
Padre
Carlos Mugica, semblanza de un cura como pocos

Por Horacio Ríos
El mártir que vive en el alma del pueblo
El padre Carlos Mugica fue un paradigma de su tiempo, a la vez que una
contradicción en sí mismo. Hijo de una familia de clase alta, ofrendó su
vida por los más humildes, incluso conociendo de antemano que ésa era
una posibilidad demasiado cercana. Para servirles, renunció a una
prometedora carrera en el seno de la iglesia, que podría haberlo llevado
a las más altas jerarquías, ya que era un hombre de brillante
inteligencia. Pero eso no era todo: era un cura peronista que trabajaba
en el Barrio Comunicaciones, hoy Villa 31. Vivió sin miedo y sin pedir
nada para sí mismo. Lo asesinó un matón a sueldo, en el que algunos
creyeron reconocer al comisario de la Policía Federal Rodolfo Almirón.
Después de 30 años, para desmentir a sus asesinos, Mugica sigue siendo
recordado como lo que fue: un cura como los que prefería otro mártir de
aquellos tiempos, el "Chacho" Angelelli: "con una oreja en el Evangelio
y la otra en el pueblo"
El que luego sería el padre Carlos Mugica nació en Buenos Aires el 7 de
octubre de 1930, en el seno de una familia de clase alta. Su padre,
Adolfo Mugica, fue diputado conservador entre 1938 y 1942 y
posteriormente, en 1961, ministro de Relaciones Exteriores, durante la
presidencia de Arturo Frondizi. Por otra parte su madre, Carmen Echagüe,
pertenecía a una familia de ricos estancieros bonaerenses.
En 1949 comenzó la carrera de derecho –de la que cursó sólo dos años- en
la Universidad de Buenos Aires. En 1950 viajó con varios sacerdotes y
con su amigo Alejandro Mayol a Europa, donde comenzó a madurar su
vocación sacerdotal. En marzo de 1952, a los 21 años ingresó al
seminario para iniciar su carrera sacerdotal.
Finalmente se ordenó como sacerdote en 1959, pocos años después de haber
participado –según sus propias palabras- "del júbilo orgiástico de la
oligarquía por la caída de Perón". Pero Mugica también sabía reconocer
sus contradicciones. Relataba que en una ocasión, caminando por un
pasillo oscuro de un conventillo, vio una leyenda escrita en la pared
que lo conmovió profundamente:"Sin Perón no hay Patria ni Dios. Abajo
los cuervos". Los cuervos eran los curas. Quizás en ese momento supo que
si permanecía en el lugar de siempre, seguiría estando en la vereda de
enfrente de "la gente humilde".
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Después de ordenarse, sirvió en la diócesis de Reconquista y luego
colaboró con el cardenal primado de Argentina, Antonio Caggiano, en lo
que parecía ser el comienzo de una prometedora carrera eclesiástica.
Pero ya en sus primeros destinos como sacerdote tuvo problemas. El
propio Mugica recordaba uno de sus primeros tropezones con humor: "Creo
que la misión del sacerdote es evangelizar a los pobres... e interpelar
a los ricos. Y bueno, llega un momento en que los ricos no quieren que
se les predique más, como sucedió en el Socorro cuando me echaron las
señoras gordas que le fueron a decir al párroco que yo hacía política en
la misa".
Años después, en 1966, se encontró en una misión en Santa Fe, a los que
serían luego los fundadores de la organización Montoneros Carlos Ramus,
Fernando Abal Medina y Mario Firmenich, a los que ya conocía de cuando
estaba destinado en la pastoral para los jóvenes en el Colegio Nacional
de Buenos Aires. Esta relación los influenció a todos ellos y les sirvió
para tomar por el hasta entonces impensado camino de la lucha y del
compromiso con los sectores más humildes de la sociedad.
Su encendida y pública defensa del peronismo, como asimismo la
frecuencia con que en sus discursos citaba al Che Guevara, a Mao y a
Camilo Torres y otros, le trajeron al padre Carlos abiertos, y cada vez
más frecuentes, choques con el arzobispo Juan Carlos Aramburu.
En los tiempos en los que nacía la dictadura militar que encabezó el
malhadado general Juan Carlos Onganía, durante la cual se agudizarían
hasta límites intolerables las contradicciones entre el Ejército y el
pueblo argentino; entre los intereses de la Patria y los del imperio;
entre una Iglesia cómplice de la dictadura y los sacerdotes que, sin
grandilocuencia pero con firmeza, buscaban, como Camilo Torres, el
camino de la liberación, encontró Carlos Francisco Sergio Mugica Echagüe
–tal su nombre completo de "niño bien- su destino.
El año 1968 fue decisivo en la vida del padre Mugica. Viajó a Francia
para estudiar Epistemología y Comunicación Social; profundizó su amistad
con el padre Rolando Concatti –uno de los fundadores del Movimiento de
Sacerdotes para el Tercer Mundo- y viajó a Madrid, donde conoció al
General Juan Domingo Perón.
Estando en París se enteró de la fundación del Movimiento de Sacerdotes
para el Tercer Mundo. Inmediatamente, con la presteza de los que saben
que han encontrado su destino, adhirió a él. También comenzó a colaborar
con el Equipo Intervillas que creó en ese año decisivo el padre Jorge
Goñi.
Al volver de la capital francesa se encontró con que el padre Julio
Triviño –un cura situado ideológicamente en sus antípodas- lo había
reemplazado como capellán de las monjas del Colegio Malinkrodt. Claro
que el cambio que habían decidido las monjas no era inocente ni casual.
Triviño, un conspicuo representante de la línea conservadora de la
iglesia argentina era también, para que no estuviera ausente la
coherencia, capellán castrense.
El destino comenzaba a alcanzar a Mugica. Los padres asuncionistas, que
estaban a cargo de la parroquia de San Martín de Tours –otra de las
iglesias en las que se refugiaban los ideólogos de todas las dictaduras
pasadas y futuras-, habían decidido abrir una capilla en la villa de
Retiro y le ofrecieron al joven sacerdote que se hiciera cargo de ese
trabajo, que aceptó alborozadamente.
Lejos estaba ya Mugica de aquel joven sacerdote de buena cuna que
hollaba los pasillos de la Curia, y que daba los primeros pasos de una
brillante carrera eclesiástica. De habérselo propuesto, posiblemente hoy
existiría en la nómina de la iglesia algún obispo o cardenal llamado
Carlos Mugica, que entregaría su anillo a los fieles para ser besado y
que luego pontificarían contra el peronismo.
En el Barrio Comunicaciones levantó la parroquia Cristo Obrero, en la
que ejerció su compromiso hasta el día de su asesinato. Al mismo tiempo,
colaboraba con su gran amigo, el padre Jorge Vernazza, como vicario de
la parroquia San Francisco Solano.
También por esos tiempos su poderosa intelectualidad se convirtió en
faro desde la cátedra de Teología en la Universidad de El Salvador y
desde las que dictaba en las facultades de Ciencias Económicas, de
Derecho y de Ciencias Políticas.
El compromiso con los pobres que asumió el Movimiento de Sacerdotes para
el Tercer Mundo, entretanto, chocaba de frente con la prohibición
estricta de manifestarse políticamente, decidida por el arzobispo
coadjutor de Buenos Aires, Juan Carlos Aramburu, decidido más que nunca
a mantener a la iglesia alineada con el poder. Por supuesto que Aramburu
jamás se opuso a las efusiones ideológicas de los curas que tomaban el
té en las mansiones de San Isidro o de Barrio Norte, incluido él mismo.
Desde su retiro, el antiguo prelado amigo del poder ve pasar sus días en
una opulenta mansión de la calle La Pampa, cercana a las de sus amigos
de la Avenida Melián, ostentadores de una riqueza que habita muy lejos
de la gente que fue el motivo de los desvelos del padre Mugica.
Pero aquellos años exigían definiciones. La violencia que ejercía la
dictadura se tornaba más indecente a medida que su poder era cuestionado
con más decisión por las organizaciones populares, que tampoco desistían
de utilizar la violencia revolucionaria. Uno de los amigos más cercanos
de Mugica, el padre Alberto Carbone, fue encarcelado tras la muerte del
ex dictador Pedro Eugenio Aramburu a manos de la organización peronista
Montoneros.
La apasionada defensa de su amigo, su antigua cercanía con los
fundadores de la mítica organización guerrillera y su actitud frente a
la violencia popular que, al negarse a condenarla, la dictadura
consideró "poco clara", provocaron también su encarcelamiento.
Los periódicos "La Razón" y "La Nueva Provincia" cuestionaron con dureza
a Mugica por su "justificación de la violencia que se ha desatado en el
país". Claro, que para esos personeros de oscuros intereses no habían
existido ni la Semana Trágica, ni los bombardeos de Plaza de Mayo, ni la
furiosa represión del Plan Conintes, ni nada. La violencia la habían
desatado –en su particular concepción- los peronistas, que hasta ese
tiempo sólo habían sufrido represión, humillación y muerte.
Las homilías del padre Mugica y de todos los sacerdotes del MSTM eran
grabadas por los servicios, colocándolos casi en una situación de
blancos móviles. Aramburu –el arzobispo- le propuso varias veces a
Mugica que abandonara el sacerdocio. Mugica rechazó el ofrecimiento,
aunque esta situación lo angustiaba fuertemente. "Espero, en Dios, no
verme forzado jamás a abandonar el sacerdocio, aunque deba resistir
infinitas presiones", definió alguna vez, con la claridad de siempre.
Tras la asunción de gobierno popular, el 25 de mayo de 1973, Mugica
aceptó un cargo –no rentado- de asesor del Ministerio de Bienestar
Social, aunque luego se desvinculó de él por sus discrepancias con el
ministro José López Rega, que luego tendría el dudoso honor de ser el
fundador de la no menos dudosamente célebre "Triple A". La explicación
de Mugica fue sabiamente sencilla: "no había comunicación entre el
ministerio y los villeros".
De todos modos, comenzaron a tomar cuerpo otras preocupaciones para el
sacerdote: una noche, ante algunos colaboradores del Barrio
Comunicaciones, manifestó que "López Rega me va a matar". Pero por esos
días le había dicho a un periodista que "no tengo miedo de morir. De lo
único que tengo miedo es de que el arzobispo me eche de la Iglesia".
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En 1974 apareció el disco "Misa para el Tercer Mundo", en el que el
Grupo Vocal Argentino cantaba –sobre textos escritos por el propio
Mugica– ritmos argentinos, africanos y asiáticos. Como premio, tiempo
después, un hombre poco afecto al arte y a la generosidad, el ministro
del interior de Isabel Perón Alfredo Rocamora, mandó destruir miles de
ejemplares de esa obra.
Las amenazas de muerte se multiplicaban sobre la humanidad de Mugica. La
revista seudoperonista, "El Caudillo", se preguntaba –con una sorna no
exenta de estupidez– si "está al servicio de los pobres o tiene a los
pobres a su servicio", a la vez que lo acusaba –con la misma supina
estupidez– de "bolche".
El 11 de mayo de 1974, el padre Carlos Mugica cumplió con algunas de sus
rutinas habituales. A las ocho y cuarto de la noche, después de celebrar
misa en la iglesia de San Francisco Solano –situada en la calle Zelada
4771, en el barrio de Villa Luro–, se disponía a subir a su humilde
Renault 4-L, cuando un triste personaje –en el que algunos testigos
creyeron reconocer al comisario Rodolfo Eduardo Almirón, el jefe de la
"Triple A" lopezreguista– bajó de un auto y le pegó cinco tiros en el
abdomen y en el pulmón. El tiro de gracia se lo dio en la espalda. Una
manera infame de acabar con la vida de un hombre digno, que siempre
respetó antes que nada su mandato interior, ese que nacía de su pueblo y
que se prolongaba luego en su propia voz.
El sacerdote fue enterrado posteriormente en el cementerio de Recoleta,
hasta que en 1999, en un acto de justicia, sus restos fueron trasladados
a la Parroquia Cristo Obrero, en el Barrio Comunicaciones, donde amó y
fue amado sin condiciones, que hoy –tiempos crueles- es conocido como la
Villa 31.
Desde entonces, Mugica, para contradecir a sus asesinos, habita en un
territorio del que jamás será desalojado: el corazón de su pueblo. Un
lugar que comparte con muy pocos, entre los que pueden contarse sus
amados Juan Domingo Perón, la abanderada de los humildes, Evita y el
también mártir obispo de La Rioja, monseñor Enrique Angelelli.
