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"El pueblo argentino puede estar tranquilo porque el país no gastó una sola bala, ya que desde el mar fuimos asistidos por la marina británica." (Golpista Isaac Rojas)
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La "Revolución Libertadora"

El 16 de junio de 1955, elementos disidentes de la Armada argentina y de su sección aérea lanzaron una rebelión en Buenos Aires (bombardeo de Plaza de Mayo). Sin embargo, el Ejército de Tierra se mantuvo leal al gobierno y el levantamiento fue pronto sofocado. En las semanas siguientes aumentó la tensión a medida que distintas facciones dentro del gobierno y de las Fuerzas Armadas tomaban posiciones. Finalmente, el 16 de septiembre de 1955, grupos insurgentes de las tres armas lanzaron una rebelión concertada, llamada la 'Revolución Libertadora' después de tres días de enfrentamientos, durante los cuales murieron unas 4.000 personas, Perón dimitió y se refugió en una cañonera paraguaya anclada en el puerto de Buenos Aires. El 20 de septiembre, el líder de los insurgentes, el general de división Eduardo Lonardi, asumió la presidencia provisional, prometiendo restablecer la democracia. Desde el balcón de la Casa Rosada expresó en su discurso que no habría ni "vencedores ni vencidos" y que el régimen instaurado duraría lo mínimo necesario para reorganizar el país. Eduardo Lonardi fue presidente por pocos meses debido a que no hizo un corte duro con el peronismo. Perón se marchó al exilio, primero a Paraguay y posteriormente a Venezuela, República Dominicana y España.

La llamada "Revolución Libertadora", triunfante en setiembre de 1955 se extendió hasta 1958, fecha que asumió nuevamente un presidente elegido por sufragio popular, Arturo Frondizi.

Pero en esos tres años se sucedieron en la Presidencia Nacional el General Eduardo Lonardi y el General Pedro Eugenio Aramburu. En ambas Presidencias el Almirante Isaac Rojas ocupó el cargo de vicepresidente de la Nación conjuntamente con la Junta Consultiva, integrada por representantes de los partidos opositores al peronismo.

El Golpe de Estado de 1955 fue presentado ante la opinión pública como la recuperación de la tradición republicana, iniciada en la Revolución de Mayo de 1810, frente al gobierno de Perón caratulado de "segunda Tiranía". La primera, según el pensamiento liberal, había sido el gobierno de Juan Manuel de Rosas

La dirigencia gremial comprometida con el gobierno depuesto renunció y fue reemplazada por una nueva, también de tendencia peronista. En un principio no se intervino la C.G.T., tratándose de buscar un acercamiento con sus líderes.

El Congreso Nacional se disolvió; las provincias fueron intervenidas; a los miembros de la Corte Suprema de Justicia se los dejó cesantes; se creó una Comisión Nacional de Investigaciones destinada a actuar contra el peronismo.

La política de Lonardi, respaldada por ultracatólicos y nacionalistas, despertó la oposición de quienes reclamaban medidas más duras y nada conciliadoras. Un golpe interno en las Fuerzas Armadas, determinó el día 13 de noviembre su reemplazo por el General Pedro Eugenio Aramburu como Presidente Provisional de la Nación, asociado al Almirante Isaac Rojas, nuevamente como vicepresidente.


Cuando un no golpista era "traidor a la patria"

Por Jorge Gaggero

Historias como la del capitán de corbeta Adolfo Cordeu, jefe de la ESMA, que no se sumó al alzamiento del 16 de junio de 1955, fueron silenciadas por años por el consenso antiperonista en la Armada.

En el marco de enfrentamientos cada vez más agudos entre la Iglesia y el gobierno peronista, el 16 de junio de 1955, 34 aviones militares descargaron toneladas de bombas sobre la Plaza de Mayo: mataron a 364 personas y 800 resultaron heridas. El intento de matar a Perón se transformó en un bombardeo a la población civil. El levantamiento, en el que participaron conspicuos dirigentes radicales, conservadores y socialistas, fue reprimido y sus referentes huyeron al exterior o fueron apresados.

Esa misma noche, el Vaticano excomulgaba a Perón. El capitán de navío Adolfo Cordeu, jefe de la ESMA en ese momento, fue uno de los pocos altos oficiales de la Armada que no se incorporaron a los rebeldes. Cordeu era legalista y había jurado no participar en ningún golpe de Estado. Cuando los militares antiperonistas ganaron finalmente en septiembre de ese mismo año, la actitud legalista de Cordeu le valió la baja, marginación y difamación. Una historia poco conocida del alzamiento de junio de 1955.


La hijoputez de los golpistas: Los asesinos que bombardearon Plaza de Mayo el 16 de junio del 1955 fueron "un puñado de valientes" y el culpable de las 350 muertes... ¡fue el propio Perón!

Síntesis de la carta del capitán de navío Adolfo V. Cordeu, jefe de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) durante la jornada del 16 de Junio de 1955, al triunfante jefe de la marina ‘revolucionaria’ de septiembre, almirante Samuel Toranzo Calderón. El capitán Cordeu -uno de los jefes más destacados de su promoción- resistió con éxito, al frente de los suboficiales y de unos pocos oficiales leales, los tenaces intentos de los sublevados de junio para levantar contra el orden constitucional a la unidad bajo su mando. Buenos Aires, 18 de noviembre de 1955

Al Sr. Alte. Samuel Toranzo Calderón
"Ante la imposibilidad de entrevistarme con Ud.,... recurro a este medio robándole unos pocos minutos de atención para plantearle un problema de conciencia que su hombría de bien no puede menos que atender."

"Después del 16 de Junio fui relevado del comando de la ESMA y, previo pasaje por la Penitenciaría Nacional, revisto adscripto a Personal hasta hace pocos días en que fui pasado a ‘disponibilidad’ como operación previa a mi retiro ‘de oficio’. Si mi situación obedeciera a causas de carácter profesional o simplemente de confianza de las anteriores o actuales autoridades de la Marina, personalmente no tendría objeción que formular por tratarse de un problema subjetivo que solamente cabe al superior o su conciencia resolver."

Las víctimas de la Fusiladora

Víctimas directas de la represión de la revolución fusiladora

Ramón Raúl Videla
Carlos Yrigoyen
Rolando Zanetta
Miguel Angel Mauriño

Ejecutados en la Unidad Regional de Lanús 10|6|56
Clemente Braulio Ros
Norberto Ros
Osvaldo Alberto Albedro
Dante Hipólito Lugo
Capitán Jorge Miguel Costales
Teniente Coronel José Albino Irigoyen

Ejecutados en José León Suárez 10|6|55
Carlos Alberto Lizaso
Nicolás Carranza
Francisco Garibotti
Mario Brión
Vicente Rodríguez

Ejecutados en Campo de Mayo 11|6|56
Coronel Eduardo Alcibíades Cortínez
Coronel Ricardo Santiago Ibazeta
Capitán Néstor Dardo Cano
Capitán Eloy Luis Caro
Teniente de Banda Néstor Marcelo Videla
Teniente 1° Jorge Leopoldo Noriega

Ejecutados en la Escuela de Mecánica del Ejército 11|6|56
Sargento Hugo Eladio Quiroga
Suboficial Principal Miguel Angel Paolini
Suboficial Principal Ernesto Garecca
Cabo Músico José Miguel Rodríguez

Ejecutados en la Penitenciaría Nacional 11|6|56
Sargento Músico Luciano Isaías Rojas
Sargento Ayudante Isauro Costa
Sargento Carpintero Luis Pugnetti

Ejecutado en La Plata 11|6|56
Teniente Coronel Oscar Lorenzo Cogorno

Ejecutado en la Penitenciaría Nacional 12|6|56
General de División Juan José Valle

Ejecutado en La Plata 12|6|56
Subteniente de Reserva Alberto Juan Abadié

"Pero todo obedece a la convicción general... de que en la revolución del 16 de Junio yo estaba comprometido con fuerzas revolucionarias y con su jefe, y que posteriormente fui convencido o ‘comprado’ por el Alte. Teseire para no salir con mis fuerzas y que a ello se debió el fracaso" (de la misma)...

"Dentro de mi terrible amargura, a esta altura de la vida soy lo suficiente mente realista para comprender que toda la actuación en la Institución, que todos mis actos con respecto a los hombres de la misma -inspirados en un solo objetivo, el bien sin vulnerar y aún más exaltando los principios humanos fundamentales- no tendrían ningún valor ante la tacha infamante de ‘TRAIDOR’."

"En el período del 16 de Junio al 16 de Septiembre,... no puede imaginarse el Sr. Alte. el cúmulo de humillaciones recibidas, por supuesto ninguna frente a frente, el panfleto que corrió por todo Buenos Aires, las cartas anónimas a mis familiares, amigos e inclusive a todos los dueños de departamentos de mi casa, tildándome de traidor. Las amenazas de todo tipo y forma que obligaron a cambiar mi número de teléfono por otro reservado. La opinión de casi toda la Marina, que me señalaba peor que a un leproso,y por encima de eso la sensación de que los muy pocos que todavía se acercaban lo hacían con aprensión y con cierta caridad."

"Mi posición en la Marina, cualquiera sea la resolución, es muy difícil porque el daño de la calumnia y la infamia no se repara nunca. No obstante ello, un deber ineludible hacia mi hogar, familiares y esos muy pocos amigos me obligan a dirigirme al Sr. Alte. ..."

"Está en sus manos hacer conocer la verdad, para lo cual le solicito se exprese por escrito, dejando perfectamente aclarado el hecho que el Capitán Cordeu no había sido hablado por Ud. ni por ninguno de sus Jefes para participar en la revolución del 16 de Junio, y para que esta afirmación sea creída (el hecho de que Ud. y yo lo sepamos no es suficiente) es necesario que Ud. indique qué Jefes de mi Escuela o de la Escuela de Guerra estaban hablados para hacerse cargo de mi Comando y hacer salir a la Escuela en apoyo de sus objetivos."

"Comprendo, Sr. Almirante, los pocos instantes de que Ud. dispone, pero a través de lo expuesto -que es un pálido reflejo de la realidad- podrá darse una idea de la importancia que para mí reviste, por ello me permito insistir en que esa carta dirigida a mí o al Sr. Ministro, con amplia libertad para utilizarla en la forma más conveniente, sea lo más clara, amplia y precisa posible..." Respuesta de Toranzo Calderón, recibida por Cordeu el 21 de Noviembre de 1955 (de mano del Teniente de Fragata Salas). Buenos Aires, 18 de Noviembre de 1955

Contraalmirante I.M. Samuel Toranzo Calderón

Sr. Cap. de Nav. Adolfo V. Cordeu

"He leído detenidamente su carta y, con referencia a lo que en ella me solicitara, pongo en su conocimiento que -efectivamente- durante la preparación del Movimiento del 16 de Junio no se habló con Ud. respecto de su ingreso al mismo, porque teníamos casi la certeza de que no obtendríamos su colaboración (como quedó confirmado cuando telefónicamente se lo instó a detener a Perón, quien al parecer había pensado refugiarse en la Escuela de Mecánica) y por ello lo mantuvimos totalmente ajeno a la citada preparación."

"Es indudable que, considerando que únicamente Ud. y algún otro Jefe de ese Instituto serían los únicos (sic) que no intervendrían, habíamos tomado las medidas convenientes para plegar la Escuela a nuestra causa."

"Si ello no se realizó en la forma que estaba previsto, fue debido a circunstancias ajenas a nuestra voluntad, que interfirieron en los planes proyectados."

"De lo expresado surge que, no habiendo estado en combinación con nosotros en ningún momento, en realidad no nos pudo haber traicionado."

Cordeu fue obligado a pasar a retiro en diciembre de 1955 por una "Junta Asesora Revolucionaria". Un "Tribunal de Honor" de la Marina decidió su absolución, en razón de su "falta absoluta de culpabilidad". El "Tribunal" estableció que "no puede reprocharse al Capitán Cordeu no haber salido con su fuerza" y que "tampoco puede acusársele de deslealtad ya que su actitud fue perfectamente clara". Esta decisión, a diferencia de la primera, no fue informada al público por la Marina (sus jefes decidieron mantenerla "Secreta"), lo que reforzaba su "linchamiento público".


