésta nota para denunciar que en el barrio de Bosques por resolución
del Municipio se han iniciado obras de construcción de escuelas y al cual hemos
planteado que trabajen los desocupados del lugar, pero la Municipalidad ha
arreglado con una empresa constructora que trae su personal. Exijamos y luchemos
junto a los compañeros de Bosques para que puedan trabajar y llevar el mango a
sus casas.
El hombre pateaba el barrio, esquivaba los charcos y mordía su bronca. Habían
llamado a los padres desocupados de los pibes de la escuela y les habían
prometido trabajo. La gente se entusiasmó y ahora, con la obra contratada, los
dejaban afuera. El conocía los manejos desde adentro. En sus épocas de
trabajador ocupado había llegado a tener un cargo como delegado gremial en UOCRA
La Plata y como tal conocía las caras, los nombres y los trucos del negocio:
- Somos una empresa chica, no podemos tener a todos los trabajadores por
derecha. Pero si usted quiere le puedo dar unos pesos para la nafta o un
donativo..., me dijo una vez Gualtieri.
- Mire señor -le digo-, voy a ser conciso: yo no necesito dinero para la nafta
ni donaciones, siempre fui pobre y eso no la va conmigo.
En Avellaneda había terminado la conferencia de prensa de Rácing pero a la
ciudad entraban y salían los movileros, cronistas y camarógrafos: un intento de
robo comando sin sobrevivientes se había convertido en la noticia de la jornada.
La calle Pienovi estaba regada de cadáveres que jamás confesarían.
- Fue el asalto más sangriento de la historia policial argentina, diría el
comisario inspector Mario Rodríguez, titular de la Brigada de Lanús -adonde
arribó procedente de la Brigada de La Matanza-, al explicar ante las cámaras de
TV -con la paciencia de un docente- las características del golpe y la rápida y
efectiva reacción de las fuerzas policiales.
De 19 a 22 horas la televisión fue suya. Las calles del Conurbano, en cambio,
empezaban a ser recorridas por los equipos de propaganda de la Liga Federal.
Montados en camionetas destartaladas, con tachos de pintura, brochas, y algún
caño por si cabe, salieron a buscar paredones: Todos a Rácing. Con Duhalde,
Toledo y Pierri.
El pintaparedes
Con tal que no sea al pobre/ robá, hermano, sin medida/
yo sé que tu vida de orre/ es muy jodida./ Tomá caña, pitá fuerte/
jugá tu casimba al truco/ y emborrachate, el mañana/ es un grupo/
Tras cartón está la muerte.
Hermano chorro, Carlos de la Púa
El hombre reconoce que nunca le gustó trabajar, para nadie.
Se hizo en la calle y asegura contar con ese conocimiento: del choreo, de la
transa, de la venta, del corte y el de la vida cotidiana en una selva.
Cuando empezó acababa de darse cuenta que no era con trabajo como iba a salir
del pozo:
- Descubro a un tipo más analfabeto que yo pero que ganaba el triple de lo que
yo juntaba choreando, ¿me explico?. Yo hacía un laburo de setenta mil pesos y
necesitaba cuatro meses de planificación, o seis meses para dos laburos en el
año. O ir a sucidarte, que te salga o no te salga.
Sobreviviente de varias huídas, el hombre tiene las marcas de su historia
caladas hasta el hueso. Caminó el Conurbano bonaerense, por las avenidas, los
adoquines, la tierra y los baldíos. Conoció la angustia de sentir el aliento en
la nuca de los federales y bonaerenses en noches interminables.
Perdió, ganó y su suerte dió las vueltas que da en el aire una moneda antes de
caer: todo fue a cara o cruz.
Lideró barras bravas y alentó de corazón.
- Este analfabeto a los setenta mil pesos se los ganaba con el cólera. Repartía
agua con lavandina para la municipalidad sin joder a nadie, sin riesgo de caer
preso y encima era "un señor". Ahí me engancho grosso.
Le hicieron una promesa y se tentó. Al tiempo volvió con un nuevo conocimiento:
- El delincuente no entra en los códigos de los candidatos.
Y después habló:
Los que pintan paredes para las campañas políticas necesitan tener dos cosas:
capacidad para pintar bien y muy rápido las letras, y un transistor quemado. Eso
va de la mano.
Y además no querer trabajar. <
Fracasados, gente buscada por la policía, gente que ni siquiera quiere robar.
Gente que no es querida ni por los chorros.
Si vos y yo vamos a ser chorros, ni vos vas a ser chofer ni yo voy a bajar.
Vamos a decidir entre los dos quien va a bajar y quien va a ser chofer. No, este
tipo quiere ser chofer. Porque tiene el pie en el acelerador y se va a pirar en
la primera de cambio. Por eso está con el candidato.
Lo que él no sabe es que después lo van a traicionar. Eso se sabe con el tiempo.
El candidato es un tipo muy inteligente. Desde ya que es más inteligente que el
que pinta paredes.
Supone que yo soy el pintaparedes pero tengo de oficio peluquero:
-Vos vas a ser el peluquero del intendente -me promete-. Porque vos sos mi mano
derecha. A vos no hay quien te gane.
¿Qué pasa? Entra la sicología. Si va a ser intendente o gobernador es por algo:
porque es más turro que los turros. Es más cara rota que los cara rota, es más
ladrón que los ladrones. Y es más garca que los garca y traidor que los
traidores.
Hay un dicho que dice que lo peor que le puede pasar a un traidor es no darse
cuenta que lo van a traicionar. Por eso muere el traidor. El traidor no muere
porque un camión lo aplasta en la esquina, muere porque lo traicionan.
Esa es la cadena ecológica del traidor.
¿Qué pasa? ¿Cuántos chicos nacen? Cinco. Bueno, cuatro son traidores y el otro
es el que pinta las paredes. No sé si me explico.
Los que pintan no son cualquiera persona. No se trata de padres de familia
loables. Si no es alcohólico es puto. Y si no eso, empieza a serlo. Porque al
capanga le conviene que empiece a serlo. Tiene que empezar a serlo. Para
cubrirlo, para tenerlo agarrado. Empieza una carrera vertiginosa por un abismo
de la que él no se da cuenta.
El se cree que va para arriba pero se cae. Lo que lo engaña es el horizonte, ¿me
explico?
Va en un avión y le dicen rumbo 30-14-32 y él pone en su avión el rumbo
30-14-32, pero como no conoce a dónde mierda va cuando se quiere acordar tiene
adelante una montaña. Porque lo están traicionando. Porque no puede llegar, es
analfabeto, es alcohólico, es puto y drogadicto, ¿adónde va a llegar? ¿En qué
foto va a llegar?
El candidato no se va a sacar una foto al lado de un puto, que todos en el
barrio le dicen La Porota. ¿Se va a sacar una foto al lado de un peluquero
fracasado? A lado de quién, ¿quién carajo es para estar en la foto al lado del
intendente?
La única foto que va a sacarse es esa que se va a llevar para mostrarsela a los
amigos que el domingo van a tomar el bordolino a su casa:
- Ves -les dice-, yo era amigo de este hijo de puta.
Y nada más. Nada más.
El candidato necesita gente que tenga tiempo para perder.
El delincuente no entra en los códigos de los candidatos, salvo que sea
expulsado del ámbito por buchón.
Ellos tienen que rescatar mano de obra desocupada. La mano de obra de ellos no
son más los negritos, son los necesitados.
Los negritos aprendieron a vender coca-cola en los semáforos. Son luchadores y
hacen lo que pueden. Y como tienen que comer no pueden perder tiempo. No pueden
esperar a unas elecciones a ver si les dan un puestito.
El negro que viene de afuera se mete en un hotel, y no bien puede entra en un
lote y quiere pagar la cuota.
Y quiere los zapatos blancos, el grabador y el reloj sumergible. Lo vemos como
negro, perfecto, los "cabeza": anillo de plata, zapatos blancos, camisa negra y
cinturón blanco. Típico. Mozo de acá a Pacheco. Pero ese tipo quiere trabajar de
albañil y que no lo saquen de allí.
Entonces qué pasa, necesitan la mano de obra inútil. Al que durante toda la vida
le dijeron:
- Ese es un inútil. Fue de campana y tocó el timbre.
El candidato busca inútiles y necesitados.
En los actos no hay más negros. Hay necesitados. Hoy los negros son una especie
en extinción y ese lugar pasó a ser ocupado por los necesitados. En una de esas
aparece un negro pintando paredes. Pero qué pasa, al negro le sale una changa de
albañil y no viene más a pintar. No viene más porque tiene que cumplir. Es un
trabajador. Es alguien como la gente. Te la hago corta:
- Es como el que fabrica la merca en Bolivia...
Una internita camino al Estado
La convocatoria a Rácing fue la culminación de los Encuentros de la Militancia
que la Liga Federal había realizado en los distritos durante las semanas
previas. La ceremonia en cada localidad fue parecida. Hugo Toledo, Alberto
Pierri, y el senador Luis Villaverde presidían las jornadas de cierre.
Durante dos días, buena parte del personal municipal estuvo movilizado para la
organización del Encuentro: habían traslado las computadoras, impresoras,
equipos de fax, papel e insumos de la comuna. Hubo equipos dedicados a proveer
la comida, dar de beber y transportar a los asistentes. Los vecinos estaban al
tanto de la actividad por los afiches -en verde y rojo- pegados en las paredes
de las ciudades.
Días después, al mirar uno de esos afiches colgado en el interior de un
municipio, un periodista le preguntó al funcionario del área de comunicación
quién los pagaba, y el hombre respondió la obviedad:
- ¿Y quién lo va a pagar?, la Municipalidad.
- ¿Y corresponde que el municipio se haga cargo de un gasto partidario?
- Claro, porqué no, si siempre fue así. Esto es histórico.
En el cierre de uno de estos Encuentros, casi como un descuido, saltó la
internita de la interna. Para afuera la Liga confronta con la Lipebo, y para
adentro los espacios se disputan entre sus dos grandes aspirantes al único
sillón de gobernador que ofrece la provincia: Pierri y Toledo.
