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IMAGENES DEL BOMBARDEO DEL 16 DE JUNIO
DE 1955
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Etiología,
apogeo y decadencia del Estado Terrorista
Por Horacio Verbitsky
Escarmientos
El bombardeo de 1955 a la Ciudad Abierta de Buenos Aires, los fusilamientos de 1956 y el golpe de 1976, cuya impunidad clausuró la Corte Suprema de Justicia, tienen un punto en común: el terror indiscriminado como escarmiento, para imponer una distribución regresiva del ingreso y del poder. Llamar a las cosas por su nombre, castigar esos crímenes, es un punto de partida hacia el replanteo de esa relación de fuerzas que condena a la exclusión a casi la mitad del país.
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El 16 de junio se cumplió medio siglo del bautismo de fuego de la Aviación Naval y de la Fuerza Aérea, cuando sus pilotos arrojaron entre 9 y 14 toneladas de bombas sobre la Ciudad Abierta de Buenos Aires y ametrallaron a civiles, causando alrededor de 300 muertos y un millar de heridos. El 9 de junio hicieron 49 años de los fusilamientos de civiles y de militares ordenados por el gobierno de facto del general Pedro Eugenio Aramburu y el almirante Isaac Francisco Rojas, malparido por aquellas bombas y metralla. El 14, la Corte Suprema de Justicia declaró inconstitucionales las leyes de punto final y de obediencia debida, sancionadas para proteger a los responsables del Estado Terrorista implantado en 1976. Los tres episodios están ligados en forma indisoluble y tienen un punto en común, que invita a una reflexión profunda sobre la Argentina contemporánea. Matar a Perón o “aniquilar a la subversión” fueron apenas pretextos justificatorios. El objetivo de los bombardeos y los fusilamientos fue imponer el terror, golpear en forma feroz e indiscriminada como escarmiento sobre el conjunto de la sociedad. Sólo así sería posible desmontar un modelo socioeconómico en el que el ingreso, y el poder, estaban repartidos de modo mucho más equitativo que en los años dorados de la oligarquía, a los que se intentaba volver. Con avances y retrocesos, durante dos décadas se mantuvo lo que la literatura política llama empate hegemónico, hasta que la violencia sin límites del ‘76 impuso un nuevo equilibrio, que dura hasta hoy. Liberarse de ese terror, con decisiones como las de la Corte Suprema que impide la impunidad de los criminales es un paso hacia el replanteo de esa relación de fuerzas que condena a la exclusión a casi la mitad del país. Si los criminales del ‘55 hubieran sido castigados, no hubiera habido ‘76. A eso seguramente apuntaba el presidente Néstor Kirchner, durante la emotiva ceremonia del 16 de junio. Acompañado por la hija de una víctima del ‘55 y por la madre de una víctima del ‘76, en un tono quedo poco usual en él y con los ojos húmedos, vinculó ambas fechas con “la construcción del país que queremos, con justicia, honestidad, con inclusión, en la lucha contra la indigencia y la pobreza, la lucha por el empleo, la inversión, la industrialización.”
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Bombas sobre Buenos Aires
Una investigación reciente del joven profesor de las universidades Católica y
del Salvador Daniel Ci- chero recurre al testimonio de los pilotos del 16 de
junio de 1955. Uno de ellos, Máximo Rivero Kelly (quien como no hubo castigo
llegó a la subjefatura de Estado Mayor de la Armada durante el muy democrático y
humanista gobierno de Raúl Alfonsín) declara que el objetivo no era matar al
presidente sino “quebrarlo en su fortaleza de mando”. El mayor número de
víctimas de esa gris jornada no se produjo por las bombas, sino por el
ametrallamiento deliberado sobre grupos de civiles cerca de la CGT y frente al
ministerio de Marina rebelde. Cichero, quien no había nacido cuando ocurrieron
los hechos que narra en su libro Bombas sobre Buenos Aires, concluye que si al
principio la tentativa de magnicidio pudo servir como “pantalla justificatoria”
se reveló luego como “un castigo a la movilización civil que respaldaba al
presidente”.
Las escenas documentales proyectadas el jueves en la Casa de Gobierno carecen de
la calidad de las que incluyó Leonardo Favio en su Sinfonía de un sentimiento,
pero contienen tomas impresionantes de trabajadores que acuden al centro en
defensa del gobierno, apiñados como sardinas en camiones y camionetas. Ellos
eran el blanco de uno de los crímenes más racionales de nuestra historia. En un
artículo que la gran prensa comercial rehusó publicar, el embajador argentino en
Uruguay, Hernán Patiño Mayer, escribió: “Lo que intentaron y sin duda lograron
los complotados, fue el mismo objetivo que a los terroristas los define como
tales: sembrar el terror, a través de la matanza indiscriminada de inocentes,
para hacerse del poder”. Cuando en setiembre la Flota de Mar bombardeó depósitos
de gas en Mar del Plata y anunció que haría lo mismo con el centro de Buenos
Aires, la voluntad de lucha de Perón estaba quebrada y pese a su inferioridad
militar los golpistas tomaron el poder.
La proclama:
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Al año siguiente, los generales Juan José Valle y Raúl Tanco encabezaron un alzamiento peronista. Su propósito era “restablecer la soberanía popular y el estado de derecho” y convocar a elecciones generales en no más de seis meses, con plenas garantías para todos los partidos. Denunciaron la entronización en el poder de minorías antinacionales que enajenaron el patrimonio del país y traficaron con el hambre y el dolor de los trabajadores; la sustitución de la Constitución y las leyes por el derecho de la revolución, con la creación de tribunales y comisiones especiales; el confinamiento en campos de concentración, la discriminación entre réprobos y elegidos, la privación de empleos a miles de ciudadanos; el decreto totalitario que prohibió el uso de palabras, fechas, símbolos, fotografías. Los militares peronistas consideraron lógico el resentimiento y la desconfianza del pueblo hacia las Fuerzas Armadas, por el uso de oficiales en funciones civiles para romper huelgas, y señalaron que ésa era la semilla más criminal que podía haberse sembrado para dividir y anarquizar a la Nación. Describieron el quebrantamiento de la industria nacional, la elevación de precios en detrimento de los salarios, la creación de desocupados para que los obreros se sometieran al capitalismo por hambre y mediante la destrucción de la organización sindical, que consideraban base de la paz social y del progreso.
Operación Masacre:
El 16 de junio, Valle fue el general que recibió la rendición de los rebeldes en
el ministerio de Marina. Aunque la vida de todos ellos fue respetada, no se lo
perdonaron. Su ingenua rebelión de 1956 fue alentada desde el poder, que tenía
toda la información necesaria para evitarla. Valle, el coronel Oscar Cogorno y
otros treinta y un civiles y militares fueron fusilados en virtud de una ley
marcial dictada después de su detención. Este fue el hecho que le cambió la vida
al escritor de cuentos policiales y jugador de ajedrez Rodolfo J. Walsh, quien
publicó en pasquines de mala muerte la obra maestra del periodismo de
investigación y una de las joyas máximas de la literatura argentina del siglo
pasado, Operación Masacre. En sucesivas ediciones su entendimiento se
enriqueció. En 1964, en el Epílogo a la segunda edición escribió: “Los muertos
bien muertos, y los asesinos probados, pero sueltos”. Comunicaba haber “perdido
algunas ilusiones, la ilusión en la justicia, en la reparación, en la
democracia, en todas esas palabras”. En la tercera, de 1969, agregó que “la
clase que esos gobiernos representan se solidariza con aquel asesinato, lo
acepta como hechura suya y no lo castiga simplemente porque no está dispuesta a
castigarse a sí misma”. Concluía con un retrato de “la oligarquía, dominante
frente a los argentinos y dominada frente al extranjero. Que esa clase esté
temperamentalmente inclinada al asesinato, es una connotación importante que
deberá tenerse en cuenta cada vez que se encare la lucha contra ella. No para
duplicar sus hazañas, sino para no dejarse conmover por las sagradas ideas, los
sagrados principios y, en general, las bellas almas de los verdugos”. En la
misma línea, el trabajo inédito de Patiño Mayer concluye: “Sirva este recuerdo,
para los que siguen sosteniendo maliciosamente que la violencia política se
inició en la Argentina en la década de los setenta y fue obra de la conspiración
marxista internacional. Los terroristas que sembraron bombas, fusilaron,
secuestraron cadáveres y proscribieron a las mayorías populares, no podían
recoger otra cosa que las tempestades que sobrevinieron”.
Soberanía nacional:
Video para descargar: Comienza la resistencia![]() ![]() 1955. Capítulo del largometraje "Perón, sinfonía del sentimiento", de Leonardo Favio. Tomas y comentarios del levantamiento del general Valle. El 9 de junio de 1956, bajo la dirección del general Valle se produjo un levantamiento contra los "libertadores" con el objetivo de reinstaurar el orden constitucional y la vigencia de las instituciones. El movimiento tuvo escasas adhesiones, los servicios de inteligencia conocían que el mismo se estaba gestando, pero desde los altos estratos gubernamentales prefirieron esperar, y luego desatar la represión. Tal vez haya sido el único caso, en que las medidas punitivas superaron en víctimas a las que produjeron el escaso combate del intento insurreccional. Entre las fuerzas de represión hubo tres bajas, las ejecuciones de los días posteriores efectuadas entre el 10 y el 12 de junio produjeron 27 muertes. El intento no convocó a más de quinientas personas entre ellas a varios civiles, con cuatro focos rebeldes pero donde sólo se combatió en la ciudad de La Plata. No obstante, fueron asesinados los principales jefes, pero la ceguera revanchista también terminó con la vida de suboficiales y civiles. Así es como fueron ejecutados un cabo y un sargento músicos, otro sargento carpintero y hasta un subteniente de reserva. En Lanus luego del intento de copar una comisaría fueron fusilados el 10 de junio, cuatro civiles junto al teniente coronel José Irigoyen y un capitán. Un grupo de trabajadores que estaba reunido en una casa particular escuchando una pelea de boxeo, fueron detenidos y se los condujo a una comisaría de la localidad de San Martín. En la madrugada del día 10 fueron asesinados en los basurales de José León Suárez, algunos como Julio Troxler lograron escapar, pero cinco de ellos perdieron su vida, se trataba de Carlos Alberto Lizaso, Nicolás Carranza, Francisco Garibotti, Mario Brion y Vicente Rodríguez. El Jefe de la policía de Buenos Aires, teniente coronel Desiderio Fernández Suárez fue el responsable directo de estos asesinatos. Estas muertes se justificaron bajo la excusa de la Ley Marcial decretada por el gobierno, no obstante las víctimas fueron detenidas antes de conocerse el decreto que la instauraba, por lo que se le aplicó con retroactividad. Estas drásticas medidas fueron un claro ejemplo de terrorismo de estado, infringiendo la Constitución Nacional que suprimió la pena de muerte por motivos políticos, pero también desconocieron, llegado el momento, sus propios decretos. El general Valle detenido en la cárcel de la calle Las Heras, poco antes de su ejecución escribió una carta a Aramburu donde le decía: "Nuestro levantamiento es una expresión más de la indignación incontenible de la inmensa mayoría del pueblo argentino esclavizado" Fuente: ARCOIRIS TV, duración: 15,44 min Cortesía de Roberto Di Chiara Elige una opción de descarga: |
Al fallar en la causa en la que el CELS atacó las leyes de punto final y de
obediencia debida, cinco de los nueve jueces de la Corte Suprema de Justicia
(Enrique Petracchi, Juan Carlos Maqueda, Raúl Zaffaroni, Ricardo Lorenzetti y
Elena Highton) coincidieron en que carece de efecto cualquier acto fundado en
ellas “que pueda oponerse al avance de los procesos que se instruyan, o al
juzgamiento y eventual condena de los responsables por crímenes de lesa
humanidad.” Todos ellos más Antonio Boggiano y Carmen Argibay dijeron que esas
leyes eran inconstitucionales. Los votos de Boggiano, Maqueda, Zaffaroni,
Lorenzetti y Highton fundamentan la decisión en el ejercicio de la soberanía
nacional. Como la Argentina no ha juzgado a los responsables de los crímenes de
la dictadura, lo están haciendo otros países que invocan la jurisdicción
universal, que forma parte de nuestra Constitución desde 1853. El hecho nuevo,
escribió Zaffaroni, es que por delitos cometidos en el territorio nacional ahora
hay argentinos detenidos, procesados y juzgados por otros estados o cuya
extradición es requerida, “en razón de que la República no ha ejercido la
jurisdicción, o sea, no ha ejercido su soberanía”. Admitir esto abriría un
estado de sospecha sobre todos los ciudadanos argentinos y degradaría a la
Nación Argentina “a un ente estatal imperfecto” y disminuido ante el resto del
mundo. Lorenzetti agrega que “la dignidad de la República en la comunidad
internacional”, exige que reafirme la voluntad de “ejercer su jurisdicción y su
soberanía”. Highton y Maqueda aducen que “si no se ejerce la jurisdicción en
función del principio territorial, entra a operar el principio universal y se
pone en juego la soberanía de la República Argentina”. Boggiano dice que estos
delitos podrían ser juzgados fuera de la Argentina, “con el consiguiente
menoscabo de la soberanía jurisdiccional de nuestro país”. Los fundamentos de la
sentencia son igualmente válidos para que la Corte resuelva la causa en la que
Suárez Mason invocó el indulto para eludir su extradición a Alemania, ideal para
que Zaffaroni, Highton, Lorenzetti, Boggiano y Maqueda reiteren sus
razonamientos soberanísticos.
