Debate Gabriel Martín - Enrique Gil Ibarra
Dado el interesante debate llevado a cabo en estas páginas entre Gabriel Martín y Enrique Gil Ibarra, y para facilitar el acceso a una comprensión cabal de la controversia, creemos conveniente reproducir la serie completa de ponencias de ambos autores en una sola página. El disparador del debate fue una nota de Gabriel Martin publicada en
El Descamisado. Dicho artículo, las réplicas y respuestas se publican cronológicamente a continuación.
Hay una conspiración en marcha (15/05/08)
Por Gabriel Martin
En octubre del año pasado circulaba un mail con la consigna "Se viene el gobierno bipolar" en alusión a ciertas incapacidades neurológicas de la señora Cristina Kirchner. Acababa de ganar las elecciones precisamente "el mejor cuadro de la política argentina de los últimos cincuenta años" y sonaba a chicana.
Pero luego empezaron las dudas. Y en todo caso, el doble comando bipolar, de un gobierno de Néstor y Cristina Kirchner sería una anécdota, en un matrimonio de ingenieros, es inevitable que hablen de ingeniería. Lo grave es otra cosa.
Lo grave es que Néstor Kirchner patrimonializó el gobierno, lo privatizó, se
llevó la cédula verde a Puerto Madero, nada más y nada menos. Y todavía hay
quienes tienen dudas sobre el proyecto (si es que hay otro que el usufructo
cuasi vandálico del poder) continuista del menemismo; lo que es peor, hay
todavía muchos que creen que se trata de un gobierno popular que está siendo
atacado por el golpismo.
La teoría esbozada es que hay una contradicción insalvable entre el proyecto neoliberal y un gobierno progrepopulista.
El primer error de esta falsa contradicción es que exista un gobierno progresista y populista. ¿No será mejor pensar que en esa contradicción, los considerados "progres" están en realidad donde lo estuvieron siempre? Ese lugar, claro está, es del bando neoliberal.
Pero siguiendo el juego de esa falacia maniquea, parte de la primera línea del
kirchnerismo afirma que ante tal contradicción no hay lugar a medias tintas (ni
tan kirchneristas, Eduardo Aliverti es uno de los defensores de esta teoría) y
es obligación de todos optar de qué lado de la línea se está, o con los
retrógrados o con el gobierno. Esa línea es alimentada por una banda de
funcionarios, ex militantes a media asta que a la hora en que los uniformados
avanzaban a paso redoblado desertaron de su lugar de lucha en el frente popular
al que juraron lealtad hasta la muerte, "como hizo el Che", plantearon el
disenso contra el "aparatismo", y los que pudieron, rajaron.
En aquellos tiempos la contradicción era "Liberación o Dependencia", era el
derecho de la libertad del pueblo contra el proyecto concreto de una corporación
armada para el genocidio y con el sustento de Washington y la Escuela de las
Américas. Y en ese momento, los que hoy catalogan a los opositores de golpistas,
optaron por no estar en alguno de los dos bandos.
Por ejemplo, mientras Nora Cortiñas marchaba frente a la Casa Rosada usurpada
por Videla, Néstor y Cristina remataban casas en Río Gallegos. Y nadie les pidió
a Néstor y Cristina ningún otro tipo de participación, simplemente se les pide
explicaciones a los detentadores del "montonómetro", de una supuesta militancia
superior a la del resto de los mortales.
Es cierto que hay un complot en marcha.
En este país se conspiró para ir contra la integración latinoamericana.
Contra la soberanía popular que intentan construir Hugo Chávez, Evo Morales y
Rafael Correa, encabezando procesos que no son ni de cerca idílicos.
Este gobierno, no el de Menem, ni el de De la Rúa, reprivatizó las mayores
reservas de petróleo que le quedaban al país a Panamerican Energy. Pero, en la
teoría del posibilismo (refiérase al que se hace lo que se puede dentro de los
límites existentes y no vale la pena intentar ir más allá) se acuñó uno de los
máximos modernismos de la política nacional: la "argentinización". Bajo la
doctrina de la "argentinización", parte de YPF en manos de Repsol fue comprada,
bajo la tutela directa del gobierno, por Enrique Esquenazi. Sucede que en los
'90 la contradicción era Estado vs. Privatizadas, pero como no volvimos a esa
década infame, fuimos a….la argentinización, y esto vendría a explicarse como
dólares socialistas, que son los que supuestamente pone un argentino, más
humanizados que los dólares de esas potencias imperialistas que quieren
desestabilizar al gobierno popular. Es una partida nueva de dólares que, para
los posibilistas, en vez de la cara de Benjamín Franklin tiene el busto de
Fidel.
En el posibilismo no hay lugar para grandes patriadas como la estatización de
las telecomunicaciones llevada adelante por Correa en Ecuador, o la estatización
de Techint en Venezuela. Lo que no pueden explicar los posibilisitas es cómo Evo
Morales, con un verdadero golpe de Estado en marcha encabezada por una
oligarquía que literalmente pretende por todos los medios separar la porción del
territorio más rica de ese empobrecido país, recupera la renta hidrocarburífera
y define la estrategia energética de su país.
Esto no quiere decir que el capital transnacional no esté conspirando contra la
Argentina. Ese capital finalmente encontró la brecha para entrar al país para
beneficio de un puñado sin aportarle nada a la mayoría del pueblo ni a su
desarrollo estratégico. La punta de lanza de esa infiltración del neoliberalismo
que avanza contra el gobierno de Néstor "Cris" Kirchner* tiene apellido y
nombre: Bala, Tren.
Es hasta increíble sentarse a ver cómo se justifica semejante payasada. Este
"salto al siglo XXI" como dijo la primera dama, le costará al Estado un
incremente de la deuda externa de, al menos, 6.000 millones de dólares (préstamo
inicial + intereses), que beneficiará a la economía francesa, y que será un
negocio financiado por el Estado y que será entregado en concesión privada a una
empresa, harto seguro "amiga", probablemente "argentinizada". Espectacular
maniobra de apropiación de recursos financieros de todos los argentinos que
llegará a un puñado.
Además, la mayor parte del trabajo directo que generará el tren de alta
velocidad será para los obreros franceses que hagan los vagones, los rieles,
todo el equipamiento interno del ferrocarril. La energía eléctrica del mismo se
la vamos a comprar a Brasil. En la Argentina se harán las zanjas, se remacharán
los rieles. Es innegable que los Kirchner tienen un internacionalismo proletario
notable.
Hay otro complot para saquear las arcas del Estado, que quiere retrotraer la
situación a los '90 y es la creación de empresas estatales como LAFSA, las
líneas aéreas que el kirchnerismo anunció que comenzarían a volar en 2003.
