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Asalto del ERP al Batallón de Arsenales "Domingo Viejobueno" el 23 de diciembre de 1975

En diciembre de 1975 el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) emprendió el mayor combate librado en Argentina entre la guerrilla y las fuerzas estatales. Por el despliegue de efectivos y medios, la duración de los enfrentamientos y el amplio teatro de operaciones que abarcaron, el ataque al Batallón de Arsenales "Domingo Viejobueno", próximo a la localidad bonaerense de Monte Chingolo, y las acciones que lo acompañaron, constituyeron una verdadera batalla.

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"Es posible decir que el saldo impresionante (…) del episodio de Monte Chingolo, produjo en muchos un sentimiento de alivio: cien muertos son cien enemigos menos, y si fueron más mejor, cualquiera haya sido la manera de su muerte" (Editorial de la revista católica Criterio del 22 de enero de 1976.)

Monte Chingolo

El 23 de diciembre de 1975, el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) intentaba copar el depósito de arsenales de Monte Chingolo pero la acción ya estaba cantada. Una feroz represión a los combatientes y a los vecinos de la zona fue el saldo.

Por Luciana Bertoia

La acción que se llevó a cabo el 23 de diciembre de 1975 en el sur del conurbano había sido planificada para extraer armas del batallón Domingo Viejobueno de Monte Chingolo, un importante depósito de arsenales. El armamento guerrillero era escaso en esos tiempos y con una operación de semejante envergadura se podrían solucionar varios de los problemas que acarreaba la escasez. Y, según explican los protagonistas, se podría dar un paso adelante en la lucha revolucionaria. Sin embargo, Monte Chingolo se convirtió en la derrota más sangrienta de la guerrilla urbana en la Argentina.

Una gran cantidad de combatientes habían sido designados para intervenir en la toma del Batallón de Arsenales 601. El Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) había dispuesto para esta acción a su unidad militar más numerosa, el Batallón General San Martín que estaba integrado por tres compañías. El grupo de asalto guerrillero estaba al mando del capitán Abigail Attademo. Por su parte, militantes del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) participaban de actividades de contención, que tenían como objetivo el corte de las vías de acceso desde la Capital Federal y la zona oeste a la zona sur del Gran Buenos Aires.

Tal como se explicaba en un boletín interno de la organización dado a conocer a cuatro días del fracaso del copamiento, el ERP planeaba extraer de Viejobueno alrededor de 20 toneladas de armamentos: 900 FAL con 60.000 tiros, 100 m-15 con 100.000 tiros, seis cañones antiaéreos automáticos de 20 milímetros, quince cañones sin retroceso, italasas con sus proyectiles y 150 subametralladoras. Sin embargo, este objetivo no se pudo completar.

El fracaso del operativo que comenzó antes de las 20 del día anterior a la nochebuena se debió a la infiltración dentro de la organización revolucionaria de un agente del Servicio de Inteligencia del Ejército (SIE). Así fue como las fuentes castrenses previeron que el golpe del ERP se realizaría en Monte Chingolo. Y lo esperaron.

Las cifras dejan en evidencia la magnitud de la masacre. "Más de cuarenta combatientes del ERP, cinco militares -tres de ellos, conscriptos- y una cantidad nunca determinada de vecinos murieron en el cuartel y sus inmediaciones, durante y después del mayor enfrentamiento librado en la Argentina entre una fuerza guerrillera y efectivos militares", detalla Gustavo Plis-Sterenberg en su libro "Monte Chingolo".

Años después se supo que efectivamente hubo combatientes que cayeron prisioneros dentro del predio de Viejobueno y cuyos cuerpos nunca aparecieron. El diario Página/12 aseguró en 1999 que tuvo acceso a una información militar en la que se hablaba claramente de sobrevivientes. "A las 3.30 de la madrugada del 24 de diciembre, siete horas después de comenzado el ataque al Batallón de Arsenales y cuando el enfrentamiento había finalizado, el escribiente militar detalla que 'el Capitán Lazzarano con cinco vehículos marcha a transportar detenidos, custodiados por la fracción al mando del Teniente Silvani'. Media hora más tarde se detalla que 'regresa la columna con los detenidos'. A partir de este momento, el registro sólo refleja los preparativos efectuados para recibir la visita del Comandante de la fuerza, general Jorge Videla", repasa el periodista Eduardo Tagliaferro.

"Nuestros compañeros no cayeron combatiendo sino que después de haber sido hecho prisioneros fueron asesinados por las fuerzas del Ejército. De estos 50 compañeros, yo creo que más o menos unos 20 deben haber caído en combate y los otros 30 deben haber sido asesinados", comentó a esta cronista Daniel De Santis, ex dirigente del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT).

El oso

Jesús Ramés Ranier se incorporó al ERP a fines de 1974. Había militado en las Fuerzas Armadas Peronistas 17 de octubre (FAP-17 de octubre) y tenía buenos amigos en la derecha sindical peronista. Tal como se explica en el libro "Monte Chingolo", Ranier se convierte en "filtro" después de caer en manos de la Policía. Tras ser capturado en una pinza montada por la Bonaerense, el "Oso" se quiebra rápidamente. Así es como, atemorizado por su vida y la de su familia, empieza a trabajar para los servicios de Inteligencia.

Los contactos de Ranier serían con el jefe de la división Situación General del Batallón 601 de Inteligencia del Ejército, el coronel Carlos Antonio Españadero. Este militar al que el "Oso" le suministraría información por teléfono era más conocido por su alias "Peirano".

Aunque la misión de Ranier no se basaba únicamente en su supervivencia. Se podría decir que su función era vocacional. El traidor cobraba un sueldo mensual, por lo que su caracterización como agente es más que acertada. Y recibía grandes premios por delatar una acción importante o por señalar a un militante notorio de la organización.

En la revista El combatiente del miércoles 21 de enero de 1976 aparece publicada la confesión del "Oso". Allí, el infiltrado declara que ganaba mensualmente la suma de 1.200.000 pesos y que por entregar la operación de Monte Chingolo recibió 30 millones de pesos.

Al actuar dentro del ámbito de Logística del ERP, el "Oso" conocía algunas casas operativas y sabía hacia dónde se trasladaban armas. Además, como era chofer, podía tener manejo de la mayoría de las municiones que debía entregar a los militantes.

Al respecto, De Santis recuerda el encuentro que tuvo con Ranier antes del intento de copamiento de Monte Chingolo. Daniel iba a participar en una contención en el Puente Ocho. Pero para hacerlo los ocho integrantes de la escuadra erpiana necesitaban el armamento y los autos, que debería entregarles justamente el infiltrado. El compilador de "A vencer o morir" revive el encuentro en el Parque de Lomas de Zamora: "Estaba en la cita con un pañuelo (que era la contraseña) y veo aparecer un Ford Falcon -color crema- con dos personas a bordo. El que manejaba tenía el aspecto característico de los integrantes de los servicios de inteligencia y de la policía, sobre todo, de la provincia de Buenos Aires. Dudé un momento si irme o no. Me quedé porque era la cita. Este auto, que venía a gran velocidad, cuando me vio, se detuvo y subí."

Pero el indicador más certero de que se podía tratar de un miembro de los Servicios de Inteligencia apareció en la conversación: "Antes de entregarme al lugar donde estaban ubicados los coches con las armas, me preguntaba: 'Adónde vas a ir', 'Adónde te llevamos'"

Acto seguido, al militante del PRT le explican cómo hicieron para llegar a la cita desde la zona de Quilmes. La anécdota fue tan sorprendente que Daniel sólo atinó a pesar que la gente del ERP era muy intrépida. "Me contaron que la cita se la habían dado en la zona de Quilmes diez minutos antes y habían tenido que venir a toda velocidad por la avenida Pasco con las luces prendidas. El 'Oso' había sacado una pistola y se abría paso entre los demás vehículos como si fuera un auto de la policía".

Después de lo vivido, De Santis comentó con su responsable sus sospechas. Pero todo fue peor cuando el 23, ya en el Puente Ocho, los combatientes abrieron los baúles de los autos y notaron que faltaba gran parte del armamento. En un primer instante, debieron recomponerse del golpe anímico que significó la falta de las armas pero así y todo pudieron cumplir con su función y cortar el acceso.

Aunque había evidencias más elocuentes para suponer que la organización revolucionaria estaba infiltrada y que la acción había sido entregada, no hubo marcha atrás. Días antes del intento de toma caían trece dirigentes del área de Logística y el comandante Pedro Juan Eliseo Ledesma. A pesar de esto, el Buró Político decidió seguir en pie con la operación.

El traidor a la causa revolucionaria

Tres días después del fracaso de la acción, el 26 de diciembre de 1975, los integrantes del Buró Político se plantearon la posibilidad de que los estuvieran esperando dentro del Batallón.






















Monte Chingolo - Pintada 2006

Después de hacer una lista de las caídas más importantes y de las personas que tuvieron alguna relación, se hizo evidente un dato. El "Oso" aparecía siempre, a pesar de los diferentes descartes. Él siempre había concurrido a la cita o había trasladado armamento.

Por eso, se empezaron a buscar sus antecedentes, que eran nulos. La certeza de su delación era casi total pero no se tenían pruebas definitivas. Así que se decidió detenerlo e interrogarlo.

El 28 de diciembre una escuadra detuvo a Ranier junto a otro militante leal, "Coco". A éste se le había asignado la misión de simular la detención. La idea era ejemplificar con "Coco" el posible maltrato que sufriría el "Oso" si no confesaba. Aunque la tortura física quedaba desterrada para el ERP, después de que Mario Roberto Santucho afirmara que la guerrilla no podía emplear los mismos mecanismos que el enemigo.

El 13 de enero un Tribunal Revolucionario condenó a Jesús Ramés Ranier por "traición a la revolución y delación al enemigo". La pena era una sola: la muerte.

A Ranier le fue comunicado su destino y se le preguntó cómo prefería morir: con la inyección letal o con un disparo. El "Oso" prefirió la segunda opción. Nunca había sido un valiente. En su supuesta militancia, había procurado evitar cualquier enfrentamiento armado.

El 14 de enero de 1976 aparecía un cadáver en Flores. Era el de un hombre joven -de unos 29 años- y corpulento. Un epitafio lo acompañaba: "Soy Jesús Ranier, traidor a la revolución y entregador de mis compañeros".

En su condena pesaban las detenciones, desapariciones y ejecuciones de muchos militantes, la entrega de talleres de armamentos y automotores, las cárceles del pueblo de Pilar y Florencio Varela, un depósito de propaganda y la acción del Batallón 601.

La sentencia del Tribunal Revolucionario era aleccionadora: "La justicia popular tarde o temprano descargará su fuerte brazo sobre los criminales contrarrevolucionarios, sobre todos los que realizan crímenes contra el pueblo".

Fuente: www.anred.org, diciembre 2006


Gloria a los héroes de Monte Chingolo

Por PRT - Argentina (Pedro, corresponsal de Estrella Roja)

Hace unos días se encontraron la totalidad de los restos de los compañeros caídos en combate en el copamiento del Batallón de Arsenales "Domingo Viejobueno" de Monte Chingolo, el 23 de diciembre de 1975. Algunos de los restos ya habían sido encontrados en ocasiones anteriores.
Estos son los restos de los compañeros que cayeron dentro del batallón y en el perímetro inmediato al mismo. Muchos de ellos heridos y luego fusilados, aplastados por tanques y topadoras, torturados aún en sus últimos momentos de vida.

Quedan aún las palabras sorprendidas de los mismos militares asesinos y genocidas que no podían creer la moral de combate de nuestros compañeros, que en su último aliento cantaban la marcha del Ejército Revolucionario del Pueblo y gritaban "Vivas" a la Revolución, a pesar de la inferioridad de fuerzas. El mayor ejemplo de esta moral se vislumbra en el hecho de que aún cuando los compañeros habían sido traicionados por un infiltrado (el Oso Ranier, posteriormente ejecutado por la Justicia Revolucionaria), eran esperados y contaban con escaso armamento (que en muchos casos estaba saboteado), nuestro glorioso ERP bajo la Dirección político militar de nuestro Partido, con menos de 150 compañeros, llegó a tomar casi el 70% del batallón contra más de 3500 efectivos parapetados con armamento pesado y apoyo aéreo. 4 regimientos de tierra, 2 de aire, la Policía Provincial y la Federal fueron necesarios para detener la justa acción revolucionaria que tenía como objetivo armar al pueblo para enfrentar en mejores condiciones a la dictadura militar del 76.

Dichos compañeros fueron parte del batallón "José de San Martín" conformado por las compañías "Héroes de Trelew", "Juan de Olivera" y "José Luis Castrogiovanni", pero muy especialmente de la unidad de combate "Guillermo Rubén Pérez", conformada por integrantes de las compañías "Castrogiovanni" y la "Compañía de Monte Ramón Rosa Giménez", más un grupo de las compañías "Decididos de Córdoba" y "Che Guevara". El Comandante Juan Eliseo Ledesma, el "Comandante Pedro", había caído con oficiales de nuestro ERP días atrás, y que en esos momentos agonizaba destripado en las mazmorras de Campo de Mayo, pero aún así sin traicionar a sus compañeros. Todo lo contrario, mostrando su profunda moral revolucionaria y con la causa histórica del proletariado, enfrentado victorioso el combate contra el enemigo.