El siglo de las sombras:
Tales argumentos (y la condena a 640 años de cárcel impuesta en España a Adolfo
Scilingo), contribuyen a explicar la resignada calma con que esta resolución fue
recibida en el Ejército y la Armada: todos prefieren ser juzgados en la Patria.
Coinciden así con las víctimas, que sólo recurrieron a otras jurisdicciones
cuando se les cerró el acceso a los tribunales argentinos. Es útil imaginar cómo
afectará esto a las Fuerzas Armadas. La experiencia de un siglo indica que los
militares golpistas no son muchos, sino los mismos. Cuarenta años antes de
expulsar a Yrigoyen de la presidencia en 1930, Von Pepe Uriburu fue subteniente
del Parque en el alzamiento de 1890 del que nació la UCR. A principios de la
década de 1940 un general y dos coroneles intentaron sin fortuna tomar el poder.
Dos de ellos, Benjamín Menéndez y Eduardo Lonardi, reaparecieron en alzamientos
contra Perón de la década de 1950. El tercero, Fortunato Giovanoni, intentó
derrocar a Frondizi. El mayor Juan Francisco El Tú Guevara propuso el santo y
seña “Dios es Justo” para el golpe de 1955 y fue uno de los hombres fuertes en
el primer tramo de la dictadura de Onganía en 1966. Perón, con muchos de sus
camaradas del GOU, intervino en los golpes de 1930 y de 1943. Los oficiales que
acompañaron a Menéndez en 1951 protagonizaron todos los golpes del cuarto de
siglo siguiente. Lanusse participó en el derrocamiento de Lonardi dieciséis años
antes de abrirse paso a los empujones hacia la presidencia. Massera, Oscar
Montes, Eduardo Invierno, Horacio P. Estrada, Carlos Carpintero y Carlos Corti
actuaron en el bombardeo a la Ciudad Abierta de Buenos Aires el 16 de junio de
1955. Dos décadas más tarde fueron comandante en jefe de la Armada, ministro de
Relaciones Exteriores, jefe de inteligencia naval, director de la ESMA y, los
dos últimos, responsables de propaganda durante la última dictadura. Ramón Camps
leyó la proclama contra Illia en 1966, diez años antes de asumir el feudo
policial de la provincia de Buenos Aires. Leopoldo Galtieri fue uno de los
mayores que empuñaron las armas en 1962 en contra del presidente provisional
José María Guido. Benito Bignone redactó la proclama golpista de 1976, seis años
antes de convertirse en el último dictador. A lo largo de un siglo esa cultura
corporativa se transmitió de generación en generación uniformada.
También es cierto que nunca un golpe fue sólo militar, que todos tuvieron un
fuerte componente civil y raíces en sectores significativos de la sociedad (ya
sea la Iglesia, la burguesía, la clase media o los sindicatos vandoristas) y
alguna forma de inserción internacional, ya sea por negocios o estrategia. De
ahí la enorme importancia de los veintidós años seguidos sin el uso de las armas
para dirimir el poder. En 1987, la crisis se desató cuando los jueces comenzaron
a citar a oficiales en actividad. Los carapintada de Aldo Rico eran entonces
tenientes coroneles al frente de regimientos. Hoy todos los oficiales con mando
de tropa (de teniente coronel para abajo, y equivalentes en la Armada) egresaron
de las escuelas de formación después de la finalización de la dictadura. Apenas
los 35 generales y el tramo superior de los coroneles actuales (de 150 a 250)
estuvieron en actividad, aunque con rangos bajos, entre 1976 y 1983. El oficial
más antiguo del Ejército, Roberto Bendini, era teniente al producirse el golpe.
Por un lado eso ha cortado la transmisión intergeneracional de aquella cultura
golpista desdeñosa de la institucionalidad y de los derechos humanos. Por otro,
delimita el reducido universo de quienes podrían ser citados a declarar ante la
justicia, casi todos como testigos y unos pocos como imputados.
Tampoco es de prever una avalancha de nuevas causas y detenciones. Desde que el
juez Gabriel Cavallo anuló las leyes y la Cámara Federal lo confirmó, las
grandes causas de esta jurisdicción ya se reabrieron. Lo imposible hasta esta
semana era elevarlas a la etapa de juicio y sentencia, pero la investigación no
se detuvo. En total hay 45 causas abiertas en todo el país y 154 detenidos,
sobre 271 militares y policías que fueron denunciados. Sólo cinco estaban en
actividad al momento de su detención. Contra el resto no había pruebas o
murieron. Este número incluye a un alto porcentaje de quienes fueron los jefes
máximos de la represión (por ejemplo Videla, Suárez Mason, Bignone, Díaz
Bessone, Harguindeguy, Menéndez, Montes, Riveros, Nicolaides, Suárez Nelson,
Villareal, Vañek, Etchecolatz, Guañabens, que rondan los 80 años). La mayoría
del medio centenar que murió y de la media docena de incapaces también estaban
entre los más altos jefes de entonces (como Galtieri, Massera, Viola o
Lambruschini). Una estimación razonable es que puedan ser indagados unos 400 más
y es baja la probabilidad de que aparezcan pruebas que no se hayan conocido
antes y que involucren a otros no identificados hasta ahora.
Contar la verdad:
Algunos cambios interesantes se observan en la actitud de quienes deben
responder ante la justicia. El ex capitán de la ESMA Antonio Pernías reveló una
negociación del ex presidente Raúl Alfonsín con la Armada, para que en 1987 sólo
fueran detenidos “aquellos que hubiesen sido reconocidos por el enemigo”. El
general Santiago Riveros ofreció a la justicia detalles sobre las órdenes que
recibió e impartió durante la guerra sucia y acerca del funcionamiento de cinco
niveles distintos de campos clandestinos de concentración, que dependían de las
jefaturas de área, de brigada, de división, de Cuerpo y de Ejército. Su
defensor, Florencio Varela, quien también asiste a otra docena de generales
detenidos, les aconsejó que modifiquen la táctica de la negación y el silencio
seguida hasta ahora y cuenten la verdad. Varela sostiene que como unos viejos
reglamentos aprobados por el Ejército entre 1968 y 1976 ordenaban aniquilar al
enemigo, sus generales actuaron dentro de la legalidad. Casi todos esos
reglamentos, inspirados en uno del Ejército de los Estados Unidos, forman parte
de la causa en la que hace veinte años fueron condenados Videla, Massera & Cía.
Pero también hay uno más antiguo, firmado por Lanusse, que en un anexo a máquina
sobre los medios ocultos de acción psicológica contempla la “compulsión física,
torturas, 3er grado”; “terrorismo, desmanes, sabotaje”; y la “compulsión
síquica” que incluye desde chantajes hasta secuestros y pornografía (sic).
Según Varela, es absurdo que el mismo Estado que instruyó a sus militares con
esos reglamentos y órdenes, ahora los castigue por aplicarlos. Esto conduce “a
la no aceptación de la responsabilidad global por lo actuado en la guerra contra
el terrorismo, personificada en el Estado.” Varela complementa esta reflexión
sobre el Terrorismo de Estado con una crítica al documento final de la última
Junta Militar en el que se afirmó que los desaparecidos estaban exiliados o en
la clandestinidad y usaban documentos falsos que impedía identificarlos cuando
morían. “¿Cuántos pueden ser? Cien, doscientos, mil. ¿Y el resto?” A juicio de
Varela, compete a quienes ocuparon las más altas jerarquías revelar que “se
ejecutaron aproximadamente a siete mil terroristas, en base a la prueba
proveniente del aparato de inteligencia, que cuando hubo dudas se los puso a
disposición del Poder Ejecutivo, y que esto fue decidido en los Estados mayores
de las Fuerzas y quien coordinó esta información fue el Ministro del Interior”.
Reconoce que “la verdad histórica nos trasciende; de lo contrario va a quedar
marcado que en los años ‘70 hubo un grupo de forajidos que se dedicaron a matar
a jóvenes idealistas inocentes cuando lo cierto es que acá se mataron o
ejecutaron a siete mil terroristas”. Este giro no es aceptado por otros
letrados, que acusaron a Varela de interferir con sus defensas e insisten en
seguir negando. “Es un error, porque los hechos realmente existieron, los
desaparecidos son una realidad, tienen una identidad, no es que estén en el
aire.”
Es dudoso que los jueces vayan a coincidir con Varela. Ya en 1985, la Cámara
Federal se refirió a “la agresión terrorista” y “a la percepción militar del
fenómeno como guerra revolucionaria”, pero descartó como “una pretensión
extravagante” que eso pudiera excusar crímenes como la tortura de prisioneros y
su desaparición forzosa. “La obediencia es importantísima, pero no más que la
juridicidad”, dijo la sentencia. En el fallo de esta semana la Corte Suprema
sostiene que ninguna disposición del derecho interno puede oponerse al
enjuiciamiento de aquellos que la comunidad internacional considera crímenes
contra la humanidad. También en Alemania hubo reglamentos y órdenes
perfectamente legales, que no sirvieron para exculpar a quienes los aplicaron.
Así lo declaró hace cuatro décadas la Asamblea de las Naciones Unidas al
establecer los Principios de Nuremberg y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos
en 2001. El fallo de la Corte Suprema se refiere al último caso, el de los
guardias que dispararon sobre los berlineses que querían cruzar el muro. Uno
dijo en su defensa que “era parte de un sistema militar sujeto a una absoluta
disciplina y obediencia jerárquica y que había sido objeto de un previo e
intenso adoctrinamiento político”. El Tribunal Europeo invocó para rechazar ese
argumento el que violaran “principios básicos de derechos humanos
internacionalmente reconocidos”. Después de las leyes y decretos de impunidad,
Emilio Mignone concibió los juicios por la verdad como rodeo para reiniciar el
camino hacia la justicia. Los cambios de posición de Pernías y Varela indican
que la inconstitucionalidad de esas normas permitirá recorrer ahora el camino
inverso, desde la justicia hacia la verdad.
Fuente:
Página/12, 19/06/06
Bombas sobre
Plaza de Mayo
Por
Roberto Bardini
En la
mañana del 16 de junio de 1955, efectivos de la marina de guerra y "comandos
civiles" intentan sin éxito copar la Casa Rosada y tomar prisionero al
presidente Juan Perón. El mandatario busca refugio en el edificio del ministerio
de Guerra y se dispone a sofocar la rebelión. A mediodía, aviones Gloster Meteor
de la Armada bombardean y ametrallan la sede del gobierno y la Plaza de Mayo.
Una de las primeras bombas estalla en el techo de la Casa Rosada. Otra, le pega
a un trolebús lleno de pasajeros y mueren todos. Los aviadores subversivos
lanzan nueve toneladas y media de explosivos.
Hay 350 muertos y 2 mil heridos. Setenta y nueve personas quedan lisiadas en
forma permanente. Los agresores huyen hacia Uruguay, donde solicitan asilo
político.
Al día siguiente, el diario Clarín –que no se caracteriza por sus simpatías
peronistas– escribe: "Las palabras no alcanzan a traducir en su exacta medida el
dolor y la indignación que ha provocado en el ánimo del pueblo la criminal
agresión perpetrada por los aviadores sediciosos que ayer bombardearon y
ametrallaron la ciudad".
Fue la segunda vez en toda la historia argentina que la ciudad de Buenos Aires
era bombardeada. La primera ocurrió a principios del siglo diecinueve, durante
las invasiones inglesas de 1806 y 1807. En esta ocasión, a mediados del siglo
veinte, no existía un estado de guerra, quienes atacaron por sorpresa vestían
uniformes militares argentinos y las víctimas fueron civiles desarmados, también
argentinos.
El ataque a traición de los aviadores navales subversivos produce un terrible
impacto emotivo en la población. Durante meses no se habla de otra cosa en los
hogares de todo el país. En "Dossier Secreto - El Mito de la Guerra Sucia", el
periodista norteamericano Martin Andersen cita el informe de un analista de la
embajada de Estados Unidos en Buenos Aires, quien describe este estupor
generalizado en un mensaje enviado a Washington a las tres semanas del
sangriento acontecimiento:
"Este tipo de hecho es enteramente ajeno a la historia de la Argentina moderna
(...). El bombardeo del 16 de junio de 1955 explotó con una fuerza cataclísmica,
por tanto, sobre una población civil condicionada por un siglo de paz y que
tenía la confirmada creencia de que semejantes cosas no ocurrían en la
Argentina. Se detecta en la gente no sólo el sentimiento de escándalo, sino de
vergüenza de que semejante matanza de civiles inocentes pudiera haber ocurrido
en el corazón de Buenos Aires".
Perón no quería enfrentamiento entre las fuerzas armadas y, mucho menos, entre
militares y trabajadores. Aquel 16 de junio de 1955, después del primer
bombardeo a la Casa de Gobierno, el general le ordenó a un mayor del ejército
que fuera a hablar con el secretario general de la CGT:
– Ni un solo obrero debe ir a la Plaza de Mayo –le dijo al oficial. Y
refiriéndose a los aviadores navales, agregó: –Estos asesinos no vacilarán en
tirar contra ellos. Ésta es una cosa de soldados. Yo no quiero sobrevivir sobre
una montaña de cadáveres de trabajadores.