Fuente: Diario de Cartas
Padre
Carlos Mugica (1930-1974)Fue el único hijo que no estudió en un colegio religioso. Hizo el primario en el colegio "Cinco Esquinas" (Libertad y Quintana); el secundario en el Colegio Nacional de Buenos Aires donde no brilló ni se destacó en los estudios ni en su conducta. Así cursó tercero y cuarto año en el Instituto Libre de Segunda Enseñanza, donde empezó a tomar conciencia de su capacidad intelectual. El crecimiento de su rendimiento le permitió ser nuevamente aceptado en el "Nacional" donde terminó (1947-1948) con excelentes calificaciones.
En todo este tiempo, comenzó a destacarse en la práctica de deportes, particularmente el fútbol de lo que era apasionado, aunque también practicó tenis, natación y boxeo. El cine también constituía otra de sus grandes pasiones, y citaba películas con frecuencia (Passolini, Buñuel...
En 1949 comenzó los estudios de Derecho -cursó dos años- en la Universidad de Buenos Aires, donde conoció y entabló relaciones con Roberto Guevara, hermano del Che. En 1950, con motivo del Año Santo, viajó con varios sacerdotes, y con su amigo Alejandro Mayol a Europa, y allí maduró su idea de entrar en el seminario, lo que haría a los veintiún años, en marzo de 1952.
En el seminario no se destacó por su rebeldía sino por su afección a la oración, y a su meticulosidad por buscar "lo perfecto", con una "religiosidad individualista", "fiel al slogan: salva tu alma". Es importante destacar que en su religiosidad, algo característico de él, siempre tuvo tendencia hacia la escrupulosidad. Es importante en su historia personal anotar que a fines de 1954 comenzó a colaborar pastoralmente con el padre Iriarte en las misiones a conventillos y casas de la parroquia Santa Rosa de Lima, de la que éste era párroco. Su acercamiento e intención de llegar a esta gente lo marcaría meses más tarde de un modo definitivo. El reconoce haber participado "del júbilo orgiástico de la oligarquía por la caída de Perón. Una noche fui al conventillo como de costumbre. Tenía que atravesar un callejón medio a oscuras y de pronto bajo la luz muy tenue de la única bombita, ví escrito con tiza y en letras bien grandes: 'sin Perón no hay Patria ni Dios. Abajo los cuervos' (= curas)". "La gente humilde estaba de duelo, y si la gente humilde estaba de duelo, entonces yo estaba en la vereda de enfrente".
En noviembre de 1957 escribió su primera obra: "El católico frente a los partidos políticos" para la revista del Seminario. El compromiso con los pobres comenzó a acentuarse y comenzó a integrar grupos misioneros en diferentes puntos del interior del país. Tras ocho años de estudios, fue ordenado sacerdote el 21 de diciembre de 1959. Acompañó un a monseñor Iriarte, su antiguo párroco, y ahora obispo de Reconquista, al Chaco, y allí descubrió el subdesarrollo y la pobreza, lo que constituyó un segundo shock para su vida. De regreso a Buenos Aires -entre 1960 y 1963- trabajó al servicio del cardenal Antonio Caggiano, quien a su vez lo destinó como vicario cooperador a la parroquia Nuestra Señora del Socorro, en el muy elitista Barrio Norte. Y como asesor de la Juventud de Acción Católica, en su ex colegio "Nacional" y entre los universitarios de Medicina y Ciencias Económicos de la Universidad de Buenos Aires, donde participó de las jornadas de "Diálogo entre católicos y marxistas", el 18 de octubre de 1965, en la Facultad de Fiilosofía y letras (cosa que causó honda preocupación con varios sectores episcopales muy conservadores). Sin embargo, de una escuela le solicitaron que se desempeñara como capellán de la escuela "Paulina de Mallinkrodt", en la villa miseria del barrio de retiro. Por este tiempo también comenzó a desempeñarse como profesor de teología en la universidad del Salvador, en las facultades de Psicopedagogía y de Derecho. Por este entonces, asimismo, se le solicitó la predicación de una homilía semanal en Radio Municipal.
Crítico con el Gobierno de Illía, empezó a tener problemas entre la feligresía que consideraba que "se metía demasiado en política". Esto motivó que muchas personas pidieran el traslado del padre Carlos, a los que el párroco accedió pidiéndoselo al Cardenal Caggiano: "Creo que la misión del sacerdote es evangelizar a los pobres... e interpelar a los ricos. Y bueno, llega un momento en que los ricos no quieren que se les predique más, como sucedió... en el Socorro cuando me echaron [porque] 'las señoras gordas' le fueron a decir al párroco que yo hacía política en la misa". Mugica pasó a desempeñarse como vicario en la parroquia Inmaculada Concepción de María, en la calle Independencia.
En la JEC su presencia fue altamente atractiva para los estudiantes que lo tomaron como referente; allí conoció a Gustavo Ramus, Abal Medina y Mario E. Firmenich, futuros fundadores de la organización armada peronista «Montoneros» Con ellos, participó en Santa Fe en una misión rural en 1966. Dos frases escuchadas por los misioneros marcaron hondo al padre Carlos y las repetía con frecuencia: una viejita le dijo a una misionera "A mí, qué me vienen a hablar de Dios si me estoy muriendo de hambre"; y un hachero que dijo "yo soy la alpargata del patrón". Los futuros guerrilleros afirman que allí Mugica tomó partido por la lucha armada, aunque eso parece contradecir frases anteriores del P. Carlos y la distancia que empezó a existir entre uno y otros a partir de esta experiencia misionera.
"Señor, quiero vivir desde ahora en adelante como un hombre libre. Quiero recordar, de una vez y para siempre, que mi futuro está en tus manos y que tú eres mi Padre. Y cuando me asalte el temor, el desaliento y la desconfianza, recuérdame Dios mío que estás junto a mí, y que los hijos de mi vida están en tus manos, manos de padre, manos de amigo, que nunca me dejarán en la estacada"
En la facultad de Derecho, fue notable su enfrentamiento con el entonces titular de Derecho Agrario, José Alfredo Martínez de Hoz, luego Ministro de Economía de la asesina Dictadura militar argentina del general Videla (24 de marzo de 1976).
Su encendida y pública defensa del peronismo, como asimismo la frecuencia con que en sus discursos eran citados el Che Guevara, Mao, Camilo Torres y otros, trajo al P. Carlos abiertos, y cada vez más frecuentes, choques con el Arzobispo, Juan Carlos Aramburu. También se fue agudizando el conflicto con las religiosas de Mallinckrodt que -dedicadas al trabajo con las clases más altas- no veían con buenos ojos a este sacerdote que por su "alcurnia" les había parecido ideal, en un principio.
En 1967, viajó, en nombre de monseñor Podestá, a Bolivia, para reclamar el cuerpo del Che Guevara e interesarse por la suerte de los prisioneros del ELN (Ejército de Liberación Nacional) detenidos tras la muerte del mítico guerrillero (entre ellos estaba Regis Debray). Ese mismo año, interrumpió toda actividad en noviembre y hasta octubre de 1968, tiempo en que viajó a París para estudiar, en el Instituto Católico, Epistemología y Semiología; Doctrina Social de la Iglesia y Comunicación Social y Teología Pastoral con los dominicos Chenu y Blanquart. En la capital francesa, residió en un pensionado religioso de la Rue Madame, profundizó sus relaciones de amistad con otros sacerdotes argentinos como Concatti y Brascelis, y allí pudo ver en directo los famosos sucesos del mayo del 68. También viajó -gracias a los oficios de su padre- a España donde visitó al general Perón, hospedándose en la calle Montesquinza, 25, casa de los padres del sacerdote español Antonio Echave; y por haber conocido (en el partido Racing [el club de sus amores] Celtic, de Glasgow por la copa Intercontinental, a J. W, Cooke, delegado personal de Perón, a Cuba, a donde viajó en estricto secreto, con pasaporte falso y vía Praga, donde permaneció 10 días.
En París Mugica conoció por carta la existencia -el nacimiento- del Movimiento Sacerdotes del Tercer Mundo (MSTM) y envió su adhesión incondicional. También inició su colaboración en el Equipo Intervillas, fundado el 2 de agosto de 1968 gracias a la dedicación de Jorge Goñi, también "cura villero".
Mugica vuelve a la Argentina a un mes de clausurado el encuentro episcopal de Medellín. Casi sin desempacar se entera que ha sido reemplazado en la capellanía de las religiosas de Mallinckrodt por el padre Julio Triviño, ubicado pastoral y teológicamente en las antípodas del Padre Carlos. Representante típico de la mentalidad preconciliar, espiritualista y también capellán castrense. Sin embargo, la parroquia San Martín de Tours, a cargo de los sacerdotes asuncionistas había decidido abrir una capilla en la villa de Retiro, en su jurisdicción parroquial, y confió al Padre Mugica su desempeño, lo que fue confirmado por el Cardenal Caggiano. Con la ayuda económica de su hermano Alejandro se levantó un salón multiuso. Así en el barrio Comunicaciones se levantó la capilla "Cristo obrero", donde ejerció su máxima actividad pastoral entre sus "hermanos villeros". Entre tanto, cubría otras tareas pastorales como vicario en la parroquia San Francisco Solano, ayudando a su amigo el Padre Jorge Vernazza. Volvió también a las cátedras de Teología en la Universidad del Salvador, en las facultades de Ciencias Económicas, Derecho y ciencias Políticas. Su hiperactividad lo llevó a asumir compromisos de celebrar en el Instituto de Cultura Religiosa Superior y en la parroquia Santa Elena.
Su participación cada vez más activa en el MSTM lo llevó a agudizar el enfrentamiento con el Arzobispo coadjutor Juan Carlos Aramburu que prohibió a todos los sacerdotes de la Arquidiócesis a manifestarse públicamente en cuestiones políticas (prohibición que no parecía concernirle a él mismo), y que causó profunda reacción en varios grupos sacerdotales, aunque el grupo MSTM Capital obedeció esta orden.
Su presencia en los medios de comunicación se hacía cada vez más frecuente y su figura cobró cada vez mayor notoriedad. Incluso fue notable la cantidad de personas del ambiente televisivo que empezaron a frecuentar la villa.
La ola de violencia que afectaba al país lo llevó a reflexionar sobre la violencia institucionalizada y la violencia revolucionaria. Por este tiempo el Padre Alberto Carbone, ex compañero de Mugica en la JEC, es encarcelado injustamente por el asesinato del general Aramburu (su parentesco con el cardenal Juan Carlos es sólo ideológico). La encendida defensa del P. Carbone y la cercanía a miembros de la Organización Montoneros, además de su actitud "poco clara" sobre la violencia, lo llevó también a ser encarcelado. Periódicos manifiestamente adversarios del MSTM y luego claramente adherentes a la violencia asesina del Proceso de Reorganización Nacional como "La Razón" y "Nueva Provincia", lo cuestionaron por su "justificación de la violencia que se ha desatado en el país". Todas las homilías del P. Mugica (y de otros miembros del MSTM) eran manifiestamente grabadas por los Servicios de Inteligencia. El Arzobispo Aramburu, entre tanto, acrecentó fuertemente su distancia con el P. Carlos llegando en más de una oportunidad a proponerle la "laicización", cosa que Mugica rechazó terminantemente, aunque constituyó una de sus mayores angustias en los últimos tiempos: "espero, en Dios, no verme forzado jamás a abandonar el sacerdocio aunque deba resistir infinitas presiones".