Estos compañeros, luchadores y guerrilleros, formaron parte de los alrededor de 5.000 compañeros que cayeron desde la fundación del Partido, ya sea como integrantes del Partido o el Ejército, familiares de los mismos o simplemente personas que colaboraron con esta lucha, como los más de 1000 asesinados y desaparecidos en los alrededores del monte tucumano por ser sospechosos de ayudar o simplemente simpatizar con la heroica "Compañía de Monte Ramón Rosa Jiménez".

Muchos de nuestros compañeros son desconocidos por las necesidades de tabicamiento, o sólo conocidos por su nombre de guerra. En Monte Chingolo hubo varios compañeros sin identificar, pero es justo que recordemos a aquellos que dieron su vida, y que honremos dicha vida como ejemplo de lucha, de moral revolucionaria, de compromiso con la patria socialista, DEL CAMINO QUE DEBEMOS CONTINUAR, DEL CAMINO QUE ESTAMOS CONTINUANDO.

Sus nombres son:


Informe periodístico el día después del ataque al arsenal

Daniel Barbate, 21 años
Francisco Blanco, 21 años
Hugo Boca, 17 años (JG)
Carlos Bonet
Aída Bruchstein, 24 años
Alejandro Bulit
Roberto Cejas, 22 años
Carlos Cingualbe, 28 años
Hugo Colautti, 32 años
Jorge Correa, 19 años
Carlos Crespo
Francisco Cuello, 31 años
Eduardo Delfino
Nelly Enatarriaga, 31 años
Eduardo Escobar Bustos, 23 años
Orlando Fabián, 24 años
Norma Finocchiaro, 25 (embarazada, asesinada a culatazos)
Ernesto García, 20 años
Silvia Gatto, 24 años
Angel Gonzalez, 25 años
Tristán Guanziroli
Ismael Islas Ibarra, 50 años
Mónica Lafuente, 21 años
Vicente Lasorba, 25 años
Ana María Lezcano, 25 años, embarazada, detenida con vida apareció en el Riachuelo con un compañero no identificado.
Ana María Liendo, 25 años
Omar Lorenzo Rodríguez
Carlos Machado, 23 años
María Marabotto de Escobar, 16 años (JG)
Alejandro Mastrogiovanni, 24 años
Luis Menéndez, 27 años
Rubén Mensi, 21 años
Ismael Monzón, 19 (JG)
Víctor Mosqueira, 19 años
Carlos Oroño
Cristóbal Paredes
Guillermo Ramos Berdaguer, 21 años
Nancy Rinaldi, 25 años
Guillermo Salinas, 35 años
Humberto Salvador, 22 años
Carmen Sánchez, 20 años
Miguel Sánchez, 24 años
Guillermo San Martín, 23
Abel Santa Cruz Melgarejo, 21 años
Gastón Schottenfeld, 19 años (JG)
Rodolfo Siba
Luis Sportuno, 20 años
Carlos Stanley, 22 años
Roberto Stegmayer, 31 años
Enrique Tauil, 26 años
Claudio Tisminetzky, 21 años
Juan Carlos Valencia, 43 años
Víctor Vázquez Valdivia, 30 años
Más nueve camaradas sin identificar.

Hoy el Equipo Argentino de Antroplogía Forense está trabajando para identificar los restos de nuestros compañeros, cuyos nombres han vencido a la muerte para convertirse en ejemplo de lo que un revolucionario debe ser, el compromiso de luchar hasta las últimas consecuencias A VENCER O MORIR, guerrilleros heroicos que siguieron el ejemplo del gran comandante Ernesto Che Guevara. Nuestros héroes, nuestros queridos compañeros, los mejores de la generación revolucionaria de los 60 y 70 cayeron luchando, combatiendo, no pidamos que ellos hagan el trabajo que ahora nos toca a nosotros, los que quedamos y las nuevas generaciones de revolucionarios. Basta de "memorias" que matan la memoria de lo que nuestros compañeros fueron: luchadores, clasistas, guerrilleros, REVOLUCIONARIOS. Este gobierno burgués no podrá apropiarse de estos caídos, de los héroes, porque ellos no lucharon por este país de exclusión, de súper explotación, de entrega, de hambre, miseria y muerte. Ellos lucharon contra lo que este gobierno representa.

No olvidamos los nombres de nuestros compañeros, su pensamiento y ejemplo. Su accionar vive en la Reconstrucción del PRT, en la construcción del PRT Santucho, en el camino de la Guerra Revolucionaria Popular y Prolongada, hasta la Victoria, SIEMPRE.

62 Compañeros Héroes de Monte Chingolo: Presentes!!!
5.000 Héroes de nuestro PRT-ERP, 30.000 detenidos desaparecidos: ESTAMOS CUMPLIENDO!!!
A VENCER O MORIR POR LA ARGENTINA!!!

Fuente: Indymedia Argentina


Argentina, diciembre de 1975

Por Alberto Amato (Clarín, 2000)

Fue la semana en la que vivimos en peligro. Un anticipo despiadado de la vida en peligro que nos esperaba de allí en más. Entre el 18 y el 23 de diciembre de 1975 el país fue sacudido por la violencia: un intento de golpe de Estado encarado por la Fuerza Aérea intentó derrocar al gobierno de la entonces presidente María Estela Martínez de Perón. Cinco días después, el mayor ataque guerrillero contra una instalación militar, el arsenal Domingo Viejobueno de Monte Chingolo, terminó en desastre para los irregulares y marcó el final del accionar armado del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo) diezmado ya en los montes tucumanos.

Tres meses después de estos dos hechos, el 24 de marzo de 1976, el golpe militar de las fuerzas armadas lideradas por Jorge Videla, Emilio Massera y Orlando Agosti no sólo derrocaría a la viuda de Perón: instauraría en el país el terrorismo de Estado, la práctica de secuestrar, torturar, asesinar y ocultar luego los cadáveres de miles de opositores a quienes se calificó con el eufemismo de "desaparecidos". La pesadilla de la más cruel tiranía padecida por la Argentina terminaría, seis años después, con la derrota de Malvinas a manos de Gran Bretaña.

Pero todo eso parecía imposible en diciembre de 1975. Un año y medio antes, junto con Juan Perón, habían muerto en el país las últimas esperanzas de un renacer de la democracia y de un sistema civilizado de convivencia.

Acosada por su incapacidad, por los militares, por el poder económico que vació las góndolas de los supermercados, por los gremios que corrían en pos de igualar los salarios a los caprichos de una inflación desorbitada y con una causa judicial pendiente por una presunta defraudación, Isabel, la viuda de Perón, se debatía en vano por continuar al frente de la presidencia y se negaba a renunciar.

El Congreso, con mayoría peronista, se negaba a iniciarle un juicio político. Las fuerzas armadas, que ya tenían planificado el golpe e, incluso, la fecha del alzamiento, esperaban cruzadas de brazos a que "todo se deteriorara más", como reveló este diario en 1998 al analizar una serie de documentos de la época cruzados entre la Embajada de los Estados Unidos y el Departamento de Estado de ese país.


Algunas escenas del día después y la opinión de un militar

El 17 de diciembre el gobierno decidió anticipar las elecciones generales de 1977 para el 17 de octubre de 1976. Fue la salida ideada por el gabinete de la viuda de Perón como un intento de aplacar al golpismo en acecho. Era tarde. Y fue inútil. Ese mismo día, el general Antonio Bussi se hizo cargo de la V Brigada de Infantería de Tucumán, el general Leopoldo Galtieri asumió como segundo jefe del Estado Mayor del Ejército y el general Reynaldo Bignone se hizo cargo del Colegio Militar. Al día siguiente se sublevó la Fuerza Aérea.

Los golpistas obedecían al brigadier Jesús Orlando Capellini, un militar nacionalista que detuvo al jefe de la fuerza, Luis Fautario, en pleno Aeroparque Jorge Newbery. El gobierno designó a Agosti como jefe de la fuerza mientras los golpistas dejaban en claro sus pretensiones: "1) Considerar totalmente agotado el actual proceso político que agobia al país; 2) Desconocer las autoridades que detenta el gobierno nacional y 3) Requerir que el comandante del Ejército asuma en nombre de las FF.AA. la conducción del gobierno nacional."

Los sublevados sobrevolaron la Casa de Gobierno y arrojaron panfletos mientras el gabinete de Isabel (el actual senador Antonio Cafiero y el hoy gobernador de Buenos Aires Carlos Ruckauf eran entonces ministros de Economía y Trabajo) intentaba superar la crisis. La Armada y el Ejército se mantuvieron al margen. Todavía no era la hora. Videla instó a "dar un ejemplo de cohesión, disciplina, desinterés y responsabilidad", cualidades que echaría por la borda tres meses después.

La sublevación militar terminó el lunes 22, después de que los amotinados se refugiaran en la base aérea de Morón, que fue bombardeada. La débil reacción del entonces poderoso sindicalismo y la indiferencia con la que la ciudadanía siguió el levantamiento llevaron tranquilidad al golpismo: el ensayo general del 24 de marzo de 1976 había sido perfecto.

El martes 23, a menos de veinticuatro horas de superado el alzamiento aeronáutico, la guerrilla lanzó su golpe más ambicioso de los tantos que había dado desde finales de los años 60. Un grupo de cerca de 270 guerrilleros, en su mayoría del ERP (se dijo en su momento que había también miembros de la guerrilla peronista Montoneros), intentó copar el Batallón de Arsenales 601, Domingo Viejobueno.

Los estaban esperando. Un agente de inteligencia del Ejército, Juan "Oso" Ranier, infiltrado en el ERP, había anticipado el golpe guerrillero. La madrugada del miércoles 24 encontró la zona sur del Gran Buenos Aires en pie de guerra. Tanques, aviones, incluso tropas de la Armada tomaron parte de una batalla por la recuperación del cuartel. Las tropas ingresaron luego a una villa miseria cercana donde, se dijo entonces, se habían refugiado los atacantes. Se cree que al menos 85 irregulares murieron esa noche, lo mismo que un número nunca determinado de inocentes alcanzados por los tiroteos que se extendieron por Lanús, Villa Dominico y Lomas de Zamora. También murieron un capitán, un teniente primero, un sargento ayudante, cuatro soldados y dos policías.

La noche del 24 de diciembre, desde Tucumán, Videla dijo observar "con la sana rabia del verdadero soldado, las incongruentes dificultades en las que se debate el país, sin avizorarse la solución"

El país estaba helado por la sorpresa. Oscilaba entre el desconcierto y el terror. Intentaba descifrar las andanzas de un dólar financiero especial ($82,45) y otro dólar financiero ($58). Y también intentaba sobrevivir, claro. La clase media pugnaba por el dos ambientes ($650.000 en Devoto) o por el Citroen 2CV ($85.000 un usado) y hasta arañaba de vez en cuando un traje de fibra poliester ($3.199). Tampoco veía soluciones. Y ni siquiera avizoraba lo que Videla y compañía tenían en mente. También intentaban sonreír.

En el Teatro Astros, dos grandes de la revista, Alfredo Barbieri y Don Pelele, apostaban a la esperanza. Cada noche salían con sus disparates a representar: "Entre julepe y julepe llegaremos al 77"

Pero no, no llegamos.


Qué pasaba en la Argentina en 1975

El deterioro del gobierno de Isabel Perón aumenta cada día más. Este año hay 860 muertos por causas políticas y la inflación alcanza al 330 por ciento.

El país tiene cuatro ministros de Economía en un año. Uno de ellos, Celestino Rodrigo, vinculado a López Rega, decreta una brutal devaluación del 150 por ciento y un aumento de tarifas del 200 por ciento. La nafta aumenta un 172 por ciento. Es el famoso "Rodrigazo". Los sindicatos se resisten a esta política, abandonan la Gran Paritaria Nacional, que intentaba reeditar el pacto social y, en una gran movilización, piden la expulsión de López Rega. Finalmente, la presidenta debe acceder a que "El Brujo" renuncie a sus cargos y abandone el país.

Antonio Cafiero asume en el Ministario de Economía.

Pero el alejamiento del siniestro personaje no mejora las cosas. En Tucumán, cae un avión en el que viajaba el general Enrique Salgado, que llevaba soldados para enfrentar a la guerrilla rural: mueren 13 personas.

El 4 de Febrero, las Fuerzas Armadas reciben la orden de reducir a la guerrilla del E.R.P. en Tucumán, quienes habían derribado un avión Hércules C-130. Según el Ejército, se producen 350 bajas.

Posteriormente, Montoneros intenta atacar un regimiento de Formosa y no tiene éxito. Los atacantes huyen en un avión de línea secuestrado pero la Mayoría es capturada. El 23 de Diciembre, hay un ataque conjunto del E.R.P. y Montoneros contra el Regimiento 601, ubicado en Monte Chingolo. La operación también fracasa y hay 100 guerrilleros muertos.

Otros hechos de violencia ocurridos este año son el asesinato del general Jorge Cáceres Monié y su esposa, cerca de Paraná; la bomba, atribuida a la Triple A, que destruye los talleres del diario cordobés La Voz del Interior; la destrucción por parte de Montoneros de una fragata que se estaba construyendo en Río Santiago y la explosión que afecta el Teatro Estrellas, donde se presentaba Nacha Guevara y que provoca dos muertes.

Después de varios cambios, la presidenta designa comandante en jefe del Ejército al general Jorge Rafael Videla. Luego, pide licencia y se establece en Córdoba para cuidar su salud. Por un momento se cree que la presidenta renunciará y que será reemplazada por Italo Luder.

