Acerca de Alain Badiou
NOTAS EN ESTA SECCION
El incómodo Badiou (2007)
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Existencia y valor de lo
sin-valor
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"Ese sujeto
que no es el de Marx" (reportaje 2004)
¿Qué es la política? (conferencia
2000) | "Las
ideas existen y tienen poder" (2004)
NOTA RELACIONADA
Ensayo cobre la conciencia del
mal (completo)
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[entrevista 2004] (pdf 79K)
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Derechos Humanos, Alain Badiou (pdf 33K)
El
incómodo Badiou
Mide
casi un metro noventa. Habla con calculadas pausas académicas y sonríe cuando se
le pregunta si sigue siendo el último filósofo maoísta. A Alain Badiou (Rabat,
1937) le sobra buen humor e inteligencia: "Eso son etiquetas mediáticas, porque
filosofía maoísta no quiere decir nada".
Badiou ha pensado en más de una ocasión sobre la utilización perversa de los
medios. Por ejemplo, en el caso de las víctimas. En los noventa el protagonismo
mediático de las víctimas llevó al director de Filosofía del École Normale
Supèrieure a plantearse cómo esta condición reduce al ser humano. "Llevar la
figura de las víctimas a primer plano es una manera de reemplazar la política
por la moral. Naturalmente estoy del lado de las víctimas, pero no se puede
sustituir la voluntad política por el sentimiento de piedad", argumenta.
El filósofo comprende el fuerte impacto mediático que tiene esta figura, pero lo
denuncia. "El efecto patético de las víctimas es muy grande, pero es simplemente
una manera de manipular. Es algo que hemos podido comprobar en muchas ocasiones
y mi deber como filósofo es analizarlo. Desde Platón en adelante, la filosofía
es la crítica de las opiniones", afirma. Ante sus críticos Badiou rechaza el
encanto que pueda tener "el llevar siempre la contraria", pero se postula con
firmeza "contra lo falso y lo peligroso".
Maoísta o no, este filósofo entiende la política como "un esfuerzo colectivo
para resolver un problema nuevo". Las teorías del líder comunista Mao Zedong
fueron, según explica, "una tentativa de transformación desde dentro del poder
comunista, que fracasó". Un "experimento" más de los muchos con los que dice que
se construye la historia política, a golpe de pruebas, ensayos y errores.
Badiou ha dedicado gran parte de su vida a pensar y discutir acerca de los
cuatro pilares que en su opinión sostienen el mundo. Política, arte, ciencia y
amor comparten procesos y mecanismos, según este profesor que vivió en primera
línea el Mayo del 68 francés. Un episodio cuya actualidad reivindica: "Aquello
representa el fin de un periodo y el arranque de otro en el que todavía
estamos".
Sostiene Badiou que la revuelta estudiantil parisiense puso sobre la mesa un
problema político —el fin de los partidos tal y como se entendían hasta ese
momento—; otro de transformación social; y una última cuestión filosófica y
teórica. Había que repensar el mundo. "Todo esto sigue vigente hoy. El comunismo
cayó por su propio peso; la sociedad se ha transformado (la mujer, los jóvenes,
los medios de comunicación) y los problemas teóricos también han evolucionado.
Ha habido muchos movimientos filosóficos, pero al final estas tres grandes
cuestiones siguen ahí. Somos contemporáneos de esos años", sentencia.
Badiou, infatigable, sigue buscando preguntas. En el área política subraya la
cuestión de cómo crear un nuevo colectivo que englobe al otro, al extranjero. La
ciencia le hace reflexionar sobre las teorías del ser vivo y del universo. El
arte le lleva a preguntarse qué hay de artístico en nuestra experiencia, ahora
que todo se comunica por medio de las nuevas tecnologías. Y, por último, l'amour:
"¿qué será del amor en esta época de transformación de la relación entre
sexos?".
Este profesor entiende las verdades como resultados de circunstancias concretas.
"Para que haya una verdad hace falta un nuevo problema". Y le gusta explicar
esta hipótesis que aplica a todos los campos de la experiencia a través del
amor. "Es el ejemplo más sencillo. Todo empieza con un encuentro. Después llega
el compromiso. Es decir, la construcción de algo nuevo y allí se podrá descubrir
algo de verdad, algo sobre la intensidad de la vida. El compromiso no es la
consecuencia de una verdad, sino su construcción misma, a partir de un
acontecimiento. Toda verdad es de este tipo, algo completamente contrario al
dogma religioso y las verdades a priori".
Autor entre otros títulos de Breve tratado de ontología transitoria, De un
desastre oscuro: sobre el fin de la verdad de estado, y Manifiesto por la
filosofía, Badiou pronunció en Madrid la semana pasada una conferencia sobre
Samuel Beckett, dentro del ciclo organizado por el Instituto francés y la
Universidad Complutense (www.ifmadrid.com). Han pasado más de 50 años desde que
el filósofo se topó con los textos del dramaturgo. "Enseguida pensé que era un
gran escritor. Me atrajo la descripción que hacía de la vida como oscura,
absurda y dolorosa". Pero el "sentimiento romántico" capaz de encandilar al
joven Badiou dejó paso a otro tipo de valoración. "Beckett es un inventor
literario. Creó una nueva relación entre prosa y poesía. Es el último gran
escritor moderno y el primer posmoderno". ¿Representa la síntesis de los géneros
literarios? El viejo comunista sonríe: "¿Por qué no? Crea algo que contiene
narrativa, teatro y poesía".
[El País, España, marzo 2007]
Existencia y valor de lo sin-valor
[Fragmentos de "Ocho tesis sobre lo universal", conferencia pronunciada en
noviembre de 2004 y publicada en la revista Acontecimiento, Buenos Aires,
octubre de 2005]
Por Alain Badiou
Llamamos "enciclopedia" al sistema general de saberes predicativos internos a
una situación, o sea aquello que todos sabemos sobre la política, los sexos, la
cultura o el arte, la técnica, etcétera. Hay ciertas cosas, enunciados,
configuraciones, fragmentos discursivos, que no son decidibles, en cuanto a su
valor, a partir de la enciclopedia. Tienen un valor incierto, flotante, anónimo:
constituyen el margen de la enciclopedia. Es todo lo que está en el régimen
ambiguo del tal vez sí, tal vez no. Es aquello de lo que se puede hablar
interminablemente, bajo la regla –enciclopédica– de la no-decisión. En este
punto, el saber no puede decidir. Como ocurre hoy, por ejemplo, con Dios.
Podemos sostener con naturalidad que existe "algo", o quizás no. En nuestras
sociedades, Dios tiene un valor de existencia inasignable, es una vaga
espiritualidad. O como ocurre también con la posible existencia de "otra
política". Se habla de ella, pero no vemos aparecer nada. O incluso, con los
obreros indocumentados que trabajan aquí, en Francia. ¿Componen ellos este país,
Francia? ¿Son ellos de aquí? No, porque no tienen los documentos que certifiquen
que son franceses, o legales. La palabra "clandestino" designa la incertidumbre
del valor, o el no-valor del valor. Son gente que está aquí, pero no son
verdaderamente de aquí. Y son, por consiguiente, expulsables; lo que quiere
decir que se encuentran posiblemente expuestos al no-valor del valor (obrero) de
su presencia.
Fundamentalmente, aquello que decide en una zona de indecidibilidad
enciclopédica es un acontecimiento. De manera más precisa, tenemos una forma
implicativa: toda subjetivación real del acontecimiento, que desaparece en su
aparecer, implica que aquello indecidible en la situación ha sido decidido. Tal
es el caso, por ejemplo, de la ocupación de la iglesia de Saint-Bernard por los
"sin papeles", que proclama públicamente la existencia y el valor de lo
sin-valor, y donde se afirma que los que están aquí son de aquí, y que por lo
tanto se debe abandonar la expresión "clandestino".
--
La materialidad inaugural de una singularidad universal es el enunciado del
acontecimiento. El fija el presente del sujeto-pensamiento, que es la trama de
lo universal. De este modo, se borran tanto las circunstancias de un encuentro
amoroso –del cual, de una u otra manera, el enunciado "te amo" fija su presente
subjetivo– como el encuentro mismo. Por lo que una síntesis disyuntiva
indecidible fue decidida, y ligada, en cuanto a la inauguración de su sujeto, a
las consecuencias del enunciado del acontecimiento.
--
La denegación reactiva del acontecimiento, la máxima "nada tiene lugar más que
el lugar" es el único medio de atentar contra una singularidad universal. Ella
descalifica las consecuencias y anula el presente del procedimiento. Pero es
incapaz de anular la universalidad de la implicación misma. Por ejemplo, si la
Revolución Francesa a partir de 1792 es un acontecimiento radical enganchado por
la declaración inmanente de que la revolución es una categoría política,
entonces es verdad que el ciudadano no está constituido más que por la
dialéctica de la Virtud y el Terror. Esta implicación está fuera de alcance, y
es universalmente transmisible, por ejemplo, en los escritos de Saint-Just.
Evidentemente, si la revolución no es nada, la virtud como disposición subjetiva
tampoco existe y sólo queda el terror como hecho insensato, al cual hay que
juzgar moralmente. La política desapareció. Pero no la universalidad de la
implicación que dispone.