En un enfrentamiento con fuerzas policiales de la dictadura son asesinados Fernando Abal Medina y Carlos Gustavo Ramus el 07/09/70. Los sacerdotes Carlos Mugica y Héctor Benítez dan una misa en el funeral de ambos en la parroquia San Francisco Solano. Una semana más tarde ambos son arrestados bajo el cargo de apología del delito. Carlos Mugica expresó entonces: "No puedo sino pronunciar unas palabras de despedida para quienes fueron mis hermanos Carlos Gustavo y Fernando Luis, que eligieron el camino más duro y difícil por la causa de la dignidad del hombre. No podemos seguir con indefinición y con miedo, sin comprometernos. Recuerdo cuando con Carlos Gustavo hicimos un viaje al norte del país y allí lo ví llorar desconsolado al ver la miseria y el triste destino de los hacheros. Fue fiel a Cristo, tuvo un amor concreto y real por los que sufren; se comprometió con la causa de la justicia, que es la de Dios, porque comprendió que Jesucristo nos señala el camino del servicio. Es un ejemplo para la juventud, porque tenemos que luchar para alcanzar la sociedad justa y superar el mecanismo que quiere convertirnos en autómatas. Que este holocausto nos sirva de ejemplo". |
Poco tiempo después, ofició junto a los padres Benítez (ex confesor de Eva Perón) Adur y Ricciardelli, el funeral por sus amigos Abal Medina y Ramus, miembros de "Montoneros", asesinados en un enfrentamiento con las fuerzas de seguridad. A consecuencia de la homilía pronunciada por Benítez y Mugica, según la transcripción -cargada de inexactitudes- de "La Razón", los dos fueron detenidos, el 14 de septiembre, y por espacio de una semana. El Arzobispo, entre tanto, suspendió al P. Mugica en sus licencias ministeriales por el lapso de 30 días; de esto Mugica se enteró en prisión por los diarios.
Su lugar de trabajo en la Villa 'Comunicaciones' se vistió de fiesta cuando el 27 de diciembre de 1970, en una ceremonia presidida por Mons. Aramburu, se inaugura la Capilla de Cristo Obrero. El P. Carlos, sin embargo, solía dormir por las noches en su domicilio en la calle Gelly y Obes, en un cuartito en el último piso. Mugica redobló sus trabajos en favor de los villeros, y redujo sus apariciones en los Medios. Asimismo, reforzó su vida interior yendo con frecuencia al monasterio benedictino de la localidad de Los Toldos, en la provincia de Buenos Aires. La capilla sería luego muy visitada por personajes conocidos de la sociedad argentina (futbolistas, artistas, etc) lo que sería aprovechado por el sacerdote para la realización de eventos gratuitos en la villa. También acudiría allí el general Perón, el 6 de diciembre de 1972, tras su triunfal regreso después de dieciocho años de exilio (el P. Carlos no se encontraba en ese momento en la ciudad), y el presidente Héctor Cámpora, recién elegido primer mandatario del país, por la candidatura del Frente Justicialista de Liberación (FREJULI) -en la que se había propuesto un lugar a Mugica, cosa que él rechazó. Fue el 9 de mayo de 1973, y nos podemos imaginar la alegría de los villeros al ver al presidente argentino, entre ellos, compartiendo una comida.
El viernes 2 de julio de 1971, una bomba estalló en la casa de Gelly y Obes 2230, pero aunque la bomba afecto edificios y automóviles (la propiedad privada que tanto defendían los adversarios del P. Carlos), nadie resultó herido. Fue en este momento que en un reportaje el P. Carlos pronunció su clásica: "Nada ni nadie me impedirá servir a Jesucristo y a su Iglesia, luchando junto a los pobres por su Liberación. Si el Señor me concede el privilegio, que no merezco, de perder la vida en esta empresa, estoy a su disposición". Las amenazas continuaron, y dos hombres irrumpieron en el piso donde se encontraba el cuartito del P. Mugica pero no pudieron concretar nada ya que éste se encontraba en un encuentro de los MSTM en Córdoba.
El gobierno militar se encontraba en crisis. El P. Carbone nuevamente había sido detenido por una supuesta (y evidentemente falsa) participación suya en un intento de copamiento armado de una unidad de Prefectura Naval, ocurrido el 3 de enero de 1972. Carbone había sido visto en su hogar y en el cine. Hasta la justicia militar hubo de sobreseerlo, aunque fue liberado 5 meses más tarde. Mugica presentó un recurso judicial de habeas corpus. Cuando se produjo el regreso del General Perón a la Argentina, Mugica fue junto con Vernazza en el avión charter que fue a buscar al anciano líder en noviembre de 1972. Esto acrecentó sus distancias con el Arzobispo Aramburu.
Un artículo anónimo publicado en el Boletín Eclesiástico de Buenos Aires (órgano oficial del Arzobispado) se dedicó duramente a criticar diferentes posturas teológicas del P. Mugica en su artículo "Jesús y la política de su época". Mons. A. Canale, canciller de la Curia comunicó a Mugica que debía preparar su descargo, para ser publicado en el "Boletín", pero aunque el caso fue archivado, no se publicó ni siquiera un resumen de su escrito de 18 páginas (preparado con la ayuda de Luis Rivas, Rafael Tello y Lucio Gera).
La curia, además, resolvió que "a ningún sacerdote, religioso o religiosa le está permitido actuar en partidos políticos o movimientos similares, ni aceptar ofrecimientos para desempeñar funciones políticas". Como era de esperar, la decisión del Arzobispado había llegado tarde: hacía ya varios meses que los MSTM habían decidido de común acuerdo "no aceptar posibles candidaturas a cargos electivos". Mugica, como está dicho, rechazó ser el primer candidato a diputado por el Peronismo de la Ciudad de Buenos Aires, cargo que indudablemente hubiera ocupado ya que el peronismo venció en todas partes.
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Mugica, con su gran capacidad de trabajo, celebraba misa los sábados en la iglesia de San Francisco Solano, de la que era párroco su amigo el padre Vernazza, y en la que luego sería asesinado, daba cursos prematrimoniales una vez al mes, e impartía clases de Teología en la Universidad del Salvador, de los Padres Jesuitas. Con el peronismo gobernando, Mugica, aceptó ser nombrado asesor - sin remuneración - del Ministerio de Bienestar Social, pero poco después, se desvinculó públicamente de este cargo, por discrepancias con el titular del mismo, López Rega, ya que para Mugica, «no había comunicación entre el ministerio y los villeros». Muchos han visto en esta discrepancia abierta y manifiesta con López Rega, los motivos de su asesinato (una noche, ante un grupo de vecinos de la villa Mugica se expresó diciendo: "López Rega me va a mandar matar"). Al mismo tiempo, Mugica y los Montoneros se distanciaban cada vez más; en una misa en conmemoración por la muerte de Aval Medina y Ramus, el 7 de diciembre de 1973, Mugica se expresó diciendo: "Como dice la Biblia, hay que dejar las armas para empuñar los arados". En este año 1973, apareció como de su autoría un libro Peronismo y Cristianismo, en el que se reunieron desordenadamente una serie de trabajos de Mugica, sobre las relaciones entre el cristianismo y el socialismo, los católicos y la política y los valores cristianos del peronismo; el P. Carlos siempre afirmó no tener nada que ver con esa publicación, aunque los artículos sean de su autoría.
Esta doble amenaza de derecha e izquierda no era la que más preocupaba al Padre Carlos: "No tengo miedo de morir. De lo único que tengo miedo es de que el Arzobispo me eche de la Iglesia".
En 1974, terminó de escribir el texto de la «Misa para el Tercer Mundo», cuyo disco, grabado y editado por la RCA, con la colaboración del «Grupo Vocal Argentino» que compuso una bella música, con ritmos argentinos, asiáticos y africanos, fue destruido por orden del ministro Rocamora.
Las amenazas de muerte empezaron a multiplicarse. La revista "Militancia", ligada al peronismo de Izquierda, dirigida por Ortega Peña y Duhalde, lo ubicó en lo que llamaban "La Cárcel del Pueblo", un apartado editorial donde semanalmente "encarcelaban" a diferentes personas del "antipueblo": Asimismo "El Caudillo", de la Derecha peronista le cuestionaba desde su ministerio sacerdotal hasta su servicio a los pobres: "está al servicio de los pobres o tiene a los pobres a su servicio", se preguntaba, y terminaba por acusarlo de "bolche". A mediados de abril de 1974 Mugica se retira a Los Toldos a un nuevo retiro espiritual. Allí Carlos le manifestó su miedo de ser echado de la Iglesia a lo que el abad le dijo: "Yo no sé si Aramburu puede ponerte frente a la situación de irte de la Iglesia, pero de lo único que podés estar seguro es que pase lo que pase, Dios te va a ser fiel".
El 11 de mayo, sábado, de 1974, a las 8 y cuarto de la noche, y cuando Mugica se disponía a subirse a su coche Renault 4-L azul, matrícula C-542119, estacionado junto a la iglesia de San Francisco Solano, en la calle Zelada, 4771, donde había celebrado misa, fue tiroteado por un individuo con bigotes achinados, que se bajó de un coche estacionado muy cerca. Este personaje sería Rodolfo Eduardo Almirón, jefe de la lopezreguista Triple A, luego jefe de custodia de Manuel Fraga Iribarne, en España. Cinco disparos, de ametralladora «Ingram M-10», le afectaron el abdomen y el pulmón. El tiro de gracia lo recibió en la espalda. El padre Vernazza, que salió de la iglesia al oír los disparos, corrió a darle la unción, y lo llevaron en un viejo Citroën; Mugica alcanzó a sonreírle y guiñarle el ojo a Vernazza. El cuerpo agonizante de Mugica llegó al Hospital Salaberry, donde murió. Moribundo, alcanzó a exclamar a una enfermera: "¡Ahora más que nunca tenemos que estar junto al pueblo!" Eran las nueve de la noche. El doctor Avelino Vicente Dolico, certificó que las causas del fallecimiento fueron «heridas de bala de tórax y abdomen y hemorragia interna».
El entierro fue una multitudinaria manifestación. Sus villeros, a los que tanto quería, le llevaron a hombros hasta el cementerio de La Recoleta, en el corazón del Barrio Norte. La prensa -no toda- le calificó como «el santo villero». Desde que se tuvo la primera noticia de su muerte, muchos recordaron, que la revista El Caudillo, portavoz oficioso de la Triple A (ultraderecha), había publicado en diciembre del 73, una «Carta abierta a Mugica», en la que se le advertía de estar equivocado, y andar por la vereda equivocada. Por si fuera poco, se sabía, que la escolta de López Rega había hecho ostentación pública de ametralladoras «Ingram».
Más sorprendente todavía fue la afirmación del Arzobispo Aramburu que le dijo al P. Héctor Botán: "¡Ahora no me va a decir que Mugica no era montonero!".
Producida la muerte del P. Carlos, tanto los Montoneros como la Triple A intentaron desvincularse del episodio. El P. Carbone fue llevado clandestinamente a un encuentro con Firmenich, jefe de la agrupación Montoneros (sería extraño que después del feroz proceso militar este siga vivo, si no fuera bastante pública su traición y reuniones con el almirante Massera, en París). "Si Ud. fuera discípulo de Carlos, estaría muerto, como él", le dijo públicamente Marta Mugica -hermana de Carlos- a este detestable personaje de la historia argentina. La revista "El Caudillo", por su parte, comenzó a exaltarlo como modelo y mártir".
Al morir, Mugica, se convirtió en el símbolo de una generación, y en el primer mártir del MSTM. Además de sus escritos, recogidos en un volumen por el padre Vernazza, y publicados en 1984, este sacerdote nos dejó un grandioso ejemplo de lo que es compartir la suerte de los pobres, desde ellos. En la obra Iglesia Argentina, Memoria y Esperanza, Mugica es recordado así: «Mugica era una imagen transparente, una suerte de provocador de conciencias, que en nombre del evangelio no dudaba en enfrentar a los poderosos desde la perspectiva de los pobres. Carlos Mugica era un profeta...»

La "MISA PARA EL TERCER MUNDO", apareció cuatro
meses después del asesinato de Carlos Mugica, con una tirada de 50.000 unidades,
la impronta del sacerdote se notaba claramente en la letra, realidad que sus
enemigos, insertos en las estructuras del gobierno de Isabel Perón, no pudieron
soportar. Por ello, de la misma manera que habían puesto fin a su vida, se
encargaron de eliminar esta creación suya; poco después de su salida a la venta,
secuestraron y destruyeron todas las copias de la obra y se prohibió su
presentación, que debía realizarse el 23 de septiembre de 1974 en el Instituto
de Cultura Religiosa Superior. Todas las pruebas (masters, arte, duplicaciones,
etc.) tamnbién fueron secuestrados y destruidos.
Solo
se salvaron unos pocos ejemplares.