El déficit de la balanza comercial y la salida de capitales acentúan aún más el nivel de endeudamiento. La estatización de las deudas del sector privado y los créditos que contrae el Estado desde 1976 disparan el endeudamiento en forma exponencial.

Sobre Isabel pesa una grave acusación por manejos irregulares en la Cruzada de la Solidaridad, similar a la Fundación Eva Perón. La acusación es por la firma de un cheque por 3.000 millones de pesos. Pero después de un mes, Isabel reasume la presidencia y, aún sin la influencia nefasta de López Rega, se la ve vacilante y errática y crecen los rumores sobre un golpe militar. Una virtual sublevación de la Fuerza Aérea, ocurrida hacia fines de año, es como un anticipo de lo que inevitablemente va a suceder en pocos meses.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

Lorenzo Miguel, Isabel Perón, Casildo Herrera y el ministro Mondelli
 

Este año muere Aníbal Troilo, "Pichuco", intérprete del tango y renovador de su música.

Por otra parte, inicia sus actividades la Universidad Nacional de Mar del Plata. Pero el desarrollo cultural es menor al de años anteriores. Leopoldo Torre Nilsson estrena El pibe cabeza, una de sus películas menos logradas, y Yo maté a Facundo, de Hugo del Carril, pasa casi inadvertida.

También tiene escasa repercusión el decreto que, el 7 de Octubre, firma la presidenta y que encarga a las Fuerzas Armadas el cuidado del orden interno y la lucha contra la subversión. Esta norma será el amparo que luego reclamarán las Fuerzas Armadas para justificar su accionar contra las organizaciones guerrilleras. Y aunque convoca a elecciones para fines de 1976, son pocos los que creen que el gobierno de Isabel llegará hasta entonces.

La gente está harta de la violencia, de la inseguridad, del problema económico y descree de la democracia. El reclamo de orden se extiende a todos los sectores y ya se sabe cuál es la institución que puede imponerlo, aunque sólo sea mediante el uso de la fuerza.

El grupo Sui Generis se despide con dos recitales en el Luna Park. El 7 de Septiembre reunen a 30 mil personas.

El 14 de Agosto, y después de 18 años, el equipo de River Plate gana el torneo Metropolitano.

Fuente: www.todo-argentina.net


A 30 años de Monte Chingolo

Por Carlos Torrengo, 24/12/05

La mayor batalla de la guerrilla que marcó también su final.

Aquel diciembre del ’75 siempre será difícil de olvidar. Un país ensangrentado por la violencia de índole política se encerraba en sí mismo y esperaba un golpe militar que se tornaba inexorable. En ese marco, el ERP atacó en Monte Chingolo, en un intento desesperado por recuperar poder. No lo logró.

El recuerdo de tanto horror borra la textura del material que cubría los cuerpos destrozados.
Pero está latente que, fuera lona o tela, una u otra se habían pegado a las heridas transformadas en costras.
Cuerpos de adolescencia casi sin terminar cuando se toparon con la muerte. El calor los descomponía aceleradamente. Se imponía el olor a muerte.


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Arboles desgajados por la furia del combate. Maceteros descuajeringados. Paredes cribadas por ráfagas. En una de ellas, una inmensa mancha de sangre con restos humanos pegados. Muchos años después, el minucioso relato de Gustavo Plis-Sterenberg develaría la naturaleza de esa casi estampa de cuerpo: un guerrillero del ERP fue atado a la trompa de un Carrier y estrellado contra el muro de ese depósito de Batallón de Arsenales "Domingo Viejobueno", situado en Monte Chingolo, al sur del Gran Buenos Aires.
Quien escribe estas líneas entró en el predio de la unidad en las primeras horas de la tarde del 25 de diciembre de aquel terrible 1975. Acompañaba a un oficial de la Armada que, en situación de retiro, sospechaba que una sobrina suya había caído como miembro del ERP en lo que la historia recupera como "la última batalla de la guerrilla en la Argentina".
– Mire rápido, señor –le advirtió al oficial de la Armada un civil de porte militar–. El periodista entró en condición de "un familiar".
El ERP había perdido más de setenta militantes dentro de la unidad y en zonas aledañas. El Ejército y la Bonaerense, diez. Pero estaban los otros muertos, los de la población civil: ocho, según el parte oficial. Más de cuarenta, según la investigación de Gustavo Plis-Sterenberg.
Una nena de cuatro años degollada por una esquirla. A otra, de once, una ráfaga le borró el pecho y la vida.
El marino y el periodista se encontraron circunstancialmente en aeroparque. Uno llegaba desde Jujuy; el otro, desde Bahía Blanca. Los une una sólida amistad forjada en años, incluso de desacuerdos que aún mantienen.
– Acompañame, vamos a Monte Chingolo... creo que ahí puede estar la hija de Guillermo, mi cuñado –dijo el marino–. Una hora larga después, en un marco propio del Saigón de la Ofensiva del Ted, entraban al batallón de Monte Chingolo.
El grueso de los cuerpos había sido retirado. Posiblemente no habría más de ocho o diez alineados en un potrero que los años imaginan lindero a una cancha de fútbol. Lonas o telas crujían al despegarse de la sangre coagulada. Casi como resistiéndose a revelar la cara del horror.
Semana terrible aquella que precedió la Navidad del 25 de diciembre de 1975. Un eslabón más en un tiempo en el que desde largo en la Argentina mandaba la violencia política. Mandato que se prolongaría por varios años más; aún restaba la noche larga de dictadura.
El régimen de la cupletista Isabel Perón se desvanecía zamarreado por contradicciones y luchas intestinas y desafiado por la violencia de la izquierda y la respuesta de la derecha.
El poder estaba muy disperso en el país de aquellos tiempos. Y desde un punto de la estructura de poder ya se dibujaba cómo cohesionarlo en un único vértice.
Ya en aquel diciembre ese dibujo tenía forma de golpe militar.
Pero no era ese diciembre el momento para que tronara la lugoniana y fascistoide "Hora de la Espada".
Y eso fue lo que no entendió en aquel diciembre del ’75 el ultramontano brigadier Jesús Orlando Capellini. El 18 se sublevó en la Zona Militar del aeroparque Jorge Newbery. Lo hizo bajo invocaciones varias. La patria. Cristo Rey. Alguna Virgen. Una larga lista de valores supuestamente ligados a los argentinos. Y, fundamentalmente, la necesidad de orden.
– ¡Qué pelotudo este Capellini! –recupera la historia que dijo Jorge Rafael Videla desde el exterior–. Inmediatamente, el Ejército se corre de toda especulación sobre su rol en ese cuadro. Está con el orden constitucional. La Armada se le suma.
A Capellini –"Capelletti" para "Tato" Bores– se le suma Base Aérea de Morón. Y aquí, también con atisbos lugonianos, un joven oficial de la Fuerza Aérea que acompaña la chirinada sentencia solemnemente por radio: la vida se modela en cuatro verbos de acción: "armar, combatir, mandar y enseñar".
Capellini y Morón se juramentan: caerán en la cruzada.
Pero, a los primeros tiros, se rinden.
Aunque hay alguien que no repliega planes ni acciones. Se llama Roberto Santucho. Lidera el ERP, en aquel diciembre del ’75 acorralado por la represión. En los montes tucumanos está en vías de ser diezmado. En el teatro urbano, desde mayo pierde sistemáticamente cuadros y militantes.
Es complejo imaginar que el desánimo ganara al ERP. Se lucha y muere heroicamente. La entrega es total y exenta de fanatismo. Pero la poda y los términos en que se lo poda es brutal. Hoy se sabe que en la intimidad de cada militante y cuadro estaba instalado el revulsivo generado por aquel todo y nada.
La respuesta que Santucho y el alto mando del ERP dan al cuadro de situación apela a lo demencial: intensificar la lucha. Nada de repliegue.
Más vanguardismo. Más militarismo.
Gustavo Plis-Sterenberg es un hombre fino, culto. Director de orquesta sinfónica en Europa. Cuando habla de su estremecedor "Monte Chingolo, la mayor batalla de la guerrilla argentina", confiesa no querer hablar de dónde estuvo él en toda esa tragedia.
Pero explica:
– El ataque al batallón de Monte Chingolo se explica como un acto de desesperación política. Santucho quería, mediante una acción militar de envergadura contundente, revertir el cuadro de situación desfavorable que sobrellevaba el ERP, plantear un nuevo escenario político... el mejor momento del ERP fue cuando no se olvidó de la política, cuando puso la política por delante. O sea, cuando tenía frente sindical, estudiantil, militar e incluso frente legal. Pero ya para mediados del ’75 todo eso había dejado de existir o estaba en vías de hacerlo... entonces la desviación fue el militarismo puro... balazo por balazo. ¿Línea sin objeciones? Bajo un régimen de represión que buscaba el exterminio, no se podía mantener una dinámica de debate democrático ni autocrítico... se cayó en un verticalismo feroz. Y así se fue a Monte Chingolo.
En el atardecer del 23 de diciembre del ’75, más de cien cuadros y militantes del ERP atacan el batallón de Monte Chingolo. Están armados precariamente para semejante operación. Y los están esperando.
Porque hace años que, de la mano del un coronel de Inteligencia de apodo "Españadero", el Ejército tiene infiltrado al ERP. "Oso" Ranier, ése es el nombre del infiltrado. En sus memorias, Enrique Gorriarán Merlo (Edt. Planeta) dice que a lo largo de ese lapso, Ranier entregó operaciones y centenares de cuadros y militantes. Santucho no ignora que hay un infiltrado, pero sigue adelante. Hasta la madama de un cabaret lindero al batallón sabe que el ataque está por suceder.
El ataque termina en una carnicería. Las escenas que adquiere la represión en las imágenes que se han recuperado dejan sin palabras.
El 24 a la noche, Videla habla desde el monte Tucumano. No hay golpe sin advertencia.
Marzo del ’76 estaba a la vuelta de la esquina. Sólo era cuestión de tiempo y de más sangre.
La sobrina del marino no estaba en Monte Chingolo.

EL GOLPE

Por Gabriel Rafart, 24/12/05

Diciembre del ’75. Tiempo acuciante para la clausura trágica del último capítulo de una democracia que había aceptado vivir la época de la militarización de la política desde su propio advenimiento, en 1973.
Desde mediados del ’75, después del "Rodrigazo" y de la caída de López Rega, la situación en todos los frentes del gobierno peronista era dramática y no había actor que supiera cómo contener la salida militar que muchos entendían irreversible. La sucesión de ministros y los intentos fallidos por promover la salida institucional de la propia Isabel dieron lugar a otros cauces. Los militares empezaron a manejar el tiempo de la política, mientras se extendía la imagen del caos y de una situación de ingobernabilidad producto también de ese peronismo extraviado por arriba y por abajo que era incapaz de encontrar su equilibrio.
En diciembre, los mandos militares estrecharon aún más sus filas. Aun así, propiciaron el clima de ingobernabilidad, amplificando a su medida la idea del desborde social, del caos y de la necesidad de una salida ejemplificadora para la sociedad. Ese mes fue demasiado urgente, de ingobernabilidad por la fragilidad de un orden político peronista que muy pocos creían posible reconstruir. La salida electoral estaba muy lejos del menú de opciones. Por ello no hubo obstáculo al plan elaborado desde los comandos militares. Se impondría un proyecto que no conocía antecedentes en la historia argentina.
Para el último mes de 1975 estaban en camino los componentes de un régimen de naturaleza mesiánica, capaz de disponer de una la voluntad que colocase a la patria en orden y a la sociedad bajo los dictados de una cultura "cristiana y occidental" que la Argentina había extraviado por aceptar el ingreso del germen de la descomposición de la lucha de clases entre tantos intelectuales, estudiantes y obreros fabriles. Y para ello había que desatar la furia de su versión extrema de la militarización para la política, aunque sus acciones ocurrieran mayormente en la noche, sin uniformes ni insignias a la vista, y supusieran torturas interminables y desapariciones masivas; en definitiva, el imperio de la muerte en campos ilegales de detención. La cuestión pasaba por la construcción de una nueva sociedad depurando la totalidad del orden vital heredado. La última dictadura tuvo su fecha el 24 de marzo de 1976, pero su momento de partida se puede hallar en ese diciembre urgente de 1975.