El relato de este hecho tiene una dimensión mayor porque su autor es Pedro
Santos Martínez, un historiador insospechado de simpatías peronistas (citado en
"1"6-1955 - La Nueva Argentina", La Bastilla, Buenos Aires, 1988).
Los obreros salieron a la calle igual, al grito de "¡Perón, Perón!" Muchos
fueron masacrados desde el aire o al quedar atrapados entre dos fuegos. Sus
cadáveres permanecieron dispersos en la Plaza de Mayo, mientras tropas leales y
rebeldes se tiroteaban en el triángulo formado por la Secretaría de Marina, la
de Ejército y la Casa Rosada.
Martínez describe otro episodio que da una idea de las convicciones morales de
los golpistas. Por la tarde, los subversivos atrincherados en la Secretaría de
Marina desplegaron una bandera blanca que, de acuerdo a las reglas militares,
sólo podía significar dos cosas: diálogo o rendición. El general peronista Juan
José Valle y otros oficiales leales se dirigieron al lugar para parlamentar, con
instrucciones de ser tolerantes con los rebeldes. Cuando la comisión se acercó
al edificio, la bandera blanca fue arriada y una ametralladora los recibió con
ráfagas de plomo.
Perón narra en su libro "Del Poder al Exilio", citado por Martínez, que cuando
una multitud enardecida se concentró con garrotes frente a la Secretaría de
Marina, el almirante golpista que estaba al mando envió un "dramático" mensaje
al jefe del ejército: "Intervenga. Mande hombres. Nos rendimos, pero evite que
la muchedumbre armada y enfurecida penetre en el edificio".
Ese mismo día, después de recuperar el edificio, el general Valle le dijo a
Perón:
– Mi general, este ejército no le va a servir para la revolución popular. Arme a
la CGT.
El militar ignoraba que con esas palabras firmaba su propia sentencia de muerte.
El ejército nunca le perdonaría su lealtad a Perón.
En la noche, como reacción popular a los bombardeos, fueron saqueadas e
incendiadas la Catedral Metropolitana y las iglesias de Santo Domingo, San
Francisco, San Ignacio, San Miguel, La Merced, del Socorro, San Nicolás de Bari,
San Juan Bautista, la capilla San Roque y templos de Olivos y Vicente López.
Poco después, trascendió que el Papa Pío XII ha excomulgado al general Perón.
(Nota al pasar: curiosamente, Pío XII siempre se negó a tomar idéntica medida
con Benito Mussolini y Adolfo Hitler. Según algunos historiadores, el Papa le
debía a Mussolini el reconocimiento del Vaticano como un Estado soberano de dos
kilómetros cuadrados de superficie, con inmunidad diplomática y exención de
impuestos. Investigaciones periodísticas de postguerra evidenciaron, asimismo,
que el Vaticano organizó –a cambio de ciertas compensaciones económicas– una muy
eficaz red de escape de los nazis hacia Estados Unidos y América del Sur).
Durante años, los antiperonistas repetirán que los incendiarios de los templos
contaban con la complicidad de policías y bomberos. Y los historiadores
oficiales pondrán más énfasis en la quema de las iglesias que en la masacre de
civiles perpetrada horas antes por la aviación naval. Años después, muchos
jóvenes repetirán lo que escucharon de chicos en sus casas. Desconocerán que
antes los antiperonistas habían matado, herido o mutilado a más de 2 mil
personas.
El 6 de julio de 1955, Buenos Aires amanece con nieve por primera vez en muchos
años. Algunos agoreros se empeñan en interpretar la novedad como una señal de
que vendrán tiempos difíciles. Los acontecimientos posteriores confirmarán las
sombrías predicciones.
Luego del bombardeo de la aviación naval a la Plaza de Mayo, Perón no sólo no
toma revancha –contrariando el sentimiento de sus propios seguidores– sino que
busca la pacificación interna. En julio, levanta el estado de sitio, deja en
libertad a varios detenidos políticos y elimina algunas restricciones políticas.
El 31 permite utilizar la radio, el principal medio de comunicación de la época,
a dirigentes opositores.
Perón ofrece renunciar a la jefatura del movimiento peronista y mantener sólo el
cargo de presidente de la nación. En búsqueda de la reconciliación, el general
cambia a integrantes de su gabinete, sustituye al jefe de policía y se desprende
de Raúl Apold, su jefe de propaganda. Al mismo tiempo, designa a Cooke como
interventor del partido en la Capital Federal.
Sin embargo, la situación ha llegado a un punto sin retorno. Conservadores,
radicales, comunistas y socialistas exigen la renuncia del presidente. El
Ejército, la Marina y la Aeronáutica conspiran abiertamente y los "comandos
civiles" se organizan.
El 31 de agosto, Perón ofrece su dimisión. Una concentración en Plaza de Mayo,
organizada por la CGT, lo obliga a retirarla. En ese mismo acto, el general
cambia su tono de voz y rectifica el rumbo: "Por cada uno de
los nuestros que caiga, caerán cinco de ellos", promete a la muchedumbre.
(Dos décadas más tarde, miles de muchachos peronistas corearán: "¡Cinco por uno
/ no va a quedar ninguno!").
En su libro "1"5", el historiador Félix Luna sostiene: "La oratoria de Perón
era fresca, original, feliz en sus ocurrencias y hasta en sus ocasionales
chabacanerías. Expresaban una personalidad arrolladora, sanamente agresiva,
nutrida de una sabiduría suburbana que su auditorio comprendía inmediatamente.
Los discursos de 1955, en cambio, fueron ululantes convocatorias al odio".
El bombardeo a Plaza de Mayo
Los secretos del día más sangriento del siglo XX
Hoy se cumplen 50 años del jueves plomizo y frío en que 34 aviones, en su
mayor parte de la Marina, bombardearon Plaza de Mayo para matar a Perón
pero, también, a quienes estuvieran allí entre las 12.40 y las 17.50. Se
estima que hubo 364 muertos y más de 800 heridos. Clarín revela documentos
secretos sobre los hechos, los personajes —entre los cuales se destaca
Massera— y las consecuencias del juicio militar a los responsables de esa
tragedia. Y testimonios de los protagonistas.
Por
María Seoane
Fue el día más sangriento de la historia
argentina contemporánea: el destello mortal de una crisis política y
económica que estallaba descarnadamente, pero que se incubaba desde lejos,
por lo menos en sus aristas más trágicas desde abril de 1955. Perón había
decidido, a pesar de la crisis económica, mantener a raja tabla el
porcentaje más alto de distribución del ingreso en toda la historia
latinoamericana: hacia mediados de 1955, la participación de los
trabajadores en el PBI era cercana al 53 por ciento. Pero en el Estado
circulaba una pertinaz corrupción, un poder cada vez mayor de la CGT que
presionaba sobre los empresarios y el Estado, una persecusión fiera a la
oposición. En el frente militar, Perón lograba hacia abril de 1955 mantener
la hegemonía, no sin fracturas en Ejército y Aeronáutica pero el 90 por
ciento de la Marina era católica y antiperonista.
La preparación del golpe cívico-militar se puso en marcha ese abril por el
creciente enfrentamiento de Perón con la Iglesia. Las razones de fondo eran
económicas, pero las de superficie fueron políticas: Perón era un tirano y
no era posible derrocarlo en las urnas. El 14 de abril se suspendió en todas
las escuelas la enseñanza obligatoria de religión y moral. El 20 de mayo se
suprimió por ley la exención de impuestos a los templos y organizaciones
religiosas y se llamó a una Constituyente para separar a la Iglesia del
Estado. Los católicos de todo el país se pusieron en pie de guerra. Y los
militares y civiles opositores, también.
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Teniente Cero |
Del expediente 26.237/55, causa "Aníbal Olivieri y otros sobre rebelión
militar" archivada en el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas a la que
Clarín tuvo acceso— 33 cuerpos y unas 6000 fojas— se desprende la siguiente
historia. La conspiración que terminará con los bombardeos en Plaza de Mayo
comenzó a principios de 1955, pero recrudeció en abril de ese año. El
capitán de Aeronáutica Julio César Cáceres en su testimonio (fojas 842)
admitirá que el capitán de Fragata Francisco Manrique era el encargado de
reclutar para la rebelión entre los marinos. Que se reunían en una quinta en
Bella Vista, propiedad de un tal Laramuglia, no sólo Manrique, sino también
Antonio Rivolta del Estado Mayor General Naval; el contraalmirante Samuel
Toranzo Calderón, jefe del Estado Mayor de la Infantería de Marina y los
jefes de la aviación naval en la base de Punta Indio, los capitanes de
fragata Néstor Noriega y Jorge Bassi, así como el jefe del Batallón de
Infantería de Marina B4 de Dársena Norte, capitán de navío Juan Carlos
Argerich. El jefe de los marinos sería Toranzo Calderón. Los civiles, por su
parte, sabían que sin contacto con el Ejército cualquier sublevación
fracasaría. Uno de los líderes del nacionalismo católico, Luis María de
Pablo Pardo, un hombre pequeño y miope, según las crónicas del momento, fue
el enlace de Calderón con el comandante del III Cuerpo con sede en Paraná,
el general León Bengoa, que está "con el movimiento". Pardo también hace de
enlace con los capitanes de la Base de Morón de la Fuerza Aérea y el
comandante de Aviación Agustín de la Vega.
Según la causa, al tanto de la rebelión estaban el ministro de Marina,
contraalmirante Aníbal Olivieri, el vicealmirante Benjamín Gargiulo, y los
tenientes primero de navío Emilio Eduardo Massera, secretario de Olivieri, y
sus ayudantes Horacio Mayorga y Oscar Antonio Montes, entre otros. También,
los generales Pedro Eugenio Aramburu y Bengoa. Desde los civiles, con Pardo
conspiraban en un mismo bando radicales como Miguel Angel Zabala Ortiz,
conservadores que respondían a Adolfo Vicchi, y socialistas de Américo
Ghioldi, entre otros. ¿Cuál era el plan de la sublevación si lograban matar
a Perón y alzarse con el poder? Según el testimonio del aviador Cáceres: "Se
planeaba armar una junta de gobierno en manos militares, con ministros
civiles como Vicchi y Ghioldi y Zabala Ortiz. Y que luego de consolidado el
país se llamaría a elecciones". Un plan que se repetiría en cada golpe
militar del siglo.
Mientras esto ocurría en las sombras, en esa semana de abril de 1955, el
gobierno propuso pasar el día de la Bandera al 18 de octubre. Fue, para los
nacionalistas, un nuevo agravio. El momento de acelerar el golpe ocurrió
luego de la manifestación de Corpus Christi que puso en la calle a unos 200
mil católicos opositores al gobierno. La manifestación fue prohibida por el
ministro del Interior Angel Borlenghi. Esto enfureció más a los católicos.
El gobierno detectó la conspiración esa semana. Creyó ver en dos religiosos
como monseñor Manuel Tato y Ramón Novoa los vínculos entre militares y
civiles golpistas, que a esas alturas eran muy numerosos. Borlenghi decidió
su arresto y expulsión a Roma. Los líderes de la rebelión supieron que el 16
serían detenidos igualmente. Deciden, entonces, que bajo el pretexto de un
"desagravio a la bandera" una flota de aviones sobrevuele la Catedral
metropolitana. Era la señal para el ataque contra Plaza de Mayo. Toranzo da
la orden sin saber que llegaba una comunicación de Roma: Perón había sido
excomulgado por el Vaticano.
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MARCHA DE LA
LIBERTAD |
Las crónicas abundan en detalles de aquel
ataque sangriento que comienza con la descarga de dos bombas por parte de
Noriega a las 12.40 y se sucede en tres oleadas hasta las 17.45. Muchos
aviones llevaban inscripta esta sigla: "Cristo Vence". Perón era, a esa
altura, el anticristo. Pero el movimiento fracasó: Perón logró fugar a los
subsuelos del edificio sede del Ejército, hoy Libertador, reunido con los
ministros de Guerra, Flanklin Lucero, el almirante fiel Ramón Brunet, el
jefe de la Aeronáutica, brigadier Juan Ignacio San Martín y el general
Arnaudo Sosa Molina y Juan José Valle, que negociaron la rendición de los
marinos atrincherados en el Ministerio de Marina, luego de numerosos
tiroteos, de la avalancha de camiones de la CGT con obreros armados con
palos y cuchillos, de la columna de motorizados que acompañó el asalto final
al edificio de la Marina. Unos 90 aviadores— entre los cuales estaba el
teniente de navío Carlos Alberto Massera, hermano de Eduardo Emilio— y
Zabala Ortiz parten a Uruguay, donde son asilados por el gobierno de Luis
Batlle. El ministro de Marina Olivieri, Toranzo Calderón y Gargiulo se
habían entregado a los generales Sosa Molina y a Valle. Sosa Molina, en
fojas 417 a 436, cuenta la rendición de los sublevados al tribunal:
"—Sosa Molina (a Olivieri): Traigo un mensaje del señor Presidente. No desea
más derramamiento de sangre. La causa, está perdida. Todo el país permanece
leal al Presidente.
