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SIP: Los amos de la prensa (en América Latina)
Por Ernesto Carmona
La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) opera como instrumento de propaganda
de guerra del imperio estadounidense, coadyuvando a las tropas imperiales que
invaden Irak, Afganistán y planean acciones contra Cuba, Venezuela, Ecuador,
Bolivia, Nicaragua e incluso Argentina y otras naciones, contando con 69 bases
militares alrededor del mundo, incluida Manta en Ecuador, y una vasta red de
conglomerados de grandes medios de comunicación dedicados de frente al llamado
terrorismo mediático, desde las agencias internacionales de noticias, pasando
por las cadenas de radio y televisión tipo CNN, más los grandes periódicos
estadounidenses y latinoamericanos.
“La diseminación de noticias y opiniones se ha convertido en una rama de los grandes negocios y, como los demás grandes negocios, ha avanzado a la etapa oligopolista. Como tal, se ha convertido en el casi monopolio de un puñado de grandes empresas… Pero, la diseminación de noticias y opiniones no es un proceso productivo ordinario. Está íntimamente ligado a la existencia de la democracia efectiva… Existe un límite a la monopolización de la opinión que la democracia no puede rebasar y seguir siendo efectiva –y ésta será, por supuesto, la tendencia política a favor del gran capital–, entonces es casi imposible que el pueblo haga una elección racional. Estas cuestiones, y no tanto las formas constitucionales, serán las que realmente importen en las luchas políticas de la segunda mitad del siglo”.
Esto fue publicado en 1954 por el socialista británico John
Strachey, en su libro El capitalismo contemporáneo. Ha pasado más de medio
siglo, pero su pensamiento sigue plenamente vigente hoy, cuando –parodiando al
Manifiesto comunista de 1848 un nuevo fantasma recorre el mundo, y esta vez es
el fantasma de la crisis final del capitalismo, la gran crisis terminal, global,
mundial…
También precisamente hoy, la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) es una
organización de Estados Unidos que reúne a los grandes dueños de periódicos de
ese país y de América Latina. En la práctica, la SIP opera como brazo
periodístico del gobierno estadounidense en la región interamericana, como un
complemento imperial facilitador de las políticas regionales del departamento de
Estado y del Pentágono. Los grandes dueños estadounidenses de periódicos manejan
a la SIP con una visión del mundo que coincide con la óptica del poder imperial
de Washington, arrastrando consigo a la comparsa de las oligarquías propietarias
de periódicos de América Latina.
El periodismo escrito representado por la SIP se ha hecho llamar habilidosamente
“cuarto poder”. También ha teorizado sobre una pretendida imparcialidad,
aderezada con otro mito: la doctrina supuestamente científica de una inexistente
“objetividad”.
Con estas enseñanzas del periodismo estadounidense, más la manida “pirámide
invertida”, se han formado generaciones de periodistas latinoamericanos,
moldeados en la teoría del engaño al prójimo. Con el transcurso de los años se
han convertido en expertos practicantes de la auto-censura e intérpretes de los
deseos de sus jefes de redacción, que por su parte conocen al dedillo los deseos
más profundos de sus patrones, los dueños de los diarios. En la región abundan
los maestros en ocultar noticias o en tergiversarlas dándoles una aparente de
imparcialidad, tal como la cadena de noticias CNN le saca brillo a sus informes
sesgados, inconexos, a veces sin sentido, pero recargados de intencionalidad
política des-informadora.
La teoría y práctica del engaño pretenden hacer creer a los lectores que los
propietarios de periódicos son también los dueños de la verdad. Se atribuyen
facultades de superioridad sobre la sociedad que nadie nunca les otorgó y actúan
como si hubieran sido elegidos para formar parte del Estado según el concepto de
separación de poderes. Los ciudadanos de la región mal que bien eligen a sus
presidentes, legisladores y muchas veces éstos designan a los jueces. Desde la
Revolución Francesa, así se conforman los poderes clásicos del estado burgués:
ejecutivo, legislativo y judicial. Pero nadie puede elegir a los diarios que
desearía leer y menos, los contenidos que le gustaría conocer. La noticia, a
menudo tergiversada y maliciosamente comentada, se impone con la fuerza que sólo
la riqueza de sus dueños otorga a la tinta y al papel.
Al fin de cuentas, los diarios estadounidenses que manejan a la SIP con la
aquiescencia de los dueños de periódicos latinoamericanos no son más que otra
expresión ideológica del poder imperial y de la fuerza totalitaria del dinero.
Nadie elige a este poder virtual que cada día se esmera en torcer la realidad,
decidiendo qué es o no es “noticia” y tergiversando los acontecimientos
inconvenientes para el imperio y las clases dominantes de los países sometidos.