Fuente: www.rionegro.com.ar


Monte Chingolo

Por Daniel De Santis

[Fragmento del documento
Carta abierta a Eleuterio Fernández Huidobro, por Daniel De Santis (pdf) sobre la supuesta colonización de MLN Tupamaros por el PRT-ERP, 24/02/2005]

"...En este contexto nacional el ERP realizó, el 23 de diciembre de 1975, el asalto al Batallón de Arsenales de Monte Chingolo, ubicado a menos de 20 km. de la casa de Gobierno. El objetivo militar que se perseguía era el siguiente: "De acuerdo a lo se sabía de seguro que había, y a la capacidad instalada de nuestros depósitos, se pensaba sacar: 900 FAL con 60.000 tiros, 100 M-15 con 100.000 tiros, 6 cañones antiaéreos automáticos de 20 mm. con 2.400 tiros, 15 cañones sin retroceso con 150 tiros, italasas con sus proyectiles, 150 subametralladoras, etc., totalizando aproximadamente unas 20 toneladas" y desde el punto de vista operativo "Se consideraba posible cumplir ese objetivo aislando por varias horas el Cuartel mediante el corte de los 9 puentes carreteros del Riachuelo y las dos rutas La Plata-Capital Federal, únicos accesos para los refuerzos militares enemigos, y neutralizando las Comisarías principales con ataques de hostigamiento. Además se estableció un cordón defensivo en las calles principales de acceso, a una distancia aproximada de 2000 metros del Arsenal"14.
En tanto que el principal objetivo político era dificultar y retrasar los planes golpistas del Partido militar. Una acción revolucionaria de tamaña envergadura, si resultaba exitosa, obligaría los militares a una mayor preparación del golpe y podría alentar la movilización de masas lo que también dificultaba los planes enemigos.
Como es conocido ese día se produjo el mayor encuentro de armas entre la burguesía y el proletariado de toda la historia Argentina. De la derrota sufrida por nuestras fuerzas y de las críticas a nuestros dirigentes se han escrito páginas que consumieron ríos de tinta y pocos se detuvieron a analizar en detalle lo ocurrido en la, ahora denominada, Batalla de Monte Chingolo por Gustavo Plis-Sterenberg en su libro que precisamente lleva este nombre. Del relato de Gustavo surge un tipo de militante y un tipo de organización revolucionaria de nuevo tipo (muy alejada del marxismo-leninismo pensamiento Mao) que sólo se pudo forjar, como ya le he dicho antes y usted lo sabe por su experiencia, por una línea política también revolucionaria y de nuevo tipo.
Lo que aquí nos importa decir es si esta acción estaba justificada políticamente y si se inscribía en la línea del PRT o se debía a que los dirigentes del PRT "a esta altura estaban perdiendo totalmente la conciencia, la iniciativa y entraban en la desesperación"15 como afirma el renunciante en el libro que usted cita. Respecto a lo primero es necesario considerar todos los elementos de la realidad y no hacerlo bajo un corte populista de la misma. Respecto a lo segundo creo que significaba un necesario salto en el desarrollo de la guerra y de las fuerzas militares revolucionarias, opiniones que paso a exponer.

Documental para descargar - Asalto al arsenal de Monte Chingolo


De 1975, de Roberto Di Chiara, documental periodístico en blanco y negro. El 23/12/75 doscientos combatientes de PRT-ERP se empeñaron en la mayor batalla contra las fuerzas legales con el objetivo de expropiar 20 toneladas de armamentos para dar un vuelco en la relación de fuerzas.

Fuente: ARCOIRIS TV, duración: 9 min
Cortesía de Roberto Di Chiara

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La mayoría de los análisis del período critican la continuidad de la lucha armada bajo un gobierno constitucional pero, esos análisis, no mencionan un hecho determinante en la situación política, tan o más importante que la enorme fiesta popular que significó la asunción del Presidente Cámpora, representante de Perón y del ala progresista del peronismo, y su punto culminante con la liberación de los presos políticos el 25 y 26 de mayo. Nos referimos a la Masacre de Ezeiza el 20 de junio de 1973, a sólo veintiséis días de asumido el nuevo Gobierno. Ese día, para recibir a Perón que regresaba del exilio, se realizó la movilización de masas más grande de toda la historia argentina, alrededor de dos millones de personas. La derecha peronista, responsable de la organización del acto, planificó y ejecutó una verdadera emboscada a las enormes columnas de Montoneros y la Juventud Peronista y en realidad contra todos los asistentes al acto. Desde el palco y desde distintos puntos elegidos tácticamente se lanzó una lluvia de disparos, con armamento de guerra, sobre la masas indefensa. ¡La misma cúpula peronista masacró a sus propios simpatizante! Perón, jefe del peronismo, realizó declaraciones esa misma noche avalando completamente la matanza. Decir esta verdad es muy difícil en la Argentina ya que se nos responde con una suerte de terrorismo ideológico. Les respondemos: ¡no nos crean a nosotros, lean a Perón!
Este hecho marcó el inicio de la contraofensiva derechista contra las fuerzas populares que la habían tomado el 29 de mayo de 1969 con el Cordobazo. El BP [Buró Político] del Partido, debido a varios hechos de signo progresista del gobierno, consideró la posibilidad de suspender la continuidad de las acciones militares, posibilidad descartada después de Ezeiza. Decisión reforzada luego de consumado el autogolpe contrarrevolucionario del 13 de julio de 1973, que derrocó a Cámpora, a sólo cuarenta y nueve días de asumido el nuevo Gobierno. De todas maneras el ERP no realizó ninguna acción armada durante el Gobierno de Cámpora, ni luego de derrocado este, hasta el mes de setiembre, pese a que nuestro compañero Eduardo Giménez, mientras realizaba una pegatina, fue detenido y asesinado el 29 de julio. Es necesario remarcar la verdad histórica ya que, muy superficialmente, casi todos nuestros críticos no se toman el trabajo de investigar los hechos y nos achacan haber realizado acciones durante el Gobierno de Cámpora y soslayan a la Masacre de Ezeiza.

Los análisis que ven en Monte Chingolo las causas de la derrota, por un lado parten de los mismos supuestos que los que critican la lucha armada revolucionaria, el más utilizado es que: las masas no habían madurado lo suficiente, por lo tanto no era el momento, se debía esperar.
Para los críticos nunca llegará el momento de la lucha con la esperanza infantil de que las masas le saquen las castañas del fuego. En cambio para la concepción guevarista hay una relación, si me permite, dialéctica entre lucha de masas y lucha armada en la que una se alimenta de la otra, y, en particular nuestros críticos, no tienen en cuenta que se trataba de una gran acción de cuyo resultado dependía la situación política posterior. Un éxito hubiese fortalecido política y orgánicamente al Partido y al ERP, hubiese multiplicado al menos por 10 su poder de fuego, se podrían haber armado varias compañías en la zona rural -hombres y mujeres dispuestos había- y completado el armamento de todas las urbanas. Pero la afirmación que puede resultar más controvertida, que está en la esencia de la línea del PRT y en la del guevarismo, es que una acción victoriosa en ese momento hubiese repercutido favorablemente en el estado de ánimo de las masas, fortaleciendo políticamente al conjunto del movimiento revolucionario.
Debemos recordar que en la otra región estratégica, el Monte, habíamos sufrido pocos meses antes, el 28 de mayo, una derrota en el plano político aunque, paradójicamente, un triunfo militar. El ERP por intervención de su Compañía de Monte (reforzada) se dirigía al departamento de Famaillá, en la Provincia de Tucumán, donde estaba asentado el Comando Táctico de la V Brigada del ejército enemigo con el objetivo de tomarlo completamente. Para ello debió salir del Monte o sea operar en terreno desfavorable. En la marcha de aproximación, en el paraje llamado Manchalá, la cabeza de la columna fue atacada por fuerzas enemigas. La actuación de los combatientes y oficiales del ERP fue muy destacada ya que pese a la sorpresa batieron a las fuerzas enemigas, y se retiraron ordenadamente. Pero esta suerte de emboscada enemiga abortó los objetivos de la acción. Este desenlace negativo del proyectado copamiento del Comando Táctico y una línea táctica errada que había fijado la guerrilla al terreno, sobre la cual no nos vamos a referir ahora, llevaron a que el ERP perdiera la iniciativa militar en la Región y con ella la política.
Por su parte no había sido completamente exitosa la mayor acción militar llevada adelante por los Montoneros. El 5 de octubre de 1975 se ocupó parcialmente y se recuperó importante armamento del Regimiento de Infantería de Montaña N° 29 con asiento en la ciudad de Formosa, cercana a la frontera paraguaya.
Anteriormente sólo hemos detallado algunos de los hechos más importantes, los que dan cuenta de un año de enormes avances y de un despliegue inusitado de las fuerzas revolucionarias, políticas y militares, de las masas y de la vanguardia (debemos agregar que Montoneros y otras fuerzas revolucionarias se mostraban muy activas en el plano militar y en la acción de masas) pero que no habían culminado en la unidad de los revolucionarios y del campo popular sino que este seguía dividido, lo que no permitió explotar al máximo la situación favorable generada por las masas en las jornadas de junio y julio. En este contexto político y militar se inscribe la decisión del PRT, en todo de acuerdo con la tradición revolucionaria mundial: la aspiración a mantener la ofensiva. Dentro de esta concepción hay que analizar la decisión de realizar la ocupación del Comando Táctico de la V Brigada en Tucumán y la toma del Batallón de Monte Chingolo en el Gran Buenos Aires.
Sólo después de ocurridas las dos derrotas del ERP (y un éxito parcial de Montoneros en Formosa): una política en el Monte Tucumano, y la derrota militar y política de Monte Chingolo, a las que debemos agregar el desbaratamiento a mediados de febrero de 1976 del intento del ERP de abrir un segundo Frente rural en El Cadillal, al norte de la ciudad de Tucumán y, de un primer frente, en la misma zona y en el mismo momento, por parte de Montoneros; digo sólo después de estos hechos hubiese sido correcto prever que el retroceso en las movilizaciones de los últimos meses de 1975 se podía convertir en un reflujo de masas, producto del golpe militar que se esperaba. Se requería realizar un análisis muy valiente y descarnado de la situación en aquel momento (ahora es muy fácil), pero a su vez muy difícil de realizar por verdaderos revolucionarios que habían logrado, debido a su espíritu de ofensiva, hacer avanzar las luchas hasta las puertas de un situación revolucionaria. Este hipotético análisis nos hubiese indicado que el Golpe militar en lugar de provocar un nuevo auge hubiese producido el efecto contrario. Esta conclusión hay que sostenerla con firmeza pero con voz muy serena, con mucho respeto por los compañeros que tuvieron esa responsabilidad porque ellos, desde hace muchos años, no tienen voz.

En varios documentos del Partido se afirmaba que, en la Argentina, se vivía un auge ininterrumpido del proceso revolucionario iniciado en 1969 con el Cordobazo, y que este se sostendría por el desarrollo de las fuerzas revolucionarias políticas y en particular militares.
Nuestro renunciante, en su libro Hombres y Mujeres del PRT-ERP, atribuye la visión de un auge ininterrumpido al contenido positivista (sic.) del pensamiento de Santucho. A nuestro entender este concepto provenía, más que de un análisis lógico, de una generalización de las revoluciones China, Cubana y Vietnamita, las que eran tomadas como ejemplos de revoluciones donde se había seguido un procesos de guerra popular prolongada, en los que la lucha de las masas se habían sostenido en las fuerzas militares de la revolución.
Coherente con esta concepción, al producirse el golpe del 24 de marzo, el Comité Central que se reunió inmediatamente, llegó a la conclusión de que la ofensiva militar era un paso más en la espiral represión-resistencia, la que se quebraría en el momento en que las fuerzas populares y revolucionarias superaran a las del sistema. En consecuencia se redactó un llamamiento en el que se instaba a los ¡Argentinos a las Armas!, en él se analizaban las características de la dictadura y se concluía que: "No se trata de un régimen provisorio... Es el tipo de gobierno definitivo que se dan las fuerzas burguesas-imperialistas para luchar contra las fuerzas revolucionarias argentinas"16. En la misma proclama Santucho puso especial acento en el elemento principal y permanente de su concepción revolucionaria: la necesidad de fortalecer y mantener unido al Partido. Decía al respecto: "Y hoy más que nunca, la principal de nuestras tareas, la que garantizará avances consistentes en todos los aspectos de la actividad revolucionaria, es la construcción del Partido, su consolidación y desarrollo, su fortalecimiento incesante". Ya ve Eleuterio, no hace falta demostrar que en el centro de nuestra concepción se encuentra la idea del partido revolucionario, aquí Santucho lo reafirma, una vez más, en forma contundente.
Pero más interesante resulta leer el párrafo con que el Robi culmina el llamamiento, con el que seguramente usted estará de acuerdo y que nuestro renunciante olvidó dos años después.
Cuando muchos años después volví a leer el párrafo que voy a citar me causó una viva impresión, sentí que Santucho estaba expresando un mandato, y a la vez una clara visión del futuro que se avecinaba, ya que era probable que él y otros dirigente cayeran en la lucha pero que la continuidad estaría dada por la unidad en torno al CC, y así lo creíamos firmemente.
Leamos con qué convicción lo expresaba: "Estrechamente unidos en torno al Comité Central, siguiendo el elevado y poderoso ejemplo de nuestros héroes y mártires, los militantes del PRT cumpliremos cabalmente y con honor nuestras misiones revolucionarias".

Sobre el ataque al Batallón de Arsenales 601

BALANCE Y CONCLUSIONES DE LA DIRECCION DEL PRT-ERP SOBRE EL FRACASO DEL ATAQUE AL BATALLON DE ARSENALES 601 DOMINGO VIEJOBUENO EL 23 DE DICIEMBRE DE 1975

...En la guerra de nuestra primera independencia, tres ejércitos patrios fueron derrotados y casi aniquilados en Paraguay y Bolivia, San Martín se sobrepuso a la derrota de Cancha Rayada y a inconvenientes sin fin para ejecutar su plan estratégico. Bolívar fue cuatro veces derrotado en Venezuela, aniquiladas sus fuerzas, obligado a irse del país, y las cuatro veces retornó y reinició la lucha, hasta imponerse.
La revolución cubana sufrió golpes durísimos; con más de 80 muertes en el Moncada, varios centenares en la toma del cuartel de la Marina de Cienfuegos y el aniquilamiento de la casi totalidad de las fuerzas expedicionarias del Granma.
En China sólo los levantamientos de Cantón y Shangai costaron decenas de miles de muertos al Partido Comunista, y en la Larga Marcha perdieron sesenta mil de los noventa mil que la iniciaron.