—Toranzo Calderón: No es verdad. Esto es solamente el comienzo. En el resto
del país hay fuerzas comprometidas, como Bengoa."
Sosa Molina pidió que suspendieran los bombardeos. Toranzo dijo que eso no
dependía de él. Pero se reunieron con Olivieri y Gargiulo para ver las
condiciones de la rendición. Exigieron la renuncia de Borlenghi y que la
"turba", como definieron, se fuera a su casa. Perón cumplirá con el pedido.
Pero esa misma noche —mientras se saqueaban e incendiaban iglesias (ver La
quema...)— Perón hizo un discurso pacificador, pero firmó el decreto 9407:
el Consejo Supremo de las Fuezas Armadas, presidido por el general de
división Juan Eriberto Molinuevo debía juzgar y procesar a 150 militares.
A las 23 del 16 de junio se reunió el Consejo Supremo. El tribunal comenzó a
sesionar el 17. Olivieri nombró al vicealmirante Isaac Rojas como defensor.
Toranzo Calderón, al contraalmirante Teodoro Hartung. Ese mismo día fueron
indagados Eduardo Massera, Mayorga y Montes (fojas 142 a 174). Al día
siguiente, Toranzo Calderón y Olivieri. Entre los testimonios más
significativos se encuentran también los de los leales Brunet, Sosa Molina y
Valle. El testimonio de Massera, un oficial de 29 años, revela quizá mejor
que ninguno la mendacidad de los conjurados. Massera se transformó en la
pieza clave de enlace con la ESMA, para el asalto de la infantería de marina
de Dársena Norte a cargo de Argerich sobre la Casa de Gobierno. El tribunal
no le creerá una palabra. (Ver Teniente Cero).
El testimonio de Toranzo Calderón fue del mismo tono (fojas 339 a 357).
Admitió sin embargo su responsabilidad parcialmente. "Pensé que estaba
defendiendo la libertad de mi patria donde había muchos comprometidos",
dijo. Pero se negó a dar nombres. Y culpó del bombardeo a Plaza de Mayo a
Gargiulo. Pero Gargiulo ya estaba muerto, como le informó Rojas a Calderón
en medio del interrogatorio, para que culpara a un muerto. El jefe del EMGM
se había suicidado esa madrugada en su oficina del edificio Libertador,
donde permanecía detenido e incomunicado como los otros jefes de la
rebelión. La declaración de Olivieri es, tal vez, la más profunda y
comprometida porque expresa la mentalidad de la rebelión. Explicó por qué
había dejado de ser peronista: "Me hice peronista cuando creí ver que ese
movimiento se construía sobre las bases de Dios, Patria y Hogar pero se
desvirtuó". Luego dijo: "Mi lealtad al presidente fue superada por un estado
de ánimo de lealtad a mi patria, a mi bandera, a mi Dios". En agosto fueron
condenados a destitución e inhabilitación y prisión los cabecillas de la
rebelión. Ningún civil fue condenado. El golpe contra Perón en setiembre de
1955 modificó esos destinos. Rojas, desde la Flota de Mar amenazó con
bombardear el puerto de Buenos Aires si Perón no renunciaba. La Revolución
Libertadora dio a Hartung el cargo de Ministro de Marina hasta 1958.
Aramburu fue el Presidente desde noviembre de 1955. Toranzo Calderón,
embajador en España; Olivieri, ante la ONU. Vicchi, embajador en EE.UU..
Montes fue Canciller de Videla. Massera, su jefe y numen de la dictadura de
1976.
El bombardeo a Plaza de Mayo, ahora lo sabemos, inauguró las décadas más
violentas de la historia argentina.
Fuente: Clarin. 16/06/06
Los colimbas que fueron a la Plaza
a luchar por Perón
Por Claudio Savoia
"Lo primero que vi fue a un tipo al que le
habían volado los genitales y pedía que lo mataran". "Una cupé Ford en
llamas, dos troles incendiados y un tiroteo infernal en la Plaza Colón."
"Sobre la calle Huergo, una ametralladora antiaérea tirándole con todo a los
aviones, y uno al que le dieron y cayó en el río." "Veinte camiones de
cerveza Quilmes, de los que bajaban hombres enardecidos que gritaban "la
vida por Perón". Las imágenes, intactas, vuelven a agitar las pupilas de sus
dueños, un puñado de abuelos simpáticos que hace cincuenta años hacían la
colimba en el Regimiento Motorizado de Buenos Aires, un cuerpo militar que
dependía del presidente Perón y que fue el primero en llegar a la Plaza de
Mayo para defender a su gobierno.
Raúl Moreno, Domingo Mastroianni, Luis Conzani, Juan Marciafava, Jacinto
Berardi, José Riva y Alfredo Vila todavía se siguen viendo, espoleados por
quien entonces era su jefe y hoy su amigo, el ex sargento Alberto Rábanos.
Entre ellos hay mecánicos, comerciantes, directores de televisión,
buscavidas y prósperos empresarios; hay peronistas irredentos y
conservadores de paladar negro que podrían recitar el gabinete de Agustín
Justo con la fluidez con que un cura reza el rosario. Aquel lluvioso y
helado 16 de junio los soldados tenían 20 años, el sargento 26. Y todos
recuerdan la misma secuencia: la cola para ir a almorzar, las campanadas que
empezaron a doblar frenéticas, la orden de ponerse el uniforme de combate,
los camiones que arrancaron sin que nadie supiera hacia dónde o para qué.
"Llegamos a la Aduana a eso de las 13:10, y estaban cayendo las primeras
bombas. En un rato vi cualquier cantidad de muertos", revive Rábanos. "A eso
de las cuatro en el ministerio de Marina sacaron una bandera blanca, pero
cuando vieron que había obreros con palos empezaron a tirar de vuelta:
tenían pánico de ser linchados. Después se volvieron a rendir. Y a eso de
las siete escuchamos un tiro: se había suicidado el contralmirante Benjamín
Gargiulo. Yo lo vi, tirado en su despacho con el revólver en la mano derecha
y un rosario con la foto de sus hijos en la izquierda."
Raúl Moreno recuerda el silbar de los tiros: "¡Nos salvaron los palos
borrachos de la plazoleta!" Los disparos también llegaban desde el
ministerio de Asuntos Técnicos, que funcionaba en el edificio de 25 de Mayo
y Rivadavia en el que hoy está la SIDE. José "Gugui" Riva no lo olvidará:
"Cuando estaba por entrar a la Casa Rosada me cerraron la puerta. Bajo los
tiros corrí por Balcarce, me metí en un zaguán que estaba lleno de gente y
con la bayoneta rompí todas las luces para que los pilotos de los aviones no
nos vieran, mirá que estupidez. ¡Y la gente me aplaudía!"
Al caer la tarde la revuelta había fracasado. "Entramos a Marina pateando
puertas y tirando ráfagas de ametralladora", recuerda Alfredo Vila. Junto a
sus compañeros esa noche vio vibrar como espectros las llamas que
incendiaban la Curia y mordisqueó los sandwiches que les llevaban los
vecinos peronistas. Gugui Riva menea la cabeza: "Nuestros recuerdos deberían
servir para que jamás vuelva a derramarse sangre argentina a manos de otros
argentinos. Si no, no tienen sentido". Tienen, Alfredo. Tienen.
Fuente: Clarín, 16/06/56
La noche que quemaron las iglesias
Por Patricio Downes
"Yo pensaba que si mataba a Perón, igual me iba al cielo", confesó Florencio
Arnaudo a medio siglo de la pelea entre la Iglesia y el presidente Juan
Domingo Perón, que desembocó en la quema de templos católicos el 16 de junio
de 1955.
Arnaudo, militante de la Acción Católica Argentina (ACA), integró los grupos
organizados por el catolicismo para defender sus templos de cualquier
ataque. Pero también —él mismo lo confiesa en sus libros "Operación Rosa
Negra" y "El año que quemaron las iglesias"— fue un activo antiperonista,
que trabajó en la confección y reparto de panfletos contra el gobierno de
Perón y también se anotó en grupos civiles que debían actuar como apoyo al
golpe militar, que finalmente derrocó al líder justicialista.
"Según la teoría del magnicidio, de Santo Tomás de Aquino, estábamos
dispuestos al tiranicidio y liquidar a Perón", admitió.
Lejos cronológicamente de aquel odio, pero con el mismo sabor amargo en la
boca, este ingeniero de 82 años recordó que "un domingo 12 de junio, como
también cayó este año, todos los que defendimos la Catedral de un primer
ataque caímos presos en Devoto". "Hoy, aunque me siento opositor a este
gobierno (de Néstor Kirchner), pienso que hay que sacar fuera del juego
político a la recordación de la quema de los templos; puede haber gente que
tenga interés que se la recuerde en el marco de las diferencias entre el
actual presidente y la Iglesia".
La noche del 16 de junio de 1955, después de
los bombardeos a Plaza de Mayo y la residencia presidencial, ardieron la
Curia Eclesiástica —situada al lado de la Catedral— y las iglesias de San
Francisco, Santo Domingo, San Ignacio, La Piedad, La Merced, San Miguel, San
Juan, San Nicolás de Bari, el Socorro y Nuestra Señora de las Victorias.
Ese día, sin embargo, Arnaudo ni los demás hombres de la Acción Católica que
integraban los grupos de defensa, actuaron en la protección de los templos.
"A las seis de la tarde del jueves 16 de junio llamé por teléfono a nuestro
comandante y me dijo: Queman la Curia, pero nadie sale, todo el mundo a su
casa".
En noviembre de 1954, Perón había atacado a los "curas contreras" y acusó a
los católicos de infiltrarse en los sindicatos. La tensión fue creciendo y
se negó permiso para la procesión del Corpus Christi, pero la Iglesia
decidió hacerla igual con la participación de unas 150 mil personas.
El conflicto creció cuando la Policía Federal dijo que había sido quemada
una bandera argentina durante la procesión de Corpus. Al día siguiente,
Arnaudo, el médico Agustín Vargas, el actor y ex cura Augusto Rodríguez
Larreta y otros jóvenes voluntarios católicos defendieron la Catedral luego
de ser atacados a pedradas y palazos por manifestantes peronistas. Dentro
del templo, donde también estaban Tomás Casares, miembro de la Corte
Suprema, y el obispo Manuel Tato, trabaron las puertas con los bancos. A la
noche llegó el juez Carlos Gentile con la policía y se llevó 356 detenidos a
la cárcel de Devoto.
Los presos fueron liberados en el transcurso de la semana, mientras se
sucedían los actos y declaraciones de desagravio a la quema de la bandera,
en medio de una creciente tensión que desembocó en la expulsión de los
obispos Tato y Ramón Novoa, obligados a viajar a Roma.
El jueves 16, los defensores de la Catedral fueron liberados, sin saber que
se avecinaba un bombardeo sangriento a civiles indefensos. Pocos dudaron de
la complicidad católica; meses después los aviones golpistas volaron con la
insignia "Cristo Vence".
Fuente: Clarin, 02/09/01
Memorias
y olvidos para el 16 de junio de 1955
Que el bombardeo se cuente sin sordina
Juan Besse*
La masacre perpetrada en Buenos Aires el 16 de junio de 1955 –cuando aviones de
la Marina de Guerra y de la Aeronáutica bombardearon el centro cívico de la
ciudad– ha sido silenciada a lo largo de los años, pero ¿de qué silencio se
trata?
El bombardeo, como pocos acontecimientos políticos, ha sido y es materia de una
memoria social más extendida de lo que se cree y forma parte de lo que Hugo
Vezzetti (Pasado y presente. Guerra, dictadura y sociedad en la Argentina, Siglo
XXI, 2003) denomina memorias militantes. En particular, las construidas en el
campo peronista y filoperonista. En tal sentido, para amplias capas de
población, las bombas del 16 de junio han pasado a ser un trauma; entendido,
"más que como algo irrepresentable y fuera del tiempo", como experiencia anclada
en la historia (Andreas Huyssen: "W. G. Sebald: la memoria alemana y la guerra
aérea" en Punto de vista, Nº 79).
Esta noción de lo traumático introduce los correctivos de Freud a la
deshistorización del trauma impulsada por algunos de sus epígonos. Al analizar
la obra de W. G. Sebald, Huyssen sugiere otra categoría que refuerza, en
simultáneo, el abordaje del trauma como un real que resiste la simbolización
pero que a la vez es condición de la narración histórica: el bombardeo
constituye así –para quienes carecemos de la experiencia misma– una experiencia
de "traumatización transgeneracional". Y si lo es, podemos pensar que algo de la
experiencia misma ha sido transmitido: no se puede olvidar aquello que no se
recibió (Yosef Hayim Yerushalmi, Usos del olvido, ed. Nueva Visión).
Hoy mi generación, la de los nietos de los perpetradores –o la de los hijos pero
en el tiempo de los nietos– se ha puesto a contar, en la doble acepción de
narrar los hechos y de contar los muertos, qué sucedió ese 16 de junio. Los
libros de Gonzalo Chaves (La masacre de Plaza de Mayo, ed. De la Campana, 2003)
y Daniel Cichero (Bombas sobre Buenos Aires. Gestación y desarrollo del
bombardeo aéreo sobre Plaza de Mayo, ed. Vergara, 2005) reconstruyen –sobre la
base de múltiples fuentes y con discrepancias propias de un estudio de memoria–
la nómina de muertos. Esos nombres, hasta hace poco indistintos, todavía están
en busca de una simbolización. Las listas son el comienzo del necesario camino
de desolvido que una sociedad debe transitar para constituirse en nuevos
términos.