Presupuestos millonarios que el Congreso aprobó todos los años para mantener a
un centenar de empleados (el hermano de Scioli entre ellos) para que….para nada.
Pilotos, tripulación de abordo (de no se sabe qué), Gerente de Marketin
(¡¿?!)…¿hace falta atacar eso? En 2004 LAFSA pagó $459.664,37 en compra de
uniformes (¡¿?!), y $372.750,00 en concepto de "Capacitación". En 2007 el Estado
le dio a LAFSA un presupuesto de $4.650.284. Bien podría explicarles ese gasto a
los veinticinco chicos que mueren en la Argentina cada día por desnutrición.
Y también están los macristas que añoran los años de la patria contratista,
cuando el Estado mantenía a las empresas parásitas como las concesionarias de
ferrocarriles, subtes, transporte automotor; el subsidio a las petroleras, a las
telefónicas, a las empresas de luz y gas. El gobierno dice que ese subsidio está
para que no haya una disparada inflacionaria. Lo peor de todo es que esos mismos
servicios, suben, o se "actualizan" como le dicen los funcionarios a la
transferencia de riqueza del bolsillo de los argentinos a las cuentas bancarias
de los empresarios. Dicho sea de paso, el averno Macri, que es Franco, será
socio del tren bala francés concesionado por el Estado neoprogre.
Una característica que se le endilgaba a un presidente fue negar la realidad y
gobernar según un puñado tan cerrado como el de sus hijos y un par más. Se lo
caracterizaba de autista, era la negación de todos los problemas y crisis. Era
Fernando De la Rúa pero bien podría tratarse de aquel que niega la deuda externa
cuando se erogan todos los años decenas de miles de millones de dólares; negar
la inflación, negar la deserción escolar, negar la precariedad laboral, negar la
falta de energía eléctrica, negar la falta de obra pública y negar la
inseguridad.
Alberto Fernández llegó a decir que es culpa de los argentinos que no saben
comprar, que no hay inflación sino una "sensación". Esa sensación para los hijos
de los "argentinos y argentinas", como la primera dama gusta decir, es
desempleo, pobreza y hambre.
Hay bandas que conspiran, que secuestran como hicieron con Jorge Julio López. Y
otros más. No vamos a entrar desde aquí en las teorías de falsos secuestros, que
uno dijo que lo habían quemado en el pecho con cigarrillos y apareció en
televisión inmaculado. Seamos serios, al ministro Aníbal Fernández, le
secuestraron a tres militantes con las fuerzas de seguridad a su cargo, ya sea
como ministro del Interior o Justicia. ¿No amerita al menos una interpelación?
Tres testigos en causas por delitos de lesa humanidad, en tiempos de una
democracia, fueron secuestrados.
Y hablamos del gobierno al que más le "preocupan" los derechos humanos. Pero si
algo llama la atención es que en el secuestro de Juan Puthod, el neocombatiente
Luis D'Elía no llegó a movilizar ni a diez personas a Plaza de Mayo para
convocar al pueblo en defensa del gobierno popular, como si lo hizo por treinta
caceroleros.
Ni hablar de la primera dama que, con un desaparecido se fue al Calafate a
descansar. Eso sí, cuando de marchar por una ciudadana colombiana-francesa en
París se trata, hay que reconocer que la señora está en primera fila. Fuentes de
presidencia dice que las palmeras de Plaza de Mayo son "bananeras" y es por ello
que nunca se la vio marchar un jueves con las Madres.
El 9 de mayo, a once días de su secuestro, el propio Puthod se quejó
públicamente por la falta de investigación en su secuestro. El ministro de
Justicia, Aníbal Fernández brilla por su ausencia. Puthod no podrá reclamar al
INADI por la falta de atención judicial, sobre Julio López todavía no hay una
prueba seria. Cuántas pistas se destruyeron en once días nadie lo sabrá jamás,
de eso se trata.
También están los que complotan contra la estabilidad económica y fugan
capitales al exterior, dineros públicos que nunca vuelven como aquellos que
estuvieron en manos de Esquenazi, casualmente el amigo K de YPF "argentinizada"
que además tiene a Mario Blejer en el directorio, que casualmente sonó candidato
K al Ministerio de Economía. Son esos fondos públicos de una provincia que hace
dos décadas cobra un resarcimiento del resto de la Argentina, pero sus
santacruceños pagan la luz más cara del país, para obras que comenzaron a
hacerse diecisiete años más tarde, y ese colchón de dinero se fue una vez para
volver tres veces.
Repasemos matemáticas: se fue una vez…volvió tres. ¿No cierra no? Esquenazi,
dueño del Banco de Santa Cruz cuando el presidente Néstor Kirchner era
gobernador y envió las reservas provinciales supuestamente a algún lugar.
Otra facción que forma parte de la conspiración antipopular son los multimedios
que buscaron concentrarse para hacerse monopólicos, como Clarín, que se hizo
dueño de todo sin que nadie se diera cuenta. Fue la distracción de cuando el
presidente Kirchner se estaba mudando a la nueva Casa de Gobierno en Puerto
Madero, por noviembre de 2007, que Guillermo Moreno firmó la adquisición de
Cablevisión por parte de Clarín, convirtiendo al grupo en un monopolio de hecho.
De hecho, para el neoinsurgente D'Elía, Marcelo Bonelli y Gustavo Silvestre son
los sicarios del Grupo Clarín contra el movimiento popular, pero se olvidó
entonces como la primera dama dio su única entrevista de campaña precisamente a
Bonelli y Silvestre, con un reportaje pautado, sin repregunta.
El Grupo Clarín se "olvidó" cuatro años en difundir aquellos videos archivados
en que Néstor y Cristina aparecen ladeando a Menem en un escenario santacruceño
para agradecerle las transformaciones del país. Y en algo lo superaron al
riojano: el índice de pobreza, en la Argentina redistributiva, es mayor que en
1998.
"Hablando de Roma", eran notables los recursos volcados a Anillaco durante una
década, tan notable como la promoción al Calafate donde la primera dama descansa
demasiado periódicamente. Dónde también la hija presidencial, Florencia K, viaja
con su grupo de amigos en avión oficial. Y no le mata al hambre a nadie un vuelo
más o un vuelo menos, pero son señales de la conciencia del poder público
privatizado, con la naturalidad con que Néstor Kirchner usa el helicóptero de
Presidencia de la Nación cuando no tiene cargo público alguno (salvo el de
presidente en ejercicio).