Con estos elementos podemos arribar a un balance objetivo de las acciones del día 23 y señalar:

Que políticamente fueron una nueva y más relevante demostración nacional e internacional de que nuestro pueblo se arma y combate valerosamente por su liberación nacional y social.

Que el ERP se extiende nacionalmente y aumenta rápidamente sus posibilidades operativas.

Que los combatientes del ERP son elevados ejemplos de heroísmo y determinación revolucionaria.

Que en el terreno militar fue una sensible derrota, con pérdidas importantes de compañeros y armamento, pero al mismo tiempo una gran experiencia que desnudó fallas de base para acciones y avances fundamentales.

Compaiieros: en estos momentos duros, en que sufrimos las pérdidas de tantos compañeros tan valiosos, somos también herederos de su ejemplar heroísmo y responsables ante nuestro pueblo y nuestra patria de la continuidad del accionar revolucionario ante el criminal enemigo que asesinó a compañeros prisioneros y heridos, teniendo una deuda más que saldar.
No tienen cabida entre otros ni la pusilanimidad, ni la vacilación, ni el desaliento, ni tampoco la ceguera y justificación ante los errores.

Unidos férreamente en nuestro partido y nuestro ejército guerrillero, con voluntad revolucionaria de acero y el aporte activo de todos, cubriremos nuestras bajas, repararemos nuestras pérdidas y demostraremos una vez más al país que el PRT y el ERP no se amilanan, que sabemos asumir con honor la responsabilidad revolucionaria que nos toca y persistir en la lucha hasta la victoria.

PRT-ERP, enero de 1976

En los dos meses siguientes al golpe la imposibilidad de aplicar la línea votada y una serie de caídas de importantes cuadros del Partido y la pérdida de grandes recursos materiales, hicieron comprender a Santucho que se había cometido un "error de apreciación táctica que nos debilitó en lo ideológico y en lo orgánico. En lo ideológico en cuanto dificultó el enraizamiento de la concepción de guerra prolongada, y en lo orgánico en cuanto no nos orientamos con máxima energía a simplificar el aparato y volcar más compañeros a los frentes de masas"17. El error consistía en no haber previsto el reflujo del movimiento de masas.
Inmediatamente se reunió el CE, se modificó la línea táctica, la cual consistió en replegar al Partido y al ERP, una reducción general de los aparatos nacionales, y de la Compañía de Monte, dirigir el trabajo de esos compañeros hacia las masas, suspender las grandes unidades militares y por lo tanto las grandes acciones, pero manteniendo activos los comandos guerrilleros ya que "el accionar guerrillero mantendrá viva la llama de la resistencia popular...
porque en el presente período la lucha armada ocupa el centro de la lucha política, es y será el eje de la política nacional"18.
En un intento por fortalecer al Partido en lo orgánico, entre otras cosas, se resolvió democratizar su vida interna, para lo cual debían ser elegidos por la base todos los responsables de las células, elegir en plenarios estatutarios las direcciones zonales y regionales (los Estatutos contemplaban estas elecciones pero muchas veces no se cumplían).
El CC había sido elegido en agosto de 1975, por un Comité Central Ampliado, previo plebiscito en la base del Partido consultada sobre la suspensión del VI Congreso. Santucho siempre estuvo muy atento a la democracia interna, esto es de mucha importancia, porque un partido de combate en el que no hay posibilidad de obtener bienes materiales y en el que la mayor responsabilidad trae como consecuencia mayores riesgos y compromisos, no está ajeno al surgimiento de desviaciones como el burocratismo, el culto a la personalidad y la obsecuencia. Estas desviaciones, en germen, estuvieron presentes en la aceptación pasiva del error de Santucho por el Comité Central y luego del conjunto del Partido de lo resuelto por el CC.

Santucho no desfallecía ante las crecientes dificultades, miraba con optimismo el presente y, sin dudas, con mucho realismo percibía la aparente contradicción entre el reflujo de las masas y la creciente toma de conciencia de las mismas. A partir de los nuevos análisis proponía, como corresponde a un revolucionario, nuevas tareas: "En aparente contradicción con el reflujo, las masas viven una intensa vida política de características profundas y singulares... las masas obreras y populares van dejando de ser meras espectadoras del choque entre la guerrilla y las fuerzas represivas y comienzan a tomar partido activamente por los revolucionarios. Al mismo tiempo amplias capas de proletariado y el pueblo acrecientan su interés por el socialismo, comienzan a considerar seriamente la necesidad y la posibilidad de un profundo cambio de sistema. Y una nueva vanguardia obrera y popular, mucho más amplia que la anterior irrumpe en la política nacional... Educar y formar esa nueva vanguardia, en el curso de la resistencia a la dictadura de Videla, transmitirle la rica experiencia acumulada, aprender de ella, renovando con su fresco y vigoroso impulso las estructuras revolucionarias, es una de las misiones fundamentales de la reciente ‘promoción’ de templados cuadros que se forjó en los primeros seis años de guerra revolucionaria"19.
Pero que Santucho no tenía una visión estrecha de la política revolucionaria y que no se plantaba ante ella con una actitud sectaria para nosotros siempre estuvo claro. El ERP desde su fundación venía levantando una consigna que proponía la unidad de las organizaciones revolucionarias. Cuando esta unidad estaba a las puertas de concretarse nos transmitió su enorme entusiasmo, en su penúltimo escrito que acabamos de citar. Bajo el subtítulo de Un gran paso unitario y a continuación de la frase antes citada escribió: "Esta gran tarea se verá considerablemente facilitada por los recientes avances unitarios en el campo revolucionario que nos han colocado ante la posibilidad real e inmediata de construir una organización frentista integrada por el PRT, Montoneros y Poder Obrero, que unifique la lucha antidictatorial y encauce un transcendental proceso hacia la completa unidad política y militar de las organizaciones revolucionarias proletarias y populares (el partido de la clase obrera, el ejercito popular y el frente de liberación nacional). Dar este paso significará iniciar un proceso de convergencia quizás complejo, pero de un positivismo difícil de exagerar". Luego analizaba el impacto que este hecho tendría en el ánimo de las masas, la repercusión a nivel internacional y daba una serie de recomendaciones para que este paso no se frustrara.
El CE [Comité Ejecutivo] del Partido había resuelto que Santucho saliera del país, este solicitó quedarse unos días más para dejar firmado el acuerdo unitario, él temía que diferencias secundarias pudieran frustrarlo. Insistía en que si se podía realizar un acuerdo que condujera a concretar los tres ejes estratégicos antes mencionados (partido, ejército y frente) era aconsejable, si era necesario, ceder en los demás puntos. Ponía como ejemplo el hecho de que Montoneros impulsaba una CGT en la Resistencia y nosotros no acordábamos con ella. Es así que Santucho además de un héroe y mártir de la revolución lo fue también de la unidad de los revolucionarios.

El conjunto de resoluciones que rectificaban la línea nunca pudo ser aplicado plenamente, porque el enemigo fue asestando golpe tras golpe. Poco antes del 19 de julio habían caído el Comandante Juan Manuel Carrizo y Eduardo Castello. La caída de Santucho originó un estado de sospecha entre los dirigentes que nos desviaron de la tarea central que era reorganizar al Partido con la táctica de repliegue. En los meses siguientes cayeron, junto a muchos compañeros, otros importantes dirigentes: Eduardo Merbilháa, Carlos Germán, Leandro Fote y Norberto Pujol, lo que nos impidió reorganizarnos eficazmente. Esto llevó a que un error que se apreciaba como táctico20 se convirtiera en estratégico.
Queremos insistir sobre esta conclusión: el error que llevó a la desarticulación del PRT, luego de haber realizado los mayores esfuerzos en mantener la ofensiva, fue no prever, y sobre todo no ver, el reflujo de masas en los términos en que lo hemos expuesto. Incluso en junio/julio de 1976 se estaba a tiempo de rectificar el rumbo lo que no se pudo concretar por la caída de Santucho y los demás compañeros. En muchos balances de esta experiencia se pone el acento en que la equivocación fue haber continuado la lucha armada durante el gobierno peronista, o, como veremos, que no fuimos suficientemente marxistas-leninistas. Nosotros ya hemos dado nuestra opinión. Para ser consecuentes con la teoría del conocimiento del marxismo debemos decir que lo primero es un hecho objetivo: muertos, desaparecidos, pérdidas materiales, derrota, exilio, división, desintegración como fuerza política. Lo segundo es un análisis político que no tiene en cuenta que aquellos grupos revolucionarios que apoyaron al gobierno peronista corrieron nuestra misma suerte. En cambio, el punto en común a todas las organizaciones revolucionarias fue no ver el reflujo de masas y replegarse a tiempo. Por su parte la insuficiencia de marxismo-leninismo es una abstracción que no dice nada.

Desde el 20 de junio de 1973, con la masacre de Ezeiza, hasta Monte Chingolo la lucha de clases había tomado contornos muy definidos, de un lado la gran burguesía y el imperialismo con su Partido militar, el peronismo burgués y burocrático, la mayoría de la dirigencia radical y las demás formaciones políticas de la burguesía; del otro la clase obrera fundamentalmente la industrial de las grande fábricas, el sindicalismo clasista con sus Coordinadoras de Gremios en Lucha, las Ligas Agrarias, los curas del tercer mundo, los cristianos por el socialismo, el peronismo revolucionario, dignas individualidades del radicalismo y de otros partidos burgueses, la intelectualidad revolucionaria, gran parte del estudiantado universitario y las organizaciones revolucionarias que los acaudillaban. Los dos polos de la lucha de clases se disputaban los sectores intermedios de las masas, en la resolución de esta lucha jugó un gran papel a favor de la burguesía el peronismo burgués y burocrático. La fuerzas revolucionarias pusieron todas sus fuerzas por mantener la ofensiva iniciada con el Cordobazo y esas fuerzas mantuvieron la disputa hasta finales de 1975. Valoro como absolutamente correcto haber aceptado el desafío. Disputa que a nuestro entender comenzó a definirse en la segunda mitad del año 1975 por los motivos enunciados.
Como acaba de leer Eleuterio, en mi opinión, la derrota de las fuerzas revolucionarias y de las masas argentinas se dio en el terreno de la lucha política, no en el ideológico.
A esta altura del análisis es legítimo preguntarse si el agotamiento de los sectores aliados del proletariado y luego del proletariado mismo se produjo por la táctica del engaño de la burguesía con el Gran Acuerdo Nacional, la acción terrorista de los paramilitares, la cuña metida por Perón y el peronismo burgués y burocrático entre el grueso de la población y sus sectores sociales de vanguardia, los fracasos de las últimas y más importantes acciones guerrilleras, o una combinación de ellos y otro factor de suma importancia que hemos mencionado, la división en la vanguardia. Pero como nuestra intensión no es dar una respuesta cerrada, y para que el balance nos sirva como guía ante posibles futuras situaciones revolucionarias, le cedemos la palabra a Santucho quien, en su último escrito, nos dejó como enseñanza cuál debe ser la actitud de un revolucionario ante las más grandes dificultades: "Pero los profundos cambios que registra la realidad nacional no provienen de una evolución lineal e incruenta. Como todo proceso revolucionario se viene desarrollando en espiral, con avances y retrocesos, en tendencia siempre ascendente, y a costa de sensibles pérdidas. Como dijo Mao Tsé Tung ‘luchar, fracasar, volver a luchar, volver a fracasar, volver a luchar hasta la victoria’ es una ley de lucha revolucionaria. En la guerra de nuestra primera independencia los ejércitos patrios intentaron avanzar dos veces por Bolivia hacia Perú, hasta descubrir el triunfal camino de Chile; Bolívar, a su vez, fue 4 veces vencido en Venezuela y 4 veces se exilió, hasta encontrar en su quinto intento el camino de la victoria definitiva. Así ocurre y ocurrirá en nuestra guerra revolucionaria. Cada paso adelante ha sido conquistado atravesando pruebas y errores, sufriendo dolorosas pérdidas... Y en este momento de reflujo de las masas... las fuerzas revolucionarias podrán analizar serenamente las experiencias, ‘hacer un alto en el camino’, reagrupar, reorganizar y consolidar el potencial revolucionario para estar en condiciones de aportar vigorosa y organizadamente para la máxima extensión y potencia del próximo auge obrero-popular"21.
Una primera respuesta que, creo, casi nos eximiría de otros comentarios es que usted nos acusa de haber introducido en el MLN una concepción política que no tiene absolutamente nada que ver con la nuestra. Muy difícilmente nosotros hayamos podido introducir en el movimiento tupamaro esa concepción llamada marxismo-leninismo pensamiento Mao ya que nos era completamente ajena y hasta antagónica con la nuestra."

NOTAS [La numeración coresponde al documento original]
14 Ambas citas son del Boletín Interno del PRT n° 98 del 27 de diciembre de 1975.
15 Luis Mattini, ob. cit. p 435.
16 Argentinos a las Armas. Editorial de El Combatiente N° 210. Miércoles 31 de marzo de 1976.
17 Con Fuerza hacia las Masas. Editorial de El Combatiente N° 220. Miércoles 9 de junio de 1976.
18 Idem. 17.
19 Boletín Interno nº 121, del 14 de julio de 1976.
20 Los conceptos táctica y estrategia son relativos. Si tomamos en cuenta que el PRT denominaba a su estrategia como de una guerra popular prolongada, el error cometido fue de orden táctico, lo cual no quiere decir que fuera de menor importancia.
21 Diez años de luchas y experiencias. Editorial de El Combatiente N° 225. Miércoles 21 de julio de 1976.