--
Como la subjetivación es la de las consecuencias, hay una lógica unívoca de la
fidelidad, que constituye una singularidad universal. Debemos remontarnos aquí
hasta el enunciado del acontecimiento. Recordemos que él circula en la
situación, con el título de entidad indecidible. Hay consenso sobre su
existencia y, a la vez, sobre su indecidibilidad. Ontológicamente, es una de las
multiplicidades que componen la situación. Lógicamente, es de valor
intermediario, no decidido. Lo que pasa en tanto acontecimiento no concierne ni
al ser en juego en el acontecimiento ni al sentido de este enunciado, sino
únicamente a eso que habrá sido decidido, o decidido verdadero, cuando era
indecidible; o que, sin valor significativo, habrá tomado un valor excepcional.
Como el clandestino que muestra su existencia en Saint-Bernard.
[Página/12]

Reportaje al filósofo
francés Alain Badiou, que visitó la Argentina
"Ese sujeto que no es el de Marx" (2004)
A partir de una palabra casi olvidada, "emancipación", se define el sujeto que
Alain Badiou propone o anticipa, luego de señalar la "oscuridad" de la idea
misma de progreso. También en estas páginas, autoras argentinas examinan las
raíces del pensamiento de Badiou en la obra de Lacan.
"La convicción de que este mundo no es aceptable se incrementará y tomará formas
cada vez más prácticas."
Por Rubén H. Ríos
"Hay que mantener separados psicoanálisis y política", dice Alain Badiou.
Filósofo, sobre todo, aunque también político y dramaturgo, enseña filosofía en
la Universidad de París VIII-Vincennes y en el Colegio Internacional de
Filosofía. Su obra publicada es extensa, pero ha adquirido notoriedad por El ser
y el acontecimiento –un libro publicado en 1988 y traducido recientemente al
español–, y por diversos trabajos en el campo de la teoría psicoanalítica y del
pensamiento político emancipatorio. Badiou visitó el país hace pocos días, donde
participó en actividades de la Universidad de Buenos Aires, la revista
Acontecimiento, la Escuela Argentina de Psicoterapia para Graduados y El
Encuentro por un Nuevo Pensamiento de la Confederación de Trabajadores
Argentinos (CTA).
–Protestas como la de Londres y Seattle, esos motines contra la globalización,
son más un síntoma que una creación política. Se trata de fenómenos de
resistencia, a veces muy violentos, al desarrollo mundial del capitalismo en su
forma actual. Este movimiento empezó hace ya unos cinco años, por ejemplo con
las grandes huelgas francesas de diciembre del "95: tiene poca capacidad de
proponer consignas políticas positivas, ideas nuevas de la política y de la
organización social. Son síntomas de debilidad política. Pero las grandes ideas
políticas son generalmente extraídas de acontecimientos reales y muchas veces
violentos. Los grandes motines y revueltas obreras, sobre todo en Francia, lo
que Marx llamaba el movimiento obrero francés, era anterior al Manifiesto
Comunista y a la formulación de la política marxista. Estamos en un período en
que la política de la emancipación debe ser completamente repensada.
Reinventada.
–¿A partir de qué acontecimientos?
–Pienso que, para esta reinvención de la política, hay tres fuentes. Lenin dice
que hay tres fuentes en el pensamiento de Marx: la economía política inglesa, la
filosofía dialéctica alemana y el movimiento obrero francés. También ahora
tenemos tres fuentes, pero bien distintas. En primer lugar, el balance de la
política del siglo; eso que podemos llamar el intento comunista, en todas sus
formas. En segundo lugar, tentativas políticas reales, o bien a fines del
período anterior, como Mayo del "68 o el movimiento obrero polaco, o bien hoy en
día, como los zapatistas de Chiapas, el Movimiento de los Sin Tierra en Brasil,
el movimiento de obreros indocumentados en Francia, algunos aspectos del
movimiento obrero en Corea, y cantidades de pequeñas experiencias políticas que
se refieren a problemas particulares. Y nuestra tercera fuente es el gran
esfuerzo de pensamiento filosófico, teórico y político, que empezó hace ya hace
años y que ha presentado obras significativas. Podría citar, un poco al azar, a
Toni Negri y, si me permite usted la vanidad, mis propias propuestas. Es un
comienzo complicado, todavía débil, pero el movimiento se acelerará.
–¿Por qué se aceleraría?
–Porque, a la inversa de lo que nos cuenta la propaganda, la gran masa de gente
a escala planetaria no tiene nada bueno que esperar del capitalismo salvaje.
Durante un tiempo podrán resignarse, pueden considerar que la tentativa
comunista fracasó, o que quizá no haya otras perspectivas, pero a medida que
pase el tiempo la convicción de que este mundo no es aceptable se incrementará e
irá tomando formas cada vez más prácticas. Y esto va a obligar a aquellos que
quieran verdaderamente inventar la política, no sólo a tomar en cuenta estas
revueltas, sino también a proponer nuevas orientaciones, nuevas prácticas,
nuevos modos organizativos.
–¿Diría usted que ha cambiado, además del sujeto político de la emancipación,
también el objetivo? ¿Ya no es el capitalismo como tal, sino el capitalismo
salvaje o el capitalismo financiero?
–La cuestión de saber cuál es el objetivo político todavía no está clarificada.
Hay para ello una razón esencial. El problema está en encontrar una definición
positiva de la política, y no una definición que se haga en contra de lo que
hay. La idea socialista fue la de reemplazar una estructura por otra, un Estado
por otro, una economía por otra. Pero esta visión estructural fracasó. Por
supuesto, hay una sensibilidad anticapitalista contra las formas financieras
mundializadas, pero lo esencial es la capacidad que tenga una política de
proponer de manera afirmativa. Lo esencial es qué idea de la libertad del hombre
afirma esta política, qué ideas acerca del pensamiento colectivo, de los modos
de organización, de construcción de las relaciones sociales. Ahora, la relación
de todo eso con el capitalismo no está en el centro de la discusión. El
anticapitalismo no puede definir por sí solo una política. Eso sería volver al
viejo esquema: oponer la estructura socialista a la estructura capitalista. El
punto está en desarrollar libremente y, al principio, localmente, maneras de
pensar y de organizarse por completo independientes del orden político
dominante.
–Sin embargo, si admitimos que el orden político del capitalismo dominante
también produce procesos de subjetivación que lo acompañan, ¿no hay en ello el
riesgo de neutralización?
–Eso supone que la subjetivación está subordinada a la situación objetiva. Pero
se puede tener una visión de la subjetivación que no dependa inmediatamente de
la dominación del capitalismo y la democracia parlamentaria. Hay otras fuentes
de subjetivación aparte de la estructura de la situación. Hay que abandonar la
fórmula determinista de Marx, que dice que el ser social determina la
conciencia. Hablamos de sujeto más que de conciencia. Hay fuentes de
subjetivación separadas del estado de las cosas y que dependen de invenciones
particulares surgidas en el campo colectivo y a partir de las cuales un trayecto
subjetivo particular puede definirse.
–¿El psicoanálisis puede colaborar en ello?
–Hay que mantener separados psicoanálisis y política. El dato fundamental de la
política es que se trata de una acción colectiva. Esa subjetivación de la que
hablamos es una subjetivación colectiva. Por supuesto la teoría psicoanalítica
tiene mucho que decir acerca de la subjetivación, pero la emancipación de la
humanidad no se hará arriba de un diván, sino en el espacio público. Chiapas o
las huelgas francesas del "95 no tienen vinculación con el psicoanálisis, ni
tampoco con su teoría del sujeto. Hay que entender un enunciado simple: la
política es la política, y como tal absolutamente irreductible a otra instancia.
Pero hay una comparación que me gustaría hacer en relación con esto. Dado cierto
estado de la creación artística, no por eso se cierra la posibilidad de nuevas
experiencias artísticas poderosas. Lo mismo en la política. Por dominante que
sea el capital y su forma política, la democracia representativa, esto de
ninguna manera impide la posibilidad de la emergencia de nuevas experiencias,
nuevos pensamientos.
–De todos modos este movimiento de nuevos acontecimientos políticos que usted
menciona, Los Sin Tierra o la revuelta de Londres, aparecen tanto débiles como
fragmentarios y dispersos.
–Ahora hay que aceptar que sean múltiples. No estamos con la idea de Tercera
Internacional, es decir, a favor de una figura única de la política de
emancipación y en cuyo centro encontraremos un estado como la patria del
socialismo. Pero que las políticas de la emancipación sean múltiples no
significa que sean contradictorias. A partir de que en esas políticas podemos
identificar el motivo igualitario como razón principal, a partir de que estas
políticas puedan pensarse como formas irreductibles de la idea igualitaria y de
su encaminamiento en el mundo contemporáneo, entonces estas experiencias se
mostrarán diferentes pero no contradictorias.
–¿Habría algún problema en incluir en estas políticas de emancipación a las
formas vinculadas con la democracia parlamentaria como un camino más?
–No declaro dogmáticamente que este camino se encuentra cerrado, pero tengo la
impresión de que para nada es un camino. En países tan importantes como Francia
o Inglaterra, fueron gobiernos socialistas los que dieron forma última al
ultraliberalismo. Desregularon el mercado financiero, privatizaron más que los
gobiernos conservadores y dieron la espalda a toda idea igualitaria. De manera
que la crítica a los partidos de izquierda no es una crítica formal, sino al
contenido. Ellos no constituyen un camino para las políticas de emancipación
porque son gestores del orden establecido.
–Pero entonces tendríamos que separar políticas progresistas de políticas de
emancipación.