El golpe del 16 de septiembre
 

Por esta razón, Cordeu insistió hacia fines de 1957 en su demanda de reparación moral, en una carta dirigida al director general del Personal Naval:

"En los últimos años (de mi carrera) goberné a miles de hombres y cientos de cadetes para quienes la dudosa posición de quien fue su Comandante tiene que haber dejado el sabor amargo de las primeras desilusiones de la carrera. La Superioridad tiene todos los elementos de juicio para hacer justicia, no por mí sino por ellos, que recién seinician y son la Marina del mañana. Para ello, todo lo que pido con todo respeto, pero firmemente, es que se les haga conocer la verdad, que se sintetiza en los siguientes puntos:

"1) El Capitán Cordeu no traicionó a nadie el 16 de Junio. No fue hablado para participar en el movimiento. Producido el intento revolucionario, no fue ni convencido ni comprado para no salir con la Escuela de Mecánica."

"2) El Capitán Cordeu fue culpable, jugando su carrera y la seguridad de los suyos, de omitir en sus declaraciones al Consejo de Guerra y al Ministerio de Marina (en el período previo al 16 de septiembre de 1955) todo aquello que podía perjudicar a sus camaradas, inclusive a quienes le habían sido desleales."

"3) El Capitán Cordeu fue culpable, a riesgo de su vida, de defender su Comando impidiendo que la Escuela de Mecánica fuera arrastrada por quienes -sin medir las consecuencias y solamente gobernados por sus impulsos- pretendían hacerla salir, lo que hubiera significado la pérdida de muchas vidas inútilmente."... Los reclamos de Cordeu nunca fueron atendidos hasta hoy y tampoco los de la mayoría de los miembros de las Fuerzas Armadas que intentaron entonces y en los años sucesivos defender o recuperar el orden constitucional, durante el largo período de odio y revancha que se inició con los bombardeos del 16 de junio.

En sus reclamos formales a la triunfante Marina ‘revolucionaria’, el capitán Cordeu no podía referirse a otros importantes elementos de juicio. Estos datos complementarios sí eran conocidos por su familia y amigos. Los más destacados son los siguientes:
Después del levantamiento de 1951, encabezado por el general Menéndez, un grupo de jefes de la Marina al que pertenecían Cordeu y su hermano José Angel (también capitán de navío) se juramentó para no apoyar ningún futuro intento de levantamiento contra el orden constitucional. A este grupo de juramentados pertenecía el almirante Isaac Rojas, que conduciría junto al General Lonardi el golpe de septiembre de 1955.

El 16 de junio de 1955 Cordeu habló por teléfono desde la ESMA con Hugo Guillamón, edecán naval del Presidente, para preguntarle si Perón estaba cuerdo (los conspiradores sostenían que se había vuelto loco). La confirmación de que el Presidente estaba "en pleno uso de sus facultades mentales" terminó de despejar toda posible duda.


Comunicado golpista de la Marina

Los hermanos Cordeu no eran "peronistas", eran legalistas por convicción. El otro marino, José Angel, se desempeñaba como agregado naval ante los gobiernos europeos y fue también pasado a retiro después de septiembre "por peronista". El hermano menor médico, Matías, había sido simpatizante de Forja y admirador de sus principales figuras, entre las que se destacaba Arturo Jauretche. El más joven de los Cordeu había participado, además, en la jornada del 17 de octubre de 1945.

Los "revolucionarios" victoriosos del ‘55 cantaban con entusiasmo en sus desfiles la "Marcha de la Libertad" y levantaban la voz para entonar su verso preferido: "¡Mil veces una muerte argentina!" ( un remedo, quizás, del coro final del Himno Nacional: "¡Oh juremos con gloria morir!"). No imaginaron las miles de "muertes argentinas" que sumarían las luchas políticas que desgarraron al país durante las siguientes décadas.

Fuente: www.causapopular.com.ar


El golpe y la resistencia peronista

Por Elena Luz González Bazán (especial para ARGENPRESS.info)

"Con las armas lo echaron, con las armas lo traeremos"
Porfirio Cena
Miembro de la Resistencia Peronista de Córdoba

El 16 de septiembre de 1955 se produce el golpe de Estado y cae el gobierno peronista, el proceso se venía incubando y a diferencia de muchos que opinan sobre el inicio de la Resistencia Peronista nada mejor que hablar con los resistentes peronistas.

Juan Carlos Cena y su padre Porfirio Cena fueron miembros activos de la Resistencia en la provincia de Córdoba, luego de la muerte de Eva Perón, el propio Porfirio le dice a su hijo que se vienen momentos duros.

 
En memoria de los fusilados

Luego de las bombas sobre Plaza de Mayo, Porfirio Cena y otros resistentes se empiezan a organizar, la resistencia ferroviaria y la resistencia en todos los lugares, son los trabajadores que quisieron formar las milicias, son quienes aplaudieron las armas compradas por Evita, la única forma de resistir el golpe era organizándose y llevando adelante la lucha para no permitir la caída del gobierno peronista. Estos resistentes le reprocharon a Perón porque no castigó a los responsables de aquella masacre que fue el bombardeo sobre Plaza de Mayo, así lo sostiene Juan Carlos Cena.

Porfirio Cena decía: "Con las armas lo echaron, con las armas lo traeremos´, recuerda su hijo.

Antes de iniciar el diálogo con Cena vale relatar que esto que anticipamos pertenece a un trabajo de investigación que está realizando, es un homenaje a los resistentes que aún quedan vivos y a los que ya no están.

Cena es, a pesar de muchos, un historiador del Movimiento Obrero, viene desde su seno y la lucha lo ha llevado a luchar y escribir. Luego de la debacle final del ferrocarril, la escritura y el trabajo de investigación lo ganaron. Entre sus trabajos por salir están los que permanentemente sigue que es el problema del ferrocarril, pero está su investigación sobre la Resistencia Peronista, y la Historia del Movimiento Obrero, además, de la Historia de las Masacres en la Argentina, todos trabajos que está finalizando y que tienen anticipos que demuestran que rompe con algunas frases hechas y largas exposiciones que distan mucho de ser veraces.

Este reportaje es un adelanto…

Un poco de historia previa

Luego del bombardeo a Plaza de Mayo del 16 de junio, donde la marina de guerra y la fuerza aérea, esta realiza su bautismo de fuego asesinando al pueblo que estaba en las inmediaciones de la plaza, buscan el levantamiento para derrocar a Perón, hay otros instantes donde en esos tres meses serán claros, el final se venía anunciando.

Previo al 16 de junio había habido una numerosa movilización de Corpus Christi, el 11 de junio, donde se enarbolaron la bandera nacional y la papal en una movilización que fue desde la Catedral Metropolitana hasta el Congreso de la Nación. El 12 fue otro día aciago, era domingo, una bandera se quema en aquella movilización contra Perón y esto vale para desagravios y también los ánimos encendidos de un lado y otro, huevos, piedras y cachiporrazos en la misma Catedral.

El 13 Perón habla y responsabiliza a la iglesia de no querer la pacificación, aquí es que decide expulsar a los monseñores Tato y Novoa y por supuesto Roma excomulga a Perón, los ánimos estaban caldeados. El 14 hay un paro decretado por la C.G.T Confederación General del Trabajo en memoria de Eva Perón y desagravios a la bandera argentina. El 15 hay allanamientos y clausuras a las sedes parroquiales de la Acción Católica.

El desenlace siniestro se da el 16 con el bombardeo a Plaza de Mayo… 350 muertos, aunque testigos de aquella etapa refieren que fueron solicitados a la anterior Municipalidad, en la oficina de Cementerios, la reserva de 700 ataúdes. Los heridos son más de 2.000, sin contabilizar los lisiados por vida.

Luego de sofocar el levantamiento de aquel 16 de junio viene un proceso complejo que terminará con el golpe de estado.

El ejército ganancioso sobre aquel complot y con la marina en contra y también la novel Aeronáutica, arma creada durante el gobierno peronista, es el interlocutor válido de Perón; así transcurren esos meses en forma rápida y de caída. Los ministros Borlenghi de Interior, el de Educación, Transporte, Agricultura y Ganadería y el Secretario de Medios el cuestionado Raúl Apold renunciaron en aquellos días. Además, renuncia Vuletich al frente de la C.G.T.

En julio el enfrentamiento con la iglesia fue cada vez mayor, se acusó a Perón y al gobierno de querer armar una iglesia por fuera de Roma, Arturo Frondizi, Vicente Solano Lima y Luciano Molinas de los distintos espectros políticos fustigaron duramente al gobierno de Perón.

El 15 de agosto se denunciaba un complot para asesinar al presidente Perón y por otro lado desde los estamentos del gobierno y del partido gobernante se iba dando por finalizado la tregua ante la falta de colaboración por parte de los partidos opositores, las cartas estaban echadas, el proceso se iba decantando, rápidamente. El golpe era algo que se esperaba, desde el mismo ejército que mantenía aún su lealtad al gobierno se iban perfilando los grupos golpistas y opositores.

El 6 de septiembre, días antes del inicio del golpe, los dirigentes de la C.G.T. Confederación General del Trabajo le ofrecen al presidente Perón que los seis millones de trabajadores sean parte de las milicias populares para la defensa del gobierno constitucional. La repuesta fue rápida, el general Lucero Ministro de Guerra no estaba de acuerdo, Perón no avanzó en la idea y el golpe sobrevino. El 2 de septiembre el golpe fallido de Díaz Balaguer y el 16 Lonardi, general retirado viaja a Córdoba para ponerse al frente del golpe militar, Aramburu y Rojas eran los otros sectores. Luego de cuatro días, Perón se retira del gobierno con aquel planteo de la sangre o el tiempo.

Luego sobrevino sobre la Argentina tres años de un golpe militar que implantó el decreto 4161 de represión a todo aquello que fuera peronista, nombrara a Perón y Evita o luciera los símbolos peronistas, esto acarreó cárcel para miles y miles de hombres y mujeres que se resistieron a ser proscriptos.

Rosario capital del Peronismo

Muchos se preguntan ¿por qué Rosario?, es la ciudad más importante de la provincia de Santa Fe, y la Capital del Peronismo. Esa ciudad con puerto propio y de aguas más profundas que el puerto de Buenos Aires, ciudad que compite y compitió con los porteños de Buenos Aires en cuanto al nivel y la importancia de sus puertos y de su realidad industrial.

Rosario supo tener un cordón industrial importante, que protagonizó cientos de luchas ocultas por los historiadores, sociólogos y cientistas sociales de todo tiempo, lugares emblemáticos que enfrentaron siempre a las dictaduras de turno, el famoso cordón rojo del Paraná que fue invadido y destruido a fuerza de ocupaciones militares durante la década del 70, anticipando el último genocidio del golpe militar del ´76.

El mismo 16 de septiembre de 1955, apenas iniciado el golpe contra el gobierno constitucional peronista, aparecieron los resistentes en Rosario, durante 7 días con sus noches soportaron el asedio de los golpistas. El general Bengoa con refuerzos militares, armamento y municiones suficientes sitia a la ciudad provocando una guerra civil en Rosario, algo que describe en su trabajo Beba Balvé. Sitiados, sin alimentos, sin armamento, las fuerzas leales a Perón, el Regimiento Militar II de Infantería de Rosario junto a los trabajadores del cordón industrial y el pueblo pelean y avanzan sobre los sectores enemigos de los Libertadores del centro de la ciudad y las fuerzas armadas.

Durante siete días mantuvieron en vilo a la ciudad y a las fuerzas golpistas que nunca pudieron entrar para arrancar los bustos de Perón y Evita, por ese motivo Perón la declara la Capital del Peronismo. Allí la resistencia peronista fue una de las más feroces y activas. Tenía una base social amplia y de esas filas hay que contabilizar al general Valle. En esos días de guerra civil, en Rosario, el golpe se cobró más de 400 muertos entre niños, mujeres y hombres de distintas edades, además de cientos de heridos.

Las purgas y las luchas políticas entre los golpistas

Es dable destacar que luego del golpe y habiendo asumido el general retirado Eduardo Lonardi como presidente, bien pronto se vio la lucha interna de ambos sectores: uno que buscaba recrear un peronismo sin Perón, los nacionalistas que se mostraban con un perfil más populista y el otro sector era de corte oligárquico y pegado a las multinacionales, donde militaban las huestes de Aramburu, Rojas y quienes, posteriormente, se harán del gobierno golpista.

A partir del primer día de octubre se llevan adelante las purgas en el ejército y entre ellos quedan pasados a retiro 44 generales con historia peronista, como así numerosos oficiales, en tanto Perón era descalificado por el Tribunal de Honor, entre los firmantes estaban los generales Basilio Pertine, Víctor Majó y Carlos von der Becke.