El poder real de la guerrilla

Nunca Más, capítulo XX, El poder real de la guerrilla - CAMPO SANTO - Parte II (Informe de situación)

Las permanentes sospechas de corrupción de las que fue objeto, la ausencia de un plan económico concreto por parte del Ejecutivo, y la evidente impotencia política que caracterizó el gobierno de Isabel Martínez -convertida en presidente con la muerte de Juan Domingo Perón en julio de 1974- formó parte de los argumentos indiscutibles en los que se apoyó la Junta de Comandantes para lograr consenso entre la población a la hora de justificar el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976.

Sin embargo los jefes castrenses sólo aprovecharon el oportuno desquicio en el que se había convertido la gestión de la presidente que gobernaba bajo el alias de Isabel, para poner en marcha los verdaderos objetivos que impulsaron la cruenta intervención militar: aniquilar a lo que denominaron "amenaza subversiva". Anular de raíz todas las actividades de la militancia revolucionaria que, según las repetidas advertencias del entonces teniente general Jorge Rafael Videla, había puesto a la Nación "al borde de su disolución".

Ante semejante pronóstico, agitado decenas de veces con apenas pequeñas variantes por la mayoría de los jefes militares, tanto en los meses previos al golpe de Estado como después, durante la dictadura militar, resulta necesario analizar la verdadera magnitud de las fuerzas guerrilleras en ese momento. Determinar si, efectivamente, las organizaciones revolucionarias habían alcanzado el grado de desarrollo militar necesario como para apoderarse del control del país; tal como lo habían advertido las Fuerzas Armadas. Cuál era la composición de sus filas, el porcentaje de combatientes con los que contaban y su real poder de fuego.

El engendro del misterio

La investigación dispuesta sobre este tema reveló, en principio, la ausencia de datos oficiales certeros sobre las dotaciones armadas con las que contaban las organizaciones guerrilleras. Esto dio lugar a que fueran muchas y muy diversas las cifras extraoficiales que se recabaron respecto a la cantidad de combatientes armados con los que contaban el ERP y los Montoneros, las dos organizaciones político-guerrilleras de mayor envergadura en la década del 70.

Una de las dificultades para llegar a determinar el número aproximado de combatientes con los que contaba la guerrilla se debe, en principio, al carácter clandestino de estas organizaciones, y el secreto con el que manejaban su estructura interna. De este modo no resulta sencillo diferenciar cuántos de sus integrantes eran combatientes sobre el conjunto de sus militantes políticos, colaboradores y simpatizantes. Ocurre que tanto en el ERP como en Montoneros existían diversos grados de compromiso con las organizaciones, que iban desde los simples adherentes hasta militantes de tiempo completo, pasando por las ramas militares de las organizaciones.

Por otra parte, según el especialista español en temas militares, Prudencio García (1), también se debe distinguir entre "dos cifras muy diferentes: el número total de hombres y mujeres que llegaron a empuñar las armas en una organización a lo largo de varios años (en este caso una década entera: 1970-1980) y el número máximo de tales elementos existentes en un momento dado, incluso en su momento de máxima potencia, cifra que incluso puede llegar a ser menos de la mitad que la anterior".

Esta variable está relacionada con los cambios que sufre un contingente armado a lo largo del tiempo, como consecuencia de su especial condición. "En efecto -dice Prudencio García-, cierto número de sus miembros son capturados; otros resultan muertos; otros son relevados de la lucha armada; otros incluso abandonan la militancia y desertan. De esta forma, una organización que llegó a contar en su mejor momento, por ejemplo, con 500 miembros armados, a través de los años puede ir acumulando mediante sucesivas bajas e incorporaciones, 600, 700, 800 y, al cabo de una década, tal vez incluso 1000 o 1200 miembros que, en uno u otro momento llegaron a empuñar las armas. Y ello sin haber superado nunca esos 500 combatientes como cifra máxima en su momento de mayor capacidad".

Peter Waldmann, en su ensayo "Anomia y violencia" (2), asegura que, según fuentes militares argentinas, "...en 1975, el ERP contaba con 3000 combatientes armados; los Montoneros, en cambio, sólo contaban con 1000". Waldmann estimó, en el mismo trabajo, que cada una de las organizaciones llegó a tener entre 3000 y 4000 integrantes en su momento de máximo desarrollo. Aunque luego advierte que "la estimación no es para nada ajustada". En algo tiene razón.

El autor incurrió en un par de errores. Por un lado, no hace falta acceder a los archivos de los servicios de Inteligencia militares ni a los documentos secretos de la propia guerrilla para saber que los Montoneros siempre superaron al ERP en cuanto a cantidad de integrantes. Es posible que Waldmann se haya manejado con datos iniciales, de la época en que Montoneros era primordialmente político, mientras que el ERP siempre fue netamente militar-.

Por el otro, Waldmann evita en su trabajo diferenciar claramente qué porcentaje del número total estimado de militantes formaba parte de las secciones militares guerrilleras, justo lo que falta revelar. De todos modos, la mención de este estudio resulta útil -pese a sus errores- para conocer las estadísticas que manejaban las Fuerzas Armadas argentinas. Así, según ellos, entre simpatizantes, colaboradores, militantes y combatientes, la guerrilla sumaba un total de 7000 u 8000 efectivos.

En otras palabras, la importancia del dato se debe, en principio, a su ausencia. Los jefes militares eludieron en todo momento cuantificar las fuerzas del "enemigo subversivo". No se trataba de una información menor, incluso su difusión -de ser cierta la magnitud que le asignaban- hubiera resultado de mucha utilidad en su permanente campaña dirigida a incrementar el temor en la opinión pública.

Sin embargo son contadas las declaraciones en ese sentido que se pudieron encontrar en los archivos periodísticos. La pregunta es: ¿a qué se debe la ausencia de datos sobre la real envergadura de las organizaciones guerrilleras? ¿Por qué todas las declaraciones de los jerarcas militares no superan las repetidas metáforas? Seguramente no se les escapaba que con sólo mencionar la cantidad de jóvenes volcados a la guerrilla, si la cifra era acorde a la peligrosidad que ellos le atribuían, hubiera sido suficiente para ponerle la piel de gallina a los sectores de la sociedad que buscaban impresionar. Pero aparentemente la realidad era otra.

Detrás de esta búsqueda, Daniel Frontalini y María Cristina Caiati (3) llevaron a cabo una de las más completas y serias investigaciones sobre el tema. Está basada en una recopilación de material de inteligencia elaborado por las Fuerzas Armadas, datos procedentes de organizaciones guerrilleras, y otros documentos incautados a sus militantes que fueron a parar a manos militares. Este material fue difundido en 1977 durante una conferencia de prensa convocada por el entonces Jefe del Estado Mayor del Ejército, Roberto E. Viola. Entre los expositores se encontraban los jefes de Inteligencia y de Operaciones del Estado Mayor, generales de brigada Carlos Martínez y Luciano Jáuregui. (4)

La investigación también recoge las declaraciones de los generales Juan Bautista Sassain ("La Opinión" del 10 de septiembre de 1977 y "Clarín" del 11 de septiembre del mismo año) y de Ramón Camps ("La Prensa" del 4 de enero de 1981), entre otros datos.

El estudio sitúa la cuantificación de la guerrilla en su momento de mayor apogeo, y diferencia a los combatientes (rama militar) del resto de los integrantes de las organizaciones. Así, a partir del análisis de los documentos, los autores llegaron a la siguiente conclusión: "En el momento de su mayor apogeo (1975), el total de militantes que integraban Montoneros y el ERP, no llegó a sumar más de 2000 personas, de los cuales sólo el 20% (unos 400) estaban armados".

Sin embargo, para Prudencio García los números son otros. Según su propia indagación y análisis, llegó a estimar que en el período de máximo desarrollo de la guerrilla argentina, durante la primera mitad de 1975, "...el ERP contaba entre 400 y 500 hombres armados, y entre 600 y 800 los Montoneros, totalizando en su conjunto una cifra máxima situada entre 1000 y 1300 miembros armados permanentes."

Si se toma en cuenta esta cifra, se entiende por qué las Fuerzas Armadas conservaban el secreto. El poder de fuego de todas las organizaciones guerrilleras sumaba cuanto mucho, en 1975, 1200 hombres armados en todo el país.

Relación de fuerzas

La aparición de la guerrilla rural en el monte tucumano fue motivo de alarma nacional. En 1974, el propio jefe del ERP, Mario Roberto Santucho, se ocupó personalmente de entrenar a quienes luego formarían parte de la Compañía de Monte "Ramón Rosa Jiménez", al mando de Hugo Irurzun, un histórico de la organización.

El grupo inicial estaba integrado por cuarenta hombres (5) y, según documentos internos de la organización, el ERP jamás llegó a tener en el monte a más de noventa efectivos, de los cuales diez eran mujeres.(6)

El 9 de febrero de 1975, el Ejército argentino inició el "Operativo Independencia", al que se destinaron "...un total aproximado de 5000 hombres, con una fuerza de tareas nucleada en torno a la V Brigada de Infantería de Monte. Estaba integrada por los regimientos 19 de Infantería (Tucumán); 28 de Infantería de Monte (Tartagal, Salta); 20 de Infantería de Montaña (Jujuy); el Grupo de Artillería de Montaña 5; las compañías de Comando de Ingenieros, de Comunicaciones, de Sanidad, pertenecientes a la V Brigada; tres escuadrones de Gendarmería; tres compañías de la Policía Federal y fuerzas militares provinciales" (7). Cinco mil efectivos en total.

El enemigo no llegaba al centenar. Todos los datos coinciden en señalar que la cifra máxima de guerrilleros concentrados en Tucumán llegó a sumar 117 combatientes armados. Fue a raiz de dos operativos de envergadura que se llevaron a cabo en las localidades de Famaillá y Los Sosa.

Una vez que los refuerzos regresaron a su destino original, en el monte tucumano quedó una dotación guerrillera permanente compuesta por unos 50 efectivos, que recién a fines de 1975 comenzó a reducirse debido al accionar represivo de las fuerzas militares enviadas a esa provincia por el gobierno constitucional de la presidente María Estela Martínez de Perón. Los efectivos legales tardaron un año en terminar con el foco guerrillero en Tucumán.

Se calcula que los cinco mil efectivos a cargo de eliminar a 100 guerrilleros mataron a unas dos mil personas en esa provincia por sus supuestos vínculos con los insurgentes.

La caída

En el segundo semestre de 1975, las organizaciones Montoneros y ERP ya habían sido declaradas ilegales por el gobierno de Isabel Martínez. Una exultante pasión militarista se había apoderado de los comandantes guerrilleros que festejaron como un triunfo el pase a la clandestinidad. Ese año, tan sólo los Montoneros, consumaron más de quinientas acciones militares en todo el país, algunas de importancia. Pero también en ese año comenzaría el tiempo de la derrota.

El 5 de octubre de 1975 Montoneros atacó el Regimiento de Infantería 29, en la provincia de Formosa. En la operación participaron más de cincuenta guerrilleros, en su mayoría vestidos con el uniforme de combate azul que había diseñado la organización. Para llevar a cabo la ofensiva, se robaron más de 20 vehículos y secuestraron un Boeing 739 de Aerolíneas Argentinas en pleno vuelo. Durante el asalto se produjo un intenso enfrentamiento, con un saldo de 13 muertos y 19 heridos en las filas del Ejército y un número similar o mayor de bajas, nunca confirmado, en el grupo guerrillero.

La destrucción del aparato militar del ERP, mientras tanto, se produjo a raíz del frustrado copamiento del Batallón de Arsenales 601, en la localidad bonaerense de Monte Chingolo. El operativo ya había sido advertido por los servicios de Inteligencia, y el Ejército se preparó para recibir el ataque. El 23 de diciembre de 1975, minutos antes de las 20, se inició la mayor operación guerrillera urbana contra un objetivo militar, aunque en realidad se trató de la mayor operación militar urbana contra las fuerzas insurgentes, que sufrieron más de 50 bajas en un solo día.

A la deserción de centenares de militantes de base y políticos que desarrollaban actividades sindicales y que no compartían la determinación de los comandantes insurgentes de combatir contra las Fuerzas Armadas "de ejército a ejército", se sumaron las numerosas detenciones de sus miembros, a las que se sumaban las bajas producidas en diversos enfrentamientos. A fines de 1975, las organizaciones guerrilleras ya no eran las mismas que habían comenzado el año.

Cuando se produjo el golpe de marzo de 1976, tanto el ERP como los Montoneros se habían retirado de los barrios y fábricas, e interrumpido buena parte de su comunicación con las bases, lo que les significó perder una vital infraestructura para llevar adelante su funcionamiento clandestino. Dependían del aparato propio, y del dinero necesario para financiarlo.

A esto se sumaron las numerosas bajas entre sus cuadros militares, lo que redujo notablemente su capacidad ofensiva. La guerra contra las Fuerzas Armadas que se proponían ganar estaba a punto de culminar con su derrota aun antes de comenzar.