–Nunca hice demasiado uso de la palabra "progresista". Por la razón de que la
idea de progreso es oscura. Para los ojos de un liberal hay actualmente grandes
progresos. Lo que hoy en día se llama modernización no es más que el liberalismo
capitalista. Son esas ideas, dominantes hacia 1840, las que nos presentan como
el colmo de lo moderno. La emancipación no es una política de progreso, sino una
política igualitaria.
–¿De la que estarían excluidos los partidos de izquierda?
–¿Pero cuándo la izquierda tradicional fue realmente una fuerza emancipatoria?
Debo recordar que un gobierno socialdemócrata, en Alemania, hizo asesinar a Rosa
Luxemburgo. Fue un gobierno socialista el que en Francia declaró la guerra
colonialista contra Argelia. Son los gobiernos socialistas actuales los más
firmes apoyos del capitalismo. Estas fuerzas de izquierdas siempre fueron
llamadas al poder para resolver, dentro del orden establecido, problemas propios
del capitalismo que el conservadurismo no lograba resolver por falta de apoyo
popular.
[Página/12]

¿Qué es
la política?
Movimiento Social y Representación Política
Encuentro Permanente por un Nuevo Pensamiento
Conferencias (24 y 25 de abril de 2000)
1 . Conferencia del día 24 de abril del 2000
Finalmente, entonces, la pregunta que nos hacemos es la siguiente: ¿qué es la
política?
El siglo XX fue un gran siglo para la política. El escritor francés André
Malraux decía que en nuestro siglo la política fue lo que reemplazó al destino.
Entonces el destino del siglo es la política, y la tragedia del siglo es la
política. Pero se acabó el siglo. Y ahora ya no sabemos lo que es la política.
Somos ignorantes y estamos ciegos. Y como somos ignorantes y ciegos, nos vemos
librados a las fuerzas materiales más poderosas, entonces hoy somos todos
esclavos, esclavos del mercado y de la Bolsa. Porque el poder actualmente es el
poder de las Finanzas y el poder del mercado., Y como no sabemos lo que es la
política, somos esclavos del poder. Inclusive los propios gobiernos son esclavos
de la Bolsa y del mercado. Entonces, cuando votamos sabemos que estamos
reemplazando a un esclavo del capital por otro esclavo del capital.
Hace ya 150 años, en 1848, Marx decía lo siguiente: "Los gobiernos son los
apoderados del capital", y eso sigue siendo aún mas cierto actualmente. A veces
se dice que Marx se equivocó, pero en esto les aseguro que no. Aquí, en
Argentina, creo, hubo gente que propuso que estuviésemos a 501 km. del lugar de
voto. Era una idea buena, muy buena, simbólica, pero aún si todos nos quedamos a
501 km. del lugar de voto, seguiremos reemplazando a un esclavo de capital por
otro esclavo de capital. Porque el voto en sí mismo no es una verdadera opción,
no es una verdadera decisión. Entonces, ¿qué es una verdadera opción, y qué es
una verdadera decisión? Es un acto libre en su forma y en su contenido. Libre en
su forma, en primer lugar, porque son ustedes los que deciden cuándo y dónde van
a pensar y van a actuar. Ustedes deciden, por ejemplo, que van a hacer una
manifestación en tal lugar y a tal hora, tal día. Como lo hacían, por ejemplo,
las Madres de Plaza de Mayo. El voto, en su forma, no es libre. Incluso tengo
entendido que aquí es obligatorio. De todas maneras, es el Estado el que dice
que se debe votar tal día y en tal lugar. Y el voto tampoco es libre en cuanto a
su contenido. Todos sabemos que las cosas van a seguir siendo lo que son.
Entonces, el voto es lo mismo, con otras personas. No hay un solo ejemplo en
todo el mundo de verdadero cambio político producido por el voto. Y siempre se
reemplaza a un esclavo del capital con otro esclavo del capital. Hoy, el esclavo
de la izquierda está algo triste y el de derecha está contento. Esa es la gran
diferencia.
El voto, entonces, no es un acto político. Es un acto importante, pero es un
acto estatal. Y entonces hay que diferenciar al acto político del acto estatal.
Un acto estatal no es un verdadero momento de libertad. Es una especie de
comprobación. En las elecciones lo que se hace es comprobar que las cosas siguen
su curso. Y nosotros participamos en esta comprobación. Entonces, hoy y mañana
lo que vamos a hacer es preguntarnos qué es un acto político.
Lo que ya sabemos es que es un acto que tiene que ser libre en su forma y en su
contenido.
Un acto político es algo que crea tiempo y espacio. Crea tiempo porque dice "voy
a hacer esto o lo otro, según un tiempo que yo estoy construyendo y no según el
tiempo que domina", que es el tiempo del capital y de las elecciones.
El acto político también crea espacio porque dice: "Voy a transformar a este
lugar en un lugar político", es decir, voy a transformar una calle, una fábrica,
una universidad. A ese lugar yo lo voy a transformar en un lugar político.
Entonces, un acto político crea tiempo y lugares. Pero el problema es saber si
actualmente nosotros queremos y si sabemos crear tiempo y espacios políticos.
¿Es posible no seguir siendo esclavos del capital y del mercado? Esta es una
definición posible de la política. Es decir, la posibilidad de no ser esclavos.
Si la política existe verdaderamente, entonces la política es la posibilidad de
no ser esclavos.
Entonces hay que saber si la práctica de lo posible, de esto que llamamos
política, es posible. Entonces, en el fondo, en este fin de siglo, la pregunta
es la siguiente: Lo posible, ¿es posible? Porque la ley del capital y del
mercado dice que lo posible político es imposible. Lo único que existe es el
mercado y el voto. El resto no es más que utopía. Y la utopía es criminal. Eso
es lo que nos están enseñando actualmente.
La palabra utopía es una palabra importante. Se dice hoy que la política de
emancipación es una política utópica, que el comunismo es una utopía. Que la
igualdad es una utopía.
¿Qué quiere decir lo posible es imposible? Lo único que existe es la necesidad.
La necesidad de la economía capitalista y las necesidades de la democracia
electoral.
Hace 150 años, Marx dijo que si la igualdad es posible, y si la utopía es
posible, eso se hace contra la economía, contra la democracia. El gran libro de
Marx, El Capital, tiene como subtítulo Crítica de la economía política. Y el
proyecto político de Marx se llamaba Dictadura del proletariado. Critica
entonces de la economía, y crítica de la democracia. Esa es la crítica de Marx.
Y para él ésas son las condiciones de la igualdad y del comunismo.
Actualmente se nos explica que es imposible criticar la economía, la economía es
la realidad, y ustedes no pueden criticar la realidad. Y se nos explica que es
criminal criticar a la democracia electoral. La democracia electoral es la
moral, y no pueden criticar la moral.
No pueden criticar la economía porque no pueden criticar la realidad, y no
pueden criticar la política de la representación porque no pueden criticar al
bien y al derecho del hombre. Por lo tanto la igualdad es imposible. Es una
utopía.
Lo único que existe son los negocios, el dinero, el trabajo, la familia. Y la
política es imposible. Por eso todos somos esclavos. Esto es lo que los esclavos
del gobierno les dicen a los esclavos de la sociedad: nosotros, que gobernamos
sabemos que la política e libertad y de igualdad es imposible, y ya que es
imposible, vótennos.
Entonces el asunto nuestro es poder decir "no". Tenemos que poder decir "Ia
política es posible", la política existe y existirá. Es débil, es poco
frecuente, pero puede fortalecerse, puede ser algo que abunde, puede haber
tiempo político y lugares políticos. Lo cual quiere decir "se puede y se debe
criticar la economía, se puede y se debe criticar la política de la
representación".
No se puede hacer como lo hacía Marx hace 150 años. Tenemos que inventar la
política, debemos pensar sobre las nuevas condiciones de la política. Entonces,
la cuestión en este fin de siglo es qué es la política, después de Marx, después
de Lenin, después de Mao, y también después de Saint Just, después de
Robespierre, después de Bakunin, Trotski, Castro, y también después de Mayo del
68 en Francia, las Madres de Plaza de Mayo en la Argentina, o el subcomandante
Marcos en Chiapas.
Para examinar este tema les propongo que tomemos como base tres términos. Las
masas populares y sus movimientos, por un lado; el poder del Estado; y en tercer
lugar los partidos políticos. Yo querría definir de una manera bastante concreta
y clara estos tres términos.
En primer lugar, qué es un movimiento. Un movimiento considerado como condición
para toda política. Porque si no hay movimiento, lo único que existe es el
orden, y toda política exige que haya movimiento. Entonces, yo voy a llamar
movimiento a una acción colectiva que obedece a dos condiciones. En primer lugar
no está prevista ni regulada esta acción por la potencia o el poder dominante y
sus leyes. Entonces, esta acción tiene algo imprevisible. Es decir, es una
acción colectiva que rompe con la repetición.
Entonces, vamos a llamar movimiento a algo que rompe la repetición colectiva,
social. Es la primer condición.
Y la segunda condición para un movimiento es que proponga hacer un paso más,
hacia delante, con respecto a la igualdad. Es decir, si lo decimos en otras
palabras, la consigna de un movimiento, lo que dice, lo que está proponiendo, va
de una manera muy general en el sentido de una mayor igualdad.
Para que exista un movimiento, entonces, es necesario que se reúnan estas dos
condiciones. No vamos a llamar movimiento a aquello que es una simple defensa
egoísta de un interés. Para que haya movimiento tiene que haber una idea que
nuclee a todos. Y esta idea, forzosamente, es algo que va hacia la igualdad.
