
Una
tarde en Buenos Aires, con el solcito suave del otoño rebotando contra los
frentes multicolores de La Boca. Y como si para crear ambiente hiciera falta
más, era primero de Mayo. Esa fiesta que nos llena de nostalgia el corazón, pues
hubo tiempos mejores. Porque un día como éste, en el País de las Maravillas
gobernaba el general Pipón. Quien rejuntando prolijamente a sus grasitas en
trenes, mioncas y colectivos, todo gratarola, abarrotaba la Plaza Mayor. Aunque,
seamos francos, sin intención de decirles nada que fuera a dejar profundas
huellas en el pensamiento humano. Pero su carisma era tan grande, que todos
estaban pendientes de escuchar su voz.
-¡Este es el primero de mayo más importante de nuestra historia! –empezaban
todos sus discursos para esa fecha.
Y la gente gritaba su nombre, enardecida. Después, la charla de siempre.
Diatribas contra todos los que pensaran distinto que la guruteca oficial,
especialmente los dos grandes rufianes de sus tragedias. Los comunistas ateos y
la oligarquía vacuna. Dos grupos tan poco afines como el tocino y la velocidad,
si se quiere, pero unidos por igual vergüenza: carecer de patria y de bandera.
Con el telón acústico de Radio Nacional.
“¡Pipón, Pipón, qué grande sos!”
“¡Pipón, Pipón, cuánto valés!”
-Acabamos de echar un somero pantallazo a la historia reciente –dijo un locutor
con saco verde- Hermosa, aunque de ese sueño nada quedó. ¡Si hasta tuvimos a
mano la bomba atómica, que no se hacía con agua pesada, sino con agua de la
canilla, que es más barata, che! Mañana, cuando caiga el sol, seguiremos
viviendo las emociones de esta crónica.
-¿Cosa diche? –exclamó un tano recién llegado, que a gatas empezaba a pescar la
castilla.
Para mayores datos: Hermano de la nona Pasqualina, y llamado Nicolás. El Nicola,
o Nico, para ser breves.
-Acaba de anoticiarnos que este programa retomará su secuencia mañana a la hora
del crepúsculo –repuso el Busi Pellegrini, con una sonrisita sobradora.
Como diciendo: “¡A ver si pescás un belín, salame!”
Duras palabras, pero detengámonos un instante para sopesar los méritos de este
valor. Un toña al que de entrada nomás, en un rapto de delicadeza los viejos
quisieron bautizarlo Busardo, como homenaje a los morfichupis de la abuela.
Porque en su casa todos eran panzones. Y puesto que la vida es cambio, de ese
afán devino su gracia actual. “El Busi”, entre amigos. La muchachada se llevaba
bien, pero habiendo tantos concuñados afectos a la acción, a veces por disentir
se armaba una rosca a patada limpia. Y entre dimes y dirétes, la respuesta sobre
el programa televisivo sólo sirvió para caldear los ánimos.
-¡Parlá claro, papanata, que no ti capisco ni pito ni flauta! –dijo don Nicola,
vaciándole una porción de estofado encima del pan con manteca a medio comer, que
el Busi tenía sobre su plato.
-¡Me cache’n dié, que habías sido bestia para servir la mesa, tano de mierda!
-¿A quién le parli cosí?
-¡A vos, desgraciado!
Entonces voló el primer envío, en forma de cucharón.
-¡Pará la mano, atorrante!
-¡Tu abuela, la tortosa di un solo oco!
-¡O tortilla, que es más peor! –dijo un púa, para echarle leña al fuego.
-¡Cállese, caraco!
El diálogo ya no respondía al “Decálogo de buenos modales para triunfar en
sociedad”, que distribuye la Academia Social Gaeta. Y agarrándose con ambas
manos la región donde había aterrizado esa entrega, el Busi dijo:
-Te recontra por las dudas, las pelotas me sacudas!
Entonces hizo crisis el orgullo por los valores familiares, que siempre es
motivo de competencia entre parientes políticos. Y otro concuñado, conocido en
el barrio como el Nene Salomone, se solidarizaba con Busi. Por cuya causa arrojó
violentamente al piso la crónica deportiva de Clarín, que había estado leyendo
en un rincón, y poniéndose de pie alzó la voz, retrucando en un rugido:
-¡Las de mi viejo, que son más peludas!
Cosas que le ocurren al más pintado. Así que viéndose en minoría, el tano se
llamó a sosiego bajo protesta. O sea, que rajó rumbo al patio, con una mirada
llena de inquina. Y en un gesto de desprecio, se agarraba los testículos con la
mano izquierda, elevando el dedo mayor de la otra, bien empinado.
