Jorge Falcone es poeta,
periodista, ensayista, comunicador audiovisual, hijo de médico y maestra y
nieto del poeta popular magdalense Délfor B. Méndez, nació en La Plata,
Provincia de Buenos Aires, el 22 de noviembre de 1953. Cursó estudios en la
Escuela Superior de Bellas Artes y, proviniendo de un hogar profundamente
comprometido con la causa de los humildes (su hermana Maria Claudia fue
víctima de "La Noche de los Lápices") sufrió persecución por resistir contra
el Proceso. En 1985, más allá de esporádicas intervenciones en revistas
políticas o culturales, publicó su primer libro de poemas desde la Unión de
Trabajadores del Arte y la Cultura de su ciudad natal: "Piedra Libre para
todos mis compañeros". A mediados de 1987 fue seleccionado para integrar la
"Segunda Antología de Poesía Joven Argentina" que publicara la Cooperativa
Editora Hombre Nuevo. A fines del mismo año publicó su segundo libro, "Te
sigo buscando, Liberación". Culminando 1988 dio a conocer su tercer trabajo,
"Bitácora. Poesía en marcha con el pueblo"( primer premio Editorial Amaru).
En 1989 publicó Poemágicos, y al año siguiente la antología "Arre! Potrillo
de los Pobres". En 1992 fue designado por el Directorio del Fondo Nacional
de las Artes como jurado del Concurso Internacional del Cono Sur de Poemas
Ilustrados a realizarse en Río Gallegos, Provincia de Santa Cruz. En 1994
integró -seleccionado por la Embajada de las Letras-, la antología poética
"Refugios del Ser", emanada del Primer Certamen Internacional de Literatura
"Julio Cortazar". Al año siguiente fue honrado por la comuna de su lugar de
origen integrando la antología municipal "Diagonales. Tilos y... poetas"
junto a colegas de la talla de Aurora Venturini, Néstor Mux o Ana Emilia
Lahitte. Simultáneamente, presentó su sexto libro, "La Esquina del
Universo". En la primavera de 1999 dio a conocer sus últimos trabajos, el
poemario "Salgan de las cuevas...!" y la antología poética oral (en CD) "Falcompact".
En 2001 publicó Memorial de guerralarga – un pibe entre cientos de miles e
Itaka.
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Poemas de chuza y FAL
(1974-1978)
Un niño juega
Un niño juega
con un revólver de plástico.
Un niño juega
a que persigue a su sombra.
Con el tiempo la sombra
se volverá de carne y hueso.
Y él comprenderá que el enemigo
no es un indio ni un cow-boy.
Y le verá el rostro del oligarca
o del milico represor.
Y con el tiempo el revólver
se volverá negro y de fierro.
Ciudad en blanco
Ciudad triste
la ciudad en blanco.
No quieren que opine.
Laburantes obligados
tapan sus verdades.
Saben lo que tapan.
El apellido del prisionero,
el nombre del muerto:
Todos compañeros.
Ciudad blanca,
eres para nosotros
cuaderno nuevo:
Te estrenaremos.
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Inventario para reamar a Carlón
Yo
que no he escogido ser poeta de epitafios,
a veces encuentro muertos enredados en mis palabras.
Eso quiso el tiempo que me toco vivir,
quizá mi humilde función sea
rearmarlos de otro modo
y lanzarlos al futuro.
Si tuviera que hacer eso contigo,
compadre,
te pintaría como guerrero y pibe,
con la terrible repugnancia que te inspiraban
los opresores y esa ternura infinita
que dabas a los niños,
Con el andar cansino y displicente
de Don Juan "bogariano"
y los ojos entornados
conteniendo una sonrisa permanente
a punto de estallar.
Te pintaría componiendo a
hurtadillas esos maravillosos poemas de
plazas y banderas que imprudentemente
quemo tu vieja,
y que volviste a memorizar para que hoy nos acompañen.
Nunca nos dijiste que escribías,
nunca supo tanta gente que existías.
Muerto y resurrecto en penas y desgarrones
a veces se te veía triste, a veces dicharachero,
pero, como los jefes, siempre en primera fila.
Como en aquel 16 de diciembre de cascotes y puteadas,
al frente de la gloriosa JotaPé que forjaste cojonuda,
Dicen algunos que sabias que la patria
precisaba de tu sangre,
y que la bancaste a lo guapo
apostando tu suerte a la del Movimiento
como quien dice fatalmente:
"Yo soy el combustible de los tiempos nuevos".
Por eso te sentás a la diestra de Hernán en mi memoria,
Siempre pasa lo mismo con ustedes;
hoy compartimos un vino y mañana el silencio.
Pasado, blancos y negros, son fotos en el diario…
Pero inevitablemente siempre,
nuestros compañeros de ruta a un futuro feliz.
Ahora habrá que soportar que te
descuartice impunemente
el periodismo de la oligarquía,
y te llame con desprecio
Pereira Rossi.
No temas, hermano de las entrañas.
Pronto vendrán días mejores
y volverás a ser
ya para todos,
EL CARLÓN.
(junio de 1983 -JUAN CARLOS LUCERO, seudónimo literario de Jorge Falcone)
El verso es implacable
con aquel que lo ha probado.
Siempre vive al acecho,
te sigue a todos lados.
No te deja ver la vida sino a través de su prisma.
Se te prende como una enfermedad irremediable,
y de nada vale estar de olvido
o hacerse el distraído:
El,
tarde o temprano
volverá a brotar.
(1987)
Sálveme de ser bueno
No vayan a enterrarme
debajo de esas frases
como "fue un buen marido",
en fin,
un "hombre probo".
¡Sálvenme de ser bueno!
Que rece el cartel:
Yace aquí el más grande hijo de puta.
Nos dio trabajo.
Rara vez decía que sí.
Cuando no lo sostuvo el afecto,
el odio,
ese sentimiento imperdonable, lo sostuvo.
A todas les miró el culo
(propias y ajenas).
Educó a sus hijos
para que no hicieran caso.
Puteó hasta la última baba.
Nunca quiso arrodillarse.
En pocas palabras,
fue un sujeto impresentable.
Sigo entregando
para la dama y el caballero...
(2000-2001)
Postal de argentino remanente
Vinieron de oscuros confines
cuando la Patria fue posible.
No fueron protagonistas pero acompañaron
la tarea de poner un país en marcha.
A ellos les tocó
la caña tacuara a cada extremo de la pancarta,
la manguera que sacude el parche hasta ampollar la mano,
el tizón de negro de humo que anuncia
el retorno de la esperanza,
el cantito imprescindible que sostiene el acto al pie de cada
/palco,
el cordón que preserva a la embarazada dentro de la columna.
Fueron pescettos, culatas,
o apenas número anónimo en la concentración.
No elaboraron un proyecto
pero lo sostuvieron en sus hombros.
No sintetizaron la consigna
pero la corearon hasta perder la voz.
Robaron la bandera del banco y
la vaca que garantizó
el asado del 25.
El odio gorila un día
les pateó el hormiguero
y volvieron
a pretéritos oficios de sobreviviente.
Desamparados de la Nación posible,
tumbaron un cajero automático
por no olvidar el sabor del choripán.
Otra vez diáspora sin rumbo
fueron detectados por el gatillo fácil,
cada cual a su turno.
La noche los vio devolver hasta el último glóbulo rojo
sin agradecerles los servicios prestados.
El "medio pelo" descansó seguro
cuando el nuevo orden empezó a deletearlos.
Vivieron como multitud gregaria,
están muriendo por cuenta propia.
En la soledad más extrema,
en el más cruel anonimato,
mantienen una costumbre :
Saber cuándo y
con quién no se dialoga.
Adriana bailó flamenco
El cielo vestía de luto
sobre aquella Madrid.
Ni una sola paloma
ya en la Plaza Mayor.
Una luz subterránea
salpicó en la explanada
el tañido de miles
de guitarras gitanas.
Abajo, muy abajo
de los que van sin rumbo,
en la mismísima entraña
de ese suelo español,
jamón serrano, vino a raudales,
y unas castañuelas ametrallando la noche.
Los días de la tiranía
iban tocando a su fin,
un puñado de compatriotas
dispuestos a volver
(la esperanza y la muerte
sobre el mismo mantel),
y entre aquellos gladiadores...
un rostro de mujer.
Las uvas moscatel
clareaban en sus ojos,
su pelo era humareda
mareada por el viento,
retengo su semblante
estrellado de pecas.
Supe que aquella hembra
venía del horror.
De salvar compañeros
cruzando la frontera
con dudosos papeles
y calibre de guerra.
Que su mejor idioma
no era el de la palabra
y que con la sonrisa
andaba desencontrada.
Pero quien cree en grandes causas
posee una fuerza que arrasa
sin pedirnos ni siquiera
ni permiso ni perdón.
El canto incendió la tasca
y Adriana bailó flamenco
Adriana.
Así la llamamos
sin pedir más explicación.
Adriana bailó flamenco
enfundada en seda roja
y, en su cabello, anidó una flor.
Las uvas moscatel
clareaban en sus ojos,
su pelo era humareda
mareada por el viento,
retengo su semblante
estrellado de pecas.
El tiempo resultó chico
para conocernos más.
Su boca sellada
no pronunció nunca
ni una promesa ni una dirección.
No cupo en aquel instante
ni la pasión de las fieras
ni la ternura del algodón:
Nadie llevó consigo
el sabor de esos hombros.
Nadie le dejó al cabo
la huella de su palma en el seno.
Nadie fustigó esas ancas.
