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Estafa
madreNo son pocos los historiadores y economistas que coinciden en señalar que entre las causas del derrocamiento de Perón estaba latente el interés de inducir al país a ingresar a un nuevo ciclo de endeudamiento iniciado en los albores de nuestra organización nacional y que se profundizó durante la etapa de la generación de ´80. La Revolución Libertadora inició, en efecto, un nuevo ciclo de endeudamiento que se acentuó de manera brutal a partir de 1976 y explotó con la gran crisis de 1982. Diez años después, Menem y Cavallo, que durante la dictadura estatizó la deuda privada, firmarían el Plan Brady con el propósito de resolver los problemas estructurales de la deuda que produjo el efecto contrario: el estallido de 2001.
A modo de digresión, para explicar el presente, suelo apelar a un ejemplo de
nuestra vida cotidiana. Cada vez que observamos el cielo nocturno, lo que
vemos no es otra cosa que la manifestación del pasado. Con la excepción de
la luna, del sol y los planetas de nuestro sistema solar, las luces de las
estrellas que llegan a nuestra retina han tardado años, miles y hasta
millones de años en llegar a nosotros. La luz de la estrella Sirio demora
once años en llegar a la Tierra y junto a Alfa Centauris es la más cercana.
A partir de estos astros, la escala comienza trepar por miles. En
consecuencia, el cielo de nuestro presente está poblado de viejas luces y
hasta incluso del titilar de astros que ya dejaron de existir. El presente
histórico, siguiendo con el ejemplo, es como el cielo nocturno: una
manifestación -en nuestro hoy concreto- de viejos tiempos, incluso de hechos
muy remotos que repercuten en nuestras vidas y construyen la realidad que
nos toca transitar. El empréstito con la Baring lo podemos pensar también
como una estrella que aún titila en nuestro firmamento.
"La operación tratada con Baring por los hermanos Parish Robertson, con la
complicidad de distinguidos ciudadanos como don Félix Castro, don Braulio
Costa, don Miguel de Riglos y don Juan Sáenz Valiente, era sencillamente una
estafa a las Provincias Unidas del Plata" -señala O´Donnel en su libro. "El
25 de junio de 1824, Castro, emisario de Rivadavia y Robertson, hacía saber
a Baring que el empréstito de un millón de libras debería "colocarse" al
tipo de ochenta y cinco, pero "girarse a Buenos Aires" solamente al tipo de
setenta, repartiéndose la diferencia entre banqueros y comisionistas. Es
decir, quedaba establecida una suculenta y pionera coima".
Los dueños de la Baring Brothers no podían creer cómo actuaban los
representantes argentinos y "Alexander Baring expresó su temor de que el
gobierno de Buenos Aires no aprobase una operación semejante que dejaba en
el camino ciento cincuenta mil libras, además de las comisiones de estilo a
cargo del deudor".
Lo que no sabía Alexander Baring es que el mismísimo Rivadavia participaba
del negocio. "Está también entendido que al pasar a nuestro crédito la
antedicha suma de ciento veinte mil libras -expusieron los representantes
argentinos- nosotros garantizamos expresamente a ustedes la aprobación del
gobierno de Buenos Aires sobre esta disposición." O´Donnel cita en "El
Águila Guerrera" la documentación que todavía conserva la Casa Baring bajo
registro número 60. 630/2 del Archivo de Canadá y en el que consta cómo se
repartió el empréstito de un millón de libras esterlinas: sólo quinientas
cincuenta y dos mil setecientas libras quedaron disponibles para las arcas
del gobierno, el resto literalmente se lo robaron. Pero la historia no
termina allí: cuando el gobernador Las Heras pide que le envíen el dinero a
Buenos Aires en lingotes de oro la Baring le contestó que no era prudente
girar tanto metal a tamaña distancia. Por lo tanto, excepto sesenta mil
libras que llegaron a Buenos Aires, el resto quedó depositado en Inglaterra
a un módico interés anual del tres por ciento.
Cuando Dorrego reasume el gobierno los servicios de la deuda equivalían al
ciento veinte por ciento de la recaudación de impuestos y el déficit fiscal
la triplicaba. Decide poner en orden las cuentas y denuncia el negociado que
lo conduce al infortunio. Los partidarios de Rivadavia cargaron la culpa
sobre los federales y complotan hasta derrocarlo. El fin de Dorrego es
conocido: muere fusilado bajo las balas del general Lavalle. Rosas pagó
parte del empréstito y en 1866 se reprogramó el pago a más de treinta años,
aunque recién en 1947 se terminó de saldar una de las más grandes estafas
perpetradas en el país.
(*) Profesor en Letras y Legislador electo de la provincia de Río Negro.
Puede descargar El Aguila Guerrera de
Pacho O'Donnell (pdf zip 296K)
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