Durante 33 años este producto no vió la luz. La discográfica multinacional
actual, que posee los derechos correspondientes para su edición, no sabía de su
existencia, porque no figuraba ni siquiera en su "catálogo inactivo". En SADAIC,
quizás debido a sus distintas intervenciones, no constaba registro alguno del
long play. Desde CAPIF (Cámara de Productores Fonográficos), no podían otorgar
ninguna respuesta, ya que desconocían de qué se trataba, pero se ofrecieron para
tramitar los aspectos legales correspondientes para recuperar ésta obra perdida.
La recuperación de la MISA PARA EL TERCER MUNDO se debió a Julio García
(fallecido, profesional de la industria y amigo personal del productor ejecutivo
del disco, Carlos Lascano), quien ante una petición por parte de éste, en
aquella época, guardó un LP idéntico a los que iban a salir a la venta (disco de
promoción). La recuperación fue llevada a cabo por la gestión del hijo de Julio
García, Daniel García, cumpliendo la promesa que le hizo a su padre, antes de
fallecer, a fines del año 2004.
Con la tecnología actual, el LP fue remasterizado digitalmente y transformado en
CD, lográndose una muy buena calidad sonora. En el mes de septiembre de 2006, se
logró el primer paso para concretar la reedición a través del sello SONY-BMG
(antes RCA). El día 13 de mayo de 2007, en la Iglesia Santa Cruz, situada en las
calles Estados Unidos y Urquiza, Capital Federal, a las 16.30 hs, se realizó un
homenaje al Padre Carlos Mugica, en el que por primera vez, y después de 33
años, se escucharon las plegarias de la MISA PARA EL TERCER MUNDO.
El día 26 de junio de 2007 se realizó el lanzamiento discográfico de esta obra
histórica, gracias a las gestiones de Sergio Ponfil, actual gerente de producto
del sello SONY-BMG, logrando de ésta manera la posibilidad de dar a conocer a
más de cuatro generaciones esta creación de incalculable valor histórico y
cultural. La "MISA PARA EL TERCER MUNDO" del Padre Carlos Mugica ha sido
declarada de Interés Cultural por la Secretaría de Cultura de la Presidencia de
la Nación.
Kyrie
Señor ten piedad de nosotros
Señor ten piedad de nosotros
|
Audio completo (31 minutos) |
Tú que has nacido pobre
y has vivido siempre
junto a los pobres
para traer a los hombres
la liberación.
Tú que estás a nuestro lado
fuerte y resucitado
para empujarnos en la lucha
contra la injusticia y la explotación
Señor, piedad, Señor.
Tú que vendrás por fin
al final de los tiempos
para llenar, nuestro corazón
de alegría y plenitud.
Gloria
Gloria a Dios que es el amor
y en la tierra paz a los hombres
que luchan por la justicia.
Te alabamos,
porque luchamos para que nuestros niños
hambrientos coman.
Te glorificamos,
porque queremos destruir ya
los instrumentos de tortura.
Te damos gracias,
porque hay hombres que dan su vida
en la revolución.
Te damos gracias Señor,
porque no sos un Dios espectador,
sino un Dios hecho hombre
que padece el padecimiento de los hombres.
Te damos gracias Señor,
Tú que nos arrancas del egoísmo
impulsándonos a luchar contra la explotación,
ten piedad de nosotros.
Tú que estás con el padre
viviendo la plenitud del amor,
ten piedad de nosotros.
Tú que estás donde vamos a estar todos,
ten piedad de nosotros.
|
|
Señor Dios, cordero de Dios,
que sigues desangrándote,
en los hacheros de Norte,
desangrándote.
En los mineros Bolivianos,
desangrándote.
En las favelas del morro,
desangrándote.
En el frío de los pobres,
desangrándote.
La carne del torturado,
desangrándote.
Señor.
Porque Tú solo eres el Santo;
Señor.
Tú solo eres el amor.
Señor.
Tú sólo el totalmente otro.
El que rescata para siempre la creatividad
humana.
En unión con el padre
fuente de la vida, de la energía, del amor.
Amén, para siempre, Amén.
Credo
Viva Dios,
que crea al hombre creador.
Viva Dios,
que todo lo hizo bien.
Y viva Jesús, su único hijo
nuestro hermano y Señor,
que fue concebido
por obra y gracia del Espíritu Santo.
La humilde María, lo parió en un establo.
Padeció mucho bajo Poncio Pilatos
porque su causa era la de los pobres.
Lo clavaron en una cruz
y murió con la muerte de los bandidos
y bajó a lo hondo del hombre.
Resucitó,
volvió a la vida
y se puso la piel del hombre nuevo.
Resucitó,
subió a la vida
y está junto al padre que todo lo puede
porque es el amor.
Volverá,
y todos los hombres se presentarán ante él,
y al atardecer de la vida,
serán juzgados en el amor.
Creo en el Espíritu Santo
que es la fuerza de Dios, el amor de Cristo,
la inspiración creadora.
Creo en la iglesia de todos,
Que es santa porque es de Dios.
En la comunión de los hombres
que hacen la verdad porque aman.
Creo en el perdón de los pecados.
Creo en el perdón de los insensibles,
de los tibios y prudentes.
Creo en perdón de los indiferentes,
de los que traicionan el amor.
Creo en el surgimiento
del hombre nuevo,
del hombre lleno de Dios.
Creo en la expansión de la vida plena...
Para siempre, amén.
Sanctus
Santo.
Es el Señor de todas las cosas.
Hay fiesta en el cielo.
Santo.
Bendito Jesús que viene de Dios.
Hay fiesta en el cielo.
Santo.
Todo lo creado está lleno de tu amor.
Santo.
Hay fiesta en el cielo.
Agnus Dei
Cordero de Dios
que quitas maldad del hombre,
acercate a nosotros con tu amor,
acercate a nosotros.
Cordero de Dios
que haces nuevo al corazón,
Acercate a nosotros con tu amor,
Acercate a nosotros.
Con tu amor, con tu paz... acercate Señor.
Cordero de Dios
que quitas la maldad del hombre,
Acercate a nosotros con tu amor,
acercate a nosotros.
Cordero de Dios,
danos la paz.
Señor ten piedad de nosotros
Señor ten piedad de nosotros.
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Un
cura se confiesaFue muchas veces señalado como un sacerdote
subversivo. Sin embargo, Carlos Mugica (el polémico capellán porteño) cree
respetar los mandatos de Cristo y descerraja sus iras contra "las jerarquías
clericales comprometidas con el dinero, el privilegio y el desorden
establecido en todo el país".
Es una ráfaga implacable, un martilleo de palabras, la lúcida coherencia que
se transmite eléctricamente al gesto en esa permanente y reconcentrada
actitud del que amenaza con violentar todos los esquemas -un dogma, una
religión, una filosofía- pero repentinamente cede y adopta posiciones
expectantes. Rubio, de ojos azules, pulóver de cuello alto y pantalones
negros, no parece un sacerdote; sólo los libros que trepan por las paredes
de su departamento de un ambiente, en el barrio de Palermo, en Buenos Aires,
denuncian la presencia de un miembro de la Iglesia Católica.
Es que Carlos Mugica (39, profesor de teología en las facultades de
Economía, Ciencias Políticas y Derecho de la Universidad del Salvador y
capellán de la parroquia San Francisco Solano, en Villa Luro), a diferencia
de la nueva corriente de sacerdotes católicos, prefiere ignorar ese halo
paternalista, el status privilegiado que la sociedad se empecina en
otorgarle, para dar de sí -espontáneamente, sin premeditación- la imagen de
lo que cree ser: simplemente un hombre común, con toda la riqueza y las
limitaciones de los seres humanos; a lo sumo, siente quizá con más
profundidad que sus "hermanos" -palabra habitual en su vocabulario- una
problemática responsabilidad, ser también mensajero de sus conflictos.
Pero esa humildad -que se refleja inflexivamente en su manera de vivir- no
le posibilitó soslayar una creciente popularidad alrededor de su figura. Lo
publicaron así sus declaraciones por radio y televisión ("El socialismo
-espetó en una de las emisiones del programa Tiempo Nuevo, dirigido por
Bernardo Neustadt, en Canal 11- es el régimen que menos contraría la moral
cristiana"); lo sacaron del anonimato pronunciamientos tales como el que
barbotó cuando Arturo Illia fue elegido presidente de la Nación: "Hoy es un
día triste para el país -dijo Mugica el 12 de octubre de 1963-, una parte
importante del pueblo argentino ha sido marginado de los comicios y será
dirigido por un hombre a quien sólo votó el 18 por ciento de los electores".
El fogoso sacerdote reconoce que fue arduo el camino recorrido para que
pudiera recalar, finalmente, en esas posiciones, "no extremas -defiende-
sino coherentes con la actual actitud de un grupo relevante de obispos de la
Iglesia Católica".
_Sin embargo, cuando usted eligió ser sacerdote no enarbolaba las mismas
banderas.
_En efecto. Ingresé al seminario hace 18 años, en 1951, y vivía en esa
época, el catolicismo individualista, fiel al slogan "salva tu alma".
_¿Qué significaba para usted ser sacerdote?
_Salvar
mi alma, es decir: ir al Cielo, buscar la felicidad, esa que está en Dios.
Evidentemente era bastante egoísta mi actitud, aunque también entonces
cambió radicalmente mi vida, porque fue cuando descubrí la alegría de vivir
en Dios.
_¿Quién es, qué es Dios?
_Definitivamente, Dios no es una idea sino alguien. Dios es una persona que
se entregó totalmente a mí y se dejó matar por mí. Para mí Cristo es mi
Señor, mi amigo, mi maestro, mi modelo de vida. Su entrega tiene un valor
especialísimo: Dios es un ser que en lugar de servirse del hombre se pone al
servicio del hombre y por eso todo hombre que da su vida por los otros sea
un ateo, un marxista, o lo que fuere_, ése, verdaderamente se une a Cristo.
_¿Quién consolidó en usted el cambio de actitud que se atribuye?
_Un sacerdote francés, el abate Pierre, de quien todavía recuerdo una frase
decisiva: "Antes de hablarle de Dios a una persona que no tiene techo es
mejor conseguirle un techo". Es decir que conseguirle techo a una persona ya
es hablarle de Dios. No nos olvidemos que Cristo curaba a los enfermos, les
daba de comer a los que tenían hambre y de beber a los que tenían sed. Y no
lo hacía para que después escucharan el sermón sino porque esa es su manera
de amar: agarrando al hombre por entero. Antes de ingresar en el seminario
yo tenía una visión maniquea de la existencia. El alma era buena y el cuerpo
malo. Eso viene de Platón, y se metió en la Iglesia con San Agustín; aún
perdura esa concepción, sobre todo en lo relativo al sexo. Pero estamos
viviendo un amplio proceso de liberación para desterrar esa actitud
individualista del seno de la Iglesia. Antes, como muchos de mis compañeros
que luego también evolucionaron, yo estaba preocupado por la salvación de mi
alma. Luego empecé a preguntarme ¿por qué salvar mi alma y no mi cuerpo
cuando esa división no es, precisamente, una actitud cristiana? En la Biblia
no se habla nunca de alma y cuerpo; la Biblia es un libro muy carnal, muy
concreto, en el cual se define al hombre como polvo que respira.
_¿Qué sucede entonces cuando muere un hombre? Es decir, ¿no es su alma,
según las concepciones cristianas, la que asciende al Reino de los Cielos?
_Insisto en la falsedad de esa concepción dual. Ningún teólogo podrá decir
nunca que, después de muerto el hombre, el alma queda flotando en algún
lugar. Es una visión tonta, materialista, de la resurrección. No sabemos
mucho al respecto. Toda imagen que podamos tener después de la muerte de un
hombre es muy pobre. Sabemos, sí, que vivirá en Dios. Y suponemos que eso
significa que va a estar presente como persona en todos los seres.
_Muchos cristianos siguen aferrados a esa
concepción maniquea (alma: buena; cuerpo: malo). Y aún más: persisten en
adoptar la posición que usted calificó de individualista. ¿A qué se debe?