Hay quienes dicen que María Julia Alsogaray quiere volver. Hay otros que dicen,
que como monstruo engendro de los '90 volvió, pero sin tapados de pieles y en
forma de Romina Picolotti, que tiene un incendio que inunda de humo a la mitad
de la población del país (hay que sumar a Rosario, el conurbano bonaerense y
Capital Federal nada más) y en vez de ordenar el accionar de los equipos de
Córdoba, los principales del país para el manejo del fuego, se encomienda a Dios
y a la lluvia. Un verdadero cuadro.
Lo innegable es que "El Campo", ese enemigo intangible corporizado en el diente
postizo de De Angeli lleva a cabo uno de los máximos complot de la era K. Cuando
estalló el conflicto, o mejor, una vez que iniciado el conflicto y cuando al fin
de Semana Santa la primera dama volvió de una de sus tantas vacaciones en El
Calafate (donde fue, en esa oportunidad, a decorar la casa nueva), el
vicepresidente Julio Cobos retornó de Cataratas del Iguazú con su familia
(gastos oficiales mediante) y el ministro de Economía de entonces, Martín
Lousteau, o Martín El Breve como se lo conoce ahora, volvió de Buzios (Brasil)
con su novia, éste corrió a reunirse con uno de los máximos beneficiados del
dólar dibujado con Grobocopatel, el principal operador de ese yuyo conocido
científicamente como soja. Cuando todavía salía humo de República Cromañon, el
entonces jefe de Gobierno y actual legislador porteño K, Aníbal Ibarra, en vez
de presentarse en los hospitales, en vez de reunirse con los familiares de las
víctimas tuvo una actitud similar y se encontró con los principales dueños de
los boliches porteños.
Lo más sincero de todo esto es que finalmente se ubicaron del otro lado de la
línea divisoria geográfica más significativa. El centro de operaciones está en
ese lugar indudable, del que nada bueno sale para el común de los argentinos,
desde esos ladrillos ingleses de los años de la semicolonia saqueada por un
puñado que arrimaba el trabajo de los argentinos a los diques, y que ahora fue
rebautizado Puerto Madero, con su rutilante unidad básica kirchnerista. Desde
allí se dirige la conspiración, que se puso en marcha el 25 de mayo de 2003.
Revista El Descamisado
Edición Digital
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No, Gabriel. Hay varias conspiraciones en marcha
(17/05/08)
(Respuesta a Gabriel Martin)
Por Enrique Gil Ibarra
Iba a escribir que es triste tener que disentir fuertemente con compañeros, pero
en realidad no es cierto. Es precisamente con los compañeros con los que se
puede disentir, especialmente con aquellos cuya fidelidad indiscutible a un
proyecto de país los justifica en sus posibles (y a veces inevitables) errores
al analizar la realidad.
Existen desde siempre, dentro del movimiento peronista, por lo menos tres
sectores: aquellos que reivindicamos históricamente las posiciones
revolucionarias del gordo Cooke, de los programas de La Falda, Huerta Grande y
la CGT de los Argentinos, la resistencia, y las luchas de las organizaciones
populares de los 70. Otro, que se limita a repetir las veinte verdades
peronistas y la consigna “ni yanquis ni marxistas”, para esconder su
indiscutible predilección militante por el capitalismo “nacional”, la
desigualdad de clases y su supina ignorancia (voluntaria, por cierto) de lo que
verdaderamente significaba a mediados del siglo pasado la “tercera posición” de
Perón. Son aquellos que “deciden” conscientemente ignorar estos sesenta años,
negar que el peronismo pueda evolucionar con los tiempos y, contradiciendo a
Perón sin haber leído sus libros, se sienten más peronistas que Evita,
convirtiendo a la militante en una “santa” y a Perón en un boludo. Sin embargo,
en sus tinieblas, la mayoría son honestos.
Por último, están aquellos que no son, ni fueron, ni serán, otra cosa que chicha
diluida con limonada (y azúcar), que siempre entendieron todo, que siempre
supieron que su progreso personal pasaba por el movimiento popular, y que
siempre tuvieron la inteligencia necesaria para, una vez muerto Perón,
apropiarse de las banderas y hacerlas flamear indiscriminadamente hacia un lado
y hacia el otro, porque simplemente su proyecto no pasa por las banderas, sino
por el rédito personal que su ondear puede proporcionarles. Son los “progres”
del movimiento. Liberales pero no mucho, zurdos pero no tanto, reaccionarios
cuando conviene y capitalistas siempre.
La nota de Gabriel Marín, indudablemente un compañero, aunque muy
convincentemente escrita, adolece lamentablemente de un defecto central: culpa
al enemigo por ser enemigo.
Destacando una correcta crítica del “posibilismo”, Gabriel se pierde en minucias
devaluatorias del gobierno “Kirchnerista”. No estamos afirmando que el “Tren
Bala” esté bien. Desde luego es una estafa moral al pueblo argentino. Y digo
estafa moral porque si esa misma plata se hubiese destinado a la recuperación
del ferrocarril patagónico, yo hubiera aplaudido. Lo que me parece que Gabriel
no ve es que aquí no se trata de una cuestión de dinero. En un país capitalista
el despilfarro y el negociado son inevitables (y esperables), sea quien fuere el
gobernante, con o sin su anuencia.
El error principal de Gabriel es “suponer” que un gobierno con los orígenes del
actual, podría actuar de otra manera. Por consiguiente, su crítica es
inconducente porque comete el mismo error que cometimos los militantes de la
“izquierda peronista” en los 70: tiramos la “culpa” afuera.
Gabriel denosta a los Kirchner porque pretende que adopten una posición
revolucionaria que no tienen ni desean tener. No es su proyecto. El proyecto de
los Kirchner es, y todos nosotros lo supimos siempre, una “democracia” dentro de
un “capitalismo humanizado” que ellos creen posible y nosotros no.
Así como en los 70 el Roby Santucho consideraba a Perón “el jefe de la
contrarrevolución”, y muchos compañeros peronistas de izquierda terminaron
comprando esa definición errónea, hoy algunos compañeros del peronismo
revolucionario asumen a Kirchner con similar caracterización, olvidando dos
cosas: a) la derrota nunca es culpa del enemigo; b) la contrarrevolución existe
porque la revolución no existe.
Por supuesto, el otro error es el ideológico. Para usar la frase de Gabriel,
desde luego que sí existen contradicciones entre los proyectos neoliberales
imperialistas y un gobierno “progrepopulista”. Seguramente no son
“contradicciones principales”, sino secundarias, pero sin duda las hay.
