Manual
de zonceras argentinas / Arturo Jaurteche
Que la oligarquía haya creído un
éxito definitivo de la zoncera Civilización y barbarie, lo que llamó "el
progreso" de la última mitad del siglo XIX y los años iniciales del presente, ha
sido congruente con sus intereses económicos. Alienada al desarrollo dependiente
del país, su prosperidad momentánea le hizo confundir su propia prosperidad con
el destino nacional.
Había por lo menos una constatación histórica que parecía justificar el
mesianismo y la ideología liberal de la oligarquía.
El problema se le plantea a ésta ahora, cuando el cambio de condiciones internas
y especialmente externas, por el aumento de población y su nivel de vida, y la
situación en el mercado mundial de la economía de intercambio comercial fundada
en el precio, por la economía mercantil, se destruyen las bases de la estructura
primaria de intercambio de materias primas por materias manufacturadas, pues así
como hay imperios que pierden sus colonias, hay colonias que pierden su imperio,
cuando dejan de serles necesarias a éste.
Ahora, como ya no puede confundir su éxito propio y momentáneo con el destino de
la gran Nación que parecía aparejado a su prosperidad colonial, piensa en
achicar la población, como sus antecesores pensaron en achicar el espacio en la
buscada disgregación del Virreynato del Río de la Plata.
Mesianismo e ideología ya no encuentran, como pareció antes, su identificación
con el destino del país. La oligarquía se vuelve anti-mesiánica desde que
rechaza concretamente la grandeza al propiciar el achicamiento del pueblo, y su
ideología no puede proponer otras soluciones que las de la conservación cada vez
más desmejorada de la estructura existente: de este modo se convierte en freno y
eso es lo que se confiesa de hecho por sus tecnócratas que sólo proponen seguir
tirando desde que el destino del país colonia está cubierto definitivamente.
Así, pierde el papel promotor que se había asignado mientras se creyó
constructora —y esa fue su fuerza— para hacerse conservadora en un país que no
debe dar un paso más ade-lante. Ya lo he dicho también: los progresistas de ayer
se vuelven anti-progresistas desde que todo su progreso sólo puede realizarse
contra la ideología que identifica el destino nacional con sus intereses de
grupo.
* * *
Pero sí esta congruencia circunstancial en el interés de grupo permite
comprender el descastamiento de las llamadas "elites", impedidas de una visión
de distancia por su circuns-tancial prosperidad que obstó a la comprensión del
país en un largo destino —todo destino nacional es largo—, no vale para los
ideólogos que aparentan desde una postura popular un me-sianismo revolucionario.
De titulados democráticos a marxistas, la explicación ya no tiene la congruencia
que en la oligarquía y pasa a ser mesianismo e ideología sin una pizca de
contenido material. Se trata, como dice Mastrorilli, de una "abstracción
conceptual en que no gravita la concreta realidad circunstanciada".
Aquí aparece desnuda, desprovista de toda constatación pragmática, la zoncera
Civilización y barbarie, según sigue gravitando en la "intelligentzia".
Por la profesión de esta zoncera el ideólogo, extranjero o nativo, se siente
civilizador frente a la barbarie. Lo propio del país, su realidad, está excluida
de su visión. Viene a civilizar con su doctrina, lo mismo que la Ilustración,
los iluministas y los liberales del siglo XIX; así su ideología es simplemente
un instrumento civilizador más. No parte del hecho y las circunstancias locales
que excluye por bárbaras, y excluyéndolos, excluye la realidad. No hay ni la más
remota idea de creación sobre esa realidad y en función de la misma. Como los
liberales, y más que los liberales que —ya se ha dicho— eran congruentes en
cierta manera, aquí se trata simplemente de hacer una transferencia, y repiten
lo de Varela: —"Si el sombrero existe, sólo se trata de adecuar la cabeza al
sombrero". Que éste ande o no, es cosa de la cabeza, no del sombrero, y como la
realidad es para él la barbarie, la desestima. De ninguna manera intenta adecuar
la ideología a ésta; es ésta la que tiene que adecuarse, negándose a sí misma,
porque es barbarie.