_A una visión distorsionada de la realidad. El cristianismo es esencialmente
comunitario. No decimos "padre mío" sino "padre nuestro". Para entender
claramente esto basta con acercarse al pueblo. Estar en contacto directo con
él. Cuando yo estaba en el seminario iba a un conventillo de la calle
Catamarca. Allí viví algo muy especial _ trascendente en mi evolución_;
precisamente en el contacto con los hermanos míos del conventillo descubrí
lo que ahora llamaría el subconsciente de Buenos Aires. El día que cayó
Perón fui, como siempre al conventillo y encontré escrita en la puerta esta
frase: "Sin Perón no hay patria ni Dios. Abajo los curas". Mientras tanto,
en el barrio Norte se habían lanzado a tocar todas las campanas y yo mismo
estaba contento con la caída de Perón. Eso revela la alineación en que
vivía, propia de mi condición social, de la visión distorsionada de la
realidad que yo tenía entonces, y también la Iglesia en la que militaba,
aunque ya por esa época muchos sacerdotes vivían en contacto directo con su
pueblo.
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_¿Qué papel supone usted que jugó la Iglesia en ese momento?
_ Pienso que entonces algunos sectores de la Iglesia estaban identificados
con la oligarquía. No digo que la Iglesia volteó a Perón sino que contribuyó
a voltearlo. Pero pienso que también había deterioro en las filas
peronistas. Creo que el peronismo perdió fuerza revolucionaria desde la
muerte de Evita.
_¿Cuál cree que debe ser su verdadero compromiso con los argentinos, con su
pueblo?
_ Pienso, siguiendo las directivas del Epicospado, que debo actuar desde el
pueblo y con el pueblo: vivir el compromiso a fondo, conocer las tristezas,
las inquietudes, las alegrías de mi gente a fondo, sentirlas en carne
propia. Todos los días voy a una villa miseria de Retiro, que se llama
Comunicaciones. Allí aprendo y allí enseño el mensaje de Cristo.
_¿Qué mensaje?
_ Los signos concretos del mensaje de Cristo se pueden detectar cuando Él
dice: "En esto se conocerá que ustedes son mis amigos, en el amor que se
tengan unos a otros". Y el índice de mi adhesión al mensaje de Jesucristo es
mi amor real, concreto, palpable, por mis hermanos.
_¿Cómo se manifiesta, cómo se materializa ese amor?
_Es muy significativo que el capítulo 25 del Evangelio de San Mateo
(versículos del 30 al 46) Cristo hable del Juicio Final en estos términos:
"Cuando el hijo del hombre vuelva con sus ángeles a juzgar a los hombres los
reunirá a todos en su presencia y va a separar a unos de otros como el
pastor separa a las ovejas de los cabritos. Entonces va a decir a los de su
derecha: vengan conmigo benditos de mi padre". Ahí se puede pensar, bueno,
vengan conmigo benditos de mi padre porque fueron a pie a Luján, o porque
tuvieron mucha devoción a San Cayetano, o porque hicieron y cumplieron
muchas promesas, o porque dieron limosna a la Iglesia. Pero Cristo no va a
decir eso. Va a decir: "Vengan conmigo, benditos de mi padre, porque tuve
hambre y me dieron de comer, porque tuve sed y me dieron de beber, porque
estuve en la cárcel y me vinieron a ver, porque estuve enfermo y me curaron,
porque anduve desnudo y me vistieron". Es decir que en el Día del Juicio
Final vamos a encontrar a la derecha de Dios a mucha gente que jamás pisó
una iglesia y que sin embargo estuvo toda su vida amando a Jesucristo,
porque estuvo amando de una manera eficaz a su prójimo, a sus hermanos. Y,
lo contrario, Cristo va a decir a los de su izquierda estas palabras
terribles: "Apártense de mí, malditos, al fuego eterno". ¿Por qué? Bueno,
ahí podríamos pensar que porque no hicieron la comunión pascual, que porque
no dieron limosnas. Y sin embargo, no. Cristo va a decirles: "Yo tuve hambre
y no me dieron de comer, tuve sed y no me dieron de beber, estuve en la
cárcel y no me vinieron a ver..." Y lo notable va a ser que algunos
preguntarán: 'Pero Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y no te dimos de
comer?' Y Cristo responderá: "Cada vez que no lo hicieron con uno de éstos".
Y es en ese terreno donde se manifiesta mi amor, mi compromiso y el de todo
hombre.
_¿Quiénes cree usted que no se comprometen a ese nivel?
_Aquellos que ven a un tipo sufrir en la villa miseria y dicen: "pobre".
Aquellos que se compadecen pero pasan de largo y siguen viviendo como
burgueses. San Agustín fue muy claro al respecto: "Hay muchos que parece que
parece que están adentro de la Iglesia y sin embargo están afuera". Es
decir: son muchos los que fueron bautizados o tomaron la comunión pero no
tienen amor concreto por su prójimo. Son cristianos muertos, no son
cristianos. Por eso hay mucha gente que va a comulgar a misa, cree que
comulga pero solamente traga la hostia. Cree que recibe la comunión y no se
da cuenta de lo que eso quiere decir. Exactamente: común unión. Y si yo voy
a recibir la comunión y soy racista, o sectario, o un explotador que oprime
a su hermano, me dice San Pablo: "Ingiero el cuerpo del Señor indignamente;
me trago y me bebo mi propia condenación". Porque vivir en el egoísmo, eso
es el pecado. Aquel que se la pasa contemplándose el ombligo es un pobre
hombre que ya tiene el infierno en vida, que vive en el pecado.
_¿Qué entiende por pecado?
_ Pecar es negarse a amar. No hay pecado sexual: hay pecado contra el amor.
Uno peca sexualmente cuando utiliza a una persona como cosa, como objeto.
Por eso aquellos que pretenden decir: "Ah, bueno, pero yo tuve relaciones
con una prostituta, para descargarme...", esos pecan doblemente. Están
contribuyendo con su actitud a mantener un estado de esclavitud, aunque sea
aceptado por la persona a la que esclavizan.
_ Entonces son muchos los cristianos que viven en el pecado, que no aman.
_
Son todos aquellos que tienen una imagen desfigurada de Dios. Dios es para
ellos el gran súper-yo-castrador y viven con Él una relación mítica,
supersticiosa, mágica. Para ellos es un Dios que justifica la inmovilidad,
un Dios que permite preguntas tales como "¿Y? ¿Qué vamos a hacerle si
existen pobres y ricos?". Ése es el Dios que ataca Marx, ése es el Dios que
hace creer a algunos que la religión es el opio de los pueblos. La verdadera
fe cristiana, la auténtica fe en Cristo hace trizas esa creencia. Tener fe
es amar al prójimo, y eso me moviliza a fondo, tanto como para dar la vida
por mis hermanos, tanto como para brindarme íntegramente por ellos.
_ ¿Inclusive hasta el punto de engendrar la violencia masivamente?
_ Ese es un problema demasiado complejo. Toda violencia es consecuencia del
pecado del hombre, de su egoísmo. Ahora lo que sucede es esto: en concreto
encontramos en América Latina _ incluso en nuestro país_ una situación de
violencia institucionalizada.
Es la violencia del hambre. Como dice Helder Cámara "El general hambre mata
cada día más hombres que cualquier guerra". Es decir que existe la violencia
del sistema, el desorden establecido. Frente a este desorden establecido yo,
cristiano, tomo conciencia de que algo hay que hacer y me encuentro entre
dos alternativas igualmente válidas: la de la no violencia en la línea de
Luther King o la de la violencia en la línea del Che Guevara; hablando en
cristiano la violencia en la línea de Camilo Torres. Y pienso que las dos
opciones son legítimas. Es erróneo tratar de ideologizar el Evangelio.
Decir, por ejemplo, como he oído: Cristo es un guerrillero. Él,
personalmente, no fue violento, sólo en algunos casos concretos cuando echó,
por ejemplo, a los mercaderes del templo a latigazos. Es decir que Cristo
fue solamente muy violento contra los ricos y los fariseos. Creo que la
versión en cine menos alejada de lo que Él fue da Pier Paolo Pasolini en su
Evangelio según San Mateo.
_¿Pero cuál es, cuál debe ser la actitud del cristiano ante lo que usted
llama el desorden establecido, la violencia organizada del sistema?
_Del Evangelio no podemos sacar en conclusión que hoy, ante el desorden
establecido, el cristiano deba usar la fuerza. Pero tampoco podemos sacar en
conclusión que no deba usarla. Cualquiera de las dos posiciones significaría
ideologizar el Evangelio, que más que una ideología es un mensaje de vida.
Pasará Marx, pasará el Che Guevara, pasará Mao, y Cristo quedará. Por eso
pienso que es tan compatible con el Evangelio la posición de un Luther King
como la ideología de un Camilo Torres.
_¿En cuál de esas tendencias se enrolaría usted?
_ Se me ocurre que actualmente en la de la no violencia. Como dijo Monseñor
Devoto: "Yo no soy violento, pero no sé qué va a ser de mí si las cosas
siguen así". Pero ojo: pienso que hay muchos que exaltan la no violencia
ignorando lo que es. Porque Luther King, uno de sus principales
teorizadores, fue asesinado. Es decir: la no violencia no es quedarse en el
molde sino denunciar, poner bien de manifiesto la existencia de la violencia
institucionalizada. Y para eso también hay que poner el cuero. Pero que esté
claro: si yo ante el desorden establecido enfrento lo que llamo la
contraviolencia y logro reducir la violencia total, es legítimo que la use.
Pero si sólo exacerbo aún más la violencia del sistema contra el pueblo, no
puedo menos que pensar que es contraproducente que la utilice.
_Un cristiano, ¿Tiene derecho a matar?
_ No lo sé. Lo que sí está claro es que tiene la obligación de morir por sus
hermanos. Pienso que tenemos mucho miedo a la violencia por una actitud
individualista. De repente nos escandalizamos porque alguien puso una bomba
en la casa de un oligarca, pero no nos escandalizamos de que todos los días
en las villas miserias o en el interior del país mueran niños famélicos
porque sus padres ganan sueldos de archimiseria. La idea fundamental me
parece que ésta: el cristiano tiene que dar la vida por sus hermanos de una
manera eficaz. Cada uno verá de acuerdo con su ideología, de acuerdo con la
valoración particular que haga de la realidad, con la información que tenga,
lo que tiene que hacer.
_¿Cuál debe ser la función de un sacerdote en países desarrollados como
Francia, Inglaterra o Italia?
_ Sin duda la misma que en la Argentina, en Bolivia o en Paraguay. También
hay explotadores y explotador en Francia (el subproletariado argelino, el
subproletariado español), hay miseria, hay villas de emergencia. Yo a esos
países los llamo subdesarrollantes, porque son países que viven de los
pobres.
_¿Qué piensa que deben hacer los sacerdotes en sociedades socialistas?
_Cumplir con su función habitual: enseñar y amar. Yo no conozco China, pero
tengo entendido que allí hay algo positivo: creo que ahora hay 700 millones
de chinos que tienen pantalones y antes no sabían que era usarlos. Lo que me
preocupa de China es que puede haber algo así como una especie de
imperialismo cultural. Es decir, no me gusta que los chinos pretendan
exportar su modelo de revolución a todo el mundo. Contra eso tendrían que
combatir los sacerdotes, contra el dogmatismo político. Con respecto a los
llamados países socialistas de Europa, pienso que son naciones que se
encaminan cada día más rápidamente hacia el capitalismo, precisamente porque
se metieron con corsé en el socialismo. De todas maneras no me cabe la menor
duda de que los pueblos son los verdaderos artífices de su destino y, aunque
yo personalmente crea que el sistema menos alejado de la moral y del
Evangelio es el socialismo, se me ocurre que en la Argentina tenemos que
hacer nuestra revolución, nuestro socialismo, que no necesariamente debe
adaptarse a modelos preestablecidos. Además, estoy seguro de que ese proceso
pasa, aquí, por el peronismo.
_¿Cuál debe ser para usted la ingerencia de la Iglesia en cuestiones
económicas y políticas?¿Cómo justificar el poder económico, las relaciones
de la Iglesia con el dinero?
_ No se trata de justificar sino de analizar. El gran escándalo del Concilio
Vaticano II fue que se tuviera que hablar allí de la Iglesia de los Pobres,
cuando lo natural es que si la Iglesia viviera de acuerdo con la orientación
clarísima que le dio Jesucristo, de acuerdo a como fue la Iglesia los
primeros siglos, cuando todos poseían sus bienes en común repartidos según
las necesidades de los fieles, no debería haberse mencionado el asunto. El
cristianismo empieza a degradarse cuando se desarrolla el espíritu de
propiedad, y al reconocerlo Constantino (año 313) como religión oficial del
Imperio, otorgándole a la Iglesia poder político. Lo natural, insisto, en el
Concilio Vaticano, hubiera sido que se levantara un obispo y dijera: "Un
momento. ¿Por qué la Iglesia de los Pobres? La Iglesia también es de los
ricos". ¿Por qué? Porque la Iglesia también tiene que evangelizar a los
ricos, entendiendo por evangelizar a los ricos, ayudarlos a dejar de serlo.