Entonces un movimiento, grande o pequeño, es algo que interrumpe el curso común
de las cosas, y es algo que propone que vayamos hacia la igualdad. Al menos en
un punto determinado. Eso es lo que yo voy a llamar movimiento.
En segundo lugar, el poder del Estado. Voy a poner dentro de lo que llamo poder
del Estado todos los mecanismos de poder y de dominación. Entonces voy a incluir
ahí a la propia economía. Esto es importante. Para mí el estado, el estado de la
situación, no es solamente el gobierno, no es simplemente la justicia, la
policía y los aparatos represivos. También es el poder dominante, el poder de
dominación de la economía. Por eso es que lo importante del Estado es su poder.
Y este poder es poder omnipresente. No es un poder que esté solamente en el
gobierno o solamente en el aparato represivo.
Todos nosotros sufrimos este poder. Es eso el Estado. Es decir, lo que hay que
entender es al Estado como el estado de las cosas, o el estado de la situación.
Entonces, eso en cuanto al poder del Estado. Ahora, hablando de los partidos, yo
llamo partido a una organización que el Estado reconoce en el sentido siguiente:
esta organización tiene derecho de ocupar ciertas funciones dentro del Estado,
es decir, representa algo para el Estado y dentro del Estado. La función, por
supuesto, puede ser una función gubernamental, como sucede con las elecciones.
Pero pueden ser otras funciones también. Funciones de representación, de
negociación, funciones de discusión o de consulta. Desde ese punto de vista el
sindicalismo, el propio sindicalismo, está vinculado con la idea de partido, en
el sentido preciso que yo le doy a la palabra. Es decir, posibilidad reconocida
de ocupar funciones estatales.
Entonces, vamos a plantear el tema de la política a partir de estos tres
términos: el movimiento, el poder del Estado, los partidos. La idea general,
entonces, de este siglo, fue la que voy a exponer.
El partido es el intermediario entre el movimiento y el Estado. Puede
representar al movimiento en dirección al Estado, o dirige al movimiento para
apoderarse del Estado. En el primer caso, el partido es representativo. En la
segunda concepción el partido es revolucionario. Pero en ambos casos el partido
ocupa o funciona como mediación entre el movimiento y el Estado.
Esta fue una idea muy fuerte y dominó la política durante el siglo XX. En el
fondo, es una teoría del sujeto político. La idea es que el movimiento en sí
mismo no puede ser un sujeto político. El movimiento es el punto de partida de
una política, pero es necesario construir un sujeto político particular que
represente el poder del movimiento. Y a eso se le llamó partido.
Entonces, mi hipótesis es la que sigue: la crisis de la política en este Fin de
siglo es, antes que nada, la crisis de la idea de partido.
Y entonces, preguntarnos qué es la política hoy es preguntarse forzosamente qué
fue esta crisis de la idea del partido. Entonces, a partir de esto querría
cortar mi exposición en dos. Ahora les cuento cuáles van a ser los dos pedazos.
Primero, quisiera demostrar que el siglo XX fue el siglo de los partidos. Es
decir, el siglo en el que la política y los partidos caminaban juntos, y mostrar
que esta idea se terminó. Y que hay que comprender a la política de emancipación
de una manera distinta que como una política de partidos. Y que ése es el
verdadero balance del siglo.
La segunda parte es plantear lo siguiente, en el fondo: si en nuestros tres
términos –movimiento, Estado y partido– el partido no aparece más, entonces ¿en
qué se transforma la política? ¿Se puede imaginar una política que implique una
relación directa del movimiento con el Estado? ¿No es ésta una posición pura y
simplemente anarquista? (lo cual no es una injuria). La pregunta es si esto es
una posibilidad, o hay un tercer término, una mediación, pero que no tic~ la
forma de un partido. Y en ese caso, qué es ese tercer término.
Pienso que éstos son los puntos centrales de la política actualmente, y creo que
no es en absoluto la oposición de la democracia con el totalitarismo. En esto
quiero insistir: se trata de plantear otra cuestión, distinta de la que nos
están imponiendo. Cuando se nos dice actualmente que la política es imposible,
lo que nos están diciendo, en realidad, es que toda política es totalitaria, y
que tenemos que aceptar la gestión del Estado. Es decir, como les decía hace un
rato, aceptar por un lado la economía y, por el otro, la democracia
representativa. Y todo esto se apoya en esta oposición "democracia
totalitarismo" como si esta oposición fuera el balance del siglo XX.
Si queremos ser ofensivos tenemos que rechazar esta cuestión y reemplazarla por
otra. El siglo no fue conflicto entre democracia y totalitarismo. El siglo fue
el siglo de la política de los partidos. Y si ésta es la crisis tenemos que
saber qué es la política de emancipación en la actualidad.
Por eso proponemos un cambio en las preguntas o en los temas que se plantean. Y
entonces ustedes pueden ver que la idea es la siguiente: pensar la política no a
partir del Estado (Estado representativo por un lado y Estado totalitario por el
otro), sino pensar la política, concebirla, a partir del sujeto político. Y la
cuestión del sujeto político en el siglo era la cuestión del partido.
Hay que volver entonces a la pregunta fundamental: ¿cuáles son las relaciones
entre movimiento y organización, teniendo en cuenta el poder del Estado? Voy a
empezar entonces con algunas ideas sobre el partido.
En primer lugar, la idea de partido es una idea del siglo XX. Y es una idea
compartida por todos los políticos. Están los partidos del parlamentarismo o de
la democracia representativa; está la idea de Lenin sobre lo que es un partido,
expuesta en 1912 en " ¿Qué hacer?", o sea, muy al comienzo del siglo. Está la
forma de partido stalinista. Está el partido fascista italiano; está el partido
nazi de Hitler. Entonces, todas las políticas fueron políticas de partidos. Las
tres grandes políticas del siglo, la parlamentaria, la fascista y la comunista,
fueron en cada da circunstancia políticas de partido, y definieron modelos de
partido.
Podemos sostener entonces que todos esos partidos subordinaron la política al
Estado, directamente en el caso del partido-Estado stalinista, directamente
también en el caso del partido fascista. Pero incluso los partidos
parlamentarios subordinan la política al Estado, porque el objetivo de un
partido parlamentario es instalarse en el Estado, y está definido por este
objetivo, por esta finalidad.
Podemos decir entonces que en el siglo XX, en primer lugar la política está
representada por los partidos, cualquiera sea la política de la que hablemos. Y
en segundo lugar, el partido está subordinando la política al Estado.
Es importante observar que esta situación es una situación del siglo XX. No es,
por ejemplo, lo que sucede en el siglo XIX. En el siglo XIX la política se
presenta como insurrección o como revolución, por lo menos hasta la comuna de
París de 1871, Se puede decir que la política obrera en el siglo XIX es una
política de insurrección, Y cuando hay grupos o partidos están subordinados a la
perspectiva de la revolución, y no subordina la política al Estado.
Entonces podemos decir que en este aspecto hay una diferencia entre el siglo XIX
y el XX. De una manera general, el siglo XIX propone una política revolucionaria
obrera, dirigida directamente contra el Estado, mientras que el siglo XX está
proponiendo una política de partidos cuyo objetivo es el Estado, y que está
subordinando el movimiento al Estado.
Pienso que es esta subordinación la que originó la crisis de la política. Lo que
está en crisis, entonces, es la idea de una subordinación de la política al
Estado por medio de los partidos. Y entonces la crisis es la de la idea de que
un movimiento puede y debe estar representado sentado del lado del Estado. Y
entonces, en este punto la crisis de la política está generalizada. Porque como
se los digo, todas las políticas han sido y siguen siendo políticas de partido.
La crisis del partido-Estado stalinista es evidente. Es evidente porque se cayó
la URSS. Pero existe también la crisis de los partidos parlamentarios. La
subjetividad política parlamentaria está en crisis, y la prueba es que la
política está cada vez más estrictamente subordinada a la economía. Es una
política que ya no presenta más posibilidades verdaderas. Y entonces el partido,
los partidos, son entonces evidentemente organizaciones estatales y no
organizaciones políticas. Son organizaciones que se sirven de los movimientos
para el Estado, y no para la política o para la igualdad.
Entonces tenemos que considerar dos cosas.
En primer lugar, no es la idea de revolución lo que está en crisis actualmente.
La idea de revolución en realidad era una idea del siglo XIX. Lo que está en
crisis entonces es la idea de partido. No hay que equivocarse de crisis. El
enemigo nos dice que la revolución está en crisis, porque es lo que a él le
viene bien. Lo que le interesa y lo que le viene bien es decirnos "no hay
ninguna otra política posible", y entonces quiere hacernos creer que la política
de emancipación y de igualdad no es posible. Y entonces por eso él considera que
es importante hacernos creer que es la revolución lo que está en crisis.
Pero nosotros podemos y debemos pensar de otro modo. Podemos decir: el siglo XX
fue una secuencia política en particular, No fue el siglo de la revolución sino
el siglo de los partidos, incluidos los partidos revolucionarios. Pero eran
partidos revolucionarios que subordinaban la revolución al partido. Y entonces
lo que está en crisis no es la política, no es la idea de una política de
emancipación lo que es falso. Lo que es falso es la idea de que puede realizarse
en la forma de un partido. Y entonces tenemos que decir que la crisis general es
la crisis de la idea misma de partido. Ese es nuestro balance del siglo XX.