Lo contrario significa afirmar subrepticiamente que esta democracia sumamente
imperfecta es comparable a las dictaduras que hemos conocido, y eso es
simplemente un disparate.
Pienso que la limitación evidente de un pensamiento maniqueo reside la mayoría
de las veces en la impotencia. Cuando un sector social no logra modificar la
realidad a su gusto, los individuos que lo integran tienden a trasladar –como
decía arriba- la culpa afuera. Lo contrario exigiría preguntarse porqué los
planteos que defendemos no prenden en el sector social que pretendemos
representar, y asumir por consiguiente una incompetencia profunda y reiterativa
para la construcción de poder.
Por supuesto, para lograr asumir esto hay que saber, definitiva e
irrevocablemente, “de qué lado se está”. En la lucha de clases, no hay opciones
dudosas: se está con el pueblo o contra él. Esto implica también aceptar y
comprender las decisiones populares, aunque nuestra individualidad no las
comparta. La construcción de poder popular tiene que ver con esa aceptación e
integración colectiva, no con las pretensiones “revolucionarias” (y teóricas)
que nos empujan a definiciones que sólo nosotros estamos en condiciones de
aprobar, aunque no de impulsar para convertirlas en prácticas superadoras.
Con la misma necedad que a veces (como actualmente en el conflicto con sectores
agrarios) se les endilga (justamente) a los Kirchner, Gabriel “denuncia” una
conspiración desde el gobierno para “traicionar” al pueblo. Se equivoca porque
esa “conspiración” no existe. Kirchner nunca dijo que quería una “patria
socialista”. Cristina tampoco. Y, si vamos al caso, tampoco el pueblo argentino.
¿Es culpa de Kirchner? ¿Es culpa del pueblo?
La responsabilidad de la construcción del poder popular que pueda hacer realidad
una revolución no recae en los gobernantes, aunque a muchos “intelectuales
revolucionarios” los justificaría si así fuera.
Los peronistas no somos kirchneristas, como no fuimos duhaldistas, ni menemistas,
ni vandoristas. Eso significaría abandonar nuestro proyecto de país. Pero los
compañeros que evalúan ahora, desde una supuesta posición “revolucionaria” del
peronismo que deben ser “antikirchneristas” a como de lugar, no hacen otra cosa
que brindar espacio a Macri, a Lilita y a la Sociedad Rural. Basta observar
quiénes concuerdan con su posición: la ultra derecha peronista y no peronista
utiliza sus mismos argumentos, idénticas descalificaciones, similares
pronósticos, análogas “esperanzas” de que esto se acabe.
Para quien tenga dudas, no alcanza con una economía “neoliberal” para configurar
una dictadura. Critiquen la economía cuando critiquen al sistema, porque es el
sistema nuestra contradicción principal, y no un gobernante coyuntural que,
aunque les pese, fue elegido por el pueblo que integramos y al que sin duda
debemos criticar, pero subordinando esa crítica a los intereses populares frente
a otras alternativas.
De lo contrario, no estarán haciendo otra cosa que repetir nuestra propia
historia de los 70, cuando decidimos que venceríamos en una guerra imposible que
el pueblo no comprendió. No confundamos el pan con el circo. Sólo los
intelectuales de clase media piensan que el pan no es importante.
Enrique Gil Ibarra
_________________
hendrix
http://elhendrix.blogspot.com
http://elhendrix.com.ar
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¿Quién se lleva el pan?
(18/05/08)
Por Gabriel Martin
(Respuesta a Enrique Gil Gil Ibarra)
Sinceramente no tengo idea en qué momento encontró el Sr. Gil Ibarra comparación
de mi parte entre una dictadura y esa representación estatal del capital
vandálico. No voy a comparar bajo ningún concepto a un usurpador del poder como
Videla con alguien que al menos le ganó por dos puntos al voto en blanco y fue
votada por menos de tres de cada diez argentinos (hablo de la realidad y no de
los porcentuales sobre votos positivos). Sin caer en los delirios de Elisa
Carrió que compara a Kirchner con Ceaucescu, bien se podrían puntualizar un par
de cuestiones. Nadie cuestiona al modelo económico, ni Lavagna, ni Carrió, ni la
ultraderecha. Especialmente esta última. Pueden criticar cuestiones secundarias,
pero no le discuten el modelo porque ni Martínez de Hoz lo pudo aplicar, aunque
sí soñó que alguien lo continuara como sucede ahora, porque valga aclarar de una
buena vez por todas, que mientras la oposición se escandaliza con la tilinguería
detentada en el manejo político, tal vez en una improbable tarde de porros se le
pudo ocurrir a Alsogaray, Alemann y Martinez de Hoz que un gobierno iba a pedir
préstamos más caros, iba a regionalizar los recursos para que una empresa yanqui
de un ex director de la CIA se lleve anualmente 20.000 millones de dólares en
oro pagando una retención del 3% y enarbolando las banderas peronistas le
extienda las concesiones petroleras a una corporación estadounidense por otras
tres décadas.
Inclusive sin la planificación de desarrollo como sucede ahora, inclusive
queriendo un país productor de materia prima, con el Estado explotando los
recursos de los argentinos, es decir, los argentinos usando sus propios
recursos, estaríamos en condiciones de materializar esa mentada liberación
económica.
Como fue el acto fallido de Herminio Iglesias en Vélez cuando cerraba la campaña
a las presidenciales de 1983, el matrimonio K gritó, pero con conciencia,
“nosotros elegimos dependencia”.
En cuanto a la cuestión del error imputado, de culpar al enemigo por ser
enemigo, deseo aclarar que en ningún momento puse ese eje sino que el objeto de
este y otros artículos no es mostrarle al enemigo lo que es, sino modestamente,
mostrarle a los dubitativos seguidores, a esa militancia culpógena que encuentra
su intelectualización del pueblo peronista en personajes como José Pablo Feimann,
think tank del posibilismo neoliberal, neomenemista, o como popularmente lo
definiera Capusotto, “menemismo con derechos humanos”, simplificando una
aparante, sólo aparente, buena intención de los Kirchner en la materia de
derechos humanos en la que dicen avanzar mientras siguen pisando la causa Julio
López.
La filosofía de Feimann, espada del diario “Todo Positivo” Página/12, sobre el
peronismo tiene tanto vuelo como un yanqui intentando explicar al peronismo.
Ignora Feimann que tiene tanto en común con el peronismo como Nelson Castro. Uno
escribe sobre Evita, el otro edita pseudocursos de filosofía peronista.