Los amos de la prensa tienen también la prerrogativa de establecer cuáles hechos
deben ocultarse al conocimiento de los lectores, para manipular mejor las
opiniones políticas de los ciudadanos, y sin olvidarse de entregar
cotidianamente una orientación de coyuntura a las clases política y propietaria
que detentan todos los poderes reales en la región, desde el poder político y
militar del Estado al poder económico.
Y no es casual que en las páginas editoriales y des-informativas de los grandes
rotativos estadounidenses y latinoamericanos aparezcan como malvados los
gobiernos de los países cuyos pueblos decidieron desobedecer al imperio, en una
rebeldía que presenta diversos matices, que van desde la insumisión de Cuba y
Venezuela, al desacato de Bolivia, Nicaragua y Ecuador, más la trasgresión de
Argentina, Brasil, Panamá y de otros países con sus propios matices.
En definitiva, los poderes que someten a nuestros pueblos tienen a un importante
aliado en todos los grandes medios de comunicación –escritos y audio-visuales–
y, en general, en la llamada industria del “entretenimiento”. Este súper poder
ideológico abarca todo el periodismo contemporáneo, los diarios, la radio, la
televisión, los contenidos de la televisión por cable, el cine, la lectura, el
mundo editorial, los clubes e incluso los estadios deportivos y prácticamente
todo lo que esos mismos medios denominan “la cultura” de nuestro mundo. Dicho
claramente, este factor mediático informativo forma parte de los poderes que, de
hecho y no por derecho, nos someten como pueblos.
Mientras los poderes económicos y geopolíticos extraen nuestros recursos
naturales, junto con la fuerza de trabajo de nuestra mano de obra, y sin
permitirnos agregarle valor en casa a nuestras materias primas –como sería por
ejemplo refinar el cobre y el petróleo, para convertirlos en cables eléctricos,
gasolina u otros productos terminados–, la industria de los grandes medios de
comunicación lava el cerebro de nuestros conciudadanos para convencerlos de que
viven en el mejor de los mundos posibles, en una realidad que no admite cambios,
con una “democracia electoral representativa” que es sinónimo de libertad de
mercado, de la supuesta libertad política y de una mítica “libertad de
información”, que más bien es el derecho a la libertad de empresa que se
adjudica a sí mismos, y de manera excluyente, los miembros de la Sociedad
Interamericana de Prensa (SIP).
Pero esta organización de los dueños de grandes periódicos de la región
latinoamericana es apenas la punta de un gigantesco iceberg, un gran témpano que
apenas asoma su nariz sobre la superficie, ocultando por debajo una compleja
estructura de poder mediático totalitario que controla absolutamente todo lo que
el ciudadano debe conocer –e ignorar– a fin de manipular su voluntad y eliminar
su capacidad de pensar.
A diferencia de los glaciares que están derritiéndose por doquier, este témpano
cada vez se hace más sólido y la concentración de la propiedad de los medios
reviste características alarmantes en todos los países, incluso en las naciones
desarrolladas. Así como en algunas repúblicas el comercio minorista terminó en
poder de un solo monopolio o un duopolio –como ocurre, por ejemplo, en Chile–
con dos grandes cadenas nacionales de automercados, al mismo tiempo existen sólo
dos mega empresas operando como duopolio de la prensa escrita, con los diarios
El Mercurio y La Tercera a la cabeza de una veintena de publicaciones, entre
periódicos y revistas. Y ésta es una realidad que se repite en nuestra región,
donde –a manera de ejemplo– un ciudadano de Estados Unidos nacido en México, de
nombre Angel Remigio González, es el propietario de todos los canales de
televisión abierta –cuatro– que existen en Guatemala, de dos canales de TV
abierta en Chile, de otra televisora abierta en Argentina y en total posee una
treintena de estaciones de TV en América Latina.
Esta concentración de la propiedad mediática es un atentado a las libertades de
expresión, de opinión e información, a la vez que crea mayor desempleo entre los
periodistas. Estamos frente a un problema que no sólo atañe a quienes trabajan
en los medios, sino a toda la sociedad, es decir, al ciudadano. Y es un problema
que concierne a la libertad.
¿Quién es quién en la SIP?
