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Los hechos y los protagonistas en una crónica sobre el 29 de mayo de 1969, las
discusiones y los acuerdos en medio de la histórica protesta. Testimonios de
Víctor Grinscpun (matemático, ex estudiante del IMAF)
En el anochecer del jueves 29 de mayo de 1969, la ciudad de Córdoba estaba
envuelta por un humo de distintos tonos de gris, según el material que ardía en
las hogueras y barricadas. Desde colchones viejos hasta automóviles fueron a
parar a la la furia del fuego antidictatorial, indiscutible consigna de unidad
del Cordobazo a partir de la cual después se discutiría casi todo acerca de los
contenidos del estallido.
A la media tarde de ese día, el fuego comenzaba a atenuarse cuando la IV Brigada
de Infantería, al mando del general Jorge Raúl Carcagno, avanzaba lentamente por
la Avenida Colón para "recuperar" la ciudad tomada.
La tarea no fue fácil porque, en la periferia de los escenarios principales de
la batalla, persistían focos de resistencia que duraron hasta el día siguiente,
cuando en los centros de poder recién lograban recomponerse para solicitar un
escarmiento.
Así, la Bolsa de Comercio de Córdoba hizo sentir su voz indignada reclamando
"severas sanciones para los autores de la depredación y el pillaje".
El gobierno nacional, que encabezaba Juan Carlos Onganía, no varió su tozuda
filosofía represiva y creó, mediante un fulminante decreto, el Consejo Especial
de Guerra que juzgaría sumariamente a quienes "atentaron contra el orden y la
seguridad públicas".
Para el comandante del Tercer Cuerpo de Ejército, Sánchez Lahoz, quien había
comandado el operativo de represión desde su despacho, los sucesos eran causados
por "la intervención de células comunistas, internas e internacionales".
Del otro lado de las barricadas, en la noche del 29 quedaban algunos pocos
obreros fabriles, sector que fue la columna vertebral de la impresionante y
arrasadora manifestación de fuerza del pueblo cordobés.
Espontáneo u organizado, oportunista o revolucionario, el Cordobazo plantó una
estaca mortal en el corazón del régimen y, al tiempo que mostró la fuerza de los
trabajadores en pie de lucha, dejó expuestos sus límites para acceder al poder
político.
Pero, en la oscuridad de la noche del 29, comenzaron a brillar las ideas que
presidirían el debate político en la década siguiente.
LAS CARTAS SOBRE LA MESA
La torpe política del gobierno de Onganía había empujado la unidad en la acción
de sectores gremiales que políticamente, tenían muy poco en común.
Por sobre la CGT de los Argentinos --antecedente decisivo del Cordobazo, aunque
en ese momento fuera más una referencia ideológica que un instrumento concreto
de lucha--, legalistas (vandoristas), ortodoxos (peronistas de derecha) e
independientes (comunistas, radicales e izquierda independiente), coincidieron
en lanzar el paro activo del 29 de mayo.
El lucifuercista Agustín Tosco y el mecánico Elpidio Torres fueron las mayores
figuras del Cordobazo, pero en su elaboración y concreción también estuvo el
importante gremio de los choferes (UTA) que encabezaba Atilio López, además de
Miguel Angel Correa (maderero), Héctor Castro (ATE), Jorge Canelles (UOCRA),
Carlos Borelli (petroleros), quienes tuvieron activa participación en las luchas
previas que prepararon el clima de la rebelión.
En rigor, puede decirse que la gestación de este gran movimiento duró casi tres
años, ya que comenzó con las luchas estudiantiles del 66, cuyo resplandor
persistió hasta 1969 y que dejó un movimiento estudiantil activo, fuertemente
influido por las movilizaciones de la CGTA y por sus propias reivindicaciones.
La conciencia antidictatorial del estudiantado universitario no estaba en duda.
Más aún, en su interior fluía un proceso de incesantes rupturas políticas y
reagrupamientos, reflejo de profundas tendencias de cambio que latían en la
sociedad.
Los obreros de la industria automotriz, por su parte, en especial los de la
planta de Ika Renault, en Santa Isabel, se habían templado en la lucha por sus
propias reivindicaciones, contra el llamado sábado inglés y las quitas zonales.
Los choferes de la UTA también venían de duros enfrentamientos con las empresas
de transporte urbano de pasajeros, que recién comenzaban a constituirse tras el
desmantelamiento un tanto desprolijo de la Corporación Argentina del Transporte
Automotor (CATA).
Toda la población, en fin, de una Córdoba libertaria, portadora de una rebeldía
legendaria y que ahora atravesaba un momento especial de su historia, no
soportaba el opresivo clima impuesto por la dictadura.
A LAS PIÑAS EN EL CÓRDOBA SPORT
"Ciudad en convulsión: Hoy sin transporte y mañana paro total", titulaba el
vespertino Córdoba su edición del 15 de mayo de 1969. A 14 días del Cordobazo,
no podía pintarse mejor el clima existente en la ciudad.
Detrás de todo, estaban Smata y Uta. El gremio de los choferes de transporte
urbano intensificaba las medidas de fuerza para reclamar la antigüedad y la
estabilidad para los trabajadores de la anterior empresa, la CATA, que habían
pasado a las firmas ganadoras de la licitación hecha por la Municipalidad.
Por ese motivo, la UTA lanzó un paro para el 5 de mayo que se cumplió en un
clima de violencia, con varios atentados a los ómnibus que circulaban manejados
por sus dueños.
El 12 de mayo, el gobierno nacional dio a conocer la ley 18204 que establecía un
régimen de descanso desde el sábado a las 13 hasta el domingo a las 24 (sábado
inglés).
La reacción no se hizo esperar: las dos CGT lanzaron un paro para el viernes 16
de mayo, que se convierte en paro de 48 horas, esta vez sí masivo y contundente,
de los choferes que peleaban por el reconocimiento de su antigüedad.
El miércoles 14, el Smata convocó a una asamblea de afiliados en el mítico
Córdoba Sport Club, una suerte de Luna Park cordobés en el que se realizaban
festivales de boxeo y se disputaban los partidos de básquetbol más importantes
(incluso los de las Olimpíadas Universitarias, por lo que era un lugar familiar
para los estudiantes).
Pese a la prohibición policial, los obreros abandonaron sus puestos de trabajo,
subieron a sus ómnibus y se encaminaron hacia el centro, donde arribaron como un
aluvión.
A las 15.30 había más de 2.500 en el local de la calle Alvear, cerca de la
Avenida Olmos. Afuera, en las calles adyacentes, se concentraban rápidamente los
patrulleros y los carros de asalto de la infantería policial.
Con Elpidio Torres (secretario general del Smata Córdoba) y Dirk Kloosterman
(secretario nacional del gremio) como oradores, la asamblea aprobó por
aclamación el paro de 48 horas, en medio de un tenso clima que se convirtó en
silencio absoluto cuando Torres pidió que se obviara la lectura de los
considerandos porque en cualquier momento entraba la policía.
El pedido, formulado por el propio Torres, de que los asambleístas se retiraran
ordenadamente, fue infructuoso. Los obreros enfrentaron a la policía en Lima y
Alvear (esquina opuesta a la de la avenida Olmos) y la batalla ocupó el centro
de la ciudad, extendiéndose por las calles Catamarca, Maipú, 25 de Mayo y San
Martín. El duelo de piedras y palos contra gases lacrimógenos y balas, que los
estudiantes cordobeses conocían muy bien, repetía las batallas de 1966.
Precisamente, el 19 de mayo el gobierno cerró la Universidad "por el actual
clima de agitación". Los estudiantes, que habían lanzado las "jornadas de
agitación y lucha", intentaron una marcha que fue prohibida por la policía. En
la iglesia del Pilar se realizó una misa para recordar la muerte de Santiago
Pampillón y nuevamente se enfrentaron policías y estudiantes.
Simultáneamente, los alumnos de la Universidad Católica aparecieron en escena a
través de un paro solidario con sus colegas estatales.
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LA FÓRMULA DEL PARO ACTIVO DE 36 HORAS
Agustín Tosco, Elpidio Torres y Atilio López tenían, cada cual, una de las
llaves para abrir las puertas del Cordobazo. Las diferencias políticas, sobre
todo entre Tosco y Torres, eran muchas, pero las bases empujaban mientras el
gobierno, con una ceguera política que pasaría a la historia, le cerraba caminos
a Augusto Timoteo Vandor, quien, por otro lado, apostaba ahora a golpear la
dictadura y negociar en mejor posición.
El guiño del dirigente metalúrgico fue suficiente para decidir a Torres; Tosco
tragó saliva y el contacto fue una célebre cena en que se unieron las fuerzas de
ambos gremios. El documento, redactado en el ámbito del sindicato mecánico, fue
llevado por Tosco a la CGT de los Argentinos, que funcionaba en el local
tradicional de la Avenida Vélez Sársfield (hoy es sede de una dependencia del
Banco Social de Córdoba), en tanto que Elpidio lo presentó en la CGT vandorista,
cerca de la Maternidad Provincial.
El paro activo de 36 horas que se aprobó entonces marcó una nueva modalidad de
lucha que se pondría a prueba en las calles cordobesas.
El plan consistió en mantener el funcionamiento del transporte urbano de
pasajeros para llevar a los obreros a su lugar de trabajo, cumplir normalmente
las tareas hasta media mañana, abandonar las fábricas a partir de esa hora y
encolumnarse para marchar hacia el centro y, finalmente, realizar un acto de
protesta frente al local de la CGT de los Argentinos.
El clima en las fábricas del entorno industrial cordobés era de una enorme
efervescencia. Los obreros, por lo menos quienes estaban al frente de la
movilización, sabían que chocarían con la represión policial. Pero estaban
organizados, los animaba el odio antictatorial y habían acumulado confianza en
su propia fuerza.
El 29 de mayo, desde Materfer, Fiat Concord, Grandes Motores Diesel y Perkins,
por la Ruta 9; desde Perdriel e Ilasa, en las cercanías del aeropuerto de Pajas
Blancas; desde la central de Lima y Maipú de la Empresa Provincial de
Electricidad de Córdoba (EPEC), pero, fundamentalmente, desde Santa Isabel, por
el camino a Alta Gracia, las columnas obreras, sólidas, compactas, cargadas de
fuerza y rebeldía, harían trizas los sucesivos cordones policiales que esperaban
armas en mano.
En su avance hacia el centro, la marcha arrastraba a los trabajadores de
centenares de fábricas pequeñas y talleres que encontraba a su paso.
El arquetipo de las batallas que, ese día, se libraron en distintos sectores,
fue la que protagonizaron, cerca del mediodía, 5.000 obreros mecánicos frente al
Hogar Pablo Pizzurno, en la Avenida Vélez Sársfield. Los esperaba alli el primer
escollo policial, salvado con cuanto elemento contundente pudiera ser arrojado.
La columna de obreros se partió en dos: una parte se desplazó hacia el centro
por la Ciudad Universitaria, arrastrando a los estudiantes que en ese momento
estaban en el comedor univeristario, y la otra ingresó a los barrios Güemes y
Observatorio, donde los manifestantes se sorprendieron por la solidaridad de un
barrio poblado por estudiantes y trabajadores que se atrincheraron de inmediato
para resistir.
A las 12,30, entretanto, una batalla campal hacía retroceder a la policia en las
inmediaciones de la plaza Vélez Sarsfield y, muy cerca de allí, en Bulevard San
Juan y Arturo M. Bas, caía la primera víctima fatal, Máximo Mena.
La reacción fue inmediata y en cadena. Con furia, los manifestantes se adueñaron
de la ciudad, levantando verdaderos muros de contención (barricadas) contra la
policía, que debió replegarse a sus cuarteles dejando la ciudad en manos de los
trabajadores, quienes recibían el apoyo de los vecinos.
Hitos de esa lucha fueron la toma del Círculo de Suboficiales del Ejército, en
San Luis y La Cañada, los incendios de la firma estadounidense Xerox y de
Citroen, en la avenida Colón, de las oficinas de la Dirección General de Rentas,
en Mariano Moreno y Caseros, de la Aduana, en Chacabuco al 400.
La llegada del Ejército, junto con las sombras de la noche, el allanamiento a la
CGTA, la detención de dirigentes y su juzgamiento y condena por los Consejos de
Guerra (Canelles, 10 años de cárcel; Tosco, 8 años; Elpidio Torres, 7) fueron la
respuesta de una dictadura que acusaba al comunismo internacional como
responsable de semejante pueblada.
"Vengo a cortar la cabeza de la víbora comunista", dijo el gobernador Uriburu,
reemplazante de Caballero. Poco después, una jornada similar al Cordobazo, que
el ingenio popular llamó el Viborazo, terminaría de convencer a las clases
dominantes de que, si querían conservar el poder sin tamaños sobresaltos, debían
buscar un camino distinto al que habían ensayado con el golpe de 1966.
Angel Stival y Juan Iturburu, revista Los '70
33º
aniversario del cordobazo
Por Luis Bruschtein
"Hoy más que nunca se necesita la unidad del pueblo" - Jorge Canelles es uno de
los últimos gremialistas vivos que junto a Agustín Tosco participaron en la
organización del Cordobazo, el 29 de mayo de 1969, la movilización que marcó el
principio del fin de la dictadura de ese momento. "Si en aquella época fue
importante la unidad de acción de los sectores populares –afirma, hoy es más
necesaria que nunca."