Lo cual no significa que tire todo por la ventana sino que ponga todos sus
bienes al servicio de la comunidad. Es evidente que es un problema, porque
si viene un empresario católico y me dice: "Yo que me convertí, padre, yo
quiero realmente vivir el Evangelio", no me queda otro remedio que
contestarle que cambie radicalmente el enfoque de su empresa, dándole
participación efectiva en las ganancias a todos sus trabajadores. Claro, así
la empresa se va a fundir en 15 días porque la competencia la mata. Entonces
la otra respuesta para un empresario que quiera vivir realmente el Evangelio
está en que se platee seriamente el problema de la revolución.
_Eso es lo mismo que dejar de ser empresario.
_No
necesariamente. Si Alberto José Armando viene a mí y me dice "yo quiero
cambiar" le contesto que bueno, que le saque todo el jugo a los capitalistas
que lo rodean y que con su fabulosas inventiva le cree al pueblo situaciones
en las que pueda ser realmente protagonista de su destino.
_A usted se lo acusa de pregonar una filosofía de vida casi rayana en el
ascetismo, que no coincide con su manera de vivir, más acorde -se dice- con
hombres de su misma extracción social.
_ Usted ve donde vivo: es un cuarto en una terraza de una casa de
departamentos bacana, pero un cuarto al fin. Además es cierto: yo soy de
origen oligarca, y eso tiene sus limitaciones. El hecho de que a mí nunca me
haya faltado nada talvez haya relativizado mi visión de las cosas. Pero
también es cierto que a la oligarquía la conozco de adentro y sé, efectiva,
concretamente, cuales son sus corrupciones. De todas maneras a mí no me
falta absolutamente nada, pero trato de que me sobren cosas.
_¿Cuáles son sus carencias afectivas?¿No se siente frustrado como hombre?
_ No me siento frustrado en absoluto. Pienso que desde el momento en que
contraje el compromiso de ser célibe ante Cristo y ante la comunidad me debo
a él. Por supuesto el celibato presume una lucha cotidiana. No solamente la
lucha en cuanto se refiere al impulso sexual sino en cuanto a la soledad. El
problema profundo no es el de la ausencia de contacto carnal, sino la
soledad, así, simplemente. Esa es una tensión que vivo permanentemente y por
la cual tengo que estar muy sobre mi mismo porque fácilmente se puede
desvirtuar mi afectividad.
_¿Ese es uno de los principales conflictos que originó el éxodo de
sacerdotes de la Iglesia?
_ Pienso que no, que las raíces de la crisis sacerdotal está en otro lado.
Pienso que el sacerdote se siente inútil en muchos lugares; es decir: ha
perdido el sentido de su vida. Para mí el sufrimiento más grande que puede
tener un ser humano es sentirse demás y eso es lo que le pasa a muchos
curas.
Fuente: www.elhistoriador.com.ar
Jesús
y la política
Por Carlos Mugica
La relación entre fe cristiana y compromiso político es el tema número uno
de la reflexión teológica contemporánea. Por eso no resulta demasiado
sorprendente que Oscar Cullmann, uno de los más importantes teólogos del
protestantismo actual, considerando por católicos, protestantes y judíos sin
distinción como el mejor exégeta tal vez, que hay hoy del Nuevo Testamento,
se ocupe de la relación que existió entre el Jesús histórico y los
revolucionarios de su tiempo.
Nadie ignora que a partir del Concilio Vaticano II, que con su histórica
Constitución Pastoral Gaudium et Spes (La Iglesia en el Mundo Contemporáneo,
1964 y, sobre todo, con la Encíclica Populorum Progressio (1966) de Pablo VI,
el tema de la relación entre la fe y el compromiso político es el que ha
absorbido la atención de los teólogos y pensadores cristianos. Y el proceso
se ha ido acentuando cada vez más. Basta a hojear la revista Concilium, que
reúne a los más importantes teólogos renovadores europeos y comienza a darle
amplia cabida al tema en sus páginas.
Extractos
de Peronismo y Cristianismo Carlos Mugica, Editorial Merlin,
Buenos Aires, 1973. "¿Qué es glorificar a Dios? No es ponerle veinticinco velas a los santos. No. Sí ayudar a que un hombre sea más hombre. Si yo a este hombre lo ayudo a leer y escribir, glorifico a Dios, porque lo ayudo a crecer como hombre. Ayudar al hombre a ponerse de pie. No pararlo. El sólo se tiene que poner de pie. Ayudarlo a ayudarse." "Antes que hablarle de Dios al hombre que no tiene techo, hay que darle un techo. Darle techo ya es hablarle de Dios. Mejor dicho ayudarlo a que se dé el techo es ayudarlo a ayudarse." "Hay un pecado personal, fundamental, que es el pecado del egoísmo. ¿Qué es pecar? Es tratar a una persona como si fuera una cosa. No hay más que un solo pecado: el pecado contra el amor. Cuando cosifico al otro, ahí hay pecado. Cuando utilizo al otro, ahí hay pecado. Cuando respeto a la persona del otro, ahí hay amor." "Y está el pecado colectivo o estructural... ¿Cuáles son las estructuras opresoras? Aquellas que establecen un tipo de dominación de unos hombres por otros. Yo pienso que el sistema capitalista liberal que nosotros padecemos es un sistema netamente opresivo. No solo porque hay muy pocos hombres que se aprovechan del fruto del trabajo de la mayoría, sino porque además las relaciones que se establecen son relaciones de dominación. Relaciones despóticas." "Por eso, como movimiento de Los Sacerdotes del Tercer Mundo propugnamos el socialismo en la Argentina como único sistema en el cual se pueden dar relaciones de fraternidad entre los hombres. Que cesen las relaciones de dominación para que haya relaciones de fraternidad. Un socialismo que responda a nuestras auténticas tradiciones argentinas, que sea cristiano, un socialismo con rostro humano, que respete la libertad del hombre." "Los hombres están condicionados, determinados por las estructuras en las que viven. Por lo tanto, tengo que amar a los seres humanos y amar las estructuras que contribuyen a que esos seres humanos se realicen como hombres, a que vivan creadoramente. Y debo tratar de destruir o modificar las estructuras que les impiden vivir de esa manera. Y aquí entra todo lo que hace a la dimensión política." "La liberación debería realizarse en todos los sectores donde hay opresión. En el orden jurídico, en el político, en el cultural, en el económico y en el social." "En el orden cultural hay opresión porque el pueblo, y entiendo aquí por pueblo fundamentalmente a los oprimidos, a los trabajadores, no tienen acceso a la enseñanza superior y tienen difícil acceso a la secundaria y aun a la primaria. A veces porque no hay bancos y si los hay porque los chicos tienen que lustrar zapatos para que la familia aguante. Además de esto nuestra enseñanza es tecnócrata y colonialista, para que no moleste, que no incomode el día de mañana y se adecue a este sistema montado sobre la base del lucro." "En el orden económico y social, nuestra estructura económica es anticristiana y opresora. Primero porque en lugar de estar la economía al servicio del hombre, el hombre está al servicio de la economía." "Segundo porque lo social está subordinado a lo económico con las consecuencias que acarrea." "En el orden social el índice de mortalidad infantil y de desocupación son cada vez mayores." "Es un deber de todos los cristianos hoy, entrar en la lucha por transformar la sociedad. Esa es la acción política, la acción que tiende a transformar, a modificar la sociedad." "La justicia se encarna en la vida entera de la sociedad. No basta darle a cada cual lo suyo en un plano meramente individual. No se trata de que los individuos ricos ayuden a los individuos pobres, sino que se trata de que los pobres dejen de ser pobres. Y hasta ahora, para que los pobres dejen de ser pobres no se ha inventado otro más que este sistema: que los ricos dejen de ser ricos. Hay que ayudarlos a los ricos a liberarse de esas riquezas que Los oprimen y que los llevan hacia el camino del infierno." "Porque si queremos que los dos millones y medio de hermanos nuestros que viven en las villas miserias estén mejor, evidentemente algunos van a estar peor." "Hoy los cristianos no podemos rezar el padrenuestro si no hacemos algo eficaz para que disminuya el índice de mortalidad, que en nuestra patria, aumenta día a día. Lo mismo con respecto a las torturas; si yo no estoy haciendo algo para que cesen las torturas, en la medida de mis posibilidades, soy co-torturador de mis hermanos. Porque quizá no soy un opresor directo que comete la injusticia, pero tal vez la consiento o no la reparo en la medida en que no me comprometo a través de una acción política para cambiar las estructuras. El compromiso político hoy, no es optativo, es obligatorio para los cristianos en sentido amplio." "El problema de la violencia no es un problema virginal: "a mí no me gusta la violencia". Hay que ser un desnaturalizado para estar a favor de la violencia si la opción fuera violencia-no violencia. El problema es que yo no puedo quedarme pasivamente tranquilo ante la situación de terrible violencia institucionalizada que estoy viviendo, porque si lo hago, soy un asesino de mi pueblo que se está muriendo de hambre." "¿No es violencia institucionalizada, acaso, la que sufre el obrero que apenas reúne 40.000 pesos mensuales, al tener que pagar el precio de la leche, la carne o el azúcar? ¿No es violencia institucionalizada el aumento cada vez más alarmante de mortalidad infantil? " "Vivimos en un sistema capitalista, en el cual el motor fundamental es el lucro. El lucro es "el" motivo de este sistema económico." "Esta sociedad es inmoral, no solamente porque las riquezas se reparten en forma desigual, sino porque el tipo de hombre que propone esta sociedad es un hombre alienado, un hombre inhumano, es el hombre consumidor, el hombre que "tiene". "Tenemos que buscar otro tipo de sociedad y aquí aparece la reflexión sobre la posibilidad de acceder al socialismo. ¿Cuáles son las pautas que debe tener en cuenta un cristiano para saber qué sistema puede adecuarse mejor o no a sus valores? Primero, el Evangelio; segundo el Magisterio de la Iglesia y después los signos de los tiempos." "Pensemos en la comunidad prototípica, las primeras comunidades cristianas. ¿Qué se dice en el libro de los Hechos de los Apóstoles?: ‘Todos los que creían vivían unidos teniendo todos sus bienes en común, vendían sus posesiones y haciendas y las distribuían entre todos según la necesidad de cada uno’. (Cap. 2, 44ss). "La muchedumbre de los que habían creido tenían un solo corazón y una sola alma y ninguno tenía por propia cosa alguna; todo lo tenían en común." "No había indigentes entre ellos porque los dueños de haciendas y casas las vendían y llevaban el precio de lo vendido a los apóstoles y a cada uno se le repartía según su necesidad." "Dieciocho siglos más tarde Marx va a pronunciar una frase evangélica cuando diga: ‘de cada uno según su capacidad, y a cada uno según su necesidad.’" "Si hoy realmente los que se dicen católicos en la Argentina pusieran todas sus tierras en común, todas sus casas en común, no habría necesidad de reforma agraria, no habría necesidad de construir ni una sola casa. Los casi tres millones de personas que viven en las Villas Miserias en la Argentina, o en conventillos infames y en cuevas –como los indios con los que estuve en Los Toldos – podrían vivir confortablemente bajo techo sin que se construya una sola casa más en el país. Sólo en Buenos Aires hay ciento diez mil departamentos vacíos. Si esta fuera una sociedad cristiana, la gente de las Villas tendría derecho a ocuparlos. Ya de hecho lo han concretado en Córdoba, un grupo de gente de una villa se apoderó de un monoblock. No han hecho más que recuperar lo que les corresponde. Porque cuando la gente dice "esto es mío", ¿quién decidió que es suyo?. El Código Civil Argentino. Pero el Código Civil fue una avivada de doscientas familias que ya se habían apoderado de las tierras y por eso podían decir: "cada uno tiene derecho a sr propietario de lo que tiene". Claro, si todos hubieran largado a cero kilómetro en materia de tierras, muy bien, pero los señores Pereyra Iraola y Menéndez Behety ya eran dueños de media Argentina cuando dijeron ‘hay que respetar la propiedad privada’. " "En el fondo las discrepancias ideológicas se cierran en dos alternativas, que son: una la alternativa capitalista, que se basa fundamentalmente en que unos pocos sean dueños de los bienes de producción, es decir de los bienes que producen bienes, o sea de las máquinas, donde el hombre tiende al lucro. Esos pocos serán estos que dijo el apóstol Santiago: ‘los ricos que oprimen a sus hermanos’. "La otra alternativa es el socialismo, en el cual la comunidad es la que tiene el control y la propiedad de los bienes de producción. No son de unos o de algunos, sino de todos. El control popular sobre los medios de producción, que lleve a que los bienes no sean de algunos sino de todos." |
Es cierto que en los países llamados desarrollados, que con más precisión
desde el Tercer Mundo son señalados corno subdesarrollantes, la problemática
teológica es mucho más conflictiva ya que se cuestiona la esencia misma del
mensaje revelado. Como decía un gran teólogo' "allí la mordedura llegó hasta
el hueso". Se cuestiona no sólo la legítima pretensión de la Iglesia de ser
la sucesora de los apóstoles, sino la misma divinidad de Cristo, a quien se
pretende presentar como el prototipo del hombre para dos demás, pero no
necesariamente como el Hijo de Dios. Al reducir a Cristo a una dimensión
meramente humana, presentándolo como el hombre que llegó al fondo en la
capacidad de amar, en la entrega a los hombres a través de su máxima
manifestación, dando la vida por ellos, se dinamita el dogma básico de la fe
cristiana: la Resurrección.