No hizo lugar en su pecho
más que a inconclusas batallas.
Las uvas moscatel
clareaban en sus ojos,
su pelo era humareda
mareada por el viento,
retengo su semblante
estrellado de pecas.
Un día se volvió al sur
sin dar explicaciones,
cargó con su tristeza,
marchó con su silencio.
La lucha la perdió
en alguno de sus rincones.
Pienso, en tiempos de paz,
si se dará una tregua.
Si archivará el acero
y soltará breteles...
Supongo que la verja
que había electrificado
ya no será siquiera
ni de hierro forjado.
Quizás sea de ligustros,
tal vez de mariposas.
Seguramente un día
de esos reconquistados,
un hombre en nuestro nombre
le tocará la puerta
con "malas intenciones",
y la hallará sin ganas
de rehuir amores.
Las uvas moscatel
clareaban en sus ojos,
su pelo era humareda
mareada por el viento,
retengo su semblante
estrellado de pecas.
Adriana, en aquella tasca,
bailó, hermano, para nosotros.
Hoy que la Patria renace
alzo mi copa en su nombre
y apuesto otra vez por el sueño
que nos reuniera en
Babilonia en Ruinas
De estos días aberrantes
recordaremos
la noche ardiente,
como cuando otra autoridad
decretó que lloviera fuego
y pedrisco infernal
sobre Sodoma y Gomorra.
De estos días genuflexos
recordaremos
a los hispanos que fueron al frente
por ser connacionales del Imperio.
De estos días canallescos
recordaremos
a los periodistas latinos que jugaron la parodia de consultarse
ante las cámaras de CNN.
De estos días de "daños colaterales"
recordaremos
el mercado hecho añicos
y la habitación 15 del
Hotel Palestina.
De estos días de prepotencia
recordaremos
la tanqueta de Mc Donalds
volteando
el milenario portalón de los
sumerios.
De estos días de obsceno embuste
recordaremos
las armas químicas que nunca aparecieron.
De estos días de traiciones
recordaremos
a los "irakíes libres"
de Rumsfeld
listos para virreynar.
De estos días sin justicia
recordaremos
la repartija de acciones petroleras
entre los socios de Dick Cheney.
De estos días de preparto
recordaremos
a los pueblos del mundo
movilizados
gritando NO en el rostro del texano.
De estos días de intransigencia
recordaremos
al campesino que bajó un helicóptero Apache
valuado en veintidós millones
con un fusil oxidado,
a las familias que volvieron del exilio no por bancar a un dictador
sino por salvar a su Patria,
a la mujer embarazada
que se inmoló contra tres marines,
al torcito que lloraba
en un hospital de campaña.
Acaso estos congéneres,
estos hermanos,
estos compañeros,
supieron desde un principio
que no tenían chance.
Pero pelearon.
Con palos.
Con piedras.
Con muñones.
Nosotros
TENEMOS EL DEBER
DE ENVIDIAR SU DERROTA.
Porque en aquel desierto
se batió la humanidad
en nombre nuestro.
Compañera meretriz
A la memoria de Sandra Cabrera, dirigente de A.M.M.A.R., asesinada en
Rosario con la complicidad de una sociedad hipócrita y patriarcal.
¿Sabés una cosa,
Sandra?:
Cada vez que me sentí mierda
me aguantaron ustedes...
Pero esta sociedad caníbal,
que nos convierte a todos
en objetos descartables
suele ensañarse
con lo que representás,
aceptando -no obstante-
y consumiendo
tu antigua profesión.
Será por eso que me da náuseas
convivir con pulcros
pedófilos de Internet,
yupis heterosexuales
que curten travas por izquierda y
los linchan por derecha,
sicólogos que llaman puto
al homosexual,
usufructuarios de esa pornografía fascista
en que diez patovas someten
a una aspirante a actriz,
vendedores de secretarias
que parten la manzanita por TV,
clientes sorprendidos por la yuta
que con una cometa duermen
esa noche con su esposa
mientras el yiro duerme
ocho noches en cafúa,
elegantes coleccionistas de cuerpos femeninos
masacrados para el circuito snuff
del hemisferio norte...
Todos ellos ciudadanos probos,
con más poder que vos y que yo.
Te aplastan, Sandra,
porque sos
el monstruo indigerible de la historia,
espejo que refleja el estigma
de aquella doble moral que nos legó
la conquista hispana.
Mi poesía, que
casi siempre llega tarde,
te banca, Sandra,
por argentina y laburante.-
(6/02/04)
Oración por Pier Paolo expulsado del paraíso
"No he elegido otro camino
que el de los que actúan
para la liberación del hombre"
Pier Paolo Pasolini
Fuiste Pedro y Pablo a la vez.
Marxista, poeta de la imagen,
hereje, dramaturgo y mártir.
Pedro por ser la piedra
fundamental de una iglesia bizarra.
Pablo, como Saulo, porque naciste
en hogar de centuriones y buscaste
sinembargo escarmentar a tu padre
siendo el peor de todos.
El más cuestionado y el más cuestionador.
Plasmaste en el arte de tu siglo
una geografía de rostros
tallados a espaldas de la estética vigente.
Manos callosas, risas sin dientes...
Canonizaste al pobre y al feo
expulsando una vez más
a los mercaderes del templo.
Señor de la aridez y del despojo,
nadie hallará paz en tu legado.
Sólo la más feroz
raíz cultural de Italia.
Portavoz de ese sur bastardo,
coitadino, zampuñaro,
miraste al mundo con la pupila
degollada del "Perro Andaluz".
Aún blasfemas contra el cielo
crucificado en Playa de Ostia
por la "buena gente" que oculta
tras un pobre "taxi boy"
buscó cremar tu "moral dudosa".
Virgilio guiará tus pasos
en el averno al que te confinen.
Y el día que las trompetas suenen
y recupere lo justo el cauce,
los señores serán reos,
tus personajes
fiscales.
Picoque
(Canto Coral Mariano )
Qué pena tiene la muerte
cuando de su calavera
siente crecer en silencio
la flor de la primavera.
Manuel J. Castilla Gustavo Leguizamón
A menudo necesito recordarme que, entre los abortos y los falsos embarazos
de mi madre, cabe computar uno que no fue precisamente el mío y que llegó
a buen término el 16 de agosto de 1960. Desde la primavera de 1976 no hago
otra cosa que resistirme a la odiosa condición de "hijo único".
Caminaba con María Claudia por la Avenida 7, charlando sobre la necesidad de
prever el contragolpe enemigo a la hora de planificar campañas de sabotaje
en su contra. Tuve la impresión de advertir a la representante del
bachillerato de Bellas Artes que además era mi hermana muy confiada en la
capacidad de acción miliciana de la UES. Pero lo cierto es que ya nos íbamos
quedando sin viviendas operativas. En una ciudad universitaria superpoblada
de jóvenes, hacia fines del primer año de la dictadura, abundaban las casas
con una docena de refugiados en su interior. No había retaguardia que
resistiera una ofensiva eficaz del enemigo.
Tras albergar a Claudia, el departamento de nuestra anciana tía Rosa Matera
última sobreviviente de seis hermanos había pasado a constituirse en
bastión operativo de su agrupación, obviamente clandestina. María Clara
Ciochini, dirigente perseguida de la UES de Bahía Blanca, también se
refugiaba en aquel sitio que poco antes había sido "la apacible morada de la
abuela de Caperucita". La rutina de un consorcio de medio pelo se veía
alterada de repente por la irrupción de grupos de adolescentes ruidosos.
Nadie notaba, sin embargo, que, en su mayoría, los chicos llegaban
tabicados, es decir, guiados por alguien que tomaba la precaución de
hacerles dirigir la vista hacia el piso para no reconocer el sitio de
reunión y, por ende, no exponerse a denunciarlo ante eventuales apremios. El
lema en boga era el que no sabe, no confiesa. Pero no tardó en ser capturado
un militante que pese a no conocer el paradero de aquel sitio, se contactaba
telefónicamente con sus habitantes. Eso precipitó la decisión de evacuarlo.
En la tarde del 16 de septiembre de 1976, María Claudia y María Clara, ya
alzadas* de su riesgoso refugio, se encontraron con mi padre y, confiándole
que procuraban nuevo destino, le solicitaron algún dinero para moverse.
Al caer la noche, mi compañera y yo nos reunimos con mis padres y mi primo
Jaime, huésped nicaragüense que estudiaba aquella misma carrera que me
estaba decepcionando. Cenamos en el restaurante "Le tre palle", cerca de mi
hogar natal, más precisamente, frente al edificio de Obras Públicas (en cuya
explanada un año antes se había producido la concentración que conquistó el
Boleto Estudiantil Secundario y en la que mi hermana había tenido pleno
protagonismo). La comida transcurrió en un clima distendido y sin
sobresaltos. Nos despedimos temprano porque no eran épocas para circular a
horas avanzadas. Pasó un tiempo considerable hasta que nos enteramos de que,
mientras se desarrollaba nuestra velada familiar, María Claudia y María
Clara retornaban abatidas al peligroso 586 de la calle 56, con la
frustración de no haber encontrado otro albergue.