Sin embargo, en contraste con la enormidad del crimen, las narrativas sobre el
16 de junio son escasas. Fueron producidas en el campo de la investigación
periodística escrita o cinematográfica mediante trabajos de cine documental,
también como prácticas complementarias de la militancia política –folletos,
escritos breves– o como textos literarios. Todas esas narraciones recortan,
desde el exterior, la figura de un objeto ausente: el de la investigación en el
campo específico de las ciencias sociales de los acontecimientos de ese día y de
sus proyecciones tanto en la coyuntura golpista como en la larga duración. El 16
de junio ha sido enunciado, mencionado, referido en muchos escritos, a veces,
brevemente descripto entre la marcha de Corpus Christi y la apertura hacia las
fuerzas políticas opositoras iniciada por Perón después del 16, como si se
tratara de una viñeta propia de las postrimerías del segundo gobierno peronista.
La señal de su agonía. En fin, como parte de la serie de sucesos que jalonan el
camino al golpe de septiembre. Así, la seriación imaginaria que lo toma como un
acto necesario ha impedido su adecuada inscripción simbólica.
Es más, en muchos de los relatos de la investigación académica, a modo de una
prefiguración arcaica del discurso de los dos demonios –que marcará un segmento
significativo de la discursividad de la recuperación democrática posterior al
83–, el bombardeo hace pareja explicativa con la quema de las iglesias llevada a
cabo la noche misma de esa jornada trágica. La represión "historiográfica" y "sociológica" de los hechos puede comenzar a ser explicada por los devenires
mismos del campo político y el campo intelectual que, más allá de sus propias
legitimidades, parcialidades y desencuentros, durante casi cincuenta años
coincidieron en una estrategia sin estratega: la invisibilidad de la magnitud de
los hechos y de las implicancias del acontecimiento. En el envés de esa
estrategia silente, la contingencia del 16 de junio fue deviniendo, nublada y
gris como esa tarde larvaria, en una condición necesaria para la reproducción de
dichos campos en los años venideros.
Ahora bien, con pocas excepciones, lo dicho hasta la fecha pone a descubierto,
más que un silencio, un decir con sordina. Una minimización de los hechos y sus
consecuencias que habla a las claras de una represión política de los recuerdos
acerca del acontecimiento, cuyas hebras es menester desanudar si se quiere
inscribir el bombardeo de Plaza de Mayo como algo más que un morboso recuerdo
traumatofílico. El 16 de junio, transmitido de generación en generación por la
vía de la memoria social, se abre al trabajo de rememoración colectiva.
*Docente en las universidades de Buenos Aires y de Lanús
Fuente:
Pagina 12, 23/06/05
El
bombardeo sobre Plaza de Mayo de junio de 1955: la antesala del terrorismo
de Estado en Argentina
Hace apenas 50 años hubo un Buenos Aires muy distinto del actual. La cabeza de
un hombre muerto que cuelga por la abertura sin vidrio de la puerta del trolebús
de la línea 305 y los cadáveres de dos mujeres tendidas en el empedrado,
conforman una de las fotos más terribles de aquel 16 de junio de 1955, cuando
oficiales de la Aviación Naval bombardearon Plaza de Mayo en un intento por
terminar con el gobierno del presidente constitucional Juan Domingo Perón que
había sido reelegido sólo tres años atrás con el 68% de los votos. Hasta hoy
nunca se conocieron cifras precisas sobre el número de masacrados por la
metralla y las bombas lanzadas desde los aparatos de la aviación naval. El
propio Perón, según algunos de los que vivieron aquella circunstancia trágica
para la Argentina y su gente, se negó a que se diera a conocer el balance de
muertos y heridos. El día había amanecido lluvioso; la temperatura no superaba
los 4 grados y la rutina de la ciudad era la normal. A las 12.40 se arrojaron 10
toneladas de bombas que provocaron más de 300 muertos entre mujeres,
trabajadores y niños. Muchos más de 50 fueron reconocidos en las morgues por sus
delantales blancos. Entre quienes allí cayeron había peronistas, antiperonistas,
católicos, creyentes de todo credo, ateos, todos argentinos asesinados en nombre
de Cristo, de la libertad y de la democracia.
Cuarenta minutos pasado el mediodía de aquel jueves encapotado y laborable, 20
aviones de la armada (14 cazabombarderos monomotores biplaza North American y 6
bombarderos bimotores Beechcraft, que llevaban más de dos horas y media en el
aire, sobrevolando el Río de la Plata, mientras esperaban un plafond más alto),
iniciaron el bombardeo y ametrallamiento por sorpresa de la Plaza de Mayo, con
epicentro en la Casa Rosada.
Estaba programado un acto de homenaje a San Martín y desagravio a la bandera en
la Catedral, e incluía un desfile aéreo, por lo que el ruido de las naves en
formación no alarmó a nadie hasta los estampidos de las dos primeras bombas
arrojadas por el entonces teniente de navío Néstor Noriega, jefe de la flotilla.
Esas bombas cayeron sobre la hilera de autos estacionados sobre Hipólito
Irigoyen, entre Balcarce y Paseo Colón, y mataron entre tres y cuatro personas;
las primeras de alrededor de 350 muertes, casi todas de civiles, en que resultó
la jornada: casi enseguida otra atravesó el techo de un trolebús repleto, en el
Bajo entre Irigoyen y Rivadavia, y aunque su carga incendiaria no deflagró
-solo, en apariencia, el detonante -el desplazamiento de aire de sus cien kilos
de peso alcanzó para matar a 58 de 60 personas a bordo, muchos de ellos chicos
de escuela.
Los estallidos sirvieron de señal para que dos compañías de Infantes de Marina,
unos 300 hombres, se desplegaron, partiendo del Ministerio del arma, en Cangallo
y Madero, y del Arsenal Naval de Puerto Nuevo, hasta alcanzar Plaza Colón, a
menos de 100 metros de la Casa Rosada, y desde allí la atacaron por dos flancos
con fuego de ametralladoras y fusiles. Desde la sede de gobierno sostuvieron y
contestaron el embate cuarenta granaderos y unos pocos empleados civiles.
Otros infantes aerotransportados habían copado el Aeropuerto Internacional de
Ezeiza para garantizar el reaprovisionamiento, y un grupo de comandos civiles y
marinos a cargo del teniente de navío Siro de Martín tomaron Radio Mitre, desde
donde comenzó a irradiarse una "proclama revolucionaria". El primer ataque aéreo
duró poco menos de una hora.
Cuando arreciaba, a las 13:12, el Secretario General Adjunto de la CGT, Hugo Di
Pietro, convocó a los trabajadores de capital y conurbano con un llamado
general: "Compañeros, el Golpe de Estado ha comenzado. Todos los trabajadores
deben reunirse en los alrededores de la CGT, donde recibirán instrucciones.
¡Demos la vida por Perón! "
Los trabajadores, efectivamente, comenzaron a llegar a la zona poco después, en
camiones fletados por los sindicatos y por la Fundación Eva Perón y en ómnibus
requisados por ellos mismos, congestionando los accesos al centro. Otros
resistentes espontáneos detuvieron ómnibus y troles para cruzarlos en la General
Paz y sus principales intersecciones, de modo de prevenir avances terrestres.
Los primeros trabajadores en llegar a la zona recibieron unas pocas armas de
puño, con las que se desparramaron por las recovas de Paseo Colón para hostigar
a los infantes de marina. Otros manifestantes se dedicaron a atender a los
heridos y otros, por fin, asaltaron una armería en Constitución y otra en
Tucumán y San Martín.
El plan de los sublevados incluía, como objetivo central y evidente, el
asesinato del presidente de la Nación, pero Perón no estaba en la Rosada; se
había trasladado al Ministerio de Guerra -Edificio Libertador, actual Comando en
Jefe del Ejército -alertado por el ministro, General Franklin Lucero de "ciertos
rumores" y montado allí un comando centralizado.
Entre quienes lo rodeaban estaba allí el General Justo Leon Bengoa, titular de
la III Brigada de Ejército con asiento en Paraná, de quien se supo después que
la asonada lo había encontrado desprevenido, lejos de su comando, con el que
pensaba unirse a la sublevación.
Por parecidas razones también estaba allí el Capitán Luciano Benjamín Menéndez,
hijo del golpista de 1951. En cambio, el ministro de Marina, contralmirante
Aníbal Olivieri, se había hecho internar en el Hospital Naval a la espera de los
acontecimientos, acompañado de dos de sus tres edecanes: Eduardo Emilio Massera
y Horacio Mayorga.
El tercero era Oscar Montes, inhallable ese día. Los tres alcanzaron el máximo
grado de su escalafón y fueron juzgados años después por crímenes contra la
humanidad.
Uno de los hermanos de Massera, Carlos, piloteaba un North American. Poco
después de la una de la tarde, una veintena de oficiales de la aeronaútica tomó
las instalaciones de la Séptima Brigada Aérea de Morón y las fuerzas legales se
quedaron sin base para operar.
La Fuerza Aérea había entrado en acción con sus cazas a reacción Gloster Meteor,
rivales imbatibles para los lentos aviones navales; habían alcanzado a derribar
dos aparatos en el aire y averiado otros dos o tres en tierra, al ametrallar
Ezeiza mientras se reabastecían; ahora, media docena de cazas Gloster y Fiat
quedaron en manos de los atacantes.
Aquel, y no Malvinas, fue el bautismo de fuego del arma. Los aparatos de la
aeronaútica efectuaron varias pasadas ametrallando la Avenida de Mayo, desde
Congreso hasta el puerto y a la inversa.
A las 14, la Guarnición Motorizada Buenos Aires llegó en auxilio de las tropas
de la Casa de Gobierno y con el auxilio de algunos blindados empujó a los
infantes de Marina hasta sitiarlos en el edificio del que habían partido.
Olivieri había tomado por fin su decisión y estaba allí dentro, con sus
ayudantes. A pesar de las indicaciones de Perón a la CGT tratando de
circunscribir la lucha a los militares, los militantes peronistas caminaban en
masa detrás de las tanquetas.
A las 15:10, el ministerio alzó bandera blanca, pero antes de que una comisión
integrada entre otros por el General Sosa Molina y el General Valle -asesinado
casi exactamente un año más tarde, el 12 de junio de 1956, por los
"libertadores"- llegara al edificio, se inició la segunda gran ola de
bombardeos, más prolongada y nutrida que la anterior.
Mientras que los sublevados de la aeronaútica seguían su propio plan con
incursiones individuales, la Marina sumó tres grandes hidroaviones Catalina.
Todos volvieron a machacar la casa de gobierno, cuyo segundo piso se derrumbó en
gran parte, pero agregaron otros objetivos: el Departamento de Policía, en
Belgrano y Virrey Cevallos, la CGT, en Independencia y Azopardo, y la residencia
presidencial de capital, situada en Austria entre Las Heras y Libertador, en el
predio que hoy ocupa la Biblioteca Nacional, en éste último caso con pésima
precisión: cayeron bombas desde Pueyrredon y Las Heras hasta Plaza Vicente López
y la calle Guido. Los marinos sitiados en el ministerio retiraron la bandera de
rendición y ametrallaron la delegación que se acercaba, matando a varios de los
civiles espontáneos que la acompañaban.
El bombardeo metódico duró hasta pasadas las 16:30, cuando los ocupantes de
Ezeiza alertados por las caídas en manos el ejército de las bases navales de
Punta Indio -de donde había partido el grueso de los atacantes- Puerto Belgrano
y Mar del Plata, por la inmovilidad de secciones del ejército cuyo apoyo habían
esperado y por la cercanía amenazante del regimiento III de La Tablada, huyeron
en masa al Uruguay, en algunos aviones de transporte. Los pilotos que aún se
hallaban en el aire hicieron lo propio.
Los ocupantes de Morón tomaron la misma decisión algo más tarde; 122 oficiales
de ambas armas y un civil -Miguel Angel Zavala Ortiz, líder del radicalismo
"unionista" y jefe de los comandos civiles que no habían llegado a entrar en
acción -y 36 aparatos diversos, con los flancos pintados con una cruz sobre una
"V" llegaron a la otra orilla.
En el comité de recepción estaban Carlos Suarez Mason, exiliado allí desde 1951
y futuro jefe de asesinos seriales del primer cuerpo de Ejército, y el
socialista de ultraderecha Américo Ghioldi, futuro embajador de Videla,
identificado con una de las supervillanas de la literatura universal, Lady
Macbeth, a partir de 1956, cuando citó su línea "se acabó la leche de la
clemencia" para justificar el asesinato de civiles y militares.
Entre quienes llegaban estaba Osvaldo Cacciatore, quien a partir de 1976 sería
intendente "de facto" de la misma ciudad indefensa que había bombardeado. El
presidente Luis Batlle Berres devolvió más tarde los aviones, pero agasajó
informalmente a los hombres.
|
La excomunión
de Perón |
El Ministerio de Marina volvió a rendirse a las 17:10, esta vez en serio. Como
única condición Olivieri, que mantenía una actitud ambigua entre la de jerarca
de los alzados y la de negociador del gobierno, pidió al ejército que "retirara
a los partisanos (sic) que hacen fuego desde la recova".
