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Carta abierta a Carlos "Chacho" AlvarezPor Luis D'Elía
El Plan Cóndor y el Consenso de Washington, o sea el terror de Estado y las democracias restringidas, nos dejaron como secuela más inmediata el miedo, que a mi juicio es el peor enemigo del alma humana...
...el miedo derivó en egoísmo con todos sus matices: consumismo, hedonismo, individualismo, absoluta pérdida de la noción de comunidad en todos sus niveles, escepticismo, autoritarismo, xenofobia, o sea, profunda derrota cultural, a mi juicio, la más grave de todas las derrotas, mucho más que las que sufrimos como pueblo en el plano económico, político y social.
Una de las grandes medicinas para “este mal de espíritu” de las clases medias quebradas culturalmente fue el progresismo, cuya más alta expresión política y mentor de la misma fue y es el profesor Carlos “Chacho” Álvarez.
Este supone que para afrontar la crisis de los sectores medios es necesario no confrontarlos, “hacer surf” sobre la derrota y construir los consensos posibles que permitan establecer una agenda política de transformación.
El target del progresismo indica figuras lánguidas, mesuradas, que no “hagan
olas”, que no propongan nada alternativo a la derrota, que se limiten a cumplir
con el mandamiento que dice “no robarás”.
En lo político construyeron herramientas,
independientemente de su presente con Eduardo Sigal a la cabeza, con un profundo
sentido autoritario, como fue el Frente Grande, el Frepaso, la Alianza, donde se
despreciaba la participación popular, las listas de candidatos se armaban a
dedo, y si alguna vez hubo elecciones, fue porque los matanceros fuimos a la
justicia y obtuvimos un contundente triunfo en este sentido. Álvarez renunció
antes de la catástrofe, terminó pidiendo que Cavallo fuera el jefe de gabinete
de De la Rúa, jactándose de que cada día se sentía más neoliberal, es decir se
arrodilló frente al no se puede, al pensamiento único hegemónico en esos
tiempos.
Coincido con Álvarez en que no debemos entregar a la clase media a un proyecto
conservador, sin embargo, el debate que propongo es si a esas clases medias
(profesionales, chacareros, trabajadores formales, comerciantes, etc.) se las
suma en estos tiempos, evitando hablar de la maniobra contraria a los intereses
de las mayorías nacionales y populares, de los que esos sectores medios son
objetivamente parte, aunque muchas veces se identifiquen con los sectores
dominantes.
Es cierto que dejar una parte de los sectores medios y de la pequeña burguesía
en manos de la oligarquía es un error que se paga caro, ya que estos terminan
siendo la base social de la desestabilización de gobiernos elegidos
mayoritariamente por el pueblo. Esa definición que necesitamos de los sectores
medios creemos que se resolverá si se tiene conciencia del conflicto histórico
que existe entre los intereses de la puta oligarquía y el pueblo, del que los
sectores medios forman parte
El progresismo argentino se fue junto con De la Rúa en helicóptero. Hoy Álvarez
nos sorprende a todos y en especial a los Kirchner con un oportunismo desleal y
ecléctico. Reaparece de la mano del grupo Clarín que sospechosamente lo
promociona, hostigando al nacionalismo popular, denostando a Jauretche y
haciendo afirmaciones temerarias que tienen una fuerte carga de desprecio cuando
afirma que “no se puede convocar a dirigentes a los cuales la negritud no
reconoce” en obvia alusión a mi persona.
Álvarez, la primera vez que Ud. pudo hacer una acto de masas en el conurbano en
1997, fue en La Matanza de mi mano, quien fui su primer candidato a concejal por
ese distrito en primer término, donde sacamos 237 mil votos y le empatamos al
pierrismo.
Tampoco me parece que quien ha abandonado el barco de la Alianza sin asumirse
como referencia del desafío de esa época, sea el más indicado en poner en duda
al Compañero Moyano como referencia épica,
Hoy nuestra América morena, indo-afro-hispanoamericana ha encontrado otras
medicinas para el mal de amores de nuestras clases medias, donde en realidad las
alternativas al modelo neoliberal conservador no surgen de los dogmáticos
manuales de las izquierdas sino de la memoria colectiva de los pueblos, donde la
experiencia de los nacionalismos populares revolucionarios ha calado hondo y nos
ha regalado por tramos de la historia momentos de esperanza, en los que alguna
vez fuimos felices. Cautemoc Cárdenas en México, Getulio Vargas en Brasil y
Perón en la Argentina son la manifestación contundente de la memoria colectiva.
Hoy Chávez, Evo, Kirchner, Ortega, Lugo, Lula, Tabaré, Correa, con matices,
diferencias, contradicciones e impurezas (para que no se enloquezca el
energúmeno de Ernesto Tenembaun) expresan integración latinoamericana, autonomía
a la hora de tomar decisiones respecto del imperio (Mar del Plata-ALCA es la
expresión más alta de esta afirmación), el Banco del Sur y el planteo de Rafael
Correa de repatriar las reservas nacionales que hoy están al 1,5% o 2% anual en
la Reserva Federal de los Estados Unidos de Norteamérica. Que la renta
petrolera, gasífera se reinvierta en los países de la región, que vayamos
soñando con estructuras comunes de defensa nacional, olvidando para siempre las
hipótesis de conflicto creadas por el imperio para fracturar a nuestro países.
El haber podido ponerle freno al Plan Colombia-Uribe-Bush desde la OEA es la
expresión de cuánto podemos hacer si recuperamos los sueños de los padres
fundadores que fueron derrotados por el imperio y las oligarquías lacayas y
cómplices. Bolívar murió en su exilio en Santa Marta, convencido de que había
arado en el mar. Sucre fue asesinado. San Martín partió al exilio para evitar
ser encarcelado o fusilado por las autoridades de Buenos Aires. Sólo podría
haber regresado en 1829 a instancias de Manuel Dorrego (la barbarie), que fue
fusilado por Lavalle (la civilización). Murió en el exilio.
A dos años y medio de cumplir doscientos años de historia, no escatimemos
confrontar la derrota cultural de los sectores medios para hacerlos reflexionar,
para que puedan reencontrarse a sí mismos, para que puedan volver a ser parte de
una identidad común. Sólo así podemos evitar que caigan en manos conservadoras,
ofreciéndoles lo mejor de nuestra identidad bicentenaria. Que volvamos a
escuchar a las voces de Raúl Scalabrini Ortiz, de Arturo Jauretche, de Juan José
Hernández Arregui, de John William Cooke a quienes tanto subestima y desprecia
Carlos “Chacho” Álvarez.
Para no caer en la trampa nuevamente, la alternativa de hierro es progresismo
berreta o nacionalismo popular, federal y revolucionario.
Télam
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