El portero contó que fueron intimadas a rendición por parte de un grupo de
civiles armados que irrumpió violentamente en el hall. Las chicas corrieron
escaleras arriba amenazando a los intrusos con abrir fuego, pero la
conciencia fatal de que se hallaban en el estrecho pasillo de un edificio de
departamentos lleno de familias las hizo desistir de armar un tiroteo. Y
buscaron refugio en casa de la tía "Tata", que a esas horas descansaba
ignorándolo todo. Una vez que llegaron allí, trabaron la puerta como
pudieron y pensaron en arrojarse hacia alguna terraza lindera, pero estaban
en un octavo piso y toda opción era muy arriesgada. Durante esas
cavilaciones, los matones tumbaron la puerta, encerraron a la sobresaltada
dueña de casa en su habitación y redujeron a ambas dirigentes de la UES para
encaminarse, acto seguido, al baño del departamento. Retirando la tapa
plástica del botón del inodoro, recogieron un gancho del que pendía una
bolsa de polietileno que protegía varias armas cortas y algunas pepas**
pertenecientes a la agrupación. La tía, que logró espiar sin ser advertida,
pudo apreciar que se movieron con datos precisos. Por último, las sacaron a
empujones conduciéndolas a un camión del Ejército apostado frente al
edificio, en el que según testimonio de la peluquera del barrio aguardaba
personal militar en uniforme de fajina.
El odio gorila volvía a conmemorar su Revolución Libertadora y se ensañaba
con aquello que le resultó inaceptable: un puñado de adolescentes con un
Proyecto de Nación. Esto último movería al Presidente Videla a delegar en el
General Camps por entonces a cargo de la Policía Bonaerense ese operativo
de escarmiento contra la osadía del movimiento estudiantil secundario al que
los mismos represores bautizarían como "La noche de los lápices". El
Comisario General Miguel Etchecolatz tuvo a su cargo el procedimiento
llevado a cabo con personal de la comisaría 9a de La Plata. Y el Comisario
Luis Héctor "Lobo" Vides se encargó del interrogatorio durante las sesiones
de tortura en el campo de concentración de Arana, antes del traslado hacia
un destino final en el llamado "Pozo de Banfield".
En el caso particular de los militantes del bachillerato de Bellas Artes, ya
habían sido oportunamente vigilanteados* por el celador Emilio Capalbo y
prolijamente denunciados a las fuerzas de seguridad por la Decana María
Elena Macaruk. Luego de alrededor de cinco meses de cautiverio, en que
testigos presenciales dicen haberlos visto cantar la Canción con todos, de
Armando Tejada Gómez, tomados de las manos en el patio de la prisión, todo
indica que esos chicos habrían sido fusilados sumariamente a principios de
1977, en los subsuelos de la Jefatura de la Policía de la Provincia de
Buenos Aires, en el Paseo del Bosque de la ciudad de La Plata.
Pero en aquella infausta madrugada de 1976 ignorábamos todo esto. Nos
despertaron los golpes de mi madre contra el postigo de la ventana.
-Se llevaron a María Claudia... -susurró. Y fue suficiente para entrar en
pánico. Cuando nos reunimos con mis padres, no podía dejar de temblar.
Intentaba serenarme a toda costa, procurando meditar los próximos pasos. Mi
compañera tomó la iniciativa de organizar la retirada. Nos cambiamos y
afrontamos la madrugada impiadosa. La represalia más común para un opositor
era, hasta entonces, la cárcel. Desde esa perspectiva recomendamos a mis
padres que se movieran con criterios legalistas: ir a la curia, al
regimiento de la zona y recurrir a las viejas amistades influyentes. Urgía
hacer un hábeas corpus. Nos dejaron en Plaza Rocha y, aceptando nuestra
recomendación, siguieron viaje hacia el domicilio de unos parientes. Esa
noche, su casa volvería a ser allanada, ahora violentamente: un jeep derribó
la histórica puerta metálica de cuatro hojas y la arrastró a lo largo del
zaguán hasta el hall. Nosotros optamos por pernoctar en un hotel
alojamiento. Era imprescindible guarecerse para, más serenos, ordenar la
rutina de la jornada siguiente, que prometía ser abrumadora.
Ese sitio al que, juntos o cada uno con otro partenaire, habíamos convertido
en templo del placer, ahora nos devolvía quejidos que nuestra duermevela
atribuyó a los compañeros detenidos.
Ante un destino incierto, y procurando descansar, busqué refugio en la
palabra mágica que con María Claudia imaginamos de pequeños para conjurar la
adversidad.
Picoque -repetí-. Picoque, hermana.
Y me dormí.
(Texto leído en la presentación de su libro MEMORIAL DE GUERRALARGA, un pibe
entre cientos de miles, en la Feria del Libro, el jueves 25 de abril, con la
presencia de Estela Carlotto, Nelva Falcone, Roberto Baschetti, Felix Pigna,
Gabriel Fernandez, Bernardo Alberte, Gonzalo Chavez, Jorge Lewinger, Eduardo
Gurrucharri, Juan Carlos COCO Manoukian, Lissy Lettner, Martin Garcia y
otros compañeros.)
Hay una Patria sin segundos
A la memoria de Francisco Repilado, Ibrahim Ferrer, y el Maestro Rubén
González.
Usted se acuerda, Compay,
cuando el progresismo internacional
se dispuso a rescatar
para el mundo "unos viejitos
olvidados por Fidel"?
Allá en el trono que ostenta
en la memoria de América
recuerda,
no al Teatro Carlos Marx
sino al Carnegie Hall
agradeciendo a Ry Cooder
por el hallazgo de "esos abuelos
que el tirano ninguneaba"?
Y se acuerda, me pregunto,
de su presencia majestuosa
-tiempo después del estreno-
presidiendo la Fiesta Nacional del Habano
junto a su Comandante?
Quién dió vela en su propio entierro,
me sigo preguntando
a esos cuáqueros genocidas que exhibieron
a Jerónimo,
El Gran Apache,
disfrazado para delicia del turismo,
valerosos linchadores multitudinarios
de la raza que inventó el jazz y el blues,
decoradores del Enola Gay
que borró del mapa a Hiroshima
con dibujitos de Disney,
capaces de jugar foot ball para Life
con el cráneo de un arrocero vietnamita
y fotografiarse entre esos marines
que hoy mueren en Irak sin comprender su misión
con un pavo de plástico en Acción de Gracias...
Se acuerda, Compay,
insisto,
del enorme Ibrahim,
amo y señor de las Dos Gardenias,
extasiado ante la 5ta Avenida
después de haber sido entrevistado
junto a su heladera rota,
en un rincón de La Habana Vieja,
diciendo para el mundo su
"¡coño, éto también e beio, chico!"...
(nunca la palabra "también"
llegó tan alto
como a partir de esa escena).
Longevos y paridores, carajo,
a fuerza de socialismo y austeridad...
Quién tiene derecho a mirar
de frente al "largo lagarto verde"
desde su castrado World Trade Center
y decirle qué hay que hacer
a la Patria de Maceo y Agramonte.
De ningún modo,carapálidas,
desfoliadores,
homerosimpsons dispuestos a invertir
el sentido del Big Bang...
De ningún modo globales:
Ustedes están condenados
a morir de inanición
sosteniendo este bloqueo
desde la vecina orilla
de la dignidad.-
(11/2/06)
Detrás de aquel tren, usted
Me veo en la estación de nuestro sur
algo más tenso que de costumbre y a la espera
de que el convoy proveniente de la ciudad
en que vi la luz me despeje el otro andén.
Sigue viaje nomás
con rumbo a capital.
Y detrás de aquel tren
aparece usted.
El Director del Hospital de Don Bosco,
el médico sanitarista que murió de pena,
el hombre que ayudó a parirme,
peleando a la tristeza con el arma
de una sonrisa inventada
solamente para mí.
Ahora le estrecho la mano
-¿me explico?-
porque estoy clandestino y hemos resuelto
que hoy es usted mi tío.
Ahora me enfrento a un torno
más amable si está usted,
que pondera ante el odontólogo
a este sobrino guerrillero y
-por ende-
privado de obra social.
Al cabo volvemos al andén.
Yo parto,
usted se queda.
Le estrecho la diestra formalmente
porque la parca vigila,
y no es afecta a que porte su apellido
mi generación.
Pero ese apretón no traduce
el tanto amor que a buen resguardo
escondemos, papá.-
(12/5/06)
Cadete del horror
Hoy mi parque amaneció
canoso como si hubiera
sufrido un susto atroz de la historia.
Desayunando, te descubrí procaz,
ufanándote otrora
de flagelar civiles maniatados.
Es curioso, Turco.
En una casa que ya olvidaste,
pese a las múltiples visitas
que le hicieron tus amigos,
vive tan feliz como puede
una maestra jubilada que acaba
de cumplir setenta y nueve
lúcidos años.
En este preciso instante
está a punto de despertarla
la militante de derechos humanos
que la cuida.
Descuento que la regañará por costumbre,
que exigirá su té
con edulcorante
-porque siempre fue golosa y eso
hoy le pesa más que antes-, sabes?.
Recibirá el Clarín en su bandeja,
irá sin duda directo a Viva,
guardará una receta.
Acaso reciba gozosa
un beso cierto de su segunda nieta.
Promediando la mañana,
afinará la voz
sin tapar a El Polaco,
para que el molesto vecino
que le pudre el techo
sepa al menos que está
mucho más viva que él.
Yo asistiré sin duda
a compartir su almuerzo
lo más despojado de quebrantos que pueda,
tratando de que ella sea
la misma que regalaba
soldaditos de plomo
cuando en invierno no hacía
veintiséis grados
como la semana pasada.
No me entendés, sorete...
Lo que digo es que esa vieja
no contribuye como vos
a hacer mierda este planeta,
que tiene estufa y sin embargo
la mitad de lo que merece
lo distribuye a principio de mes,
que no recuerdo haberla visto
matar ni siquiera a un bicho...
