
Carta abierta a Fernando Peña
Por
Gerardo Fernández
Estimado Fernando:
De una vez por todas vamos a tener que darle la razón a quienes dicen que cuando
los artistas se meten en política pierden esa llama, esa luz, ese brillo que los
diferencia del común de los mortales.
Porque la carta abierta que le enviaste a la Presidenta de la Nación no se
comparece con el talento y la repentización del Fernando Peña que cotidianamente
nos asombra en El Parquímetro con Palito, Roberto Flores y toda la banda.
Quiero creer que el reloj te jugó en contra y que la urgencia para enviar la
columna al diario, más cierto desabastecimiento de ideas momentáneo, se aliaron
para hacerte componer una de las actuaciones más pobres de tu carrera.
Por empezar, en el texto hay mentiras y omisiones, cosa rarísima en vos, que
siempre vas al frente contra viento y marea y tenés un envidiable coraje para
sostener con el cuero lo que decís con el pico.
Por ejemplo, omitís contarle a la señora Cristina que empezaste la nota diciendo
"Tenemos una nota de color negro" y ¿sabes? No es un dato menor puesto que
seguramente de no haber escuchado esa frase D'Elía te hubiera atendido y habrías
hecho un reportaje excelente y desde un lugar distinto, no me cabe duda.
Y fijate lo selectiva que es tu memoria: Olvidás escribir cómo copeteaste la nota pero sí te acordás que él te espetó: "Qué hacés, sorete". A partir de esta omisión descerrajas un texto propio de una persona asustadiza y atemorizada y lo que hacés es sencillamente falsear los hechos con una deshonestidad flagrante.
Me hacés acordar a mi hijo de 9 años cuando me explica que siempre que lo mandan
a la Dirección es por culpa de sus compañeros y olvida confesar que él también
pateó, pegó, tiró cosas y protagonizó demás actos ilícitos propios de alumnos de
cuarto grado. Pero Juan tiene solo 9 años...
Y me llama poderosamente la atención que finjas algún temor justo vos, que si a
algo no le temés, y lo has dicho hasta el cansancio, es a la muerte. Pero
además, me asombra que te muestres así como aturdido por la fiereza del
piquetero de Laferrere cuando diariamente descargás durante tres horas vastas
dosis de violencia verbal muchísimo más grandes que la que genera este
entredicho.
Yo te he escuchado maltratar y de maneras terribles a oyentes y entrevistados,
entonces no podés venir ahora a posar de asustado. No se lo cree nadie.
Después escribís textualmente: "Yo soy actor, no político ni periodista, y a
veces, aunque no parezca, soy bastante ingenuo y estoy bastante desinformado".
¿Porqué seguís mintiendo? Un tipo que hace tres horas de radio todos los días
está hiper informado y no sólo eso: Para darle vida a tus personajes tienes,
además de mucha información, una capacidad de percepción de la realidad
asombrosa, porque antes cualquier noticia que aparezca en el programa, Palito,
la Mega, Roberto y los demás personajes reaccionan con llamativa precisión en
cuando a sus perfiles sociales. Entonces, no podés mentir así, tan impunemente.
También escribís: "Me aterra el subdesarrollo intelectual, el manejo sucio, la
falta de democracia" Coincido con lo del subdesarrollo intelectual pero respecto
al manejo sucio y la falta de democracia me permito afirmar que tu carta por las
omisiones y mentiras que contiene es una perfecta muestra de "manejo sucio" y lo
de "falta de democracia" no puedo tomarlo seriamente...
Vos sabés que D'Elía no te va a matar ni mucho menos, no finjas un falso temor
que solo puede ser creíble para incautos. Lo que blanquearía la situación sería
que asumas públicamente y lo dejes firmado, que sos un ferviente opositor a este
gobierno y que actuás en consecuencia. De lo contrario fingís temores que en
rigor no sentís y asumís una actitud falsamente timorata cuando sos precisamente
todo lo contrario.
Desde la admiración que siento por tu coraje y tu talento es que tipeo estas
líneas, sabiendo que una vez superada esta coyuntura, en tu fuero íntimo dirás
que esta actuación ha sido, sin dudas, la peor de todas.