La derrota, por lógica cartesiana, siempre es culpa del enemigo en primera
instancia, y luego por culpas propias porque a los errores cometidos no se le
puede negar al enemigo la virtud de explotar esa debilidad. Nunca fue a la
inversa. Napoleón concurrió con una enorme disparidad de fuerzas a Waterloo que
le jugaban en contra, pero negarle a Wellington cualquier acierto es tan osado
como culpar a los aztecas de haber sido conquistas por un puñado de españoles
(porque) a diferencia de lanzas tenían la pólvora.
Por último Sr. Gil Ibarra, usted apela a la utilización argumentativa del
maniqueísmo para, acto seguido, catalogar a toda oposición a los Kirchner como
funcional a Carrió o Macri (socio de este gobierno como de todos los
anteriores). Suena tan maniqueo al “yo o el caos” de Alfonsín, o “yo o la
devaluación” de Menem. Este argumento tan esgrimido por espadas de este
gobierno, es el de más corto vuelo jamás expuesto. Es un insulto a la
inteligencia. Sería básicamente decir que si no quiero que venga Bush tengo que
apoyar a Saddam Hussein, o en el caso coreano, estar en Corea del Norte con Kim
Il-sung porque la amenaza es peor. O mejor, para trasladarlo a nuestros pagos,
mejor apoyar a Scioli porque puede volver Duhalde, aunque aquí entraríamos en un
extraño pantanal porque Scioli fue hombre de Menem, hombre de Duhalde y hombre
de Kirchner, como este fue a su vez hombre de Duhalde y también de Menem. En
realidad, son soldados del mismo proyecto.
Estar en contra de los superpoderes no es estar a favor de Carrió, de hecho,
querer un Congreso “cerrado” es más bien parecido a otra cosa. Lo mismo que
pretender simplemente que los funcionarios contesten algunas preguntas no es
estar a favor de La Nación o Clarín, pero apoyar la idea de “hablar” desde la
tribuna es un discurso unilateral. Aunque en lo personal bien me gustaría ver a
uno de estos sostener un debate no pautado, como aquella entrevista de CFK con,
casualmente, Bonelli y Silvestre y vemos que sale. Por ejemplo, también fue con
Bonelli y Silvestre donde D’Elía tuvo el sincericidio de decirle a los voceros
del Grupo Clarín: “¿Qué más quieren?”, que no es otra cosa que decir “ya les
dimos el monopolio del cable, les respaldamos judicialmente la nacionalización
de su deuda, dejamos de hablar de los hijos choreados de la Señora, no le
dejamos entrar a nadie en el mercado, les dejamos hacer lo que quieran en el
resto del país, ¿y van por más?”.
También bien valdría la pena no caer en la demagogia de arrogarse una
incomprobable representación de los intereses de las clases populares, que según
otra falsedad, nunca se equivoca. Creo que ni hace falta exponer las
barbaridades que llegaron a apoyar y dinamizar los pueblos. Pero si así fuera,
además de caer en este error, se está justificando lo que se dice denostar, que
son las vanguardias esclarecidas, porque el gobierno de Néstor Kirchner, no
sería otra cosa ya que poco más del 70% de los argentinos no lo votó, y mucho
menos son el minúsculo grupo que se moviliza espontáneamente en defensa del
“gobierno popular” (¿?) y lo quieren comparar con las participaciones populares
de antaño.
¿Qué actitud es más osada de vanguardia iluminada que un sector votada por una
mayoría minúscula y se arroga la representación de intereses del pueblo?. En
números concretos: de la clase empobrecida, es decir, aquellos a los que el pan
les interesa por sobre todas las cosas, los votó menos del 50% de la clase a la
que dice representar en totalidad. Ni hablar si, con una mínima aproximación, el
grueso de los votos kirchneristas provienen de esos pueblos predominantemente
agrícolas.
Pero es justamente en este punto al que va el eje del artículo. No es culpar al
enemigo sino a los que temen que si se cae el gobierno de Kirchner “viene la
derecha”, porque lo que dice la realidad, no el artículo, es que este es un
gobierno de la derecha neoliberal y que usa a los muertos de la dictadura para
decir que toda crítica al tren bala es estar en contra de la política de
derechos humanos, toda oposición a la entrega de los recursos minerales es jugar
a favor de los abogados de los represores, toda expresión contraria a la entrega
de las empresas a empresarios amigos ahora viene a ser un apoyo irrestricto a
Massera.
En realidad, Sr. Gil Ibarra, apoyar en los ’90 y ahora la entrega de YPF, negar
el hambre, promover el saqueo minero, propiciar la “patria contratista” del
eterno subsidio a la banda colindante al Estado, supeditar a todo el Congreso a
los superpoderes de quien ejecuta la política económica, y configurar el país de
América Latina donde la concentración de la riqueza avanza a pasos mucho más
acelerados que en el resto de la región (tanto en lo material como en la renta)
no es otra cosa que estar a favor del proyecto enajenador iniciado hace 32 años
por Martínez de Hoz.
Si se beneficia Grobocopatel, la Barrick Gold, Pan American, el Club de París (a
quién le vamos a pagar la deuda y comprarle la deuda para poner un tren que
genera trabajo en Francia), a la banca privada, al capital financiero y timbero
que no paga retenciones (único país que la renta accionaria no paga impuesto a
las ganancias!), y que luego de la división internacional, una presidenta dice
que “podemos ser una multinacional de alimentos” como expresión de deseo para el
desarrollo nacional, Sr. Gil Ibarra, tiene razón, hay muchas conspiraciones en
marcha y se ejecutan ahora.
Tal vez Sr. Gil Ibarra estas sean para usted minucias comparativas, pero el
beneficio al capital concentrado es importante para las clases que piensan que
el pan es importante.
Gabriel Martin
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El pan se lo lleva el dueño del circo
(20/05/08)
(No el malabarista)
Por Enrique Gil Ibarra
(Respuesta a Gabriel Martin)
Bueno, Gabriel, no te enojes. En principio, quisiera aclararte que mi crítica no
fue personal, sino política, y en todo momento (supuse que quedaba claro), me
referí a vos como a un compañero. Me parece que tu insistencia en tratarme como
“Sr. Gil Ibarra” pretende ser una descalificación encubierta, y lo lamento.
No comprendo porqué en tu respuesta traés a colación a Feinnman. Yo no lo
mencioné para nada, y tampoco estoy de acuerdo con su posición.
En cuanto al tema de quién es responsable de una derrota, lo siento, no coincido
con vos. Tal vez porque no coincido mucho con el dualismo de Descartes.