Eso apenas, lacra del mundo.
Que vos y ella caben
en la misma especie,
y no hay árbitro en el cielo
que elija quién conviene.
Avanzada la tarde,
con siesta o no,
después de repasar
los más gratos recuerdos
-vos no sabés, pero a esa edad
las dichas del pasado
acarician el presente;
no sabés porque afanaste
la condición humana en un descuido
de ese Dios más tuyo que mío,
y que por suerte no existe
(de lo contrario es seguro
que ya te hubiera salvado)-.
En resumen, que la vieja
tendrá un domingo dichoso,
lo prometo.
Que verá el sol si lo dispone.
Porque ningún candado
la retendrá como a vos.
Que acaso olvide el Sintrón
que la mantiene sin dramas,
más no a vos.
Eso
ni lo sueñes,
Julio Simón.-
(del poemario inédito "La gomera de David")
El hombre que se llamó a silencio
El hombre que se llamó a silencio
nació a la luz y al color
de la mano de Da Vinci
y de José María Sert.
No eligió
montar su caballete en atelier.
Buscó más bien
el cielo abierto,
como Van Gogh.
El hombre que se llamó a silencio
-vasco, rústico, y angelical-
bocetó la lucha de su pueblo en papel croquis.
Más de una vez
la represión le dejó su firma con sanguina.
El hombre que se llamó a silencio
no creyó en arte de catacumbas
y se hizo a La Plaza
con Las Madres de Todos
enseñando
-como un mago de cumpleaños-
papirología con siluetas
del tamaño de nosotros.
El hombre que se llamó a silencio
no tuvo
curadores, galerías, ni catálogos.
Odió visceralmente
con incendiario amor
a toda la humanidad.
Un día reventó de bronca
y amaneció
vacío de palabras.
Dejó constancia de que no escogía
ser ogro de cuentos de hadas
montando una calesita
en el barrio Las Cañitas.
Le dio la pera al pibe más triste
y después
se enclaustró
(dicen
que rigoreando
-en su final-
al ser que más amaba).
Más tarde
se lo tragó el olvido.
Este poema
sale a buscarlo.
(7/1/03)
A la memoria del maestro Rodolfo Aguerreberry,
ideólogo de las siluetas de papel
que reclamaron por las víctimas de la dictadura
durante la transición democrática.
Amor sin recipiente
La tierra no entierra a los muertos,
los entierra el trabajo de duelo que, con palabras,
categoriza al existente real en no-existente real,
pero sí en recuerdo existente
Alfredo Moffatt
Hoy preciso que me expliques
cómo puede crecer lo que está quieto...
O -al fin y al cabo-
quién resuelve que está muerto.
Porque sucede que yo
ni te tengo ni te veo.
No me alienta tu palabra
ni me contiene tu abrazo.
Sin embargo te visito
en comarca innominada.
Ahí habitás como nunca
(y a la vez como siempre).
Y yo te estoy queriendo tanto
que no sé
a quién le pertenece tamaño sentimiento.
Gestito de ternura que devuelven los espejos.
Mi cariño se ensancha inundando tu ausencia.
Y como no soporta su peso mi osamenta
vengo a la casa de los que tantos que te extrañan,
vengo y lo sirvo sobre la buena mesa.
(12/9/00)
A la memoria de Guillermo Di Bastiano,
capitán del equipo de fútbol de mi escuela
primaria, detenido-desaparecido por la
dictadura del general Videla.
Pollera de bambula hindú
Te recuerdo llegando.
Flotando en tu sexualidad oronda
agitada por la brisa.
El tiempo me quitó tu nombre.
Apenas entrabas en la adolescencia
y yo
ya estaba "en edad de merecer".
Te fijaste en un padre joven
que tomaba sol al borde de la pileta.
No sabías que llegaría a la cita
enfundado en cuero negro y
luciendo una estrella federal.
Plaza Congreso fue testigo de ese encuentro
entre generaciones y circunstancias diversas.
Cada uno a su modo
rompió alguna caparazón.
Yo me acerqué con un deseo curioso,
vos me cabalgaste con soltura.
Recuerdo esa maravilla
como ocurrida en la vida de otro.
No quieras saber lo que me costó
aprender tu juego.
Y -más aún-
dar con quien sepa
de qué se trata.
El argentino que falta
Dos décadas han pasado y
las larvas afanadas
en roer la democracia colonial
se empeñan en convencernos de que
librándonos de su sombra
(soltando apenas ese lastre
el globo aerostato de nuestra prosperidad
volverá a remontar vuelo)
como por arte de magia
nos abrirán su puerta
los medios.
Cómo se explica entonces
esta contumacia
de aceptar el abrazo del oso
pudiendo usufructuar un patrimonio
que no posee ningún otro,
negándonos neciamente
a las ventajas de la telefonía celular
y las delicias
de la secretaria ejecutiva.
Por qué bancar a ese político sin fuste
(que en vez de agradecer su suerte
elaboró un modelo de país posible),
por qué firmar al lado de ese cadáver
(que ante la anemia de las ideas
todavía encuentra qué decir).
Por qué cartearse con el traidor
que (como El Chacho o Varela)
mandó al muere a una generación entera...
Ocurre, señores roedores
de la carroña que dejó un pasado muerto,
que se puso a resguardo el tal sujeto
cuando lo decidimos todos,
y cuando hubo un alto el fuego
-mal que le pese a sus jueces-
le puso el cuerpo a las nuevas reglas de juego:
Autocrítica sin grandilocuencia
la del que va a la sombra por
debatir la historia de todos
y carpe el surco de la falacia
mientras otros
invertimos nuestro tiempo en
reconstruir hogares;
la del que duerme entre comunes
a merced de un fleje
afilado por la reacción;
la del que, bastardeado,
le hace hijos al calabozo.
¡Dáme otro de esos,
oligodemocracia de la resignación!
Pero que sea uno que sueñe
con un futuro sin descalzos,
ahora que tus personeros
se acalambran ondeando
la dócil bandera de la rendición.
Sueños estrellados a los pies de la gitana Marlén
"Los días de la gente
como nosotros están contados.
Un solo Dios va a expulsar
a todos los demás."
Merlín a Morgana,
durante el casamiento cristiano de Arturo,
en el filme Excalibur, de John Boorman
No me basta con lo que existe,
lo saben todos:
Llevo medio siglo concentrado,
tratando de interpretar la borra de café.
En tren de aburrimiento
hago fuerza por levitar
pero el cielorraso
siempre queda igual de lejos.
Ya no visito el camposanto
porque ningún habitante
de la bóveda familiar
me dice nada desde hace tiempo.
Apenas los anormales
que me tuvieron paciencia
saben que yo no miento
si digo que busco fantasmas
desde que existo.
De madrugada
me alejo del grupo
y clavo la vista en lo oscuro
por ver si lo que se mueve
tiene otra naturaleza.
Pero no.
Pasa la sombra de un gato,
linyera me suelta un pedo...
Nunca más que eso.
Nunca el habitante
traslúcido de las lóbregas mansiones
que sabe de algún tesoro o avisa
que ha sido mal matado y busca
ser vindicado.
Nunca Bien Boa, el fantasma actor
que divertía contertulios
unidos por la fe en Alan Kardec...
Nunca
la mano de Napoleón 2°,
materializada en un teatro
por Federico Antonio Mesmer
a la vista de todos los presentes
(de todos
menos yo...)
Nunca la dama que,
después de hora,
recorre la dependencia en que trabajo
seguida de un halo frío
(los hombres de la guardia le temen,
a mí
no me pasa ni pelota).
Nunca en la vida la fútil ventura
del sheriff que llegó primero
al accidente de Roswell
y chamuyó con los cabezones...
Ni siquiera la chance
de ser boleta como testigo
o tragado por el mítico
Triángulo de las Bermudas
para habitar Atlantis por siempre
y cagarme en la gilada...
Es así:
Soñé despierto pero nunca vi
las naves-cigarro
que describió Francisco Atienza,
ni compartí el sobreentendido
del que baja de Uritorco...
No se ha hecho para mí
la fortuna de ser abducido
como la hermana de Fox Mulder...
Conocí el Castillo de Hamlet
pero en la foresta escandinava
no me esperaron
-o no tuvieron paciencia o
conmigo no transan-
ni trolls, ni duendes, ni farfadets.
Ni los subdesarrollados elementales
que -según cuenta
mi amiga más New Age-
pueblan un árbol añoso
en la bahía de San Borombón...
De qué vale ver el sol
-pregunto-
si se nace sabiendo
que no se montará al Pegaso,
o que ninguna lamia nos robará el aliento
con su beso apasionado y letal...
Ahora vos, Marlén...
Decíme qué te costaba,
gitana turra de Villa Devoto,
hacérmela más larga...
Sacarme un poco más de vento
a mí,
que llegué a vos regalado
y buscando
atrapar a esa mujer
que me habitó más de la cuenta,
como una sirena
en las redes del misterio.
Por qué tuvo que tocarme
una hechicera senil
-me cago en vos-
a mí
que venía tan dispuesto
a serte incondicional, Marlén...
¿No puse morlaco sobre morlaco
acaso...?
¿No anudé el repasador con el nombre de ella
debajo de la almohada,
no escribí el de ambos
en la cáscara de un huevo
que se pudrió bajo la cama...?
¿No compré tus velas rojas
sin preguntar
para qué se usaban
y volví al mes, Marlén,
como recomendabas...?
Por qué tuviste que barajarme,
vieja puta,
en la segunda visita,
preguntando
"¿y...?
cómo va llevando el cáncer...".