Gerardo Fernández
http://tirandoalmedio.blogspot.com
|
DE LA ENTREVISTA |
Fuente: Agencia Paco Urondo
Carta Abierta de Fernando Peña a Cristina
Fernando Peña 29.03.2008
Cristina, mucho gusto. Mi nombre es Fernando Peña, soy actor, tengo 45 años y
soy uruguayo. Peco de inocente si pienso que usted no me conoce, pero como
realmente no lo sé, porque no me cabe duda que debe de estar muy ocupada
últimamente trabajando para que este país salga adelante, cometo la formalidad
de presentarme. Siempre pienso lo difícil que debe ser manejar un país… Yo
seguramente trabajo menos de la mitad que usted y a veces me encuentro aturdido
por el estrés y los problemas. Tengo un puñado de empleados, todos me facturan y
yo pago IVA, le aclaro por las dudas, y eso a veces no me deja dormir porque
ellos están a mi cargo. ¡Me imagino usted! Tantos millones de personas a su
cargo, ¡qué lío, qué hastío! La verdad es que no me gustaría estar en sus
zapatos. Aunque le confieso que me encanta travestirme, amo los tacos y algunos
de sus zapatos son hermosísimos. La felicito por su gusto al vestirse.
Mi vida transcurre de una manera bastante normal: trabajo en una radio de siete
a diez de la mañana, después generalmente duermo hasta la una y almuerzo en mi
casa. Tengo una empleada llamada María, que está conmigo hace quince años y me
cocina casero y riquísimo, aunque veces por cuestiones laborales almuerzo
afuera. Algunos días se me hacen más pesados porque tengo notas gráficas o
televisivas o ensayos, pruebas de ropa, estudio el guión o preparo el programa
para el día siguiente, pero por lo general no tengo una vida demasiado agitada.
Mi celular suena mucho menos que el suyo, y todavía por suerte tengo uno solo.
Pero le quiero contar algo que ocurrió el miércoles pasado. Es que desde
entonces mi celular no deja de sonar: Telefe, Canal 13, Canal 26, diarios,
revistas, Télam… De pronto todos quieren hablar conmigo. Siempre quieren hablar
conmigo cuando soy nota, y soy nota cuando me pasa algo feo, algo malo. Cuando
estoy por estrenar una obra de teatro –mañana, por ejemplo– nadie llama. Para
eso nadie llama. Llaman cuando estoy por morirme, cuando hago algún “escándalo”
o, en este caso, cuando fui palangana para los vómitos de Luis D’Elía. Es que
D’Elía se siente mal. Se siente mal porque no es coherente, se siente mal porque
no tiene paz. Alguien que verbaliza que quiere matar a todos los blancos, a
todos los rubios, a todos los que viven donde él no vive, a todos lo que tienen
plata, no puede tener paz, o tiene la paz de Mengele.
Le cuento que todo empezó cuando llamé a la casa de D’Elía el miércoles porque
quería hablar tranquilo con él por los episodios del martes: el golpe que le
pegó a un señor en la plaza. Me atendió su hijo, aparentemente Luis no estaba.
Le pregunté sencillamente qué le había parecido lo que pasó. Balbuceó cosas sin
contenido ni compromiso y cortó.
Al día siguiente insistí, ya que me parecía justo que se descargara el propio
Luis. Me saludó con un “¿qué hacés, sorete?” y empezó a descomponerse y a
vomitar, pobre Luis, no paraba de vomitar. ¡Vomitó tanto que pensé que se iba a
morir! Estaba realmente muy mal, muy descompuesto. Le quise recordar el día en
el que en el cine Metro, cuando Lanata presentó su película Deuda, él me quiso
dar la mano y fui yo quien se negó. Me negué, Cristina, porque yo no le doy la
mano a gente que no está bien parada, no es mi estilo. Para mí, no estar bien
parado es no ser consecuente, no ser fiel.
Acepto contradicciones, acepto enojos, peleas, puteadas, pero no tolero a las
personas que se cruzan de vereda por algunos pesos. No comparto las ganas de
matar. El odio profundo y arraigado tampoco. Las ganas de desunir, de embarullar
y de confundir a la gente tampoco. Cuando me cortó diciéndome: “Chau, querido…”,
enseguida empezaron los llamados, primero de mis amigos que me advertían que me
iban a mandar a matar, que yo estaba loco, que cómo me iba a meter con ese tipo
que está tan cerca de los Kirchner, que D’Elía tiene muuuucho poder, que es
tremendamente peligroso. Entonces, por las dudas hablé con mi abogado. ¡Mi
abogado me contestó que no había nada qué hacer porque el jefe de D’Elía es el
ministro del Interior! Entonces sentí un poco de miedo. ¿Es así Cristina?