El entonces mayor Alejandro Agustín Lanusse, jefe de Granaderos jugó a favor del desplazamiento de Lonardi. Las cartas se habían vuelto a echar, se profundizaba el proceso oligárquico y liberal, la línea que se imponía en este nuevo golpe militar.

Juan Carlos Cena miembro de la resistencia peronista

Un párrafo destacado para aquellos que desde las fábricas, los barrios, del seno del movimiento obrero, desde las estructuras de los cuerpos de delegados y comisiones internas hicieron el engranaje de aquella forma de resistir el golpe, con la consigna de Perón Vuelve. Centros esenciales de la industrialización sirvieron como base del accionar resistente, también es importante destacar que desde otras formas partidarias aportaron y fueron parte de resistir el golpe militar.

En 1956 se produce en la ciudad de Córdoba una huelga de la Unión Obrera de la Construcción encabezada por el dirigente comunista Canelles que une sus fuerzas con la Resistencia. Todo el proceso que se dará en Rosario, Córdoba, el primer y segundo cordón industrial de la provincia de Buenos Aires, en la provincia de Tucumán y en Tafí Viejo, donde se encuentran los talleres ferroviarios más emblemáticos, Altos Hornos Zapla, los cañeros de la Fotia, Minera Aguilar, Jujuy y las Pirquitas, cuyo líder era el minero Avelino Bazán y tanto más son lugares fundamentales de aquellos años de luchas. También entre los ferroviarios y entre los metalúrgicos, obreros de la construcción, textiles, mecánicos, de todos los lugares aparecieron resistentes, cientos de dirigentes salieron de las filas de la Resistencia.

En el diálogo con Juan Carlos Cena le preguntamos:

¿Podemos hablar de un inicio de la Resistencia Peronista?

No hay una fecha de inicio, no hay un inicio porque la clase obrera siempre estuvo en estado de resistencia, empieza a organizarse luego de la muerte de Eva Perón y había conversaciones reflexiones entre los compañeros, eso pasaba en mi casa, y el que llevaba adelante estas charlas era mi padre.

Luego del bombardeo, si tomó fuerza la organización, y comienzan las reuniones, en mi casa en Guinazú, Córdoba, se hacían reuniones de los ferroviarios. Otra fue la estación Sarmiento, otra en Avellaneda, cerca de Deán Funes, las otras que recuerdo fueron en la Reducción de Tucumán donde mi tío Cacho Cena jugaba un papel importante y después empezaron a moverse. Hubo reuniones en San Cristóbal, Santa Fe, y otros lugares ferroviarios, todo esto antes del golpe de estado.

Aunque ya contestó en parte, de todas formas muchos periodistas, escritores, historiadores, sociólogos sostienen que hay un inicio y una terminación de la Resistencia,

¿Qué opina usted?

No se puede opinar desde la ignorancia, y no se puede investigar un fenómeno como el de la Resistencia Peronista que no tiene tutor.

¿Cómo es eso?

Que no hubo ningún ideólogo, intelectual o político que armara la Resistencia Peronista.

O sea, no tiene padres.

Exactamente, no tiene padres, en realidad el Movimiento Obrero es el padre de la Resistencia Peronista, no tiene ese tipo de padres. Y en algunos campos académicos, podríamos decir, eso molesta.

¿Cómo se puede definir la Resistencia Peronista?

Muy sencillamente, es la respuesta sustancial del Movimiento Obrero peronista al golpe de estado del ´55. La Resistencia Peronista asume la defensa de la identidad peronista. El partido peronista se había borrado y los burócratas como Alonso entre otros, no guardaron ni luto, porque a los quince días ya estaban reunidos, primero con Lonardi y después con Aramburu.

¿En qué lugares fue fuerte la Resistencia Peronista?

 
Los fusilamientos del 1956

La Resistencia Peronista fue fuerte en las grandes concentraciones obreras.

¿Cómo cuales?

Zona industrial de la provincia de Buenos Aires, el primer cordón: La Plata, Berisso y Ensenada, Rosario, Córdoba y Tucumán como centro que abarcaba toda la zona norte.

¿Qué es el CIPON?

El CIPON es el Comando Interseccional Peronista de Obreros del Norte, es la primera manifestación organizativa de la zona Norte del país con centro en los Talleres de Tafí Viejo. Donde en esos Talleres de Tafí Viejo se los conocía como los Mau Mau.

¿Por qué Mau Mau?

Porque los comparaban con los guerrilleros negros del Africa, Kenya, porque era el Ejército de Liberación que luchaba contra los ingleses y su dirigente era Yomo Kenyata, lo que hacían era que a los prisioneros ingleses les cortaban la cabeza y los ponían en una pirca.

Porque los Mau Mau de Tafí Viejo le habían cortado, simbólicamente, la cabeza a dos jefaturas del taller, o sea, los corrieron.

¿Cuáles fueron los códigos éticos y militantes de los resistentes?

Bueno, eran códigos éticos que tenían que ver con la clase obrera, honestidad, valentía, abnegación y firmeza en los principios. Nunca dañar algo que le pertenezca al pueblo. Nunca cometer una acción que genere víctimas del pueblo.

Duros con los traidores y delatores…

La disciplina era férrea en el núcleo central, pero también había políticas de alianzas que pertenecían a otras corrientes políticas e ideológicas.

Teníamos amor a la Libertad…

¿Cómo eran las acciones?

Las acciones podemos decir eran diversas, muy diversas, desde un sabotaje que tenía que ver con la interrupción de servicios, el cuidado de los compañeros que estaban en las primeras líneas, es decir en los sindicatos, a esos compañeros se los protegía.

Por ejemplo en Tafí Viejo el 17 de octubre colocaban 17 bombas de estruendo, nunca los pudieron apresar a los compañeros, días antes se reforzaba la policía provincial y aparecía la Gendarmería. La Resistencia tiene que ver con la alegría por luchar, esas 17 bombas eran un divertimento, y una burla al sistema porque el peronismo seguía vivo, a pesar de burócratas y dirigentes del partido.

También tuvimos traidores. Augusto Vandor, Eleuterio Cardoso, Alejo Simó de Córdoba entre otros.

Muchos pensarán que a pesar de lo que dice hubo víctimas. Ahí va la pregunta:

¿Me puede referenciar que acciones fueron adjudicadas a la Resistencia y que no las hizo la Resistencia?

La voladura de la estación de servicio Shell de Córdoba que produjo 11 víctimas, no fue hecha por la Resistencia, la hizo la policía. Y algunos historiadores se la adjudican a la Resistencia Peronista, craso error…

Volviendo a su padre: ¿Sabía que su papá era miembro de la Resistencia?

No, lo supe al tiempo, fue muy prudente cuando comenzó a anoticiarme de la Resistencia, poco a poco hasta que ingresé a la misma, a partir de ahí vivía con mis viejos, pero del tema no se hablaba más porque yo pasé a otra área, a capacitarme con unos instructores. Algunos habían estado en la Guerra Civil Española.

¿Cuál fue su primera tarea?

Mi primera tarea fue de correo y después en la organización ferroviaria, que sí se coordinaba por todo el país, no, como dicen algunos que era anacrónica y desorganizada.

Las viejas comisiones internas, los cuerpos de delegados, o las comisiones ejecutivas pasaron a la clandestinidad, desde ese lugar comenzó la Resistencia y a través de ella, la reorganización y la recuperación de los sindicatos.

Más o menos se impulsaron más de 55 huelgas generales y parciales, esta actitud que se puede ampliar mucho más, molestaba tanto a los militares golpistas, como los burócratas sindicales, como Alonso y compañía.

¿Cuándo decide ser parte de la Resistencia Peronista?

El golpe de estado del 16 de septiembre me sorprende en el depósito de locomotoras de Alta Córdoba, ahí veo que desde las escuelas católicas las Mercedarias y el Corazón de María salían chicas y chicos, curas y monjas blandiendo la bandera del Vaticano, y gritando Cristo Vence y muera Perón, era la demonización de Perón y el peronista. Nosotros éramos peronistas, habíamos vivido en la época de él, algunos acarreaban sobre sus hombros viejos fusiles máuser, ese fue el primer cachetazo. El segundo la detención de mi padre y el tercero, pero yo ya era parte de la Resistencia son los fusilamientos de León Suárez. Fueron tres momentos que definen mi participación político y sindical.

¿Qué edad tenía?

Tenía 19 años y desde ese momento no paré más…

¿Y qué pasa con la vida de cualquier joven de 19 años y una militancia como estar en la Resistencia Peronista?

Nosotros seguíamos igual, yendo a los bailes, porque yo siempre fui muy feminista… risas…, seguí jugando al fútbol, seguí siendo un joven, éramos jóvenes, pero comprometidos con los ideales. ¿Se entiende? No necesitábamos poner cara de guerra para pelear por nuestros proyectos y los ideales que creíamos justos…

Con esa tonada cordobesa que no se ha sacado, a pesar de los años que vive en Buenos Aires, arrastra la r, que hace sonora y risueña cuando nos dice que no ponían cara de guerrrrrrra…

Juan Carlos Cena nos cuenta en el Guardapalabras, memoria de un ferroviario lo siguiente:

"No era joda pertenecer orgánicamente a la Resistencia, era como un baldón aunque nadie lo supiese. Pertenecer era no andar vacío, y menos siendo joven cuando la carga de romanticismo es grande. Pertenecíamos a algo prohibido, luchábamos para hacer regresar al ausente prohibido, al innombrable que llegaría para encabezar una insurrección también prohibida. Era una conjura y ser un conjurado era cuestión de valentía. Uno llevaba el fervor, el convencimiento de ser la avanzada de todo el proceso insurreccional. Por eso cualquier tarea era importante, y también la pérdida de viejos y queridos hábitos y la adquisición de otros, odiados pero necesarios".

¿Cómo vivió el decreto 4161?

No lo viví, no le dimos bola… risas… seguíamos poniendo con carbón en las paredes, Perón Vuelve, esa prohibición era toda una tentación.

Con sus recuerdos a cuesta y su permanente militancia le preguntamos que cosas importantes dejó la Resistencia Peronista y que críticas hace a aquel proceso?

Emplazan un busto del general Valle en un cuartel del Ejército

(Marzo 2007) El Ejército emplazará en la Escuela de Ingenieros de la fuerza un busto del general Juan José Valle, quien fue fusilado en 1956 tras encabezar un fallido levantamiento cívico-militar contra la Revolución Libertadora.

La ceremonia se realizará a las 11 en dicho establecimiento, que desde el año pasado lleva el nombre del militar. El acto será presidido por la ministra de Defensa, Nilda Garré, quien estará acompañada por el Jefe del Ejército, Roberto Bendini.

Como parte del homenaje, el Director de la Escuela de Ingenieros recibirá el sable y un arma que pertenecieron a Valle, y que ahora pasarán a ser parte del patrimonio de esa institución.

Valle fue uno de los líderes del levantamiento cívico-militar de 1956 contra la Revolución Libertadora, y que tuvo el objetivo de restaurar el orden constitucional tras el derrocamiento del gobierno de Juan Domingo Perón, ocurrido un año antes.

La rebelión fue rápidamente sofocada por el gobierno de facto, que fusiló a 18 militares -entre ellos Valle- y 13 civiles, entre el 10 y el 12 de junio de 1956.

Fuente: Clarin.com

Palabras del jefe Estado Mayor General del Ejército General Bendini

Discurso de Bendini ante el busto de Valle

"Hace casi un año, en esta Escuela de las Armas, el Ejército imponía el nombre histórico de "Tte Grl Juan José Valle" a la Escuela de Ingenieros.

En esa oportunidad, me comprometí a que el busto del teniente general Valle ocupara un lugar de honor en el instituto.

En estos años, como jefe del Ejército, he realizado actos institucionales con la finalidad de restañar heridas que, a pesar del tiempo transcurrido, están abiertas en la Fuerza y pesan sobre los espíritus.

Ningún soldado muerto en cumplimiento del sagrado deber militar puede dejar de recibir el justo homenaje del Ejército y de la sociedad a la que sirvió renunciando a la propia vida.

Éste es el sentido profundo de los reconocimientos realizados a los muertos en defensa del orden constitucional en junio de 1955 y a los fusilados en 1956.

Nadie en su sano juicio puede menos que sentir vergüenza ante actos de odio irracional que ensangrentaron nuestra historia reciente.

Es hora de reparar definitivamente los agravios. Nuestra sociedad siempre supo que en junio de 1956 se había cometido una injusticia y recordó, muchas veces en silencio, a sus caídos, civiles y militares.