La conducción de Montoneros, ante la gravedad de la situación, elaboró un Código Penal de Justicia Revolucionario que castigaba la deserción de su filas con la pena de muerte. Un intento desesperado para frenar la constante fuga de militantes en sus filas. También lanzó lo denominaron "La Tercera Campaña Militar Nacional Montonera", cuyo objetivo principal consistía en eliminar físicamente a cualquier miembro de las fuerzas de seguridad que fuera detectado, donde fuera detectado. Necesitaban triunfos fáciles, militarizar a todos sus cuadros mediante el asesinato. Pobre guerra revolucionaria.

En marzo de 1976, el ERP y Montoneros tenían su estructura militar prácticamente reducida a la mitad de lo que habían logrado consolidar un año atrás. En otras palabras, en el territorio argentino no había más de 600 guerrilleros armados; el resto pertenecía a las ramas política, logística y otras igualmente ajenas a las operaciones de combate.

Ya en enero de 1976, el propio general Videla, en ese entonces Comandante en Jefe del Ejército, elaboró un informe referido a las organizaciones insurgentes en general, el que se originó tras el frustrado copamiento del Batallón de Monte Chingolo por parte del ERP. En ese documento, después de afirmar que las organizaciones guerrilleras se encontraban ante una "impotencia absoluta" en cuanto a su "presunto poder militar", señalaba que se había demostrado repetidamente "la incapacidad de los grupos subversivos para trascender en el plano militar". (8)

Sin embargo, en los últimos meses del gobierno militar, en abril de 1983, bajo la presidencia del general Reynaldo Bignone, la junta de Comandantes elaboró un "Documento final", con el que pretendía dar por cerrada toda revisión del pasado y que, entre otras cosas, afirmaba que los subversivos habían contado con 25.000 militantes, de los cuales 15.000 habían sido combatientes.

Una exageración absurda que contradecía los datos aportados por los propios militares, pero políticamente oportuna.

Fuente: www.nuncamas.org


El combate de Monte Chingolo

Informe del Partido Revolucionario de los Trabajadores (Diciembre 2005)

Hace 30 años, el 23 de diciembre de 1975, a menos de 20 Km. de la Casa Rosada -sede del Poder Ejecutivo Nacional- en un barrio del Sur del Gran Buenos Aires, alrededor de doscientos combatientes del Batallón Urbano General San Martín del Ejército Revolucionario del Pueblo se empeñaron no sólo en la mayor batalla de la guerrilla, sino en la mayor batalla de la lucha de clases en la Argentina.

¿Quiénes se enfrentaron en esta batalla?

De un lado estaba la gran burguesía nativa, aliada y socia menor del imperialismo, con sus instituciones de poder: el sistema parlamentario, los medios de comunicación de masas, la jerarquía de la iglesia y las fuerzas armadas y policiales.
Del otro, el pueblo argentino: la clase obrera, el campesinado pobre, los estudiantes e intelectuales revolucionarios, la clase media urbana y rural, quienes de lo pequeño a lo grande, de lo simple a lo complejo, de la filosofía a la acción política, habían ido construyendo, también, sus organizaciones de poder: las organizaciones políticas revolucionarias, el sindicalismo clasista, las coordinadoras de gremios en lucha, las ligas agrarias, el movimiento de sacerdotes para el tercer mundo, los cristianos por el socialismo, las fuerzas armadas de la revolución, sus organizaciones guerrilleras y, en particular, el Partido Revolucionario de los Trabajadores, dirección política y militar del Ejército Revolucionarios del Pueblo.
¿Por qué, en la actualidad, la burguesía y los reformistas tratan de ocultar al ERP, por qué tratan de que no quede siquiera su recuerdo, igual que como hicieron con la sublevación de los esclavos en el imperio Romano en el siglo II antes de Cristo? Los esclavos durante años mantuvieron la lucha contra los esclavistas y cuando estos lograron derrotarlos el emperador de Roma ordenó que fueran destruidas todas las construcciones que habían levantado, que no quedara de ellas piedra sobre piedra, para que no dejar ningún rastro de esa ejemplar lucha por la libertad. Pero, aunque no quedó nada material, no pudieron ocultarla: durante dos mil años el nombre de Espartaco fue levantado por las clases oprimidas cada vez que la idea de la libertad se afirmamó en la conciencia de los pueblos. Del mismo modo las clases dominantes han intentado enterrar la historia del PRT y del ERP y, en particular, su acción más audaz, más decidida, más emblemática en la lucha por el poder y por la construcción del socialismo en la Argentina. Que no se hable de su grandeza, que no recordemos la pujanza de aquellos combatientes, que no relatemos el desinterés y el altruismo de aquellos jóvenes patriotas, que no veneremos a nuestros héroes y mártires. Y si ello no fuera posible, al menos, que nos avergoncemos ante nuestros hijos y ante nuestro pueblo de haber luchado, de haber tenido la valentía de disputarle el poder al amo imperialista.
Pero ¿cómo se explica que los trabajadores y la juventud argentina hayan hecho una gesta tan gloriosa que para encontrar otras de tamaña magnitud tengamos que remontarnos a las batallas fundadoras de nuestra nacionalidad en la guerra por la independencia de Argentina y América Latina? ¿Cómo se explica que en una misma jornada se dieran cita jóvenes heroicos como el tambor de Tacuarí y las niñas de Ayohuma, aguerridos soldados como los infernales gauchos de Güemes y oficiales revolucionarios como la Capitana Juana Azurduy o el Sargento Cabral?

La situación política

A fines de la década de 1960 la acumulación de fuerzas y experiencias desde el golpe gorila de 1955 -con el consiguiente debilitamiento de la alternativa parlamentaria como forma de dominación burguesa- y del triunfo de la Revolución Cubana en 1959 con sus vientos de renacer revolucionario, comenzaban a darse los frutos organizativos y a extender la conciencia socialista en miles de hombres y mujeres de nuestro pueblo. Es así que el pueblo de Córdoba los días 29 y 30 de mayo de 1969 y el de Rosario los días 16 y 17 de setiembre del mismo año se levantaron en contra de la dictadura de Onganía dando inicio a una serie de puebladas y al nacimiento de poderosas fuerzas revolucionarias en nuestra patria. El 29 y 30 de julio de 1970 el Partido Revolucionario de los Trabajadores, en su V Congreso, fundó al Ejército Revolucionario del Pueblo cuya línea operativa y su programa aspiraban ganar el corazón y la mente de las masas.
En un nuevo movimiento semi insurreccional en Córdoba, el 15 de marzo de 1971, conocido popularmente como el Viborazo, ya flamearon acompañando las columnas obreras las banderas del Ejército de los Andes desde cuyo centro alumbraba la Estrella Roja del socialismo. El Viborazo dio por tierra con el dictador Levigston, reemplazante de Onganía.
Ya derrotada, la dictadura militar ahora de la mano del nuevo dictador Lanusse, retrocedió y llamó a elecciones para desviar y contener el torrente revolucionario. Pero, al mismo tiempo y contradictoriamente, retrocedía favoreciendo la extensión de la conciencia socialista y la consolidación de una vanguardia combatiente. El PRT intentó responder en el terreno de lucha que proponía la burguesía organizando un partido electoral y un frente político para poder disputarle, también en él, la conciencia de las masas populares a la ideología dominante. Pero no logró concretar su participación electoral por sus propias limitaciones y porque estuvo casi solo en esta batalla contra la burguesía argentina que se unía ante el terror a la Revolución Social. En cambio, sí logró responder en el terreno militar, ocupando el 28 de febrero el Batallón 141 de Comunicaciones en Córdoba y alzándose con todo su armamento. Pocos días después, el 11 de marzo de 1973, el peronismo ganaba las elecciones presidenciales y el Presidente Cámpora pedía una tregua a la guerrilla. A este pedido el ERP respondió con un comunicado en el que argumentaba extensamente su negativa.
Luego de la enorme fiesta popular que significó la asunción del Presidente Cámpora, representante de Perón y apoyado por el ala progresista del peronismo, con su punto culminante: la multitudinaria y combativa movilización que consumó la liberación de los presos políticos el 25 y 26 de mayo y debido a varios hechos de signo progresista del gobierno, la máxima dirección del PRT consideró la posibilidad de suspender la continuidad de las acciones militares. Esto no llegó a expresarse públicamente ya que a sólo veintiséis días de asumido el nuevo Gobierno, el 20 de junio, se produjo la Masacre de Ezeiza. Ese día, para recibir a Perón que regresaba del exilio, se realizó la movilización de masas más grande de toda la historia argentina. La derecha peronista, responsable de la organización del acto, planificó y ejecutó una verdadera emboscada a las enormes columnas de Montoneros y la Juventud Peronista y, en realidad, contra todo el pueblo peronista. Desde el palco y distintos puntos elegidos tácticamente se lanzó una lluvia de disparos, con armamento de guerra, sobre la masa indefensa.
Este hecho marcó el inicio de la contraofensiva derechista contra las fuerzas populares que habían pasado a la ofensiva con el Cordobazo y el Rosariazo. De todas maneras el ERP, pese a que no había aceptado la tregua pedida por Cámpora, no realizó ninguna acción armada durante su Gobierno ni luego de derrocado éste el 13 de julio de 1973, hasta el mes de setiembre y a pesar de que nuestro compañero Eduardo Giménez, mientras realizaba una pegatina, fue detenido y asesinado el 29 de julio.
Con la caída de la Dictadura, la ampliación de los marcos democráticos y la liberación de los presos políticos, el PRT se fortaleció mucho. En los tres años posteriores, de 450 pasó a contar con alrededor de 6.000 miembros orgánicos. En los actos de homenaje a los Héroes de Trelew, la masiva concurrencia a los mismos fue otro indicador de la influencia y el prestigio alcanzado. A los pocos días, en las masivas movilizaciones de condena al golpe militar en Chile, varios miles de manifestantes se encolumnaron tras las banderas del ERP. Los sucesivos Congresos del Frente Antiimperialista y por el Socialismo, liderado por el PRT, convocaban cada vez más compañeros para culminar, a mediados del 74, con una concurrencia de veinticinco mil militantes que llenaron el estadio del Club Tiro Federal en la ciudad de Rosario.

El PRT centró su trabajo organizativo entre los obreros de las grandes fábricas, en particular en muchas de las doscientas cincuenta con más de quinientos trabajadores, el estudiantado universitario y secundario, en las villas y barrios populares, en el campesinado pobre del noroeste y el noreste.
El año 1974 fue de un rápido crecimiento y de profunda inserción en el movimiento obrero y de fogueo de los oficiales y combatientes del ERP en cientos de acciones, incluidas dos tomas de cuarteles, una exitosa y la otra frustrada.
La maduración del PRT como partido de la clase obrera se reflejó en la reunión de su Comité Central de setiembre, tanto en sus resoluciones sobre organización, como en el folleto Poder burgués poder revolucionario escrito por Santucho: "Las tendencias de la lucha de clases argentinas que se venían marcando cada vez más nítidamente apuntando hacia el fin del proyecto populista, y el comienzo de un período de grandes enfrentamientos de clase, han comenzado a cristalizar a partir del mes de julio de 1974. Perón, líder de masas, pese a su intransigente defensa de los intereses capitalistas conservaba aún alguna influencia sobre sectores de nuestro pueblo. Poseía autoridad, experiencia y habilidad para mantener a flote el desvencijado barco del sistema capitalista en el tormentoso mar de la lucha obrera y popular; y había logrado restablecer trabajosa y precariamente el equilibrio con la maniobra táctica del 12 de junio. Por eso es que su muerte colocó a la burguesía ante la necesidad de adoptar de inmediato definiciones políticas -que explotadores y opresores deseaban postergar aún por unos meses- con la consiguiente agudización de la crisis interburguesa".
"Este fenómeno, un notable impulso del auge de las masas, y un fortalecimiento acelerado de las fuerzas revolucionarias, políticas y militares, se combinan para configurar el inicio de una etapa de grandes choques de clases, antesala de la apertura de una situación revolucionaria en nuestra Patria. En otras palabras, entramos en un período de grandes luchas a partir del cual comienza a plantearse en la Argentina la posibilidad del triunfo de la revolución nacional y social, la posibilidad de disputar victoriosamente el poder a la burguesía y al imperialismo".
"Pero apertura de una situación revolucionaria... no quiere decir que ello pueda concretarse de inmediato... Ese período -que debe contarse en años- será mayor o menor en dependencia de la decisión, firmeza, espíritu de sacrificio y habilidad táctica de la clase obrera y el pueblo, del grado de resistencia de las fuerzas contrarrevolucionarias, y fundamentalmente del temple, la fuerza y capacidad del Partido proletario dirigente de la lucha revolucionaria".
La primera mitad del año 1.975 fue de grandes triunfos populares y del PRT y el ERP en particular. A principios de este año Santucho, en el editorial de El Combatiente del 7 de abril titulaba Nítidas luchas político-revolucionarias y analizaba que: "En cuatro frentes principales se está hoy combatiendo y en ellos es posible comprobar fácilmente que se trata de enfrentamientos políticos, de fondo revolucionario. En el Ingenio Ledesma de Jujuy, en los departamentos de Famaillá, Monteros y Chicligastas de Tucumán, en la ciudad de Córdoba y en las riberas del Paraná, la clase obrera y el pueblo se bate vigorosamente con todos sus recursos y motorizado por las fuerzas revolucionarias... Para comprender cabalmente el momento político que vive nuestra Patria es muy importante tener claro que estos cuatro frentes son las trincheras avanzadas del combate político-revolucionario... son los primeros choques de una lucha por el poder, de una verdadera lucha revolucionaria que comienza a tomar fuerza de masas".
Seis días después de publicado este editorial el ERP realizó, en las cercanías la ciudad de Rosario, la más importante acción militar exitosa de todo el período revolucionario iniciado con el Cordobazo. El ERP por intermedio de "la Unidad Combate de San Lorenzo escribió una vibrante página militar cubriéndose de gloria en el triunfal ataque al batallón de Arsenales 121 del ejército opresor". Lo que hizo más resonante el triunfo de las armas del pueblo fue que los militares lograron montar el sistema de defensa del Cuartel, pese a lo cual el ERP logró todos sus objetivos derrotando en combate abierto a las fuerzas enemigas.
A los cuatro frentes principales se le sumarían, en los meses de junio y julio, las luchas del proletariado de Buenos Aires con toda la significación de su enorme peso numérico. En estas movilizaciones, conocidas como las jornadas de junio y julio, que se dieron en todo el país al calor de las discusiones por los Convenios Colectivos de Trabajo, jugaron un papel dirigente las Coordinadoras de Gremios en Lucha constituidas por militantes del sindicalismo clasista y, entre ellos, jugando en la mayoría de los casos un papel dirigente, los militantes del PRT, de Montoneros y de la OCPO. Las luchas obreras de este año sumaron 25 millones de jornadas de huelga.
En el intento de ampliar las libertades democráticas sostenidas por las luchas recientes, el PRT adoptó, aunque tardíamente, la propuesta de convocar a una "Asamblea Constituyente Libre y Soberana". Mientras tanto, Montoneros impulsaba la "Renuncia de Isabel Perón y Elecciones Libre en 60 días" y el PC reclamaba por un "Gobierno de Amplia Coalición Democrática Cívico Militar". Las principales organizaciones del campo popular tenían distintas propuestas y no llegaron a coordinar una política para darle una salida política a ese enorme estado de movilización obrera y popular.
Al no lograrse la unidad del campo popular y decaer momentáneamente el accionar de la guerrilla, al no lograr "unir la lucha reivindicativa a la lucha democrática y formular, progresivamente, un único programa democrático y reivindicativo, que exponga sintéticamente las principales aspiraciones del pueblo argentino... en la perspectiva de un extenso Frente Democrático y Patriótico", comenzó un decaimiento en las movilizaciones.