"Son más de 60 años de lucha y nunca pensamos en el beneficio personal, ni
siquiera tengo casa propia, ni la tenía Tosco cuando murió", reflexiona Jorge
Canelles, compañero del legendario gremialista cordobés en las luchas obreras.
Canelles es el último de los dirigentes gremiales que participaron en el
Cordobazo, el 29 de mayo de 1969, que está vivo. Era dirigente de la
construcción y militaba en el Partido Comunista desde 1945. A Tosco lo conoció
en 1955 y estaba junto a él cuando murió en la clandestinidad por una septicemia
que se podría haber curado en condiciones normales. A los 75 años, Canelles es
empleado en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires y sus compañeros de ATE
acaban de realizarle un homenaje al bautizar con su nombre el local donde se
reúnen. "En el Cordobazo no hubo una sola consigna partidaria, todo fue un
‘muera la dictadura’", recuerda junto a un retrato de su compañero de lucha, en
el pequeño departamento que alquila.
–¿Qué recuerdo tiene de Agustín Tosco?
–Creo que Tosco fue el dirigente más importante que ha tenido el movimiento
obrero argentino. Por su honestidad, por su consecuencia en la lucha y por haber
sabido dirigir el levantamiento popular más importante que se ha dado en la
Argentina con un contenido de cambio social político profundo. Nos conocimos en
la CGT luchando contra la intervención a todos los gremios que quería realizar
el golpe de Aramburu-Rojas. Ellos querían intervenir todos los gremios. En esa
lucha nos conocimos y tuvimos no sólo muchas coincidencias sino también una
amistad muy grande. Yo estaba en el PC desde el ‘45 y Tosco era un tipo muy
abierto, había leído mucho sobre cuestiones sociales.
–¿Y los otros dirigentes que participaron en el Cordobazo, como Elpidio Torres?
–En ese momento nosotros no coincidíamos con la táctica de la CGT de los
Argentinos, que estaba muy enfrentada a la CGT de Azopardo. La realidad de
Córdoba era distinta. Nosotros planteábamos la unidad de todos los sectores
populares para derrotar a la dictadura. Planteábamos la unidad de las dos CGT y
eso no le gustó mucho a Ongaro. Logramos que se unieran las dos CGT en Córdoba
para hacer un paro. Ha muerto hace días Elpidio Torres y tengo que decir que
cumplió lo pactado para el Cordobazo. Después, cuando volvió de la cárcel, fue a
verlo al interventor general de la provincia, se abrazó con él y le dijo que
nunca más iba a hacer paro. Eso es otra cosa. En cuanto a las acciones del
Cordobazo, fue leal. Y el que lo fue a hablar para que se sumara a la lucha fui
yo, porque Tosco no quería saber nada. Pero al final Tosco aceptó hacer una cena
conjunta donde se planteó el plan de acción para el Cordobazo.
–¿Y qué objetivos se plantearon?
–Además de las reivindicaciones concretas, nosotros queríamos darles un
escarmiento a las fuerzas policiales y represivas porque la represión se había
ensañado con el movimiento obrero. Esta vez, dijimos, vamos a resistir y vamos a
responder. No hubo ninguna cosa mesiánica de toma del poder. Aunque hubiéramos
podido hacerlo a la una de la tarde porque ya no quedaba un solo cana en la
calle, ni guardia en la Casa de Gobierno. La declaración de Córdoba al país que
hicimos al convocar al acto tenía catorce puntos. En el Cordobazo no hubo un
grito partidario, fue todo un "Muera la dictadura", por la democracia y la
vigencia del régimen constitucional.
–¿Y Atilio López, que después fue tan amigo de Tosco?
–El participó, igual que René Salamanca, como militante, pero ninguno de los dos
estaba como dirigente gremial todavía. A López lo habían despedido de una
empresa de transporte y con la indemnización se había puesto un negocito.
Después, ya en 1971, en el Viborazo, que fue elsegundo cordobazo, ya estaban
como dirigentes. Salamanca no trabajaba en IKA-Renault cuando fue el Cordobazo.
–¿Después del Cordobazo los meten presos a usted, a Tosco y a otros dirigentes?
–Sí, nos metieron presos a mí, a Tosco, Alberti, Di Toffino y otros compañeros.
Después, en el Viborazo a mí no me agarran y Tosco volvió a caer porque fue a
comer al restaurante que en ese entonces tenía el periodista Sergio Villarruel,
en Olmos 50, que era muy amigo mío. Cuando salió de cenar lo detuvieron a Tosco
y estuvo casi dos años preso.
–¿Cuánto tiempo estuvieron presos después del Cordobazo?
–Estábamos en una especie de cuartel en Rawson, en un galpón. Los presos del
Cordobazo éramos doce, pero había varios que no tenían militancia. Les habían
dado cinco años por tirar una piedra. A mí me habían dado diez, a Tosco diez y
cuatro meses. Salimos a los seis meses.
–¿Qué diferencias ve entre aquellos años y la situación actual?
–Es muy distinto. Una diferencia es que hoy no existen los dirigentes que había
en aquella época, no existe un Agustín Tosco, no existe un activismo sindical
como en aquel entonces. Fue diferente al cacerolazo. En el Cordobazo, quince mil
activistas se lanzaron a la calle a las once de la mañana. Hubo resistencia con
la policía, pero a las doce del día se sumó todo el pueblo y la policía perdió
el control. Entonces nosotros avanzamos y tomamos los lugares fundamentales. No
quedó una sola comisaría sin quemar. Estábamos luchando por un cambio de
régimen, contra una dictadura. En cambio ahora muchos están luchando por la
plata que le quedó en el corralito. Además está todo muy disperso y no hay
programa ni conducción clara.
–¿Entonces no ve que haya una perspectiva parecida?
–Sí, en un sentido. Porque la unidad de acción se tiene que dar. Es la forma de
cambiar la situación y se va a concretar. No sé cuánto tiempo demorará. Si en
aquel tiempo la unidad de todos los sectores populares era importante, hoy hace
falta más que nunca, porque hay un enemigo mucho más poderoso. Si no hay una
confluencia de los sectores populares más esclarecidos, el 80 por ciento de los
sectores populares, digamos, no vamos a poder derrotar a este enemigo. Tenemos
que esforzarnos por unificar a todos los sectores populares, como lo está
haciendo la CTA, para derrotar a los sectores reaccionarios que han entregado
nuestro país.
–Una diferencia muy grande es que ahora hay mucha desocupación a diferencia de
los años ‘70...
–En esa época el poder adquisitivo del salario era mayor. Usted iba a la casa de
un obrero de IKA-Renault o de IME, de la fábrica de aviones, y no les faltaba
nada. Con el salario de un día del peón de la construcción se podían comprar 21
kilos de carne. La gente hambrienta no es más luchadora que los que tienen la
conciencia de los cambios necesarios.
Descargar Documental El
Cordobazo![]() ![]() Largometraje documental con imágenes de archivo, en blanco y negro. Fuente: ARCOIRIS TV, duración: 55 minutos Cortesía de Roberto Di Chiara Elige una opción de descarga: |
–Bueno, antes del Cordobazo y de la serie de rebeliones provinciales que se
produjeron en ese momento daba la impresión de que en el país no pasaba nada...
–Ahora se puede contar, pero en febrero, antes del Cordobazo, una vez estábamos
tomando un café con Tosco y él me dijo: "En este país no pasa nada, qué te
parece si le metemos un caño a un banco a ver si se mueve la cosa". Nosotros
seguíamos trabajando para organizar, para movilizar a la gente y, al final, ese
trabajo rindió frutos. No hay que pensar que todo está perdido.
–Cuando se murió Tosco, ¿usted dónde estaba?
–Yo estuve 20 años con Tosco, del ‘55 al ‘75 y me tocó organizar su traslado de
Córdoba para que lo atendieran en Buenos Aires. Con Di Toffino y Alberti
formábamos una especie de comando y organizamos su traslado porque ya estaba muy
enfermo. Todos estábamos clandestinos. Córdoba sehabía puesto muy dura después
del golpe de Lacabanne contra Obregón Cano en marzo del ‘74. Ya lo habían matado
a Atilio López.
–¿Si no hubiera estado clandestino lo hubieran podido curar?
–Sí. No tuvo la atención suficiente. Pensaban que tenía un tumor cerebral, pero
tenía una septicemia que se podía curar con antibióticos. Lo llevamos a Buenos
Aires porque en Córdoba no se podía hacer centellograma. Solamente lo hacían en
un sanatorio privado y en el Clínicas. En cualquiera de los dos lo hubieran
metido preso. Resolvimos llevarlo a Buenos Aires, logramos que a los quince días
empezara a caminar, pero se demoraron los análisis y en el medio le falló el
corazón.
Fuente:
Página 12
El
"Gringo" Tosco y el cordobazo
Agustín Tosco
Se me ha pedido que escriba un artículo sobre el Cordobazo. Creo que lo que hay
que escribir sobre este hecho de real trascendencia histórica, especialmente
para Argentina y América Latina, es un libro. Porque son muchas, variadas y
complejas, distantes e inmediatas, las causas que produjeron la circunstancia
sociológica - política del Cordobazo.
Durante los meses de prisión en Rawson llené cinco cuadernos sobre el
particular. La transcripción de cuatro hojas en un reportaje de la revista
"Inédito", motivó, según difusión pública, que la misma fuera clausurada. Aún
así, con el tiempo, ese trabajo ha de aparecer, sin la pretensión de ser una
visión totalmente objetiva, pero si al menos una interpretación personal sobre
la base de la militancia sindical y de las propias posiciones adoptadas por
nuestro gremio el Sindicato de Luz y Fuerza de Córdoba, la Regional Córdoba de
la CGT , el conjunto de gremios encabezados por SMATA (Sindicato de Mecánicos y
Afines de la Industria Automotriz) y el permanente contacto con las agrupaciones
estudiantiles, tanto de la Universidad Nacional como de la universidad Católica.
Asimismo con los Sacerdotes del Tercer Mundo y distintas personas de los grupos
profesionales y políticos.
Con esta previa aclaración y en el entendimiento de contribuir en modesto
alcance a la reafirmación de las reivindicaciones populares, redacto estas
líneas ligadas a este acontecimiento fundamental de las clases populares
sucedido el 29 y 30 de Mayo de 1969.
¿POR QUE SE HA PRODUCIDO EL CORDOBAZO?
Esta es una pregunta que no por repetida, deja de plantearse y de promover la
investigación, la imaginación y particularmente el interés de todos los
argentinos, desde el más humilde trabajador, hasta el sociólogo desentrañador de
los fenómenos sociales, o de los políticos desde conservadores hasta
revolucionarios.
En el penal de Rawson nos visitaron a los trece condenados que procedíamos de
Córdoba, una Comisión de Solidaridad, compuesta por Compañeros de distintos
gremios de esa ciudad, de Trelew y de otras localidades de la Provincia de
Chubut. Nos preguntaron qué necesitábamos para nuestra salud, desde alimentos
hasta indumentaria.
Respondimos que necesitábamos solidaridad militante. Pronunciamientos. Lucha
contra la Dictadura. Les hablamos de nuestros trabajadores, de sus aspiraciones,
de sus desvelos, de sus sacrificios. Les dijimos que las fogatas que alumbraban
las calles de Córdoba surgían desde el centro de la tierra impulsadas y
encendidas por nuestra juventud estudiosa y trabajadora y que jamás se apagarían
porque se nutren de la vida y de los ideales de un pueblo rebelado contra la
opresión que se ejercía sobre él y estaba dispuesto a romperla, pasara el tiempo
que pasara. Dijimos la verdad, la verdad de todo lo que queríamos.
Los trece condenados de Rawson éramos de extracción, situación y condición
heterogénea. Pero todos coincidíamos. No exagero al manifestar que varios de los
miembros de la Comisión de Solidaridad y ellos están para testimoniarlo,
sintieron correr lágrimas sobre sus mejillas. Al fin y en esta tensa
conversación, plantearon la pregunta: ¿Por qué se ha producido el Cordobazo?
Respondimos, con lo que creo es la esencia de la respuesta a tanto interrogante
y a tantas elucubraciones que andan dando vuelta como conclusiones: el Cordobazo
es la expresión militante, del más alto nivel cuantitativo y cualitativo de la
toma de conciencia de un pueblo, en relación a que se encuentra oprimido y a que
quiere liberarse para construir una vida mejor, porque sabe que puede vivirla y
se lo impiden quienes especulan y se benefician con su postergación y su
frustración de todos los días.
¿Y por qué Córdoba precisamente? Porque Córdoba no fue engañada por la
denominada Revolución Argentina. Córdoba no vivió la "expectativa esperanzada"
de otras ciudades. Córdoba jamás creyó en los planes de modernización y de
transformación que prometió Onganía, Martínez Paz, Salimei y Ferrer Deheza y
luego Borda, Krieger Vasena y Caballero. La toma de conciencia de Córdoba, de
carácter progresivo pero elocuente, es bastante anterior al régimen de Onganía.
Pero se expresa con mayor fuerza a partir de julio de 1966.