San Pablo enseña: "Si Cristo no resucitó, los cristianos somos los hombres
más estúpidos de la tierra". Y tiene razón si Cristo no resucitó, no hay
salida para los ciegos, paralíticos y esquizofrénicos de este mundo, por más
revoluciones sociales que se propugnen. El marxismo, pienso yo, encuentra su
límite más terrible en el pasado. No hay salida trascendente para los que ya
murieron. Para el cristianismo, la muerte no existe. Para el cristiano no
hay más que una sola vida, pero que tiene tres instancias: la histórica que
podemos llamar vida uterina, luego viene el parto que es la muerte, para
acceder finalmente a la vida plenamente creadora: la vida eterna, que supone
entrar a compartir la existencia tremendamente fecunda y gozosa de Dios. Es
entrar, por decir así a crear desde Dios, nuevos mundos. Y precisamente, por
ser totalmente creadora, la existencia se vuelve totalmente dichosa.
No obstante esta preocupación constante por salvar el basamento mismo de la
fe cristiana los teólogos europeos comienzan a reflexionar sobre el tema
religión y política porque munchos jóvenes, hoy, en Europa, entran en crisis
de fe al sentir que c' modo de presentación del mensaje cristiano y el rol
que desempeña la Iglesia aparecen como sustentadores de una sociedad que
agoniza del orden establecido, al que Helder Cámara llama el "desorden
establecido".
Sin duda que a nivel cristiano fue decisiva en este punto la toma de
posición del Magisterio de la Iglesia y sobre todo, de Pablo VI. En la
Constitución Pastoral la Iglesia en el Mundo Contemporáneo, el Concilio
exhorta a los cristianos a comprometerse en la creación de una sociedad
nueva y a ampliar el campo del compromiso solidario al mundo entero. La
encíclica Populorum Progressio precisa más el campo de atención y de acción.
Es la Carta fundamental del Tercer Mundo desde la perspectiva católica. No
basta ya luchar para que desaparezcan los individuos ricos y pobres, sino
que se trata de acabar con los países ricos y los países pobres. No se trata
de que los pueblos ricos ayuden a los pueblos pobres sino de que los pobres
dejen de ser pobres. Realizar una acción que signifique a nivel de pueblos
lo que Helder Cámara quiere para el campesino miserable del Nordeste
brasileño: "ayudar al hombre a ponerse de pie". No se trata de "pararlo"
paternalísticamente sino de ayudarlo a ayudarse. Aceptar el surgimiento
original o inédito de los pueblos del Tercer Mundo. Claro que este planteo
de Pablo VI parece ingenuo. Porque para que surjan los pueblos nuevos los
países dominantes deben renunciar a sus apetitos imperiales.
Esta necesidad de atender a las crisis internas de las Iglesias que corrían
el riesgo de desaparecer con el cambio generacional, es la que en última
instancia ha obligado a los teólogos europeos a mirar más allá de sus
narices y advertir que existe un Tercer Mundo. No hay duda de que Pablo VI,
con su ejemplo, ha contribuido a empujarlos. Por eso no sorprende demasiado
hoy que Cullmann, el gran exégeta protestante contemporáneo, amigo personal
de Pablo VI y observador en el Concilio Vaticano II, se ocupe de la relación
entre fe y militancia política. Es la primera vez que lo hace, ya que hasta
ahora sólo le preocupó la relación entre fe e historia desde una perspectiva
más distante. Pero es indudable que él mismo ha contribuido a este
"aterrizaje" de la teología católica y protestante actual. Con su Cristo y
el tiempo, Cullmann fue uno de los pioneros de este siglo en señalar el
sentido evolutivo de la formulación de la fe y la relación entre revelación
e historia humana, mostrando que Dios no sólo se revela a través del mensaje
bíblico sino también a través de la historia humana, a través de lo que Juan
XXIII llamará después "los signos de los tiempos". Por eso es que hoy son
muchos los teólogos que afirman que Dios se revela ante todo y
principalmente a través de la Biblia pero que también lo hace a otro nivel,
ciertamente, para los católicos, a través del Corán, Marx, Freud o Einstein.
El Cardenal Bea, hablando a cristianos, protestantes y musulmanes, les
decía: "Te hemos que compartir la porción de verdad que hay en cada una de
nuestras religiones para acercarnos más al Dios que todos amamos". Y Pablo
VI, en su discurso a los observadores del Concilio (Cullmann, entre ellos),
dirá: "Ustedes (protestantes, ortodoxos) y nosotros (católicos) estamos en
un mismo camino, y vamos hacia una novedad que debe ser engendrada".
Esto no significa que la Iglesia Católica renuncie a nada de lo que
constituye su esencia, sino al contrario, que explicite su esencia, que
explicite todas las virtualidades que contiene en su seno.
El acto académico de la inauguración de los cursos de 1969 de la Facultad
libre de Teología protestante de París fue la ocasión para que Cullmann, a
través de su trabajo Jesús y los revolucionarios de su tiempo incursionara
por primera vez en el campo de la teología política. Es una obra breve,
concisa, de 87 páginas, en la que Cullmann nos propone desde el Evangelio, y
con el rigor histórico que el tema exige, las bases para reflexionar sobre
la relación entre la fe y el compromiso político. Lo que le preocupa a
Cullmann en primer lugar es cuál fue la actitud concreta de Jesús, qué fue
lo que El hizo y dijo en relación al poder de su tiempo, cómo se situó el
Jesús histórico frente a los factores de poder que hoy tiene que encarar un
cristiano. Ciertamente que, en el mundo en que se movía Jesús -la sociedad
geográfica de Israel, donde lo religioso y lo político aparecían íntimamente
fusionados- el problema era más grave y difícil. Cullmann demuestra que
Jesús de Nazaret no puede ser encuadrado en ninguno de dos principales
movimientos de su tiempo. Su obediencia radical a la voluntad divina, que se
asienta en su íntima comunión con Dios, y en la espera de su Reino y su
justicia, no se acomoda ni a la perspectiva de los grupos que defendían el
orden establecido en Palestina, ni a la de los que combatían por la
violencia. Al analizar el comportamiento histórico de Jesús, Cullmann, no
niega la necesidad que hoy experimenta un cristiano acerca de cómo situarse
frente a las distintas manifestaciones del poder; sostiene que el resultado
del análisis histórico debe crear en el cristiano la base que le permita
plantear correctamente el problema, eludiendo simplificaciones reducidoras,
fruto de posiciones ideológicas dogmáticas que conducen a un Cristo
pacifista a outrance o a un Cristo guerrillero.
Es importante señalar que, para un cristiano, el Jesús histórico es un punto
de referencia fundamental para reflexionar sobre la validez de su
compromiso, pero sin olvidar nunca que Cristo sigue hoy vivo y actuante a
través de la historia, a través de su Espíritu, que se expresa
particularmente -para los católicos- por el Magisterio de la Iglesia.
Ubicando a Jesús en su tiempo, lo encontramos enfrentado a un movimiento de
resistencia religiosa y política: el movimiento zelota. Los zelotes luchan
por medio de la violencia contra la autoridad establecida, en la que ven la
expresión del paganismo e imperialismo romanos, opuestos a su religión
monoteísta y a su libertad como pueblo. Cuando Jesús entra en la vida
pública, el problema número uno de Palestina es la resistencia al invasor
romano, problema religioso y político a la vez.
Hoy en día, en que tanto se habla de teología de la revolución, se corre el
riesgo de hacer de Jesús pura y simplemente un rebelde zelota. Cullmann
afirma que esto se explica, dado que la condenación jurídica de Jesús no es
decretada por los judíos sino por los romanos. que sólo se preocupaban de la
actitud política de la gente. Esto es demostrado por Cullmann de manera
indudable dable, sobre todo cuando señala que Jesús fue ejecutado al modo
romano, es decir, mediante la crucifixión, y no como la pena de muerte
judía, que era la lapidación.
Además, la inscripción sobre la cruz, "Jesús, rey de los judíos", aludía
claramente a la razón política de la ejecución: éste pretende ser Rey, por
lo tanto, sustituir al César.
Para poder ubicar bien a Jesús en su contexto histórico y percibir la
originalidad de su vida y su mensaje, es indispensable advertir -como lo
muestra Cullmann- que en los evangelios hay dos categorías de textos, que
aluden a palabras y gestos de Jesús: 1) por un lado, los que aproximan a
Jesús al zelotismo: a) los que se refieren a la aproximación creciente de
Jesús a las masas, b) sus crueles ironías hacia los gobernantes, c) el tener
entre sus discípulos a tres antiguos zelotas: Simón el Zelota, Simón Pedro y
Judas Iscariote; d) su condenación por los romanos que lo creían agitador
zelota, etcétera. 2) Por otro lado, están los textos en que Jesús aparece
como adversario de toda violencia y de toda resistencia política: a) las
parábolas de la no-violencia, b) el amor a los enemigos, c) orden de no usar
la espada para defenderlo, d) rechazo enérgico de todo elemento político en
su misión divina, etcétera. En esta línea se puede afirmar que la gran
tentación que Jesús rechazó como satánica fue la de erigirse en líder
político, en jefe revolucionario.
La raíz común de las dos series de textos contrapuestos está en la esperanza
central de Jesús: la espera del Reino que va a venir. Para Jesús, el Reino
que va a venir, viene por obra de Dios antes que por obra del hombre. Por
eso, todos los fenómenos de este mundo deben ser relativizados lo que no
quiere decir minimizados, sino orientados al Reino definitivo. Así, Jesús,
al sacramentalizar al amor humano, lo relativiza, es decir, muestra que
tiene relación a una instancia más profunda, en que se realiza el amor pleno
y total. Esa instancia es el amor en Dios.
El
temor a la afirmación de Marx, "la religión es el opio del pueblo" -que
históricamente ha tenido validez en muchos casos- no debe impedir el
percibir la originalidad del mensaje de Cristo que es evidentemente
escatológico (es decir, que mira el fin de los tiempos). Helder Cámara,
Luther King, y Camilo Torres, que con su solo testimonio invalidan la
objeción de Marx, si se le quiere dar un alcance universal, nunca perdieron
de vista que la revolución no significa la instalación del Reino de Dios en
la tierra, y que debe ser permanentemente revolucionada y criticada desde la
fe, hasta que el Señor vuelva. Ciertamente, esa crítica sólo se podrá
ejercer honestamente a los ojos de los hombres de nuestro tiempo, desde
adentro del proceso, participando de la acción revolucionaria, aunque se la
relativice en el sentido antes expuesto.
Por eso Cullmann señala que la esperanza del Reino futuro (que no es de este
mundo), que totaliza la perspectiva de Jesús no lo aleja a Él de la acción
en este mundo que pasa, y para este mundo que pasa.