El aparato de Alberto Pierri en La Matanza tiene la envergadura suficiente como
para dar vuelta una elección nacional. Se trata de un distrito con más de un
millón doscientos mil habitantes, quinientos mil electores, cerca de un 25% de
desnutrición infantil y un cuerpo de cuatro empleados municipales a cargo de la
Dirección de Epidemiología del distrito: 300 mil personas para cada profesional.
Lomas de Zamora, territorio de Hugo Toledo, pierde en todas las comparaciones
con La Matanza de Pierri, menos en un detalle. Con seiscientos mil habitantes
-el 7% de ellos confinado en villas de emergencia-, 250 mil electores, 51% de la
población sin agua potable y 60% sin cloacas, Lomas se distingue del resto de
los municipios del Conurbano por ser allí donde el gobernador Eduardo Duhalde
vio la luz por primera vez, jugó en sus calles y potreros, hizo sus amigos y se
casó. Agradecido de su fortuna a casi todos sus compañeros de infancia y
juventud los llevó a la función pública, municipal o provincial.
En esa situación se encontraba a fines del 96 Hugo Toledo. En los años setenta,
cuando los militares se habían hecho del poder a punta de pistola y la actividad
política estaba prohibida, los dos amigos se recluyeron en la actividad
comercial.
Hay gente en su ciudad que aún hoy tiene recuerdos de aquellos años:
- Al futuro ministro los patrulleros lo corrían con la orden de detención por
las calles de Lomas de Zamora, por las irregularidades cometidas con las
escrituras, confió un vecino memorioso que tuvo un vuelta más de recuerdos:
- Y estamos hablando del socio de Duhalde en la inmobiliaria, al que le
suspendieron la matrícula de escribano...
Frente al aparato de Pierri de nada le valía su vieja amistad con el gobernador.
A diferencia del diputado nacional, el ministro de Obras Públicas tenía mayores
urgencias para apurar el tramado de las alianzas internas de la Liga en su
favor. Y hacia allí apuntó con su discurso en uno de los Encuentros de la
Militancia:
- Es un honor -afirmó- estar en Florencio Varela, que es la capital del
peronismo de la provincia, sin ninguna duda.
El Muñeco Pierri no estaba dispuesto a dejar pasar la afrenta: la envergadura de
su aparato debía quedar fuera de toda discusión.
Se había reservado las palabras de cierre del Encuentro, realizado en La
Patriada -un predio deportivo administrado por el municipio- y devolvió la
chicana casi con una sutileza:
- El próximo 17 de noviembre, Día de la Militancia, confío en que la nueva
capital del peronismo seguramente será la columna más grande del Conurbano.
En esa tarea se encontraban los punteros de La Matanza en la segunda semana de
noviembre. Recorrían las calles de cada barrio. Visitaban casa por casa. A cada
vecino le hacían la cabeza. A uno por uno le explicaron las conveniencias de ir
al acto de Rácing. No existían reparos a la hora de elegir argumentos: poco
importaban los medios cuando el fin no tiene precio.
Levantando promesas de los vecinos los punteros llegaron al Barrio María Elena,
de Gregorio de Lafferrere.
Se trata de 58 manzanas humildes, pero con años de organización comunitaria y
experiencia para resistir aprietes. Cuenta con una Sala de Salud y un tramado
barrial con el cual, incluso, habían llevado a cabo meses atrás una encuesta
familia por familia para tener la cifra propia de sus carencias: la desnutrición
en chicos de 0 a 2 años les dio 19% y en los de 2 a 6 años la determinaron en el
22%.
En noviembre del 96 los punteros venían a buscar asistentes al acto de la Liga.
A mediados del 92, en cambio, había llegado la policía a buscar plata: si
quieren seguridad son 5 pesos por familia, al mes.
- Habían matado a un vecino para sacarle unas monedas -contó uno de ellos-. Nos
pusimos a pintar las paredes del barrio, hicimos movilizaciones y buscamos a
todos los concejales que quisieran arrimarse para buscar entre todos una
solución al tema de la seguridad. Y así es que se presenta en la Sala del barrio
el comisario de Rafael Castillo...
Era un negocio redondo. Dos agentes, en ronda nocturna, para 58 manzanas a 5
pesos por cada una de las mil doscientas familias del barrio. Que se sumaban al
peso que ya les cobraba la Municipalidad en concepto de "seguridad", incluido en
las boletas de la Tasa de Barrido y Limpieza. Es decir, la policía les quería
cobrar el servicio que ya facturaba la Municipalidad pero que, en realidad, era
responsabilidad del gobierno provincial. Había que pagar tres veces para morir
asesinados en una esquina oscura, por unas monedas.
- Para vivir la plata no alcanzaba y morir era carísimo, así que al comisario le
dijimos que no.
En Laferrere, las cooperativas dedicadas a la construcción de los pavimentos
artesanales impulsados por el gobierno provincial, a través de la Unidad
Generadora de Empleo -UGE-, llevan nombres que en una lectura rápida pueden ser
confundidos con los de las agrupaciones partidarias. En algunas casos, al menos,
la relación va más allá de una simple denominación y llega hasta el puntero.
Las obras son divididas en módulos, de 24 cuadras cada uno, y con un plazo de
ejecución de dos años a un ritmo de 1 cuadra por mes para 30 obreros, elegidos
por el dedo del puntero.
- El que conoce algo de obras sabe que es imposible hacer un asfalto sin la
utilización de máquinas. Hay trabajos que pueden ser manuales, pero el desmonte
de tierra, cuando menos, debe efectuarse con maquinaria. Entonces el responsable
de la cooperativa lo que hace es contratar a su vez a una empresa constructora,
con la cual también tiene una relación, reveló una fuente conocedora de la
actividad.
El concejal Víctor Orsingher tiene radicada la unidad básica de su agrupación
partidaria en el barrio, a la que denominó Renacer Justicialista. La
cooperativa, en cambio, lleva por nombre Renacer Limitado:
- Este señor es el que retira el dinero de la cooperativa y se encarga de las
contrataciones. Cuando trajeron este tema al Concejo Deliberante preguntamos,
entre otras cosas, quién aprueba la constitución de las cooperativas y cuál es
el mecanismo legal. La única respuesta que nos dieron es que "venían aprobadas
de La Plata", explicó un compañero de bancada de Orsingher, a quien definió como
un influyente puntero del barrio -como se verá más adelante-.
Algunas empresas a cargo de las obras públicas, además, tienen un particular
sistema para captar la aprobación de los vecinos cuando se trata de realizar los
trabajos:
Vino un señor a mi casa -relató una fuente-, golpeó la puerta, mi mamá lo
atiende y le dice:
- Buenas, soy de la Municipalidad y le venimos a preguntar si quiere el agua
corriente.
- ¿Cómo?, le pregunta mi mamá extrañada.
- Es fácil, si está de acuerdo firme acá.
En ese momento me aparezco yo que había escuchado todo desde adentro y le
pregunto a qué área de la Municipalidad pertenece y le pido la credencial:
- No, no..., credencial no nos dieron. Sabes lo que pasa -me confió-, yo soy el
cuñado de Cancinos...
Alberto Cancinos, director de Obras Públicas de la Municipalidad de La Martanza,
nunca pudo explicar porqué se autorizó la realización de una obra a una empresa
-TRESA- que se terminó de conformar ocho meses después de haber comenzado el
trabajo, y con un costo 100% mayor que el presupuestado por Aguas Argentinas.
Un mes antes -mediados de octubre- del acto de la Liga en Rácing el Ateneo
Cultural Patricias Argentinas del Barrio María Elena, recibió la visita de un
inspector municipal. Allí funcionó desde 1962 un Jardín de Infantes que se
solventó exclusivamente con las cuotas de 20 pesos que pagaban los padres de 40
de los 60 chicos que concurrían -el resto estaba becado por imposibilidad de
pago-. Ni pidieron ni recibieron subsidios de nadie.
Las mismas carencias del barrio se manifestaban en el Jardín. Carecían de
mejores comodidades, la comida que servían a los chicos siempre resultaba
escasa, pagarles a las dos maestras cada mes era más difícil y no tenían
habilitación. El inspector, fiel custodio de los intereses comunales, procedió a
labrar el acta y dictar la clausura del Jardín Ositos Cariñosos.
Los hijos de puta
Barrio Golondrina/ vive a un costado del día/ porque la gente
se olvida/ a los dos pasos que da/ Barrio Golondrina/
si hoy la pena tiene suerte/ en comida se convertirá
Barrio Golondrina, León Gieco
- Nos pasan a buscar con el micro por casa. La primer parada es en San Justo. Te
bajan en el local de la agrupación a la cual responde el puntero que te anotó y,
después de pasar lista, te dan un paquete de cigarrillos, un sandwich y una caja
de vino. Al regreso del acto te dan los artículos.
- Esto lo saben en la gobernación. Duhalde se hace el ciego porque le conviene.
Pierri también conoce todo lo que pasa. En La Matanza no se mueve una mosca sin
que Pierri lo sepa.
La revelación de los vecinos del Barrio María Elena, aparecidas en el diario
Página/12 el viernes anterior al acto, incluyeron el nombre de dos personajes de
notable peso dentro del distrito.
El nombrado concejal Víctor Orshinger, con influencias territoriales en
Laferrere, y Raúl Leguiza -referente de la agrupación Unidad y Acción-, quien a
pesar de no ocupar ningún cargo oficial cuenta con un poder que se extiende a
toda La Matanza.
Hay quienes sostienen dentro del municipio que el intendente Héctor Cozzi recibe
ordenes de Leguiza, ex changarín del Mercado Central y mano derecha de Pierri en
el distrito.
Con anterioridad a la clausura, las autoridades del Ateneo Patricias Argentinas
se encontraban sobrepasados de carencias y penurias. Continuar solventando el
Jardín era prácticamente imposible, por lo que ya habían iniciado gestiones para
lograr su provincialización, con lo que el Estado bonaerense se haría cargo del
funcionamiento y los chicos del barrio tendrían un pre-escolar y jardín
gratuito.