El edificio moderno y muy vidriado mostraba toda clase de destrozos, pero dentro
no había ni una baja mortal. La hubo enseguida; Benjamín Gargiulo, uno de los
oficiales jefes del alzamiento, se disparó con su pistola reglamentaria,
encerrado en un despacho.
El otro, Samuel Toranzo Calderón, no. A las 17: 40, cuando Perón llevaba unos 10
minutos hablando al país por la cadena oficial de radiodifusión y la Plaza de
Mayo se había llenado nuevamente de personas, un Fiat G-6 de la Fuerza Aérea
rezagado efectuó un último vuelo, rasante y disparando sobre la multitud, antes
de perderse en el Río de la Plata.
La respuesta, con la Iglesia como objetivo.
En su mensaje, el Presidente no ahorró denuestos a la Armada ni elogios y
agradecimiento al Ejército. Erraba por optimismo, como se vería en setiembre. El
Secretario General de la CGT, Eduardo Vuletich, tuvo un fugaz regreso al rol que
en la práctica desempeñaba Di Pietro, y cargó las tintas sobre la
responsabilidad de la Iglesia, que por cierto apadrinaba ostensiblemente a los
golpistas.
Por la noche, multitudes no identificadas quemaron una decena de templos
católicos céntricos, incluyendo la curia, en un costado de la catedral, a la que
se voló previo desempotrar y llevarse la caja de caudales. Pío XII, que se había
negado tozudamente a excomulgar a Mussolini incluso después de su caída, lo hizo
con Perón en solo tres días.
Vuletich, dirigente de la Asociación de Farmacia, fue rápidamente renunciado.
Perón nunca confió plenamente en él: prefería manejarse con Di Pietro -que ocupó
por fin la Secretaría General- e incluso con José Espejo, aunque este había sido
empujado a la renuncia por la multitud, que le reprochaba su obsecuencia, en
1953.
Lo cierto es que el incendio de los templos nunca estuvo del todo claro: la
calle estaba llena de trabajadores autoconvocados, pero también de "comandos
civiles" que no habían alcanzado a entrar en acción.
Y no hubo quema de templos en los barrios perisféricos de Buenos Aires, donde el
peronismo era dominante. En cambio sí la hubo -fue el único otro lugar del país,
al menos en esa proporción-en Bahía Blanca, una ciudad muy influida por la
próxima base de Puerto Belgrano.
El conflicto con la iglesia derivó de la creación del Partido Demócrata
Cristiano de Argentina como símil del impulsado por el Vaticano en Italia, y del
desagrado de Perón, a cuyo juicio el Partido Justicialista ya ocupaba ese lugar.
El peronismo hizo votar una avanzada ley de divorcio, eliminó la enseñanza
religiosa en las escuelas del Estado y promovió el debate alrededor de la
separación de la Iglesia y el Estado.
La iglesia identificó crecientemente al régimen con una dictadura "inmoral"
contra el que predicó desde todos los púlpitos y prohijó en declaraciones y
hechos a los golpistas. Socialistas, demoprogresistas y Radicales del Pueblo
vieron con agrado las medidas anticlericales -y votaron a favor de las que
llegaron a legislarse- pero se hicieron los osos cuando la oposición comenzó a
reunirse alrededor de la Santa Madre.
Innegablemente autoritario, el del General Perón seguía siendo el gobierno
constitucional del país, su titular había sido reelecto con el 68% de los
sufragios solo tres años antes, los salarios de los trabajadores seguían
participando en el Producto Bruto Interno en una proporción próxima al 50%; se
estaba cerca de una alfabetización del 100%, habían desaparecido enfermedades
endémicas, no había déficit de viviendas, ni de escolarización, ni de camas de
hospital, ni deuda externa.
El terrorismo antiperonista databa de tiempo atrás. No comenzó el 16 de junio de
1955 con el bombardeo a los manifestantes en la Plaza de Mayo. Algo más de dos
años antes, el 15 de abril de 1953, con motivo de un acto oficialista, con Perón
como orador, un "comando civil" hizo explotar dos bombas, una de ellas en el
andén de la también estación "Plaza de Mayo" de la Línea "A" de los subterráneos
porteños.
Como resultado de la misma murieron seis personas, otras 19 quedaron lisiados a
perpetuidad y " más sufrieron heridas de diferentes consideraciones.
El principal responsable de ello fue el dirigente radical Roque Guillermo
Carranza, quién fue detenido el 11 de mayo de ese año y sigue homenajeado
llevando su nombre una estación de subte.
Culpabilizar a la víctima
Los rasgos del intento de magnicidio del 16 de junio fueron tan groseros que
recordaron la humorada de Chesterton respecto a que la mejor forma de ocultar un
homicidio es generar una guerra en la esquina y arrojar el cadáver allí, pero
interpretada por alguien que no acabó de entender la sutileza.
El odio contra la persona de Perón se había transferido con facilidad a -o había
empezado por- el pueblo que, en mayoría, aún sentía ese proyecto de país como
propio.
Los diarios del 17 de junio se refirieron con amplitud a los daños y publicaron
listas parciales de muertos y heridos, pero comenzaron a diluir la información a
partir del día siguiente; el régimen advirtió su propia debilidad y los mensajes
del Presidente se volvieron tibios y conciliatorios, lo que resultó en la
progresiva desaparición de los nombres de los caídos, que se completó con el
golpe de Estado del 16 de setiembre.
El documento liminar de la "Revolución Libertadora" inauguró el recurso de
culpabilización de la víctima: el "tirano" era responsable por las muertes -que
nunca se nominaron ni enumeraron- porque habría convocado a los trabajadores, a
sabiendas del riesgo.
Perón no hizo ningún llamado a la ciudadanía a lo largo de esa tarde, pero el
argumento se repitió con éxito en la prensa oficial y hasta en los libros
escolares durante las siguientes dos décadas.
Varias generaciones fueron informadas del vandalismo ateo de las masas
peronistas con el mismo cuidado con que se nos ocultó y decrecieron bajo la
oclusión oficial y el goteo clandestino de un relato tan monumental que, aún
prescindiendo de su monstruosidad pareciera inocultable.
Durante medio siglo los terroristas de Plaza de Mayo gozaron de un aura
romántica basada en una acción cuya infamia solo sería comparable a la
destrucción de Guernica si los pilotos de la Legión Cóndor hubieran sido vascos
y no alemanes
Junio 2005
Fuente:
www.causapopular.com.ar
Caídos
en el bombardeo sobre Plaza de Mayo
Los nombres del sacrificio
El 16 de Junio de 1955 militares golpistas al atacan la Plaza de Mayo y la casa
de gobierno desde el aire y matan a cientos de personas, hiriendo a mas de mil,
algunas reunidas en apoyo al gobierno de Perón, otras simples transeuntes en la
zona.
La lista -incompleta- recuerda los listados de compañeros secuestrados por la
dictadura. Su fragmentación y sus datos incompletos nacen de la eterna cobardía
de los golpismos, siempre dispuestos a sembrar de silencio y confusión las
huellas de sus actos. También de la espontaneidad de la presencia de estas
personas en el lugar.
Adjuntamos recopilación publicada por IberaOnline.com.ar y realizada por el
diputado Victor Aníbal Feltan
16 DE JUNIO DE 1955 - LA MASACRE DE PLAZA DE MAYO
LAS VICTIMAS
Personas muertas y heridas en los bombardeos del 16 de junio de 1955
Las limitaciones para presentar una lista completa de las víctimas se debe al
hecho de que, en su momento, nadie se ocupó de ordenar y evaluar la totalidad de
los danos ocasionados a las víctimas, situación que sumada al paso del tiempo,
dificultan el logro de una mayor información. Esto es cierto, pero no se puede
desconocer que existe una deliberada política de ocultamiento, en particular
sobre los datos personales de las víctimas civiles. La información que doy a
conocer sobre los muertos y heridos fue tomada de diarios de la época,
publicaciones del Ejército, del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas y de
libros y artículos sobre la sublevación; a lo que se agregan testimonios
personales. Aportes sustanciales son las listas que publicaron Clarín y La Razón
el día posterior a los hechos. La información esta agrupada por fuentes, existen
por lo tanto algunos pocos nombres que se repiten.
| Cartas del General Valle a su
familia Carta a su esposa Querida Mía: Con más sangre se ahogan los gritos de libertad, he sacrificado toda mi vida para el país y el ejército, y hoy la cierran con una alevosa injusticia. Sé serena y fuerte. Dios te ayudará y yo desde el más allá seguiré velando por ustedes. No te avergüences nunca de la muerte de tu esposo, pues la causa por la que he luchado es la más humana y justa: la del Pueblo de mi Patria. Cuida mucho a Susanita, y que después de este amargo trance encuentren resignación y mucha felicidad. Tenemos muy buenos amigos; confía en ellos, yo les he pedido que te ayuden. Muchas cosas tendría que decirte pero las sintetizo en una sola; me has hecho muy feliz y por ello me voy de la vida con esa serenidad que me has sabido inspirar siempre. Despedime de todos: de tu mamá que tan buena ha sido conmigo. Te deseo mucha resignación. Sé fuerte y continúa la vida con mi recuerdo y con la frente alta, pues de nada debemos avergonzarnos. Hoy se difama la honra y el honor; pero yo he procedido siempre con integridad. Sólo pienso, que no terminamos nuestra obra en común la felicidad de nuestra querida hija. A ti queda el hacerlo. Sé fuerte para ello. Y por eso debes hacer frente la vida con entereza y mucha confianza en tus fuerzas, que las sé muchas. No me dan tiempo siquiera a despedirme de ti con un gran beso. Aquí te lo envió. Pongo en él mi corazón, que ha sido siempre de mi mujercita querida. En los últimos momentos no quiero tener amargura con los hombres que se olvidan de todo lo que es humano. Mi viejila, perdóname este final de nuestra vida. Pido a Dios que te reconforte pronto para seguir luchando por nuestra hija y por vos misma. Un tropel de emocionadas palabras son las de mi despedida definitiva. Que Dios te proteja y en la resignación encuentres alivio a esta tortura. Besos y besos de tu Juanjo. Adiós mi amor. Carta a su madre Querida Mamá: Tus últimos años reciben este golpe. Sé fuerte y entera como siempre. Tu hijo como en toda su vida ha cumplido con su deber y muere por una causa noble. Tené orgullo por ello. Las pasiones de los hombres los enceguecen y olvidan hasta a Dios. Es Él que nos juzga y estoy seguro que a mí me querrá en su seno, porque no he hecho nunca mal a nadie y por ser leal con mi pueblo, caigo. He honrado el apellido que heredé de mi padre, puedes estar satisfecha. Camina ahora más que nunca con la frente alta, sos la madre de un argentino que cumplió con su deber. Cuida a Susana y dale ejemplo de entereza y que sea muy buena hija y nieta. La vida se ha cortado, pero algún día arriba nos encontraremos y seremos de nuevo felices. Mi viejita, mi madre querida, que tanto hizo por mí, yo siempre, y ahora más que nunca, te lo agradezco con todas las fibras de mi corazón. Has sido para mí la mejor de las madres. No ha habido en el mundo ninguna que te supere. Te hago mi último pedido: Sé fuerte y valerosa como siempre, pues desde el más allá seguiré cuidándote con mi gran ternura. Fuerte, mamita querida. Fe en Dios. Muchos besos de tu hijo que te adora. Juanjo Carta a su hija Querida Susanita: Sé fuerte. Te debes a tu madre. Sé muy compañera de ella y ayúdala a pasar este triste momento. No te avergüences de tu padre, muere por una causa justa: algún día te enorgullecerás de ello. Te deseo muchas felicidades en tu vida; y algún día a tus hijos cuéntales del abuelo que no vieron y que supo defender una noble causa. No muero como un cualquiera, muero como un hombre de honor. Ni siquiera puedo darte el beso de despedida, hasta eso los hombres me han negado. Pero desde el fondo de mi corazón te mando toda la ternura y el idolatrado cariño que te tengo, hija querida. Desde el más allá velaré por ti; y en los momentos difíciles de tu vida que deseo sean pocos, recurre a mí, que estaré como siempre para defenderte. Te pido nuevamente que veles por tu mamita. Sé su mejor compañera y que también sea tu mejor y segura consejera. Mi chiquita, tené valor y da el ejemplo de entereza que honra nuestra sangre. Nuestro honor no ha sido manchado jamás y con orgullo puedes ostentar nuestro nombre. Mi linda pequeña, trabaja con fe en la vida y en tus fuerzas. Sólo traiciones y venganzas me llevan a este fin, pero no quiere dejarle ninguna amargura y Dios será misericordioso y velará sjempre por ustedes. Cuida mucho a mamita. Ella es muy buena y debe estar a tu lado por mucho tiempo más, para que con la resignación recobren la felicidad que hoy se pierde. Susanita, te quiero y siempre cuidaré de ti. En estos papeles están todos mis besos que hubiera deseado darte, mi linda, coraje y a luchar con la frente alta en la vida. Que Fofy sea bueno contigo, eso es lo que a él le pido. Adiós, querida, besos y muchos cariños de tu papito que siempre te ha adorado. Papito Carta a su hermana Querida Estela: Los hombres se han enceguecido y se olvidan de Dios. Me voy con fe por la causa que he luchado y algún día sabrán los argentinos cómo se lucha por ellos. No aflojes y está orgullosa de tu hermano, andá con la frente alta porque nada malo he hecho y creo siempre haber sido bueno. Cuida mucho a mamá, es mi gran tranquilidad en estos momentos. A Nicolás Guille que tenga fe en mí y orgullo. Tú con ellos que seas feliz y Dios te premie por la mejor hermana que ha podido haber en el mundo. Bueno, mi china, fortaleza. Muchos besos de tu hermano que te adora y que desde el más allá seguirá velando por ustedes. Muchos besos. Fuerte y orgullosa de tu hermano. Juan José |
Fuente: diario Clarín, Bs. As., 18/06/55 –
Lista parcial de personas fallecidas identificadas en distintos establecimientos
hospitalarios de la Capital Federal:
(*) Los textos entre paréntesis son agregados del autor, no pertenecen al lo
publicado por el medio.)