La reivindicación de los derechos humanos, proceda de donde proceda, en
particular de las Encíclicas Papales desde Juan XXIII, encuentran en nosotros
una extraordinaria receptividad y así se divulgan especialmente en la juventud y
en los Sindicatos. Si hay receptividad es que hay comprensión, y la comprensión
deriva en entusiasmo, en fe y en disposición al trabajo, al esfuerzo e incluso
al sacrificio para consumar los ideales que ya tienen vigencia en el ámbito
universal.
Para reducir la cuestión a sus aspectos más cercanos, las grandes luchas previas
al Cordobazo amanecen antes de los dos meses de la usurpación del poder por
parte de Onganía. Y estas, tanto como las que posteriormente se plantearon ya
que siguen en vigencia, bajo distintas características, obedecen a la toma de
conciencia de la necesidad de liberación que es el patrimonio principal de
Córdoba dentro del panorama nacional.
LOS PRINCIPALES E INMEDIATOS ANTECEDENTES
A mediados del mes de Agosto de 1966 nuestra Organización Sindical emitió una
Declaración en carácter de "Solicitada" cuyo título fue: "Signos negativos". Fue
!a primera posición sindical en Córdoba contra la serie de medidas de neto corte
represivo que implantaba la Dictadura. Esa declaración tuvo amplia repercusión,
no sólo local sino nacional y podríamos decir que prácticamente inauguró la
posición rebelde contra la política de Onganía y su equipo.
La muerte de Santiago Pampillón a manos del aparato represivo, puso en evidencia
la histórica resistencia estudiantil. Nadie podrá olvidar las luchas y
manifestaciones de protesta de todas las agrupaciones, las huelgas de hambre y
el propio paro de una hora del movimiento obrero cordobés en solidaridad con los
compañeros universitarios. Tuve el honor de integrar una Delegación Sindical de
la CGT de Córdoba que acudió a Mendoza al sepelio de Santiago Pampillón Allí
discutimos los cordobeses con Gerónimo Izzeta que se encontraba casualmente y le
increpamos la pasividad de la CGT Nacional. Al mismo tiempo que se manifestaba
el ascenso del espíritu de lucha de las bases sindicales y estudiantiles contra
el régimen, los jerarcas del sindicalismo nacional iban justificando -en
actitudes- su posterior proclamación a todos los vientos de la "filosofía
participacionista".
Tanto como la represión crecía también la resistencia aumentaba. Una
manifestación incidental revelaba las distintas formas del repudio al régimen y
a sus cómplices. En Córdoba circuló profusamente una hoja impresa que reproducía
a Francisco Prado, participando del Festival del Folklore en Cosquin Enero de
1967- mientras era avasallado el Sindicato de Portuarios, despedazado su
convenio colectivo de trabajo y despedidos sus dirigentes y militantes más
esforzados. Prado era Secretario General de la CGT Nacional. Esas hojas
circularon por todo Córdoba y la gente evidenciaba su condena ante la
claudicante actitud.
En el mismo mes de febrero de 1967 y en función del Paro Nacional resuelto para
el primero de Marzo de dicho año, en esta ciudad se realizaron grandes
manifestaciones obreras.
El diario '"Córdoba" reprodujo varias fotografías de los actos y una en
particular de la represión, donde constó mi detención junto con varios
compañeros de la columna de Luz y Fuerza. Fue un plan de lucha de alcance
nacional, frustrado por el incipiente participacionismo y dialoguismo que
terminó una vez más confiando, según expresiones del propio Francisco Prado, en
el nuevo ministro Krieger Vasena, porque según él: "Habría cambiado y su gestión
podría ser útil a los trabajadores". Pese a esto, la posición de casi todos los
sectores populares, especialmente de Córdoba, conminaba a continuar la lucha.
Quiero transcribir una frase de un documento sindical del 23 de Febrero de 1967,
por su carácter premonitorio del "Cordobazo". Decía así: "La historia grande
está jalonada de hitos como el que ayer fuera protagonizado por el movimiento
obrero de Córdoba, en los talleres y fábricas, en las calles de nuestra ciudad.
Porque fue la de ayer una jornada escrita con rasgos vigorosos y expresiones
estentóreas que desbordaron los lindes habituales y se prolongaron luego en los
grafismos de la prensa y de la televisión, en la retina y en el ánimo de los
millares de protagonistas y espectadores que vivieron las secuencias del plan de
acción desplegado por la CGT y gremios confederados de Córdoba. Fue una jornada
lúcida y comprometida que nos acerca un poco más a la definición crucial que
forzosamente tiene que producirse por imperio de la situación a que ha sido
arrastrado el pueblo argentino, y sobre la que los trabajadores tenemos adoptada
una posición clara, concreta e irreductible".
La represión que siguió al paro del primero de marzo de 1967 y la desastrosa
conducción de la CGT Nacional produjo un notorio vacío que estuvo signado
fundamentalmente por la oposición cada vez más abierta entre las bases
sindicales y dirigentes vinculados a ellas y el participacionismo entreguista
anidado en la sede de Azopardo en la Capital Federal.
Las bases demandaban un nuevo Plan de Acción. En Tucumán el ataque a los
derechos de los trabajadores iba en aumento. En octubre de 1967 la Delegación de
Córdoba en el Congreso de la Federación de Luz y Fuerza reclamaba ese Plan de
Acción, inspirada en las propias demandas vigentes en nuestra ciudad y
denunciaba los hechos más alarmantes que estaban sucediendo.
La preocupación de los dirigentes nacionales se centraba exclusivamente en
normalizar la CGT en ese entonces en manos de la Comisión Delegada. ¿De qué
teníamos los cordobeses clara conciencia a fines de 1967? ¿Cuál era nuestra
denuncia? ¿Cuál era nuestra posición?
En apretada síntesis expresábamos: Bajo el lema de modernización y
transformación el gobierno planteó un plan económico, cuya base
filosófico-política se asentó aparentemente en el más ortodoxo y crudo
liberalismo, en la resurrección del "dejar hacer, dejar pasar", en la vigencia
de un libre empresismo a ultranza, que provocaría la estabilidad y la
multiplicación de los bienes económicos del país. Sin embargo esta declamada
libertad económica no es sino un esquema destinado sustancialmente a someter al
país integrándolo a la crisis del sistema capitalista monopolista como elemento
compensador del deterioro cada vez más pronunciado del mismo.
Más adelante señalábamos: "Ya desde hace tiempo en todas las naciones del mundo
ha concluido la etapa del liberalismo que aquí se pregona. Las potencias
industriales practican un crudo dirigismo económico; en el sistema interno
protegiendo su mercado productor e incluso consumidor por vía de las barreras
aduaneras y otros dispositivos complementarios; en el aspecto externo creando
organismos internacionales supeditados a ellas que imponen la política de la
libre penetración y de la libre explotación de los pueblos subdesarrollados por
los monopolios que actúan desde las grandes metrópolis. Esta libertad económica
impuesta y dirigida desde afuera, especialmente desde las concentraciones
monopolistas norteamericanas a la par de favorecer desmesuradamente a las mismas
y a su país de origen, provocan en Argentina la agudización de la crisis y la
profundización de los efectos recesivos'*.
En los pronunciamientos sobre los aspectos económicos se concluía: "Lo que se
pretende realmente es quebrar a la industria nacional y dejar el mercado de
consumo a merced de los monopolios. Así lo ha expresado genéricamente la
Confederación de la Industria al referirse que esta política de transferencia
formales y reales es en el más benigno de los juicios, un mal signo. En lo que
hace a las empresas del Estado la aprobación de la Ley de Hidrocarburos y la Ley
de Sociedades Anónimas, confirma crudamente la programática oficial de entrega
del patrimonio estatal y de la conducción básica y fundamental de la economía a
los intereses extranjeros. Nadie duda ya que el plan trazado es contrario a un
auténtico desarrollo, atenta contra el nivel de vida de la población, sirve a
los grupos de la reacción y del privilegio, compromete el porvenir del país y
lesiona la soberanía nacional".
En las cuestiones sociales se denunciaba "el aumento de todos los precios de los
artículos de uso y de consumo, agotando la capacidad adquisitiva de las
remuneraciones. El incremento de la desocupación. La paralización de la Comisión
del Salario Vital, Mínimo y Móvil. La imposición del arbitraje obligatorio para
los diferendos laborales. La ley de represión de los conflictos sindicales. La
intervención a Sindicatos, el retiro o suspensión de personerías gremiales. La
eliminación o restricción de las representaciones sindicales en la Empresa del
Estado, incluidos los organismos de previsión social. La violación de los
contratos colectivos de trabajo. La ley de congelación de salarios. La
modificación de la ley de indemnizaciones por despido. El aumento de la edad
para acogerse a la jubilación y la eliminación de las compensaciones por años de
servicio".
Como últimos detalles de las denuncias contra la reaccionaria política que se
llevaba adelante se señalaba: "Simultáneamente el Gobierno pretende tener un
consenso tácito de la opinión pública, pero no abre vías de ninguna naturaleza
para probar con la expresión del pueblo si ello es cierto o no, mientras
justifica tamaño despropósito con la supuestamente perjudicial de enfrentar a un
debate político al país. Con la lógica perseverancia de sus propósitos
retrógrados el Gobierno aprueba la Ley de Defensa Civil que militariza a toda la
población a partir de los 14 años de edad, bajo el pretexto de asegurar el
frente interno, pero con la finalidad de reprimir toda legitima defensa de los
intereses económicos, sociales y políticos de los trabajadores. Más adelante
dicta la denominada ley de represión al comunismo, que engloba a todas las
personas o instituciones que protesten o lleven adelante una acción para
proteger sus derechos. Supera el cuadro represivo macartista dejando al Servicio
de Informaciones del Estado la calificación de toda persona que tenga
"motivaciones ideológicas comunistas", añadiendo un régimen punitivo que llega
hasta los nueve años de prisión. Intervienen las Universidades Nacionales, anula
la participación de la juventud estudiosa argentina en la vida de las mismas,
proyecta una reglamentación limitacionista y disuelve los Centros de
Organización Estudiantiles. Viola el secreto de la correspondencia cual modernos
inquisidores celosos de toda opinión adversa a la dogmática oficial. En el
ámbito internacional propuso, felizmente rechazada, la institucionalización de
la Junta Interamericana de Defensa, cual moderno gendarme de los Pueblos de
América Latina que bregan por su emancipación integral, a fin de mantenerlos en
el subdesarrollo, en el estancamiento y en la dependencia neocolonial"
Allí se realizaron denuncias que si bien eran conocidas por todos, no todos la
realizaban. Eran las delegaciones cordobesas por lo general las que sustentaban
estos planteamientos en todos los ámbitos.
En Córdoba se expresó poco tiempo después una resolución de la CGT local que
declaró persona no grata al Presidente Onganía, y eso trasuntaba el creciente
desafío al régimen autocrático, no cuestionado a nivel masivo con tanto vigor
como se daba en Córdoba.
LA REBELIÓN DE LAS BASES SINDICALES
La Comisión Delegada de la CGT Nacional, intentó por todos los medios la
construcción de un Congreso adicto a las teorías del participacionismo. Que era
hacerse eco de toda la política del Gobierno y lograr la participación en el
proceso. Una renuncia clara a las reivindicaciones obreras y populares que
merecía una repulsa general.
El "dirigentismo" de los jerarcas de las organizaciones nacionales, luego de
prolijos cortejos de delegados, al estilo de los viejos comités de la política
criolla de la Década Infame, resolvió la convocatoria a un Congreso Nacional
para la normalización de la Confederación General del Trabajo.
Llegó a tanto la podredumbre de los dirigentes participacionistas, que sostenían
que en ese Congreso no podían participar las Organizaciones que estaban
intervenidas, entre ellas la de más caudal de afiliados o sea la Unión
Ferroviaria, además de los trabajadores portuarios, de prensa, químicos, del
azúcar, etc.. Querían hacer un Congreso con los que habían tolerado la Dictadura
y sancionar a su vez con tal exclusión a los que habían luchado, habían sido
intervenidos y eran perseguidos por los violadores de todos los derechos
sindicales.
Todos quienes continuaban fíeles a los principios sindicales, incluso los
sindicatos intervenidos designaron delegados a tal Congreso, comprometiendo a
quienes estaban con la Dictadura a que en el propio Congreso los inhibieran de
actuar. El 28, 29 y 30 de Marzo comenzó el Congreso. Los dirigentes que
coincidían con Onganía, no tuvieron el valor de acudir a impugnar a
quienes.querían excluir desde la? bambalinas. El Congreso se realizó con todas
las organizaciones combativas, incluidas las intervenidas, y con poco más de la
mitad de los delegados suficientes para el quórum se proclamó la lucha contra la
Dictadura y el desconocimiento a todos lo jerarcas del participacionismo. De
allí nació lo que fue denominada CGT de los Argentinos, encabezada por Raimundo
Ongaro.
Las bases sindicales repudiaban toda la política de conciliación vergonzosa y
una ola de manifestaciones, de actos, todos organizados por los sindicatos de la
CGT de los Argentinos, cubrió una verdadera celebración del 1° de Mayo de 1968.
En Córdoba más de cinco mil personas concurrieron al local del Córdoba Sport
Club, en el que juntamente con Ongaro hice uso de la palabra denunciando una vez
más, ratificando lo que veníamos señalando desde 1966, que la Dictadura hundía
al país.