(13/12/02), y viernes, para colmo...)
A mi amigo Guillermo Silva,
por "Las tertulias de sir Abelardo"
(que sí curan el dolor)
17/09/2006
A 30 años de la Noche de los Lápices
Carta abierta a María Claudia a tres décadas de su último combate
Por Jorge Falcone
Treinta años después de vos poco queda del mundo que conociste. Aquel,
bipolar, que por mandato del General nos encontró No Alineados (te acordás
de Ho Chi Minh preso de la URSS por no ser stalinista, te acordás de la
soledad del Che en la Quebrada del Yuro?). Ese universo binario (Guerra Fría
de Oriente y Occidente, consignas de Patria y de Muerte). Este otro tiende a
la multipolaridad (Berlín ya sin Muro, Unión Europea, MERCOSUR). Y merced a
la Revolución Tecnológica se acerca cada vez más a la utopía Mc Luhaniana de
la Aldea Global. De todos modos, como canta Sabina, aún conviven "fibra
óptica y ladilla". La principal potencia del planeta, por arbitraria,
beligerante y falaz, se ha vuelto patética.
Aún así, nadie le cree pero pocos la enfrentan resueltamente (como Irán,
Corea, Cuba o Venezuela). Salvo intentos parciales -como el Foro Social de
Porto Alegre- el mundo periférico todavía no ha vuelto a coaligarse. Es
notable -resumiendo- la soledad de los pobres. En este sur aguantamos varios
Tsunamis: En los 80s, el de los oligarcogenocidas que casi nos dejan sin
rebeldes; en los 90, el de los neoliberales que rifaron el Estado Nacional
cantando La Marchita; y en los albores del Siglo XXI, el de los progres que
barnizan el capitalismo salvaje con su buena onda. De resultas que el
remanente de lo que ayer llamanos Argentina -con un norte amenazado por las
fronteras flotantes y las iglesias electrónicas, y un sur disputado por
Benetton y Ted Turner- se reduce a una entelequia mediática de sesenta
cuadras en torno al Obelisco.
Lo peor de todo es que el mismo movimiento que surgió para clausurar la
Década Infame, dio a luz otra semejante, cuyas consecuencias aún intentamos
desmontar. Andá a silbar hoy La Marchita a algunos de los barrios diezmados
de extramuro, andá a pedirle a un pibe que se excite con la mística
revolucionaria que conoció el peronismo... en este presente módico al que
muchos militantes aceptan como estación terminal de sus anhelos. Primero se
rediseña con sangre la economía, después se rediseña con mediático empeño la
Historia. De modo tal que hoy el desaparecido 30.001 es el pensamiento
estratégico. Se ha desmontado -con saña y por décadas- la dialéctica de
causa- consecuencia, el sentido de los hechos que construyen el presente. No
concebirías, con tu lógica de otrora, que hoy educarse constituya un acto
revolucionario de primer orden.
En tu caso, por ejemplo, en el sitio web www.politicaydesarrollo.com.ar he
leído a ese Almirante Zaratiegui que le niega a Estela Carlotto el mismo
nieto que el enfermero que asistió a ese parto confirma, recriminando la
versión que te describe como una inocente Caperucita Roja que el lobo se
tragó... A vos, que como tus captores supieron, fuiste tan "subversiva y
apátrida" como el resto de tus compañeros. Y es que aún quedan "incautos"
capaces de suponer que aquella adaptación fílmica que los bautiza "perejiles" cuenta con el beneplácito de los que aún no nos bajamos los
lienzos... Lo que el poder no tergiversa, Claudia, lo escamotea; como al
compromiso inviolado con que los ex guerrilleros nos avinimos al orden
constitucional, mucho menos ventilado que la autocrítica uniformada. "Perejil" justo vos, hijita del Aramburazo que a la liberación sacaste sólo
boleto de ida. A vos, a quien una cultura de la postración vincula
exclusivamente con el Boleto Estudiantil Secundario, omitiendo las "cañadas"
de la UES contra conspicuos matones de Las Tres A (como si avergonzara haber
enfrentado resueltamente a los que vendieron la Nación).
En controversia reciente con un ex primer mandatario, el Presidente ha
convertido a 30.000 en una cifra de mártires, lo cual -en un país
mayoritariamente católico, apostólico y romano- equivale a considerarlos
víctimas inocentes de una violencia arbitraria. Aún a aquellos que salieron
a matar o morir por una Patria Justa, Libre y Soberana. Hace poco escuché la
entrañable recopilación de canciones primerizas del trovador cubano Silvio
Rodríguez. En uno de esos temas el cantautor entona "no tengo que cerrar los
ojos para ver..." en alusión a la precarización de la vida cotidiana que el
bloqueo imperial impone a los suyos. Y el que escribe esas líneas tiene en
ese entonces apenas 20 años. A veces me pregunto cómo es posible tan
temprana claridad. Y suelo responderme que sólo es posible con una vigorosa
Revolución detrás. A menudo los pibes se preguntan cómo es posible concebir,
en un país de semejante complejidad, revolucionarios de 15 años. En
consecuencia respondo que -lisa y llanamente- no es posible. Sin una heroica
resistencia peronista de 18 años por detrás, y una ofensiva popular masiva
al grito de "Luche y Vuelve".
En conclusión, hermana, no constituyen mayoría los pueblos que hoy apuestan
a una versión más humana de este sistema inhumano. Y lentamente cuaja en
Nuestra América la convocatoria bolivariana a inventar un Socialismo para el
Siglo XXI. No porque se le ocurra al Cdte. Hugo Rafael Chávez Frías, sino
porque Stalin no merece llevarse a la tumba esa utopía.
El odio, María Claudia es un sentimiento con mala prensa. Pero ha dicho el
Che que "un pueblo sin odio no puede vencer". Sabido es que, inaugurada esta
democracia formal, los beligerantes contra el régimen defacto renunciamos a
toda acción directa. No hicieron lo propio los esbirros de la oligarquía
económico-financiera: Violaron y aplastaron en Catamarca a una jovencita y
después se guarecieron entre sus jueces; patearon hasta la muerte a un
conscripto y lo ocultaron en sus cuarteles; lincharon a un ricotero en
comisaría porteña; fusilaron a un seminarista rosarino en el techo de su
merendero; e hicieron lo propio con un artista plástico y un ladrillero en
la Estación de Avellaneda... pero cierran filas para que la ley no castigue
a los ideólogos de esos hechos. Gendarmes pertrechados contra los pobres
entran en acción a diario en parajes donde la prensa "nacional" no llega (o
decide no llegar). En resumen, que no renunció a la lucha armada la vieja
oligarquía. Y que esto constituye la prueba más palmaria de que nunca tuvo
dos demonios la Argentina. Aquí no se habla del odio que deviene venganza,
sino de la furia que se torna memoriosa energía creativa. Con miras a
construir mayoría, para que un mañana justo ya no cueste más vidas.
Evita lo sabía, Clau, los que menos tienen son los que más dan: Ante un
Estado diezmado emergió vigoroso tu Pueblo de siempre, multiplicando el
voluntariado solidario a lo largo de la Patria. Montando merenderos, salitas
de guardia y consultorías jurídicas gratuitas, huertas comunitarias,
fabricas recuperadas, y los más diversos microemprendimientos. Porque, como
dijo Ernesto Cardenal, el sacerdote sandinista: El Pueblo nunca muere.
La taba está en el aire, compita de los bellos días. Y en tanto gira,
Johanna se refugia en un cyber de Mendoza para huir del bardo familiar, y me
escribe un mail donde expresa que desearía ser vos. Nahuel, a sus doce,
cuida sus cotorritas en Puente de Fierro a la espera de dedicarte un poema a
viva voz el próximo 16; y Lucas, a sus catorce, rebobina en La Aceitera una
película que te nombra, para entender de una vez. En resumen, mi dulce
interlocutora, que ni vencimos aún... ni esta dicha la última palabra.-
Tu hermano Jorge, que siempre extraña nuestras charlas. Y aquella risa que
no cesa.
Hacia una lírica de emergencia
Ponencia para "Segundas Jornadas de Arte Público Latinoamericano - Buenos
Aires- 2004" celebradas en Gráfica Chilavert Recuperada, del 12 al 16 de
octubre.
"El gran poeta de la revolución es el pueblo"
Francisco Urondo
Albores del Siglo XXI: Composición de lugar
En su "Divina Comedia" el Dante comenzaba diciendo "En medio del camino de
la vida, me descubrí perdido en selva oscura...". No es mal comienzo para
que un sobreviviente de la dura experiencia de los años setenta intente un
alto en su itinerario de modesto trabajador de la cultura, de productor de
bienes culturales, y revise en voz alta en qué consiste -por ejemplo- la
literatura que propone. En una bisagra de la historia que exhibe desde el
espejo retrovisor la caducidad de las dos grandes identidades nacionales
desde las que el pueblo argentino viniera peleando por un destino mejor -yrigoyenismo
y peronismo-, y desde el parabrisa un mundo multipolar en reacomodamiento,
con una potencia hegemónica belicista capaz de poner en riesgo el futuro de
la especie, enfrentada a países periféricos que -más allá de la auspiciosa e
incipiente instancia del Foro Social Mundial de Porto Alegre- no han logrado
coaligar aún sus intereses como en aquel escenario de la no-alineación,
vengo dirigiendo mi trabajo literario prioritariamente hacia las nuevas
generaciones, víctimas preferenciales de un largo y esmerado proceso de
vaciamiento de conciencias. En ese camino he resuelto no autocensurarme,
cualquiera sean las consecuencias que me toque afrontar. Esto no sólo
implica un gesto elemental de honestidad intelectual, sino asumir
públicamente la cuota-parte de responsabilidad que me cabe como protagonista
de los hechos que narro. Por eso no me cuido de explicitar mi pertenencia al
tronco ideológico nacional, popular, y revolucionario alimentado desde el
fondo de la historia por las grandes mayorías , aunque ese legado estorbe.