Un vistazo a las autoridades de la SIP aclara mejor quien es quién en esa
organización y qué intereses representa cada personaje. Según la información
corporativa de la propia entidad, la dirección de la organización está a cargo
de cinco propietarios de periódicos de EEUU, más un dueño de diarios colombiano
que se desempeña como primer vicepresidente y un empleado chileno que actúa como
director ejecutivo, para conformar un equipo directivo de 7 personas. La plana
mayor de esta dirigencia empresarial la encabeza el presidente honorario
vitalicio Scott C. Schurz, del Herald-Times Bloomington, Indiana; seguido del
presidente propiamente tal, Earl Maucker, del Sun-Sentinel, de Fort Lauderdale,
Florida; y secundado por el primer vicepresidente, Enrique Santos Calderón, de
El Tiempo de Bogotá, Colombia; el segundo vicepresidente, William E. Casey, del
Down Jones & Co. New York; el tesorero Milton Coleman, de The Washington Post;
la secretaria Elizabeth Ballantine, de The Durango Herald, de Durango, Colorado;
y el director ejecutivo, Julio E. Muñoz, de nacionalidad chilena.
Mr. Scott C. Schurz, “presidente honorario vitalicio” –y ése es su “democrático”
título oficial: presidente honorario vitalicio– representa al consorcio Schurz
Communications Inc., de Indiana, que publica 13 diarios como el Herald-Times de
Bloomington y siete semanarios que suman una circulación combinada de 225.000
ejemplares, más nueve estaciones de televisión y trece estaciones de radio, pero
además opera otras tres que no son suyas. El holding familiar de Mr. Scott C.
Schurz, posee también dos compañías de cable, un directorio telefónico y una
compañía impresora, todos estos negocios con presencia físico-geográfica en
Indiana, Kentucky, Maryland, Pennsylvania, California, Florida, Missouri,
Michigan, Georgia, Dakota del Sur, Kansas y Virginia.
Earl Maucker, el presidente de la SIP es el director del Sun-Sentinel de Fort
Lauderdale, un periódico local de 170 páginas de avisos e información
considerado el más grande del sur de Florida que se distribuye gratis en muchas
localidades del estado. Pero este diario es apenas la nariz de un vasto imperio
mediático estadounidense que posee periódicos como el Chicago Tribune, Los
Angeles Times, Baltimore Sun, Daily Press (en Virginia), Hartford Courant (en
Connecticut), The Virginia Gazette, Orlando Sentinel, The Morning Call (en
Pennsylvania), Newsday (en Newport News, Virginia) y AM New York, entre otros.
Todos estos medios de papel poseen versión electrónica y la mayoría patrocina
localmente otros servicios informativos, como ocurre en Chicago con Triblocal,
Metromix.com, Chicagosports.com, ChicagoLive, Chicago Magazine, Hoy Chicago,
RedEye, CLTV, WGN-TV y WGN-AM. El Sun Sentinel patrocina, además, publicaciones
para educación técnica, comunitaria y de adultos como Broward Educator, la
revista News in Education y otros medios locales del sur de Florida como El
Sentinel, City & Shore Magazine, Forum Publishing Group, Inc., South Florida
Parenting, South Florida Teenlink, TCPalm.com, CW South Florida, la estación
digital de radio y televisión WXEL y WPTV Nuevo Canal 5. Y también son
propietarios del equipo de béisbol Chicago White Socks, o Medias Blancas de
Chicago.
Enrique Santos Calderón, el primer vicepresidente, de la familia propietaria del
diario El Tiempo, de Bogotá, es el único latinoamericano que aparece en la plana
mayor de las autoridades de la SIP. La familia Calderón Santos controla el
principal diario colombiano, y el único de circulación nacional, a través de la
propiedad mayoritaria en el grupo periodístico CEET (Casa Editorial El Tiempo).
Dos miembros de esta distinguida familia de la oligarquía bogotana forman parte
del gobierno de Alvaro Uribe Vélez: Francisco “Pacho” Santos Calderón, como
vicepresidente, y su primo Juan Manuel Santos Calderón, ministro de la Defensa,
quien últimamente se ha hecho célebre al instituir la recompensa por asesinato
de jefes guerrilleros, al más puro estilo del “american far West”. Juan Lozano
Ramírez, un tercer copropietario del diario, fue incorporado al gobierno de
Uribe como ministro de Ambiente y Vivienda. Todos estos dirigentes políticos han
sido señalados como organizadores, financistas y encubridores –en distinto
grado– de las fuerzas paramilitares creadas por el gobierno y el ejército para
enfrentar a las guerrillas.
El Tiempo también es especialista en montar mentiras. El 17 de marzo publicó una
foto del asesinado comandante de las FARC Raúl Reyes acompañado del ministro del
Interior de Ecuador Gustavo Larrea. Así, con la ayuda del fotoshop y de las
computadoras que resistieron el bombardeo que mató a Reyes y a una veintena de
personas.
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