Tras el arribo de la inspección municipal se inician un serie de movilizaciones
y ollas populares en la Plaza de San Justo -frente al municipio-, y visitas de
los chicos al Concejo Deliberante. Con estas medidas lograron el levantamiento
de la clausura y el establecimiento de un plazo para continuar las gestiones en
la Gobernación.
La presión que recibieron los vecinos a partir de ese momento llegó por otros
medios. Sabían que sus protestas podrían significar que sus hijos fueran
exclusivos de los comedores. Un integrante de la comisión directiva del Ateneo,
sin embargo, recibió llamados telefónicos inquietantes:
- Dejáte de joder. Te vamos a matar a vos y a toda tu familia.
Las declaraciones de los vecinos en Página/12 fueron un buen detonante: mientras
los punteros se preparaban para el viaje a Rácing, a las 9 mañana del sábado 16
de noviembre, el secretario general y la tesorera del Ateneo ingresaron en la
comisaría de Rafael Castillo a denunciar el robo, saqueo e incendio del Jardín
Ositos Cariñosos durante la madrugada, a menos de 24 horas de publicadas sus
denuncias sobre el ofrecimiento de los punteros de entregar comida a cambio de
la asistencia al acto.
La escuelita tiene dos aulas: la roja para el jardín y la verde para los chicos
que asisten a preescolar. Sobre el piso de cemento quedaron los rastros del
saqueo. sillas rotas, carpetas, pelotas y muñecas quemadas. La saña de los
agresores quedó demostrada por el regalo que dejaron: defecaron en el centro de
uno de los salones y detrás de la heladera de la pequeña cocina. Se llevaron los
paquetes de leche en polvo y galletitas, la garrafa y la cocina de cuatro
hornallas.
Las reacciones fueron diversas:
- Se quemó o quemaron unos papeles y después cambiaron todo y lo transformaron
en un incendio. Yo ví las fotos de la policía y son distintas a las que
aparecieron en la prensa. La realidad es otra, estimó Pierri.
El Muñeco eligió contestar desde el incendio, que según su lógica fue una
operación, y evitó hacer mención a las denuncias de canje de comida que cayeron
sobre sus punteros.
- En el juzgado los chicos se declararon culpables, anunció cinco días después
de los hechos el titular de la comisaría 14º de Rafael Castillo, tras la
detención de tres menores que habían reconocido su participación en el robo y en
el incendio. La policía los encontró luego de seguir el rastro de la cocina y la
garrafas por los comercios de compra-venta de usados de la zona.
- Acá no existieron motivaciones políticas. Fue un simple hecho policial
-recalcó el comisario-, los chicos contaron cómo rompieron la ventana, robaron
las tres pelotas, unos cajones de gaseosas y una garrafa. Y quién puede dudar de
la palabra de un chico...
El gobernador y su esposa, Hilda Chiche González, apuntaron al canje de comida.
El escándalo que subyacía a esas denuncias llegaba a poner en duda las
verdaderas motivaciones de los miles de asistentes que tuvo el acto de la Liga
en Rácing:
¿Fueron a homenajear al primer militante o fueron a buscar una caja de comida?
Duhalde, apremiado por despegar de semejante incertidumbre, apuntó con munición
gruesa:
- Los que ofrecen comida para que la gente asista a los actos políticos son unos
hijos de puta.
Su esposa llegó tan rápido al barrio que no le dio tiempo a la Comisión
Investigadora, creada en el seno del Concejo local para investigar los hechos, a
preparar la inivitación para que concurra a hablar con los vecinos.
A las 10,10 horas del lunes 18, vestida con una camisa clara y de pantalón, bajó
de un Peugeot 505 e ingresó al Ateneo Patricias Argentinas. Permaneció dos horas
dialogando con los vecinos que se sumaban a la reunión a medida que se corría la
voz de su presencia en el barrio. Todo lo charlado fue volcado al papel.
En el acta firmada por los presentes, Chiche se comprometió a investigar si
existió un uso abusivo de los planes sociales con fines partidarios y a censar
el barrio, con planillas oficiales, para determinar el número real de
desocupados.
- En persona haré la primera entrega de alimentos a las familias necesitadas. Me
llevo los nombres de los punteros políticos y averiguaré para quien trabajan,
prometió.
Desde el barrio la despdieron con sus certezas:
- Yo soy afiliado justicialista y le puedo asegurar, señora, que los punteros
del PJ de La Matanza se aprovechan de nuestra miseria para acarrearnos como
animales a los actos que organiza Pierri, escuchó la Señora.
A los pocos días, el Jardín recuperó su comedor, aunque la cocina y la garrafa
no fue provista por el Consejo de la Familia que preside Chiche.
Si el incendio fue una operación nunca se explicó porqué tres menores fueron
detenidos por la policía de Rafael Castillo acusados de llevarlo a cabo, y jamás
se conoció la identidad del adulto instigador. Y si la denuncia del reparto de
alimentos a cambio de la asistencia al acto fue una maniobra -según Pierri- o
aún resulta una incertidumbre, ya que se desconoce el resultado de la
investigación prometida por la Señora del gobernador, nunca nadie explicó la
renuncia de Jorge Mottard, quien hasta el 19 de noviembre se desempeñó como
secretario de Acción Social del municipio, de quien dependía formalmente la
distribución de ayuda alimentaria.
Su despedida fue tan veloz que la Comisión Investigadora local ni siquiera pudo
preguntarle el motivo de su alejamiento.
A pesar de todo la operación se había desarrollado sin mayores contratiempos.
Nadie preguntó por Raúl Leguiza, el hombre de Pierri en el municipio de La
Matanza: con un pasado de changarín su destino cambió de rumbo cuando el 6 de
enero de 1992 El Muñeco lo nombró Director del Mercado Central, como regalo de
Reyes, en un reconocimiento a los trabajos realizados y a los que vendrían y que
también se extendió a su mujer. A ella le reservó la presidencia de la Comisión
de Hacienda del Consejo Deliberante local.
- Cuando le pedí al intendente Cozzi alimentos para repartir en un barrio me
dijo que primero le tenía que preguntar a Leguiza, confió un concejal de La
Matanza.
Sólo al tiempo de estos hechos los vecinos repararon en las cusualidades que les
deparó el barrio. A cuatro cuadras de Ositos Cariñosos funcionaba un jardín de
infantes privado, sobre la Avenida Provincias Unidas. Ese jardín se vería muy
perjudicado con la instalación de un establecimiento público.
- Ellos nos cobran una cuota de 65 pesos, pero si viene uno de Estado, gratuito,
pasamos a todos los chicos, explicó una madre del barrio.
Myriam Orshinger -hija del concejal y dueña del Jardín Mimí-, respiró aliviada.
Los medios de prensa lentamente se olvidaron de ese jardín de infantes que fue
saquedo el día que la columna más grande del conurbano se convirtió en la
capital del peronismo bonaerense.
Bien de bute
Vía muerta, calle con asfalto siempre destrozado/
Tren de carga, el humo y el hollín están por todos lados/
Sur y aceite, barriles en el barro, galpón abandonado/
Charco sucio, el agua va pudriendo un zapato olvidado/
Luz que muere, la fábrica parece un duende de hormigón/
Sur, un trozo de éste siglo, barrio industrial...
Avellaneda Blues, Manal
Un barrio spamentoso que mancusa/
bien de bute el potien de lo que pasa.
Avellaneda,Celedonio Flores.
A seis cuadras del Estadio de Rácing se destaca la casa que el senador nacional
Alberto Barceló habitó en los años 30. Está ubicada en diagonal a la Plaza
Alsina, en Lavalle 39, entre Mitre y Belgrano. Hoy funciona allí una escuela
secundaria.
Se trata de una típica mansión aristocrática de principio de siglo, con tres
plantas, seis columnas en la planta media, cabina de seguridad en la entrada de
servicio y una reja de dos metros de altura en hierro trabajado por artesanos.
Reconstruir la vida política de Don Alberto -el caudillo conservador más
representativo de la década infame-, es imposible hacerlo sin toparse con otra
historia: la de Ruggerito, el matón que lo acompañó hasta que un cruce malevo
dió por concluida su existencia.
En aquella época, era muy común que las familias tuvieran un integrante que se
la rebuscaba tocando la guitarra. Cuando alguna familia andaba en problemas
económicos se iban hasta la casa de Don Barceló y le hacían una serenata. Y ya
estaba establecido, cuando terminaban salía un empleado del senador y repartía
unas monedas a cada uno, recuerdó Don Lider, canillita y viejo vecino de
Avellaneda.
- Si cantaba bien le daban algunos centavos más, pero Barceló ni se enteraba que
habían estado en la puerta de su casa haciéndole una serenata.
Barceló era un hombre de influencias. La leyenda le adjudica una capacidad
notable para conceder favores: si en un tiroteo de la Capital el cadáver
apuntaba a un poderoso, el senador de Avellaneda le encontraba al muerto un
destino en la provincia. El hombre también manejó la confección por izquierda de
documentos de identidad. Se dice que en una cantina que funcionó en esos años
frente al frigorífico La Negra, sobre la Av. Pavón, en una noche de copas y
tango Carlos Gardel conoció a Ruggerito. Gardel tenía problemas de papeles. El
segundo del senador le habría hicho la gestión ante Barceló y le tramitó una
libreta de enrolamiento. Y de allí vendrían las dudas sobre su identidad:
argentino, de orígen uruguayo. |1|
Los orígenes de la ciudad son orilleros. Junto al Riachuelo se llevaba a cabo el
proceso de salar la carne que los barcos de gran calado transportarían a Europa,
en la primeras décadas del siglo pasado.
Avellaneda fue una ciudad de saladeros y barracas, con trabajo para esclavos en
jornadas sin horario. Aquí hubo frigoríficos: el Anglo, La Negra, la CAP. Los
puentes de la ciudad fueron la puerta de entrada a Buenos Aires. En las
intentonas revolucionarias el viejo Puente Barracas era un objetivo de guerra.