Tranquilíceme y dígame que no, que Luis no trabaja para usted o para algún
ministro. Pero, aun siendo así, mi miedo no es que D’Elía me mate, Cristina; mi
miedo se basa en que lo anterior sea verdad. ¿Puede ser verdad que este hombre
esté empleado para reprimir y contramarchar? ¿Para patotear? ¿Puede ser verdad?
Ése es mi verdadero miedo. De todos modos lo dudo.
Yo soy actor, no político ni periodista, y a veces, aunque no parezca, soy
bastante ingenuo y estoy bastante desinformado. Toda la gente que me rodea,
incluidos mis oyentes, que no son pocos, me dicen que sí, que es así. Eso me
aterra. Vivir en un país de locos, de incoherentes, de patoteros. Me aterra
estar en manos de retorcidos maquiavélicos que callan a los que opinamos
diferente. Me aterra el subdesarrollo intelectual, el manejo sucio, la falta de
democracia, eso me aterra Cristina. De todos modos, le repito, lo dudo.
Pero por las dudas le pido que tenga usted mucho cuidado con este señor que odia
a los que tienen plata, a los que tienen auto, a los blancos, a los que viven en
zona norte. Cuídese usted también, le pido por favor, usted tiene plata, es
blanca, tiene auto y vive en Olivos. A ver si este señor cambia de idea como es
su costumbre y se le viene encima. Yo que usted me alejaría de él, no lo tendría
sentado atrás en sus actos, ni me reuniría tan seguido con él.
De todas maneras, usted sabe lo que hace, no tengo dudas. No pierdo las
esperanzas, quiero creer que vivo en un país serio donde se respeta al ciudadano
y no se lo corre con otros ciudadanos a sueldo; quiero creer que el dinero se
está usando bien, que lo del campo se va a solucionar, que podré volver a ir a
Córdoba, a Entre Ríos, a cualquier provincia en auto, en avión, a mi país, el
Uruguay… por tierra algún día también.
Quiero creer que pronto la Argentina, además de los cuatro climas, Fangio,
Maradona y Monzón, va a ser una tierra fértil, el granero del mundo que alguna
vez supo ser, que funcionará todo como corresponde, que se podrá sacar un DNI y
un pasaporte en menos de un mes, que tendremos una policía seria y responsable,
que habrá educación, salud, piripipí piripipí piripipí, y todo lo que usted ya
sabe que necesita un país serio. No me cabe duda de que usted lo logrará.
También quiero creer que la gente, incluso mis oyentes, hablan pavadas y que
Luis D’Elía es un señor apasionado, sanguíneo, al que a veces, como dijo en C5N,
se le suelta la cadena. Esa nota la vio, ¿no? Quiero creer, Cristina, que Luis
es solamente un loco lindo que a veces se va de boca como todos. Quiero creer
que es tan justiciero que en su afán por imponer justicia social se desborda y
se desboca. Quiero creer que nunca va a matar a alguien y que es un buen hombre.
Quiero creer que ni usted ni nadie le pagan un centavo. Quiero creer que usted
le perdona todo porque le tiene estima. Quiero creer que somos latinos y por eso
un tanto irreverentes, a veces también agresivos y autoritarios. Quiero creer
que D’Elía no me odia y que, la próxima vez que me lo cruce en un cine o donde
sea, me haya demostrado que es un hombre coherente, trabajador decente con
sueldo en blanco y buenas intenciones.
Cuando todo eso suceda, le daré la mano a D’Elía y gritaré: “Viva Cristina”…
Cuántas ganas tengo de que todo eso suceda. ¿Estaré pecando de inocente e
ingenuo otra vez? Espero que no.
La saluda cordialmente,
Fernando Peña
|
|
Solo10.com: Dominios - Registro de Dominios - Alojamiento Web - Hospedaje Web - Web Hosting