Nombro frecuentemente a la oligarquía porque esa clase social parasitaria y
retrógrada no admite eufemismos que encubran su culpabilidad histórica
respecto al estado de postración que hoy padecemos. Y también me permito
ironizar a menudo sobre la gobernabilidad vigente, porque sostengo que
nuestro deber de argentinos es transformar la Colonia en Nación, y no darle
una mano más de pintura.
La poesía es inherente a la naturaleza de los pueblos
En repetidas ocasiones se ha polemizado acerca del patrimonio de la
"inspiración creadora", como si esta pudiera aflorar mágicamente entre pocos
y negarse sistemáticamente a otros muchos. En lo que a poética se refiere,
yo parto de la base de que el nuestro es un pueblo que canta. A su modo en
el interior, a su modo en la gran urbe, pero el nuestro es un pueblo que
tiene por costumbre -como tantos otros- cantarle a su desdicha y su
alborozo. Se ve en las canchas, en las peregrinaciones religiosas y,
obviamente, en las concentraciones políticas. Y es un pueblo con mucha
inventiva. Lógicamente, yo emito este juicio desde una latitud determinada
(pese a que he recorrido casi toda la extensión de nuestra geografía). Nací
a hora y media del Puerto de Buenos Aires y tengo, por ende, una cosmovisión
provincial y ciudadana. Por eso mismo creo que planto un pié sobre José
Hernández y otro sobre el Grupo de Boedo. Bonaerense al fin, esas son mis
referencias principales. Y es desde ese enclave que constato a diario lo que
afirmaba anteriormente: La enorme capacidad de nuestro pueblo para sublimar
su realidad cotidiana. Viajaba recientemente en un taxi bajo el cielo gris
plomizo de la capital, filosofando con el chofer acerca de las coincidencias
del rigor climático y el de la actualidad socioeconómica, cuando el hombre,
después de guardar un reflexivo silencio, se volvió hacia mí espetando: "Lo
único que nos falta es que la primavera se rechifle y también los largue en
baranda". Si lo traigo a colación es para que recapaciten los desprevenidos
que suponían que en ese diálogo el poeta era yo.
El poeta como ladrón de la imaginería popular
En todo caso, la habilidad de quien ha elegido una poesía referencial como
su medio de expresión será la de percibir y capturar los datos de aquella
esencialidad que -según el autor de "El Principito"- sería invisible a los
ojos; lo que a mi leal saber y entender, y como tantas otras cosas, se logra
a fuerza de observación y trabajo. Y, lógicamente, asumiendo a la vez un
compromiso afectivo con la tarea que se desea acometer. Referiré brevemente
un par de ejemplos de mi cosecha a fin de aclarar lo que expongo. El primer
caso vinculado a la retransmisión oral y el segundo a la vivencia directa.
Mi poema titulado "Composición: La Vaca" surgió casualmente ante la sórdida
descripción de un hecho acaecido en un barrio muy pobre de la Provincia de
Buenos Aires durante los saqueos de 1989, el cual me fue referido con
particular elocuencia por un testigo directo. El impacto emocional que me
produjo la anécdota, consistente en el descuartizamiento de un animal vivo a
manos de la población famélica, fue en mi tan poderoso que me indujo a
contrastar violentamente la escena con aquellas ingenuas composiciones
literarias que nos eran reclamadas desde una escuela primaria remota e
irreal. Si tiene algún valor comunicativo, seguramente nace de semejante
contraste. En él coloqué mi condimento autoral:
Composición: La vaca
Señorita "Chispa" Migues,
Maestra de mi primer grado:
He tratado, desde aquellos días,
de ser como soñaba usted.
Hoy confieso,
Segunda Madre,
Que no me fue del todo bien.
Los vigilantes no se dedican,
como en las lecturas de "Agüita Clara",
a cruzar la calle a las viejecitas.
Los abuelos ya no comparten
ni las faldas ni los cuentos
sino la desesperación.
Ya no canta como entonces
"El sapito Glo Glo Glo".
Y he sabido que Sarmiento,
maestra,
no sólo no faltaba nunca a clase
sino que -de grande-
se dedicó a regar la pampa
con la sangre del criollaje.
He buscado, no obstante,
como se ve,
mantener mi letra pareja,
no comerme los mocos,
y aprender de los mayores
(Solo obtuve -de ese modo-
historias de inconclusas gestas).
De tanto en tanto
He intentado,
Como lo hacia en su clase,
Plasmar imágenes sobre un papel.
No hay caso:
Me llevo mal con la belleza impuesta.
Pruebo...
"Composición: La vaca"
Y no acude en mi auxilio
La estampa bucólica
de los caramelos "Cremalín",
sino la bestia desaforada
que empujaron a la villa
en los días del saqueo,
y pinto literariamente un festín dantesco
de harapos, sangre y bufidos:
"Clava su cornamenta en el polvo
y la busca,
cual plaga de langostas,
un enjambre de cuchillos.
Muge brutalmente y se tumba.
Se yergue y huye torpemente
cayendo sin tregua sobre el costado
en donde hasta hace poco
la sustentaba una pata.
Tose muerte y se estrella
contra el alambrado.
Después,
viejos, mujeres, y niños...
Gente con hambre que danza
en derredor sin que entienda.
Y se la lleva
de a partes".
Lo sé,
maestra de mi primer grado,
nunca volverá usted
a ponerme MUY BIEN DIEZ.-
En el otro caso -el poema "Roja flor en mano negra"-, sucedió que quedé
prendado, durante una conmemoración de la gesta de Malvinas llevada a cabo
en mi ciudad natal, del detalle producido por el contrapunto entre una
humilde mano morena portando una flor y el fondo solemne de una placa de
bronce. Ese fue el disparador que me permitió luego desarrollar el poema: El
austero homenaje de nuestro pueblo y la grandilocuencia ceremonial de los
poderosos. La sencillez y la gloria impostada:
Roja flor en mano negra
Segundo día de abril,
uniforme aceitunado
galardonado en sangre y barro,
roja flor en mano negra,
piel y bronce y atrás
¿qué, compadre?, ¡¿Qué?!
Atrás,
pero muy atrás,
el frío glacial.
Y unas islas que, a veces,
ni figuran en el planisferio,
y una sonrisa joven
atrincherada,
y acostumbrada a ver la guerra por TV.
Y una ciudad remota,
plagada de oficinistas,
adonde no llegan más esquirlas
que las de una malversada información.
Y unos pocos voluntarios,
y unos muchos incrédulos,
y el show de las recaudaciones que se evaporan,
y la Primer Ministro gruñendo
desde los kioskos,
y los aviones clavándose
desde el cielo
como gaviotas que descubren
que el pez buscado es ballena.
"¿Qué mierda valen esas piedras?";
se preguntó un argentino.
Y otro cayó, al mismo tiempo,
degollado por los gurkhas
a distancia sideral
del último long play de Sui Generis.
Hablo de ustedes, cumpitas,
y las metáforas no acuden...
Los tengo que nombrar sin vuelta
porque el poema no alcanza para decirlos:
Mazorqueritos del Atlántico Sur,
Riveritos de tierra adentro,
cada criollo de buena madre
lleva sus sueños de escarapela.
Como escribiera un sargento
caído en aquellas nieves:
"La rendición no cabe en mi vida.
Después de muerto, hablaremos".
Roja flor les deja
-año tras año-
una mano negra.
Manito de la memoria:
Atrás tuyo
¿qué se esconde?
Un pueblo sobreviviente,
una casita de chapas,
una estampa de Ceferino,
un calentador Bram Metal,
un pibe y un perro jugando
a compartir la misma sarna;
aquí no se habla de Patria.
Solamente
se trabaja y se muere.
Y se sale, de vez en cuando,
sin despedirse siquiera,
la vista puesta en el sur de las cosas
(a sabiendas de que el norte usurpa)
para volver acaso
arrastrando del cabello a la esperanza
o -en su defecto-
en algún lugar ignoto
clavar para siempre la guampa.-
Es aquí donde tomo partido por una épica de lo cotidiano. De esta manera
entiendo yo que -al igual que otros artistas- el poeta es un cazador de
imágenes al acecho.
Verdad histórica e imaginario colectivo
En su novela póstuma, "Megafón o la guerra", el gigantesco Leopoldo Marechal
hablaba de una "batalla terrestre" y una "batalla celeste". Allí se pueden
sondear las claves del inestable equilibrio entre lo entendido como
"histórico" en tanto "hecho real", y aquello que se nutre de la imaginación
colectiva, abrevando siempre en lo anterior. Yo elijo producir mi trabajo
poético haciendo pié en un punto intermedio entre ambos polos de esta
aparente contradicción (si digo "aparente" es porque entiendo que hablamos
de fenómenos complementarios e interdependientes). Opto por una verdad
histórica en tanto creo que sin pasado no hay futuro. Y cultivo una fantasía
que se nutre en nuestra gente porque es ella quien demuestra , desde tiempo
inmemorial, que sin sueños y sin magia no se puede afrontar el rigor de esta
lucha desigual por la dignidad humana, ni acometer las grandes empresas
pendientes. Un par de ejemplos sencillos en relación a lo dicho: Durante el
mediodía del 25 de mayo de 1980 fue interceptado el ómnibus en que yo
viajaba desde Brasil hacia la Capital Federal de nuestro país, para
reinsertarme clandestinamente en la resistencia popular contra la dictadura.