Para llegar con las multitudes a Plaza de Mayo había que garantizar que el
puente no fuera levantado.
Así pasó el 17 de octubre de 1945, desde donde se intentó impedir el paso de las
columnas de Ensenada, Berisso y el sur de lo que se conocería más tarde con el
nombre de Gran Buenos Aires.
Los últimos saladeros cerraron cuando la fiebre amarilla, pero aún perdura en
las orillas del Riachuelo ese "olor peculiar" que un viajero inglés señaló hace
un siglo. Los buques de la Star anidan en los muelles del Anglo, embarcando el
chilled que hizo la riqueza de pocos y la miseria de tantos. Día y noche sube el
ganado por las rampas de La Negra para caer bajo el martillo, o bajo la espada
del rabino. Petroleros de doscientos metros de eslora entran cautelosamente en
el Dock Sud, que iluminan de noche el fulgor anaranjado de la Shell. Millares de
hombres transpiran en invierno junto a los trenes de laminación, los crisoles,
los tornos. Más que las calles largas y monótonas, más que las plazas
desfoliadas por el humo y los residuos, las fábricas son aquí los puntos de
referencia: la papelera, la cristalería, la Férrum, la textil...
Esa fue la ciudad que encontró Rodolfo Walsh cuando en los años sesenta
investigó un tiroteo en la Confitería La Real, de Mitre y Alsina -a una cuadra y
media de la casa de Barceló-, donde el dirigente de la UOM Augusto Vandor y un
grupo de matones terminaron con la vida de varios dirigentes locales y que Walsh
describió en Quién mató a Rosendo.
Pero tres décadas después de esos hechos las referencias de la ciudad son otras.
La papelera, la textil y la cristalería bajaron sus persianas. Los pequeños
tallercitos cerraron sus puertas y sus tornos fueron comprados en los
desarmaderos como hierro viejo.
Solo la Shell, que llegó a estas costas en los años 20, mantuvo su fulgor. Desde
la planta de coque que trajo de Holanda en 1993, cubrió las calles y techos del
docke de un polvo amarillo que nadie conoce, pero que hace arder la garganta y
dejó al barrio sin gorriones ni palómas.
Los frigoríficos se fueron con la modernidad y los obreros del petróleo quedaron
desocupados con una flexibilización sin ley. Para las empresas se hizo más
rentable contratar trabajadores de la construcción: la diferencia se hizo con el
convenio que establece salarios más bajos que el de los petroleros. En los
noventa un polo petroquímico es una fuente de trabajo que ocupa albañiles.
Si Rodolfo Walsh no hubiera desaparecido el 25 de marzo de 1977 y volviera a
Avellaneda dos décadas después estaría perdido. Como sus referencias.
La gente no se encuentra más en la esquina de la papelera o a dos cuadras de la
textil. Hoy las citas de amor son a la vuelta de Walt Mart o frente a Coto. Y
para hacer una transa a tres cuadras de Pavón y Mitre la referencia es la
esquina de Carrefour, donde día y noche subía el ganado por las rampas de La
Negra.
Los hombres transpiran otro sudor. Tenso, frío y desesperanzado. La manos de los
hombres producen la humedad de la angustia y el tedio. Las papeleras, las
textiles, los frigoríficos y los tallercitos que desaparecieron dejaron
ejércitos de conductores de remis esparcidos en agencias, pegadas una al lado de
la otra, sobre las avenidas: Mitre, Belgrano, Pavón. Nombres de próceres y
batallas que hoy no dicen nada.
Cientos de hombres transpiran tedio, día y noche, a la espera de un cliente que
quiera ir a alguna parte. Y cuando pinta algún viaje de negocios los pagos
pueden ser en especies:
- Nos usan de correo. Se sube el quía con un maletín o con un bolso y te da una
dirección, llegamos, se baja, se demora unos minutos y vuelve. Y así siete, ocho
veces. Ese tipo está repartiendo merca. Todos los días viene uno de esos. Te
dejan buena propina, en una de esas te convidan un papel, así que aquí nadie vió
nada. Después están los que te usan para que hagas de chofer cuando salen a
reventar negocios: vienen de a tres, uno se queda en el auto conmigo a media
cuadra, los otros bajan, hacen el trabajo, dejan al tipo atado en el baño,
vuelven y me dan otra dirección. Lo único que me da cagazo es que marquen el
auto.
El intendente de Avellaneda -en los noventa- es Carlos Baldomero Alvarez de
Oliveria, Cacho. Ex diputado provincial enrolado en la Lipebo.
Cacho es hombre del Pelado Mércuri, que eligió el discurso de la ecología, la
protección al medio ambiente y el reciclado de latas de gaseosas para mantenerse
en campaña permanente.
El futuro está en nuestras manos, acostumbra a repetir Mércuri en los spots
televisivos promocionales de su Pacto Ecológico Bonaerense destinados a un
público infantil, grabados por lo general en playas y rodeado de chicos. Una de
las fotos que más utiliza es aquella que lo muestra en camisa, pala en mano, y a
punto de plantar un árbol. La otra es donde se lo ve acompañado por el
gobernador, sonriente, a todo color y en tamaño afiche pegado por todo el
Conurbano.
Ese estado de campaña permanente es monitoreado por Osvaldo Mércuri desde su
estratégica presidencia de la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos
Aires, con un presupuesto que supera los 120 millones de dólares al año.
El 30 por ciento de esa cifra cubre los gastos del Cuerpo, y el resto está
destinado a financiar de modo encubierto la actividad política. De allí salen
los fondos que pagan los spots, pasacalles y afiches con sus fotos, y los
colectivos que transportan a la gente a los actos de la Lipebo donde Mércuri
asegura con pasión militante que el futuro está en nuestras manos.
La secretaría de Prensa que montó en la Cámara, además, le permite mentener
aceitados contados con mucha gente de los medios. Para darle carácter
institucional, incluso, tiene entre sus funcionarios empleados a dirigentes del
gremio de prensa provincial.
Los días de elecciones -recuerdó Don Lider- los comités de los conservadores de
Avellaneda eran una fiesta. Traían el vino en barriles que tenían una canilla de
madera, había comida y la gente llegaba desde la mañana. Se iba sentando, se
servía lo que quería y pasaban el día del comicio allí dentro. En algún momento
se aparecía uno del Partido y en una bolsa iba juntando las libretas de
enrolamiento de los que llegaban. A última hora del día regresaba con la bolsa
repleta de documentos:
- Señores, les devuelvo la libreta -decía-. Ya votaron todos...
Nada permanece tan fijo en la retina de los vecinos de Avellaneda como la muerte
de ocho personas a causa de un misterioso escape de gas de la red cloacal
-ocurrido en setiembre de 1993-, y que nunca tuvo responsables y menos aún
explicación.- Cuando iba entrando a la casa vi tirados en el patio a la doctora,
el chofer y el enfermero de Emercor -el servicio médico que había acudido al
recibir un llamado para atender un paro cardíaco-. Alcancé a decir que se
dejaran de joder, qué hacían ahí tirados, cuando sentí que me ahogaba. Entonces,
contuve la respiración y agarrándome de las paredes, salí.
Daniel Paladino, bombero, fue el único que salió con vida de 25 de Mayo 319,
esquina Zeballos. En la vereda, todavía conmocionado por lo que acababa de ver,
repetía: no lo puedo creer.
Los vecinos de Avellaneda años después de los hechos tampoco lo pueden creer.
Sin embargo esa esquina adquirió un valor simbólico que utilizan como punto de
encuentro para exponer sus reclamos.
Allí volvieron a reunirse cuando se enteraron que en el Polo Petroquímico de
Dock Sud, a pocas cuadras, el gobernador había colocado en agosto de 1993 la
piedra fundamental para la instalación de una planta de coque de la Shell, que
en Holanda había sido desmantelada en 1991 debido a los elementos contaminantes
que libera su funcionamiento: benceno, azufre y ácidos corrosivos:
- Pocas semanas antes de las elecciones del 93 -recordó un vecino del docke-
Duhalde vino a entregar unas viviendas frente al canal de Dock Sud. Aterrizó con
un helicóptero a media mañana en la cancha del Sportivo, sobre la Avenida
Debenedetti. Venía acompañado por un montón de funcionarios, Mércuri entre
ellos, y caminando fue hasta donde estaban las casas. Muchos vecinos salieron a
la calle y algunos se sumaron al cortejo. Se hace la ceremonia, entregaron la
escritura simbólica a una familia. Y se fue. Se subió a una traffic con un grupo
reducido de su comitiva y no supimos más de él. Pero un año después, nos
enteramos que desde allí había partido hacia la Shell y sin ningún vecino de
testigo puso la piedra fundamental de la planta de coque.
Desde el primero de octubre de 1993 el puerto de Dock Sud pasó a manos de la
gobernación. La Planta, ubicada dentro del Polo Petroquímico, comparte ese
territorio con otras industrias: YPF, Union Carbide, EG3 y otras desconocidas.
Los informes que le han brindado desde distintas dependencias oficiales a los
vecinos nunca coinciden con la cantidad de plantas que declaran funcionar: para
la municipalidad son 17 y para la provincia son 24.
- Si no saben cuántas son cómo van a controlar que no contaminen, razonan en el
barrio.
No saben a quiénes pertenecen pero ven las chimeneas encendidas noche y día.
Probablemente desconozcan que en el aire del docke hay monóxido y dióxido de
carbono y compuesto de azufre, pero lo sienten con el ardor permanente en la
garganta y las fosas nasales.
Allí ven a diario cómo es descargado en el muelle un barco con bananas junto a
otro que saca de sus bodegas toneladas de pestizidas, a cielo abierto.
- Lo mismo ocurre con los barcos que bajan la soda solvay. Cargan los volcadores
al aire libre, algunos operarios tienen la precaución de ponerse un trapo en la
boca, pero no hay ninguna medida de seguridad. El viento se encarga de llevar
toda la soda para el interior del barrio.