Entonces, lo que nosotros planteamos es claro: si esta hipótesis es correcta
tenemos que concebir de otra manera a la política de emancipación. No podemos
concebirla corno se hacía en el siglo XIX. Es decir, directamente bajo la forma
de la insurrección obrera. Eso también se acabó. Esa fue una idea enorme, una
idea muy grande. Dio las grandes insurrecciones de junio del 48, de la Comuna de
París, y algunos aspectos de la revolución rusa. Pero es una idea que ya está
saturada. Entonces no podemos concebir a la política sobre el modelo
revolucionario del siglo XIX. Pero tampoco podernos concebirla con el modelo del
siglo XX, es decir con la idea del partido comunista centralizado, o bajo el
modelo del partido-Estado. Esa también fue una gran idea, permitió una gran
resistencia popular y obrera, movilizó el entusiasmo de millones de personas,
dio triunfos revoIucionarios, grandes luchas de liberación nacional y no vamos a
dejar que todo esto vaya a parar a la tumba, como quieren hacerlo nuestros
enemigos. Pero de todos modos reconocemos que se terminó. Y que no podemos
concebir actualmente a la política de emancipación bajo la forma de política de
partido.
Entonces, se trata de saber qué es una política sin partidos. No quiere decir
política sin organización. La política siempre es una actividad colectiva y
siempre es, en algún sentido, una acción organizada. Hasta los anarquistas están
organizados.
Al respecto, me acuerdo que en 1978 había una manifestación contra una central
atómica. Era una manifestación violenta, hubo un muerto, gente herida. Había
anarquistas alemanes. Y les puedo decir que estaban mucho mejor organizados que
los marxistas leninistas franceses. Así la política está organizada. Sobre todo
cuando hay que luchar es preferible estar organizado. Pero hay que diferenciar
la organización del partido. Como pueden entenderlo, partido es la idea de una
subordinación de la política a la representación dentro del Estado. Incluso los
partidos revolucionarios fueron esta subordinación.
La pregunta es entonces qué es una organización política. Una organización
política que no subordina el movimiento al poder y al Estado. Una organización
política, entonces, que no tiene al poder como objetivo, pero que es una
organización de la voluntad política de la gente.
Y entonces nuestra idea es forzosamente distinta. Tenemos que tener otra idea de
lo que es la fuerza, de lo que es una fuerza política. No podemos medir más a
esta fuerza con respecto al Estado y sólo con respecto al Estado. Porque esto
nos lleva forzosamente al partido y, en última instancia, al partido-Estado. La
cuestión es la siguiente: cómo hacemos para que dure una posición de debilidad.
Como hacemos para aceptar que la política pueda ser más débil que el Estado
durante un largo período. Cómo evitamos la tentación del poder. Y es una
tentación muy grande, porque es la tentación del poder. La idea del partido era
"vamos a darle a la política la fuerza del Estado".
Vamos a darle a la política de la igualdad, a la política comunista, la fuerza
del Estado. Pero cuando se le da la fuerza del Estado la política desaparece.
Entonces hay que darle otra clase de fuerza. Una fuerza subjetiva que esté
distante del Estado. Y la clave de esto es el movimiento. Es la idea de otra
relación entre movimiento y política. En la vieja concepción el movimiento era
social y el partido era político, y el partido político representaba en la
política al movimiento social. Pero, ¿por qué se decía esto que el partido era
político y el movimiento era social? Porque el partido estaba del lado del
Estado. Entonces, finalmente, se decía que el partido era político porque
subordinaba la política al Estado. Y el movimiento era social porque estaba del
lado de la vida de la gente, y no del lado del Estado directamente.
Entonces tenemos que cambiar la relación entre movimiento y política. Tenemos
que hablar directamente de la capacidad política de la gente, y de cómo se
organiza esta capacidad, con una lógica distinta de la lógica del poder. Son los
problemas, entonces, de la política sin partido, como política de la
organización de la capacidad política de la gente. Y un punto esencial es la
construcción del tiempo.
Quisiera decir una pequeña cosa antes de terminar por el día de hoy. El partido
político en el siglo fue una idea impaciente. Tomemos el poder tan rápido como
sea posible tomarlo. 0 estemos cerca del poder lo más posible. Como ustedes lo
saben bien, hasta un partido de oposición está cerca del poder. Es una
característica de la política parlamentaria que la oposición es parte del poder.
Así que tampoco queremos una política de oposición. Lo que pretendemos es que la
política pueda pensarse por sí misma. Que se pueda debatir, discutir, y ser
puesta en práctica por sí misma. Y que no tenga como objetivo el Estado.
Esto, obviamente, implica un tiempo distinto que el tiempo del Estado. Supone
que tiene que haber una paciencia distinta.
Diría que hay que reemplazar la política impaciente de los partidos por la
política paciente de los movimientos. Pero para eso, como lo dije al principio,
hay que construir un tiempo y un espacio, que no son ni el tiempo de la economía
ni el espacio de la representación. Un tiempo distinto del de la economía, que
es el tiempo de la circulación, incluida la circulación de la información. Un
tiempo distinto de ése. Y lugares distintos de los oficiales.
Y no estar en el tiempo dominante implica no estar tampoco en el tiempo de la
información periodística. El partido era propagandista porque pensaba que lo
importante era que se hablara de él. Esa es una idea típica de la
representación. La fuerza que ustedes tienen se mide por lo que se dice de
ustedes. Si no se habla de ustedes, ustedes no existen. Hay que aprender a
existir inclusive en el silencio, porque el tiempo de la información no es el
tiempo de la política libre. Lo sabemos, lo sabemos perfectamente. El tiempo de
la información es en sí mismo un tiempo comercial. La política de emancipación
no puede estar dentro del tiempo comercial. Ni puede estar tampoco en los
lugares oficiales esta política de emancipación. Tiene que elegir lugares
políticos que le son propios. Esta construcción del tiempo, esta construcción
colectiva del tiempo, es una determinación esencial del sujeto político en la
actualidad.
Termino entonces con dos consejos: primero, seamos pacientes. Pero hablo de
paciencia constructiva, la paciencia que inventa un tiempo. Un poco como lo
hacen los artistas, capaces de inventar el tiempo para su obra hasta en la
soledad más grande. Y en ese sentido la política es un arte. Quizá tengamos que
pensar un poco menos que es una ciencia y un poco más que es un arte. Porque el
partido pensó alguna vez que la política" era una ciencia. Pero en nuestra
paciencia nosotros somos más artistas.
El segundo consejo es: vayamos a otro lugar distinto del lugar en donde estamos.
Inventemos caminos. Eso es algo muy ¡importante también. En la experiencia de
Mayo del 68 francés, quizás el punto más importante de todos fue que la gente
inventó trayectos, caminos que no existían. Por ejemplo el camino que iba de la
universidad a la fábrica, o quizás el trayecto que iba del departamento burgués
al mercado popular. Inventaron esos trayectos.
Entonces, creo que tenemos que recuperar esta idea y amplificarla, tenemos que
inventar trayectorias que no son las del mundo en el cual estamos. Toda decisión
colectiva de invención de un trayecto tenemos que confiar en que participa de la
invención política.
Va a ser larga y difícil esta invención, y eso lo sabemos todos. Pero si somos
pacientes y viajeros, vamos a poder hacerlo.
2 . Conferencia del día 25 de abril del 2000
Dije ayer que nuestra pregunta era la siguiente: ¿Qué es la política?
Actualmente la pregunta sobre lo que es la política es parte de ella, de la
política. No siempre es así. Hay períodos en los que se sabe qué es la política,
y se intenta hacer la mejor política posible.
Actualmente la situación es más complicada, porque al mismo tiempo que
intentamos hacer política, nos vemos obligados a preguntarnos qué es la
política. Y nos vemos obligados a inventar algo nuevo sobre la política. Cuando
nos preguntamos qué es la política, de alguna manera ya estamos haciendo
política en las condiciones de hoy, que son ciertamente, las condiciones de una
crisis de ideas políticas. En la historia hubo muchas definiciones de lo que es
la política. Y podemos ver que todas esas definiciones actualmente están en
crisis. Quisiera recordar algunas de esas definiciones.
Desde hace mucho se define a la política como la búsqueda del buen gobierno o de
una constitución adecuada. Es la definición que da Platón, por ejemplo. Pero
nosotros sabemos que esa definición es insuficiente, porque sabemos que para que
haya política no basta con que haya un buen Estado o una buena constitución.
Necesitamos tener también tener un sujeto político actuante. También se ha
definido a la política como la lucha por la conquista y la conservación del
poder. Es, obviamente, la definición de Maquiavelo. Pero sabemos que esto no es
suficiente. Sabemos que muchas cuestiones políticas no son cuestiones de poder.
Y que hay otra cosa en la actividad política. Otra cosa más aparte de la lucha
por el poder. también se ha dicho que la política era la lucha de clases. La
lucha de clases dirigida por un partido y llevada hasta el comunismo. Pero
nosotros sabemos también que actualmente esa definición ya no basta. Ciertamente
hay una lucha de clases en la sociedad. Pero también sabemos que la lucha de
clases no produce mecánicamente una política y que en ese contexto de la lucha
de clases tenemos que inventar ideas políticas e ideas de organización política
que no provienen directamente de las clases y de su lucha.
De manera tal que, al final de cuentas, y estos no son más que algunos ejemplos,
actualmente nos preguntamos entonces qué es la política de emancipación. Y éste
es el signo de que se acaba una época de la política. Y que tiene que comenzar
una época distinta de la política.
Como lo decía ayer, el enemigo dice que las ideas políticas se acabaron, que
podemos conformarnos con la gestión de los negocios, y que para los que hacen
buenos negocios, tanto mejor. Y los que los hacen mal, y bueno, paciencia...