En ese paradigma, que separa totalmente al “observador” del “observado” seríamos
máquinas “estímulo-respuesta” en los que nuestro accionar se basa no en la
realidad, sino en lo que el observador “cree” que es la realidad. Por
consiguiente, se modifica el accionar pensando que lo que pensamos es la verdad
y que no hay otra posibilidad.
Prefiero el materialismo dialéctico. Si nos atenemos a él, la realidad (su
potencialidad de cambio, que no tiene que ver con “posibilismo”) y no mis
“deseos” deben guiar mis actos para modificarla. En ese marco, te diría que un
marxista sólo pelea para ganar. Si es derrotado, el análisis erróneo fue suyo,
la “culpa” (responsabilidad) también lo es. Esto por supuesto no le quita los
“méritos” al enemigo, pero en el sentido de que supo aprovechar mis errores.
Ergo: fue más inteligente que yo, lo cual no me disculpa para nada.
Por supuesto, lo de los aztecas con los españoles no es un ejemplo válido. No
fueron los aztecas los que iniciaron la pelea.
En ningún momento afirmé que “toda oposición a los Kirchner” fuera “funcional a
Carrió o Macri”. Eso es una tergiversación (que supongo involuntaria). Lo que
escribí textualmente fue: “Pero los compañeros que evalúan ahora, desde una
supuesta posición “revolucionaria” del peronismo que deben ser
“antikirchneristas” a como dé lugar, no hacen otra cosa que brindar espacio a
Macri, a Lilita y a la Sociedad Rural”.
Y agregué que “Basta observar quiénes concuerdan con su posición: la ultra
derecha peronista y no peronista utiliza sus mismos argumentos, idénticas
descalificaciones, similares pronósticos, análogas ‘esperanzas’ de que esto se
acabe”.
Y esto, compañero Martín, lamentablemente es un hecho. Simplemente intenté
llamar tu atención sobre lo siguiente: si en determinada coyuntura de la lucha
de clases, la posición de un sector de la izquierda revolucionaria coincide con
la de los sectores oligárquicos y proimperialistas, esa izquierda revolucionaria
está errando el análisis coyuntural. Esto no quiere decir que se equivoquen en
el diagnóstico global, sino que las tácticas están evidentemente equivocadas.
Tampoco concuerdo con vos cuando escribís “Sería básicamente decir que si no
quiero que venga Bush tengo que apoyar a Saddam Hussein, o en el caso coreano,
estar en Corea del Norte con Kim Il-sung porque la amenaza es peor”.
Te confieso que con tal que Bush no hubiera entrado en Irak yo apoyaba a Saddam.
Sin duda alguna. Porque la realidad (ya no más “amenaza”) es peor. Y la
realidad, amigo, no es algo que pueda desestimarse tan livianamente.
Mi respuesta iba destinada a reflexionar sobre la construcción de poder, como
alternativa concreta a las “declamaciones” teóricamente “revolucionarias” que no
están sustentadas en un respaldo popular concreto.
Esto no quiere decir que no acuerde individualmente con vos en muchas cosas de
las que planteás. Por el contrario. Porque acuerdo en el planteo te digo que
está mal formulado, porque lo hacés desde una posición de “observador”, y no de
“modificador”. Tu postura no tiende a “modificar” el grado de compromiso de este
gobierno con un proyecto nacional. Te limitás a decir: este gobierno es anti
nacional e irrescatable. Punto.
Si esa es la realidad (y no niego que podría serlo) ¿Qué alternativas podés
ofrecer para el pueblo argentino hoy? ¿Estás en condiciones de asegurar que tu
visión es compartida por más gente que ese “exiguo” 3 de cada 10? Y si es así:
¿Por cual gente?
Es por esto que me permití esa respuesta. Porque lo que yo veo (que no tiene
porqué ser lo que vos ves) es que los “dirigentes” que explícitamente comparten
tu postura no son precisamente líderes populares, que pretenden la liberación,
sino precisamente todo lo contrario.
Insistir en que al gobierno no lo votó “la mayoría” sino una “primera minoría”
no tiene sentido, Gabriel. Así funcionan las democracias formales que supimos
conseguir. Y sólo pueden denunciarse como fraudulentas cuando uno tiene detrás
un número mucho mayor de seguidores, cosa que (hasta hoy) no ocurre, salvo que
consideres “aliados tácticos” a toda la runfla Lilitosa y al gorilaje.
Por supuesto que eso no inhabilita para criticar duramente todo lo que
consideres necesario. Y tampoco creo que esa crítica te coloque al lado de
Massera. Ese es precisamente un ejemplo de lo que considero la “necedad” del
gobierno que mencioné en mi nota. No obstante, no concuerdo en que este gobierno
sea “la derecha neoliberal”. Por supuesto, si estuviéramos en los 70, sí lo
sería. Pero en los 70 no había caído el muro, el mundo era bipolar, la
globalización era un delirio impensable y nuestros pueblos latinoamericanos
estaban en avance. La realidad ha cambiado y si queremos que cambie nuevamente,
debemos partir de “esta” realidad y no de aquella.
Hacés referencia también a que es una falacia que “los pueblos no se equivocan”.
No me resulta extraño que pienses eso, porque es un concepto absolutamente
generalizado. Sin embargo, insisto. Lo que ocurre es que esas supuestas
“equivocaciones” populares generalmente son “descubiertas” después, con el
“diario del lunes”, y el análisis es efectuado por un “observador” que, con el
mismo criterio que te mencionaba más arriba, se coloca “afuera” de ese pueblo,
descontextualiza las condiciones operantes (las limitaciones de conciencia y
organizativas populares) en el momento y lugar, y “soluciona” el supuesto
“dilema” (otra vez Descartes), de una forma diferente al camino elegido por ese
pueblo en ese preciso momento. Sin duda es sencillo evaluar la historia de esa
manera. Pero no es real. Porque los pueblos no pueden ser analizados como
“individuos”. Son sujetos “en función de” la sociedad en la que viven y actúan.
Y sus elecciones (decisiones) son “en referencia a” los imperativos que los
condicionan en una singular coyuntura, en un especial contexto. Claramente: las
elecciones que realizaría un “individuo” que, por ejemplo, aceptara inmolarse en
una determinada lucha en la que cree, o atacando algo en lo que no cree, no son
automáticamente traspolables a una sociedad o a una clase que, como conjunto,
tiene como principal objetivo su supervivencia.
Como siempre, y en esto sí te doy la razón, el problema es el nivel de
conciencia (colectiva) que, en definitiva, es directamente proporcional a la
construcción de poder popular.