- Hasta hace cinco años aquí estaba lleno de palomas y gorriones. Yo siempre les
ponía medio kilo de pan mojado y un vaso de mijo, que desaparecían en pocas
horas. Ahora, en cambio, pasan días sin que nadie los toque. Es que ya no hay
pájaros.
A todos los despachos provinciales y municipales llevaron las conclusiones de su
experiencia diaria: en Avellaneda la gente muere porque una nube de ácido
cianhídrico se les mete en su casa y el mijo queda en las azoteas porque en el
barrio no hay más palomas.
Mércuri, el 16 de noviembre de 1996, no estuvo en Rácing. Ni siquiera pasó
cerca.
Pero en Avellaneda lo conocen de cuando lanzó su Pacto Ecológico Bonaerense y
dejó palabras que aún resuenan entre el empedrado, las torres de coque y la
amenaza de muerte de las alcantarillas:
- Avellaneda fue hace diez, quince, treinta años la ciudad de las chimeneas y
hoy, por circunstancias que hemos vivido en el país, no existen mas -recitó el
Pelado-. Apostamos a la industrialización sin contaminación, que es una apuesta
a la vida y a los ciudadanos de un estado democrático, y los exhortamos a que
participen de nuestra cruzada de amor y defensa de la vida.
Si Mércuri hubiese participado del acto de la Liga en Rácing, había vecinos
dispuestos a explicarle que Avellaneda es otra cosa. Se la iban a cantar bien de
bute.
1. El encuentro fue relatado por Miguel Bonano, bandoneonista que acompañó a
Carlos Gardel.
El Cilindro
En el este y en el oeste, en el norte y el sur,
brillará blanca y celeste, la Academia Racing Club".
Canto tradicional de la hinchada de Rácing
El gol que más gritó la hinchada de Rácing en esa década fue convertido en 1951
por Mario Boyé, El Atómico.
Esa tarde la alegría de los hinchas de la Academia no tenía límites: delante de
las banderas de todos los clubes le ganó uno a cero a Banfield y se convirtió
así en el primer tricampeón de la historia del fútbol argentino, en los torneos
de 1949, 50 y 51.
Pero ese gol no pudo ser gritado en el Estadio Juan Domingo Perón -El Cilindro-,
inaugurado apenas un año antes.
- Fue en el Gasómetro. En el arco opuesto a la Avenida La Plata. Pisando el
área, del lado derecho. Boyé la agarró de volea y la clavó en el ángulo...
El Atómico había construído su leyenda en Boca Juniors. Fue parte del equipo que
ganó los campeonatos de 1943 y 1944. Fue el goleador en la temporada 1946, con
24 tantos. Esas emociones eran devueltas por La 12 con un canto que aún perdura
en la memoria xeneize: Yo te daré, te daré niña hermosa, te daré una cosa, una
cosa que empieza con B: Boyé.
Lo habían bautizado El Atómico por la potencia de sus disparos.
La elección del calificativo era una influencia directa de la actualidad de la
época: la Segunda Guerra Mundial llegaba a su fin luego de la destrucción de la
ciudades japonesas de Nagasaky e Hiroshima, bajo el efecto demoledor de un nuevo
invento: la bomba atómica.
De Boca Juniors Boyé pasó al Génova, de Italia. En media temporada llegó a
convertir 14 goles. Y allí lo fue a buscar Ramón Cereijo, ministro de Hacienda
de Perón, para que se incorpore al Rácing Club, en 1950. El retorno de El
Atómico a la Argentina fue impulsivo y pasional: lo hizo sin esperar la
autorización de los dirigentes del club italiano.
En el torneo de 1951 Rácing y Banfield igualaron en puntos en la cima de la
tabla. El campeón iba a salir de un desempate a jugarse en cancha neutral.
En el viejo Gasómetro de San Lorenzo de Almagro, el 1 de diciembre, el Taladro y
la Academia no se sacan diferencia e igualan sin goles. A los cuatro días, en el
mismo estadio, llegaría la final: fue el primer partido televisado de la
historia del fútbol argentino.
La distribución de los jugadores dentro de la cancha que presentaron ambos
equipos hoy sería considerado un suicidio futbolístico: arquero, dos defensores,
tres en el medio y cinco arriba. La delantera de Banfield estuvo integrada por
Converti, Sánchez, Albella, Moreno y Tolosa. La de Rácing por el Atómico Boyé,
Ameal, Bravo, Simes y Sued.
El hombre en ese entonces tenía 21 años y fue a alentar a su Club en las dos
finales. Cuatro décadas después, socio vitalicio del Taladro, lo recuerda como
si fuera ayer:
- Fue un partido muy parejo. Rácing lo jugó a muerte y los nuestros se asustaron
un poco -dijo-. La verdad es que nosotros lo perdimos unas semanas antes, cuando
enfrentamos a Chacarita y se nos lesiona Mouriño...
La primer camiseta de la Academia tenía los colores negro y amarillo, pero a la
semana la cambiaron por una celeste y rosa. A cuadros. Casi una década después
fue reemplazada por la tradicional blanquiceleste.
En la sala de espera de la vieja parada-estación Barracas se reunieron cuarenta
y cinco muchachos: 34 de Barracas al Sur y 11 de Colorados Unidos. Dejaron atrás
los rencores barriales que los separaban, juntaran todo su capital -40 pesos con
80 centavos- y fusionaron a las dos instituciones. Con caras de satisfacción y
después de los abrazos, sólo quedaba por resolver el nombre. Ahí apareció Germán
Vidallac, con una revista francesa bajo el brazo y una propuesta que pasaría a
la historia:
- Sí lo llamamos Racing, como dice acá.
La sugerencia fue aceptada. Y el 25 de marzo de 1903 Racing Club de Avellaneda
vio la luz.
Ese césped que pisaron los asistentes al Acto de la Liga el 16 de noviembre de
1996 era parte de una leyenda escrita por algunos de los más grandes jugadores
del fútbol argentino: Enrique "Chueco" García, Oreste Corbatta, Roberto Perfumo,
Agustín Cejas, Alfio Basile, Norberto "Tucho" Méndez, Federico Sacchi y El
Atómico Boyé.
El ministro de Hacienda del primer gobierno del General Juan Perón no solo
piloteó el retorno de Boyé. Fueron tantas las operaciones que las hinchadas
rivales rebautizaron a Rácing como Sportivo Cereijo. La gestión más conocida
estuvo dirigida a la construcción de su imponente Cilindro, y consistió en la
cesión de fondos públicos con amplias facilidades de pago para el club.
La leyenda habla de un desabastecimiento generalizado de cemento en esa época,
pero la influencia de Cereijo impidió que esa situación demore las obras del
Estadio Juan Perón: no había cemento para nadie -recordó un viejo hincha-, la
bolsa que aparecía iba a la cancha de Rácing. Finalmente, el 13 de setiembre de
1950, fue inaugurado con un partido en que el local venció a Velez Sarsfield por
uno a cero.
La tarde que se enfrentaron Rácing y Banfield por la final del campeonato del
51, la tribuna del Gasómetro que daba a Avenida La Plata estuvo ocupada por los
que hinchaban para el Taladro, el resto del estadio era de Rácing:
- Esa fue la única vez que se unieron todas las hinchadas para alentar a un
equipo -recordó el hombre-. En la tribuna de Banfield estaban las banderas de
todos los clubes. De Boca, de Independiente, de River, de San Lorenzo, de Lanús.
Estaba una al lado de la otra, haciendo fuerza para nosotros.
En la secretaría de Prensa de Rácing aseguran que Perón era de hincha de la
Academia. Y la leyenda dice que en ese partido Evita simpatizó con Banfield, un
club humilde que encuadraba con el principio de su gestión: los únicos
privilegiados son los chicos. Evita, en realidad, era hincha de Sarmiento de
Junín.
La tarde que se encontraron frente a frente, y que Rácing alcanzó el
tricampeonato, Valentín Suarez, en ese entonces titular de la Asociación del
Fútbol Argentino-, supo en carne propia lo que son las presiones del poder.
En el palco oficial del Gasómetro, en esa final, estuvo presente el Ministro de
Hacienda Ramón Cereijo, que se había convertido en el blanco predilecto de la
hinchada de Banfield -acompañada en esa tarde por las barras de otros clubes-:
Tenemos jugadores/ tenemos corazón/ nos falta un ministerio/ para ser
campeón..., era el canto que bajaba desde los tablones de la popular.
Los tiempos habían cambiado. Los nombres era otros. Pero la picardía de las
tribunas seguía golpeando -varias décadas después-, donde más duele:
Che Taladro/ puto y vigilante, lo seguís a Duhalde a todas partes./ Si le sacan
la plata de los bingos/ el Taladro no juega los domingos. Banfield sos botón...
Banfield sos botón...
Antes de morir, Valentín Suárez había recorrido un largo y sinuoso camino: se
inició en la función pública junto a Eva Perón en la Secretaría de Trabajo y
Previsión, en 1946. En 1949, y hasta 1953, fue designado por el gobierno
nacional para hacerse cargo de la AFA y resolver el conflicto que mantenían los
jugadores y dirigentes tras la huelga de futbolistas de 1948. De allí pasó a
conducir al Club Atlético Banfield.
En 1966 lo convoca el general Juan Carlos Ongania -y Suárez acude- para
encargarle la intervención de la AFA. Antes de asumir reconoce que su
vinculación con el peronismo había concluida mucho tiempo atrás.
Para la autodenominada Revolución Argentina, Suárez también brindó sus servicios
como delegado normalizador de la CGT, un cargo que retomó durante la última
dictadura militar, a principios de los ochenta. De allí pasó a asesorar a Amalia
Lacroze de Fortabat en la conformación del equipo de fútbol de la empresa
cementera Loma Negra, que compitió en los campeonatos de la AFA.
Pero es el retorno de Suárez al peronismo el que da lugar a una serie de
coincidencias: su regreso a la presidencia de Banfield, la llegada de Eduardo
Duhalde -hincha del Taladro- a la gobernación y el reencuentro de Banfield con
la Primera División -donde ascendió con un presupuesto de primas y sueldos para
los jugadores elaborado por Carlos Tempone, tesorero del Club y secretario
privado del gobernador-.