Es hora de que el patriotismo que animó el espíritu de aquellos muertos sea reconocido.

Es hora de que, con orgullo, el Ejército al que pertenecen rinda homenaje al coraje, la entereza y la templanza que demostraron esos dignos herederos de la estirpe sanmartiniana que anima al soldado argentino. Es hora de que civiles y militares que sintieron la patria de igual manera cierren sus heridas para siempre.

El teniente general Juan José Valle fue un profesional excepcional, exponente de un Ejército que constituía parte de un proyecto nacional, en el que la defensa era concebida de manera integral por un Estado comprometido con el desarrollo productivo y los derechos sociales. En ese modelo de país, el Ejército era un instrumento del Estado al servicio de su pueblo.

Siguiendo la senda trazada por Mosconi, Baldrich y Savio, Juan José Valle desarrolló su vocación militar en el arma de Ingenieros; llegó a ocupar los cargos más importantes y accedió a las máximas jerarquías.

Cuando hablamos del arma de Ingenieros y de ingenieros militares, estamos definiendo a un militar dotado de la mayor capacitación científica y tecnológica que puede proporcionar el Ejército. Esta capacitación se emplea, fundamentalmente, en la definición de proyectos de carácter dual, que sirven a una necesidad específicamente operacional, pero que también vuelcan su utilidad a la comunidad en caminos, puentes y construcción de viviendas y hospitales, entre otras cosas.

Este destacado zapador fue ingeniero militar a los 22 años.

Dejó su impronta en los más prestigiosos destinos del Ejército y mereció los mejores conceptos de sus superiores en cada uno de ellos.

Revistó en el Colegio Militar de la Nación; fue profesor de la Escuela Superior Técnica, jefe del Batallón 4 de Zapadores Pontoneros, miembro de la Comisión de Adquisiciones en Francia, país donde, además, continuó su perfeccionamiento; fue subdirector de esta escuela de zapadores, inspector de ingenieros y director general de ingenieros.

Su gestión al frente de la Dirección fue una de las más prolíficas, ya que bajo, su mando, se finalizaron grandes obras de ingeniería, tales como el Colegio Militar de la Nación, el Hospital Militar Central, el Edificio Libertador e infinidad de emprendimientos útiles para la comunidad.

Este general de la Nación, que daría prueba de estar formado en el más puro cuño sanmartiniano, ante la ruptura del orden constitucional, decidió con coraje dar testimonio y asumir una responsabilidad frente a la historia.

Como el injusto asesinato del coronel Manuel Dorrego, su muerte abrió paso a un período de violencia y desencuentros, en el que el odio cosechó más odio.

Como nadie, era consciente del difícil tiempo que esperaba a los argentinos.

Protagonista de esta tragedia fue su hija Susana, que, aquel 12 de junio de 1956, asumió la dolorosa responsabilidad de despedir a su padre:

"¿Quién te ha condenado papá?", y el general respondió:

"Quisiera que nunca lo supieras para que tu corazón no odiara jamás".

"¿Por qué te entregaste?"

"Porque no podría mirar con honor a las esposas y madres de mis soldados asesinados."

Desde entonces, Susanita, quien hace muy pocos meses nos dejó, fue una luchadora incansable por la memoria de su padre.

Para ella, y para todos los familiares de los caídos, nuestro afecto, reconocimiento y homenaje por su constancia y por su grandeza de espíritu para superar el dolor y reencontrarse con su Ejército, en la convicción de que ésta es la manera de construir un futuro para la patria.

"Ruego a Dios que mi sangre sirva para unir a los argentinos. Viva la patria", escribió el general Valle en su última carta y anhelamos que este acto sea un paso más hacia la reconciliación de todos los compatriotas.

Mi general, su nombre ya está perpetuado en esta escuela como símbolo de honestidad, convicción y honor.

Tenga la seguridad de que su Ejército anhela participar en la construcción de un futuro con todos y para todos los argentinos, en el que la solidaridad y el respeto a la dignidad humana sean condiciones necesarias para superar las dificultades que se nos presenten.

Que las virtudes militares demostradas por el Tte Grl Valle constituyan una valiosa herencia que las futuras generaciones preserven y que su memoria represente una infranqueable barrera contra el odio, la violencia y la insensatez.

Que los ideales expresados en su proclama sean el cimiento de una patria mejor para nuestros hijos:

"Sin odios ni rencores, sin deseos de venganza ni discriminaciones entre hermanos, convocamos a todos los argentinos que con limpieza de conducta y pureza de intenciones quieran y defiendan lo que no puede dejar de querer y defender un argentino: la felicidad del pueblo y la grandeza de la patria".

Señoras, señores, no podemos renunciar a la esperanza de alcanzar la patria grande.

Ella necesita de todos sus hijos. Éste es nuestro pasado y, a partir de él, tenemos la obligación de construir un futuro.

Éste fue el mensaje de Tte Gral Valle."

La Resistencia no era una organización afiatada y homogénea, en cada lugar tenían comportamientos distintos, en Rosario la historia del movimiento obrero rosarino influenciado por anarquistas, socialistas y comunistas tiene que ver con sus rasgos particulares. En Tafí Viejo se creó la Federación Obrera Ferrocarrilera, en 1909, adherida a la FORA, la influencia de la ideología libertaria perduró y se hizo carne en toda la zona norte.

En Córdoba es otro tema, la cuestión era ser anticlerical. El clericalismo y el anticlericalismo como respuesta comienza en 1918 con la Reforma Universitaria. El fuerte de la Resistencia Peronista en Córdoba estaba en la Fábrica Militar de Aviones, Talleres Córdoba y el Sindicato de la Unión Obrera Metalúrgica, pero nosotros los ferroviarios nos coordinamos por todo el país. Es la particularidad del oficio ferroviario, la de viajar y conectarse.

La Resistencia Peronista también estuvo integrada por compañeros de otras corrientes políticas e ideológicas. También fuimos infiltrados. El general Iñiguez cumplió una tarea de desarme a toda la Resistencia obrera peronista nacional. A nosotros en Córdoba, el comisario Gordillo miembro de la Resistencia Peronista nos delató durante el Plan Conintes, domicilio por domicilio. Era un hombre de Iñiguez.

¿Las consecuencias cuales fueron, aunque parezca una pregunta tonta?

Nos reprimieron brutalmente…

¿Cuál es la actitud de los resistentes con el pacto Perón – Frondizi y la intermediación de John William Cooke?

Son los 800.000 votos en blanco.

¿Era un caudal más que importante?

Es el primer acto de rebeldía de los peronistas contra Perón, contra las directivas del Viejo. A un requerimiento de un periodista cuando le nombró sobre los 800.000 votos en blanco, Perón contestó, socarronamente: "esos son más peronistas que todos".

¿Por qué se habla de la toma del Lisandro de la Torre, en 1959, como el momento de la Resistencia?

Eso lo dicen los que no conocen integralmente las acciones de la Resistencia Peronista en el orden nacional, y lo que no dicen de los hechos del Frigorífico es que, esta es la segunda acción territorial de la Resistencia Peronista. La primera fue la toma de Tartagal, la segunda el Frigorífico y la tercera Monte Caseros y en el medio la toma de los cuarteles militares de Rosario.

¿Cuál es su opinión del dirigente Sebastián Borro?

Sebastián Borro es hijo de la clase obrera. La clase obrera lo eligió y él supo corresponder, él fue la voz de todos y el portador de la palabra de todos, no es un burócrata como lo citan algunos académicos, solo puedo decir de estos pseudos académicos, que son unos eunucos, quieren y no pueden, por no decir, quieren y no saben.

¿Por qué lo cuestionaron tanto a Borro?

No únicamente a Borro, sino a otros dirigentes peronistas, como al negro Atilio López. Critican a Borro y a Atilio López, desde las orillas del Movimiento Obrero, no conocen sus profundidades, ni la relación social que existe, ni las contradicciones que hay en su seno. Todas son calificaciones peyorativas.

¿Es por esto de ser peronista?

Por supuesto, es la herencia gorila de la Unión Democrática. Se dicen progresistas y revolucionarios y son funcionales al sistema, no vale la pena seguir opinando. No aportan a entender el pasado de nuestro país que es entender e interpretar la realidad, pero comprendiendo los procesos históricos y sus identidades en esencia.

¿Cómo sintetiza toda esta etapa?

Yo, desde el ´55 vengo naciendo de nuevo, a veces retrocedía un poco, comparaba, me daba cuenta que en cada nacimiento me parecía que mejoraba un tantito, no era solamente la Resistencia sino lo que pasaba en el mundo. Teníamos a Cuba como ejemplo de América Latina, y los intentos insurgentes en Africa y los países Arabes, y Argelia. En la China Mao le daba un plato de arroz por día a su pueblo, que eran 800 millones de armas, 800 millones de platos, 800 millones que morfaban dignamente. Y después la batalla contra las moscas, la prostitución y el opio. Dar de comer y limpiar en un solo acto revolucionario.

Cuando uno es joven, no le teme al vuelo de sus propios pájaros, y más cuando creen que vuelan alto. En nuestro caso era la defensa de las ideas del gordo Cooke, y la simpatía romántica por Fidel Castro, el Che Guevara, y Camilo Cienfuegos, la posición a favor de la enseñanza laica, y lo más irritante para los autoritarios, no esperar instrucciones acerca de cómo pensar.

Pertenecer a la Resistencia era una distinción aunque no se viese el distintivo en la solapa. Era el sufrimiento, el coraje, el compañerismo compartido, la lealtad a un ideario, empezó por el ´55 y se concretó ni bien desembarcaron los milicos y continúo por un largo período; sufrió transformaciones, se modificó, pero siempre hubo Resistencia, aunque tuviera otro nombre. Cada uno de nosotros, los que pasamos por la Resistencia quedó marcado, no fue igual la marca, ni salimos todos del mismo modo: hubo quien salió hacia la izquierda, y quien salió hacia la derecha, hubo otros pero fueron los menos.

La división del peronismo se reflejó en la Resistencia, cuya base era el movimiento obrero peronista. Unos lo querían para el golpismo y los enjuagues cuarteleros, otros para la insurrección popular.

¿Me puede nombrar aunque sea con nombre de pila algunos resistentes?
El Vasco
El Tuerto Longo
El Medio Pollo Pérez
Don Francisco Mor
El Cutiti Díaz
El Chichilo Díaz
Toto Romero, que por suerte vive.
Raúl Lechessi
Tableta Gutiérrez
Y por supuesto mi viejo y mi tío Cacho, El Porfirio y Cacho Cena.

Vale pensar en el proceso de quiebre que produce aquella ofensiva resistente, el poder político y económico divide sus aguas y sobreviene un golpe dentro del golpe, que es la salida de Lonardi, la mirada más ecléctica del golpe, queda afuera la fachada nacionalista del golpe que da paso al golpe siniestro, desnudo y claro encarnado en las figuras que asumen la conducción política de la denominada Revolución Libertadora, toda esta realidad es inducida, impulsada, las contradicciones rompen el proceso, porque actúa sin miramientos la Resistencia Peronista. Es en definitiva la clase obrera con una identidad que se une a otras identidades y entiende que los golpes de estado son para sepultar sus luchas.

Luego analizar aquel golpe es pensar otro tipo de Estado, proyecto de nación y en definitiva el avance sobre el proceso más independiente e industrializado, mirando hacia el mercado interno y protegiendo la industria nacional.

Las aguas de aquel tiempo histórico, del estado de bienestar que se introdujo entre el proceso político terminada la Segunda Guerra Mundial supo tener en el peronismo un interlocutor válido.

Lo real desde el punto de vista humano fue la represión, persecución y la paulatina lucha por liquidar todas las conquistas obreras y sociales conseguidas al calor de luchas históricas en el Movimiento Obrero organizado.

Perón eligió el tiempo, la sangre, evidentemente, fue puesta por millones de hombres y mujeres que soportaron la persecución. Los años de proscripción de la mayor fuerza política fueron 18, y luego otro proceso que merece un análisis aparte.

Juan Carlos Cena no niega, ni oculta su historia dentro del peronismo, se ríe ante las bromas de otros que le dicen que el peronismo le puso zapatos. Sus lecturas y su militancia después siguen.

Se cumple medio siglo de aquel golpe de estado, y muchos no tienen la fortaleza de condenarlo como un genocidio más. Por el contrario intentan dibujar disculpas. Ningún golpe de estado puede ser mejor que un gobierno democrático. También hay que decirlo, luego de los sucesivos y siniestros golpes de estado en nuestro país, esta democracia de más de dos décadas quedó maniatada a los preceptos golpistas.