Yo querría decir que para mí eso es reducir la Humanidad a un grupo de animales,
que tienen intereses, que se pelean por estos intereses, y gana el más fuerte.
Es la lucha de las especies. Es la política pero en el sentido de Darwin. Y eso
es lo que nos propone actualmente el mundo. Un mundo de animales competitivos.
Si no inventamos otra política vamos a estar en la barbarie animal. Y estamos
hartos de esto.
Y querría insistir sobre el hecho de que esta pregunta –¿qué es la política?–,
es una cuestión que tiene que ver con la lucha contra la barbarie, una nueva
barbarie. Es la barbarie de un mundo que está completamente sometido a la
dictadura de la economía. Y no hay otro remedio para esta barbarie que las ideas
nuevas que nosotros podemos aportar colectivamente. Entonces tenernos que abrir
una nueva época y estamos a cargo de la humanidad entera. Y cuando discutimos
esto con total libertad tenemos que saber, sin embargo, que se trata de
cuestiones graves. Que son cuestiones de las cuales depende un porvenir muy
amplio.
En el fondo, la cuestión de la política no es una cuestión táctica, aun cuando
haya muchos problemas cotidianos que son tácticos, por supuesto. La cuestión o
la pregunta de la política, es ¿en qué se va a transformar la humanidad?
¿Tenemos alguna idea al respecto o no sabemos nada de eso? ¿Pensamos que
solamente existe el poder, o pensamos que el pensamiento mismo puede modificar
el curso de las cosas? Esa es la cuestión central de la política en la
actualidad: política o barbarie.
Yo había propuesto analizar la cuestión de la política a partir de tres
términos: en primer lugar los movimientos, los movimientos populares, los
movimientos de masas, los movimientos de protesta, de rebelión. En segundo
lugar, la cuestión del poder del Estado. Y en tercer lugar, la cuestión de las
organizaciones y de los partidos.
Y había tratado de demostrar que en el siglo XX, la idea central había sido la
idea de partido. Que a partir de la obra de Lenin, a comienzos del siglo, hubo
una tentativa de reorganización de la política de emancipación, en torno de y a
partir de la idea de partido. Y que esta fue una idea muy fuerte del siglo XX.
También dije que había sido la idea de políticas democráticas comunes,
ordinarias, que también representan a la política dentro de los partidos. Yo
diría entonces que el siglo XX, nuestro siglo, fue el siglo de la idea de
partido. Y propuse decir que lo que está en crisis es esta idea. Que ya no
podernos seguir identificando política y partido. Entonces hay que tomar como
punto de partida otros dos términos, y eso es lo que voy a hacer hoy. Por un
lado el movimiento, por el otro el poder del Estado. Y saber en estas
condiciones lo que puede ser la política.
Les recuerdo, para los que no estaban aquí ayer, una definición de movimiento.
Dije: hay movimiento en primer lugar cuando hay una acción de ruptura, es decir,
un acción que está fuera de cualquier repetición, una acción nueva, inventada. Y
dije también una acción que crea tiempo y espacio. Esa es la primera
característica.
La segunda es cuando ese movimiento porta, o lleva, una idea igualitaria. 0
cuando el movimiento propone un paso más hacia la igualdad.
No hay movimiento si sólo se trata de una reivindicación particular o
interesada. El movimiento existe si puede implicar a todos, a todo el mundo,
porque representa un avance, un progreso en la idea igualitaria. Cada quien
puede encontrar ejemplos de movimiento en este sentido.
Lo que yo quiero decir es que en este momento un movimiento concebido de este
modo aparece como un acontecimiento, como, algo que sucede. Por supuesto, pudo
haber estado preparado. Pudo haber sido en parte organizado. Pero todos los
militantes saben que cuando hay un verdadero movimiento hay algo que no pudo ser
previsto. Algo que no fue organizado. Algo que es más que lo que se previó y se
organizó. Y en muchos casos, inclusive algo absolutamente inesperado. Ese
elemento es el que yo voy a llamar acontecimiento. Algo que no está dentro de la
lógica de la situación. Algo que está de más, o más allá. Algo que incluye un
elemento de sorpresa. Y un verdadero movimiento es un acontecimiento en este
sentido. Eso es lo que le permite orientarse hacia la igualdad. Porque un
movimiento previsto, organizado, calculado, es forzosamente un movimiento que
refleja la situación, que refleja las relaciones entre grupos sociales, que dice
sus reivindicaciones. Pero un verdadero movimiento es más que eso. Un verdadero
movimiento es algo que inventa una idea igualitaria sobre un punto en
particular. Cualquiera sea este punto en particular.
Por eso puede tratarse de un movimiento obrero, un movimiento de trabajadores,
un movimiento de jóvenes, de mujeres, de trabajadores extranjeros. En todos los
casos existe este elemento suplementario, que hace que algo vaya más allá del
grupo involucrado y que ese algo se dirija a todos. Por eso hay más en un
movimiento que en una reivindicación. Siempre hay reivindicaciones en un
movimiento, hay pedidos. Pero el acontecimiento político es más que esos
pedidos, que esas demandas. Entonces vamos a decir que no hay política sin
acontecimiento. No hay política sin este elemento suplementario que la situación
no nos permite prever.
Una parte de la política consistirá en saber qué hacemos con este
acontecimiento, cómo se piensa a partir de este acontecimiento, cómo se actúa a
partir de él, cómo se transforma la situación a partir de él. La política no es
pensar partiendo de la situación solamente. Es, en primer lugar, y antes que
todo, pensar a partir de lo que está más allá de la situación, y que ha ocurrido
como un acontecimiento. Por eso voy a definir a la política como la Fidelidad a
un acontecimiento. Fidelidad que exige con frecuencia organización y disciplina,
pero que trabaja dentro de la situación, a partir de algo que está más allá de
la situación. Entonces, la política es la Fidelidad a lo nuevo. Eso es lo que
quería decir por ahora sobre el movimiento. Del otro lado tenemos el poder del
Estado. Yo llamo Estado a mucho más que sencillamente el gobierno, o la policía
o la justicia. El Estado es lo que controla a los partidos. El Estado es todo lo
que da poder dentro de la sociedad. En nuestro mundo, por ejemplo, la economía
es parte del Estado. Es parte del Estado porque es la organización principal del
poder.
Entonces, el Estado es la sociedad concebida como poder sobre cada uno. Es
aquello que siempre dice dónde y cuáles son los lugares. Es lo que indica a la
gente, a los grupos, cuáles son sus lugares, y que indica también cómo podemos
movernos, cuál es el camino.
Si les parece, el Estado es un poder de disposición de las cosas. El Estado es
al mismo tiempo aquello que pone a cada quien en su lugar y que indica cuál es
el camino obligado para pasar de un lugar a otro. Es lo que impide o prohibe
trastornar los lugares, y también lo que prohibe inventar trayectos. Hay algo
muy importante que señalar y es que el poder del Estado, de manera general, no
es mensurable. Es un poder que conocemos todos nosotros, pero no sabemos
exactamente cuál es su medida. Es un poder indeterminado. Y eso es el gran
poder.
Les voy a dar un ejemplo muy sencillo. Todo el mundo nos dice actualmente "hay
leyes de la economía y no se puede escapar a esas leyes". Entonces, el universo
económico es un universo que obliga. Y saben que éste es un argumento esencial
de todas las políticas gubernamentales actuales: "Nos vemos obligados a hacer lo
que hacemos porque la economía es lo que es". entonces se puede ver claramente
que la economía es un poder, en el sentido en que nos obliga a hacer o esto o
aquello.
Pero, ¿cuál es exactamente este poder?. Si me animo a decirlo así: ¿cuál es el
poder de este poder? Tenemos que obedecer, pero ¿por qué? en cierto sentido
nadie lo sabe. Nos las estamos viendo con un poder móvil e indeterminado y
estamos tanto más obligados a obedecer cuanto que no conocemos la naturaleza de
ese poder.
Pienso que es una característica fundamental del Estado. El Estado es un poder,
pero nadie puede determinar este poder. Y por eso estamos sometidos, porque no
conocemos el poder al cual estamos sometidos. Sigue siendo indeterminado, vago,
absoluto. Lo que hace un movimiento es decir, en un punto determinado, cuál es
el poder del Estado.
Querría explicar este punto de manera detallada, porque a mi modo de ver es
central en lo que tiene que ver con la cuestión de la política. Cuando hay un
verdadero acontecimiento político hay un final del carácter indeterminado del
poder del Estado. La gente se levanta y dice "éste es el poder del Estado frente
a nosotros". Es como nosotros decimos que es. Dicho de otro modo, un movimiento
es lo que fija una medida del poder del Estado. Es algo que obliga al Estado a
mostrar realmente cuál es su poder. Y por esa misma razón hay algo de la
sumisión que se detiene. Porque si no, seguimos sometidos a lo que está
indeterminado.
Podemos decir entonces que un acontecimiento político es lo que da una medida
fija al poder del Estado. Es lo que hace que no puedan seguir diciéndonos que
tenemos que someternos a un poder indeterminado, desconocido. Exactamente que
como cuando tienen una huelga en una fábrica. Les doy un ejemplo muy sencillo.
Ahí se mide cuál es la fuerza real patronal, mientras que en el funcionamiento
de todos los días de la fábrica este poder existe constantemente. Pero está
indeterminado, y no está medido. Sólo el elemento "huelga" va a permitirnos una
medida real de este poder. Y éste es un punto absolutamente esencial.