Finalmente, las minucias son minucias, y estoy seguro que tanto vos como yo
tenemos claro eso. Para todos nosotros lo importante es el pan, con todo lo que
ese concepto figurativo que empleé implica: Libertad, Justicia, Soberanía. A lo
que me refería con mi malinterpretada frasesita “No confundamos el pan con el
circo” es que en el circo hay magos, malabaristas, payasos, en fin, hacedores de
ilusiones. Todos ellos trabajan para el patrón, y la mayoría están mal pagos. Mi
pelea es con el patrón, no me interesa cambiar de malabarista.
Enrique Gil Ibarra
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Barrientos, ¿brazo social del golpismo
eclesiástico? (22/05/08)
(Respuesta a Enrique Gil Ibarra)
“Si en determinada coyuntura de la lucha de clases, la posición de un sector de
la izquierda revolucionaria coincide con la de los sectores oligárquicos y
proimperialistas, esa izquierda revolucionaria está errando el análisis
coyuntural. Esto no quiere decir que se equivoquen en el diagnóstico global,
sino que las tácticas están evidentemente equivocadas”
Estimado Sr. Gil Ibarra, este es el punto crucial, primario, detrás queda las
responsabilidades que jamás negué tenga el derrotado, simplemente le adjudico el
mérito correspondiente al enemigo triunfante, quedará para otro momento qué es
lo que presupone hoy la “lucha de clases” si no caemos en la trampa de ingresar
al laboratorio del marxismo y tirar la llave por el excusado como hacen todos
los días la izquierda portuaria (casi digo nacional, una barbaridad).
Si le parece en otra coyuntura más electoral podríamos discutir quién le hizo el
juego a Macri, si fue Vilma Ripol o la “capacidad” de construcción política del
“bolche” Alberto Fernández. De todos modos dudo que se permitan en el
kirchnerismo ese debate. Ya sabe usted que las críticas son funcionales a la
derecha y contra el “modelo redistributivo y de de derechos humanos” (¿?) si se
manifiestan estos temas en víspera de una elección, o es una máquina de impedir
si es durante los primeros seis meses de un gobierno, o golpista
desestabilizador en el resto del período, entonces bajo esta teoría oficial, si
uno no está a los pies del gobierno, siempre se está con el golpismo.
Que quede claro, esto no se lo endilgo a Usted, no creo que caiga en un
argumento tan chiquito. Pero no se puede negar que es el argumento oficial,
esgrimido esta semana por Hugo Moyano.
Sabrá también, ya que seguramente mantiene un fluido contacto con las realidades
de los grandes centros urbanos, que desde hace meses los comedores reciben más y
más personas, y en el conurbano reabren muchos que habían cerrado, y tienen que
asistir a los pobres desaparecidos de los índices oficiales, que como bien
marcó, luchan por el pan. Lo que espero es que no acusen a Margarita Barrientos,
cuyo comedor Los Piletones conoce CFK porque se sacó la foto de rigor de
campaña, de estar conjurada con el Opus Dei en la ultraderecha católica para
desestabilizar al gobierno.
No es un argumento puesto por poner Sr. Gil Ibarra. Porque si la cuestión es
simplificar la consigna y cuando dos sectores antagónicos coinciden (suponiendo
que las clases son estáticas y homogéneas), y esto es algo que pongo bastante en
duda si hay coincidencias de fondo, hoy la Iglesia y una militante de base, que
le da de comer a pibes que se cagan de hambre, están en un frente contra los
Kirchner.
Ante este punto mi interrogante es básico, rayano con lo fronterizo: ¿Quién
coincide con los intereses del capital financiero?
Como bien marca, a cada uno su responsabilidad. Al gobierno que está hace más de
cuatro años también. ¿De qué lado está este Gobierno? Pero en serio lo pregunto,
porque la pobreza creció, la precariedad laboral también, le pagamos más a los
organismos internacionales, la Justicia “renovada” lo cita a Telerman por decir
que es Licenciado pero en una obra de infraestructura se chorean más plata que
en la causa IBM-Banco Nación, confesado por los sobornadores, y hacen lo posible
por cajonearla, el patrimonio del porcentual más rico se escapa del fondo
dieciséis veces más rápido que el promedio mundial (en criollo, se la llevan más
rápido acá que en otro país).
Cuando veo a CFK recibir al evangelista Luis Palau y los tobas de Santiago del
Estero y el Chaco esperaron al pedo en Plaza de Mayo que los reciba un
funcionario de cuarta, permitame dudar.
Le ruego, ahorrémonos decir que este enunciado encierra un artilugio demagógico.
Porque toda crítica a la concentración financiera y monopólica impulsada y
propiciada por este Gobierno es tildada de crítica a la “política de Derechos
Humanos”.
Y no vayamos a poner la contradicción a ese punto, la cuestión no es decidir
estar con Saddam para que no llegue Bush porque sabe que ese no es el planteo.
Precisamente su contradicción está en que me atribuye que yo no hago nada por
modificar el grado de compromiso de este Gobierno con un proyecto nacional y
también me dice que critico al enemigo por ser enemigo. Precisamente no le puedo
pedir a un gobierno que no tuvo un proyecto nacional, salvo el de “argentinizar”
las corporaciones privadas con socios argentinos, que precisamente lo tenga.
Nota al margen: los datos de los votantes de este gobierno no son un dibujo
personal, están disponibles en la Justicia electoral, del total del padrón.
Sería más frontal, y mejor para el debate que no ponga lo que no dije. En ningún
momento dije que este Gobierno sea producto de un fraude electoral, simplemente
dije que las mayorías que representa no son tan “mayorías” y en eso están los
números.
Si digo que este gobierno, ante elecciones harto dudosas en Córdoba dijo que un
presunto fraude electoral para la gobernación “no es un problema federal”, ergo,
no incumbe al país. Palabras de Néstor. ¿Acaso no se había cortado la luz en el
centro de cómputos cordobés con Schiaretti perdiendo y cuando volvió la luz
estaba ganando? Igualmente está justificado ya que Juez se sacó la foto con
Carrió.
Hablando de dibujos, tampoco me ponga al lado de los escandalizados con
Guillermo Moreno. Me importa bastante poco lo que haga Moreno y el Indec, en
definitiva pelean con un error que en su oportunidad, hace cuatro años marqué, y
fue atar bonos a inflación, porque las corridas inflacionarias existieron
siempre y fue una decisión tan acertada como caminar en tanga por un callejón a
las tres de la mañana. Lo que sí hacen modificando los datos es dejar fuera de
la asistencia a tres millones de pobres no incluidos, ni ajustar las
jubilaciones mínimas que están bajo la línea de indigencia. ¿De que lado están
estos datos?