El Guardapalabras nos ofrece una de las tantas sabidurías de aquel maestro y amigo anarquista, don Américo Catáneo: "la gente se entretiene con discusiones mediocres, mientras los liberales están en aprontes y con paciencia amasan su ofensiva en democracia. En definitiva, a pesar de que los milicos se van, persistirá la falta de libertad…"

Como final en palabras de Juan Carlos Cena: "A partir del 16 de septiembre de 1955 comienza el desmontaje de una formación ideológico de carácter nacional, dentro del campo social y político".


Qué votaron los cañones

16 de septiembre de 1955

Por José Luis Di Lorenzo

El proyecto de país que se destruyó a sangre y fuego era el de distribuir para crecer, el de la visión política espacial, el del pleno empleo como garante del mayor nivel salarial, el de la integración latinoamericana.

La década del ‘45 fue precedida por la primera década infame, la del treinta, en la que el conservadurismo terrateniente se apropió del poder mediante el fraude y gobernó el país oligárquicamente en sociedad explícita con Gran Bretaña.

Es el coronel Perón quien, desde el Departamento Nacional del Trabajo, luego Secretaría, inaugura una nueva institucionalidad que incorporó a los trabajadores, quienes de ese modo dejaron de hacer política contra el Estado para pasar a hacerla con el Estado.

Desde el 2 de diciembre de 1943 se concretan las primeras e importantes medidas laborales y sociales: se crea el fuero laboral para resolver conflictos que antes debían solucionarse en forma privada; se otorgan aumentos salariales por decreto; se crea el sueldo anual complementario; se celebran convenios colectivos de trabajo bajo la tutela del Estado, se dictan 111 leyes laborales, todo hasta 1945.

La clase obrera y el pueblo no van ni al purgatorio

Por Juan Carlos Cena

"En lo político, lo real es lo que no se ve"
(José Martí)

El 16 de septiembre de 1955, un golpe de estado derrocaba a Juan D. Perón.

Es el umbral de otra época, donde se alternarán tiempos de democracia restringida, y dictaduras militares. La proscripción del peronismo, principal fuerza política del país, obligó a sus militantes a generar prácticas de lucha entre las bases de los trabajadores peronistas, que se transformaron en las primeras manifestaciones de resistencia obrera, luego llamada Resistencia Peronista. Resistir era la consigna.

El Gobierno Provisional presidido por el general Pedro E. Aramburu, inauguraba una nueva fase de la Revolución Libertadora: habían desplazado al general Lonardi, una hegemónica política liberal, donde se implementaría un programa económico privatista, el desmantelamiento del modelo estatal-industrialista, distribucionista del peronismo y la desarticulación de las instituciones socio-políticas peronistas: Unidades Básicas, sindicatos, y otras organizaciones y agrupamientos.

En el campo de las organizaciones laborales, el gobierno fijo como objetivo principal, desperonizar a los trabajadores.

Comenzaba la resistencia obrera peronista, que luego se extendió a otras identidades políticas. Rosario, no bien se dio el golpe de Estado, fue uno de los lugares más resistentes: ese día, obreros del puerto, de la zona sur, de los mataderos con sus caballos, del frigorífico Swift, estibadores, las mujeres con el pecho desnudo, como el 17 de octubre de 1945: Gente y más gente rumbean para el centro de Rosario, esta ciudad es prácticamente tomada por el pueblo peronista. Levantaron barricadas en las calles, en las esquinas, cortaron el tránsito. La huelga paralizó la 'capital durante varios días'. Pasaron por arriba a la policía que no atinaba a nada.

'Un poco más al sur de Rosario, entre las barriadas más pobres, está Villa Manuelita, con una sola calle principal, Abanderado Brandoli, de barro mejorada con empedrado grueso como lecho para las vías del tranvía número once. Ahí está el frigorífico Swift, único pasaporte a la dignidad para los habitantes de la villa miseria. (...)

Ellas sabían de las novedades del alzamiento de Córdoba y que con ojos angustiados se miraban entre sí preguntándose, sin palabras, qué pasaría con el frigorífico. (...) Con el ajetreo, a una de ellas se le desabrochó la blusa y asomaron sus pechazos blancos apenas atrancados por el último botón de la cintura. Parece la imagen de la República Francesa enarbolando como bandera el delantal blanco de su hombre. En eso, giró su cabeza hacía la entrada de la villa y, dirigiéndose hacía un enemigo aún invisible, empezó a agitar al aire la ropa y a decir con fuerza, pero gravemente: ¡Vengan! ¡Tiren! ¡No le tenemos miedo! ¡Viva el general Perón! ¡Viva la compañera Evita!. La vorágine se había desatado. Ligadas por un acuerdo mudo, ancestral, comenzaron a bloquear las vías del tranvía con enormes piedras, levantándolas con una fuerza descomunal. '¡Villa Manuelita no se rinde! ¡Viva Perón! ¡Mueran los traidores! ¡Viva Evita! ¡No van a pasar!. Los gritos se entrecruzaban en diferentes lenguas, dialectos y acentos pero, juntos decían una sola frase ¡Viva Villa Manuelita!

Llegaron los militares, se inició la represión. Por la calle Abanderado Brandoli avanza una formación de soldados que había llegado con la orden de tomar el tanque de agua.

(...) La mujer del pecho desnudo comenzó a golpearse y dejaba surcos en cada gesto salvaje convertido en imán para el resto de las mujeres que empezaron a desabrocharse las blusas y a sacar sus pezones, únicas armas para defender la supervivencia. ¡Villa Manuelita no se rinde! ¡No hay libertad con hambre! ¡Evita vive! (...) de una casilla llevaron una pila de delantales blancos. Las mujeres empezaron a unirlos con alfileres, uno al lado del otro, hasta reunir varios metros de tela blanca. Sobre la bandera improvisada escribieron, con brea, bien clarito 'Todos los países reconocen a Lonardi. Villa Manuelita no lo reconoce' (...) de la columna de jinetes, tres soldados se apearon y lentamente se acercaron al tanque. Venían con la orden de quitar la bandera que desafiaba al general rebelde. Las mujeres arrastraban a sus hijos pequeños que lloraban y los alzaban consagrándolos hacia Dios que, a lo mejor, estaba en el cielo: ¡Adelante..! ¡Mátenlos!...¡Asesinos!...¡mátenlos!...¡tiren cobardes!' Los tres soldados se dieron media vuelta y volvieron corriendo. Dicen que uno iba llorando. Y Villa Manuelita, firme, no se rendía! (No me olvides. Memoria de la Resistencia Peronista 55-72-Edit. Biblos-Carulli-Caraballo-Cafiero-Charlier.

Rosario fue tomada por el pueblo peronista. Se alzaron contra el golpe militar pero no tenían nada más que las manos, la indignación y mucha bronca. La huelga paralizó a la capital del peronismo durante varios días. Perón había dicho que prefería el tiempo a la sangre. En esa ciudad y otros lugares del país, hubo sangre en las calles del pueblo que derramaron en su nombre por un largo tiempo. El pueblo se quedó con la sangre en el tiempo. Sólo los tanques pudieron hacer retroceder a los resistentes rosarinos. Pero nunca penetraron al centro de Villa Manuelita.

Día 16 al 21 de septiembre de 1955, en la ciudad de Córdoba, la Aeronáutica junto a civiles, tomaron por asalto casi todos los sindicatos. Ocuparon la Unión Obrera de la Construcción (UOCRA). Un grupo de civiles partidarios de la Revolución Libertadora convocó a una reunión para hacerse cargo del gremio. Compañeros delegados, activistas peronistas y comunistas, encabezados por los compañeros Guardia (Resistencia Peronista), y Canelles (Partido Comunista), se opusieron a tal maniobra. Este era uno de los primeros pasos de unidad que se daban, para resistir a este nuevo proyecto de país

El 9 junio se produce un alzamiento militar encabezado por el general Valle, properonista, en varias guarniciones. El día 10 se impone la ley Marcial. Después de dos días de resistencia el levantamiento fue derrotado. La represión fue brutal y precisa: veinte militares y nueve civiles fueron fusilados sin que éstos hubiesen matado a ningún partidario del gobierno. Los trabajadores (civiles) participantes fueron masacrados en los basurales de la localidad de León Suárez, provincia de Buenos Aires sin ningún tipo de juicio. La clase obrera en su conjunto resistió desde 1955 hasta esa fecha, período donde fueron violentamente reprimidos.

Desde los tiempos de la masacre de La Patagonia no se fusilaban obreros; los militares repitieron la masacre en los basurales de José León Suárez.

A pesar de ello y de todos los compañeros caídos, torturados y detenidos, jamás pudieron desarticularlos ni vencerlos. Al contrario, la clase obrera peleó palmo a palmo el poder al capitalismo, en el marco de la lucha de clases; resistió, se organizó y salió a dar batalla.

El gobierno resolvió llamar a elecciones. Frondizi ganó después de pactar con Perón y con las fuerzas de izquierda. Asumió el 1º de mayo de 1958. Las luchas continuaron y la represión no cesó, era una constante. Hay huelgas en los gremios bancarios, médicos, petroleros (YPF), el 27 de noviembre de 1958 el gobierno decretó la movilización militar al gremio ferroviario. Los encarcelaron en los propios lugares de trabajo.

Al iniciarse 1959, Frondizi soportó uno de los actos resistentes más significativos de la clase obrera: la toma del frigorífico Lisandro de la Torre, hecho donde participó activamente el activismo de la Resistencia Peronista, con Sebastián Borro a la cabeza. Fue la primera acción territorial de la Resistencia Peronista.

El 14 de febrero de 1960 se implantó el Plan Conintes -Plan de Conmoción Interna. Sancionado durante el gobierno de Perón y reglamentado por el de Frondizi, para combatir al terrorismo y, ordenó el procesamiento de los trabajadores detenidos por un tribunal militar.

Los trabajadores ingresaban a la década del '60 resistiendo y combatiendo, cara fue su libertad para el poder económico y político. Durante todo el gobierno de Frondizi los conflictos no se detienen. Frondizi, éste, todo lo que pactó con Perón y las otras fuerzas políticas, lo tiró por la borda y obedeció los requerimientos de los yanquis.

Hay movilizaciones, huelgas, marchas, actos asambleas en forma permanente. Ante esta situación desbordante, las fuerzas armadas depusieron a Frondizi, haciendo jurar a José María Guido como presidente de la República. Las luchas continuaron. De nuevo elecciones.

Ganó el Doctor Arturo Illia, con el peronismo proscrito. Nombró como canciller a Zabala Ortiz, que participó en el bombardeo a Plaza de Mayo el 16 de junio de 1955, junto a Roque Carranza, luego Ministro de Defensa de Alfonsín, dejó víctimas esparcidas por la plaza, las calles, los ómnibus incendiados con trabajadores, mujeres y niños en su interior. Este fue un salvaje acto represivo contra el pueblo. Fue el primer estallido. La oligarquía descargaba sin piedad sobre el pueblo todo ese odio rancio acumulado, de linaje. Ese bombardeo salvaje demostró una vez más, que a los factores de poder no les tiembla el pulso, ni escatiman absolutamente nada, para no perder en la confrontación de la lucha de clases. Toda la sociedad simiesca aplaudía las muertes, no existía en ellos aflicción cristiana, sino el gozo oligárquico de la muerte de clase. La muerte era de los otros, fueron 350 muertos y más de dos millares de heridos. Ellos no olvidaron nunca la lucha de clases. En esta puesta en práctica, utilizaron la violencia sin medir ningún costo. Ellos sólo miden: la ganancia máxima.

Al fin, para la oligarquía vacuna y sus socios nacionales y extranjeros, el 26 de junio de 1966 fue depuesto el doctor Arturo Illia. Los tres comandantes: Marina, Aeronáutica y Ejército en nombre del orden, derrocaron al doctor Illia. Un oficial de caballería, el general Juan Carlos Onganía es nombrado democráticamente por estos tres, Presidente de la República. Perón dice: que es un general pundonoroso y hay que prestarle atención; agregó más adelante: hay que desensillar hasta que aclare.

La burocracia sindical obedeció. Todas las organizaciones que representaban al gran capital nacional y extranjero, la sociedad Rural, ganaderos y terratenientes, el doctor Arturo Frondizi desplazado, también, por un golpe de estado, apoyaron a este golpe de Estado. Muchos repudiaron el golpe de estado, emitieron documentos y se pusieron en estado de alerta.