Hombre de convicciones amplias -de Evita a Fortabat, de Perón a Onganía, de
Douglas Haig al Taladro- el 28 de octubre de 1993, a los 77 años, Valentín
Suárez fallece.
Si la leyenda fuera cierta, siempre que tuvo que optar Suárez lo hizo en favor
del más poderoso.
- Se dice que el día que Rácing y Banfield jugaron en 1951, Perón y Evita tenían
los deseos enfrentados. Cada uno por su lado le había encomendado a Valentín
Suárez que desde la AFA vuelque la suerte del partido. Evita para el Taladro y
Perón para la Academia. Ganó Rácing, así que ya sabés de qué lado se puso el
interventor, relató un viejo socio racinguista que pide omitir su nombre ante el
temor de que no lo dejen entrar a la cancha.
Mario Boyé, al dejar el fútbol, se dedicó a la actividad comercial. Con su
concuñado y cómplice en varias delanteras, René Pontoni, puso una pizzería en el
barrio de Belgrano: La Guitarrrita. Allí abundaron los recuerdos de grandes
partidos y de goles espectaculares. En una de las paredes del local, en tamaño
mural, estaba reproducido el gol a Banfield en cancha de San Lorenzo.
Con su propio puño el Atómico había escrito sobre la foto: el gol más triste de
mi vida.
El hincha de Banfield, hoy socio vitalicio, estuvo en esa pizzería, habló con
Boyé y preguntó el porqué de la leyenda debajo de la foto:
- Y qué quiere..., estaban todas las hinchadas del lado del club más chico. Y a
mí me tocó ser el verdugo, me contestó el Atómico.
El gol que consagró a Rácing ganador de la Copa Intercontinental de Clubes, el 4
de noviembre de 1967, tampoco pudo ser gritado por la hinchada en su Estadio.
El equipo de José -como se lo había bautizado por su director técnico, Juan José
Pizzuti- había ganado todo. Incluso alcanzó el récord de 39 partidos sin perder
en el torneo local de 1966.
La primera final contra el Celtic se jugó en Escocia, la revancha en Avellaneda
y el desempate, que un gol de afuera del área de Juan Carlos Chango Cárdenas le
dio la Copa a Rácing, se disputó en el Centenario de Montevideo. Una vez más, al
Estadio Juan Perón se le negaba la oportunidad de ser el escenario de una
consagración.
En realidad, esa cancha no fue testigo de ninguna hazaña futbolística de la
Academia: el campeonato local de 1966 Rácing lo gana en el estadio de Gimnasia y
Esgrima de La Plata tras empatar 2 a 2; la Copa Libertadores de América de 1967
la obtiene en el desempate con Nacional de Montevideo, jugado en el Estadio
Nacional de Santiago de Chile, donde vence 2 a 1; la Supercopa de 1989 la gana
en Brasil frente al Cruzeiro, luego de su triunfo en Avellaneda y un empate como
visitante.
Para el Estadio Juan Perón, en cambio, estuvo reservada la jornada más triste
que debieron vivir los hinchas de la Academia en toda su historia: tras caer
derrotados por 4 a 3 frente a Rácing de Córdoba, en 1983, perdieron la categoría
y descendieron a la B.
El ascenso repetiría también esa misteriosa negativa del Cilindro a ser marco de
grandes alegrías: en 1984 tiene la posibilidad de volver a Primera División pero
Gimnasia y Esgrima de La Plata se lleva el valioso triunfo de Avellaneda, y al
año siguiente, si bien logra su regreso al fútbol de los domingos tras empatar 1
a 1 con Atlanta, el partido se juega en el Monumental de River Plate.
A ese magnífico Estadio de Italia y Colón, construído en 1950 con amplias
facilidades, que se levanta frente a los galpones de carga y playa de maniobras
del ferrocarril, no le había llegado aún su jornada de consagración.
Cedido sin cargo a la Liga Federal, el 16 de noviembre de 1996, cuando
promediaba el último de los discursos las tribunas del Cilindro comenzaron a
despoblarse:
- Fue como si cada uno hubiera dicho: cinco minutos antes de que termine el
Acto, me voy. El asunto es que todos dijimos lo mismo...
El Día del Militante
No tengo duda que antes que finalice este siglo
Eduardo Duhalde será elegido presidente por todos los argentinos y nosotros,
los soldados de la Liga Federal, estaremos allí acompañando este proyecto.
Hugo Toledo
- Chicos, no jueguen así que se lastiman
Consejo del locutor oficial del Acto ante la guerra de botellas de
agua mineral desatada entre los ocupantes del césped y las tribunas altas.
Rácing Club, 16 de noviembre de 1996
A las 11,07 del 17 de noviembre de 1972 en Ezeiza llovía. Una máquina de
Alitalia con 146 pasajeros a bordo tocaba suelo argentino, procedente de Roma.
La más larga y conflictiva espera de la historia política argentina llegaba a su
fin.
Un Ford Fairlane blanco se acercó a la escalerilla del avión y subieron cuatro
personas. A metros del espigón internacional del Aeropuerto el automóvil se
detiene y Juan Perón, el hombre que llevaba 17 años y 52 días en el exilio, baja
y se confunde en un abrazo con José Ignacio Rucci, secretario general de la CGT.
El gremialista acababa de dar una magistral lección de oportunismo.
Las fotos y cámaras detuvieron eternamente ese instante. Las crónicas de los
1.500 periodistas acreditados lo convirtieron en historia. Qué mejor que ser el
portador del único paraguas que esperó al General en su regreso para ganarse un
sitio junto a él, en un día de lluvia. Rucci lo entendió así.
Era la culminación del Luche y vuelve que se había iniciado en 1955. Habían sido
17 años de persecuciones y adversidades. Una multitud estimada en 150 mil
personas rodeaba el Aeropuerto pugnando por acercarse a su líder.
Los dispositivos de seguridad del gobierno militar contaban con 20 mil efectivos
para impedir el contacto entre Perón y la gente. Algunos venían organizados pero
otros habían tomado la decisión individual de estar ese día en ese sitio. Muchos
miles habían llegado caminando y otros habían cruzado a pie el Río Matanza.
Desde entonces, el Justicialismo recuerda esa jornada como el Día del Militante.
Por la mañana, 24 años después, las inmediaciones del Estadio Juan Perón vivían
la agitación que antecede a una concentración popular.
En las calles adyacentes, sobre Alsina, Paláa y Colón, se estacionaron los
móviles policiales que darían la seguridad externa al Acto. La consigna era no
intervenir.
Los agentes de las comisarías cercanas permanecieron como involuntarios testigos
del arribo de las columnas. Fumaban, charlaban o tomaban mate dentro sus Monza
GL de fabricación brasilera, blancos, con inscripciones en celeste y sin
patentes.
En esos Monza GL fueron trasladados al Estadio los 1930 efectivos que se
hicieron cargo de la seguridad del Acto. Al comando de la oprecaión estuvo el
comisario mayor Mario Rodríguez. Era el final de su carrera.
Ese fue el último trabajo institucional del comisario para Pierri. Con quien
parece unido por la fuerza del destino.
El día que El Muñeco en Avellaneda anunció la realización del Acto, Mario
Rodríguez lideró el operativo que abortó el asalto a la sucursal Andreani de esa
ciudad. El comisario ganó fama en la Policía bonarense. Quienes lo conocen
sostienen que es una de las personas más informadas de la institución,
especialista en robos de caudales:
- Si se comete algún delito en el Conurbano, él en pocas horas obtiene algún
dato sobre sus autores.
Fue él quien llevó a la cárcel a la superbanda banda del Luis Gordo Valor, entre
otras casos resonantes.
El secreto de su éxito se asienta -por lo menos en parte- en sus fuentes: cuando
arribó a la Brigada de La Matanza pidió al Jefe del Servicio Penitenciario que
destacara en comisión a Daniel Leguizamón -Tribilín-. Este oficial penitenciario
reúne un vasto conocimiento sobre sujetos con antecedentes penales que han hecho
su paso por las Unidades Penales de la provincia, especialmente en Olmos, y
vende sus conocimientos a las Brigadas de Investigaciones, sostuvo una denuncia
recibida en la legislatura provincial, acompañada de fotos y un cassette.
Comprobada la veracidad de los nombres, domicilios y números de identidad que
contenía, la denuncia fue derivada el 23 de junio de 1994 a la Procuración
General bonarense:
- La mano vino así. El jefe de la Brigada de San Justo, Mario Rodríguez, me
comenta si quería hacer un trabajo. Yo había hecho algunos trabajos buenos para
la Brigada. Este era un trabajo político, tenía que darle un pequeña paliza a un
tipo que estaba hinchando las pelotas, se estaba metiendo mucho con el tema de
los camiones robados que entraban al Central. Era un tipo jodido que molestaba
mucho a un político...
El tipo jodido era el periodista Hernán López Echague. El político encajaba en
la figura de Pierri. Y quién reconocía su participación en los hechos era Daniel
Tribilín Leguizamón, que había decido prender el ventilador por que Juan Carlos
Piris -director del Mercado Central- no había hecho efectivo el pago acordado de
1500 pesos tras las dos pequeñas palizas.
Cuando el juez de Lomas de Zamora Eduardo Alonso, el 8 de julio de 1994, llevó a
su despacho a Daniel Leguizamón, resuelve sin más trámite otorgarle la libertad
por falta de denuncia en su contra, a pesar que 20 días atrás había quedado
radicada una en la Procuración.
Tribilín saludó al magistrado, abrió la puerta y nunca más se volvió a saber de
él. Cuando se lo consultó posteriormente al titular del Servicio Penitenciario,
Carlos Oricchio, sobre el paradero de Leguizamón dijo que estaba en
disponibilidad preventiva y con un sumario por abandono de servicio. Como
corresponde, el en ese entonces ministro de Gobierno bonaerense, Fernando
Galmarini -y asistente a Rácing en noviembre del 96- prometió que se
investigarían los hechos hasta las últimas consecuencias.