Es evidente que Jesús se sitúa en una actitud crítica frente a todas las
instituciones existentes en su tiempo. Forman parte del mundo pervertido que
pasará y no tienen, por lo tanto, ningún valor eterno. Jesús es el
revolucionario más ambicioso de todos los tiempos, ya que no pretende crear
nuevas estructuras, no pretende acabar la explotación del hombre por el
hombre, no apunta a una sociedad nueva sin injusticias, sino que pretende
crear una nueva vida, un nuevo modo de existir absolutamente impensable para
el hombre, e imposible de alcanzar con sus solas fuerzas: la vida divina.
Es cierto que comenzar a vivir esta nueva vida traerá, como consecuencia,
cambios profundos en las relaciones humanas y posibilitará la creación de
una nueva sociedad. Pero Jesús no pierde el tiempo participando en una
acción que encare la destrucción de las estructuras corruptoras mediante la
violencia. Él no quiere desviar los corazones de su predicación que es el
Reino de Dios, que no es de este mundo. Se trata de un nuevo modo de
existir, insospechable para el hombre. Fue necesaria la Encarnación del Hijo
de Dios para que el hombre pudiera aceptarla. Así como el mono jamás soñó en
convertirse en hombre, la vida divina que Cristo trae al hombre resulta tan
desproporcionada a sus apetencias terrenas, que Theilhard llama el salto
mortal en la línea de la evolución: el paso del hombre a la vida transhumana,
a la vida cristificada.
Jesús cambia en el culto todo lo que se opone a su radicalismo escatológico,
todo lo que atenta ya, entonces, contra la nueva vida que anuncia, vida que
supone el sano desarrollo en libertad de la interioridad del hombre. Cristo
acaba con el culto alienante y exige un culto a Dios que se traduzca en la
liberación real del hombre. Por eso Pablo VI dice en su discurso de clausura
del Concilio del 7-12-71: "Nosotros, los cristianos, más que nadie, tenemos
el culto del hombre". Y dice verdad. Porque en la enseñanza de Cristo, el
modo no ilusorio, no tramposo de glorificar a Dios, es el amor real y
comprometido al hombre: "Ustedes son mis discípulos, si se aman unos a
otros".
Jesús no reniega de la tradición. Elimina de ella los elementos que impiden
captar con pureza la radicalidad de su mensaje. Hoy sucede algo parecido con
las corrientes renovadoras de la Iglesia, que postulan la socialización de
los medios de producción y el advenimiento del socialismo. Buscan su apoyo
en la auténtica tradición de la Iglesia, desvirtuada en los últimos siglos
por el individualismo capitalista. Y esta auténtica tradición se refleja
ante todo en el Nuevo Testamento, que asienta por escrito las vivencias de
las primeras comunidades cristianas. Y allí se ve que, desde el vamos, los
primeros cristianos vivieron en comunidad de bienes. Mientras resonaban con
fuerza en sus oídos las enseñanzas del Maestro, prescindieron de la
propiedad privada individualista. A medida que se fueron alejando de su
origen, este rigor hacia la propiedad individual fue desapareciendo, aunque
siempre en la historia de la Iglesia existieron comunidades de hombres que
mantuvieron una distancia radical frente a la posesión de los bienes. Basta
recordar a San Francisco de Asís.
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Padre Mugica, 1973, reportaje por la distribución de garrafas (9 min.) |
La actitud profundamente trascendente de Jesús lo lleva a descartar todo lo
que se oponga al mundo directo de su mensaje escatológico, y lo llevó a
enfrentarse con los defensores de la letra de la ley y con los zelotes
nacionalistas sectarios. Porque Jesús viene a anunciar el plan divino no
sólo a Israel, aunque reconoce su peculiar ubicación en la redención, sino a
todos. De ahí que su fraternal apertura hacia los paganos y samaritanos
escandaliza a los judíos, y en particular a los zelotas, cuyo odio al
extranjero era ilimitado.
Cuando los hombres de hoy luchan por extirpar las clases que dividen a los
hombres en explotadores y explotados, y se oponen al neocolonialismo y al
imperialismo, están reconociendo en la práctica, tal vez sin advertirlo, la
fuerza del mensaje que Cristo trajo hace dos mil años.
Los evangelios muestran con meridiana claridad que Jesús estigmatiza sin
piedad a los ricos y predica con inusitada violencia contra la injusticia
social. Jesús anuncia por un lado, que a la luz del Reino que vendrá, la
diferencia entre ricos y pobres es contraria a la voluntad divina. Este
juicio sobre el orden social de su tiempo es, como tal, un juicio
revolucionario. Pero Jesús como ya dijimos, no apunta a voltear el orden
social directamente. El exige otra cosa de sus discípulos: cada uno debe
aplicar individualmente desde ahora las normas del Reino futuro. Cada
hombre, como individuo, debe ser cambiado por la ley del amor. Jesús se
preocupa por hacer desaparecer en el individuo el egoísmo, el odio la
injusticia, la falsedad.
Esta enseñanza de Jesús sigue siendo hoy indispensable. Si todos los que hoy
en la Argentina nos decimos cristianos, realizáramos a fondo nuestra
revolución interior, pasáramos de la injusticia al amor, ciertamente que la
configuración de nuestra sociedad sería otra. Y no se daría, por ejemplo, el
hecho escandaloso de que solamente en Buenos Aires haya 120.000
departamentos vacíos y más de 2.000.000 de personas viviendo en villas
miseria y conventillos. Sin hablar de "cristianos" con dos o tres casas, que
viven lo más "panchos", ignorando la situación de miseria de sus hermanos en
la fe.
Es cierto, como ya antes quedó señalado, que el Magisterio de la Iglesia
enseña que la conversión del corazón, para no ser ilusoria, supone hoy una
acción política eficaz que busque eliminar las injusticias estructurales. Y
que sea natural que una profunda conversión del corazón lleve al compromiso
revolucionario, que busque acabar con la explotación del hombre por el
hombre como lógica consecuencia.
Ortega decía: "El hombre es él y su circunstancia". Después de Marx, esto no
puede ser ignorado por los cristianos. Y toda la enseñanza actual de la
Iglesia exige atender ciertamente a la conversión personal, pero
simultáneamente a "la circunstancia", que en ciertas situaciones puede ser
determinante de las actitudes interiores.
Pablo VI señala en su Carta al Cardenal Roy, refiriéndose a la
insensibilidad social de los grandes empresarios, fruto de su tren de vida:
"Muchos involucrados en las estructuras y acondicionamientos modernos están
determinados por sus hábitos de pensamiento, sus funciones, cuando no lo
están, también, por la salvaguarda de sus intereses materiales".
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Es cierto, sin duda que la cuestión se resolvería por sí misma si cada
individuo se convirtiera tan radicalmente como Jesús lo exige. Pero también
es cierto que el condicionamiento estructural puede penetrar hasta la
interioridad de la persona e imposibilitarla para el cambio profundo. De ahí
que hoy resulta inseparable en el cristiano la conversión del corazón y la
acción política que busca la conversión de la sociedad.
Los primeros cristianos se tomaron en serio las enseñanzas de Jesús. Por eso
vivían en comunidad de bienes (Actos de Apóstoles 4,36-5,4). Y su testimonio
hizo explotar la institución madre de la opresión humana: la esclavitud.
Jesús fue condenado a muerte por Pilatos como rebelde político, como zelota.
Su mensaje trascendente resultó incomprensible, tanto para la mentalidad
teocrática y sectaria de los zelotas como para la mentalidad pagana de los
romanos, que se engañaron acerca de las verdaderas intenciones de Jesús. Su
esperanza escatológica, es decir, de la realización plena del reino fuera
del tiempo, llevó a Jesús a una actitud agudamente crítica frente al poder
romano que lo hizo aparecer como zelota. Y los movimientos populares que
suscitó su acción, indudablemente aparecían, ante los ojos de los romanos,
como levantamientos contra el orden establecido.
El Sanhedrín, como lo muestra el evangelista Juan (Juan 11,48), al advertir
que el movimiento popular a favor de Jesús se agranda día a día, toma la
decisión de denunciarlo como rebelde político a los romanos, para que la
acusación no recayera sobre él.
Cullmann demostró en su momento, en Dios y el César que Pilatos no se limita
a ratificar una pena aplicada por los judíos os, sino que es el que
eficazmente juzga a Jesús. En Getsemaní es la cohorte romana -y no los
judíos- la que apresa a Jesús. Es cierto que la responsabilidad moral le
cabe al Sumo Sacerdote y al partido del Sanhedrín (y no al conjunto del
pueblo judío), pero la responsabilidad jurídica corresponde exclusivamente a
los romanos.
Es cierto que Jesús es condenado por zelota, por revolucionario, pero esta
acusación de ninguna manera significa que Cristo fuera realmente zelota,
sino que su actitud trascendente, profundamente religiosa, escapaba a toda
posibilidad de comprensión por parte de los paganos.
En los Evangelios se ve con claridad que Jesús elude los movimientos
populares que suscita con su acción, sobre todo cuando el pueblo trata de
hacerlo rey (Juan 6,15) y los zelotas perciben que no quiere adherirse a su
partido ni hacer cansa común con ellos. Jesús se atribuye a sí mismo la
profecía de Isaías, que presenta al Mesías como el siervo de Jahvé, como un
varón de dolores, y considera como la tentación capital de su vida la de
erigirse como líder político. Esto queda sugerido en el episodio misterioso
de las tentaciones en el desierto. A la proposición del demonio de
constituirlo en rey señor del mundo, Jesús contesta: "Apártate, Satán"
(Mateo 4,10). Y se resiste a ser llamado Mesías. Prefiere designarse a sí
mismo como Hijo del Hombre. Es realmente significativo que prefiera este
título aun al de Hijo de Dios. Para los cristianos que miran a Jesús con los
ojos de la fe, éste es un índice más de compromiso definitivo del Dios
Hombre con los hombres. Cuando se pretende usar la violencia para impedir su
detención, se opone enérgicamente. Y coherente con la afirmación de su
mensaje trascendente, responde a la pregunta de Pilatos: "Mi Reino no es de
este mundo.
Un elemento original de su mensaje, tal vez el más profundo, coloca a Jesús
por encima de los antagonismos de su tiempo. El Amor a los enemigos. Es
cierto que, de suyo, el amor al enemigo. no excluye necesariamente el
enfrentamiento, incluso violento, con éste, en situaciones extremas, como se
ha dado tantas veces en la historia, pero Jesús traza las líneas ideales de
conducta, válidas para todos los tiempos y que suponen para el cristiano en
situación de lucha o aun de guerra una permanente tensión de reconciliación.
Cuando El dice que no vino a traer la paz sino la espada, de ningún modo
está recomendando la guerra santa: constata que la decisión que su mensaje
exige de los hombres provoca disensiones entre ellos y puede suscitar la
persecución en sus discípulos. La historia reciente y actual muestra cómo
las palabras de Cristo tienen plena vigencia. Luther King, el apóstol de la
no-violencia, es eliminado violentamente. Es que el mundo no puede soportar
el mensaje cristiano cuando se expresa con su fuerza original. Las palabras
de Jesús: "Si a mí me persiguieron, los perseguirán a ustedes", son para
siempre. Pueden dar buena fe de ellas los laicos, obispos y sacerdotes de
América latina, que por su fidelidad al Evangelio sufren hoy las
consecuencias de la violencia institucionalizada.
La
actitud de Jesús en el Evangelio es de una profunda unidad. El quiere
afirmar a fondo la trascendencia de su mensaje, su originalidad en un mundo
cerrado en la inmanencia. Sin embargo, es fundamental tener en cuenta, como
lo señala Cullmann, que su actitud no puede ser traspuesta sin más a
nuestros días. Son muchos los teólogos que afirman hoy. Cullmann entre
ellos, que en la perspectiva de Jesús el fin del mundo era inminente y, por
lo tanto, poco importaba cambiar las estructuras de la sociedad. Es
importante entonces, como lo dijimos antes, no absolutizar al Jesús
histórico cuando lo buscamos como norma para orientar nuestra actitud frente
al compromiso político y la revolución. Para los cristianos, Jesús es el
Cristo resucitado que, vivo y lleno de fuerza sigue conduciendo a su pueblo
a través de la Iglesia, de su Magisterio y de la Historia. El cristiano de
hoy, convencido de que estructuras injustas dificultan la conversión del
corazón, no debe olvidar jamás ,la necesidad de la revolución interior.
En la Unión Soviética se ha realizado una revolución social y