El campo nacional siempre apoyó la creación de Lafsa o Enarsa, jamás
reprivatizarla en empresarios aliados (los otros tampoco se mostraron tan
enemigos).
Cuando estamos discutiendo un modelo, la cuestión es si se está del lado del
capital concentrado o del lado del que pasa hambre. Este Gobierno claramente
está con los primeros. Y mi pelea compañero, es con el dueño del circo y también
con los gobernantes, malabaristas de ese poder, y más payasos.
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Hay una discrepancia central (23/05/08)
(Respuesta a Gabriel Martin)
Gabriel, ante tu insistencia en tratarme
de “señor” dejaré de tutearte, ya que parecen gustarte las formalidades. De
manera que:
Sr. Martín, me alegra que considere que una de mis frases es el verdadero punto
del debate. Lamento entonces que no la haya comprendido en absoluto y reemplace
una respuesta ideológica (que yo esperaba) por una serie de chicanas disimuladas
y datos ciertos, pero inconexos, transformando esta discusión en una competencia
para demostrar quién es más revolucionario (emulación que francamente no me
interesa).
Con respecto a la necedad maniquea del gobierno, que yo mismo explicité en mi
primera nota de respuesta, no tengo nada que agregar. Usted insiste en el punto
como si ello fuera de importancia capital, cuando no tenemos diferencias al
respecto. Sin embargo, y como parece no haber quedado claro, se lo reitero:
tiene razón en eso.
En referencia a la compañera Margarita, su párrafo me parece simplemente una
humorada que pretende ser irónica. Siempre consideré a Margarita Barrientos como
una digna y activa integrante del campo popular. No sabía que había reabierto su
comedor pero, si lo hizo, sólo puedo aplaudir su constancia y su conciencia
solidaria. Lo que no creo es que su ironía esté justificada, ya que sería
absurdo relacionarla con el antikirchnerismo, el Opus Dei, y las conspiraciones
golpistas. Estoy seguro que nadie la ha acusado de nada, y no me parece que ella
haya salido por los medios a manifestarse a favor de la oligarquía sojera o de
la Sociedad Rural. Sinceramente, Sr. Martín, sí pienso que el suyo es un
argumento “puesto por poner”.
Usted se interroga: “… mi interrogante es básico, rayano con lo fronterizo:
¿Quién coincide con los intereses del capital financiero?”
Lamento que aún no tenga clara la respuesta, se la ofrezco con gusto: Todo
gobierno o sector social que no coincide con un cambio estructural que incluya
-por ejemplo- la socialización de la propiedad privada, la nacionalización de la
banca y de la producción estratégica y muchos otros ítems que sería largo
detallar aquí pero que los peronistas resumimos en Justicia social, Soberanía
política e Independencia económica, objetivamente (sea conciente de ello o no)
sostiene los intereses del capital financiero multinacional.
Pero esto tampoco era motivo de discusión, me parece. A esta altura, Sr. Martín,
me pregunto si Usted se ha tomado siquiera el trabajo de leer detenidamente mis
dos notas, como yo lo he hecho con las suyas.
Hay afirmaciones que Usted realiza, Sr. Martín, que no puedo menos que
considerar aventuradas. Dice que con este gobierno “la pobreza creció” y “la
precariedad laboral también”. ¿Lo está planteando seriamente? ¿Con qué época lo
compara usted? ¿Con Menem o con De La Rúa? Y conste que yo tampoco creo en los
cálculos actuales del INDEC.
Pero por favor le pido que no deduzca de este comentario que yo pienso que es
suficiente con esto. Por el contrario, al igual que usted, estoy convencido que
este gobierno tiene, no la posibilidad, sino la obligación de hacer mucho más.
Simplemente, no le exigiré hoy –como usted podría hacer- a Cristina Kirchner que
nacionalice la banca extranjera porque –le reitero- sé que ella no defiende un
“socialismo nacional”, sino que cree en un “capitalismo humano”. Como también sé
–al igual que Usted, Sr. Martín- que ese estilo de capitalismo no existe, hago
lo posible para que este gobierno tome conciencia de ello y –organización
popular mediante- adopte, le guste o no, las medidas correctas (peronistas) que
nos pueden llevar a una patria liberada e independiente.
Con referencia a Bush y Saddam, le recuerdo que yo no puse ese ejemplo. Usted lo
hizo, y en sus palabras elegía no estar con ninguno de los dos, es decir, se
quedaba “en el medio”. Por el contrario, yo elegía estar con el pueblo de Irak,
defendiendo a Saddam contra una invasión extranjera. Es, sin duda, una
diferencia ideológica importante entre nuestras dos posiciones. Usted sigue
manteniendo el viejo apotegma de “cuanto peor, mejor”, suponiendo que eso
acelera las contradicciones, y yo elijo (aunque sostengo que el pueblo no se
equivoca) la antigua frase del gallego Soto en 1920: “Prefiero equivocarme con
el pueblo, que tener razón sin él”.
Sr. Martín, no se preocupe. Del único lado que yo lo pongo a usted es del lado
del pueblo, tal como le escribí desde el principio. Nuestra divergencia puede
atribuirse a muchas cosas, y tal vez las más importantes sean las etarias y de
formación.
Mi conclusión es que, mientras yo considero que la liberación de nuestra patria
es nacional y social (en ese orden), usted -aunque no lo sepa- piensa que es
social y nacional.
Por consiguiente, como yo creo que hay una contradicción principal
(imperialismo/nación) y contradicciones secundarias, creo también en que esas
contradicciones secundarias no deben anteponerse (tampoco minimizarse) a la
lucha contra el enemigo principal. Le reitero: no se preocupe. Es una vieja
discusión que ya sosteníamos con los compañeros hace más de treinta años, y
solamente la historia logrará saldarla.
Creo que si coincidimos en esto (en la discrepancia central) no existen motivos
para continuar esta discusión.
Finalmente, concuerdo con usted (desde el primer momento) en que la opción es
clara: “se está del lado del capital concentrado o del lado del que pasa
hambre”.
Los métodos a utilizar en este combate son los que determinarán si somos lo
suficientemente capaces para vencer al enemigo. Usted me escribe: “mi pelea
compañero, es con el dueño del circo y también con los gobernantes, malabaristas
de ese poder, y más payasos”.
Como veo una arriesgada simultaneidad en sus objetivos de conflicto, como
humilde sugerencia me permito sintetizarle burdamente a Von Clausewitz: elegir
el enemigo, intentar dividirlo, elegir los aliados, elegir el momento y el
lugar, atacar sólo cuando se esté seguro de vencer.
Atentamente
Enrique Gil Ibarra
hendrix
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