Pero el intelectual, doctor en física, Ernesto Sábato le cantaba así al golpe: Llegó el momento de barrer prejuicios y valores apócrifos que no responden más a la realidad (...) por eso la gente ha sentido un profundo sentido de liberación. Ojalá que la serenidad. La discreción, la fuerza sin alarde que ha manifestado Onganía en sus primeros actos sea lo que prevalezca, y podamos al fin, levantar la gran Nación.

No bien se hicieron cargo la represión fue lo primero. Las bases sindicales resultaron los estamentos organizativos más golpeados. Es que es allí donde se manifestó la oposición al régimen no bien éste asume. Son intervenidos los Sindicatos Ferroviarios y de Prensa de la Capital Federal, Personal de la Universidad.

El SUPA, -Sindicato Unico de Portuarios Argentinos-, decretó un paro con movilización en la zona del puerto de Buenos Aires, se oponen al intento de cambiarles las condiciones de trabajo, los trabajadores portuarios resistieron la medida, son brutalmente reprimidos, son los iniciadores de la resistencia en las calles, en esta etapa que recién comenzaba. Los portuarios fueron los primeros en resistir el proyecto de la dictadura de Onganía... llegó el momento de barrer prejuicios, había alentado Sábato.

Fuente: www.argenpress.info

La Argentina de por entonces cuestionaba lo que se dio en denominar la "democracia formal", fundada en el fraude electoral y en los pactos de cúpula entre políticos conservadores y radicales, condenando escandalosos negociados ocurridos en la época que los involucraban, como el de la Chade y el de los terrenos de El Palomar.

Si bien los precios mayoristas habían aumentado un 65,5 por ciento entre 1938 y 1945 y el salario real apenas un 12,3 por ciento, el inicio del reconocimiento a los derechos de los trabajadores por el gobierno del general Edelmiro J. Farrell preocupó a los hasta entonces dueños del poder. Trescientas diecinueve entidades patronales dieron a conocer el "Manifiesto del Comercio y la Industria" por el que protestaban contra la nueva legislación laboral del gobierno. Esta proclama del 16 de junio de 1945 fue suscripta por la Cámara Argentina de Comercio, la Industria y la Producción, Bolsas de Cereales, la Cámara de Grandes Tiendas y la Cámara de Exportadores, a las que un día después adhirieron la Sociedad Rural y Confederaciones Rurales Argentinas, agregando su reclamo contra el que consideraban el abusivo "Estatuto del Peón".

Aquella Argentina, la de la Segunda Guerra Mundial, estaba dividida en aliadófilos y germanófilos. Una coalición integrada por socialistas, comunistas, conservadores, radicales y demócratas progresistas, en septiembre de 1945, expresa su enfrentamiento a las políticas que tildan de nazi-fascistas mediante la marcha de "la Constitución y la Libertad", que simbólicamente es encabezada por el embajador norteamericano Spruille Braden. Convocadas las elecciones nacionales, el 24 de febrero de 1946 la fórmula Perón-Quijano obtiene el 56 por ciento de los votos venciendo a la de la Unión Democrática que postulaba a Tamborini-Mosca y representaba a los partidos de la coalición "democrática".

Transcurridos los primeros seis años de gobierno, en 1951, el presidente Perón plebiscita su gestión, logra 4.580.000 votos contra 2.300.000 de la Unión Cívica Radical. El sesenta y seis por ciento de los argentinos lo respaldan.

Sin embargo, los "demócratas", argumentando que intentaban asesinar a Perón, ametrallan y bombardean al pueblo en la Plaza de Mayo el 16 de junio de 1955 para luego derrocar al gobierno popular y constitucional mediante el golpe militar de septiembre de 1955. Casualmente en las mismas fechas pero diez años después del "Manifiesto del comercio y la industria", y de "La marcha de la Constitución y la Libertad".

Qué tenían que destruir

En la década de 1945-1955 se sentaron las bases del Proyecto de la Justicia Social, proyecto de país truncado autoritariamente, cuyos pilares constitutivos son la soberanía política, la independencia económica, y la justicia social. La idea dominante es la de pasar de la política representativa a la participativa, construyendo la comunidad organizada como visión superadora del agotado modelo de la partidocracia liberal. Modificando la legitimidad formal expresada en aquello de que "el pueblo no delibera ni gobierna sino por medio de sus representantes", por la construcción de una nueva legitimidad, la real, en la que "la verdadera democracia es aquella donde el gobierno hace lo que el Pueblo quiere y defiende un solo interés: el del Pueblo. El Gobierno es del Pueblo para el Pueblo –agrega– cuando es realmente ejercido por el Pueblo, condición que sólo puede realizar un Pueblo que posee conciencia, organización y personalidad social".

En lo económico, el justicialismo plantea la economía social, que es aquella que pone el capital al servicio de la economía y ésta al servicio del bienestar social. Se trata de una filosofía de vida, simple, práctica, popular, profundamente cristiana y profundamente humanista, que procura realizar el equilibrio del derecho del individuo con el de la comunidad. Doctrina social que realiza la justicia social dando a cada persona su derecho en función social. El eje central de la nueva concepción es la armonía: nadie se realiza en una comunidad que no se realiza.

El peronismo asume el agotamiento del proyecto agroexportador impulsando la industrialización. Modifica la estructura económica del país, cancela la deuda externa originada en el gobierno de Bernardino Rivadavia, nacionaliza los servicios públicos, regula los precios y salarios, universaliza la previsión social y la salud pública, califica y también universaliza la educación cuya currícula es el nuevo proyecto de país, genera una fuerte redistribución del ingreso hacia los más postergados, haciendo realidad aquello de que donde hay una necesidad hay un derecho.

Las conquistas sociales son institucionalizadas en la Constitución de 1949, que lleva a la cúspide de la pirámide normativa otra Argentina, la productiva, con empleo, salarios justos, protección a la niñez y la ancianidad, acceso a la salud, a la educación, a la vivienda, dueña de sus recursos naturales y de sus servicios públicos. El trámite y derogación de facto de esa norma constitucional resulta un caso ejemplar de cómo el cuestionamiento formal fue funcional a que se nos quitaran importantísimos derechos a todos los argentinos.

Durante su trámite, los opositores a la reforma constitucional cuestionaron el quórum para la votación (si dos tercios del Congreso o dos tercios de los presentes), crítica que terminó siendo la justificación confesa de su posterior derogación por el golpe de Estado de 1955, de la que los mismos "demócratas" de la Unión Democrática, que se oponían porque habían perdido poder político y visto afectados sus intereses económicos, participaron activamente. El trasfondo y la realidad era que la oligarquía no podía admitir que se consolidaran constitucionalmente los derechos sociales conquistados por el Pueblo.

Para no discutir obviedades, basta constatar qué paso con nuestros niños, con la educación, con la salud pública, con los mayores, con las jubilaciones, con el empleo, con la vivienda, con el nivel de los salarios, con los recursos naturales, con los servicios públicos, con el endeudamiento externo, con la soberanía política, con la independencia económica. Lo que querían y lograron era quedarse con lo que nos corresponde a casi tres tercios de los argentinos.

El proyecto de país que se destruyó a sangre y fuego era el de distribuir para crecer, el de la visión política espacial, el del pleno empleo como garante del mayor nivel salarial, el de la integración latinoamericana, el de hospitales públicos que garantizaban que la salud no fuera un negocio para pocos, el de la Universidad Obrera, el de la ciencia y tecnología pueblocéntrica, el de la integración de nuestro interior, el de la planificación y sus dos planes quinquenales, el que llevó a más del 50 por ciento de la riqueza la participación de los asalariados, el que mientras se construía el nuevo país socorría con la transitoria e indispensable ayuda social, el de la solidaridad con los pueblos hambreados, el que donó trigo y carnes a la Europa devastada. Demasiado para los mercaderes que sentían que demagógicamente se estaba repartiendo lo que por un supuesto derecho natural les correspondía solamente a ellos.

Un dato es irrefutable, al justicialismo había que derrotarlo por las armas porque tenía ganado el corazón y reconocimiento de la gran mayoría del pueblo. Lo que ocurrió en 1955 y en 1976 también. No se debe olvidar que el golpe de 1955 tuvo un cauce, que motorizó el odio y la división de los argentinos. Camino que transitó falacias, sofismas, blasfemias. Se apelo a Santo Tomás de Aquino y el tiranicidio para justificar el quiebre de la voluntad popular ametrallando al pueblo en aquel junio del ‘55, a levantar la quema de iglesias para ocultar la mutilación y muerte del verdadero templo de Dios, el hombre. A cuestionar por antinacional los acuerdos de 1955 con la Standard Oil que en realidad resentían los intereses petroleros británicos. A difamar a las jovencitas que concurrían a la UES, a demonizar a Perón, a Evita y a los peronistas.

Sin embargo, había objetivos concretos absolutamente emparentados con la Argentina oligarca, la que no bien fue derrocado Perón liquidó el IAPI, liberalizó la economía, privatizó los depósitos bancarios, incorporó a la Argentina a los organismos internacionales de crédito, privatizó las empresas del Estado, decretó la apertura a las inversiones extranjeras, liberó las importaciones, elimino las barreras arancelarias. Sin duda los grandes perjudicados fueron los asalariados a quienes mediante una devaluación del orden del 120 por ciento se les disminuyó su poder de compra y el nivel de participación en la distribución de la riqueza que habían logrado.

Sangre o tiempo

Destruir lo construido fue un objetivo que se mantuvo constante a manos de los "demócratas" realmente germanófilos. Los beneficiarios y partícipes del poder político residual de por entonces se encargaron de silenciar las atrocidades perpetradas contra la democracia. Es más, aún se escucha a quienes fueron comandos civiles horrorizarse cuando manifestantes orinan en la Plaza de Mayo, pero nada dicen ni dijeron de quienes bombardearon ese lugar donde nació la Patria.

No sólo se trató de balas, asesinato, muerte. Hasta nuestros días llega la discusión de que Perón huyó, que no tuvo valor para enfrentar la sedición, que si Evita viviera... Lo que no quieren ver ni admitir es que hubo una decisión clara, no acompañar un baño de sangre entre argentinos, evitando que eventualmente los jacobinos de la libertad, autodenominados libertadores, dividieran a la Argentina en dos, quedándose con el sur petrolero en alianza con Gran Bretaña.

Cincuenta años después de que nos privaron de la libertad en nombre de su defensa, de quienes fueron inmisericordes "en nombre de Dios", de quienes decían defender la Fe y demostraron ser los mercaderes que se apoderaron del templo, es importante tener memoria, y aunque el pueblo sí perdona, no debe olvidar.

El bombardeo a la Plaza de Mayo, el golpe de 1955, el golpe de 1976, el autoritarismo fueron instrumentos del egoísmo de unos pocos que se creen los mejores, superiores, los predestinados, cuando solamente defienden sus propios intereses y las posiciones logradas. Es necesario revisar la historia para no tropezar con la misma piedra, porque aquellos que lo único que quieren es atesorar despreciando al que no tiene porque consideran que es lo que se merece, han quebrado la voluntad comprando y cooptando voluntades, disciplinándonos –o intentando hacerlo– mediante la exclusión y por la necesidad de sobrevivencia, y, aunque con otros ropajes, el ‘55 sigue presente.

Aquella barbarie les costó a los trabajadores algo más de cinco billones de pesos, que dejaron de disponer para mantener su nivel de vida, a lo que se le debe sumar el costo de su salud prepaga, de educar privadamente a sus hijos, de los servicios que si bien son públicos son un pingüe negocio privado. Riqueza que no se perdió, simplemente paso al bolsillo de los pocos que alentaron y alientan conculcar los derechos ciudadanos.

Nuestro pueblo ya ha puesto su sangre, 50 años después es tiempo de remediar lo social reconociendo la verdad histórica y asumiendo que todo proyecto inconcluso llama, reclama. El proyecto que nos arrebataron y sigue pendiente es el de la Justicia Social, necesario para volver a armonizar.

Fuente: www.sitioima.com.ar


A 50 AÑOS DEL GOLPE MILITAR QUE DERROCO A PERON

Memorias de un conscripto

Por Aníbal Ford

1 Junio 16. Estoy haciendo guardia en el Comando de la Primera División Blindada. Vienen, desde Santa Fe, haciendo quilombo, los que incendiaron San Nicolás de Bari. Tipos muy diferentes a los que había visto en las manifestaciones peronistas. ¿Lumpenaje? Vienen corriendo a dos muchachos que buscan la puerta del Instituto de Cultura Religiosa Superior. Yo intento cruzarme con el máuser, pero el capitán que está al lado mío me dice: "Quédese aquí soldado" y mira con placer la corrida. ¿Miraba la historia como Hegel o sabía que había algo trucho en esos grupos? Pero el cinco por uno existió. También el patrullero que desde atrás seguía tranquilamente a los manifestantes.