En dicha ocasión y durante un interminable lapso de tiempo, un Grupo de
Tareas puso en tela de juicio la legitimidad de los documentos que yo
portaba. Como un relámpago me cruzó la idea de hacer referencia a un
matrimonio mayor que había conocido en la frontera. Advirtiendo la situación
y sin previo aviso, el hombre de aquella inolvidable pareja, obrero
ferroviario cesanteado por el régimen, reaccionó de inmediato en mi favor
presentándose como un tío y sorteando el riesgoso entredicho. En concreto,
me salvó la vida. Este es uno de los tantos hechos reales que me siento
compelido a rescatar. A mi me deja una moraleja simple: El pueblo trabajador
no permaneció impasible frente al horror de la tiranía oligárquica. Y ESTO
DEBE SABERSE. En otro plano, a mediados de la década del 80 me tocó asistir
a una fiesta realizada en una villa de emergencia de las afueras de mi
ciudad natal donde años atrás se filmara parte de la película "La noche de
los lápices", referida a una conocida gesta de estudiantes secundarios
sumamente respetados en la región. La desaparición de mi hermana en dicho
episodio me vincula con el tema aludido desde el dolor y el orgullo. En
tales circunstancias, e identificándome como familiar directo de una de las
víctimas, un grupo de niños que participase de la reconstrucción
cinematográfica de una jornada solidaria de alfabetización me "informó" , en
inconsciente alusión a la actriz protagonista del filme, que ellos habían
tenido la suerte de conocer personalmente a mi hermana cuando estuvo por
allí, días antes, enseñándoles a leer. Está de más expresar que, ante la
convicción con que hablaban esos pibes, mi emoción fue tal que ni siquiera
intenté rectificar su versión: María Claudia Falcone estaba viva para ellos.
Y, en aquel instante, en su imaginario esto era cierto. Acaso fue la forma
que encontraron para insertarse -en alguna medida- en unja historia que no
vivieron. Esa será su historia -tan válida como la "real"-, al menos hasta
que crezcan. Y ningún racionalismo positivista tiene derecho a
arrebatársela.
Rescatar a la poesía de su prisión libresca
No agrega nada nuevo describir el quebranto de nuestra industria editorial o
el desembarco de los "tanques" extranjeros en dicho rubro. Tampoco resulta
original afirmar que una economía de subsistencia ha llevado a que, merced a
las urgencias de la vida cotidiana, el hábito de la lectura desaparezca de
la mayoría de los hogares argentinos. Ni qué hablar en la franja juvenil a
que aludí como destinataria preferencial de mi producción. Esta situación,
sumada a la irrupción masiva de las nuevas tecnologías, que facilitan el
acceso a la información por nuevas vías, de asimilación aparentemente menos
exigente que la lectura, va cerrando aceleradamente el ciclo que Mc Luhan
definiera como "Galaxia Gutemberg". Siguiendo este razonamiento, la suerte
del libro -tal y como lo conocimos durante el siglo pasado- estaría echada.
Ya circulan entre nosotros las obras completas de Shakespeare contenidas en
soportes digitales que irán siendo gradualmente cada vez más miniaturizados.
De modo que, de ahora en más bien podría creerse que escribir un libro será
sentar un arcaico precedente de que se ha existido. Pero la poesía, nacida
en asociación estrecha con la música, no es un género literario que se haya
ceñido siempre a dicho envase. Sin ir más lejos, desde épocas remotas,
juglares y trovadores la pasearon por los puntos más inimaginables del globo
contagiándola a voz en cuello. Hoy se percibe en los foros encargados de
cultivarla una revalorización de la oralidad. No pocos beneficios le ha
proporcionado la canción. Lo dice quien conoció a Machado en la voz de
Serrat y a Martí en la de Milanés. A esta altura puedo afirmar con enorme
satisfacción que la mía es una poesía en circulación y uso permanente: En el
aula, en la FM comunitaria, en el cancionero popular, en Internet. Entiendo
pues que se impone adaptarnos a los tiempos que corren e imaginar con
audacia nuevas formas de difusión esencialmente masivas.
Conclusión
Desde Concolocorvo hasta Eduardo Galeano existe un vasto territorio de la
escritura no reclamado por la crónica periodística ni el ensayo literario.
Si el testimonio directo es tan intrínseco al documental como la metáfora lo
es a la poesía, en ese cruce de caminos nace la mía. Toda poesía que se
proponga militar en el cambio devendrá, en los tiempos que corren, lírica de
emergencia. Así lo entendió Benedetti cuando arreciaba la represión en su
Patria y publicó el poemario "Letras de emergencia". Lo propio haría Silvio
Rodríguez cuando la inminente Revolución Popular Sandinista se vió amenazada
por una posible invasión de marines norteamericanos, y editó mundialmente su
célebre disco "Canciones urgentes". Mi humilde contribución se propone,
desde la Cooperativa Sur, nacida en 1988 con el lema "Trabajadores de la
cultura por la cultura del trabajo" en aquella CGT liderada por Saúl
Ubaldini; hasta mi actual labor conjunta con el Movimiento Nacional de
Empresas Recuperadas, retomar la senda trazada por artistas comprometidos
con la lucha de los trabajadores y el pueblo, como aquel Ricardo Carpani que
definiera la gráfica inolvidable de la CGT de los Argentinos. Mucho me he
cuestionado acerca de si lo que escribo es realmente poesía, o merece otra
definición, como la de prosa poética, o -lisa y llanamente- texto poético. Y
muchas han sido las impugnaciones recibidas por haber rescatado vocablos del
habla popular carentes de tradición poética. De hecho, para la mayoría de
los cenáculos en que la poesía se eleva hacia el Parnaso de unos pocos, nada
tengo que ver con ellos. En octubre de 1990 -no obstante- recibí una carta
de mi gran amigo, el difunto poeta Alberto Vanasco, que sostenía al
respecto: "No puedo decirte si tus textos tienen algo que ver directamente
con la poesía, pero estoy seguro que la poesía del futuro irá por esos
mismos carriles". Por ahora me basta con eso.-
JORGE FALCONE
Octubre 2004
Sobre el Estado terrorista
Capital Federal, 31 de enero de 2007. Soy el último sobreviviente de una
familia tipo de la Ciudad de La Plata (alguna vez llamada Eva Perón). Mi
padre, el Dr Jorge Ademar Falcone, fue nuestro primer Comisionado Municipal
justicialista, además de Senador Provincial y Sub Secretario de Salud
Pública. Mi madre, Nelva Alicia Méndez, acompañó tempranamente a Evita en su
lucha por el voto femenino, fue co-fundadora de Madres de Plaza de Mayo,
Secretaria de DDHH del PJ local, y Ciudadana Ilustre de nuestra comuna. Mi
hermana, María Claudia Falcone, militó en la UES, participó en la conquista
del Boleto Estudiantil Secundario aún vigente, y fue secuestrada y asesinada
en la llamada "Noche de los Lápices".
El primer cautiverio de mi padre se remonta al 10 de junio de 1956, cuando
fuera encarcelado por la autodenominada Revolución Libertadora con motivo de
haberse alzado en armas en defensa de la soberania popular junto al Gral
Juan José Valle (levantamiento luego ahogado en sangre por la restauración
oligárquica en los basurales de José León Suárez y la Penitenciaria
Nacional). El segundo y tercer cautiverio, ahora junto a su esposa, se
produjo durante el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional, en
mayo de 1977 (Centro de Detención Clandestino "La Cacha") y en enero de 1978
(Centro de Detención Clandestino "El Banco"). Los castigos sufridos en la
última detención le agravaron una dolencia cardíaca que lo llevó a la muerte
dos años después. Yo milité en la Federación Universitaria de la Revolución
Nacional (Escuela Superior de Bellas Artes), la JUP (Facultad de Ciencias
Médicas), y llegué a ser el último Secretario de Prensa de la organización
Montoneros, ya en la transición democrática. Más allá de posibles desatinos
cometidos al calor de una experiencia generacional bisoña, reivindico
fervorosamente TODA esa historia familiar.
Contestes de las derivaciones personalistas y burocráticas del segundo
gobierno del General Perón, much@s argentin@s de bien consideramos
genéricamente que entre 1945 y 1955 la Patria fue testigo de la década más
feliz del pueblo trabajador. Las limitaciones del propio líder, sumadas a
posteriori a dos inteligentes operaciones de la CIA, ensombrecen hoy ante
las nuevas generaciones la gloriosa gesta de l@s protagonistas y hereder@s
del 17 de octubre. Me refiero al lopezreguismo y al menemismo. La primera de
esas operaciones trasladó el enfrentamiento histórico Nación-Imperio al
interior del movimiento de masas, y cometió numerosos crímenes contra
revolucionarios de diversa extracción política en nombre de una supuesta
"Patria Peronista". La segunda, culminó el vaciamiento del patrimonio
nacional iniciado por el saqueador impune Alfredo Martínez de Hoz, y lo hizo
batiendo parches al son de La Marchita. La estrategia imperial de postrar
desde sus entrañas al movimiento que alguna vez constituyera una de las
expresiones más altas de lucha anticolonial en Nuestra América queda así de
manifiesto en toda su magnitud.