Un acontecimiento político es algo que permite a cada quien mantenerse a
distancia del Estado, porque el acontecimiento ha determinado, ha fijado el
poder del Estado. En realidad, en la vida cotidiana estamos sometidos al estado
de las cosas. El acontecimiento político es algo que va a fijar este poder y nos
va a permitir mantenernos a distancia de este poder. Y yo diría con ganas que
esta distancia es la política misma. En esta distancia podemos construir un
tiempo y lugares políticos.
Para decirlo de manera psicológica, en esta distancia dejamos de tener miedo.
Porque la política es ampliamente eso, el final del miedo. Pero es el final del
miedo con razones muy precisas, que justamente es que ya no tenemos miedo de
algo que es indeterminado. Podemos tener que vérnoslas con un poder muy grande,
pero nos hemos decidido a medirlo. Y podemos en ese momento vérnoslas con las
consecuencias.
Voy a darles una definición de la política. Vamos a llamar política a una acción
que trabaja por la igualdad a partir de determinado valor fijo del poder del
Estado, valor que ha sido fijado por un acontecimiento.
Pueden ver el esquema general cuál es. Algo sucede, algo imprevisible y
colectivo. La posibilidad misma de este surgimiento hace que se pueda medir o
fijar el poder del Estado. Entonces es posible mantenerse a distancia del Estado
y es posible dejar de tener miedo. En esta distancia ustedes pueden crear,
inventar, un lugar nuevo, un tiempo nuevo.
Yo querría darles tres ejemplos, muy diferentes, pero justamente para aclarar
este tema.
Cuando en 1917 Lenin organiza la insurrección en Rusia, lo hace ¿en qué
condiciones? En primer lugar, el Estado está debilitado por la guerra. Y en
segundo lugar el pueblo ha creado los soviets.
Entonces, tienen un acontecimiento creador: la aparición de los soviets. Y
tienen una medida del poder del Estado, que es la idea de que el Estado es
débil. La convergencia de ambos elementos va a provocar una decisión de
insurrección. Pero insurrección como una decisión, como una invención. Ven que
se están situando en la doble dimensión de un acontecimiento creador, la
implantación colectiva de los soviets, y una cierta distancia con respecto al
Estado, que se rija al juzgarlo como débil.
En el fondo, insurrección y posibilidad de insurrección es el resumen político
de esas dos cosas.
Mi segundo ejemplo es en cierto modo contrario. Cuando Mao Tsé Tung dice que hay
que llevar a cabo lo que llama una guerra prolongada –hay que disponer las
fuerzas en el campo, lejos de los grandes centros urbanos, y con la paciencia de
una guerra larga– tienen ahí dos elementos, no tienen más que leer los textos.
En primer lugar, la existencia de un movimiento campesino que es un
acontecimiento, que es una invención popular, y que hace posible instalarse en
los campos. De otro modo, instalarse en el campo era imposible. Y por otro lado
tienen el juicio de que el Estado es fuerte.
Tienen una medida que ha sido fijada, de la fuerza del Estado. No como en el
caso de Lenin, del Estado débil. En el caso chino el Estado es todavía bastante
fuerte. Por eso esta vez el resumen político no va a ser la idea de una
insurrección brutal, sino la idea de una guerra que se prolonga. Ven ahí otra
manera de inventar tiempo y espacio.
En el primero caso se trata de los soviets obreros en las grandes ciudades y una
insurrección centralizada. En el segundo caso, el instalarse lejos de las
ciudades, en pleno campo, y una guerra prolongada.
Entonces pueden ver el esquema general de la política, que es que siempre existe
un acontecimiento popular, el surgimiento de los soviets obreros, o el
movimiento campesino; hay una determinación del poder del Estado, es fuerte o es
débil, y existe la construcción de un espacio y de un tiempo. Pueden ser los
soviets en las ciudades y una insurrección rápida; o, por el contrario, la
instalación en el campo y hacer una guerra larga. El tercer ejemplo podría ser
la insurrección del Subcomandante Marcos en Chiapas, que seguramente ustedes
conocen mejor que yo.
Se ve claramente que también en este caso existen los elementos que acabo de
dar. Hay un movimiento interno, en primer lugar,del conjunto de las comunidades
rurales campesinas en la región; en segundo lugar hay un juicio establecido
sobre la relación con el Estado. Este juicio es: el Estado es semifuerte. No es
cuestión de vencerlo, pero podemos ¡impedir que nos aplaste. Es decir, es un
juicio que da un valor exacto, una medida exacta del poder. Y como pueden ver,
eso da lugar a la construcción de un tiempo y un lugar. Una presencia localizada
territorial, y la perspectiva, también, de un tiempo prolongado. No una guerra
prolongada, pero sí una negociación armada
prolongada.
Una negociación armada prolongada es una invención política, del mismo modo que
la guerra prolongada de Mao, o la insurrección de Lenin. Podemos decir entonces
lo que es la política de manera concreta, y volver a concebirla actualmente. Es,
bajo la condición de un acontecimiento, una construcción de lugar y de tiempo,
que impone determinada distancia con el Estado.
Finalmente, nuestro problema en la actualidad, el problema principal, es saber
cómo intentamos determinar el poder del Estado. Eso es sin duda la tarea, para
nosotros, más difícil, porque en verdad, en este momento, este poder se presenta
al mismo tiempo como algo considerable y muy especialmente indeterminado.
Combina dos as~ pectos. Es una especie de fuerza única e irresistible, bajo el
nombre de economía. Y es indeterminada porque no es inmediatamente represiva. No
está en una medida esencialmente policial o militar. La dificultad, en cierto
modo, es que estamos en democracia. Y democracia, en realidad, quiere decir un
carácter muy especialmente indeterminado del estado de las cosas. No podemos
tener una representación clara de lo que es el poder del Estado. Eso es lo que
quiere decir. No es como cuando Lenin decía "El Estado zarista es débil". No es
tampoco como cuando Mao decía "Chiang-Kai Shek es bastante fuerte".
Es otra relación, porque lo esencial del poder, en este momento, no es el
gobierno. Los gobiernos hasta pueden ser relativamente ridículos. El poder está
en otra parte. El poder está en otro lado y no está representado por los Estados
en sentido estricto.
Entonces tenemos que preguntarnos lo siguiente: ¿qué acontecimientos pueden
mostrar el poder del Estado actual? ¿Qué medida puede darse de este poder?
Entonces, para eso creo que debemos, en primer lugar y antes que nada, organizar
trayectos nuevos. Esta es la cuestión política central, a mi modo de ver. ¿Somos
capaces de imponerle al Estado trayectos sociales y subjetivos completamente
nuevos? ¿Podemos crear vínculos ahí donde, en principio, los vínculos son
imposibles?
Y creo en el carácter absolutamente central de la cuestión de los vínculos entre
trabajadores e intelectuales. Como trayecto, como vínculo, como figura política.
No en el viejo sentido en el que el intelectual aporta conciencia al obrero,
sino más bien en el sentido de una especie de conexión imprevisible. En la
experiencia francesa, en los años 70 hubo trayectos de este tipo, y perdimos
estos vínculos. Fueron desacreditados, muchos intelectuales se cansaron de
ellos. Como les he dicho, el principal enemigo de la política es el cansancio.
Pero tenemos que volver a intentar todo esto. No repetirlo. Re inventarlo. Y
entonces, en ese sentido yo creo realmente que existen tres términos: los
movimientos, el poder del Estado, y la organización paciente, constante, de
nuevos trayectos subjetivos. Algo que pasa a través del tabicamiento de los
grupos sociales. Algo que propone una articulación distinta de la sociedad. Algo
que provoca que nos movamos distinto en la superficie social, algo que ponga en
práctica, en acto, nuevas formas de igualdad.
Si tiene que haber organizaciones de grupos políticos, y creo que es
indispensable, eso es lo que hay que organizar y se debe pensar. Es necesario
que la mayor cantidad posible de personas estén en otro lugar diferente del
lugar en el que deberían estar. Es necesario poder ir al lugar al que no
deberíamos estar, cualquiera sea la dificultad de esta trayectoria.
Este es un ejemplo de trayecto desinteresado. Es fundamental afirmar que la
política es desinteresada, porque la lógica del mundo es la lógica del interés.
Tenemos que afirmar categóricamente que la política es tan desinteresada como el
arte, que hacemos política por la política misma, de la misma manera que un
artista hace una obra por la obra en sí. La política no es un medio. La política
es una afirmación. La afirmación de que otro mundo es posible. Y se puede
afirmar que otro mundo es posible en un punto muy pequeño. No necesitamos
cambiar el mundo para afirmar que otro mundo es posible. Necesitamos cambiar
algo. Y hacerlo porque nos interesa hacerlo, porque queremos hacerlo.
Entonces, hay necesidad de grupo y de organización política colectiva como
tercer término. Pero no son grupos representativos. No pretenden representar
intereses o grupos sociales en particular. Lo que están haciendo es organizar la
afirmación política, organizar trayectos nuevos. Hacen circular ideas que no son
dominantes. Y desde ese punto de vista están participando de la invención de la
política.
Si estamos realmente convencidos de que la política puede ser, en este sentido,
una creación, digamos entonces que la organización política es un grupo creador.
No es un instrumento, no es un aparato. Es un grupo de creación. Y ese grupo no
corresponde a ninguno de todos los grupos que el Estado ha definido.