En la Asistencia Publica
Es importante consignar que según la prensa, en la madrugada del día 17 las
personas fallecidas que se encontraban depositadas en este centro asistencial,
en su gran mayoría aun no estaban identificadas.
Antonio Biondi, CI 1.161.767; Luis Mario Achin, CI 3.825.398; Juan Carlos
Marino. (42 anos, empleado de Aduana. vivía en Ramos Mejía. Recibio un balazo en
el pecho que le causó la muerte cuando salía de la boca del subterráneo de la
estación Plaza de Mayo; eran las 1 2:50 horas); Ana Victoria Roncali; Mercedes
Zulema Merca; Rodolfo Gabay, CI 1.204.043; Jose Garcete CI 206.112; Jose Alvarez
CI 4.271.573; Jorge Jose Gaudio, CI 2.164.031; Ricardo Obertello, CI 2.726.325;
Héctor Mario Pessano, el 1.710.670; José María Ruiz, AGB 917.117; María Esther
Aurora Volpe, CI 2.230.971 o 2.330.971 ; Héctor Emilio Castillo, CI 3.897.824 ;
Mercedes Zulema Merlo, CI 3.611.800; Roberto Lucio Cano, CI 412.814. Enfermero;
Alejo Núnez, CI 4.561.254; Leonardo Salvador Macchione, CI 1.426.248; Manuel
Otero López, CI 1.666.604; Adolfo Boltón, CI 726.500; Felipa Zoila Herrera de
Anfossi, CI 3.672.188 (Empleada del Mi de Guerra. Había solicitado permiso para
salir de su empleo antes de su hora habitual y al salir del edificio fue
alcanzada por una de bomba que le quitó la vida. Pág.4); Julio Benito Pérez, CI
3.274.303; Daniel Pérez, CI 2.453.588; Carmelo Melitón Mino, CI 3.314.561; Darío
Tartari, CI 4.367.162; Raúl Alberto Núnez, CI 4.404.927; Pedro Medrano
Arganadena, CI 4.995.608 o 4.995.668; Manuel Jesús Donoso, CI 4.307.655;
Salvador Patrignani, CI 2.271.323; S. Francian de F'elice o Sian Francian de
Felipe, CI 1.589.071; Ventura Julio Rojas, el 4.275.393; Juan Carlos
Bacchiadona, el 1.155.778 (Empleado de la Casa de Gobierno, fue muerto dentro
del edificio durante uno de los bombardeos, tenía aproximadamente entre 40 y 50
anos y vivía en la Capital Federal).; Francisco Campos, CI 3.998.516; Nildis
Maullito, CI 4.043.188; Victorio F. Saturnemo, AGB 711.005; Jacobo Faena, CI
2.746.296; Ruíz Rodríguez, CI 3.502.345; Vicente Félix Calva, CI 2.831.869;
Italo Angelinca, CI 1.065.982; Juan Fraga, CI 995.897 o 996.897; LilIa Eisa
Fábrega, CI 3.599.410 03.590.410; Rudecindo Hugo López, CI 3.827.039; Hugo
Schierllig, CI 166.446; Catalina A. C. Biondi, CI 1.659.740 o 1.650.740; Juan
Carlos Crecini, CI 3.304.492;Miguel Leilo, CI 564.597 o Miguel Leijo el 564.507;
Enrique Lariva, AGB 309.716;Adolfo Angel Lorenzo, CI 3.200.524
En el Hospital Argerich
Atilio Raul Blanes, CI 4.260.372; Máximo Ezequiel Correa, CI 2.956.036; Velia N.
Comitini de Messina, CI 4.703.606 o Comina de Messina
Antonio A. Rodríguez, CI 1.989.617 o CI 1.989.617; Juan Bobich CI 1.343.924 o
Juan Bembdich CI 1.343.924; Domingo Marino, CI 642.938;Juan Merlanovich, CI
706.515 o Juan Merzlanovich; Candido Beriel, CI 1.826.703 o Cándido Bertoli CI l
826.798. Enfermero muerto cuando prestaba auxilio a los heridos.; Roberto J.
Sangregori, CI 3.113.188 ,o, el 3.635.863; Jose Mariano Balcayá o Bacaljá,
(Agente chofer de la Policía Federal); Angel Castello, LE 31.495;Angel Bernardo
Lema, CI 3.443. 166; Salvador Perez CI 160.368;Antonio Galiga no, CI 1.530.218;
Alberto Parascandola, CI 2.318.992 o Parascándolo; Alfredo Mendez CI 2.032.955;
Francisco Ramón Gairi, AGB 222.038 o 202.038
En el Hospital Rawson
Alfredo Joe Aguilar;Leandro Camba CI 1.117.101; Bonifacio Quintana CI 2.989.577
En el Hospital Clinicas
Zenon Plopauskas, CI 2.180.936 o Pojlouskas; Severo Aguirre, CI 3.967.329; Luis
Jose Biondi CI 3.534.382; Carlos Rodriguez, CI 111.743;
Ricardo Groma AGB 245.351 o Grema
En el Hospital Ramos Mejia
Enrique Adolfo Cocee, CI 1.214.468 o Cecee (Soldado del regimiento de Granaderos
); L. Baigorria, (Soldado del regimiento de Granaderos). ;Pascual N. Biela, CI
1.054.696 o 1.064.096; Manuel Gaiburn, CI 400.192 o Gaiburu; Enrique O.
Fernández, CI 3.162.295;
Antonio Rodolfo Sconda, CI 3.386.428; Julián Jubero, CI 3.786.648
En el Hospital Alemán
Benito Antonio Bobadilla, CI 3.915.907; Miguel F. Sarmiento, CI 4.467.754
En el Hospital Fernández
Juan Pratolongo;Tomás C. Contreras
En el Policlínico del Ministerio de Hacienda
Rodolfo Nieto, SPB 59.899;Oscar A. Mures, CI3.177.318
En el Policlínico Militar
Rafael Sotero Inchausti CI 2.474.099 o 1.474.099
La entidad Movimiento Peronista de los Extranjeros en la República, informó que
en los sucesos del jueves fallecieron sus afiliados
Poll Glumen, alemán.; Hans Aluch Mildner, alemán.; Juan Merlanovich, yugoslavo.;
José Alvarez, espanol.
Fuente: diario El Laborista, Bs. As., 18/06/55
Este medio publicó una lista de muertos similar a la de Clarín con agregados que
detallamos a continuación.
En la Asistencia Pública
NN. sexo femenino.; NN. sexo femenino.; NN. sexo masculino. ; NN. sexo
masculino, se supone Salvador Pugliese. ;
NN. sexo femenino.;NN. sexo femenino.; NN. sexo femenino. ; NN. sexo femenino. ;
NN. sexo masculino. soldado conscripto.; NN. sexo masculino. ; ; NN. sexo
femenino.; NN. sexo masculino. ; NN. sexo masculino, se supone Justo Ledesma. ;
NN. no identificado.
En el Hospital Argerich :
NN. sexo masculino, se supone Carlos Bruno. ; ; NN. sexo masculino. ; NN. sexo
masculino; ; NN. sexo masculino. ; NN. sexo masculino; NN. sexo masculino; NN.
sexo masculino, se supone César Augusto Ubuchul. ; NN. sexo femenino.; NN. sexo
masculino.; NN. sexo masculino. ; NN. sexo masculino, se supone Julio A.
Mercante. ;NN. sexo masculino. ; NN. sexo femenino, se supone Pilar Amezúa. ;NN.
sexo femenino. ; NN. sexo masculino. ; NN. sexo masculino. ; NN. sexo masculino,
se supone J. M. Tuni. ; NN. sexo masculino.;
NN. sexo femenino.; NN. sexo masculino.
En el Hospital Ramos Mejia
NN. sexo masculino.
En la Morgue Judicial
NN. sexo masculino
En el Hospital Fernández :
NN. sexo masculino, se supone Oscar Cuartirrolla.
En el policlínico del Ministerio de Hacienda
- NN. sexo masculino, se supone Alfredo Antonio Agustino.
En el policlínico Rivadavia NN sexo femenino, se supone Ketty lrma Dutte.
Enfermeros muertos mientras prestaban auxilio a los heridos (pág. 3) - Inés
Pilar Amezúa; Viola Sara Bun; Cándido Bertoli; Roberto Cano; Héctor Rubén Díaz;
Roberto Federico Pera
Fuente: diario Clarín, Bs. As., 18/06/55
Mujer de aproximadamente veinte anos. Trabajaba de mucama en la calle Guido N°
2626, próximo a la Residencia Presidencial. Fue alcanzada por uno' los
proyectiles disparados por los aviones, resultando una herida que le provoco la
muerte instantes después en el Hospital Fernández (Pág.4).
Tomás Ricardo Ramón Vergara Ruzo. General de Ejército, fue muerto por estallido
de una bomba en la esquina de Balcarce e Hipólito Yrigoyen, cuando dirigía al
Ministerio de Ejército para ponerse a las órdenes de sus superiores, el chofer
Antonio Misischia falleció también en esas circunstancias. El general Vergara
Ruzo se desempenaba como representante del Estado en la Sociedad Mixta
Siderúrgica Argentina, en el cargo de director suplente (Pág. 4).
Antonio E. Misischia. Chofer civil del coche donde viajaba el general Tomas
Vergara Ruzo, muertos ambos, por una bomba que cayó en la intersección de las
calles Balcarce e Hipólito Yrigoyen (Pág. 4). :
Hombre de cincuenta anos. Murió junto a otras dos personas al caer, bomba en la
avenida Pueyrredón 2267 (Pág.4). .
Menor de 15 anos. Murió en iguales circunstancias que el anterior (Pá; -
Segundo menor de 15 anos. Murió en iguales circunstancias que el al (Pág.4).
Tercer menor de 15 anos. Fue alcanzado por una esquirla cuando cruzaba la calle.
Murió frente al edifico N° 2235 de la avenida Las Heras (Pág.4)
Hijo de Fernando M. Sarmiento. Falleció a causa del impacto de una la, al caer
una bomba. El padre era propietario de uno de los edificios sobre la avenida Las
Heras (Pág.4).
Francisco Bonomi (50 anos). De nacionalidad italiana. cayó muerto en, como
consecuencia del impacto de una esquirla, frente al N° 2235 de Las Heras
(Pág.4).
Fuente: diarios Clarín 18/06/55, El Mundo 18/06/55 y La Razón 17/06/55.
Personal de la Policía:
Alfredo Amieyno, oficial principal de comunicaciones de la Policía Federal.
José Mariano Balcayá o Bacalza, chapa 22490. Agente chofer de la Policía
Federal, pertenecía a la sección Taller Mecánico y Garaje, fue muerto en la
calle estando de servicio. Fue llevado a la Asistencia Pública y allí
identificado
(Clarín Pág.4 - El Mundo - La Razón Pág. 7)
Rodolfo Nieto, 51 anos, oficial subinspector de la Policía Federal. Prestaba
servicio en la Dirección de Investigaciones y murió en la vía pública durante la
jornada laboral. (Clarín Pág.4) .
Alfredo Aulicino o Audicino, 45 anos, casado, oficial principal de la Policía
Federal. Fue muerto por una ráfaga de ametralladora estando en funciones en la
Dirección de Comunicaciones. Los disparos provenían del último ataque aéreo
contra el Departamento Central de Policía
(Clarín Pág.4 - El Mundo - La Razón PÚg 7).
Fuente: Moreno, Isidoro Ruiz. Historia del Regimiento de Granaderos a Caballo.
Capítulo IX - Defensa de la Casa de Gobierno. Edición del mismo Regimiento. Bs.
As.
El informe redactado por la Casa Militar de la Presidencia indica que, en el
interior de la sede de gobierno la metralla y las bombas caídas produjeron entre
, civiles y militares un total de 12 personas muertas y 55 heridas. De ese total
hubo entre los empleados civiles un muerto y 12 heridos. El civil fallecido
trabajaba en el Ministerio de Comercio. Las víctimas entre el personal militar
se distribuyen así: Regimiento Motorizado Buenos Aires, un oficial y un
suboficial :herido. Regimiento 3 de Infantería, siete soldados heridos y uno
muerto. Secretaria de Información del Estado, dos suboficiales heridos y un
soldado muerto. Regimiento de Granaderos, tres oficiales, tres suboficiales y 19
granaderos dos y nueve soldados muertos (Pág. 210).