El 28 de Junio de ese mismo año la CGT de Córdoba programó un acto frente al
local de la misma, en repudio al Segundo Aniversario de la Dictadura. La
represión, como lo hacia repetidas veces descargó todo su aparato y se
contabilizaron trescientos veintidós presos entre los manifestantes. El
movimiento obrero, el estudiantado, los sectores populares pugnaban por expresar
su protesta en la calle y sucesivamente eran reprimidos. Pero no descansábamos.
Algunos ya sostenían que no era posible programar actos, ya que la Policía no
los permitía y que la gente se cansaba. La mayoría sostuvo que no. No queríamos
dejar de lado nuestro derecho a expresamos, a protestar, a exigir soluciones.
Una y otra vez nos disolvían encarcelando a trabajadores y estudiantes.
En Septiembre de 1968, la CGT y el Frente Estudiantil en Lucha programó una
semana de Protesta en recordación de los Mártires Populares, coincidiendo con el
aniversario de la muerte de Santiago Pampillón.
Ya el Gobernador Caballero, que había suplantado a Ferrer Deheza, lanzaba la
constitución de un Consejo Asesor, como forma perfeccionada del
participacionismo como experiencia piloto para todo el país.
La Semana de los Mártires Populares fue violentamente reprimida. Cayó baleado el
joven estudiante Aravena, que hoy aún se encuentra impedido físicamente en forma
total, como producto de aquel alevoso ataque.
Los actos fueron disueltos. Se atacó a una manifestación encabezada por
dirigentes sindicales, estudiantiles y Sacerdotes del Tercer Mundo, que
provenían de una Misa por Santiago Pampillón. Se disolvieron los actos frente a
la CGT. Se encarcelaron a varios militantes y representantes sindicales y
estudiantiles que estuvieron casi un mes en Encausados.
A fines del mismo 1968, la CGT organizó otro acto que fue igualmente reprimido.
Todos sentíamos una real indignación y la condena al régimen tomaba ribetes de
furia. Nada era posible hacer. La represión se manifestaba en todo momento. El
gobierno seguía su propaganda para el Consejo Asesor. La Federación de Luz y
Fuerza suspendía a nuestro sindicato por estar adherido a la CGT de los
Argentinos.
Los jerarcas sindicales habían realizado su propio Congreso, pero no tenían
ninguna vigencia en las bases. En Córdoba eran abiertamente repudiados por la
Clase Trabajadora.
Mientras en todos los órdenes la política de Onganía seguía consolidándose en el
sentido de la fuerza y la opresión.
Mientras por otra parte, en el Pueblo crecía la rebelión contra tanto estado de
injusticia, de desconocimiento de los Derechos Humanos. A fines de 1968, se
cumplió el 20° aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Luz y Fuerza realizó algunas conferencias sobre el particular. Qué cotejo más
dramático se realizaba entre el contenido de esta declaración que coronó el
final de la segunda guerra mundial y el régimen que imperaba en Argentina.
Parecía que tantos sacrificios, tantas vidas, por el respeto a los derechos del
hombre, hubieran sido inútiles.
1969: EL AÑO DEL CORDOBAZO
Hemos reseñado los males del régimen a escala nacional y hemos particularizado
las posiciones de Córdoba por ser las más relevantes contra la Dictadura en el
orden nacional.
Ya también Hilda Guerrero de Molina, mártir obrera de Tucumán engrosaba las
filas de quienes habían caído defendiendo sus ideales, enfrentando al régimen de
Onganía.
El régimen comunitario era publicitado desde todos los ángulos del equipo
gobernante. Córdoba se había convertido en la experiencia piloto y el Dr.
Caballero había constituido su Consejo Asesor que sería convalidado con bombos v
platillos en la Reunión de Gobernadores de Alta Gracia. Allí llegó Onganía en el
mismo automóvil y en la misma posición ideológica y con los mismos propósitos de
Caballero.
Antes habíamos redactado un importante documento. Un documento que se denominaba
DECLARACIÓN DE CÓRDOBA y que se dio a publicidad el 21 de Marzo de 1969. Dos
meses y días antes del Cordobazo. En él reseñábamos lo problemas principales de
orden local que sumados a los de orden nacional y en función a la toma de
conciencia del pueblo de Córdoba sobre la validez de sus derechos, podríamos
decir que encuadraron la heroica reacción popular del Cordobazo.
En la introducción se decía; "Nuestra Provincia soporta un descalabro
gubernativo, una manifiesta inoperancia en los más altos niveles jerárquicos
oficiales, una ineptitud generalizada en la conducción de la cosa pública.
Paralelamente a esta ineficacia se destaca un oscuro y torpe manejo de los
instrumentos del poder, para favorecer a los círculos del privilegio económico y
financiero, para exaccionar los modestos recursos monetarios de la población,
para burlar la auténtica representatividad popular mediante el fraude
neocorporativista, para manipular desvergonzadamente a algunos miembros de la
justicia,intentando abiertamente ponerlos al servicio de la tolerancia cómplice
hacia el crimen de algún conspicuo allegado al régimen".
"No se recuerda que nuestra provincia haya soportado tamañas iniquidades
públicas. Nunca el pueblo cordobés contempló, un ejercicio sensual del poder
usurpado con la impunidad que se manifiesta, y con el visto bueno de un Poder
Central que en muchos casos lo pone como ejemplo de experiencia a proyectarse en
toda la nación."
"Esta situación insoportable en todos los órdenes, obliga a la clase trabajadora
cordobesa a repudiar públicamente al gobierno local, a corresponsabilizar a la
Dictadura de Ongania de todos sus actos y a actuar cada vez más unida y
enérgicamente para lograrla instauración del ejercicio pleno de los derechos y
garantías que pertenecen inalienablemente a los trabajadores y ciudadanos, y a
la práctica de la función gubernativa en un plano de dignidad y de real
interpretación de las aspiraciones del Pueblo".
Señalábamos y no lo hacíamos nosotros por una elucubración al margen de las
posiciones populares, sino como una expresión auténtica que palpitaba en toda la
población que: " Durante bastante tiempo el Gobierno de Córdoba trabajó intensa
y solapadamente, para implementar el denominado Consejo Asesor Económico Social.
Sus fundamentos se basaron en el supuesto interés por consultar sectores
representativos de la comunidad y darles participación en el análisis y programa
de los actos gubernativos".
Luego se indicaba: "Asimismo se pretende remedar el engendro del Consejo Asesor,
con los Consejos Económico-Sociales de vigencia positiva en algunos países del
mundo estructurados políticamente sobre la base de la voluntad soberana del
Pueblo".
Y por último, luego de otras consideraciones: "El Consejo Asesor procura la
domesticación de la sociedad,su estratificación definitiva y si hoy se viste con
los ropajes de una aparente inocencia, con el tiempo todos deberán lamentar su
consolidación como aparato de poder omnipotente, sin apelaciones, en el que se
fundamentará y basará el régimen para implantar un sistema de vida repudiado por
la historia y con el cual se identificó con su saludo romano el otrora joven
camisa negra, hoy Gobernador de Córdoba, Dr. Carlos Caballero."
Sobre el caso Valinotto, se señalaba, "la opinión pública cordobesa y también la
nacional observan con estupor como un Juez de Córdoba, dispuso la libertad de un
criminal basándose en el testimonio, denominado "de abono" del Ministro de
Gobierno, Dr. Luis E. Martínez Golletti, y del Vocal del Superior Tribunal de
Justicia Dr. Pedro Angel Spina".
Y culminaba el análisis sobre este tema: "El Sr. Gobernador de Córdoba, Dr.
Carlos Caballero, ante la renuncia verbal de su Ministro de Gobierno, Dr.
Martínez Golletti, resolvió, rechazarla ratificándole su confianza".
Sobre los impuestos de orden local recalcábamos: "Los centros vecinales de
Córdoba, integrados en su mayoría por trabajadores, han denunciado el asalto
fiscal de que son objeto, han protestado, han señalado la ilegalidad de las
medidas tributarias, pero el gobierno ha permanecido incólume, ofreciendo una
transitoria y demagógica rebaja que no altera la situación de fondo y que ha
determinado la resistencia al pago, como único camino para hacerse escuchar,
aunque el gobierno sigue y seguirá sordo a los reclamos del pueblo, embebido en
su absolutismo y cegado por su tortuoso designio político."
Sobre los problemas laborales se daba el caso de las "quitas zonales" que
afectaba fundamentalmente al gremio metalúrgico. La anulación de la Ley del
Sábado Inglés, que había sancionado en el año 1932 y que rebajaba en un 9,1 °/o
los salarios mensuales de los trabajadores. El Departamento Provincial de
Trabajo resultaba totalmente inoperante. Se distinguía que "Córdoba es, a no
dudarlo, el paraíso de los recibos en blanco, que sirven para robar de los ya
magros salarios de los trabajadores, partes sustanciales y crear la inseguridad
en la permanencia de su empleo". Por otra parte se dispuso el cierre de una
serie de escuelas nocturnas de capacitación a la que concurrían los
trabajadores, con el fundamento de que se habían agotado las instancias para que
los mencionados establecimientos pasaran a formar parte del organigrama
secundario provincial."
Las tropelías de la denominada "Brigada Fantasma", también enardecieron al
pueblo de Córdoba. Decíamos sobre el particular: "Todo el país conoce ya el
increíble episodio de la "Brigada Fantasma", denominada así por sus oscuras
andanzas no en resguardo de la seguridad pública, sino atentando contra la
misma.
Intimidando a gente inocente, persiguiendo a supuestos delincuentes y
extorsionando a los detenidos". Se concluía sobre este punto: "También el
episodio de la "Brigada Fantasma", por más que se haya dispuesto su disolución y
la detención de los "policías" que la integraban, no fue descubierta por la
preocupación o la diligencia de los funcionarios del gobierno. Se conoció y se
investigó por las denuncias periodísticas que constituye hoy el único medio que
tiene el Pueblo para defenderse de alguna manera de los atropellos a que es
sometido por un Gobierno, que inexorablemente "será juzgado como el más nefasto
para los derechos de toda la población de Córdoba".
Para no extenderse más sobre este extenso documente señalaré una frase mas: "Una
ínfima minoría, los dedos de una mano sobran para contarlos, de "dirigentes"
sindicales, apoya el régimen cordobés. No es así sin embargo en el orden
nacional.
La asistencia de más de cuarenta jerarcas gremiales a una entrevista con Onganía
ha demostrado que el espíritu de lucha de los trabajadores y del pueblo, tienen
un fuerte contingente de desertores, sumados a la programática del régimen:
política de sometimiento económico, de opresión social, de oscurantismo cultural
y de mordaza cívica, sojuzgando a todos los argentinos que quieren un país en el
cual se operen fundamentales transformaciones que posibiliten un inmediato
porvenir donde impere la justicia social; donde se produzca la independencia
económica, liberando a la patria de la penetración y dominio monopolice e
imperialista; donde se materialice la soberanía política sobre la base de la
libre voluntad popular y donde la democracia integral se practique sin ningún
tipo de proscripciones e inhabilitaciones para todos los argentinos".
Cubríamos el final exhortando a la unidad, a la acción común reinvindicativa, de
todas las Organizaciones Sindicales para la prosecución de la lucha en defensa
de nuestros derechos.
ESTALLA LA CALDERA
Los trabajadores metalúrgicos, los trabajadores del transporte y otros gremios
declaran paros para los días 15 y 1° de Mayo, en razón de las quitas zonales y
el no reconocimiento de la antigüedad por transferencia de empresas,
respectivamente. Los obreros mecánicos realizan una Asamblea y a la salida al
ser reprimidos, defienden sus derechos en una verdadera batalla campal en el
centro de la ciudad el día 14 de Mayo. Los atropellos, la opresión, el
desconocimiento de un sin número de derechos, la vergüenza de todos los actos de
gobierno, los problemas del estudiantado y de los centros vecinales se suman.
Se paraliza totalmente la ciudad el día 16 de Mayo. Nadie trabaja. Todos
protestan. El Gobierno reprime.
En otros lugares del país, estallan conflictos estudiantiles por las
privatizaciones de los comedores universitarios.
En Corrientes es asesinado el estudiante Juan José Cabral y ese hecho tiene
honda repercusión en toda la población de Córdoba. Se dispone el cierre de la
Universidad. Todas las agrupaciones estudiantiles protestan y preparan actos y
manifestaciones. Se trabaja de común acuerdo con la CGT.
El día 18, es asesinado en Rosario el estudiante Adolfo Ramón Bello. Realizamos
con los estudiantes y los Sacerdotes del Tercer Mundo una marcha de silencio en
homenaje a los caídos.
El día 20 de Mayo, fui detenido e incomunicado en el Departamento de Policía "en
averiguación de antecedentes". Recupero la libertad al día siguiente.
El día 21, se concreta un paro general de estudiantes. Una serie de comunicados
del movimiento obrero lo apoyan. En Rosario cae una víctima más. El estudiante y
aprendiz de metalúrgico Norberto Blanco, es asesinado en Rosario. Se instalan
Consejos de Guerra.
El día 22 de Mayo, los estudiantes de la Universidad Católica se declaran en
estado de asamblea y son apoyados por el resto del movimiento estudiantil.