Así la oligarquía y su oposición democrática o marxista disienten en cuanto a la
ideología a aplicar pero coinciden totalmente en cuanto al mesianismo:
civilizar. Si la realidad se opone a la aplicación de la ideología según se
transfiere, la inadecuada no es la ideología de transferencia sino la realidad,
por bárbara. Los fines son distintos y opuestos en cuanto a la ideología en sí,
pero igualmente ideológicos.
Si en las ideas abstractas son opuestos, la zoncera Civilización y barbarie los
unifica en cuanto son la civilización. De donde resulta que los que están más
lejos ideológicamente son los que están más cerca entre sí —en cuanto teólogos—
como ocurre cada vez que la realidad enfrenta a todos los civilizadores.
Entonces se unifican contra la barbarie, que es como llaman al mundo concreto
donde quieren aplicar las ideologías.
Esto se hace evidente en los momentos conflictuales en que el país real aparece
en el escenario social o político.
El mismo Mastrorilli en el artículo referido dice:
"Sarmiento y Alberdi querían cambiar el pueblo. No educarlo, sino liquidar la
vieja estirpe criolla y rellenar el gran espacio vacío con sajones. Esta
monstruosidad tuvo principios de ejecución. Al criollo se lo persiguió, se lo
acorraló, se lo condenó a una existencia inferior. Sin embargo los aportes de
sangre europea que se vertieron a raudales sobre el país, no consiguieron
establecer una síntesis humana muy distinta de la precedente. Los ingleses
—relictos de las invasiones o colonos traídos de la fabulosa imaginación
rivadaviana— se agauchaban. Los polacos, los alemanes, los italianos, también. Y
a espaldas del régimen colonial se hizo una nueva masa humana que se doblegó sin
resistencia ante la potencia de la geografía y la presencia irreductible de lo
hispánico como principio organizador de la convivencia."
"El régimen fracasó sociológicamente. A partir de 1914 aprendió a contar con una
masa popular desconfiada y adversa. En suma: el régimen quiso cambiar al pueblo
y no pudo: quiso entregar el espacio inerme y tropezó una y otra vez con algo
viviente y cálido que nosotros llamamos conciencia nacional y ellos desprecian
como barbarie"1
Eso pasó, como dice el autor, desde 1914. Culminó "el 17 de Octubre, en la más
grande operación de política de masas que vio el país; la muchedumbre estaba
compuesta por cabecitas negras —restos del criollaje proscripto— pero también
por hijos de gringos, polacos y maronitas lanzados contra el régimen con
violencia inusitada".
¿Por qué la parte de la "intelligentzia", democrática o marxista, no pudo
entender un hecho tan evidente en ninguna de las dos oportunidades. La
oligarquía trató de invalidarlo porque sus intereses concretos coincidían con
los criterios de Civilización y barbarie, pero en otro caso la explicación sólo
es posible a puro vigor de zoncera: incapaz de salir del esquema y partiendo del
mismo supuesto histórico de que las masas en el pasado habían expresado sólo la
barbarie frente a la civilización, vio en su nueva presencia una simple
recidiva. De ahí lo de “aluvión zoológico” y "libros y alpargatas", que son
zonceritas biznietas de Civilización y barbarie y cuyo sentido permanente supera
la insignificancia de los que las enunciaron, pues revelan el modo de sentir de
la "intelligentzia" in totum, incapaz de pensar fuera de la ideología, es decir
de lo conceptual ajeno y opuesto a los hechos propios.
Así, la zoncera de Civilización y barbarie se apoya en dos patas y anda, pero
cojeando, porque una es más larga que la otra, que es como una pata auxiliar a
la que se recurre cuando el régimen está en peligro.
Una ideología apuntala a otra ideología, por más que su signo sea inverso en
teoría, porque tienen en común el supuesto mesiánico que cada uno quiere
realizar a su manera, pero ambas partiendo de la negación de lo propio. Conviven
entre gruñidos y se tiran mordiscones, pero siempre entre civilizados que se
defienden en común de los bárbaros, es decir del país real. La recíproca
tolerancia nace de la unidad civilización y se practica de continuo en la común
devoción por todas las zonceras nacidas del vientre de la zoncera madre.