-Va fanculo! –murmuró en voz alta, para que lo escucharan bien.
Todo estaba dicho, y salvado el honor, ahora podían sentarse a manducar.
-¡Ravioles caseros con pesheto! –dijo la nona.
-¡Buen provecho! –dijo el Busi, ya más tranqui.
Los temas de conversa fueron variados. Que este año Boca anda flojete. Que el
precio de la carne se fue a las nubes. Que me cago en Bush. Que habría que
bajarles el jopo a los orientales, así se dejan de joder contaminando el río
Uruguay. Que si Evo Morales entra en el Mercosur, Buenos Aires se llena de
bolivianos. Que nunca hubo un día feriado tan trucho como éste.
-Debería ser un homenaje a los mártires de Chicago, en vez de un día de joda,
che. La culpa la tienen los giles que sin pescar un belín, salen a tirar manteca
al techo, cuando no hay nada que celebrar.
-Cosa dice? –peguntó el tano- Voi siete tutti comunisti?
-Llamálo como más te guste, Nico –repuso el Busi- Pero convertir un día de duelo
en fiesta pública, es otra patraña del capitalismo. Y habiéndose impuesto ese
sistema, celebrarlo es pura joda. Como felicitarte por el éxito del que te hace
currar tipo bestia sin darte más que migajas, así tu clase no desparece,
diezmada por el hambre. Porque, de ser así, se rompería el equilibrio entre la
oferta y la demanda, y empezarían a subir los sueldos.
-El pibe es perito mercantil y sabe lo que dice, che... Dejelón hablar, que este
fato nos afeta a todos –dijo Salomone.
-¡Mamma mía! –pensó en voz alta don Nicola -¡Ni lo había pensado, che!
-Vea, viejo –repuso una voz ronca- hace rato que tenemos bien manyados los
tejemanejes de la patronal. Incentivarte pa’ que laburés como un enano, cuando
el cuerpo te pide fiaca, en vez.
-Eso es mucho mejor que laburar. –afirmó la Nona, mientras pasaba el mate- Mire
si no, lo lindas que van las oligarcas por Santa Fe y Florida, meta pilcha y
tetas de silicona, sin mover un dedo para ganarse el marroco.
-Habría que ser salame y medio, para no ver cómo viene la onda, che... -
respondió un mensajero al que los muchachos del café le decían “Chivo emisario”,
porque rara vez se afeitaba.
-¡La precisa está más cantada que el hino nacional! –dijo otro- Mirá si será
malo el trabajo, que te pagan por laburar! Decime, ¿a vos alguna vez te garparon
por ir al biógrafo? ¿Alguien te dio un guita por mamarte en la milonga, o morfar
bien? No, pibe. Te pagan por lo que no quiere hacer nadie. Levantarte a las
cinco del matino, cagarte de frío en invierno y sudar tipo bestia cuando cambia
la estación. Andar siempre rezándole al Ceferino pa’que no te chape el trompa si
metiste las de andar...
-¡Todo un programa de vida! –dijo el Nene- Vivir medio siglo como un croto, para
que con la jubileta te den una medalla al mérito. “Cincuenta años sin llegar
nunca tarde al empleo, ni pedir aumento de sueldo”
Y como todas las cosas de este mundo tienen fin, a continuación viene un epílogo
más conocido que la ruda. La fiesta de despedida. Unos cuantos discursos
chupándole las medias al dueño, ¡Viva la empresa!, e izar su bandera colorinche
junto a la enseña que Belgrano nos legó. Pero el chou no acaba aquí Después hay
que escuchar los compases marciales que mandaron de la casa matriz. La
Internacional, ni se te ocurra. Por fin, rajá de vuelta a la villa, y esperá
piola tu primer cheque, que puede tardar varios años en llegar, o no llegar
nunca, porque los yonis se piantaron con la guita de vuelta a sus pagos, y todo
fue camelo. Y en la dulce espera, hacé lo que hacen todos. Tirá la manga o pedí
limosna, porque el que no llora no mama, y el que no mama es un gil, como canta
clarete el refrán. Pero si a pesar de todo tu esfuerzo seguís sin avisorar un
sope en lontananza, sólo te queda afanarte lo que encontrés a mano y rajarle a
los azules, porque la vida es así.
THE END
Copyright: John Argerich, 2007
All rights reserved.
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johnargerich@ya.com
La serie quincenal “El amasijo” se publica regularmente en 32 medios de 10
países.
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