El combate

El 23 de diciembre de 1975, en el marco de esta cruenta lucha por el poder, el PRT como dirección política y militar del ERP decidió la toma del Batallón de Arsenales 601 de Monte Chingolo con el objetivo de apropiarse de 20 toneladas de armamento para dar un vuelco en la relación de fuerzas político militares y, en lo inmediato, demorar la consumación de un nuevo golpe militar que ya estaba en preparación.
Ese día a las 19:45 hs. se iniciaban las acciones con el corte de los nueve puentes carreteros que unen la Capital y el Oeste con el Sur del Gran Buenos Aires; se hostigaba al Regimiento 7 de La Plata y las brigadas de la policía provincial de Quilmes, Avellaneda y Lomas de Zamora; se interrumpía el tránsito en los dos caminos que unen La Plata con el Sur de Gran Buenos Aires y se tendían dos anillos de contención alrededor del cuartel de Monte Chingolo. El combate fue encarnizado en muchos de esos puntos, algunos con particular éxito como el de la Avenida Pasco y en el puente La Noria.
A esa misma hora, 70 aguerridos combatientes al mando del Capitán del ERP Abigail Attademo iniciaban el asalto al cuartel. Ni bien entraron se encontraron, desde distintos puntos, con nutrido fuego de fusilería y de ametralladoras pesadas, haciendo evidente la preparación previa y con ella la pérdida del factor sorpresa. Pese a ello y sostenidos en su alta moral de combate, los combatientes tomaron parcialmente el cuartel, la guardia central, varios puestos de la guardia y la compañía Servicios. Era tal el empuje de los combatientes del pueblo que las fuerzas del ejército burgués, que los doblaban en número y multiplicaban varias veces su poder de fuego, sintieron que perdían el control de la situación y que el Cuartel caería en las manos insurgentes. Ello no se pudo concretar por la llegada de los refuerzos del Regimiento 3 de La Tablada y el Regimiento 1 de Palermo. A las 21:00 hs., pese a la enorme superioridad del ejército opresor, los combatientes del pueblo se reorganizaron y provocaron un contraataque para favorecer su propia retirada.
Monte Chingolo se inscribe en el marco de una contienda de clases en que las fuerzas populares habían pasado a la ofensiva por la revolución y el socialismo y en el cual las fuerzas contrarrevolucionarias, desde junio de 1973, intentaban quebrarla por medio del Terrorismo de Estado. En este contexto político y militar, la decisión del PRT aspiraba a mantener la ofensiva en todo de acuerdo con la tradición revolucionaria mundial.
¿Cómo se explica tanto coraje, tanto heroísmo, tanto despliegue de preparación combativa y combatividad? ¿Cómo explicar que habría que remontarse a las batallas de la guerra de nuestra primera independencia contra el colonialismo español para encontrar hechos que se le puedan comparar? La única explicación es que los combatientes revolucionarios del ERP estaban conscientes de ser protagonistas de una batalla decisiva por la segunda independencia nacional, esta vez en contra del imperialismo norteamericano, principal enemigo de la humanidad y de los pueblos argentino y de toda América Latina.

¡Gloria eterna a los héroes de Monte Chingolo!
Comisión de Homenaje

Fuente: Documento público del PRT, diciembre 2005


Presentación del libro "Ernesto Che Guevara: Otro mundo es posible" de Néstor Kohan

Biblioteca Popular Julio Huasi, Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo, editoriales "Nuestra América" y "La Rosa Blindada", 15 de diciembre de 2003.

Intervenciones de los panelistas e invitados: Néstor Kohan, Daniel De Santis, Agustín Prina, Noel Pérez y Claudia Korol.

Néstor Kohan:

A los compañeros que desgrabaron las clases, que luego las corregimos varias veces, pero que era un trabajo muy pesado, y que lo hicieron en forma totalmente gratuita, con esfuerzo de militante, les queríamos agradecer. A Pablo Kilberg, que trabajó mucho, nos ayudó bastante en la Cátedra del Che, y a Delia Matute. Los dos compañeros hicieron ese trabajo a lo largo de todo el año 2002.

Al compañero Luciano, de Rebelión, que puso muchas de esas clases y otros materiales de la Cátedra en el sitio de Rebelión. Esta fue una ayuda muy grande para que estos debates, estas discusiones, los invitados que venían se conocieran fuera de este ámbito, que nosotros consideramos muy valioso, pero restringido a un espacio, a un segmento. Y a través de Rebelión llegó a mucha otra gente, nos empezamos a conocer con gente de otros países, a intercambiar. Así que Luciano nos dio también una mano muy grande en la Cátedra.

Y Pablo Kilberg, que es el compañero que organizaba el sitio de Madres en Internet, también nos ayudó mucho a poner muchos materiales nuestros en el sitio.

Con Claudia (Korol) hicimos la Cátedra. ¿Cómo fue la historia de la Cátedra? Muy brevemente: en el año ’97 hubo varias Cátedras Che Guevara en todo el país, porque se cumplían 30 años del asesinato del Che, y en coordinación con el Centro Che Guevara de La Habana, donde hay muchos materiales sobre el Che, donde están su hija Aleida Guevara, María del Carmen Ariet y otros compañeros, nos pusimos de acuerdo en la idea de la necesidad de difundir ese pensamiento, para que no quedara únicamente en la militancia de izquierda, sino tratar de llegar a un espacio más amplio. Y por distintas vías, distintas experiencias, distintas miradas, comenzaron a nacer Cátedras Che Guevara en todo el país. Yo trabajaba en el ’97 en la Cátedra Che Guevara de la UBA (Universidad de Buenos Aires), Claudia trabajaba en la Cátedra Che Guevara de la ciudad de Rosario, y también había otras, las de Salta, Mar del Plata, el Chaco, etcétera…

Fue un movimiento bastante interesante, con muchas discusiones. Yo le agradezco a todos los compañeros y compañeras que vinieron hoy, en particular el "Gato" Felicetti, que pasó tantos años preso, tanto durante la dictadura militar como en la –entre comillas- "democracia". Y recuerdo uno de los tantos debates que tuvimos en aquella época, con motivo del segundo juicio a los presos de La Tablada, hecho que dividió muchas aguas, también entre los compañeros que hacíamos las diversas Cátedras del Che.

Luego entramos como en un declive. Pasó el auge de las Cátedras del Che, pasó la euforia, la moda mercantil. Porque de un lado había una ofensiva de nuestra parte, pero el mercado también trató de manipular lo que no podía ocultar, de trivializarlo, de frivolizarlo, entonces se inundó el mercado con videos, miles de biografías, etcétera. Y lo siguen haciendo: el diario Clarín acaba de prometer una nueva biografía del Che, también Pacho O’Donnel editó una.

Sigue esa disputa, entonces, no solo por un individuo o una biografía personal, sino por un conjunto de ideas, por un proyecto político.

Cuando surge la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo, creímos necesario en este espacio plantar una continuidad con todo ese trabajo previo realizado en un ámbito más amplio. Se nos ocurrió entonces, con Claudia Korol, porque aquí también existía una discusión sobre la necesidad de una materia de formación política, que este espacio político-cultural no debía ser sólo para venir a estudiar lo que cada uno deseaba, sin tener una visión social de la Argentina, de nuestra historia, de la política. Entonces veníamos reclamando que hubiera una materia "transversal", que estudies lo que estudies, ya sea teatro, música, periodismo, derechos humanos, lo que sea; que tenía que ser de formación política. Elemental, mínima, una información que compartiéramos a pesar de todas las corrientes que convinimos aquí adentro, que no son pocas, a pesar de todas las carreras que hay, algo mínimo, para saber donde estamos parados. Entonces reclamamos esa materia, y surgió como una Cátedra del Che… como materia de formación política, y la iniciamos, entonces, en el año 2002.

Este libro, y otras cosas que seguramente saldrán en este año próximo, son el resultado de este trabajo. Así surgió la Cátedra del Che en este espacio.

También pensamos que había que dar un debate hacia afuera, no sólo hacia adentro de la izquierda, con otras corrientes del movimiento popular, de manera fraternal, tratando de evitar ese clima tan salvaje con el que a veces nos valemos dentro de la izquierda, donde el que tiene un matiz distinto al nuestro pasa a ser "el" enemigo, porque no nos da el cuero para enfrentar a nuestro enemigo de fondo: el estado burgués, sus instituciones de represión, sus aparatos de hegemonía. Como no nos da el cuero para enfrentar a ese enemigo histórico, que sigue siendo el que destruyó este país, entonces es más fácil pegarle al grupito que tenemos al lado. Y esa cultura está instalada, aunque algunos lo reconozcan y otros no.

Y el debate fraternal, con otras corrientes que no entran en esa salvajada, en ese canibalismo, sigue siendo complicado. Aún no hemos resuelto el confundir al compañero que tenemos al lado con el enemigo histórico. En ese espíritu, el libro intenta dar ciertas polémicas, con las corrientes que hoy están más "de moda". Como aquella que sugiere que el Che es algo "viejo", como si se estuviera hablando de un tango de Gardel… que "lo nuevo" es Deleuze y Spinoza... A mí me asombra realmente cómo penetró ese discurso en un segmento del movimiento popular. No mayoritario pero sí significativo.

¡Al Che lo mataron hace 36 años, pero Spinoza es del 1600! Si eso es lo "nuevo"…

Ese discurso, que ha penetrado también en muchas Asambleas Populares, a mí personalmente no me preocupa que en el suplemento cultural del diario Clarín le den "manija". El periodista que hizo varias notas en Clarín defendiendo a Toni Negri, un día lo encuentro y le digo "¿vos leíste Imperio, el libro de Negri?". Y como el tipo sabía que yo había escrito un librito sobre el tema me dice: "la verdad que no…" Y le pregunto: "¿cómo, escribiste varias notas defendiendo las posiciones de Negri y no leíste el libro?". "Y, no – me contesta – viste como es esto…" Ahora, ¿cuánta gente habrá leído la nota de Clarín, y salió a repetir que "el marxismo está viejo", que "el Che es del pasado", que lo nuevo, que viene de la mano de Internet, es Negri, etcétera, etcétera…

Eso, a mi, personalmente no me preocupa. Que el suplemento de Clarín sea tan frívolo y superficial, y el suplemento de Página/12 no es muy distinto, tampoco… Sí es distinto el de La Nación, que es más coherente, desde la derecha clásica. Pero La Nación también "levantó" toda esa teoría: le dedicó tres suplementos a revindicar a Negri, a reivindicar el supuesto "autonomismo".

Ese espacio no me preocupa tanto, pero sí que un compañero del movimiento de desocupados "compre" esa teoría, que a mi modo de ver lleva a más división, más fragmentación. Los compañeros del MTD Aníbal Verón aquí presentes pueden contar en carne propia a qué condujo en la práctica ese discurso, aparentemente tan atractivo…

Parte de este libro, entonces, entra en polémica con esas corrientes. No desde la nostalgia, no para volver a suspirar por los años ’60 - que personalmente no viví - sino porque creemos q