No preguntéis entonces por qué comparten la misma historia que se niegan a
revisar desde que revisar importa dejar sin base la zoncera generatriz. Destruir
ésta implica sustituir una mentalidad hecha partiendo de ella y excluir el
mesianismo y la ideología como fundamento de un pensamiento argentino para dar
su oportunidad al buen sentido. Ahí, en Civilización y barbarie, la zoncera
madre, está el punto de confluencia de las ideologías, es decir, de la negación
de toda posibilidad para el país nacida del país mismo. Es como si dijéramos la
"Unidad Democrática" tácita de que surgen todas las otras.
En Geopolítica de la cuenca del Plata (A Peña Lillo editor, Bs. As., 1973),
Alberto Methol Ferré analiza la ahistoricidad del pensamiento uruguayo. En
ninguna parte como allí —recordemos otra zoncera: "como el Uruguay no hay"—, se
"tuvo una conciencia política eminentemente abstracta". La falsificación de la
historia, allá como aquí, se completó con la concepción estratosférica del país
en cuanto se excluyeron las causales internacionales de los hechos propios o
inversamente se excluyeron los hechos propios de las causales internacionales.
Así, dice: "Nos enseñaban una historia de puertas cerradas, desgranada en
anécdotas y biografías, o de bases filosóficas ingenuas, y nos mostraron la
abstracción de un país casi totalmente creado por pura causalidad interna. A
esta tesis tan estrecha, se le contrapuso su antítesis, seguramente tan
perniciosa. Y esta es la pretensión de subsumir y disolver el Uruguay en pura
causalidad externa, en una historia puramente mundial a secas. Una historia tan
de puertas abiertas que no deja casa donde entrar...". "A la verdad, esta última
actitud no escribe historia uruguaya, que le aburre, y prefiere vagabundear y
solazarse en la contemplación a veces minuciosa de la historia mundial. Nos
escindíamos en pueblerinos o ciudadanos del mundo...". Así, de una historia
isla, pasábamos a la evaporación, a las sombras chinescas de una historia
océano, donde la historia se juega en cualquier lado menos aquí y aquí lo de
cualquier lado. "Esta actividad lujosa —la historia océano—, si hoy canaliza
disponibles jóvenes iracundos, ayer permitía a nuestra diplomacia pagarse de las
palabras proyectándose para dictar cátedra mundial sobre los derechos humanos y
arbitrajes". Son dos formas del escapismo.
"Interioridad pura o exterioridad pura, dos falacias que confraternizan...".
"... ¿quiérese mayor lujo que extrapolarse en la historia de los otros?...".
"Era una manera de renunciar a hacer historia"... "Por otra parte, ese idealismo
externo en su versión de izquierda dimitirá frente a nuestra historia de puertas
cerradas, conservadora. Incapaz de criticarla, porque no le interesaba
vitalmente, terminaba en los hechos por aceptarla en bloque. No puede darse
incorformismo más conformista". .. "Así la esterilidad del marxismo uruguayo
para decir nada sobre el país, salvo el caso reciente de Trías. Así, el
idealismo jurídico romántico, de derecha o de izquierda, son los modos uruguayos
de suplir la ausencia de una política internacional real. El rasgo común de
nativistas y oceánicos es que el Uruguay no era problema."
Crucemos de nuevo el río. ¿No estamos en presencia de una situación parecida? Si
la falsificación de la historia oficial, presentando la Argentina como un
conflicto entre la civilización y la barbarie, ha desestimado el conflicto entre
lo nacional y lo extranjero desde que el objeto de la historia no es la Nación
sino la civilización, la izquierda, como tampoco tiene en cuenta lo nacional
como causalidad histórica, produce el mismo conformismo que en el Uruguay con la
historia oficial. Esta vez para que la historia del futuro dependa
exclusivamente de la causalidad externa, generando un escapismo que tiene las
misma raíces anti-nacionales que, naturalmente, rehuye la construcción propia
para trasladarla al escenario de la civilización. Por donde vienen a ubicarse,
como sus cofrades de la otra banda, en un balcón sobre el mundo que es donde se
opera la historia idealizada.