Esa es, me parece, la pista que podemos seguir en este comienzo de siglo para
reinventar la política, el arte de la política, y la alegría colectiva de la
política, en este mundo tan triste.
[www.grupoacontecimiento.com.ar]

Alain
Badiou: "Las ideas existen y tienen poder"
Por
Pedro B. Rey
El filósofo francés sostiene que las propuestas y los deseos de los ciudadanos
son fundamentales para buscar caminos políticos distintos al de la hegemonía
norteamericana y que ser de izquierda, actualmente, consiste en manejarse con
convicciones, resolver problemas concretos y saber dejar preguntas abiertas
El historiador de la cultura Jacques Barzun decía, no sin ironía, que para ser
considerado un renacentista basta, en nuestros tiempos especializados, con ser
un neurólogo que toca el violín, navega a vela y está más o menos al tanto de
las últimas novedades editoriales. Si se abandona la pretensión de ser como los
hombres del Cinquecento, Alain Badiou bien podría ser la versión contemporánea
de un renacentista. Además de su influyente tarea como filósofo, es matemático,
novelista y dramaturgo. Se interesa por la estética o el cine, la ciencia, el
psicoanálisis o la política con el mismo rigor. Esta curiosidad es sin duda
reflejo de sus postulados filosóficos, que consideran que hay cuatro "verdades"
sobre las que se apoya la filosofía y sin las cuales ésta sería un mero
formalismo: el arte, la ciencia, la política y el amor. "Militante sin partido",
es también un actor permanente en los debates sociales donde -sostiene- se
juega nuestro devenir colectivo.
-¿Qué efectos tuvo en Francia la firme oposición a la intervención en Irak?
-Yo creo que, en primer lugar, inauguró un nuevo momento histórico en la
relación entre Francia y Alemania. Es la primera vez que ambos países toman
posiciones conjuntas que se oponen a la política norteamericana. Y es evidente
que (Jacques) Chirac hubiera dudado mucho en presentar batalla en el Consejo de
Seguridad de la ONU sin el respaldo alemán. A mí, en cuanto filósofo, lo que más
me interesa, sin embargo, es el movimiento intelectual y espiritual que puede
resultar de ese encuentro. Sobre todo en el contexto de la crisis de lo que
llamaría las viejas nacionalidades. En los dos países hay una crisis de
nacionalidad muy fuerte y creo que, frente a la construcción lenta y burocrática
de Europa, esto puede ayudar, si no a una fusión, al menos a un trabajo en
común. Francia y Alemania pueden mostrar que hay otras posibilidades que van más
allá de seguirle los pasos a Estados Unidos y a una economía planetaria.
-Pero, ¿cuál sería ese camino?
-Lo que yo propongo no es la combinación de dos Estados, sino la creación de
una figura, de un espacio nuevos. Aunque en un comienzo no sea más que una
declaración de principios, un espacio así tendría efectos subjetivos muy
fuertes. No es fácil, pero creo que hay que tener la valentía de hacerlo.
-¿No es contradictoria su propuesta con el proceso de integración de la Unión
Europea?
-No creo que haya contradicción entre una cosa y la otra. No imagino una
muralla Francia-Alemania. De hecho, imagino una iniciativa abierta a la que
otros países podrían sumarse.
-Siendo la inmigración una fuente de recelo en Europa, ¿qué papel jugaría en el
futuro?
-La inmigración es algo muy favorable. Imagine un obrero de origen senegalés:
por un lado participa de la vida francesa; por otro, no forma parte de la
antigua historia de la nacionalidad. Son europeos, europeos nuevos, un poco como
los inmigrantes que hicieron los Estados Unidos o la Argentina.
-¿A lo que me refería es si estos aspectos positivos de la inmigración pueden
ser asumidos sin conflictos por los europeos?
-Ese es un combate que, en términos filosóficos, yo llamo: "lo abierto". ¿La
idea de la UE es una concepción abierta o cerrada? Abierta quiere decir que los
aportes extranjeros se consideren positivos. Ahora, siempre existen actos
reflejos reaccionarios, asociados a la vieja nacionalidad de la que hablaba
antes. En un nuevo espacio, la aceptación de los extranjeros va a ser mucho más
simple.
-Para ser un intelectual crítico, suena bastante optimista.
-Soy optimista porque creo que las propuestas, la creación y las ideas existen
y tienen poder. Si se tiene una idea, hay que expresarla y trabajar a favor de
ella. Que ocurra finalmente lo que uno desea, en cambio, es algo que no puedo
asegurar.
-La invasión de Irak, ¿es un momento crucial en ese cambio? ¿Qué piensa de este
período de posguerra?
-Nunca creí en las razones que se dieron para esta guerra de invasión y siempre
pensé que agravaría el estado en esa zona del mundo. En el fondo, sólo se trató
de una simple demostración de fuerza. Pero siempre imaginé que iba a ser
complicado porque es muy fácil destruir un Estado pero muy difícil fabricar
otro.
-En su Etica (1993), usted realizó una dura crítica de lo que denominaba la
ideología de los derechos humanos. ¿Es el de Irak un caso modelo?
-El tema de los derechos humanos -y déjeme decirle que mi postura está lejos
de ser cínica al respecto- es de primera importancia. Pero eso difiere mucho de
tener una policía internacional y militar autoproclamada. ¡Qué duda cabe!:
Saddam era un criminal. Pero, ¿cuál es la situación de los derechos humanos hoy
en Irak? Es desastrosa. Queda claro, en éste y otros casos previos, que los
derechos humanos sirven de coartada para obtener el apoyo de la opinión pública.
Creo que la época de las intervenciones en nombre de los derechos humanos está
un poco terminada. Es una de las lecciones de esta invasión. La gente vio con
sus propios ojos lo que significa la ocupación de un país por un ejército.
También el tema de las imágenes fue muy importante. Durante la Guerra del Golfo,
la política norteamericana consistió en suprimir las imágenes. Esta vez
decidieron lo contrario, pero no fue por pura generosidad. En gran medida se
vieron obligados a mostrarlas por la presión de la opinión pública.
-¿Podríamos decir que, para usar sus propios términos, el poder de lo subjetivo
le torció el brazo a lo objetivo?
-Exactamente. Es una prueba de que las posturas subjetivas pueden ser no sólo
una protesta moral. También tienen eficacia política.
-En la Argentina, la subjetividad tuvo un papel destacado en los comienzos de
la crisis y hoy parece haber cedido espacio. ¿Cómo ve lo que sucede aquí?
-La Argentina está en un viraje de su historia política, está inaugurando un
nuevo período. Cuando digo período no me refiero a la crisis, la caída de un
presidente, nuevas elecciones? Todos esos son acontecimientos. Un período es
algo mucho más prolongado. Y hacia dónde se dirigirá es algo que sólo podrá
verse en una década. Los acontecimientos importantes son siempre un poco oscuros
para los propios actores. Es natural que haya en un principio un fuerte sacudón
subjetivo y que esto después se reduzca. Es el ritmo de la historia. De hecho,
me parece que va a haber otras instancias parecidas. Lo importante es saber si
esto se va a abrir a una nueva subjetividad general. Al menos, podemos decir que
la Argentina comienza a abandonar sus viejas mitologías, como la de ser un país
muy rico.
-En la Argentina volvieron a los primeros planos términos como ideología o
izquierda. Usted proviene de ese ámbito, pero ¿qué significa hoy, a principios
de este nuevo siglo, ser de izquierda?
-Desconfío de la palabra izquierda, como francés, porque me recuerda la
izquierda oficial, la de los partidos. No soy de izquierda en ese sentido porque
están demasiado comprometidos con los mecanismos de poder. Soy de izquierda, en
todo caso, en el sentido más general. ¿Qué es ser de izquierda? Es estar
convencido de que hay que crear un camino político y económico diferente del
dominante. Es una convicción que se sostiene más allá de si las circunstancias
son negativas o propicias. En ese sentido, diría que los partidos de la
izquierda oficial franceses no son de izquierda: están resignados al orden
establecido. Tampoco es la hipótesis de una revolución, una idea que se volvió
turbia.
-En ese sentido, no parece haber un proyecto de poder.
-Sobre el poder, la izquierda sólo tenía ideas revolucionarias. Y la única
forma conocida era el régimen de partido único. Esa forma mostró todos sus
límites. Hoy es una hipótesis política muerta. Es algo que no puede entusiasmar
a la gente. No habrá más revoluciones de ese tipo. La otra forma es la
democrático-capitalista. No hay a la vista una tercera hipótesis. Por eso creo
que se vive la etapa de construcción subjetiva de un proyecto nuevo que, a estas
alturas, no puede presentarse como posibilidad de poder. Es de afirmación, de
resolución de problemas concretos. Una de las grandes debilidades del comunismo
era justamente la de presentarse como algo que tenía respuestas para todo. Hay
que manejarse con convicciones y principios, tomar posición pero, a la vez,
saber dejar las preguntas abiertas.
El perfil
El Mayo Francés
Alain Badiou nació en Marruecos en 1937, en una familia francesa que retornó a
París cuando él tenía cinco años. Estudió en la prestigiosa Ecole Normale
Supérieure y -tras participar en el Mayo francés- enseñó durante treinta años
en la Universidad de Vincennes.
Filosofía y literatura
Influido por Platón, Hegel, Lacan y Gilles Deleuze, presenta su filosofía en El
ser y el acontecimiento , donde las matemáticas se entrelazan con el potencial
innovador de cada situación singular. También escribe teatro y novelas.
[La Nación]
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