El día 23 de Mayo, es ocupado el Barrio Clínicas por los Estudiantes. Es
gravemente herido el estudiante Héctor Crusta de un balazo por la Policía. Se
producen fogatas y choques. La Policía es contundente, y los choques se hacen
cada vez más graves.
El día 25 de Mayo, hablo en la Universidad Católica de Córdoba y hago una severa
crítica y condena a los sangrientos atropellos de la Policía y de los
arbitrarios procedimientos del Consejo de Guerra en Rosario.
El día 26 de Mayo, el movimiento obrero de Córdoba, por medio de los dos
plenarios realizados, resuelve un paro general de actividades de 37 horas a
partir de las 11 horas del 29 de Mayo y con abandono de trabajo y
concentraciones públicas de protesta. Los estudiantes adhieren en todo a las
resoluciones de ambas CGT.
Todo se prepara para el gran paro. La indignación es pública, notoria y
elocuente en todos los estratos de ]a población.
No hay espontaneísmo. Ni improvisación. Ni grupos extraños a las resoluciones
adoptadas. Los Sindicatos organizan y los estudiantes también. Se fijan los
lugares de concentración. Como se realizaran las marchas. La gran concentración
se llevara adelante, frente al local de la CGT en la calle Vélez Sársfieid 137.
Millares y millares de volantes reclamando la vigencia de los derechos
conculcados inundan la ciudad en los días previos. Se suceden las Asambleas de
los Sindicatos y de los Estudiantes que apoyan el paro y la protesta.
El día 29 de Mayo amanece tenso. Algunos sindicatos comienzan a abandonar las
fábricas antes de las 11 horas. A esa hora el Gobierno dispone que el transporte
abandone el casco céntrico. Los trabajadores de Luz y Fuerza de la
Administración Central, pretenden organizar un acto a la altura de Rioja y
General Paz y son atacados con bombas de gases. Es una vez más la represión en
marcha. La represión indiscriminada. La prohibición violenta del derecho de
reunión, de expresión, de protesta.
Mientras tanto, las columnas de los trabajadores de las fábricas de la industria
automotriz van llegando a la ciudad. Son todas atacadas y se intenta
dispersarlas.
El comercio cierra sus puertas y las calles se van llenando de gente. Corre la
noticia de la muerte de un compañero, era Máximo Mena del Sindicato de
Mecánicos. Se produce el estallido popular, la rebeldía contra tantas
injusticias, contra los asesinatos, contra los atropellos. La policía retrocede.
Nadie controla la situación. Es el Pueblo. Son las bases sindicales y
estudiantiles, que luchan enardecidas. Todos ayudan. El apoyo total de toda la
población se da tanto en el centro como en los barrios.
Es la toma de conciencia de todos evidenciándose en las calles contra tantas
prohibiciones que se plantearon. Nada de tutelas, ni de los usurpadores del
poder, ni de los cómplices participacionistas. El saldo de la batalla de Córdoba
-El Cordobazo- es trágico. Decenas de muertos, cientos de heridos. Pero la
dignidad y el coraje de un Pueblo florecen y marcan una página en la historia
argentina y latinoamericana que no se borrará jamás.
En las fogatas callejeras arde el entreguismo, con la luz, el calor y la fuerza
del trabajo y de la juventud, de jóvenes y viejos, de hombres y mujeres. Ese
fuego que es del espíritu, de los principios, de las grandes aspiraciones
populares ya no se apagará jamás.
En medio de esa lucha por la justicia, la libertad y el imperio de la voluntad
soberana del pueblo, partimos esposados a bordo de un avión con las injustas
condenas sobre nuestras espaldas. Anos de prisión que se convierten en poco
menos de siete meses, por la continuidad de esa acción que libró nuestro pueblo,
especialmente Córdoba, y que nos rescata de las lejanas cárceles del sur, para
que todos juntos, trabajadores, estudiantes, hombres de todas las ideologías, de
todas las religiones, con nuestras diferencias lógicas, sepamos unirnos para
construir una sociedad más justa, donde el hombre no sea lobo del hombre, sino
su Compañero y su Hermano.
Agustín Tosco
* Dirigente sindical clasista. Secretario General del Sindicato de Luz y Fuerza
de la provincia de Córdoba al momento de producirse el Cordobazo, fue uno de sus
principales dirigentes. En numerosas oportunidades sufrió cárcel y torturas por
su militancia política y sindical. El presente artículo fue escrito desde la
cárcel de Rawson, en Junio de 1970. Fallecido el 5 de Noviembre de 1975.
Fuente:
Rebelión
Hace
30 años, el cordobazo movilizó a los trabajadores en salud mental
El día que hubo huelga de psicoanalistas
Por Enrique Carpintero* y Alejandro Vainer **
En julio de 1966, la dictadura del general Juan Carlos Onganía intervino las
universidades y desató una brutal represión que se conoce como "La Noche de los
Bastones Largos". La respuesta fue la renuncia masiva de profesores y el inicio
de una resistencia estudiantil que se extendió por todo el país. La carrera de
Psicología queda prácticamente desmantelada y la Asociación de Psicólogos de
Buenos Aires debió comenzar una lucha contra la Ley 17.132, que prohibía a los
psicólogos realizar psicoterapia.
Mientras la sociedad empezaba a sentir los efectos de una política económica que
disminuía el nivel de vida, la clase media se sentía desalojada de un espacio de
ascenso social como era la universidad. La idea "cientificista" –como se la
denominaba en esa época– dejó paso a un cuestionamiento de las teorías
hegemónicas como el funcionalismo sociológico, el conductismo y el psicoanálisis
kleiniano. Se organizaron grupos de estudio que introdujeron los debates
planteados por Althusser, Lévy-Strauss, Lacan, Foucault. También se conocieron
las experiencias de la antipsiquiatría que realizaban Franco Basaglia, Ronald
Laing y David Cooper, así como el pensamiento psiquiátrico sobre comunidades
terapéuticas de Maxwell Jones, E. Goffman y F. Fanon. El libro El miedo a la
libertad, de Erich Fromm fue un best-seller de esos años.
En el "campo de la Salud Mental", la burocracia sanitarista del Instituto
Nacional de Salud Mental consintió el plan de Mauricio Goldenberg para la
Capital Federal, que proponía la formación de servicios de psicopatología en los
hospitales generales y centros de salud mental. Además, no se impedía la
creación de comunidades terapéuticas en los hospitales psiquiátricos.
Obviamente, esta política se llevaba a cabo mientras se favorecía a las clínicas
privadas y se mantenían los manicomios. Pero esta situación llevó a experiencias
de comunidades terapéuticas y centros comunitarios que fueron más allá de lo que
la dictadura permitía.
Se sucedían permanentes huelgas y manifestaciones en todo el país, que fueron
violentamente reprimidas con muertos, heridos y centenares de detenidos. El 29
de mayo de 1969, un paro activo en la ciudad de Córdoba tuvo como consecuencia
una rebelión de obreros y estudiantes con apoyo de los sectores medios; la
ciudad quedó bajo su control hasta el día siguiente, en que intervino el
Ejército. El Cordobazo había sorprendido a todo el mundo. Fue el principio del
fin de la dictadura de Onganía. Inauguró un nuevo período en las luchas sociales
y políticas. Fue un acontecimiento cuya carga simbólica llevó a crear un
imaginario donde era posible la transformación de la sociedad. La idea dominante
pasó a ser que la política es la fuerza que da sentido a cualquier práctica.
Su repercusión en el campo de la Salud Mental no se hizo esperar. La Asociación
de Psicólogos de Buenos Aires produjo una solicitada firmada por la Comisión
Directiva, presidida por Roberto Harari, que apoyaba el paro nacional del 1 de
julio, planteando "la unificación del movimiento obrero con otros sectores de la
sociedad y repudiando la represión acaecida en la Facultad de Filosofía y
Letras". En ella funcionaba la carrera de Psicología y, cuando los alumnos
debatían en asamblea qué medidas adoptar ante la situación social y política,
entró la policía, detuvo a cientos de estudiantes y destrozó instalaciones. A
partir de ese hecho, no hubo clases durante tres meses. En la misma solicitada
se reivindicó la libre expresión y se sugirió a los asociados hacer pública la
adhesión en sus lugares de trabajo. En setiembre apareció el primer número de la
revista de la APBA, dirigida por Ricardo Malfé. La misma se constituiría en el
principal medio de debate teórico, clínico e institucional acerca del lugar que
el psicólogo debía ocupar en el campo de la Salud Mental.
Ese año la Federación Argentina de Psiquiatras llamó a elecciones nacionales:
triunfaron listas de unidad con la consigna de defender "nuestros intereses, que
no son otros que los intereses del pueblo". En la FAP Capital fue elegido Emilio
Rodrigué como presidente y se organizaron movimientos de apoyo a colegas
detenidos debido al estado de sitio. Mientras tanto, en el interior de la
institución comenzaba a debatirse cómo enfrentar la dictadura de Onganía.
Diferencias políticas llevaron a la renuncia de Mauricio Goldenberg como
presidente del IV Congreso Argentino de Psiquiatría. Este se realizó al año
siguiente en Rosario, donde se eligió a Gervasio Paz como presidente y José
Bleger como secretario científico. Esa elección fue producto de una alianza
entre los psiquiatras progresistas del interior y algunos psicoanalistas de
Buenos Aires en contra de la lista de los psiquiatras manicomiales. La FAP apoyó
los paros médicos resueltos por la Confederación Médica Argentina en oposición a
la Ley 17.102, que fue el primer intento de privatizar los hospitales públicos.
La Asociación Psicoanalítica Argentina no podía quedar al margen del clima
imperante y produjo un hecho sin precedentes en la institución: publica su
primera solicitada en oposición a la represión desatada por la dictadura y
adhirió a la huelga general, promoviendo que sus miembros realizaran un paro en
sus propios consultorios. Se publicó el 28 de mayo con la firma de su
presidente, Jorge Mom: "Frente a los hechos que enlutan al país, la Asociación
Psicoanalítica Argentina, institución científica cuya tarea fundamental es el
esclarecimiento de las motivaciones de la conducta humana, asume la
responsabilidad de alertar a los poderes públicos ante el gravísimo peligro que
entraña la incomprensión de la situación actual. Es preciso comprender que los
movimientos juveniles siempre expresan necesidades y anhelos que importa atender
y respetar. La juventud que es nuestra prolongación y trascendencia requiere,
para su desarrollo individual y colectivo, las condiciones óptimas de libertad y
dignidad humana. La represión violenta e indiscriminada, que ya ha costado
vidas, tiende a crear condiciones irreversibles de desorganización y caos que
pueden servir de pretexto para mayores excesos de poder. En estas condiciones la
fuerza anula las potencialidades del país y se torna autodestructiva".
El paro consistió en que el analista esperaba a sus pacientes en su consultorio
y les explicaba las causas por las que no atendía. No todos realizaron la huelga
ya que, explica hoy un analista, "la huelga la hacía según el didacta que cada
uno tenía. Era una medida medio loca pero si tu analista y tu supervisor
adherían tenías que hacerla". Comenta otro analista: "Muchos de los que no
hicimos la huelga nos apañábamos en no perturbar el encuadre analítico. Pero en
realidad creo que era por el temor que teníamos de mostrar una ideología a los
pacientes, como si esto pudiera evitarse. En ese momento éramos muy sometidos a
nuestros propios analistas didácticos". La inédita medida fue producto de un
debate interno en el que un grupo de analistas sostuvo la implicación del
psicoanálisis en la problemática social y política.
En julio se realizó en Roma el Congreso Internacional de la IPA, donde Armando
Bauleo y Hernán Kesselman fueron miembros fundadores de "Plataforma
Internacional". Cuando regresaron, con otros analistas, constituyeron el grupo
Plataforma dentro de la APA. Años después Marie Langer escribió: "El Congreso
estaba cargado con todo el clima del ‘68; para nosotros, los argentinos, no sólo
estaba lo que sabíamos del ‘68 en el mundo: llevábamos con nosotros el Cordobazo
junto con la perplejidad frente al asesinato de Vandor, líder sindical dispuesto
a pactar con los militares, ocurrido apenas un mes antes, en desafío abierto al
gobierno militar".
Las diferentes formas de la violencia política aparecieron en los consultorios
cuestionando el concepto de "neutralidad". Tratar de entender sus consecuencias
en la práctica analítica y en la sociedad llevó a realizar la Jornada sobre
Violencia y Agresión, preparatoria del 8 Congreso Latinoamericano que se iba a
realizar en Porto Alegre. Este tenía el mismo tema pero, para no molestar a la
dictadura instalada en Brasil desde 1964, se cambió por "Corrientes actuales en
el pensamiento psicoanalítico". La APA se opuso a esta decisión y concurrió con
un relato oficial que fundamentó la direccionalidad de la práctica social del
psicoanálisis. Un grupo de analistas didácticos hizo pública su decisión de no
participar en el Congreso. Fue el inicio de la división. Todavía faltaba un
tiempo para que los grupos Plataforma y Documento realizaran la primera ruptura
en la APA. Estos grupos, junto con la FAP y las asociaciones de Psicólogos, de
Psicopedagogos y de Asistentes Sociales, crearon la Coordinadora de Trabajadores
de la Salud Mental y el Centro de Docencia e Investigación. Los profesionales de
la Salud Mental se identificaron como trabajadores. Se iniciaba otro momento
histórico donde la política sería protagonista casi excluyente.