Algunos nombres son:
Enrique Adolfo Cocee o Cecee, CI 1.214.468. (Granadero conscripto).; L.
Baigorria (Granadero conscripto) cayó defendiendo la Casa de Gobierno.; Pedro
Leónidas Paz (Granadero conscripto) cayó defendiendo la Casa de Gobierno.
Fuente: Expediente 26.237. Causa: "C. Almirante Anibal O. Olivieri y otros sobre
Rebelión Militar, Junio de 1955.
Personal del Ejército muerto
Dirección General de Ingenieros
Tomas Vergara Russo, General de brigada.; Antonio E. Misischia, auxiliar
8°.;Alberto F. Lasi, Insp. 3°.; O R. Blanco, empleado civil.DIF; Felipa Anfossi
de Herrera, Ayudante Ppl.
Regimiento Motorizado Buenos Aires
Roberto Miguel; Arturo Shangan
Regimiento 3 de Infantería de La Tablada
Rubén Crispuolo
Regimiento de Granaderos a Caballo
Rafael Sotero Inschausti (CI 3.177 .318); Orlando H. Mocca; Pedro Leonidas Paz;
Pedro A. Baigorria; Laudino Córdoba; Víctor E. Navarro; Ramón A. Cardenas; Mario
B. Díal (Policlínica Ramos Mejía).; Oscar R. Drasich (Policlínica Ramos Mejía).
Personal del Ministerio de Aeronáutica muerto
José Fernández. Suboficial ayudante escalafón general, VII Brigada Aérea. Morón.
Ramón Jorge EsquiveI. Destino Servicio de Información y Seguridad Aeronáutica,
desaparecido, probablemente muerto.
Manuel Gutiérrez. Suboficial ayudante, fallecido a las 12.35 horas con secuencia
de heridas recibidas en la espalda y la sien izquierda, cuando en su escritorio
de la División Operaciones del Comando General.
Ricardo Blanco. Empleado civil del Ministerio de Transporte en comisión la
División Transporte del Comando General Aeronáutico. Falleció a las 12:35 horas,
cuando salía del edificio, al estallar una bomba que impactó entre el Ministerio
de Ejército y el de Hacienda, fue llevado al policlínico Argerich.
Bartolomé Antonio Batista. Siendo las 15.30 horas, cuando viajaba en un
colectivo recibió una bala en la región frontal que le produjo la muerte. Fue
conducido a la Asistencia Pública. Nombre de su esposa Ada Victoria Roncari.
Otras Fuentes:
A.Rodríguez. Chofer de la Asistencia Pública (El Mundo 18/06/55)
Rojas, chofer de colectivos. Falleció por la explosión de una bomba que cayo
cerca de la parada de colectivos, donde esperaba tomar servicio (testimonio de
Carlos Elizagaray).
Héctor Passano. En las inmediaciones de la CGT, cayó casi partido por la mitad
el obrero Héctor Passano. Con un revólver pretendía derribar un Gloster que
venía vomitando metralla a 40 metros de altura. (Artículo sin firma 16 de Junio,
Crónica secreta de un Bombardeo. Op. Cit. Pág. V1l/).
Pedro Leónidas Paz, Granadero conscripto, murió defendiendo la Casa de Gobierno
(Carbone, Alberto. Op. Cit. Pág. 46).
Pedro H. Baigorria. Granadero conscripto, murió defendiendo la Casa de Gobierno
(Carbone, Alberto. Op. Cit. Pág. 46).
Pasalaqua. Contador de la CGE (Confederación General Económica), en horas del
mediodía tomo un trolebús para ir a almorzar a su casa y una bomba le quito la
vida (Carbone, Alberto. Op. Cit. Pág. 59).
Tres miembros del Regimiento 3 de La Tablada, caídos por la acción de los
rebeldes cuando se dirigían al centro de la Capital. (Carbone, Alberto, "ir.
Pág. 73).
Fuente diario La Razón, Bs. As. 17/06/55
Lista parcial de personas muertas y heridas atendidas en distintos
establecimientos hospitalarios de la Capital Federal:
-Hasta el momento, el trágico saldo del ataque llevado a efecto por las fuerzas
rebeldes es de 250 muertos y cerca de un millar de heridos, datos por otra parte
confirmados esta madrugada. En todos los hospitales de la ciudad y en distintas
casas de asistencia médica se hallan internadas numerosas víctimas alcanzadas
por proyectiles y esquirlas de bombas, realizándose desesperados esfuerzos para
salvarles la vida. La extensa nómina de muertos y heridos en sus salas es la
siguiente:
En la Asistencia Publica
En este establecimiento donde habían sido llevadas gran cantidad de personas que
sufrieron heridas, se hallaban anoche 72 cadáveres, entre los cuales figuraban:
Adolfo Beltrán; Manuel Otero López; Eduardo Marchione; Juan Marino; Domingo o.
Gentrel; Julio Benitez Pérez; Cornelio Militón Mimo; Dario Tartani;
Raúl Alberto Núnez; Francisco Mana; Luis Mario Achul; Rodolfo Javait; Antonio
Biondi; José María Ruiz; Jorge José Gandio; Mariano Pessano; Ricardo Obertello;
Alejo Núnez; Emilio Castillo; H. E. Cano; Salvador Pugglisi; Zulema Mercedes
Merlo; Felipa Herrera de Anjosi;
Ana Victoria Roncagni
Además se hallaban 25 cadáveres más que aún no habían sido identificados entre
los cuales siete pertenecían a mujeres.
En el hospital Ramos Mejía
La dirección del policlínico suministró anoche la siguiente nómina de victimas:
siete muertos y 56 heridos atendidos en ese establecimiento.
Fallecidos: -
Pascual Viola, domiciliado en Azopardo 3060, Valentín Alsina, 4 de Junio
(Lanús).; A. Baigorria, de 21 anos, soldado del Regimiento de Granaderos a
Caballo.; Enrique Adolfo Cossi, Belgrano 1377. ; Manuel Gariburu, Cochabamba
1212.; Domingo Gentile, Remedios de Escalada. ; Julián Yubero, sin domicilio
conocido.; Un hombre aún no identificado.
En el hospital Alemán
Se asisten con heridas de diversa consideración ocho personas. están depositados
los cadáveres de dos personas aún no identificadas.
En el hospital Español
Fueron atendidos 41 heridos. Entre los cuales 30 lo fueron por esquirlas de las
bombas arrojadas por los agresores.
Estos son algunos de los nombres:
Humberto Raponi, Sargento del Regimiento de Granaderos, herido leve.; Amoldo
Metasti, conscripto del mismo regimiento, grave.; Emilio Bruno, leve.; Alberto
Canete, grave.; Juan Saldivia, leve.; Domingo Fauda, grave.; Eduardo Arellano,
grave.; Carlos de la Fuente, grave.; Alfredo Pérez, leve.; Emilio Cremonesi,
grave.; Felipe Sueyro, grave. ;
En el policlínico Durand
En este establecimiento fueron atendidas 36 personas, tres de las cuales se
encontraban en estado de suma gravedad.
La nómina es la siguiente:
Ricardo Salas; Héctor Terano, grave.; Tino Benavides, grave.; Ernesto
Montemartini, herido de bala.; Benito Lemos, herido de bala.;
Ricardo Zenardo, herido de bala.; Luis Rosa, herido de bala. ; Osvaldo Casanigo,
herido de bala.; Severo Iglesias, herido de bala. ; Santiago Pérez, herido de
bala.; Juan Masquet, fractura de pierna izquierda. ; Oscar Salcedo, contusión
traumática. ; Margarita Muti, fractura de brazo derecho.; Ismelda Villeres,
heridas múltiples.; Pedro F. de Olivera, crisis nerviosa.;Pablo Grioli, crisis
nerviosa.
Todos estos, internados.
Lesionados de carácter leve, por trozos de metralla, cortaduras de vidrios,
hematomas, etc.
Italo Decomber.; Miguel Udizar; Anibal Exsert; Julio Escobar; Wenceslao Kolik;
Santiago Curce; Roberto Muschi; Héctor Corache; Felipe Cantero; Lenisa
Avellaneda; Hugo Vitulaso; Lorenzo Cáceres; Aida Cacuri; Orelia Mancuso; Marta
Dellepiane; Severo Terunni; Elena Amado;Mauricio Dereta; Armando Mulet; Roberto
Pacin.
En el hospital Clínicas
La nómina de victimas atendidas en este nosocomio con motivo de los sucesos es
la siguiente:
José M, Trujillo ; Carmelo Ponone; Rogelio Ibánez; Oscar Fernández; Juan
Carrera; Francisco Arias; Miguel Marne; Juan Monte; José Calderón; Oscar R.
Molina; Francisco Celestini; Ricardo Rumano; Ilde. P. Retamozi; Pedro
Haguinteguy; Fernando Carrillo; Pedro Delgado;
Luis Lorenzo; Carlos Santillán; Carlos Ohlaverri; Ricardo Erneta; Emilio Ponti;
Oscar Barros;
Los muertos identificados son:
Carlos Rodríguez; Severo Aguirre
En el policlínico Alvarez
Fueron atendidos quedando internados:
Valentina Frotti, heridas diversas.; Arnobio Leifon, heridas diversas.; Marcos
Aramovich, herida de bala.
En el policlínico Argerich
En este establecimiento se encontraban los cadáveres de:
Salvador Pérez; Alfredo Gregorio Larrosa; Luis A. Ferrario; Osvaldo P. Azundoni
Roberto Luis Gregoria; Juan M. Arianovich; Angel, B. Lehamann; Julio A.
Mercante; Maxiimo Correo Gomez; Jose Mariano Bacalja;
Duilio Barbieri; Alfredo Méndez; Viola Luises; Roberto Pera; Julio Moscante;
Luis Pasalacua Canales; Augusto Puchulú; Estanislao D. Cheleleco; Angel Castello
Suponi; J.M.Turré; Paulino Toledo; Candido Bestol; Pedro Rivera; Ricardo Blanco;
Domingo Marino; Vicente Cuacuadrio; Alberto W. Herrera; L.W.Winner; Angel Raúl
Díaz; A Domingo Rosse; Pilar A. Mesúa; Carlos Bruno;
Además están depositados 25 cadáveres no identificados.
El número de heridos alcanza a 200.
En el hospital Rawson
En este nosocomio los muertos son:
Leandro Gamba; Bonifacio Quintana; Un tercero no identificado.
La nómina de los heridos es la siguiente:
Antonia Ana Grande; José María Saino; Miguel Cosimelli; Marcelo Casalnovo; Pedro
Ain; Antonio Anatolio; Antonio Gargiulo;Marcelo Casalonga; Francisco Luis Gola;
Norberto Alvarez;Horacio Damante; Vicente Orlando Díaz; José Luis Salgado; Oscar
Rodolfo Drasich; José Valentín Rodríguez; Francisco Olgado; Tomás Laurito; Noemí
Gorosito;Domingo Maldonado; Lía Domínguez de Munich; Nicolás Páez; Arturo
Alicedo; Natalia Fornelli; Domingo Rogelio Munos; José Caradella; Alberto Luca
Vallejos; Enrique Menaj;
Victor Anibal Feltan
Diputado Provincial "mc"
Partido justicialista
Leandro N. Alem
Fuente:
http://cablemodem.fibertel.com.ar/mxlavictoriadelpueblo/
Antecedentes
del golpe
El mediodía del 16 de junio de 1955 se produce el bárbaro ataque aéreo de metralla y bombardeo a la Plaza de Mayo, nuestra propia Guernica nativa. Aviones Gloster Meteor de la Armada de guerra nacional dejan caer sin aviso sobre el pueblo desprevenido nueve toneladas y media de explosivos, incluso una bomba que estalló en el techo de la Casa Rosada y otra que destruyó totalmente a un trolebús repleto de pasajeros.
Era la antesala de la trágica irrupción oligárquica-imperial de tres meses después, que iba a acabar con el gobierno del general Perón. Un gobierno que entre 1"6 y 1955, partiendo de un país tan pobre, injusto y dependiente como el que hoy sufrimos, supo construir una nueva Argentina justa, libre y soberana, modelo para todas las naciones de América. Que pudo crear un ministerio de trabajo, triplicar los salarios y asignarle a los trabajadores más de la mitad del producto bruto nacional. Que pudo crear un ministerio de educación y quintuplicar el presupuesto en esa área, doblar el sueldo de los docentes, y construir más escuelas que las hechas a lo largo de toda la historia del país. Que pudo crear un ministerio de salud pública y multiplicar cincuenta veces su presupuesto, y bajar en solo dos años los casos de paludismo de veintitrés mil a quinientos. Que construyó, por ejemplo, entre otras setenta y seis mil obras públicas, un gasoducto de mil setecientos kilómetros que transportaba diariamente un millón de metros cúbicos de gas; que construyó también, por ejemplo, el aeropuerto internacional más grande del mundo. Que produjo todo el carbón, el aluminio, el gas y el petróleo que se consumía. Que creó una planta nacional de energía atómica. Que convirtió al país en uno de los seis que volaban sus propios aviones a chorro. Que cancel