Pero un balcón no es una puerta por donde entra y sale lo propio y lo ajeno,
sino un puesto de observación donde se espera que fuera se resuelva lo que hay
que resolver adentro, cosa que le conviene a los que ya adentro lo tienen
resuelto. De aquí la coincidencia cuando el país real intenta sus propias
soluciones y a su manera.
En tren de clasificación, la zoncera de Civilización y barbarie es una zoncera
intrínseca, porque no nace del falseamiento de hechos históricos ni ha sido
creada como un medio aunque después resultase el medio por excelencia, ni se
apoya en hechos falsos. Es totalmente conceptual, una abstracción antihistórica,
curiosamente creada por gente que se creía historicista, como síntesis de otras
abstracciones.
Plantear el dilema de los opuestos Civilización y barbarie e identificar a
Europa con la primera y a América con la segunda, lleva implícita y
necesariamente a la necesidad de negar América para afirmar Europa, pues una y
otra son términos opuestos: cuanto más Europa más civilización; cuanto más
América más barbarie; de donde resulta que progresar no es evolucionar desde la
propia naturaleza de las cosas, sino derogar la naturaleza de las cosas para
sustituirla.
Para el que ha leído Los profetas del odio y la yapa al hablar de esta zoncera
no hago más que resumir conceptos allí expresados, pero es necesario reiterarlos
en este libro por lo que se ha dicho de la maternidad de todas las zonceras. La
aceptación de ésta hace posible la vialidad de las otras, cosa que se irá viendo
a medida que se trate cada una.
Empezaremos por aquellas que por considerarlas hijas mayores van en este
capítulo: la que se refiere al espacio y es la de que "el mal que aqueja a la
Argentina es la extensión". La otra es la autodenigración que va implícita en la
consideración de lo humano propio como barbarie.
NOTA
1 Julio Mafud dice al respecto:
"Fue un error irreparable para los primeros pensadores no aceptar, de principio,
que la realidad americana no era inferior, sino distinta.. .". "Llama barbarie a
todo lo que era americano", "no era una actitud de definición sino de rechazo."
Aquí explica el autor el contraste que hay en Sarmiento. Como literato "pinta al
gaucho en Facundo con humanidad y simpatía". Así la descripción enamorada del
baqueano, del cantor, del rastreador. Aún del mismo Facundo: "Ve en ellas al
hombre grande, al hombre de genio a su pesar, sin saberlo él, el César, el
Tamerlán, el Mahoma". Pero propone su exterminio cuando "el gaucho no se ajusta
a sus esquemas políticos y militares". Así: "No trate de economizar sangre de
gauchos. Este es un abono que es preciso hacer útil al país. La sangre es lo
único que tienen de seres humanos", dice también Sarmiento.
Lo mismo pasa con la religión, con los hábitos, con la geografía, con todo. Es
el conflicto entre el país como es y el país como tiene que ser según la
ideología. Lo explica también Mafud: "Hay un elemento que es necesario aislar,
para comprender los modus mentales de esos hombres que se constituyeron a través
de la cultura europea: ésta estaba basada y sustantivada sobre abstracciones". Y
agrega Mafud: "Lo único que era específicamente europeo, sin antecedentes en
América, era la idea del progreso y ésta sólo podía tener vigencia en América si
se negaba el pasado y el presente. El futuro era Europa: progresar era salir de
América para entrar en Europa. De aquí la insistencia de la negación americana y
la ansiedad por ser europeos. Esta pauta histórica provocó un método que luego
se hizo norma. Se sustituyó la realidad por la abstracción". Es decir, se
violentaron las leyes naturales. Trae aquí Mafud una curiosa cita de Martínez
Estrada que no puede ser más certera: "Todos nuestros dictadores son, en verdad,
restauradores de las leyes naturales."
Esta frase es una prueba más de la canallería intelectual de Martínez Estrada,
pues revela como toda su obra la fuga de la realidad y su necesario análisis
histórico, buscando otras explicaciones a lo que tiene bien en claro en lo
íntimo de su inteligencia: así su horror por los dictadores es un simple
acomodamiento a la dictadura intelectual de la “intelligentzia” para asegurarse
los provechos de la fama, los premios y “ainda mais”, como tantos otros.
Fin de la zoncera Nº 1
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