* Psicoanalista. Director de la revista Topía. Ex director del equipo de crisis
del Plan Piloto en Salud Mental de la Boca-Barracas.
** Psicoanalista. Coordinador de la revista Topía. Ex jefe de residentes del
Hospital Borda.
Fuente:
Página 12
Algunas
reflexiones

Pablo Pozzi, Alejandro Schneider. Historiadores
El Cordobazo marcó un hito en la historia de la clase obrera. La valoración y
las conclusiones sobre este acontecimiento tienen una enorme importancia para la
caracterización global de la misma, su desarrollo, su conciencia y su potencial
revolucionario.
A partir de 1969 se abrió una nueva etapa en las luchas de los trabajadores.
Esos años estuvieron signados por el recurso a la violencia por parte de las
masas. También, fueron marcados por el planteo del socialismo como una
alternativa viable de poder popular. Por primera vez en la historia argentina,
la clase obrera se postuló como clase dirigente de otros sectores sociales en el
proceso histórico nacional, en un claro desafío a la burguesía; en consecuencia,
los trabajadores experimentaron un salto en su conciencia. Esto se expresó en
sus formas de organización, en el surgimiento de una nueva camada de dirigentes
políticos obreros caracterizados como "clasistas", que constituyeron un quiebre
con las tradiciones políticas del peronismo, y en un crecimiento en aquellas
organizaciones políticas que representaban los intereses históricos de la clase.
Debería quedar claro que el desarrollo de la conciencia de clase es planteado
aquí de la manera más alejada posible de las formas positivistas (o sea, no es
un camino ascendente hacia el socialismo) sino que se trata de un proceso
dinámico y heterogéneo, con marchas y contramarchas y con contradicciones.
De ser correcto lo anterior, se debería replantear algunas de las afirmaciones
más comunes de la historiografía y la política actual. Por un lado, el avance
sintetizado por el Cordobazo implicó que el peronismo, como alternativa política
de la clase obrera, quedó a la derecha y por detrás del progreso histórico de la
clase. No sólo significó un freno a la profundización de las luchas y a la
conciencia obrera, sino que su evolución hacia opciones revolucionarias apareció
como una imposibilidad histórica.
El planteo de Evita por el cual "el peronismo será revolucionario o no será
nada", se había resuelto claramente porque no sería nada. Así, las
organizaciones que conformaron la Tendencia Revolucionaria del peronismo, a
pesar de sus sacrificios y heroísmo, bregaron por una alternativa que no era la
que ellos pensaban. En este proceso contribuyeron a sembrar confusión entre los
trabajadores y, más de una vez, a dar aire a un Estado capitalista acosado por
las luchas populares. Sin embargo, los peronistas "revolucionarios" (aun sin
serlo objetivamente) no fueron los únicos que tuvieron estos problemas.
Distintos sectores de la izquierda reformista también aceptaron la idea de "Perón como camino a la revolución". El resultado fue que las filas de la
izquierda se dividieron, profundizaron el sectarismo, y pusieron un límite
concreto al desarrollo de las luchas populares a través de la fragmentación y el
espontaneísmo.
En el Cordobazo pudo observarse la superación de las direcciones políticas,
sindicales y estudiantiles. La clase obrera y el pueblo, enfrentando a la
policía primero y luego directamente a las Fuerzas Armadas, otorgaron a estos
hechos el carácter de un hito histórico. De este modo, es importante observar el
papel desempeñado por los vecinos de los barrios que, en el repliegue ante la
entrada del ejército, apoyaron y cuidaron de los manifestantes callejeros. Si el
Cordobazo fue, por un lado, expresión de una exacerbación de las contradicciones
sociales después de 1955, en sus consecuencias resultó una verdadera inflexión,
un cambio cualitativo en las luchas obreras y populares. Sus consecuencias
fueron múltiples.
En lo inmediato, se mostraron los límites de la implementación de una política
económica que sólo satisfacía los intereses de la burguesía monopólica. En
cuanto a los trabajadores se observaron varios fenómenos y procesos; en los
hechos, señaló el inicio de un auge de masas que se reflejó en la oleada de
insurrecciones y puebladas que se sucedieron entre 1969 y 1972.
Entre otras cuestiones, la clase obrera cuestionó e impugnó las variantes
"combativas" de la dirigencia sindical como antes había ocurrido con la
burocracia tradicional. Era evidente que se había producido un profundo corte
horizontal con las conducciones gremiales en el ámbito de las organizaciones.
Sin embargo, esta ruptura no alcanzó al poder de algunas seccionales que, por el
contrario, lograron mantenerse a la cabeza de estos acontecimientos, como Luz y
Fuerza de Córdoba. Esto implicó la conformación de un nuevo grupo de dirigentes
sindicales, independientes de la burocracia, que condujo las movilizaciones de
los gremios: en la práctica estaba renaciendo el clasismo. Además, de esta
pérdida de control sobre los trabajadores, y con la agudización de las luchas
intrasindicales, surgió por primera vez la violencia contra la burocracia,
incluyendo la muerte de dirigentes a manos de sus contrarios peronistas. En el
seno de las organizaciones de izquierda, la ejecución de burócratas generó una
intensa discusión que fue saldada con la decisión casi uniforme en contra de
este tipo de accionar.
El criterio era que la burocracia sindical debía ser desplazada por la lucha de
las masas y no por el accionar armado. Esto se sustentaba en una visión
ideológica por la que no había que sustituir por las armas a las masas. Por
último, corresponde indicar que una buena parte de la izquierda se potenció por
los acontecimientos de mayo de 1969. El levantamiento popular puso a la orden
del día numerosas polémicas teóricas, confirmando algunos análisis y desechando
otros. Esto no significó que se había agotado la discusión; por el contrario,
ésta se desarrolló con una riqueza inusual. Lo que significó fue que los debates
se basaron, desde entonces, en una práctica militante cada vez más acelerada y
en una movilización popular que nadie podía ignorar. En todos los casos, la
izquierda se volcó —como lo demostraron los siguientes años—hacia la clase
obrera con una renovada fuerza.
Fuente:
www.nuestralucha.org
El
Cordobazo, una rebelión popular
¨El Cordobazo es la expresión militante, del más alto nivel cuantitativo y
cualitativo de la toma de conciencia de un pueblo, en relación a que se
encuentra oprimido y a que quiere liberarse para construir una vida mejor,
porque sabe que puede vivirla y se lo impiden quienes especulan y se benefician
con su postergación y su frustración de todos los días.' Agustín Tosco
El 29 de mayo de 1969 luego de una minuciosa organización, por parte de los
trabajadores del movimiento obrero cordobés, se alistaba para protagonizar un
paro activo de 36 horas a partir del mediodía del 29.
A pesar de un operativo policial de gran envergadura, desde todos los rincones
de las grandes fábricas cordobesas comenzaron un camino ascendente hacia el
centro de la ciudad.Por otra parte los lucifuercistas encabezados por Agustín
Tosco, Felipe Alberti, Tomás Di Toffino y otros partían desde las orillas del
Río Primero para confluir con las otras columnas de trabajadores que inundaban
el casco céntrico de la famosa Docta Cordobesa.
Además el barrio Clínicas era tomado por los estudiantes. Y la ciudad y sus
alrededores estaban en estado de rebelión por la organización de sus centros
vecinales, en un número superior a los 150, que protagonizaron todo el apoyo a
las masas en insurrección de esa jornada gloriosa.
El Cordobazo le propinó un golpe certero al proyecto político y económico del
Onganiato, la desindustrialización del país fue retrasada por casi siete años.
Luego vendría la dictadura militar…
La conspiración de los iguales
El cuento que presentamos se trata de un hecho real, que está ficcionado por el
autor.
Es uno de sus últimos viajes, que realiza el Gringo Tosco, a la Capital Federal,
en medio de las persecuciones de esos tiempos, los trabajadores se unieron para
hacer realidad un principio de la clase obrera: unidad y acción.
El Gringo llegó de la mano de lucifuercistas y ferroviarios que conspiraron y
combinaron una forma de burlar a los perseguidores.
El nombre de la Conspiración de los iguales tiene un antecedente: la lucha de
los obreros franceses.
El cuento es un recorrido desde adentro, entre avatares, señas, tiempo,
conciencia y valentía de un conjunto de compañeros que merecen este
reconocimiento. En definitiva es un relato desde el Terraplén o desde el
Subsuelo de la Patria…
La
conspiración de los iguales
Juan Carlos Cena
A los compañeros que participaron de estos hechos a 36 años del Cordobazo.
El represor, desencajado, grita, gesticula y no entiende.
-¡¿Cómo que no está?!
¡¿Cómo que no lo escuchan?!
¡Peinen Córdoba!
¡Rastrillen, rastrillen!-
Ya lo hicimos Comisario, no hay rastros.
-¿Sólo la ciudad?
¡No, carajo!
La provincia, todo el territorio. Yo sé que está aquí, lo siento, lo huelo...
-Rastrillamos desde Ojo de Agua, Tulumba, Deán Funes, Quilino, la zona de
Ascochinga, las sierras y tras las sierras, al sur, por sus pagos: Coronel
Moldes y pueblos vecinos, los barrios y nada, ni rastros.
-Continúen, ¡todos a buscarlos, todos! -
-grita el Comisario.
-Están todos, hasta los que tenían parte de enfermo, todos salieron a buscarlo.
Sólo encuentran silencio.
-¡Pero, carajo!
¿Y sus compañeros, qué dicen, qué comentan?,
¡Qué me vienen con el silencio, alguien, alguno debe decir algo!
-Nada. Silencio. Nadie pronuncia su nombre, como si lo hubieran olvidado,
guardado. Sólo se miran entre sí, eso, sólo eso, se miran, y nada más...
-¿Olvidado, guardado...?
¡Por favor! ¿Entonces, qué dicen las miradas? -
-reclama el Comisario fuera de sí.-No sabemos, señor, no entendemos esa manera
de mirar, no es fácil; miran de costado, de soslayo y así, nunca derecho.
-¡Síganlas carajo!
-bramaba lleno de babas el Comisario-
Es una orden, persigan las miradas, espíen su rumbo, espíen...
-Señor, perdón, pero cómo lo hacemos. Además, miran a plena luz y no se puede
distinguir si doblan o siguen rectas, si son cortas o largas, ¿cómo leer el
significado que usted pide? Se espejan con la luz y como si se disolvieran, no
se ven..., se hacen resolana.
-Persigan las miradas, es una orden. Esas miradas tienen huellas, recorrido,
¡aprendan carajo!
¡Tienen olor, olor!
-¿...?-
Y en el taller, donde trabajaba,
¿qué dicen, qué comentan?
¿No hay conversaciones, comentarios, chismes, ah...
?-Nada, señor comisario, nada, todo es simulación, nadie dice nada...
-¿Cómo que nada, que disimulo?
¿Y en los baños, qué?
¿Acaso no hablan?
¿Quién lo reemplaza, qué dice?
-Es un obrero común, sin antecedentes, ya lo investigamos.
-¿También está callado?
-Sí señor Comisario, está callado, es puro silencio. Sólo que al final de la
jornada, limpia, ordena y guarda las herramientas que eran del otro.
-¿Cómo?
¿Y eso no les dice nada?
¡Ustedes no ven!
¿No se dan cuenta que si limpia, ordena y guarda las herramientas es que lo
esperan?
¿Que está dentro del territorio y que es mentira lo de su enfermedad?
¿No se dan cuenta de que no es esperanza sino certeza de que Tosco regresará?
Sí, certeza es lo que tienen, certeza de que regresará.
¡Lo esperan!
-Señor, el que limpia, ordena y guarda las herramientas, según nuestros
informantes, dice que hace eso porque aún las herramientas no son suyas, sino
del Gringo, y que además, que las cuida porque él le enseñó el oficio, y eso
nunca dejará de agradecerlo. Es muy fuerte, dice este operario, porque nunca se
olvida al que te enseñó el oficio. Así nos dicen otros y otros obreros..., que
es muy fuerte eso de la enseñanza.
-¡Son macanas!
¡Búsquenlo!
No jodan con más boludeces-
brama el Comisario García Rey, hombre de confianza del brigadier Raúl Lacabanne
y de López Rega.
En septiembre del l974 la Triple A asesina al abogado Alfredo Curuchet ,defensor
de presos políticos, y al negro Atilio López, ex secretario general de UTA y ex
vicegobernador de Córdoba. En octubre es allanado el Sindicato de Luz y Fuerza y
el juez ordena la captura del Gringo y otros activistas. Tosco pasa a la
clandestinidad. Desde entonces, un silencio recorre la ciudad, las sierras, el
norte hosco y el sur, tras las sierras y así todo el territorio. Es la presa más
buscada por las babas represivas. No hay pausas, a todo tiempo, en cualquier
lugar, requisas, allanamientos, se sigue a la gente, los amigos, la familia, si
compra de más o de menos en el almacén, vigilado el barrio, el sindicato, los
centros vecinales, toda la jauría suelta, babeante.