La integridad de Juan Carlos Piris, en tanto, tuvo la protección de sus fueros.
Con su contextura de hombre gordo y morocho, Piris llegó al Concejo Deliberante
de La Matanza en 1986, donde un insignificante cargo de asesor no le permitía
siquiera renovar su guardarropa:
- Yo lo vi venir un año seguido al Consejo con el mismo pantalón, recordó un
compañero de esos años.
El hombre aún no se explica cómo hizo años después para comprar y reciclar la
casa que habitó en Ramos Mejía, valuada en una cifra de seis dígitos. Esa fuente
desconocía que la actividad de Piris en el Mercado Central -donde de changarín
llegó a director nombrado por Pierri- no impidió que con su Volkswagen Gol, con
vidrios polarizados, viajara esporádicamente desde La Matanza a la ciudad de La
Plata, donde ocupó hasta 1995 una banca de senador provincial e integró la
Comisión de Minoridad.
Junto con Aníbal Fernández, ex intendente de Quilmes, ex senador y luego
subsecretario de Gobierno de la provincia, Manuel Quindimil, intendente de
Lanús, Antonio Libonatti, intendente de San Martín, Raúl Othacehe, intendente de
Merlo, Baldomero Cacho Alvarez, intendente de Avellaneda, Jorge Villaverde,
senador nacional, Dardo Otonelo, secretario de gobierno de Florencio Varela, y
Osvaldo Mércuri, presidente de la Cámara de Diputados provincial, entre otros,
Juan Carlos Piris, fue además uno de los congresales que ideó y redactó la
reforma de la Constitución bonaerense, en 1994, que profundizó los derechos y
garantías de la población para aumentar la independencia del Poder Judicial. Y
permitió la reelección de Eduardo Duhalde como gobernador.
Pero ese no era su techo. En los primeros meses de 1995 Alberto Pierri llevó
adelante una operación para bajar de la lista de diputados nacionales al
aspirante Alberto Ballestrini, que comenzaba a ascender en la consideración del
gobernador e, incluso, se rumoreaba su intención de llevarlo como vice en las
elecciones previstas para mayo de ese año.
Pierri logró su objetivo y el lugar de Ballestrini fue ocupado por Piris. Desde
diciembre de 1995 ocupó el despacho 2843 del Anexo de la Cámara de Diputados de
la Nación.
Esa banca le permitió portar en su solapa el prendedor con las siglas HCD
-Honorable Cámara de Diputados-, aunque cuando se lo vió junto a Alberto Pierri
en las conferencias de prensa, en lugar de aparecer como un par, Piris ocupó el
sitio de quien le cuida las espaldas.
Un legislador -bonaerense y justicialista- relató en el Salón de los Pasos
Perdidos de la Cámara de Diputados el contenido de un diálogo que mantuvo con
Piris pocos días antes de asumir:
- Se está preparando con todo para desempeñarse en ese cargo. Ya se suscribió al
servicio de la red Internet. Piris dice que quiere establecer un trabajo punto a
punto con las legislaturas de las principales ciudades del mundo, empezando por
las que integran el Parlatino...
Nada mejor que el comisario Mario Rodríguez, señalado de tejer en La Matanza una
red para trabajos políticos nunca revelada judicialmente, para hacerse cargo del
operativo de seguridad en el acto del Día del Militante.
Esa jornada iban a presenciarse excesos varios: de alcohol, de droga y de armas.
Pero como a la fiesta estaban todos invitados, la seguridad consistía en saber
mirar para otro lado. Y el comisario Rodríguez tenía la capacidad de atrapar
delincuentes de la talla del Gordo Valor, pero era incapaz de reconocer a un
simple vendedor de papeles de cocaína en las calles de San Justo.
- A los de La Matanza los reconocés enseguida: gente muy pesada. Mueven un
aparato muy grosso. Mucho alcohol y mucha droga y, es más, no creo que sepan qué
carajo están haciendo allí. Y esos grupos vienen a los actos mezclados con
familias, cosa que antes no lo veía..., describió un seguidor de Duhalde
presente en el Estadio.
- El ingreso de la columna de Pierri fue impresionante, daba escalofrío. Muchas
banderas, mucha gente, una organización terrible. La columna entró rodeada por
los que hacían la seguridad, tomados del brazo. Todos con gorritos, remeras y
banderas con la inscripción Pierri-La Matanza. No terminaba nunca de pasar esa
columna. Pero eran casi todos pibes, no sé si tenían edad para votar..., relató
un periodista de un medio local que presenció el Acto desde el palco de prensa.
El 25 de mayo -de 1973- más de un millón de personas despidieron a gritos al
último presidente del gobierno militar. Los carteles de los sindicatos, que las
grúas municipales colgaron en la Plaza de Mayo, quedaron en minoría ante las
banderas y estandartes del otro sector que le disputaba el predominio: La
Juventud Peronista, y las guerrillas. (..) El 19 de junio mil civiles armados
hasta los dientes ocuparon posiciones cerca del palco, por indicaciones del
teniente coronel Osinde. Su consigna era impedir que se acercaran columnas con
carteles de la Juventud Peronista, la Juventud Universitaria Peronista, la
Juventud Trabajadora Peronista, Las FAR, Montoneros y otras agrupaciones
menores, escribió Horacio Verbitsky en Ezeiza, al trazar un descripción del
entornó que rodeaba a los actos políticos del Justicialismo en los años setenta.
El 16 de noviembre de 1996, cuando terminó de ingresar el último contingente y
el campo y las bandejas del Estadio Juan Perón quedaron pobladas de carteles, se
hizo ostensible el paso del tiempo y la metamórfosis de un Partido que cambió a
los militantes por los punteros, gente como José Ignacio Rucci: capaz de
cualquier cosa con tal de salir en la foto.
El Acto
El puntero es el último eslabón.
Vendedor de merca
Ser puntero es un empleo más. Es una nueva fuente de trabajo.
Investigador del PRIES
Me llevo los nombres de los punteros. Voy a averiguar para quién trabajan.
Hilda Chiche Duhalde
La mayoría era gente muy joven, pibes de 15, 16 o 17 años, 18 a lo sumo. No
tenían pinta de militantes. Te digo la verdad: tenían una pinta de mafia
terrible. El ambiente era extraño, muy loco. Yo vi gente en el césped con bebés
de meses rodeada de los clásicos grupos de la esquina del barrio. De eso un
montón. Remera negra, torsos desnudos y mucho tatuaje. Había tipos calzados.
Estaban los tumbados por el alcohol y los descontrolados por la merca:
- Y junto a ellos una familia, que para mí estaba allí por la caja de comida.
A las 15, 30 el grupo bailantero Luz Mala suspendió su show cuando el escenario
se convirtió en el blanco de las botellas de agua mineral repartidas
gratuitamente. Tony Caribe -el otro número musical previsto por los
organizadores- ni siquiera intentó acercarse al micrófono.
El Estadio, en ese momento, era sobrevolado por un avioncito que llevaba atado
un cartel con la leyenda Duhalde 99-Toledo. A la hora sobrevoló nuevamente el
estadio remolcando la leyenda Duhalde 99-Libonatti.
Los carteles que portaban los asistentes no hacían referencia a ninguna
agrupación. Tampoco se identificaban como justicialistas o peronistas.
Mayoritariamente, en verde y rojo -los colores de la Liga Federal- las leyendas
consistían en el nombre del referente -diputado, intendente, concejal o
aspirante a serlo- y la localidad de donde venían.
No había referencias a corrientes políticas, los estandartes prolijamente
impresos respondían a una concepción escénicamente personalista y eran
utilizados para enarbolar identidades de punteros y conglomerados urbanos.
La ideología estaba muerta. La convocatoria no tenía motivo y la militancia no
tenía pasado.
Se ostentaban las pancartas de Granados-Ezeiza, Pereyra-Varela, Pierri-La
Matanza, Barrionuevo-San Martín y Toledo-Lomas por orgullo barrial. La
contradicción entre Patria Montonera o Patria Peronista de los setenta, parecía
saldada en un objetivo que los igualaba a todos: Duhalde '99.
Quién y cuándo. Para qué no tenía importancia. Y el cómo se podía extender hasta
los límites más difusos. Incluso podían exceder los de la legalidad.
El concepto del acto respondió a un principio de los noventa: lo único
permanente es el presente.
El pasado ya fue, allí están los que se quedaron en el '45. Y el futuro es una
promesa que se formula hoy. El Día del Militante, entonces, era también una
excusa para que los punteros movilizen el aparato propio y, de acuerdo a la
envergadura, lleguen a intendentes o diputados. Aunque eso ya era una promesa.
- Duhalde tiene la costumbre de insinuar cosas. Pero como hay elementos muy
subjetivos no me permito decirlo públicamente. Lo que si puedo decir es que
Duhalde se ha equivocado en la forma de conducción, reflexionó un hombre que
estuvo muy cerca del gobernador y participó del gabinete en los primeros años de
gestión. Se rumoréo, también, que él sería el elegido para sucederlo.
Cinco años después de aquellos días de funcionario provincial acompañaba en sus
recorridas por el Conurbano a uno de los principales adversarios justicialistas
que tenía el gobernador en su carrera a la Presidencia de la Nación. Habló desde
la experiencia propia:
- En política hay dos formas de conducir: por los ideales o por las miserias. Y
Duhalde se ha inclinado a conducir por las miserias. En algún momento se lo he
dicho al gobernador: 'a mí no me tenés que comprar, a mi tenés que convencer'. Y
por eso, incluso después de haberme echado, me dijo que me necesitaba...
Me necesitaba cerca de él. El sabe que yo siempre le dije lo que pensaba, le
guste o no. Me ofreció ser diputado nacional y me ofreció también presidir
Orígenes, la AFJP del Banco Provincia. Yo también he recurrido a conducir gente
por sus miserias. Pero los proyectos que se basan sobre esa metodología están
condenados al fracaso.