2 Entre junio y septiembre nunca dormí menos en mi vida. Por la situación hacíamos guardia día por medio. En las puertas, en las ventanas, en la terraza del comando. Había un sargento que estaba cagado porque los comandos baleaban a los centinelas. El se iba bien adentro y nos decía: "Cuídense, soldaditos, no se asomen demasiado". Y yo me dormía apoyado en el máuser e intentando –estaba en segundo año de Letras– leer el machete de La Divina Comedia que el tano Marone nos hacía estudiar de memoria. Pero más allá se cocinaban otras historias. En la facultad se decía que Marone tenía detrás del retrato de Perón uno de Mussolini.

3 Aunque el panorama político estaba denso, el bombardeo fue sorpresivo. Hasta poco tiempo antes en la División Operaciones teníamos que dibujar enormes mapas de la Mesopotamia para que los generales jugaran a la guerra con Brasil, principal hipótesis de conflicto de la Argentina en ese momento. La historia dio un vuelco. El jefe de Operaciones, el teniente coronel Ayala, desapareció y se fue con Aramburu a levantar Curuzú Cuatiá. Al poco tiempo andaba por los pajonales. Algunos sunchos peronistas decían: "Cuando venga lo vamos a cagar a tiros". Pero cuando volvió, después del 16 de septiembre, triunfador, cambió el discurso. Con espíritu de "libertadores" le decían: "¿Por qué no nos llevó con usted mi teniente coronel?". Un año antes Ayala se había encargado de peronizar a la policía de la provincia de Buenos Aires. Eso dicen o decían. En este país los bandazos políticos son muy frecuentes. Como las traiciones.

4 La situación en el comando, sin mandos, fue muy extraña. Era imposible saber bien qué estaba pasando. Una noche nos encerraron en un salón, sentados, con el máuser entre la piernas. Esperando no sabíamos bien qué. Cuando se oyeron unas enormes explosiones, se conjeturó rápidamente que el almirante Rojas había comenzado a bombardear Buenos Aires. Pero no era así. Las explosiones provenían de los disparos de los tanques Shermann contra el edificio de la Alianza Libertadora Nacionalista. Yo no sé si la situación era de desinformación, de entrega o de incompetencia. Aunque pienso que debe haber habido traiciones en ese momento que todavía deben estar en carne viva. Como la carne de primera calidad que se llevaban los oficiales a sus casas en esos días preliminares en que un mayor de esgrima llevó a Pacheco, el ex cantor de Fresedo, al comando. Y que con su voz finita cantó Vida mía.

5 En el comando el ambiente era mesturado. Había desde soldados universitarios, fubistas, ya gorilas, hasta muchachos de los sectores populares, laburantes que no trabajaban en los escritorios, sino en la cocina o en los depósitos. Yo me acuerdo de un gordo grandote que golpeaba las paredes y decía: "¡Yo quiero salir a pelear! ¡Yo quiero defender a Perón!". A veces pienso que la resistencia peronista nació ahí, en el arranque de la Libertadora, espontáneamente. Aunque nada es espontáneo. Todo tiene su historia, sus tiempos largos.

6 No sé si fue el 16 de septiembre que me llamaron a casa a las dos de la mañana. Yo salí rajando. Como la costumbre era viajar al lado del conductor del tranvía, recuerdo que me explotó la caja de conexiones eléctricas arriba de la cabeza. Llegue rápido porque vivía cerca. Un teniente primero me dio una 45 y me felicitó. Era el mismo que me había sacado a salto de rana limpio en una reunión de instrucción, porque cuando había hablado críticamente de las sublevaciones yo le pregunté qué había sido el ’43. Y con él me tocó estar de guardia cuando comenzaron los festejos de la "Libertadora".
Estábamos en la puerta y la gente pasaba alborozada sin ver que había muchas caras tristes. De duelo. Yo no era muy peronista, pero me molestaba tanta alegría. Entonces le dije: "Esto es una mierda, mi teniente". Para qué lo habré dicho. Comenzó a gritarme que eso era la libertad, la vuelta a la democracia, pero no oí más porque me fui al mazo. Además tenía mucho sueño. Un sueño que sigo teniendo.

Página/12, 16/09/05


Palabras sobre la Resistencia Peronista

Por Andrés Framini

(...). A la Resistencia se suman los militares. Qué garantía para nosotros con la experiencia que tenían los militares para esos caso as¡. Teníamos contacto con los compañeros, con la mayoría que después fueron fusilados, con Costales, con el Coronel Cogorno, con los hermanos Yrigoyen, con todos los militares que se habían sumado a esto y que tanta importancia tenían para la Resistencia. El Gral. Valle estaba preso, preso en un barco, pero desde ahí ya había empezado a preparar la revolución. Había ido buscando contactos y cuando salió en libertad, juntamos a todos los sectores que representaban la Resistencia y resolvimos tres cosas importantes: la primera, seguir adelante y hasta el fondo para derrocar la dictadura; la segunda: llegamos al convencimiento de que por la vía democrática no los sacábamos, entonces el único camino que nos quedaba era el de la revolución y decidimos prepararnos en el terreno de nuestros enemigos; tercero: se reconoció como jefe del Movimiento al General Valle y al General Tanco.

Elegimos el día: el 9 de junio. Recuerdo que el 8 estaba con Valle y, en el café de "Los Angelitos" nos encontramos con los suboficiales que eran los encargados de tomar la radio donde íbamos a lanzar la proclama que era el primer golpe que íbamos a dar para salir a combatir. Y a hora que hablo de la proclama quiero recordar (ustedes han leído lo que es esa proclama, el contenido de la proclama que es lo más incruenta posible), que fue revisada hasta el último momento por dos grandes compañeros peronistas, porque les teníamos fé y confianza, dos peronistas de raza, dos compañeros comprometidos hasta el tuétano con la revolución: los compañeros José María Castiñeira de Dios y Enrique Olmedo.

El comando estaba en la calle Alsina, en Avellaneda, enfrente de la plaza.
La primera resolución del comando fue nombrar una comisión que saldría a tomar la escuelita que estaba al lado de la cancha de Racing y que, desde allí se largaría la proclama por radio; entre algunos de la comisión estaba el gran compañero Costales, Pepe Yrigoyen, Lugo y otros más. A los diez minutos nos llaman y nos dicen "Ya tomamos la escuelita", pero a la media hora nos dicen: "no hablen más para acá porque estamos rodeados". Pasa una hora y el asesino de Rojas anuncia por radio el fusilamiento de los revolucionarios y dá los nombres que eran los de los compañeros que habían tomado la escuelita. No había pasado una hora cuando aparece otra información: en Lanús son asesinados otros compañeros entre los que estaban los hermanos Ross. Por si fuera poco, después nos llega la noticia del fusilamiento del Coronel Cogorno en La Plata. La única buena pero que no alcanzaba era que el Capitán Filipaux había tomado Santa Rosa. Por suerte después él se salvó del fusilamiento.

Lo último fue cuando levantaron a los compañeros que simulaban estar mirando una pelea, los cargaron, los llevaron a José León Suárez y mientras bajaban del camión, los mataban fusilándolos por la espalda. 


Aramburu y el juicio histórico

El 29 de mayo de 1970 un comando montonero secuestró en su domicilio al teniente general Aramburu. Dos días después esa organización lo condenaba a muerte y enumeraba los cargos que el pueblo peronista alzaba contra él. Los dos primeros incluían "la matanza de 27 argentinos sin juicio previo ni causa justificada" el 9 de junio de 1956.

El comando llevaba el nombre del fusilado general Valle. Aramburu fue ejecutado a las 7 de la mañana del 1º de junio.

La ejecución de Aramburu provocó una semana más tarde la caída del general Onganía, cuya dictadura ya había sido resquebrajada otro 29 de mayo el año anterior por la epopeya popular del Cordobazo, y postergó momentáneamente los proyectos de los sectores liberales que veían en el general ajusticiado una solución de recambio para la fracasada Revolución Argentina.

El dramatismo de esa muerte aceleró un proceso que suele llevar años: la creación de un prócer. En cuestión de meses los doctores liberales, la prensa, los herederos políticos canonizaron a Aramburu mediante el uso irrestricto del ditirambo y la elegía. Paladín de la democracia, soldado de la libertad, dilecto hijo de la patria, militar forjado en el molde clásico de la tradición sanmartiniana, gobernante sencillo y probo que rehuía por temperamento los excesos de autoridad, son algunos de los conjuros que escamotean a la historia el perfil verdadero de Aramburu. Dos años después tenía su Mausoleo, ornado de virtudes.

La matanza de junio ejemplifica pero no agota la perversidad de ese régimen. El gobierno de Aramburu encarceló a millares de trabajadores, reprimió cada huelga, arrasó la organización sindical. La tortura se masificó y se extendió a todo el país. El decreto que prohibe nombrar a Perón o la operación clandestina que arrebata el cadáver de su esposa, lo mutila y lo saca del país, son expresiones de un odio al que no escapan ni los objetos inanimados, sábanas y cubiertos de la Fundación incinerados y fundidos porque llevan estampado ese nombre que se concibe como demoníaco. Toda una obra social se destruye, se llega a cegar piscinas populares que evocan el "hecho maldito", el humanismo liberal re trocede a fondos medievales: pocas veces se ha visto aquí ese odio, poca s veces se han enfrentado con tanta claridad dos clases sociales.

Pero si este género de violencia pone al descubierto la verdadera sociedad argentina, fatalmente escindida, otra violencia menos espectacular y más perniciosa se instala en el país con Aramburu. Su gobierno modela la segunda década infame, aparecen los Alsogaray, los Krieger, los Verrier que van a anudar prolijamente los lazos de la dependencia desatados duran te el gobierno de Perón. La República Argentina, uno de los países con más baja inversión extranjera (5% del total invertido), que apenas remesaba anualmente al extranjero un dólar por habitante, empieza a gestionar esos préstamos que sólo benefician al prestamista, a adquirir etiquetas de colores con el nombre de tecnologías, a radicar capitales extranjeros formados con el ahorro nacional y a acumular esa deuda que hoy grava el 25% de nuestras exportaciones. Un solo decreto, el 13.125, despoja al país de 2 mil millones de dólares en depósitos bancarios nacionalizados y los pone a disposición de la banca internacional que ahora podrá controlar el crédito, estrangular a la pequeña industria y preparar el ingreso masivo de los grandes monopolios.

Quince años después será posible hacer el balance de esa política: un país dependiente y estancado, una clase obrera sumergida, una rebeldía que estalla por todas partes. Esa rebeldía alcanza finalmente a Aramburu, lo enfrenta con sus actos, paraliza la mano que firmaba empréstitos, proscripciones y fusilamientos.

Fuente: NAC&POP


A 50 años del derrocamiento del gobierno constitucional y democrático del General Perón

No nos une el espanto sino el amor

Por Oscar Castellucci

Si la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia; una historia "del otro lado", en la que el espanto vale apenas uno y cinco el amor.
Conscientes de que "la historia la escriben los que ganan", los epígonos de las fuerzas cívico-militares sediciosas que derrocaron al gobierno legítimo del General Perón en septiembre de 1955 han impuesto, en el campo histórico, que, para ser considerado "objetivo", se requiere la condición sine qua non de manifestarse antiperonista (se admite cierta moderación, es cierto, y hasta la segmentación de aspectos parciales, pero no la inconsecuencia a lo esencial del principio).

Para todas las miradas que se dirigen hacia el período "de la tiranía", cualquier otra alternativa o resquicio implica el abandono de la "ciencia objetiva" y el desbarrancamiento hacia una especie académicamente despreciable: la "literatura de combate o militante" o la mera "retórica populista", en el mejor de los casos.

Como me considero heterodoxo y no practico –consciente de las consecuencias– ese dogma, que es uno de los pilares que sustentan y connota decisivamente el discreto encanto de la burguesía académica, habré de referirme a aquellas jornadas de hace medio siglo, situado voluntaria (y provocativamente) del otro lado del mostrador.