El Gringo continúa comunicándose con sus compañeros, visitándolos, a veces, en
sus lugares de trabajo y otras, dando conferencias de prensa. Aparece y, de
repente, luz. Su salud es delicada, pero debe viajar a Buenos Aires. Partidos y
organizaciones políticas -en especial el PRT, en nombre de otras agrupaciones
guerrilleras ofrecen una tregua, le solicitan que sea prenda de unidad entre
todos los que oponen al golpe de estado en gestación. El es el único escuchado y
respetado por todos, ferviente defensor de la unidad. Decide viajar. No hay
consejo que lo detenga, ni la sola insinuación de su estado de salud: cuando se
lo mencionan se cabrea de lo lindo.
Raúl Lacabanne, el interventor de Córdoba, impuesto por el gobierno central,
presiona en forma permanente a la policía reclamando su captura. El gobierno
sabe que la salud del Gringo es delicada, aunque no grave. Como medida
precautoria, vigilan farmacias, laboratorios, requisan ambulancias, el control
no decae.
-El Gringo tiene que viajar, hay que sacarlo de Córdoba -
-repiten una y otra vez los compañeros que están con él en todo momento.
-¿Cómo?
-es la respuesta afligida. Córdoba está cerrada en todas sus salidas,
carreteras, aeropuertos, ómnibus, las estaciones del ferrocarril. Pensemos,
pensemos...
Son muy pocos, en un principio, los que piensan. Conspiran con cuidado cada paso
a dar, pero falta algo. Siguen pensando y se acuerdan de los otros, sus iguales,
los ferroviarios. Les cuentan la aflicción, piensan entre todos y resuelven
conspirar juntos. Es una conspiración obrera, de iguales. Y la imaginación
aparece y se asocia a ellos, esta vez en forma colectiva. La imaginación
conspira con los conspirados.
-¡Novedades!
-requiere García Rey.
-Ninguna, señor Comisario
-es la repuesta unánime.
-¡¿Cómo que ninguna?!
-Dicen nuestros informantes que por los barrios, por las usinas, en el taller
del Villa Revol, en todos lados, Tosco se volvió invisible, es el comentario más
fuerte que se escucha, así dicen señor Comisario.Un tipo, ante la pregunta de
uno cualquiera
'¿dónde estará el gringo Tosco?', contesta: 'Invisible, ¿dónde va a estar?'. Sí,
es así no más la cosa, dicen: 'porque si el pueblo quiere, te hace invisible'.
Desde entonces, se ve a la gente más tranquila, están alegres, ven pasar una
hebra seca de amor seco montada en una brisa y joden con que ahí va el Gringo,
la soplan y soplan para que remonte y se eleve más alto, se matan de risa entre
resoplido y resoplido.
-¡Cómo mierda se va a volver invisible!
¡Lo único que falta, que entremos en brujerías y en creencias del campo,
boludeces!
-Lo hicieron invisible, señor, y eso que dijo este tipo rueda por todos lados.
-¡Atrápenlo! ¡Atrápenlo! -grita el Comisario corriendo a todos de su despacho.
El Rayo de Sol está en el andén. La formación del tren ha entrado reculando,
furgones postales y de encomienda, coches de clase única, de primera, coche
comedor, pullman y los dormitorios al final. Estos enfrentan la entrada
principal de la Estación del Ferrocarril Mitre. Un gentío compuesto por
pasajeros, mozos de cordel, parientes o amigos estacionados frente a alguna
ventanilla gesticula recomendaciones. Canillitas, un carro con golosinas
ofreciendo los famosos alfajores cordobeses, personal ferroviario, de azul,
vestidos de guarda y camareros, canas de uniforme y de los otros. Todo es
movimiento, voces en todos los tonos. El Rayo de Sol partirá a las 22 horas.
Es el día elegido por los conspirados, la imaginación colectiva en acción. Todo
se ha gestado en silencio. Es un silencio con sonido propio, acorazado, lleno de
luz y aromas, fuerza y riel. Tosco está ya en la ciudad, concreto e inmaterial a
la vez. El reloj marca las 21,50. En eso, todo se oscurece. Un apagón
imprevisto, ¡qué contrariedad! Los gritos, las exclamaciones, el quejido por el
miedo a las tinieblas, y la inmovilidad que genera. La estación de tren, la
terminal de ómnibus, las calles, los semáforos, todo es cerrazón. Todo está
quieto. Sólo dos pequeñas linternas alumbran los escalones de entrada a la
estación, como dos diminutas luciérnagas iluminan los pasos del Gringo Tosco.
Dos compañeros van a su lado, como vaqueanos y custodia. El se deja orientar,
son de su absoluta confianza. Entran al andén. Dos compañeros se arriman y
señalan el coche dormitorio correspondiente. En las escalerillas el camarero se
hace cargo y los conduce hasta el camarote designado, quedan dos junto al
Gringo, se cierra la puerta. Bajan, esconden las linternas, vuelve la luz y la
exclamación de la gente y los pestañeos de acostumbramiento.El auxiliar de la
Estación del Ferrocarril Mitre hace sonar las primeras campanadas, las de las
2l,55. Las que anuncian que dentro de cinco minutos el tren parte. Todo es
ajetreo, cinco minutos de apagón retrasaron los quehaceres.
El reloj marca las 22 horas. Algunas miradas controlan especialmente la rotación
de las manecillas. Fueron los cinco minutos más largos de todos los tiempos. Las
últimas campanadas anuncian la partida. El guardatren da salida al Rayo de Sol:
pito y bandera verde. Comienza a estirarse la formación de coches, se mueve y se
va lentamente, llena de rechinamientos y chirridos de ruedas y riel, y la
exhalación de aire excedente de los frenos, todo se mezcla entre las voces y los
gritos. Unos agitan saludos, otros agitan silencios, el pecho que revienta, el
aire que no alcanza, el convoy se va, se empequeñece pesadamente guardando un
secreto, el farol rojo titilante del último coche señala la lejanía. Los
conspirados del andén se disuelven entre la gente. Uno de ellos sube a los altos
de la estación, a la oficina de Control Trenes, empuña el manipulador y
transmite en morse y en clave que el tren de la conspiración ya partió con esa
carga tan preciada.
Estación Ferreyra, la locomotora acelera y el traqueteo de los rieles se hace
música en los oídos de los pasajeros conspirados. Villa María, se detiene el
tren, es parada por diagrama. No hay requisa. Se van apagando las luces de los
coches, la formación se hace borrosa, y un misterio particular la envuelve.El
Gringo reposa, dormita, a veces sueña y recuerda lentamente los rostros de los
compañeros, las asambleas al aire libre, las discusiones con los estudiantes,
las agarradas con Alberti, las opiniones del Flaco Canelles, las conversaciones
con Solari Irigoyen, la solidaridad del doctor Illia, la polémica franca con
Santucho, la ternura hacía Atilio López; la familia, ¡ah!, la familia: los
hijos, las cartas escritas desde la cárcel a Malvina y al Agustín, cuánto amor
le ponía a cada palabra; los vecinos, tanto tiempo sin verlos; Trelew, Villa
Devoto, la escuela de Artes y Oficios, las herramientas y el trabajo, piensa
cómo le gustaría sentir la sensación de la lima y también enseñar... Se duerme y
despierta al rato sobresaltado..., piensa en los riesgos que corren los
compañeros que lo acompañan... Siempre pensando en los otros con ternura, y la
ternura que no cesa, así lo agoten los primeros dolores.
-Está todo bien, Gringo, descansá, todo va a salir bien.
Pero él sigue pensando en la nueva tarea, no deja de pensar.Todos dormitando. Ha
pasado un tiempo prolongado. El Gringo entra en un largo sueño, y se aquieta. Se
escucha el entrecruces de vías, el tren aminora la marcha, más entrecruces de
vías y el tren que se detiene. Dos golpes de contraseña. El camarero les
anuncia:-Rosario. Uno de ustedes tiene que bajar conmigo.
Recién ahí, en ese momento, se dan cuenta de que están fuera del territorio
cordobés, que las babas del represor no los salpicará. El aire húmedo que viene
del río les refresca el alma, un mareo emocional los desequilibra un
instante.Comienzan las maniobras del cambio de locomotora y el relevo del
personal de conducción. Son otros conspirados que deben resolver algo con el
camarero y con los que viajan con el Gringo, en la punta del andén, fuera del
alcance de las luces y de las miradas.
-Nos detendremos pasando la estación León Suárez
-dicen los compañeros fraternales. Estén preparados, es una estación urbana no
autorizada. Ahí habrá otra posta de compañeros que recibirá al Gringo. Ustedes
se quedaran en el andén. Tomaran el tren local, otros compañeros los guiarán.
Otra vez el ruido de los entrecruces. De Rosario a Retiro sin paradas, piensan
los compañeros emocionados, casi sollozando, mientras auscultan la frente al
Gringo.
La pareja de maquinistas que tomaron las posta en Rosario nunca condujeron un
tren tan silenciosos: emoción del último tramo, responsabilidad de transportar
una carga tan preciada. Qué honor. Temprano, dos golpes convenidos anuncian al
camarero que les alcanza agua caliente, para el mate o té, bizcochos. Va
clareando despacio, Tosco ha dormido sobresaltado, pero no bien despierta,
pregunta:
-¿Dónde estamos?
-Estamos cruzando Campana, provincia de Buenos Aires, todavía se ven las luces
de las refinerías.
-Entonces, ¡los cagamos!
-Así es, falta poco, todo va bien, tal cual lo pensamos.
Pequeño diálogo, luego un silencio emocionado los penetra. Los ojos de Tosco
toman otro brillo. Sonríe, mirándose el empilche ideado para despistar.
Otra vez dos golpes a la puerta.
-Estamos pasando la estación de León Suárez, el tren está mermando la marcha,
suavemente. Dos estaciones más y se detiene apenas, estén atentos. Frena suave
el tren, la delegación desciende despacio, los que esperan en la plataforma de
la estación suburbana se hacen cargo, los otros, se quedan en el andén. El
camarero da salida al tren flameando el banderín rojo, que no es lo
reglamentario, pero sí lo acordado. Arranca despacio, se va deslizando y la
mirada de los conspirados que quedan en el andén, se posan sobre sus formas como
si fuera una caricia de agradecimiento que recorre hasta el último coche, que
aún porta el encendido farol rojo titilante, como si fuera un guiño cómplice, el
de la conspiración de los iguales.
II
Como a los tres meses el Gringo regresa a Córdoba. Habla y habla hasta el
agotamiento con todos, todos dicen que sí, pero nadie concreta la unidad. El
golpe militar viene marchando, afinando los aprontes; se suman a ello, el hastío
de la gente por Lastiri, López Rega y la Isabelita.
La salud de Tosco se deteriora en forma acelerada. De nuevo los conspirados,
pero esta vez sólo los compañeros de Luz y Fuerza, y otro cumpa de confianza.
De nuevo:-Hay que sacar al Gringo de Córdoba.Tosco quiere que lo siga atendiendo
su médico de cabecera, así tengan que trasladarlo. Aparecen ofrecimientos de
partidos políticos, organizaciones guerrilleras, personalidades independientes
ofertando todo para cuidarlo.
De nuevo rumbo a Buenos Aires, se busca otra vía: una ambulancia. El Gringo se
ha dejado crecer la barba, su delgadez, y otros arreglos cambiaron su fisonomía,
es otro. Parten al fin, junto a su médico y otro compañero que han estado
siempre junto a él. Dos requisas en la ruta. Las dos se fijan en el enfermo sin
prestarle mucha atención. Otra vez se les escapa el Gringo a los represores del
interventor Lacabanne. La ira lo penetra hasta los tuétanos, y García Rey que
comienza a pensar en eso de la invisibilidad consulta al Pai López Rega. Una
risa en falsete es la respuesta.
Tosco es internado, lo someten a todo tipo de tratamientos y consultas. Se
recupera despacio. Delgado y débil, Agustín comienza a ensayar algunas caminatas
en la misma pieza y a mantener conversaciones con los médicos. Al tiempo vuelve
a agravarse, cayó nuevamente en un sopor y el cuadro se transformó en
irreversible. Muere el 5 de noviembre de l975. Después es trasladado a Córdoba,
vía Rosario. La perrada de nuevo no lo puede ni olfatear. Los compañeros y el
pueblo lo siguen manteniendo invisible.
Lo velan en el Club Redes Cordobesas, en el barrio General Paz. Mucha gente
muestra allí su desconsuelo. No lo pueden creer. El, que ha sido invisible al
represor, no ha podido con la muerte, ella lo ha materializado. Una lluvia
torrencial y granizo cae sobre la ciudad, es la tarde del 7 de noviembre. Cuando
la lluvia cesa, parte el cortejo fúnebre rumbo al cementerio San Jerónimo. Una
multitud nunca vista se desplaza rodeada de un fuerte control policial. Temen
que el Gringo se les escape y que sólo estén portando el féretro vacío. El
cementerio del barrio de Alto Alberdi es de calles irregulares, con bajadas y
subidas, al entrar a los límites del campo santo la plaza forma una cuenca llena
de puestos de flores, árboles y una explanada para los coches. Todo ese espacio
va colmándose de gente que llega, como afluentes tributarios. Algunos cantando
consignas, otros callados llenos de tristeza. Los conspirados, sus amigos más
cercanos, el que limpiaba, ordenaba y guardaba las herramientas y los obreros
del taller de Villa Revol llevan a pulso el cuerpo inerme del Gringo. Callan las
florista ese cantar permanente de la oferta. Se arriman y lo van cubriendo de
flores. Cuánta gente, cuánta gente del pueblo, trabajadores de otros gremios se
aparean junto a los de Luz y Fuerza; el Gringo los vuelve a convocar, los une.