Dado el signo ideológico que ostenta, hay una deuda impaga desde el Gobierno
Nacional -y desde el Partido Justicialista en particular- para con tod@s l@s
argentin@s: La de juzgar y condenar los crímenes cometidos por la ex
Presidente Isabel Martínez, el recientemente "aparecido" ex Comisario
Almirón, el matón e instigador Felipe Romeo, y todos aquellos funcionarios
que en 1975 firmaron o avalaron el decreto de "aniquilamiento de la
subversión" que dió paso a la encarnizada cacería de la generación más
altruista que hasta ahora dió la Patria.
Hace poco despedí los restos de esa incansable luchadora por la Justicia
Social que fue mi madre. Murió orgullosa de sus dos hijos montoneros, y
avergonzada de los sucesos que empañaron el traslado de los restos del
General a la Quinta de San Vicente. Había sido testigo directa de los
Campeonatos Infantiles Evita, de las Colonias de Vacaciones, de los Planes
Quinquenales, del IAPI, del Estatuto del Peón, en fin, del encomiable
esfuerzo por dignificar a los descamisados y grasitas.
En nombre de la Memoria, la Verdad y la Justicia -y sin desviar el eje
trazado por los Juicios de la Verdad en curso, sino con el ánimo de
profundizarlos-, este argentino entiende que los protagonistas de heroicas
resistencias contra todas las dictaduras no debemos enterrar nuestras
banderas a los pies del asesino López Rega y el cipayo Carlos Menem.
(Agencia Paco Urondo)
José León Suárez, Trelew, La Plata.
El Relato de Nuestra Historia entre Masacres y Sobrevivientes.
22 de agosto de 2004
Ante un nuevo aniversario de los trágicos sucesos del 22 de agosto de 1972
(fusilamiento de 19 presos políticos en el Penal de Rawson), nuestro cro.
Jorge Falcone -invitado por el Movimiento Plátano de Marcos Paz- brindó una
charla-debate en el Centro Cultural "La Casita", a lo largo de la cual
abordó el tema en los términos que siguen.
"Compañeros de historia,
tomando en cuenta
lo implacable que debe ser la verdad,
qué debiera decir,
qué fronteras debo respetar..."
Silvio Rodríguez
Soy un montonero de segunda generación.
No estuve entre los fundadores de la organización político-militar. Me
encuadré recién en 1976. Digamos que para una guerra en ciernes. Y supe de
la Masacre de Trelew culminando mi bachillerato en la Escuela Superior de
Bellas Artes de La Plata. Para mí los 16 fusilados en el sur estaban hechos
de la madera de aquellos pibes del Nacional Buenos Aires que dos años atrás
se habían cargado al ideólogo de la Revolución Libertadora y el Gran Acuerdo
Nacional. Ya había elegido un destino, eran mis compañeros y mis compañeras.
A los pocos días, en la Facultad de Ciencias Exactas de mi ciudad natal,
conocí a los padres del mártir Mariano Pujadas.
Luego, en plena efervescencia del "Luche y Vuelve", a la sobreviviente María
Antonia Berger en un acto del PJ organizado en Berisso, al que acudí con mi
padre, hombre de otras resistencias.
A Ricardo René Haidar lo conocí el 9 de junio de 1974 en un palco montado en
el bosque de mi lugar de origen, de espaldas a la Jefatura de Policía
bonaerense. Estaba junto al Suboficial (RE) Horacio Chávez, el Diputado
Nacional de la JP Miguel Zavala Rodríguez, y -otra vez- mi padre,
fusionándose así dos generaciones de luchadores populares.
Paradojas de la historia colocaron -para confirmar que la lucha es larga y
sin cuartel- a los hombres del alzamiento de Valle (que luego serían
fusilados por la AAA o torturados en las mazmorras del Proceso) junto a los
herederos de su legado (que luego serían ejecutados por los Grupos de
Tareas)ante el lugar escogido por el Gral. Camps para escarmentar -cuatro
años después- al movimiento estudiantil secundario, fusilando allí a mi
hermana y a sus cinco compañeros de la UES.
Volví a ver a María Antonia Berger en Congreso, a las puertas del Cine
Gaumont. Ambos hacíamos cola para despedir al último líder de la Nación
Argentina, que nos había retado públicamente y -desagradecido- nos
abandonaba sin un abrazo. Al Turco Haidar me lo crucé por última vez durante
la dictadura, siete años después de aquel acto,y en la Casa Montonera de la
calle Fernández Clausells de Madrid. En dicha oportunidad yo ya era un
guerrillero urbano. Y el Turco se lamentaba por los caídos en la
Contraofensiva Popular. Ese fue mi único e intenso nexo con los hechos de
Trelew. Vaya impronta generacional: Advierto que prácticamente sólo he
referido circunstancias luctuosas.
Nunca fuimos a bailar juntos, nunca salimos de campamento...
Nuestro destino fue pelear. Pero hace siglos que nuestro pueblo lo hace. Y
no por ello deja de parir futuro. Para ese menester pocas cosas resultan tan
imprescindibles como rescatar la memoria de cada gesta para experiencia de
los nuevos luchadores. Casi toda matanza de la historia tuvo sobrevivientes
y relatores. En todos los casos ese relato estuvo atravesado por una
subjetividad gestada al calor del contexto que le tocó en suerte:
La Masacre de José León Suárez -perpetrada por la restauración oligárquica
el 9 de junio de 1956 contra un puñado de civiles que conspiraban por el
retorno de la soberanía popular- tuvo su relator en la figura de José
Livraga, a quien sus fusiladores dieron por muerto tras destruirle la
mandíbula con un tiro de gracia que falló. Este militante peronista de base
contó con la invalorable intermediación de un interlocutor de lujo: Rodolfo
Jorge Walsh lo convirtió en la punta del ovillo de esa investigación
ficcionalizada que pasaría a la historia como "Operación Masacre". El hombre
de la resistencia peronista y el mejor escritor argentino se cruzaban así en
un momento de la historia en el que aún se escuchaba el eco de los diez años
más felices del pueblo trabajador, y con una resistencia popular creciente
como telón de fondo. El fruto de ese encuentro sería la invalorable pieza
literaria ya aludida, que más tarde pasaría a la pantalla grande adaptada
por otro intelectual orgánico del movimiento revolucionario, Jorge "Tigre"
Cedrón. Livraga murió de viejo, Walsh en combate, Cedrón asesinado por los
hombres del Almirante Massera en París.
La Masacre de Trelew -producida por la marina gorila el 22 de agosto de 1972
como escarmiento al intento de fuga del Penal de Rawson por parte de 19
reclusos pertenecientes a las organizaciones revolucionarias FAR, ERP, y
Montoneros- contó con el relato a tres voces de Alberto Miguel Camps, y los
ya nombrados María Antonia Berger, y Ricardo René Haidar. Los sobrevivientes
contaron en esta ocasión con el aporte del poeta y periodista Francisco
"Paco" Urondo -es decir, un par- que inmortalizó su testimonio en el
imperdible reportaje titulado "La Patria fusilada", realizado en el Penal de
Villa Devoto horas antes de la amnistía de 1973, dictada por el "Tío" Cámpora. El contexto de tal encuentro fue acaso el de mayor calidad de los
que habré de revisar: Una ofensiva popular que instaló entre los argentinos
ni más ni menos que la expectativa de construir una versión nacional del
socialismo. No es casual, por ende, que los cuatro cuadros aludidos
-sobrevivientes y entrevistador- hayan reincidido en la lucha sin
escarmiento alguno. Y, como se sabe, caído en combate.
La Noche de los Lápices -matanza de militantes de la UES platense llevada a
cabo en la emblemática fecha del 16 de setiembre de 1976 para desmovilizar a
una juventud que venía de conquistar el Boleto Estudiantil Secundario-
encontró su relator en la persona del sobreviviente Pablo Díaz, ex militante
nacionalista alineado en las filas del guevarismo, único secuestrado
no-peronista, y posteriormente legalizado ante el Poder Ejecutivo Nacional.
Hacia la recuperación democrática -y bajo las secuelas del terrorismo
ideológico- Díaz es liberado y revista entre las huestes alfonsinistas
colaborando con el Fiscal Julio César Strassera para el Juicio a las Juntas,
en el que su propio relato es recogido por María Seoane, hoy
periodista-estrella del Grupo Clarín. Y después llevado también al cine por
el ubicuo realizador Héctor Olivera, autor de filmes tan dispares como "La
Patagonia Rebelde" (1973) y "Ay Juancito!" (2004). Más tarde Díaz recorre el
país junto al abogado Jorge Baños, como militante del Movimiento Todos por
la Patria, alejándose de dicha fuerza poco antes de que esta perpetre el
sorpresivo e inaudito ataque al Cuartel de La Tablada (donde su ex compañero
de militancia pierde la vida). Desde entonces -y en cada primavera- las
democracias condicionadas que padecemos pagan puntualmente su tributo a los
derechos humanos convirtiéndolo en su niño mimado. Y fomentando un relato de
la historia que no altera sus planes.
Primera conclusión: Cada época cuenta con el relato que es capaz de generar.
Y este es siempre el que sus contemporáneos están dispuestos a escuchar.
Segunda conclusión: Conocer la historia de los pueblos supone pelar todas
las telas de esa gran cebolla que es la memoria colectiva. Y este es un
devenir circular. Mientras sucede, cada pueblo opera sobre su destino como
el mar que orada la roca. Cuando llega a conocer su verdadera historia,
suele ocurrir que ya la ha transformado. Porque nadie llega a ser dueño de
su historia sin adueñarse, en ese mismo acto, de su propio destino.-
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