Lo haré partiendo de una de las falsificaciones más groseras del "pensamiento objetivo": el mítico "cinco por uno", nacido al calor de aquellos enfrentamientos del ‘55 y transformado por la intelligentzia en símbolo indubitable de la barbarie y de la violencia peronista.

Es verdad que fue Perón, desde los balcones de la Casa de Gobierno, quien, el 31 de agosto de 1955, dijera: "Por cada uno de los nuestros que caiga, caerán cinco de los de ellos". Todos lo saben y lo repiten hasta el hartazgo (y muchos ya sin saber de qué se trataba). En fin, de allí salió el "cinco por uno, no va a quedar ninguno". Pero pocos han sido capaces de percibir (o se han preocupado por hacerlo notar, si lo percibieron) que, más allá del enunciado de la frase (real y sólo justificado en las circunstancias en que fue pronunciado), el contenido fue puesto en práctica y brutalmente ejecutado en contra de los sectores populares. A nadie parece preocuparle eso. Será porque, contrario sensu, para la "objetividad científica" siempre "es mejor decir que hacer y prometer que realizar".

En definitiva, como le dijo Jauretche, siempre lúcido, al General: "Por cada uno de ellos que cae, terminan cayendo cinco de los nuestros". Así fue, en lo que hacía a la vida de los hombres y también en lo simbólico. Veámoslo aplicado a las cosas del sentir, como el espanto y el amor.

Espanto uno. 16 de junio de 1955. Cuando los aviones navales (copiloteados por civiles) bombardearon la Plaza de Mayo, murieron 350 personas, según La Nación; o 360, según Arthur P. Whitaker, cuyas continuas referencias en su obra al "tirano" garantizan su "neutralidad valorativa" (fuentes citadas, estas dos, con el objeto de no irritar nuevamente la mirada académica del doctor Isidoro J. Ruiz Moreno); o más de 400, según investigaciones recientes, pero carentes, naturalmente, de "objetividad".

Espanto dos. Las jornadas del 16 al 20 de septiembre de 1955. Los días de la autodenominada "revolución libertadora" (que, poco importa, no fuera ni una cosa ni la otra para la mayoría de los argentinos), durante cuyo transcurso, según sus panegiristas, las víctimas producidas fueron irrelevantes y quedaron en un discretísimo segundo plano. Mientras tanto, hordas de "gente bien" arrasaban locales peronistas incendiándolos (no eran, claro, el Jockey Club) y destruyendo todo símbolo del "régimen depuesto". Por ejemplo, en la saqueada Fundación Evita, quemaban con fruición "democrática" miles de frazadas porque tenían impreso el escudo peronista. "¡Ahora que los negros se caguen de frío!", aullaban los incendiarios. ¡Qué difícil evaluar ese gesto con objetividad!

Espanto tres. El 5 de marzo de 1956 se sanciona el decreto-ley 4161 (encabezado por las firmas de Aramburu y Rojas) que "prohíbe la difusión de una posición y doctrina política que ofende al sentimiento democrático del pueblo argentino". Se refería al peronismo (que en la última elección de 1954 había obtenido el 62 por ciento de los votos y 18 años después de una permanente proscripción y persecución repetía ese porcentaje), e imponía prisión de 30 días a seis años a quienes utilizaran con fines de afirmación ideológica o de propaganda armas tan peligrosas como "imágenes, símbolos, signos, expresiones significativas, doctrinas, artículos y obras artísticas (...) pertenecientes o empleados por los individuos representativos u organismos del peronismo". Para que lo entiendan todos: si alguien decía "¡Viva Perón!", iba preso; en cambio, si decía "¡Muera Perón!" era democrático. ¡Qué modo original de concebir la democracia!

Espanto cuatro. La proclama del 27 de abril de 1956, suscripta por el presidente (Aramburu), el vicepresidente (Rojas) y los ministros del gobierno de facto, deroga por bando militar la reforma constitucional de 1949 y declara vigente la Constitución nacional sancionada en 1853. Eso sí, en el artículo 2º se aclara que "el gobierno provisional de la Nación ajustará su acción a la Constitución que se declara vigente por el art. 1º en tanto y en cuanto no se oponga a los fines de la Revolución, enunciados en las directivas básicas del 7 de diciembre de 1955 y a las necesidades de la organización y conservación del gobierno provisional". Situados en el mundo del revés, se llamaba tirano a quien votaba la mayoría del pueblo y a esta contrarrevolución se la denominaba "revolución" (y, además, "libertadora"). Así, era lógico que la democracia fuera descaradamente antidemocrática.

Espanto cinco. En la madrugada del 10 de junio de 1956, los jefes de la dictadura militar (Aramburu y Rojas) firmaron el decreto 10.364 que establecía la ley marcial e imponía la pena de fusilamiento a los civiles y militares que se habían alzado el día anterior contra el poder que detentaban (esto debía estar relacionado con "las necesidades de organización y conservación del gobierno provisional", porque la Constitución declarada vigente por ellos lo prohibía). En un extraordinario artilugio jurídico, lo aplicaron retroactivamente. Por ese decreto, entre el 9 y el 12 de junio, hubo fusilamientos en Campo de Mayo, Lanús, La Plata y en la vieja Penitenciaria Nacional de la avenida Las Heras. Como consecuencia de su aplicación anticonstitucional fueron ejecutados 31 hombres, entre civiles y militares peronistas. Ellos fueron: Juan José Valle, Alcibíades Cortinez, Ricardo Ibazeta, José Irigoyen, Oscar Cogorno, Dardo Cano, Eloy Caro, Jorge Costales, Jorge Noriega, Néstor Videla, Juan Abadie, Osvaldo Abedro, Mario Brion, Nicolás Carranza, Francisco Garibotti, Carlos Lizaso, Dante Lugo, Miguel Mauriño, Carlos Irigoyen, Vicente Rodríguez, Clemente Ross, Norberto Ross, Ramón Videla, Miguel Paolini, Rolando Zanetta, Ernesto Garecca, Isauro Costa, Luis Puchetti, Hugo Quiroga, Luciano Rojas y Miguel J. Rodríguez. Fin del espanto. ¿Para qué más?

Amor uno. 12 de junio de 1956. Antes de que lo fusilaran, el general Juan José Valle dejó una carta dirigida a su fusilador. "Dentro de pocas horas usted tendrá la satisfacción de haberme asesinado. (...) Entre mi suerte y la de ustedes, me quedo con la mía. Mi esposa y mi hija, a través de sus lágrimas verán en mí un idealista sacrificado por la causa del pueblo. Las mujeres de ustedes, hasta ellas, verán asomárseles por los ojos sus almas de asesinos. (...) Es asombroso que ustedes, los más beneficiados por el régimen, y sus más fervorosos aduladores, hagan gala ahora de una crueldad de la que no hay memoria. Nosotros defendemos al pueblo, al que ustedes están imponiéndole el libertinaje de una minoría oligárquica, en pugna con la verdadera libertad de la mayoría (...). Como cristiano me presento ante Dios, que murió ajusticiado, perdonando a mis asesinos; y como argentino, derramo mi sangre por la causa del pueblo humilde, por la justicia y la libertad de todos y no sólo de las minorías privilegiadas (...).

Conclusión: si la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia; una historia "del otro lado", en la que el espanto vale apenas uno y cinco el amor. En las cosas del sentir (y del escribir) yo también "entre mi suerte y la de ustedes, me quedo con la mía". Quien quiera oír, que oiga.

oscar@castellucci.com.ar

Instituto para el Modelo Argentino
www.sitioima.com.ar


La muerte del general Juan José Valle

Por Ricardo Eulogio Brizuela

"Dentro de pocas horas usted tendrá la satisfacción de haberme asesinado", le dice el general Juan José Valle en una nota al general Pedro Eugenio Aramburu, poco antes de morir fusilado.
En el mes de junio de 1956 son ejecutados en distintos lugares de Buenos Aires, un grupo de militares y civiles que protagonizaron un movimiento en contra de la autollamada Revolución Libertadora, que derrocó al general Juan Domingo Perón en el año 1955.
El general Juan José Valle se declaró jefe de los sublevados: murió frente al pelotón en la Penitenciaría Nacional.
Detectado el alzamiento por los servicios de informaciones con bastante tiempo, el gobierno dejó que los acontecimientos se desarrollaran. Cuando el día 9 de junio se produjo la revuelta, en las guarniciones esperaban a los complotados. Las ejecuciones tuvieron lugar entre los días 10 y 12 de junio.
Aunque el descontento estaba controlado, las autoridades de la dictadura opinaron que una acción sumaria prevendría más adelante cualquier rebrote de rebelión.
El día 11 se informó a la población del fusilamiento del coronel (R) Alcibíades Eduardo Cortines, coronel (R) Ricardo Salomón Ibazeta, Teniente coronel (R) Oscar Lorenzo Cogorno, capitán Dardo Nestor Cano, capitán Eloy Luis Caro, Teniente primero Jorge Leopoldo Noriega, Teniente primero de banda Nestor Marcelo Videla, suboficial principal Miguel Garecca, sargento Hugo Eladio Quiroga, cabo primero músico Miguel José Rodríguez, sargento ayudante de infantería Isauro Costa, sargento ayudante carpintero Luis Bugnetti, sargento músico Luciano Isaías Rojas, Vicente Rodriguez, Nicolás Carranza, Carlos Alberto Lizaso, Francisco Garibotto, Reinaldo Benavidez, coronel Albino Irigoyen, capitán (RE) Jorge Miguel Costales, Clemente Braulio Ross, Norberto Ross, Osvaldo Alberto Albedro y Dante Hipólito Lugo.
El día 12 de junio un comunicado oficial expresa: "Fue ejecutado el ex general Juan José Valle, cabecilla del movimiento terrorista sofocado". Para dar muerte al general Valle, que se entregó voluntariamente a las autoridades militares, el gobierno de facto aplicó en forma retroactiva la ley marcial ya derogada.
La masacre duró exactamente tres días y Lanús, Campo de Mayo, la Escuela de Mecánica del Ejército y La Plata, se constituyeron en escenarios macabros. En un basural de José León Suarez, varios escaparon milagrosamente, algunos eludiendo el pistoletazo del remate.
El jefe de los sublevados, general Valle, escribió varias cartas antes de morir. "Solo traiciones y venganzas me llevan a este fin", les dice a su mujer, su hija, su madre y su hermana. En la nota dirigida a Aramburu, presidente de facto, completa: " Debo a mi patria la declaración fidedigna de los acontecimientos. Declaro que un grupo de marinos y militares, movidos por ustedes mismos, son los responsables de lo acaecido . Para liquidar opositores les pareció digno inducirnos al levantamiento y sacrificarnos luego fríamente. Nos faltó audacia o perversidad para adivinar la treta. Así se explica que nos esperaran en los cuarteles apuntándonos con las ametralladoras, que avanzaran los tanques de ustedes aun antes de estallar el movimiento, que capitanearan tropas de represión algunos oficiales comprometidos en nuestra revolución. Con fusilarme a mí bastaba. Pero no, han querido ustedes escarmentar al pueblo, cobrarse la impopularidad confesada por el mismo Rojas, vengarse de los sabotajes, cubrir el fracaso de las investigaciones, desvirtuadas al día siguiente en solicitadas de los diarios y desahogar una vez más su odio al pueblo. De aquí esta inconcebible y monstruosa ola de asesinatos. Entre mi suerte y la de ustedes me quedo con la mía". Finalmente, Valle cierra su carta con un ruego: "... que mi sangre sirva para unir a los argentinos. Viva la Patria".
Los hechos de junio de 1956 quedaron registrados como una de las mayores injusticias provocadas por la tiranía de la Revolución Libertadora. Generaron, también, con el correr del tiempo, otros acontecimientos lamentables que quedaron en la memoria colectiva.

Fuente: Equipo de investigaciones Rodolfo walsh


El otro cauce

Por Francisco José Pestanha

"Las crisis argentinas son primero ontológicas, después éticas, políticas, epistemológicas, y recién por último, económicas." Fermín Chávez

La historia no es estrictamente unívoca ni unilineal y mientras el lecho nacional iba determinando su propio itinerario, otro cauce divergente comenzaba a emerger en forma paralela.

Ciertas corrientes historiográficas suelen presentar al pasado humano como una sucesión de episodios motorizados primordialmente por seres providenciales. Es la historia de los próceres, de los preclaros, de los ilustres, la de los hombres que se "adelantaron a su tiempo". La versión mitrista de nuestra historia, por ejemplo, pertenece a un tipo de relato histórico que coloca al individuo –protagonista por sobre el proceso o el hecho social–.