La unidad ha sido su enamoramiento permanente, condición imprescindible para
cualquier emprendimiento que tenga que ver con la liberación nacional, solía
repetir y repetir.
El represor no puede permitir este nuevo hecho generado por Tosco. Ordena la
represión no bien el Gringo llega con el pueblo a la plaza. Miles de balas y
gases se dispararon. Corridas, gritos, gente rodando, niños aterrorizados,
zapatos y paraguas sin dueños, el espanto. Las babas del represor desataron la
furia. Tosco, un verdadero hijo del pueblo, es llevado con suavidad por las
férreas manos de sus hermanos de clase. No permiten que ni una sola bala lo
roce, lo ensucie, lo contamine. Al Gringo nunca lo va a encontrar el represor.
Lo burló siempre. Todos soliviantan el cajón, todos lo cubren, están llenos de
levedad; al fin trasponen las puertas del cementerio, se escabullen en su
interior, fuerzan las puertas de un panteón y lo depositan allí. Otra vez el
Agustín se vuelve invisible a los ojos del represor. Otra vez la mágica voluntad
de los hijos del pueblo.
Se fue el Gringo, el respetado por todos. Nos quedaron sus enseñanzas a través
de su lucha y la práctica concreta de su militancia. Otros rasgos además lo
distinguían: la intransigencia en la defensa de sus principios, su tremenda
fuerza moral y ética, su amor a la libertad; fue un rebelde obrero, duro, pero
esa severidad nunca le hizo perder la ternura que le profesaba a todos los
compañeros. Desde entonces, la figura del gringo Tosco se recorta lenta y
obstinadamente, venciendo al silencio y al olvido, ensanchando día a día el
campo de la memoria. Como si él condujera un tren memorioso, cargado con voces y
palabras de hombres valerosos y dignos, y que en su último vagón portara aún el
encendido farol rojo de los conspirados, que sigue titilando tercamente como un
guiño cómplice, esta vez del Gringo Tosco.
Fuente:
Argenpress
La hora de la acción directa
El clasismo
Frente a un gremialismo colaboracionista con la dictadura, los métodos y los
nuevos planteos que dieron luz al Cordobazo ahora daban un nuevo liderazgo
social al movimiento obrero. Al calor de los conflictos en el mundo entero,
América Latina era el escenario de nuevas tendencias que marcarían a fuego los
años siguientes. La nota en revista incluye el testimonio de Gladys Vera, ex
delegada de ILASA y el relato sobre la toma de Fiat, extractado del libro
Sitrac-Sitram, del Cordobazo al Clasismo, de Gregorio Flores.
El Cordobazo fue una revelación ideológica y política para el movimiento obrero,
que a partir de entonces cobró conciencia de su fuerza y capacidad de liderazgo
social, se reencontró con las formas directas de organización y lucha y aprendió
a reflexionar sin prejuicios. Nuevos líderes y nuevos mitos se erigían bajo el
signo común de la consecuencia y la transparencia. Y bajo ese cobijo, se
desarrollaban las tendencias políticas de izquierda --ya sea que adhirieran al
marxismo, al peronismo o al cristianismo-- caracterizando la nueva coyuntura.
A fines de 1969 estalló el conflicto en la obra Chocón-Cerros Colorados,
encabezado por algunos de estos nuevos dirigentes: Antonio Alac, Armando
Olivares y Edgardo Torres. También tuvo un papel activo en esa lucha el cura
obrero Raúl Rodríguez.
Fue un conflicto paradigmático: con un fuerte carácter antiburocrático que
impactó de lleno en el gremialismo integrado al proceso dictatorial (la UOCRA de
Rogelio Coria); por primera vez aparecieron públicamente dirigentes sindicales
al lado de la policía y de la patronal intimando a los obreros a rendirse;
también tuvo un alto contenido de violencia, con piquetes de huelga, barricadas
y amenazas de uso de explosivos.
La lucha del Chocón, que despertó la solidaridad de la disidencia social y
política que a esa altura se multiplicaba, se constituirá en la línea de
desarrollo de los conflictos obreros. Poco después en Córdoba, cuando el ciclo
fabril se recuperaba a pleno con el regreso de las vacaciones, estalló el
conflicto de la fábrica de matrices de Perdriel, con similares características
al del Chocón. La comisión interna dirigió la toma al margen de la conducción
general del gremio, con la misma carga de violencia.
Los efectivos al mando del coronel Héctor Romanutti, jefe de Policía, rodearon
la planta intentando de que el juez interviniente no se interpusiera ni lo
condicionara. Frente a la firme decisión de los obreros, previa consulta con el
gobernador Huerta, decidió negociar.
La toma se levantó y el cuerpo de delegados de Perdriel emergió fortalecido
dentro del Smata. La agrupación gremial que encolumnaba a sus principales
activistas fue la Primero de Mayo. De ahí saldrá la propuesta y el plan de lucha
que determinó, en junio del mismo año, la ocupación revolucionaria de todo el
complejo industrial del Smata de Córdoba.
EL SOCIALISMO
En 1970 se insinuaban ya las tendencias que caracterizarán el período. El
socialismo, como definición general y aún imprecisa, comenzó a ser incorporado
por los sectores mas dinámicos de la sociedad. El espacio que ya tenía en la
Universidad se extendía hacia el movimiento obrero y adquiría un lugar en las
iglesias, mientras la figura del Che se incorporaba a la cultura popular.
Las facultades y muchos sindicatos eran centros de reunión y debate no sólo
sobre la acción y la organización de la lucha sino alrededor de las estrategias
que se concebían como revolucionarias. El lema del Che, "No hay más reformas que
hacer, o revolución socialista o caricatura de revolución" se ligaba con aquella
afirmación de Evita: "El peronismo será revolucionario o no será nada". Estas
máximas eran punto de partida de una discusión que se extendía al carácter
particular que en el proceso debía tener el movimiento obrero, sus alianzas, el
carácter de las transformaciones y las formas y métodos que debía tener la
violencia popular en el marco de una estrategia revolucionaria.
En ese marco, el antiimperialismo era recuperado ahora desde una posición
anticapitalista.
Las "Siete tesis equivocadas sobre América Latina", de Ricardo Stavenhagen,
André Gunder Franck y Theotonio Dos Santos, con su Teoría de la Dependencia,
también eran puntos de partida para una revalorización de la formación social de
América Latina, sin olvidar cuestiones teóricas que gravitaron en el debate de
entonces como la teoría del Intercambio Desigual y la cuestión de los estímulos
morales en un proceso revolucionario de planificación social.
VIOLENCIA
Con el onganiato, el pueblo había aprendido que la oposición al orden social y
político impuesto por la dictadura, aún en el plano de las reivindicaciones más
inmediatas, debía enfrentar una represión violenta. Esta respuesta tuvo la
resistencia a la intervención a las Universidades, en 1966, y al cierre de los
ingenios tucumanos, cuando la violencia del sistema cobró las vidas de Santiago
Pampillón, Adolfo Bello, Juan José Cabral e Hilda Gerrero de Molina.
Con el Cordobazo el movimiento obrero incorporó estas experiencias, las tradujo
en organización y triunfo.
La cruenta represión de las dictaduras militares de América latina, fuertemente
apuntaladas por los Estados Unidos a través de intervenciones directas, como en
Santo Domingo, o por medio de asesorías militares como en Argentina, Brasil,
Bolivia y Uruguay, planteaba abiertamente la necesidad de organizar la violencia
popular, mientras en Medellín la Iglesia legitimaba institucionalmente la
violencia popular en la lucha por la liberación.
En la militancia y en las tendencias políticas que se iban conformando, aparecía
el debate sobre las líneas de construcción de una violencia organizada que
condujera a un proceso de liberación Nacional, como la concebían algunos, o a la
construcción del socialismo, según la lectura de otros. La figura del Che, con
su inmenso prestigio moral, alentaba la guerrilla rural. Vietnam, la "larga
marcha" de Mao Tse-tung en China , la batalla de Argelia, la insurrección de
Octubre en Rusia, eran todas experiencias que impregnaban la polémica sobre las
estrategias de guerra revolucionaria y definían los nuevos agrupamientos
políticos con tanta fuerza como el carácter del peronismo. Al otro lado del río,
en Uruguay, los Tupamaros desarrollaban una experiencia de guerrilla urbana que
dejaba en ridículo al aparato represivo y desnudaba la corrupción y la
complicidad de los grupos oligárquico uruguayos con la dictadura de ese país.
EL CARACTER JUVENIL DEL MOVIMIENTO
Los nuevos agrupamientos tenían una característica fuertemente distintiva: la
juventud, tanto por su pensamiento e ideas como por la edad de sus
protagonistas. En ese sentido no había experiencias históricas que sustentaran
el camino que se estaba recorriendo. La experiencia del Cordobazo, con el
protagonismo de un obrero industrial típicamente fordista y un movimiento
estudiantil deslumbrado por el Che Guevara, Ho Chi Min, Cohn Bendit, Helder
Cámara y Camilo Torres, guardaba mucha distancia con el 17 de octubre o la
Semana Trágica, aunque esas raíces se recuperaban para proyectarse,
transformadas, en las nuevas condiciones.
La izquierda preexistente no despertaba atractivo en la nueva militancia, lo que
volvía muy compleja y difícil la tarea de fundamentar las propuestas que la
situación planteaba. No existía una tradición política orgánica en donde abrevar
y los problemas eran abordados rastreando en las experiencias históricas
generales del movimiento popular de todo el mundo.
Esta ausencia de tradición conspiró para que el movimiento avanzara con mayor
audacia y formulara propuestas políticas y organizativas creativas, capaces de
dar cuenta de los componentes propios del movimiento social que arrancaba en los
60 y se desplegaba en los 70. Por el contrario, el movimiento quedó atrapado en
las propuestas tradicionales, donde la estrategia obrero-campesina, formulada
por Lenin y aplicada en la Revolución Rusa y en Vietnam, impregnaba las
vertientes trotskistas, maoístas y neostalinistas.
Por otra parte, la superación de este corset ideológico no se había expresado
concientemente en ninguna de las experiencias mundiales de los 70, pese a que
latía en la espontaneidad de las insurrecciones urbanas que recorrieron Europa,
EE.UU y algunos de los países socialistas.
LA CUESTION DEMOCRATICA
La relación entre democracia formal y las nuevas formas de representación
directa que iba plasmando el movimiento popular fue sin duda el problema que
puso sobre el tapete la falta de un acervo teórico y una tradición política.
Son varios los factores que concurrieron para dificultar la resolución, teórica
y práctica, de la cuestión democrática. La juventud que predominaba en el
movimiento había vivido un breve período de democracia electoral que terminó en
el desprestigio.
Juan Carlos Onganía no había necesitado movilizar tropas para sacar a Arturo
Illía del Gobierno. La interrupción del proceso democrático, no por anunciada
despertó protestas. Illía había alcanzado el gobierno con el 23% de los votos y
con peronismo el proscripto.
Vale recordar la carta de Ernesto Sabato a su amigo el canciller Nicanor Costa
Méndez, donde hacía explícitas sus expectativas en el proceso militar a la par
que caracteriza duramente el proceso parlamentario que quedaba atrás. Sábato no
hacía otra cosa que reflejar el pensamiento de la ancha e inmensa clase media
argentina de entonces. Recién con la intervención a las universidades y el
cierre de los ingenios tucumanos la dictadura encontrará resistencia.
Por otro lado, el peronismo, que había gobernado la Argentina entre 1945 y 1955
no era una fuerza apegada a la democracia formal por más que Juan Domingo Perón
había sido sobradamente legitimado por el voto ciudadano. Pero, al mismo tiempo,
tanto propios como extraños han reconocido la influencia del fascismo en la
afirmación nacionalista de Perón. A su vez, radicales y frondicistas que se
sucedieron en el gobierno a partir del derrocamiento de Perón, lo habían hecho
gracias a la proscripción del movimiento peronista, que seguía siendo
ampliamente mayoritario. Y cuando Arturo Frondizzi se atrevió en 1962 a convocar
elecciones para gobernadores sin proscripciones, ante el triunfo peronista
intervino las provincias.
Este es el clima que vivía Córdoba al comienzo de la década. Era el eje
indiscutido de la resistencia antidictatorial, el lugar donde los nuevos vientos
se arremolinaban.
La cuestión de la hegemonía del movimiento obrero en el proceso revolucionario,
la capacidad del movimiento obrero industrial para modificar situaciones
generales, su relación con los otros sectores y clases sociales, ern temas de
debate en un marco concreto de confrontación.
La agitación obrera y estudiantil, incesante, se extendía y crecía con el debate
cotidiano. El vínculo entre obreros y estudiantes era más estrecho y confiado.
En las capillas, salitas barriales de primeros auxilios y escuelas se agrupaban
estudiantes, obreros, vecinos, curas y médicos para discutir sobre los problemas
inmediatos y la situación general que vive el país.
El socialismo y la experiencia cubana se incorporaban en los temas concretos.
Cuando promediaba el año 1970 el negro techo de la dictadura de Onganía se caía
a pedazos, y obreros y estudiantes vivían ese convencimiento.
Juan Iturburu
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