En el caso que tenga éxito en el proyecto de alcanzar el poder, pienso que
fracasa en el ejercicio de ese poder.
Se forman sociedades anónimas en donde prevalecen los intereses personales. No
hay un ideal. Muchos de mis compañeros fueron capaces de morir por lo que
creían. Hoy lamentablemente hay muchos políticos que ...
- ... que son capaces de matar...
- son capaces de matar, exactamente. Son capaces de cualquier cosa con tal que
el poder pase por ellos...
Cuando el gobernador tuvo que responder cuál era la razón que fundaba su
estrecha relación con Alberto Pierri, su respuesta estuvo cargada de
pragmatismo:
- No abundan colaboradores que tengan 200 millones de dólares.
Yo quiero hablar de Alberto Pierri -dijo Alberto Pierri para hablar de sí mismo
como si iniciara la autobiografía de otro-:
Soy hijo y heredero de esos miles y miles de inmigrantes que llegaron a nuestro
país. Empecé a los 17 años y nadie me regaló nada. Con mi tío y mi abuelo, uno
de esos inmigrantes, en el año 1965 empezamos a trabajar en el mundo del papel.
A los cuatro años de haber empezado me quedé solo y compré el primer edificio de
mi fábrica, el segundo en 1975.
Después compré mi casa, en 1978, de la calle Larroque, de Banfield.
Posteriormente, seguí trabajando, y en el año 79 compré dos quintas. En 1981
compré otra fábrica. En ese año incorporé a mi patrimonio un campo de 9.000
hectáreas y otro campo en Baradero. Compré vehículos, propiedades. Esa empresa
que compré debía 20 millones de dólares, y con esfuerzo y trabajo la salvé.
Después compre Aeropel, en el año 1982. En el año 1990 se nos ocurrió lo que han
hecho miles de pequeños y medianos empresarios: se nos ocurrió poner un canal de
cable. Pero no pusimos la plata y compramos una empresa. Lo hicimos con nuestros
propios brazos. Con estas manos lo hemos hecho -y muestra sus manos-. Hemos
trabajado muy duro, hemos crecido, nos hemos desarrollado y nos ha ido muy
bien... |2|
La última gran adquisición de Alberto Pierri fue la empresa Papel Tucumán, en
1994. Tras dos licitaciones fracasadas, en la tercera se presentan dos ofertas:
la de Alfredo Yabrán por 20 millones y la del presidente de la Cámara de
Diputados por 16 millones de pesos. Yabrán se retira y Pierri suma una nueva
empresa a su patrimonio. Excepto Aeropel, que tiene la planta en Pacheco, sus
papeleras y su canal de televisión -Telecentro- están radicadas en San Justo.
El puntero, a diferencia del militante, considera a la actividad política como
un trabajo. Esta concepción permite eliminar las diferencias entre lo público y
lo privado. Entre lo propio y lo ajeno. Los hechos:
Las papeleras y su canal de TV están ubicados en Avenida Juan Manuel de Rosas
2860, San Justo. El mismo domicilio de la Universidad de La Matanza, un
organismo nacional en teoría autónomo, utilizado como centro coordinador de los
600 micros que salieron desde La Matanza hacia el acto de Rácing.
Esta investigación consultó la Guía TELECOM/CD. El número de abonado 651-0150
-de Av. J.M. de Rosas 2860, San Justo- pertenece a la Universidad de la Matanza.
El diálogo con la telefonista, luego de discar, fue breve:
- Telecentro, buenas tardes...
- Perdón, ¿este es el 651-0150?
- Si.
- Y no es de la Universidad de La Matanza.
- No, está equivocado. Usted se comunicó con Telecentro.
- Gracias...
- Diez días antes del acto trajeron una parva de etiquetas adhesivas que tenían
el nombre y la dirección de los afiliados. Nos tuvieron más de una semana
doblando cartas y pegando etiquetas, señaló un empleado de una de las papeleras
de Alberto Pierri y agregó:
- Imagínate cómo quedamos... eran un millón y medio de cartas. Y después las
cargamos en un camión que salió para la Cámara de Diputados, dijeron que las
iban a mandar desde allí...
Tanto trabajo de organización le permitió al intendente Héctor Cozzi, cuando
entraba al Estadio, ufanarse porque desde su distrito llevaron 20 mil personas.
- La movilización más importante que se hizo en los últimos cincuenta años.
El primer convoy del Tren Federal llegó a la Estación Avellaneda minutos antes
de las 16. Pasaron por la puerta de la Comisaría 2º. Las ochocientas personas de
ese grupo subieron en Bosques, donde se les entregó cajas de pizzas, sandwiches,
gaseosas, cigarrillos y cajas de vino.
- Esto yo lo vi -dijo un pasajero que estaba en la Estación-, no me lo contó
nadie. Me acuerdo que la gente mayor que estaba al lado mío decía:
-Qué sinverguezas, tienen plata para darle a los que van al acto y no tienen
para los jubilados.
La consigna de este grupo era no hablar con la prensa. Cuando llegan a la puerta
19, donde ingresaban los contingentes que iban al césped, un cronista de Diario
Popular los aborda y la única respuesta que obtiene es: somos de Varela y
apoyamos a Duhalde y a Pereyra.
El personalismo de un puntero puede alcanzar status burocrático. En ese
Municipio, tanto los secretarios de gabinete como el resto de los funcionarios,
tuvieron que solicitar autorización al jefe comunal para hacer declaraciones al
periodismo. La orden había sudo trasmitida por memorándum a todas las
dependencias.
La organización del acto incluyó tres categorías de palcos: para los
intendentes, para los referentes y personalidades y para la prensa. Este ultimo
estaba ubicado a ambos lados del escenario. El de los intendentes montado en las
bandejas bajas, y el de los referentes armado entre las bandejas y el césped.
En los palcos preferenciales pudo verse, entre otros, a un selecto grupo de
punteros:
Rubén Citara, ex ministro de Gobierno, y a su esposa, Susana F. de Citara,
integrante del Consejo de la Familia que preside Chiche, todos ellos vecinos de
Lomas de Zamora; al secretario general de la Gobernación, Alberto Piotti, que
quienes lo conocen afirman -cuanto menos- que es gerente de una banda de
comisarios.
Antonio Arcuri, presidente del Ente del Conurbano -un hombre con un perfil tan
bajo que las entrevistas que otorga a la prensa las hace su equipo de
comunicación por escrito, con las preguntas incluidas-, estaba junto a su
esposa, Brígida Malacrina, intendenta de San Vicente, donde el gobernador y
muchos de sus colaboradores poseen su quinta, y que a su vez se trata de uno de
los distritos más beneficiados por las obras del organismo que preside su
esposo.
Se pudo ver a Héctor Cozzi, que al decir de una ex jueza de Faltas de La
Matanza, simplemente no existe. No podía quedar afuera Bruno Tavano, uno de los
pocos hombres del gobernador que dejó en Lomas, un distrito que administra como
intendente y que, cuando hay vecinos que reclaman en su despacho más de lo que
está dispuesto a tolerar, es capaz de concluir el diálogo con un impropio
váyanse a la punta madre que los parió.
También estuvo Aníbal Fernández, senador provincial y subsecretario de Gobierno,
que recorrió en su camino como intendente de Quilmes todas las irregularidades
que le permitieron sus cuatro años de mandato, hasta que una citación judicial
lo puso en fuga y una negociación en la clandestinidad le garantizó los fueros
de la banca que ocupó y el trancurrir del tiempo actuó cmo remedio hasta que la
cosa se enfríe.
El hombre comparte con Tavano la tendencia a concluir de modo abrupto las
conversaciones. Cuando una periodista de su ciudad le preguntó quién había
efectuado la compra que lo puso en aprietos judiciales, muy suelto Fernández
respondió: Magoya.
Unos escalones más abajo se sentaron, Rubén Glaría, ex futbolista e intendente
del nuevo municipio de Islas Malvinas -elegido por el dedo del gobernador-, y
Luis Barrionuevo. Juntos le buscaban una explicación a las reducidas columnas de
sus distritos, que fueron relegadas a las bandejas superiores del Estadio, en
uno de los últimos fiascos del gastronómico.
En ese palco también estuvo María Laura Leguizamón, ex militante de Franja
Morada, que a los 28 años obtuvo una banca de diputada nacional por la provincia
de Buenos Aires sin destacarse precisamente por su ideas propias: para mi, como
para el gobernador, la familia es muy importante. Es un concepto de vida...
Quien faltó en ese palco, con aviso, fue Miguel Chicho De Luca, carnicero de San
Miguel que llegó a la intendencia con el padrinazgo de Alberto Pierri, y que por
confundir los fondos de la comuna con los de su carnicería se encontraba
retenido por la Justicia de San Martín que buscaba explicaciones sobre su
ostentosa forma de vida, y la de su familia.
Después de varias semanas sin frecuentar los lugares habituales -incluso su
despacho-, lo que le valió la categoría de prófugo, Chicho se entregó una vez
que su colega de Tres de Febrero, Hugo Curto -también presente en el palco-,
operó sobre los jueces amigos de ese Departamento judicial.
Cuando apareció Duhalde la ovación fue impresionante. Debajo del escenario
empezó a salir humo, verde y rojo, que nos cubrió a todos. De las tribunas
tiraban papelitos, como cuando sale la selección a la cancha. Se veían flamear
miles y miles de banderas y carteles, verdes y rojos, y también banderas
argentinas.
Esa euforia duró un breve momento, después se cantó la Marcha Peronista y
después vino el locutor...
- Señoras y señores... -anunció con voz impostada-, el gran militante de la
provincia de Buenos Aires...
Minutos después, tras los discursos de Toledo y Pierri, Eduardo Duhalde -vestido
con un pantalón pinzado azul y una camisa blanca con rayas muy suaves- iniciaba
el suyo:
- Sé que los periodistas van a decir que es el lanzamiento de mi campaña...
2.Párrafo autobiográfico de Alberto Pierri formulado en Hora Clave, Canal 9,
1996.
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